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El carácter universal de la ética

A partir de la década de los setenta del siglo pasado, la ética se ha enfocado a diversos temas bajo el concepto de “Modernización”. Ha sido seguida de nuevas formas de acciones prácticas, reflexión y debate teórico sobre la ética de la paz, el feminismo y la vida cotidiana, impulsados por un contexto que comenzaba a introducir una cultura de democratización de la sociedad, e implicaba nuevos hábitos y valores de conducta.
En la década de los ochenta, se intensifica la “Tecnificación” de la sociedad (era de la Tecnificación), en que comienzan a surgir modalidades como la ética medioambiental, ética de los animales, la bioética y la ética de los profesionales, entre otras.
Posteriormente se desarrolla un nueva oleada de modernización, a lo que se ha llamado “revolución digital” de los años 90, con un impacto cultural todavía superior y que impuso un proceso de individualización masiva, al convertir en obsoletos muchos medios “presenciales” de socialización.
Por último, un nuevo frente se abre paso en este largo ciclo de modernización, denominado “Globalización”. Esto ha propiciado propuestas hacia una ética de lo global, planetaria e intercultural.
Resulta conocido que la Ética no puede partir de cero, ni tampoco de una pura especulación intelectual o un mero debate académico, es producto de la necesidad práctica de articular mejor la convivencia de las sociedades de composición pluricultural e intercultural.
Más que una idea o un valor, como la tolerancia, la paz, la diversidad, etc., por ella misma, la ética intercultural tiene, pues su razón de ser en la creciente demanda social de patrones morales de conducta, a través y para la interculturalidad.
Con el surgimiento de un conjunto de procesos acelerados de interdependencia económica, tecnológico, cultural y político-social, se incrementa la conciencia de los problemas globales, entre los que se destacan:
– la pobreza y el desarrollo,
– el deterioro del medio ambiente natural,
– la corrupción financiera,
– el terrorismo,
– el narcotráfico,
– el extremismo religioso,
– la violación de los derechos humanos,
– la falta de compromiso ético de gobernantes y ciudadanos,
– el genocidio,
– la xenofobia y el racismo.
La ética es imprescindible para la consecución de una especie de “mínimo común moral” que coopere con la ciudadanía trasnacional. Desde estos valores sociales es posible fijar una agenda Ética que recuerde y ordene las directrices apropiadas, en la era de la interdependencia, para el desarrollo de un mundo democrático y en las que son necesarias acciones como:
– dar apoyo a una ética ambiental,
– ética feminista,
– ética multiculturalista,
– ética de la ciudadanía democrática.
Todas estas acciones han de tener la mirada puesta en un mundo más justo y equitativo, sin pasar por alto la raíz económica de los problemas actuales de convivencia en el planeta.
La ética no es sólo la que sale al paso de los conflictos de identidad, sino la que se concibe en relación con la sociedad en su conjunto, pensada para la convivencia, en el sentido más amplio y por eso la preocupación por un mundo más justo y equitativo le es algo propio.

Otro aspecto justificativo de su carácter universal está dado por su base empírica1 sin la cual sería imposible la comprensión de este fenómeno tan complejo. Sería innecesario recordar que todos poseemos unas condiciones evolutivas y neurocognitivas que nos hacen aptos para obrar según la ética, que si bien son necesarias no suficientes en la comprensión de la misma.
Hemos de ser conscientes de que los hombres compartimos el mismo planeta, somos una única especie y nuestro cerebro no distingue entre razas y naciones en su funcionamiento básico.
Muchas creencias y valores morales tienen un origen biológico vinculado al cerebro. Los conceptos del bien y el mal responden a la adaptación al medio y la supervivencia. El cerebro necesita principios químicos pero también ideas y emociones que producen sustancias tan importantes como las endorfinas. Si alguna vez una época desprovista de valores hubiera durado bastante, la humanidad ya habría dejado de existir.
