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CIENCIA PENITENCIARIA.

Es una ciencia interdisciplinaria cuyo campo de estudio es todo lo relativo a la ejecución de sanciones privativas y restrictivas de libertad, tanto en medios cerrados como abiertos y libres; tanto se ocupa de la asistencia post-carcelaria, con el fin de lograr la resocialización del delincuente.[1]

Esta ciencia estudia principios, doctrinas y sistemas relativos a la ejecución de las penas privativas de la  libertad y de los resultados de su aplicación.

Para Espinosa el vocabulario Penología tiene similar significación que ciencia penitenciaria, discrepando con Cuello, para quien constituye dos disciplinas de diversa amplitud y contenido; según dicho autor el objetivo de la penóloga es el estudio de los diversos medios de represión y prevención del delito, esto es estudia las penas y medidas de seguridad, así como sus métodos de aplicación. En tanto la ciencia penitenciaria abarca la doctrina de las penas de privación de la libertad y sus sistemas de ejecución.

   

Objetivos de la Ciencia Penitenciaria.

El objeto de estudio de esta ciencia abarca al problema de ejecución penal y al hombre bajo privación o restricción de su libertad.

Sus objetivos generales son:

  1. Tratamiento en el medio institucional. Estudia el tratamiento que debe darse al condenado en los medios cerrados de mediana o máxima seguridad en casos que la condena penal imponga una pena privativa de libertad  Otra alternativa es el tratamiento en un medio abierto en los casos en que el condenado sea puesto bajo un régimen penitenciario abierto o de prisión abierta o experiencias afines
  2. Tratamiento en medio semi- institucional. En sus variantes de reclusión nocturna, arresto de fin de semana, limitación de días libres.
  3. Tratamiento extra-institucional o en libertad. Cuando el condenado es puesto bajo el régimen de prueba o de suspensión de ejecución de la pena, reserva del fallo condenatorio, o en trabajo comunitario los fines de semana o regimenes similares.

 

Orientación y ayuda a la familia del interno. Cuando se apliquen medidas preventivas o restrictivas de la libertad del condenado.

Orientación y asistencia post-carcelaria, para facilitar que el liberado logre su integración en la comunidad y esta le brinde acogida al excarcelado.

Estos objetivos constituyen los propósitos nucleares que persigue la ciencia penitenciaria conjuntamente con el Derecho en Ejecución Penal.

Su materialización requiere la concurrencia de elementos coadyuvantes, para lograrlos.

 

           

 Métodos y Técnicas de Ciencia Penitenciaria.

             Los métodos y técnicas que utiliza la ciencia penitenciaria están sujetas a diversas variantes de carácter psicológico, social, medico y otros, de acuerdo al problema sometido a investigación de ahí las áreas más desarrollas en la investigación penitenciaria sean el área social y el área psicológica.

Entre las técnicas de tratamiento penitenciario citamos:

a) El trabajo o ergoterapia, se considera es que es una técnica de tratamiento por que la actividad laboral, en sus diversas modalidades influye en la modificación conductual y social del interno.

b) Técnicos Educativas o pedagógicas. Dentro de estas se consideran varias modalidades.

  • Educación técnica laboral, con el objeto de proporcionar al condenado alguna capacitación para el trabajo.
  • Educación escolar o cultural, que se da a los penados que no tiene instrucción escolar, o si la tienen esta es muy elemental.

c) Técnicas Psicoterapéuticas. Constituyen los diversos tratamientos que brinda el psicólogo y que pueden ser aplicadas como terapia individual y grupal.

d) Terapias medicas, este tratamiento puede ser dado en tres variantes: trabajo farmacológico, tratamiento de choque (eléctrico o insuclinico); tratamiento medico quirúrgico.

e) Orientación Social. Es otro procedimiento de tratamiento del delincuente, que se ejecuta al cargo del sociólogo o de los trabajadores sociales.

 

[1] Diccionario de la Universidad de Oviedo, Internet, hup/diccionario del mundo es diccionario.

SISTEMAS PENITENCIARIOS.

