SINDROME DE BURNOUT

INTRODUCCION

El origen del síndrome Burnout reside en el entorno laboral y en las condiciones de trabajo. De todos modos, no se pueden descartar la influencia de algunas variables de personalidad, sociodemográficas individuales o de entorno personal.

La exposición a factores de riesgo psicosocial, a fuentes de estrés en dosis nocivas y, en concreto, a variables como carga excesiva de trabajo, falta de control y autonomía, ambigüedad y conflicto de rol, malas relaciones en el trabajo, falta de apoyo social, falta de formación para desempeñar las tareas, descompensación entre responsabilidad, recursos y autonomía en trabajos en los que su contenido tiene unas demandas emocionales importantes y de prestación de servicios humanos, puede dar lugar a la aparición de un proceso de estrés crónico que desemboque en el burnout, provocando un serio daño para la salud del trabajador.

Cuando las exigencias del entorno laboral son excesivas y conllevan una tensión en el aspecto emocional y cognitivo, generan las condiciones propicias para que también las fuentes de estrés mencionadas con anterioridad actúen y produzcan en el individuo un patrón de respuestas que constituyen los síntomas del burnout.

BURNOUT

1. Antecedentes
Burnout, es un término anglosajón cuya traducción más próxima y coloquial es estar quemado, desgastado, exhausto y perder la ilusión por el trabajo. Aunque no existe una definición unánimemente aceptada sobre burnout, sí parece haber consenso acerca de que se trata de una respuesta al estrés laboral crónico, una experiencia subjetiva que engloba sentimientos y actitudes con implicaciones nocivas para la persona y la organización.

El concepto de estar quemado (burnout) debe su origen a Freudenberger (1974) y se ha identificado como característico de los trabajos de servicios humanos, es decir, de aquellas profesiones que deben mantener una relación continua de ayuda hacia el cliente: médicos, profesores, enfermeras, asistentes sociales, psiquiatras, psicólogos, policías, etc. (García Izquierdo, 1991). Por esta razón, una de las características propias del síndrome es el «desgaste emocional que dicha interacción va produciendo en el trabajador”.

Inicialmente Freudenberger (1974) definió el burrnout como una «sensación de fracaso y una experiencia agotadora que resulta de una sobrecarga por exigencias de energía, recursos personales o fuerza espiritual del trabajador»

Maslach (1976) describía el síndrome indicando que eran las excesivas demandas emocionales externas e internas imposibles de satisfacer, las que producían las vivencias de fracaso personal, luego de haber investido al trabajo de una significativa carga emocional.

A medida que se ha avanzado en la investigación sobre el síndrome, se han ido aportando otros términos a la definición, refiriéndose a un «vaciamiento de sí mismo» que viene provocado por el agotamiento de los recursos físicos y mentales que sentimos tras el esfuerzo excesivo por alcanzar una determinada expectativa no realista, impuesta por él o por los valores propios de la organización o de la sociedad en la que estamos inmersos. El trabajo como detonante fundamental del burnout va a ser básico en todas las definiciones posteriores.

Cherniss (1980) es uno de los primeros autores que enfatiza la importancia del trabajo, como antecedente, en la aparición del burnout y habla de cambios personales negativos que ocurren a lo largo del tiempo en trabajadores con trabajos frustrantes o con excesivas demandas.

Gil-Monte y Peiró (1997) han afirmado que el síndrome del quemado puede estudiarse desde dos perspectivas: clínica y psicosocial.

La perspectiva clínica asume al burnout como un estado (concepción estática) al que llega el sujeto como consecuencia del estrés laboral, y la psicosocial, lo define como un proceso con una serie de etapas que se generan por interacción de las características personales y del entorno laboral.

Desde la perspectiva clínica, el término burnout se empleó por primera vez para describir un conjunto de síntomas físicos sufridos por personal sanitario como resultado de las condiciones de trabajo. Se describió como típico de las profesiones de servicios de ayuda y fue caracterizado por un estado de agotamiento como consecuencia de trabajar intensamente, sin tomar en consideración las propias necesidades.
El enfoque clínico defiende que el burnout aparece más frecuentemente en los profesionales más comprometidos, en los que trabajan más intensamente ante presión y demandas de alta exigencia, poniendo en segundo término sus intereses. Se trata de una relación inadecuada entre profesionales (excesivamente celosos en su trabajo) y clientes excesivamente necesitados, que lleva al profesional a realizar un sobreesfuerzo.