La neurofisiología cerebral es la misma para todos los grupos nacionales y étnicos. La especie humana está biológicamente capacitada para compartir procesos de evaluación, entre ellos los éticos. Las diferencias proceden del entorno cultural. Tenemos algo en común que debemos aprovechar como especie necesitada de una ética intercultural, tenemos la base biológica, el cerebro.
En otro orden, la nueva psicología cognitiva se basa en modelos de la informática y la inteligencia artificial. A pesar de este enfoque tecnológico, es una psicología social y humanista. Información, conexión e integración son sus arquetipos.
La neurosicología destaca que nuestro cerebro es una sola e integrada unidad neurológica. Se desprende entonces una conclusión central, en beneficio de la ética, que no puede separar el mundo de los principios del mundo de los hechos. Una ética intercultural es posible por la disposición neurocognitiva del ser humano. Esta ética estará abierta a todos los lenguajes de la inteligencia humana.

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Evolución histórica de la ética. Su carácter universal

El tema y los problemas en torno a la ética, la moral y los valores, son aspectos recurrentes en los debates que se suceden entre las personas, ya sean profesionales o no, referidos a problemas complejos y trascendentales de carácter político, económico, científico, tecnológico o, simplemente, a la vida cotidiana.
En la medida que la humanidad ha avanzado por el camino del desarrollo y el progreso, hasta su entrada en el siglo XXI, también se han agudizado de forma global las aristas de los temas de estudio y análisis de la ética y la moral; así como de la contraposición entre el bien y el mal, la vida en armonía entre sí y con el medio ambiente, o la muerte por la no sostenibilidad de un desarrollo depredador.
La Ética constituye, hoy en día, una herramienta para la transformación del mal en bien, para la lucha por el perfeccionamiento y mejoramiento humano, en la búsqueda de que los valores morales, transformados en ideales humanos universales y convicciones personales, marquen las cualidades personales de los individuos, su sentido y proyecto de vida personal en correlación con lo social, su sentido de progreso y desarrollo humano1.
En la antigüedad, cuando la Filosofía apareció como la primera forma de la producción intelectual del conocimiento humano, se ocupó del estudio del hombre y el papel que debía jugar en su relación con el mundo que lo rodeaba, sobre cuáles debían ser las actitudes a poseer para ser un “hombre virtuoso”, “digno” y a la necesidad de su educación. La ética se dedicó, entonces, a estos estudios y se consideró como una parte importante del saber filosófico.
Los seres humanos nos enfrentamos diariamente a situaciones diversas, proyectos, obstáculos y oportunidades. El hombre es un ser social. Mucho de lo que hacemos influye directa o indirectamente en el conjunto de la sociedad, hasta las decisiones más personales. Vale la pena, entonces, preguntarse qué regula nuestra conducta. Hoy vivimos en un mundo vertiginoso, pleno de avances tecnológicos, guerras, desigualdades, información y solidaridad internacional. La convivencia nos plantea nuevos problemas y nos recuerda los viejos, aún no resueltos. Es hora de enfocar la ética, de convertirla, realmente, en ese arte de vivir, que nos conducirá a la excelencia personal y colectiva.
La Ética regula nuestra conducta.
La Ética garantiza la educación del hombre, la búsqueda de su desarrollo pleno, integral y armónico.
La Ética es el arte de vivir, que nos conducirá a la excelencia personal y colectiva.
ANÁLISIS EN LA SOCIEDAD

Análisis de la Ética
A partir de todo lo señalado, la Ética sale robustecida. Todo lo que es ético se relaciona directa y muy estrechamente con el ser humano. De esta manera, lo ético es exclusivamente humano. Y si por el momento, ético y moral son lo mismo, podríamos decir que sin el hombre no hay ética; fuera de él, tampoco. Y sí se trata de Ética o Moral, consideradas como conocimiento sobre lo ético o lo moral, consideradas como conocimiento sobre lo ético o lo moral, admitamos entonces que ella es un conocimiento exclusivo sobre el obrar propio del ser humano como tal.