Como consecuencia de la reforma carcelaria surgida el siglo XIX, se ponen en práctica diferentes sistemas penitenciarios, tales como:

Régimen Célular Pensilvánico o Filadélfico.

 Se caracterizo por imponer un silencio total y la inexistencia de trabajo carcelario, por lo que muy pronto se noto lo pernicioso de este régimen, modificándose y permitiendo el trabajo en celda, la recepción de visitas, abolición de medidas disciplinarias, capacitación del condenado en un determinado trabajo.[1]

 Estudiosos de la ciencia penal como Enrique Ferry se opusieron a este régimen al que lo calificado como la aberración del siglo XX; sin embargo subsiste hasta nuestros tiempos, en diversas prisiones del mundo.

Régimen Aurburniano.

       Este régimen disponía que los prisioneros sean llevados a trabajar a los talleres durante el día, bajo estricta vigilancia y eran retornados a la cárcel luego de cumplir labores. Fué aplicado en la ciudad de New York, después de haber experimentado el régimen pensilvánico; su aplicación se hizo considerando ciertas modificaciones

 Régimen Progresivo de Maco Nochie o Mark Sistem.

Denominado así por considerar diferentes periodos de su ejecución tales como: aislamiento celular diurno o nocturno, por un lapso de nueve meses; trabajo en común, donde lo principal era la conducta y en la producción de trabajo como requisito para pasar al siguiente periodo; la libertad condicional que era otorgada con ciertas restricciones y por un tiempo determinado, pasado este periodo el condenado obtenía la libertad definitiva.

 

A partir de la innovación de Maco Nochie, muchos países adoptaron el sistema en base a los resultados importantes en cuanto a disciplina penitenciaria. Este sistema fue adoptado por irlanda España, Italia, Holanda, Suiza, Francia, Portugal, Finlandia, Dinamarca, Brasil, argentina, Suecia y Bélgica.

Prisión abierta.

Este nuevo tipo de establecimiento penitenciario cuyo fines esenciales fueron preventivos y resocialisadores; implico un nuevo planteamiento en la ejecución de la pena privativa de la libertad.

García Ramírez[2] manifiesta al respecto: “El origen de los establecimientos abiertos se explica en cuanto parten de un proceso de devolución de derechos a los sentenciados, derechos que los otros sistemas les negaban para propiciar una cadena inagotable de explotación en la vida penitenciaria; de este modo se les restituye ciertos bienes elementales como: luz, contacto con sus semejantes, abrigo, trabajo, sexo, mejoramiento alimenticio”.

 Régimen All´aperto.

          Instituido en Italia es una institución penitenciaria que permite el trabajo de los sentenciados fuera de los muros de la prisión. Este régimen penitenciario se creo mediante el Código Penal Italiano de 1898; pocos años después, el Octavo Congreso Penitenciario Internacional, reunido en Budapest, en 1905, aprobé recomendar este régimen. Decisión similar se adopto en el Primer congreso de Derecho Penal (Bruselas 1926) y en XII Congreso Penal y penitenciario de la Haya (1950). Esta institución penal fue recogida por varias naciones.

 

En nuestros días este régimen carcelario, esta tomando gran arraigo y se materializa mediante dos modalidades: el trabajo agrícola y el trabajo en obras públicas.

 

[1] OJEDA VÁSQUEZ, Jorge; Derecho de Ejecución de Penas; Editorial Porrúa S.A. México; (2004); Pág. 76

 

[2] GARCÍA RÁMIREZ, Sergio; “Reforma Penal”; Editorial Púrrua; México 1998; Pág. 254

ANTECEDENTES HISTÓRICOS DEL TRABAJO PENITENCIARIO

       Es poco lo que se conoce sobre el trabajo de los condenados de prisión; históricamente se pretendió que el sentenciado no solo pierda su libertad, sino que se le castigue ejecutando trabajos forzados generalmente en minas. Desde tiempos remotos el poder público impuso a los condenados la obligación de trabajar con el propósito de causarle sufrimiento además de aprovecharse de su esfuerzo en un trabajo duro y penoso.