Aparece como un estado en el que se combinan fatiga emocional, física y mental, sentimientos de impotencia e inutilidad y baja autoestima. En su forma más extrema, el burnout representa un punto de ruptura más allá del cual la capacidad de enfrentarse con el ambiente resulta severamente disminuida y es especialmente complejo para personas entusiastas e idealistas.

Desde una perspectiva psicosocial, la mayoría de sus adeptos, aceptan hoy la definición de burnout elaborada por Maslach y Jackson (1986), quienes lo consideran como una respuesta, principalmente emocional, situando los factores laborales y los organizacionales como condicionantes y antecedentes.

Los estudios de Maslach y Jackson (1981, 1985 y 1986) defienden que el burnout es un síndrome tridimensional que se desarrolla en aquellos profesionales cuyo objeto de trabajo son personas (usuarios) y añaden tres dimensiones características:
La primera es el Agotamiento emocional que se define como cansancio y fatiga que puede manifestarse física, psíquicamente o como una combinación de ambos. Es un sentimiento de que nada se puede ofrecer a los demás.
Despersonalización es la segunda dimensión y se entiende como el desarrollo de sentimientos, actitudes y respuestas negativas, distantes y frías hacia otras personas; especialmente hacia los beneficiarios del propio trabajo. Se acompaña de un incremento en la irritabilidad y una pérdida de motivación hacia sí mismo. El profesional trata de distanciarse no sólo de las personas destinatarias de su trabajo sino también de los miembros del equipo con los que trabaja, mostrándose cínico, irritable, irónico e incluso utilizando a veces etiquetas despectivas para aludir a los usuarios y tratando de hacerles culpables de sus frustraciones y descenso del rendimiento laboral.
Junto a estas dos dimensiones aparece una tercera, consistente en un sentimiento de bajo logro o realización profesional y/o personal y que surge cuando se verifica que las demandas que se le hacen al sujeto, exceden su capacidad para atenderlas de forma competente. Supone respuestas negativas hacia uno mismo y hacia su trabajo, evitación de las relaciones personales y profesionales, bajo rendimiento laboral, incapacidad para soportar la presión y una baja autoestima. La falta de logro personal en el trabajo se caracteriza por una dolorosa desilusión y fracaso en dar sentido personal al trabajo. Se experimentan sentimientos de fracaso personal (falta de competencia, de esfuerzo o conocimientos), carencias de expectativas y horizontes en el trabajo y una insatisfacción generalizada. Como consecuencia: la impuntualidad, la abundancia de interrupciones, la evitación del trabajo, el ausentismo y el abandono de la profesión, son síntomas habituales y típicos de esta patología laboral. El bajo logro puede, también, estar encubierto por una sensación paradójica de omnipotencia.

En síntesis, el enfoque psicosocial asume que burnout es un síndrome de agotamiento emocional, despersonalización y bajo logro o realización personal en el trabajo.

Hay estudios que indican que los profesionales de la sanidad y la enseñanza son los más afectados por el síndrome del desgaste emocional. Se trata de profesiones que exigen entrega, implicación, idealismo, servicio a los demás y se asienta sobre una personalidad perfeccionista con un alto grado de autoexigencia y con gran tendencia a implicarse en el trabajo.

Actualmente, los investigadores insisten en una definición más amplia, en el sentido de que el burnout no puede restringirse a las profesiones de ayuda y hacen alusión a un estado de agotamiento mental, físico y emocional producido por la involucración crónica en el trabajo en situaciones con demandas emocionales. Las excesivas demandas psicológicas no se dan únicamente en el servicio directo al público, sino que pueden darse también en otros ámbitos laborales, como en puestos directivos, en el trabajo comercial, en la política, etc. El concepto de burnout se ha ampliado a todo tipo de profesiones y grupos ocupacionales y la estructura tridimensional del MBI se mantiene estable en profesiones tan distintas como el trabajo administrativo, la gestión de empresas o la ingeniería informática.

También se han llevado a cabo estudios en el ámbito académico, tanto en el colectivo de profesores como en el de los estudiantes y se ha podido demostrar que estos últimos también se queman por sus estudios, demostrando niveles de agotamiento, cinismo y falta de eficacia respecto a sus actividades académicas (Salanova et ol. 2000, Martinez, Pinto y Salanova 2002, Ramos 2003).