Más allá de la etimología, algunos autores distinguen la Ética y la moral. La Ética es un saber acerca de la moral, es decir, es un conocimiento orientado a identificar las bases de la vida moral. La moral está constituida por la diversidad de actos exclusivamente humanos, que buscan realizar los intereses y las posibilidades más nobles de nuestro ser individual y colectivo. Así como el hombre es, por naturaleza, un ser social, por lo mismo también diremos que es un ser moral. Si en cada ser humano reconocemos una vida social, como parte inherente de la condición humana, parte de ésta también, como unificadora, orientadora y justificadora, es la vida moral. No hay hombre sin moral.

Por su lado, la Ética es otro asunto. No se trata ya de la vida y del quehacer de cada ser humano; es más bien, el conocimiento orientado a señalar las bases o los fundamentos de la vida moral. Mientras la moral integra el ser de cada hombre y es inseparable de él, la Ética es, sobre todo, una preocupación teórica, cognoscitiva, sobre lo que constituye la moral. Dicho en otras palabras, es un saber sobre la moral.
BREVE RESEÑA HISTORICA DE LA ÉTICA:
Desde que los hombres viven en comunidad, la regulación moral de la conducta ha sido necesaria para el bienestar colectivo. Aunque los distintos sistemas morales se establecían sobre pautas arbitrarias de conducta, evolucionaron a veces de forma irracional, a partir de que se violaran los tabúes religiosos o de conductas que primero fueron hábito y luego costumbre, o asimismo de leyes impuestas por líderes para prevenir desequilibrios en el seno de la tribu. Incluso las grandes civilizaciones clásicas egipcia y sumeria desarrollaron éticas no sistematizadas, cuyas máximas y preceptos eran impuestos por líderes seculares como Ptahhotep, y estaban mezclados con una religión estricta que afectaba a la conducta de cada egipcio o cada sumerio. En la China clásica las máximas de Confucio fueron aceptadas como código moral. Los filósofos griegos, desde el siglo VI a.C. en adelante, teorizaron mucho sobre la conducta moral, lo que llevó al posterior desarrollo de la ética como una filosofía.
4.12. Autores más representativos en el contexto del estudio de la ética
A continuación se relaciona un conjunto de autores significativos sobre el tema, en orden cronológico, con las principales características de su obra o pensamiento de manera excesivamente resumida, pero necesaria, dado el objetivo de este curso, apoyado en los trabajos realizados por Chacón Arteaga y otros, de este mismo género.

4.12.1. Platón
Para Platón (Grecia 427-347 AC) el mundo es una copia efímera de lo real, el mundo es el de las ideas. De este último proviene el hombre y su objetivo es regresar a él para utilizar su logros, su conocimiento, la razón. Lo moral es darse cuenta a través de la razón de que el mundo real es el ideal. La razón lleva junto al bien, lo bello y lo justo. Aunque no alcancemos el mundo ideal no importa, la intención es valiosa en sí misma.
Afirma que el hombre actúa de manera irracional, porque lo hace en este mundo que no es el verdadero. La ética de Platón es idealista y se aleja de las soluciones reales a los problemas humanos.
4.12.2. Aristóteles
Fundador (Grecia 384-322 AC) de la ética como disciplina filosófica. Reconocido como el padre de la ética, por haber escrito el primer tratado sobre el tema que conoció la humanidad. El dedicó este tratado a su hijo y lo denominó Moral a Niccómaco en el cual argumenta las categorías fundamentales de la ética y a su vez explicaba qué debía hacer y de qué debía abstenerse el ser humano para ser un hombre virtuoso.
Con ello definió unos de los rasgos característicos del saber ético y el más tradicional que ha llegado hasta nuestros días, el carácter normativo o ética de las virtudes.
