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Caracteres de la civilización peruana.

El Perú ofrece una cultura muy antigua, muy variada, a la vez misteriosa, brillante y frágil. Si todavía yacen envueltos en feroz rudeza los chunchos, que vagan entre los espesos bosques de la montaña, desde siglos remotos aparecen en la sierra y en la costa seguros indicios de una civilización dulce y progresiva. El Perú ha presentado todas las formas de gobierno: comunidades, confederaciones, señoríos, el más vasto imperio, un extensísimo virreinato sujeto al extranjero y una república independiente. La más grosera idolatría se ha unido a nociones elevadas sobre el criador del universo. La barbarie ha tocado de cerca a una civilización refinada. Los pueblos yacían en la miseria, mientras deslumbraba el esplendor del gobierno. Una política sabia y admirables adelantos en las artes se han visto aparecer de súbito, sin que hasta ahora pueda descorrerse el velo que envuelve su misterioso origen. El suelo ferocísimo, las entrañas de la tierra henchidas de tesoros, los más valiosos depósitos derramados sobre la superficie, el clima saludable, el cielo benigno, los habitantes dóciles, entendidos y bondadosos prometen un porvenir de bienestar y de gloria; y, sin embargo, en las situaciones más esplendentes y envidiables han ocurrido catástrofes impensadas, trastornos violentísimos e invasiones destructoras que harían desconfiar del porvenir del Perú; si su grandeza pasada, sus elementos actuales y sus condiciones indestructibles de progreso no le aseguraran días más y más prósperos; siempre que sepa sentir todo el valor de la libertad y marche según las miras de la Providencia.

 

Importancia de su historia.

Los caracteres de la civilización peruana ofrecen de suyo bastante interés para merecer estudios serios, aun de parte de aquellos que los contemplen sólo como objeto de pura curiosidad.

 

Para nosotros su historia es la más importante después de la historia sagrada. Junto con un espectáculo tan variado como maravilloso nos presenta instrucciones de suma trascendencia capaces de fortificar la unidad nacional, de avivar los sentimientos patrióticos, de hacernos cooperar con más acierto a la prosperidad pública y de preservarnos así de exageraciones peligrosas, como de un desaliento que es siempre fatal a las naciones y a los individuos.

 

Método histórico.

Para que el estudio de nuestra historia produzca sus inapreciables ventajas, es necesario hacerlo con método. El orden es tan esencial en la historia como en la vida; una y otra se destruyen cuando falta la relación íntima y armoniosa entre sus partes. Hechos aislados o amontonados sin discernimiento; una mezcla confusa e incoherente de fábulas y de sucesos reales, de frivolidades y de grandes acontecimientos; apreciaciones aventuradas o sin objeto, nunca podrán dar una verdadera idea de la historia y sólo servirán para sobrecargar la memoria, extraviar el juicio y viciar los sentimientos. Aun en los más reducidos compendios debe presentarse la historia con un plan regular, de modo que nunca se oscurezca la unidad de la civilización; que los hombres y las cosas aparezcan con su verdadero valor; y que en todo resalten la veracidad y la buena crítica. A este respecto la historia del Perú ofrece muy serias dificultades; porque todavía no se ha publicado ningún trabajo completo y porque el descubrimiento de la verdad y la apreciación de los hechos encuentran obstáculos, no sólo en la oscuridad del pasado, sino también en las pasiones del presente. Un historiador concienzudo y que aspira a ser verdaderamente útil, necesita reflexionar mucho para no adoptar ciegamente errores acreditados por la tradición y por escritores poco severos, para no dar por cosa averiguada las simples conjeturas acerca de una antigüedad misteriosa y para no juzgar de la actualidad ligeramente, cuando todavía los hechos no están consumados o el interés no permite apreciarlos con la debida imparcialidad. Si respecto a las épocas remotas el juicio puede ser seguro acerca de las instituciones y revoluciones completamente terminadas, siendo muy aventurado cuando desciende a los pormenores; en cuanto a los sucesos contemporáneos, mientras el conjunto es bastante claro aun en las particularidades dignas de interés, las reflexiones suelen ser tan arriesgadas como intempestivas. Distingamos pues cuidadosamente las épocas del Perú para juzgar los hechos del modo más conveniente, sacando el mejor partido posible de las fuentes históricas.

 

Principales épocas.

Habiendo permanecido el Perú hasta los tiempos modernos aislado en su civilización y sin relaciones manifiestas con el mundo civilizado, no se presta su historia a la división común en antigua, media y moderna. Estos nombres no pueden aplicarse a sus períodos particulares, sin cambiar arbitrariamente el sentido usual y sin introducir una confusión en el lenguaje, tan perjudicial a la claridad de las ideas, como sin interés práctico. Cuando se trata de facilitar el estudio de los hechos agrupándolos según sus analogías, la historia del Perú aparece naturalmente dividida en seis períodos: la época de los Curacas, la de los Incas, la de la Conquista, la de los virreyes, la de la Emancipación y la de la República. La época de los Curacas, que ofrece la civilización más antigua del Perú, no puede trazarse sino a grandes rasgos: todo es en ella igualmente incierto, fechas, lugares y personajes. La época de los Incas presenta sucesos muy brillantes, instituciones bien determinadas, un término fijo y ciertos personajes prominentes; pero la mayor parte de los sucesos están envueltos en fábulas. La época de la Conquista es una violenta y rápida transición del Imperio de los Incas al régimen colonial; pero abunda en interés dramático y fue de suma trascendencia social. La época de los virreyes, que ha durado cerca de tres siglos, aunque poco variada en su marcha y lenta en sus movimientos, no deja de presentar lecciones muy importantes, tanto para comprender el presente, como para influir en el porvenir. La brevísima época de la Emancipación palpitante de actualidad es muy rica en hechos y se presta a reflexiones transcendentales. La época de la República en que estamos recién entrados, puede estudiarse con mucho provecho en sus numerosas vicisitudes políticas y en los grandes progresos que no obstante los mayores obstáculos ha realizado ya el Perú independiente.

 

Fuentes históricas.

Para el estudio de las primeras épocas pueden servirnos los restos de las primitivas poblaciones y cultivo, las huacas más elocuentes aun que los monumentos consagrados a la vida, algunas tradiciones, las voces e índole de los idiomas indígenas y hasta cierto punto la comparación con otros pueblos de América y del resto del mundo. Además de estos auxilios tenemos para estudiar la historia de los Incas el testimonio de los que conocieron a los últimos soberanos o vieron sus instituciones en vigor, la huella que éstas han dejado en la sociedad, y el examen que se hizo apenas consumada la conquista consultando a los encargados de los registros. Para los tiempos posteriores existen las correspondencias oficiales y privadas, los actos de un carácter público, los apuntes particulares, relaciones de viajeros, testimonios y apreciaciones imparciales, en suma, cuantos datos suministran mayor luz sobre los hechos y permiten juzgar con más acierto a cerca de sus causas.