2. Concepto
A partir de las diversas denominaciones que se han aplicado al síndrome del burnout, podemos proponer que la mejor denominación de este proceso de daño a la salud es “síndrome de estar quemado por el trabajo”. Este concepto nos permite entender que se trata de un conjunto sintomático que hay que identificar y evaluar para diagnosticar, centra la atención en la causa del fenómeno (el trabajo) y no estigmatiza al individuo, permitiendo además distinguirlo de otros fenómenos como el estrés, el desgaste emocional, la fatiga, la ansiedad, etc.

Mayormente ocurre cuando las personas que han sido altamente comprometidas con un puesto de trabajo pierdan el interés y la motivación. Lamentablemente, esto puede significar el fin de una carrera exitosa.

El estrés es una condición natural en todos los seres vivos. Es parte de la interacción entre un ser y su entorno ya que implica que los individuos respondan a los estímulos de su ambiente. Cuando estos estímulos resultan ser un obstáculo o una amenaza, las respuestas se incrementan generando diferentes niveles de estrés.

Contrario a lo que mucha gente piensa, el estrés tiene un lado positivo y todos necesitamos de él para llevar a cabo nuestras actividades diarias.

Existe una relación en forma de ‘U’ inversa entre los niveles de estrés que afrontamos y nuestra productividad. En principio, conforme se incrementa el nivel de estrés, se incrementa nuestra productividad ya que nos exige más de nosotros mismos, desarrollando capacidades y representando nuevos retos y motivaciones. Esta tendencia no se mantiene de forma constante, sino que existe un punto en el que se alcanza un nivel máximo de productividad y a pesar de incrementar los estímulos, ésta no subirá más. Este nivel se conoce como ‘umbral de estrés’. Rebasado este umbral, nos enfrentamos a un decrecimiento productivo que es donde localizamos el lado negativo de este fenómeno, conocido como ‘distrés’.

El ‘distrés’ implica, además de un decrecimiento de productividad otras manifestaciones sintomáticas a nivel cognitivo, conductual y físico.

A nivel cognitivo, es común que las personas con ‘distrés’ presenten pensamientos negativos sobre los eventos que ocurren en su entorno, tengan pensamientos catastróficos y manejen en sus decisiones e ideas las desventajas y los obstáculos de los proyectos y tengan dificultad en reconocer las bondades o potencialidades de sus actividades. Asimismo, pueden mostrarse pesimistas en términos generales y temerosos con la conducción de la incertidumbre. (Reforma, 2006).

Físicamente se desarrollan distintos trastornos, principalmente de naturaleza psicosomática, es decir, generados por las condiciones psicológicas del estrés y no por una condición biológica. Se pueden presentar dolores de cabeza o musculares, padecimientos estomacales e incluso, en casos extremos, el desarrollo de úlceras o la inmovilización de alguna parte del cuerpo. Lo más frecuente es que sea el sistema digestivo el que se vea afectado (Grau, 2007).

En términos de conducta, se presentan comportamientos como saltarse las comidas, morderse las uñas, modificar la cantidad ingerida de alimentos, fumar más, beber más o dormir menos horas. En términos generales, las manifestaciones comienzan siendo leves y, dependiendo del tiempo en que se mantengan, van agravando su condición. Por ejemplo, pasar de tener dificultades para dormir hasta desarrollar problemas de sueño crónicos, de tomar unas copas para relajarse a desarrollar adicciones o de morderse las uñas o tirarse del cabello hasta presentar heridas auto inflingidas (Reforma, 2006).

Cuando existen condiciones de ‘distrés’ con fuertes efectos negativos que llevan al individuo a sentirse agotado, con menos resultados de los deseados y una actitud cínica ante su realidad y, esto persiste por un periodo de tiempo superior a seis meses, se pasa a un estado conocido como burnout (Maslach, 1984.)

El burnout implica el extremo del distrés y la parte final de la ‘U’ invertida.

Las personas que padecen burnout se caracterizan por tener altos niveles de agotamiento emocional derivados, en muchos casos, de una combinación entre el agotamiento físico y el intelectual; un sentimiento que produce bajos niveles de eficacia profesional y una tendencia a tener altos niveles de cinismo ante las oportunidades o las condiciones de su realidad (Maslach, 2000).

El síndrome de “burnout” es un tipo de respuesta prolongada a las experiencias de estrés individuales debido a factores emocionales e interpersonales crónicos en el trabajo.