El sistema ético de Aristóteles se conforma de cinco partes, a saber:
1. La felicidad, fin supremo.
2. El bien, fin de todas las acciones.
3. Las virtudes, que pueden ser: intelectuales o de la razón y morales o de la voluntad.
4. Las virtudes morales o de la voluntad.
5. Las virtudes intelectuales o de la razón.
A su pensamiento debemos la enunciación de la mayoría de los problemas éticos. Relación entre la vida teórica y la práctica, la ética social y la ética individual y otros. Para Aristóteles nadie quiere el mal, y si lo escoge, es porque lo confunde con el bien.
El ser humano se esfuerza hacia la felicidad, el bien supremo. El instrumento para lograrlo es la razón. Por el camino de la razón se llega a todas las virtudes, entre ellas la más importante, la justicia1. Las virtudes se conforman en el hábito, es decir, en la práctica.
La ética de Aristóteles es realista, establece que la virtud es el justo medio entre dos extremos, el hombre virtuoso se opone al mediocre2.
Dentro de sus principales ideas se destacan:
– Es importante contraer hábitos desde la más temprana infancia.
– Objeta la teoría de la libertad acerca de que la virtud y el vicio son voluntarios, considera que no son un efecto solo natural, resultan del hábito, y por lo tanto, nos toca regirlos para no caer en el mal.
– Su pensamiento posee una influencia sobre la educación moral, la formación de los hábitos virtuosos y el carácter, en las ideas sicológicas de la moral heterónoma3 y en los métodos asociados al conductismo4 cuyo fundamento es la concepción sicológica de Skinner5.
Dentro de los interesantes aportes de Aristóteles a la Ética se encuentran:
– El carácter normativo de la Ética.
– La unidad de la idea y la actuación humana.
– Considera a la Ética como reflexión y pensamiento, mientras que a la moral como expresión de la voluntad humana.
– Enfatiza en la necesidad de educar las virtudes, las que no son espontáneas o puramente neutrales.
– La existencia de una dinámica en los valores morales (concepción triádica).
– La libertad tiene que pasar por la racionalidad ética y moral.
1 Las virtudes éticas o intelectuales tienen como expresión suprema a la sabiduría propia de la ciencia.
2 Otros autores interpretan lo planteado como la contradicción de los dos extremos viciosos, por exceso y por defecto.
3 Noma: acción de pacer o devorar. Pacer: comer la hierba del campo para alimentarse.
4 Conductismo, variante del pragmatismo filosófico y del funcionalismo psicológico de principios del siglo XX en los EEUU. Declaró como objeto de estudio la conducta, único fenómeno observable y, por lo tanto, que se puede medir de la psiquis humana. Se basa en el principio de la caja negra.
5 Burruhs Skinner, profesor de la Universidad de Harvard en 1954, centra su interés en la creación de una tecnología de la instrucción similar al concepto de producción, por lo que es dirigida básicamente a los medios y métodos y no al contenido. Los objetivos son el elemento curricular básico. Siguió como vía para el aprendizaje, el ensayo y error.
4.12.3. San Agustín (354-430 Cartago, África) y Tomás de Aquino (Italia 1224-1274)
El idealismo, objetivo del pensamiento aristotélico, como base de su ética, fue retomado en la época medieval por San Agustín y Tomás de Aquino, los que desarrollaron un pensamiento ético en función de la concepción religiosa del mundo que predominó en esa época. Las normas y juicios morales se subordinaron a la religión, como manifestación de la fe en Dios y en la revelación de la voluntad divina, por lo que la Ética fue considerada una doctrina oficial de la Iglesia Católica. Esta fue también una vía para la moralización de los individuos que se educaban en la dogmática y escolástica1 concepción ético religiosa. En la actualidad esta concepción ética sobre la moral tiene su expresión en el neotomismo2 con el desarrollo del humanismo cristiano y de una Ética religiosa en la que la moral se concibe como un fundamento esencial de la doctrina y la actitud religiosa.
El origen de la Ética religiosa en la época medieval está en la religión Cristiana, a la que se subordinó la Filosofía con un carácter religioso, la misma es una arista importante del idealismo objetivo desarrollado desde Platón, Aristóteles, Cicerón, hasta llegar a San Agustín como máximo representante de la Patriótica (período de elaboración doctrinal de los Padres de la Iglesia, creada principalmente por San Agustín).
