RELACIÓN ENTRE BIENESTAR Y CONSUMO DE ENERGÍA

El consumo de energía por habitante constituye uno de los indicadores más fiables del grado de desarrollo económico de una sociedad, algo que está íntimamente vinculado con el bienestar material. En este sentido, la demanda energética se asocia de forma generalizada con el producto nacional bruto de un país, con su capacidad industrial y con el nivel de vida alcanzado por sus habitantes.

Aunque desde ciertas perspectivas ecologistas se quiere negar la evidencia, es claro que existe una alta correlación entre consumo energético y toda una serie de magnitudes económicas, verificable tanto en el plano sincrónico como en el histórico. Desde la primera óptica se puede comprobar como un elevado porcentaje de la energía utilizada en el mundo es absorbida por los países desarrollados.

La correspondencia entre el nivel de vida y consumo energético se puede apreciar, asimismo, desde la perspectiva histórica, pues se pueden examinar las evidentes relaciones entre crecimiento económico e incremento de la demanda de energía. La explicación puede hacerse a través de los cambios estructurales que se suceden a lo largo de la historia económica de un país y, simultáneamente, considerando que dentro de las distintas actividades económicas existen enormes diferencias de consumo energético para obtener una unidad de producción.

Cuando un país empieza a avanzar por la senda del desarrollo su estructura económica se caracteriza por un predominio de las actividades primarias, a las que se unen algunas artesanales, por tanto su consumo energético es bajo. Iniciado el proceso de crecimiento, la industria aumenta en importancia, lo mismo que los transportes, sectores que, en general requieren gran cantidad de energía. A ello se une la creciente mecanización de todas las actividades económicas y el aumento del uso de energía en las economías domésticas, redundando todo en fuertes incrementos en el empleo de energía. No obstante, la mayor eficiencia técnica de las máquinas permite reducir progresivamente el uso de energía para iguales niveles de satisfacción material.