Teniendo en cuenta lo expuesto, operacionalmente podríamos definir al burnout como una respuesta al estrés laboral crónico integrada por actitudes y sentimientos negativos hacia las personas con las que se trabaja y hacia el propio rol profesional, así como por la vivencia de encontrarse emocionalmente agotado. Esta respuesta ocurre con frecuencia en los profesionales de la salud, y en general, en profesionales de organizaciones de servicios que trabajan en contacto directo con los usuarios de la organización.

Se trata de una respuesta al estrés cuando fallan las estrategias de afrontamiento (aquellos esfuerzos cognitivos y conductuales constantemente cambiantes que se desarrollan para manejar las demandas específicas externas y/o internas que son evaluadas como excedentes o desbordantes de los recursos individuales). Son esencialmente las demandas emocionales fundamentalmente, las que sobrepasan la capacidad y tolerancia del trabajador a las mismas. De este modo, la burnout se comporta como una variable mediadora entre el estrés percibido y sus consecuencias.

3. Epidemiologia
En general, no existen datos precisos de prevalencia respecto a la población general. No obstante, se pueden destacar algunas tendencias. Con relación al sexo, los estudios no establecen diferencias significativas. En cuanto a la edad, coinciden en que, por diversas causas, se dan más casos en el intervalo de 30 a 50 años. Respecto a variables como el estado civil, número de hijos, formación académica, puesto de trabajo, tipo de contrato, etc., no se han obtenido hasta el momento diferencias significativas que determinen una tendencia. Los estudios se han centrado en colectivos específicos como profesionales sanitarios, maestros, servicios sociales (en general, en profesiones que mantienen un contacto directo con las personas que son los beneficiarios del propio trabajo). Algunas prospecciones sobre estos colectivos muestran unos porcentajes de prevalencia que oscilan entre al 10% al 50% de trabajadores afectados. No obstante, el síndrome de quemarse por el trabajo no es exclusivo de estas profesiones; existen estudios en vendedores, ingenieros, estudiantes, directores, secretarios y también en profesiones que no pertenecen al sector de servicios.

4. Causas
Las causas del burnout son variadas y pueden incluir relaciones en el trabajo (con clientes, compañeros, supervisores), la satisfacción con el trabajo, el conflicto y la ambigüedad de rol, expectativas, la carga de trabajo, el tipo de puesto de trabajo y la seguridad del mismo, la política institucional, etc,

Se ha observado a través de estudios que las profesiones que tiene una mayor incidencia de burnout están relacionadas con la prestación de servicios en donde la relación entre proveedores y destinatarios constituye el eje central del trabajo y la atención, el trato o la educación pueden ser experiencias altamente emocionales

El burnout está compuesto por tres componentes que son el agotamiento emocional, despersonalización y menor realización personal los cuales se describen a continuación:

El agotamiento emocional se refiere a la sensación de haberse sobrepasado emocionalmente y haber gotado los recursos emocionales.
La despersonalización implica una respuesta negativa, insensible o excesivamente despegada a las personas que suelen ser los receptores del servicio o la asistencia.
La menor realización personal se refiere a una menor sensación de competencia y logros en el trabajo.

Estos efectos del burnout se encuentran con mayor frecuencia en las distintas formas de abandono e insatisfacción con el trabajo y con problemas de salud, mayor consumo de alcohol y drogas ilícitas y conflictos conyugales y familiares.

En pocas palabras, la persona que tiene un burnout, en muchos casos, presenta síntomas como:

Psicosomáticos: fatiga crónica, trastornos del sueño, úlceras y desordenes gástricos, tensión muscular.
De conducta: absentismo laboral, adicciones (tabaco, alcohol, drogas)
Emocionales: irritabilidad, distanciamiento afectivo. incapacidad de concentración,
Laborales: menor capacidad en el trabajo, acciones hostiles, conflictos.

De acuerdo con Guevara existen tres causas principales que dan origen a la presencia de este fenómeno y que son el exceso de trabajo, la falta de motivación en el empleo y la pérdida de vocación.

Desde hace muchos años y a raíz de la aplicación de modelos de trabajo postindustriales, muchas organizaciones han adoptado una postura rígida y deshumanizada que considera a los empleados como un recurso más que como el bien máximo de la organización, independientemente de sus características y necesidades individuales(HBR, 2002). Con ello, se han logrado mejorar aparentemente los índices de productividad a través de la reducción de sus estructuras y la sobreexplotación de sus empleados, desarrollándose una tendencia a exigir largas jornadas de trabajo, múltiples funciones y responsabilidades, creando un ritmo laboral excesivo. Bajo el esquema de “empleados de confianza” no se compensan estas condiciones extremas y este contexto es el marco ideal para el agotamiento.