 

En el antiguo oriente, especialmente en Egipto, Siria y China la condena era para el cumplimiento de trabajos muy fuertes, mediante el “damnatio inmetallum”, pena que era muy severa, convirtiendo en esclavo al sentenciado y se cumplía en las minas o trabajando las tierras de los reyes o monarcas. De este modo el sistema de cumplimiento de penas se oriento con la finalidad de aprovechar el trabajo de los  sentenciados. También se utilizaron las galeras o cárceles flotantes donde los galeotes o sentenciados se encargaban de remar las embarcaciones en condiciones infrahumanas.

 

La represión de la criminalidad en la época antigua se utilizó como una antecámara de suplicios donde inclusive se deportaba al sentenciado.

 

La cárcel mas antigua fue la Casa de Corrección de Lóndres; pero el acontecimiento notorio en la historia penitenciaria lo señala la fundación de las Prisiones de Ámsterdam para hombres, donde eran obligados a ejecutar el raspado de madera para la fabricación de colorantes. El Spinnhyes, cárcel para mujeres obligadas al hilado de lanas, terciopelo y tejidos. Además de ser un trabajo obligatorio y forzado, se les sometía a castigos de azotes, ayunos, y sometido a la celda de agua, que consistía en inundar su celda con agua con la intención de ahogarlos. Los liberados de estas casas, más que corregidos, salían domados y con mucho rencor y odio.

 

En el siglo XV, se inició un proceso económico político que motivó recurrir a usufructuar el trabajo de los sentenciados, llegando inclusive a conmutarse sanciones capitales y de tormento por la prestación forzada de servicios, las que llegaron a generalizarse en los demás países en los dos siglos siguientes (XVI y XVII), dándose una justificación teórica de su uso.

De este modo, la idea de la expiación carcelaria (dolor que redime) ya no buscaba  la reconciliación del sentenciado con la divinidad, sino que se determinó como finalidad la liberación a través del trabajo; pues el lucro que se generaba compensaba el daño causado; noción que es incluida en el quehacer carcelario como retribución, por ser su origen de sentido económico y predominando hasta principios del siglo XIX con la introducción del concepto de corrección.[1]

 

De este modo, en las instituciones carcelarias bajo la modalidad de compensar el perjuicio ocasionado por el condenado, se usufructuaba del producto del trabajo de los sentenciados, bajo cuatro modalidades de sanción penal: galeras, presidios, deportación, y establecimiento correccional.[2]

 

  • Las galeras. Eran cárceles flotantes donde los galeotes o sentenciados manejaban los remos de las embarcaciones bajo una explotación gratuita.

 

  • Los presidios. Instituidos para la explotación oficial del trabajo de los reclusos, eran instituciones orientadas a usufructuar del trabajo de los sentenciados. Existieron varias cárceles de presidios: el presidio artesanal, al que accedían todos los conmutados por la prestación forzosa de servicios, manejando manualmente bombas extractoras de agua. Los presidios militares, consistía en el trabajo obligado en las murallas de los establecimientos militares donde inclusivamente eran encadenados como cortina defensiva de los ataques enemigos. El presidio de obras publicas, consistía en que los sentenciados, atados entre si y bajo vigilancia de hombres armados eran forzados a trabajar en la construcción o reparación de carreteras, acueductos y canales, explotación de minas, mantenimiento de puertos, adoquinado de calles, tala de bosques, etc.

 

  • La deportación. Consistía en enviar a los sentenciados a un lugar lejano y a la ejecución de trabajo gratuito en beneficio del Estado sancionador. Esta modalidad fue utilizada para impulsar la colonización de territorios inhóspitos.

 

  • Los establecimientos carcelarios, surgieron a fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX, dando a la prisión un rol principalmente la sanción penal, motivando manifestaciones políticas y religiosas en oposición a las sanciones crueles y antihumanas que se practicaban.

[1]ARANGO, Arturo (2004) Sistema de información delictiva INACIPE.

[2] VIDAL RIVROLL, Carlos; El Trabajo de los Sentenciados en Prisiones; Revista Mexicana de Prevención y Readaptación Social; N° 17. Año. (2005). Pág. 18.