La segunda causa señalada por Guevara es la falta de motivación en el empleo originada, en la mayoría de los casos, por una incongruencia entre las expectativas profesionales de desarrollo del individuo y su realidad laboral. De acuerdo con Vroom , cuando una persona no ve relación entre su esfuerzo, el resultado que obtiene y las consecuencias deseadas se presenta falta de motivación positiva (Davis, 2004).

La pérdida de vocación es menos frecuente, pero se deriva del cuestionamiento que hace el individuo acerca de la decisión de su camino profesional. Puede presentarse como consecuencia de la sobrecarga de trabajo cuando se solicita realizar actividades ajenas a la vocación o en extremo rutinarias o bien, cuando se solicita realizar actividades contrarias a la ética personal, generando en el individuo un estado generalizado de desencanto o de desilusión profesional.

Mas allá de identificar si nos encontramos en esta situación o cerca de ella, es de vital importancia tomar acciones para resolver o prevenir este estado. Si bien como hemos señalado surge como respuesta a condiciones externas existe un margen de acción individual que corresponde al interior de la persona.

5. Factores individuales que afectan a los seres humanos, y pueden provocar sindrome de burnout

Donde vivimos: no es lo mismo vivir en una gran ciudad, con su acelerado ritmo, exigencia, horarios que cumplir, problemas de tránsito, etc., que en el campo, más relajados, en contacto con la naturaleza. Es obvio, así, que cada persona crea sus estrategias para adaptarse a las distintas situaciones, aunque dichas estrategias impliquen un severo riesgo persona, «poner el cuerpo» hasta «despellejarse» para salir adelante.

Tipos de personalidad: hay mayor propensión en personalidades «Tipo A», aceleradas, malhumoradas, competitivas en exceso.

Visión distorsionada de la realidad: hay quienes creen que siempre controlamos todos los acontecimientos, mediante las propias acciones; otros, que este «control» viene desde afuera (por ejemplo, Dios, la suerte, etc.). Esto implica no aceptar la propia responsabilidad personal. Aquí cabe indagar sobre una pregunta clave: ¿qué tal si, cada cosa que nos sucede, la CREAMOS, la PROVOCAMOS o la PERMITIMOS?, aunque no seamos concientes de ello.

Falsas amenazas: a veces percibimos amenazas donde no existen, fantaseando acerca de catastróficos resultados; se activan mecanismos de defensa desproporcionados o inadecuados, que consumen enorme cantidad de energía.

Nuestra forma de ver el mundo: paradigmas y creencias. Dicen que «Nosotros no vemos el mundo como es. Lo vemos como somos nosotros». Por lo que los mecanismos de evaluación de situaciones se miden en forma subjetiva y absolutamente parcial, sin ver la totalidad.

Poca tolerancia a soluciones alternativas: esto nos permitiría estar más abiertos y contemplar otras posibilidades.

Resistencia a los embates de la vida: «la vida es dura», «hay que darle batalla», resistir a cualquier precio.

Asertividad: capacidad de afirmarse, expresarse y lograr lo que queremos, sin destruir los derechos de los demás.

Edad: factor acumulativo; cuantas más experiencias que consideramos traumáticas hemos vivido, mayor sensación de Burnout acumulado.
Afectos: brinda contención, acompañamiento, sentido de pertenencia, cuidado, hacer algo por los demás, dejarse mimar y cuidar cuando lo necesitamos o lo pedimos; se padre o madre (sentido de logro).

Ideales: ideales desmesurados, metas demasiado grandes, pasos de gigante en lugar del paso a paso -cambios microscópicos hacia la meta- producen profunda decepción.

En el ámbito del trabajo
Carga laboral: límite de tiempo, exigencia, presión, problemas de comunicación, poco espacio para la recreación o el descanso, vínculos con compañeros de trabajo circunscriptos sólo a lo laboral.

Rutina: aburrimiento, poco estímulo interno y externo, conflictos, desorganización, sentido de caos y ninguna alternativa personal o grupal para resolverlo «total, las cosas son así». Entrega, abatimiento, «sólo me importa cobrar a fin de mes».

Problemas laborales: discrepancia con el jefe, sentimiento de falta de comprensión y guía, poca aptitud profesional aparente en el superior jerárquico, envidia por los logros de jefes o dueños de la empresa, «injusticias» según el propio tamiz personal.

Mayores responsabilidades: quienes asumen tareas de mayor responsabilidad, especialmente sin haber sido entrenados para ello, pueden sentir rápidamente los efectos del Burnout.

Formación: sentimiento de inferioridad respecto a la tarea encomendada, poca formación o información para lo que se necesita hacer, duda, miedo a equivocarme.

Extremada especialización: puede llevar a perder la visión de conjunto, la visión «humana» de cada problema, y sumirnos en un estrés insoportable.

Futuro: falta de proyecto, sensación de «está todo mal», «no hay futuro», «no hay oportunidades para mi», no abrirse al cambio ni a la posibilidad de experimentar lo nuevo.

Comunicación: interpersonal y dentro de la organización. Roles inexistentes, canales cerrados, lenguajes herméticos, órdenes poco claras, gritos o tonos inapropiados en el entorno de trabajo, insultos.

Conflictos: falta de recursos para gestionar conflictos. La tendencia es a esconderlos, en lugar de sacarlos a la luz, atravesarlos y resolverlos.

Burocracia: procesos que no condicen con el éxito de los resultados que se esperan.

Metas: metas inalcanzables, estimados de venta difíciles de lograr. Presión externa e interna.

Entorno laboral: falta de tecnología apropiada, espacio físico donde trabajo, reestructuraciones, cambios, fusiones empresarias, promoción de ejecutivos, salarios y beneficios; ruidos, poca luz, frío o calor.

Familia: no poder desarrollar una vida de familia ordenada y en paz; cumplir con los roles asignados en pos de desarrollar una carrera laboral en constante crecimiento.

6. Síntomas
Las primeras señales suelen confundir tanto a quienes las padecen como a los profesionales que los tratan. Así, aparecen tensiones laborales, acumulación de tareas, irritabilidad, peleas, disociación con el rol social, sensación de falta de tiempo, baja motivación y entusiasmo, depresión y cansancio generalizado.

Luego, es necesario detectar cuando se ha traspasado el límite; cuando la situación supera la capacidad de asertividad y adaptabilidad innata del individuo; cuando la situación lo invade todo, lo inhabilita para desenvolverse con autonomía, hasta caer en una profunda crisis de identidad, depresión severa y las consecuentes correlaciones físicas asociadas.

La palabra Burnout (literalmente, «Quemado») puede asociarse con populares expresiones como «fundido», «agotado», «no doy más», «tirar la toalla», y hasta el infantil «no juego mas», aplicado aquí con mayor rigor y sentido de un límite que se ha traspasado y que pone en serio riesgo la integridad física y emocional de las personas.

Para la Organización Mundial de la Salud, Burnout se define con tres términos: Agotamiento + Desilusión + Retiro.

Cada uno de ellos, desde la semántica, tiene acepciones que, por su uso, se han convertido en universales. Veamos:

Agotamiento refiere a cansancio, exhausto, extenuado, debilitado, fatigado, cansado, desganado, impotente, débil, acabado, arruinado, destrozado, desgastado, vacío… Y, por contrasentido, se ha perdido vigor, energía, coraje, enfoque, propósito, dirección, metas, fuerza, brillo personal.
Desilusión se asocia con decepción, contrariedad, desesperanza, desencanto; se ha perdido la ilusión de vivir, aliento, ánimo, objetivos, sueños, deseos.

Retiro, entendido como aislamiento, jubilación, pensión, soledad, clausura, refugio, dejadez, apatía. Lo que, traducido, significa pérdida de sociabilidad, actividad, continuidad de la existencia, proyecto de vida.

Los estudios realizados en más de una década muestran que el Síndrome de Burnout afecta, al menos, al 30% de la población en forma agravada; esta cifra sube al 50% en estadíos más leves.. Cada vez son más las consultas psicológicas, psiquiátricas y en la clínica médica general, de pacientes con los síntomas descriptos anteriormente.

Lo más peligroso es que el Síndrome de Burnout se va manifestando de forma progresiva; es como si erosionara a los seres humanos, lentamente, pero sin pausa.

Una visión del por qué del Burnout puede estar relacionada con la cultura de la pos-modernidad, donde la exigencia por lograr la excelencia laboral se transforma en el motor que rige nuestras vidas. Cada vez se nos exige mayor formación y dedicación que nos asegure, de alguna forma, poder «seguir en carrera». Y también la separación, la pérdida del trabajo, la falta de oportunidades laborales, en definitiva, la exclusión, es otro de los motivos determinantes de su aparición.

La pregunta que no podemos dejar de plantearnos, es ¿por qué no todas las personas que cumplen igual cantidad de tareas, presionadas del mismo modo, llegan a desarrollar el Síndrome de Burnout? ¿Por qué algunas enferman y otras no?

Sin dudas, se trata de una enfermedad ligada a una sociedad exigente y llena de presiones; aunque hay que considerar como fundamental que el caudal de recursos internos que tiene cada ser humano, será el determinante para permitir que se enferme, o atravesar las circunstancias sin consecuencias límite que comprometan su salud.

Hay una frase, muy generalizada sobre todo en las grandes ciudades, que dice «hoy todos estamos enfermos, ya que con este modo de vida es imposible vivir bien». Los autores estamos convencidos de que esto no es así, y que, además, esta creencia promueve una generalización peligrosa que lleva a muchas personas a vivir equivocadamente: se sumergen en el miedo y la paranoia de que ningún cambio es posible.

Si esa afirmación, de connotación completamente negativa, fuera totalmente cierta, nada de lo preventivo tendría relevancia, y es justamente la prevención, el cuidado y la «vigilancia eterna» sobre uno mismo, lo que conduce a muchas personas a vivir de un modo satisfactorio, si caer en enfermedades dañinas como el Síndrome de Burnout, entre otras.

7. Las tres etapas del burnout (basada en estudios de la Fundación Nombrar)
Etapa 1: Sensitiva-Subjetiva (Hipersensibilidad, marcada irritabilidad, rápido agotamiento, alteraciones del sueño, menor rendimiento, cansancio)

Etapa 2: Psicosomática (baja de la autoestima, depresión, ansiedad, dolencias físicas, enfermos recurrentes en sus afecciones, pérdida acentuada del rendimiento personal y profesional, fatiga crónica, ausentismo)

Etapa 3: Depresiva (desgaste, confunde cansancio físico con desgaste intelectual, síntomas físicos permanentes, hipocondría, no puede re-enfocarse en su vida normal, búsqueda de dejar de trabajar, sentirse en ‘quiebra vital’, desilusión, posibilidad de suicidio).

Para la OMS, la clasificación se resume en:
Agotamiento emocional
Despersonalización
Sentimiento reducido de logro personal

Por transpolación a las tres etapas descriptas anteriormente:

Etapa 1: Sensitiva (reaccionar intempestivamente, pérdida de apertura, tendencia a negativizar todo, autoestima descendente, vulnerabilidad, agotamiento de reservas psíquicas)

Etapa 2: Psicosomática (alta presión, dolores reales o imaginarios, enfermedad definitiva o transitoriamente, sentido de dolor, problemas sexuales)

Etapa 3: Depresiva (rendición afectiva, no tiene respuesta hacia el entorno, alto riesgo de vida, siente que todos los caminos están cerrados, no puede reenfocarse en salir adelante, ensimismamiento, separación y ruptura interior, vacío, sinsentido de la vida).

8. Herramientas
Las dos primeras herramientas que nos fijamos en ayudarle a entender su posición con respecto a desgaste.

La primera herramienta, «Identificación de Puntos de Presión de Burnout», le ayuda a pensar en lo que quiere de su trabajo y evaluar racionalmente su particular cuando las zonas de riesgo se encuentran. La segunda herramienta, «El agotamiento prueba automática» y luego le ayuda a evaluar si usted está en riesgo de agotamiento.

En caso de que usted ha identificado que este es un peligro, la tercera herramienta ( «Evitar Burnout»), da indicaciones sobre cómo puedes evitarlo. La última herramienta, «Coping with Burnout», le ayuda a reflexionar sobre sus opciones si usted se siente que ya ha quemado.

Individuos – Cómo detectar y tratar el Burnout:
Darse cuenta a tiempo.
Pedir ayuda.
Flexibilidad ante los cambios
Equilibrio en la vida personal, profesional, incluyendo nuestros «Seres»: Mental, conciente, básico.
Asertividad
Auto-relajación
Metas y objetivos mensurables y posibles de cumplir.
Diversión.
Trabajar con creencias y paradigmas para flexibilizar nuestros pensamientos.
Misión y Visión personal alineada con la Misión y Visión profesional (resultado: ser más felices con nuestro trabajo).
Ejercicios prácticos y sencillos.

Empresas – Qué podemos hacer:
Claridad en roles
Comunicación efectiva
Clima laboral apropiado
Reestructuraciones conscientes del impacto grupal.
Trabajar la Misión y Visión de empresa, alineada con la Misión y Visión personal.
Organizar mejor el tiempo
Programas de estímulo y reconocimiento
Espacios para conversar sobre temas personales, canales de comunicación lógicamente abiertos.
Política en cuanto a horarios de almuerzo, tabaco, viajes, horarios laborales, vestimenta, recreación, espacio físico laboral, etc.
Ejercicios prácticos y sencillos.

9. Estadísticas
Tomando en cuenta estudios internacionales publicados en revistas científicas, Internet y otros medios de información, estas cifras -si bien no son concluyentes- dan un panorama de la seriedad y severidad de la afección del síndrome de Burnout:

En 1996 se reportó más del 50% de casos de consultas clínicas por los síntomas o «sensaciones» descriptas más arriba.

En 1999, la OMS afirma que los problemas mentales ocupan el tercer lugar mundial de los problemas de salud (detrás de las enfermedades infecciosas y parasitarias y los accidentes), esperándose un aumento exponencial en el futuro.

En 2000, en España, el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco dictó una sentencia, luego confirmada por el Tribunal Supremo, donde reconoce al «Burnout» o «síndrome de desgaste personal» como enfermedad del trabajo; y, por lo tanto, cubierta por las compensaciones ante una posible baja laboral. Fue a partir de un caso de diagnóstico psiquiátrico de un trabajador social que prestaba fundones en un centro de atención a minusválidos, al que las aseguradoras no le reconocían sus derechos.

10. Propuestas
1. Nunca desatienda su alimentación por presiones de trabajo. Procure tomar sus alimentos aproximadamente a la misma hora y evite la ingesta excesiva de productos altos en azúcares, cafeína y grasas saturadas.

2. Haga todos los días algo por usted, como una caminata, una lectura, una siesta, escuche una buena pieza musical o disfrute de algo que le resulte placentero. Reflexione cada día sobre lo que ha hecho para sí mismo.

3. Conviva con quienes le rodean de forma armónica. Evite culpar a sus familiares y amigos por sus frustraciones profesionales y fomente un espacio para construir relaciones sociales y afectivas constructivas dentro y fuera del trabajo.

4. Converse cuando le sea posible con sus superiores sobre las condiciones laborales o situaciones que le inquietan en su trabajo. Mantener una comunicación abierta en el ámbito laboral es un principio fundamental para la salud de las organizaciones y por lo tanto para la de los empleados.

5. Cuando la situación sea particularmente grave y a pesar de sus iniciativas y acciones no perciba una mejoría en su condición, considere buscar un contexto laboral diferente afín a sus intereses y valores. Ningún empleo vale más que su vida.

La salud laboral es corresponsabilidad de empleados y organizaciones. Debemos comenzar como individuos a valorarnos y cuidarnos para que esta atención trascienda a la organización y podamos demandar de ella un contexto positivo y constructivo para trabajar.

CONCLUSIONES

El contexto actual impone exigencias cada vez más complejas tanto sobre el individuo como sobre las organizaciones. Para cumplir con sus objetivos, resulta necesario alcanzar niveles de alta performance y especialización a fin de estar acordes al ritmo de los cambios y no quedar excluidos del entorno con el que se relacionan.

En una búsqueda de mayor calificación, competencia y formación profesional, y con el objeto de no quedar al margen de un mercado laboral que cada vez exige mayores competencias, muchos sujetos ingresan al ámbito universitario. Paralelamente, muchos de estos estudiantes, no pueden asumir el costo que involucra el cursado de una carrera universitaria si no están insertos en dicho mercado para lograr acceder económicamente a su perfeccionamiento.

Esta situación suele terminar generando una espiral circular que condiciona la aparición de diferentes estresores que no sólo deterioran su rendimiento y la obtención de los objetivos que persiguen, sino y sobre todo, que los predispone a padecer un estrés crónico con las conocidas consecuencias a nivel individual y psicosocial.

Dentro de los riesgos laborales de carácter psicosocial, el estrés laboral y el síndrome de quemarse por el trabajo (burnout) como respuesta al estrés laboral crónico, ocupan un lugar destacado, pues son una de las principales causas del deterioro de las condiciones de trabajo, fracaso en el rendimiento, fuentes de diferentes conflictos y deterioro en la salud física y psicológica.

BIBLIOGRAFIA

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