La Filosofía Cristiana, aceptada como la doctrina oficial del régimen feudal, tenía la función de llevar al hombre la verdad revelada por Cristo, lo cual debía hacerse por la misión de un mecías o predicador. El fin era el de investigar ¿Cómo el hombre encuentra los caminos que lo conducen a Cristo y puede llegar a comprender y hacer suya la revelación cristiana?. La iglesia fue un poder paralelo al Estado y era considerada la única fuente del saber en la época.
Para San Agustín, el alma tiene una suprema expresión en Dios, la investigación en la reflexión filosófica debe llevar a reconocer la identidad del Alma-Dios en su propia naturaleza espiritual cuyo camino está en confesarse.
La verdad es Dios, que es interior y trascendente; estas dos ideas son los principios de la teología agustiniana. El desarrollo de su concepción ética se expresa en las polémicas que tiene en las posiciones que asume:
a) En contra del Maniqueísmo3.
b) En contra del Donatismo4.
c) En contra del Pelagianismo5.
La continuidad de la polémica en torno al bien y el mal y el libre albedrío, se expresó en el pensamiento de Tomás de Aquino, que fundamentó una moral cuya fuente es Dios como supremo bien. El hombre hecho a imagen y semejanza de Dios debe cultivar la virtud religiosa como expresión de su comunión con Dios. El libre albedrío de los hombres se da en la elección entre el bien y el mal; si esto fuera así, realmente no tuviera libertad. La causa del mal radica en el libre albedrío y en ausencia del bien y de la voluntad, expresión del pecado original, con lo que coincide, con sus matices, con la idea agustiniana.
Ante ello Tomás de Aquino dice:
“Dios mueve todas las cosas en el modo que es propio a cada una de ellas. Así en el mundo natural, mueve de determinada manera los cuerpos pesados, a causa de su diferente naturaleza. Por lo mismo, inclina el hombre hacia la justicia según la condición propia de la naturaleza humana. Por su propia naturaleza humana el hombre tiene el libre albedrío. Y, por tener libre albedrío, el movimiento hacia la justicia no lo produce Dios independiente del libre albedrío: Dios infunde el don de la gracia justificante de manera que incita al libre albedrío a aceptar el don de la gracia”.
El sistema de virtudes morales de la Ética de Tomás de Aquino retoma o tiene puntos de contacto con los propuestos por Aristóteles, cuya diferencia la marcan su significado y contenido religioso. Estas virtudes las agrupa en dos grupos:
• Virtudes intelectuales y morales:
– Justicia.
– Templaza.
– Prudencia.
– Fortaleza.
• Virtudes teologales:
– Fe.
– Esperanza.
– Caridad.
Fundamenta su Ética a partir de las cinco pruebas de la causa de la existencia de Dios, que expone en Summa contra gentiles y en Summa Theológica.
Como puede apreciarse en esta concepción, la causa del mal en el mundo está en el Libre albedrío del hombre. Esta última idea marca la diferencia entre Aquino y Agustín, aunque fuera su seguidor.
Esta concepción ético-religiosa mantiene el carácter formativo iniciado por la Ética aristotélica, pues en la misma se cumple con la función de orientar el comportamiento moral de los creyentes a partir de la fe divina o comunión con Dios y en espera de la recompensa por las buenas acciones y la evitación del castigo por las malas conductas como expresión de los pecados.
1 Escolástica: Enseñanza religiosa basada en los preceptos de Aristóteles. Otros representantes fueron, además, Escoto, San Anselmo, Abelardo, Alberto Magno, etc.
2 Doctrina teológica que el Papa León XIII (1897) recomendó como punto de partida para llevar a cabo la renovación intelectual de la iglesia católica.
3 El hombre es creado a imagen y semejanza de Dios.
4 Intransigencia de la Iglesia frente al Estado, universalidad de la Iglesia ante los civiles.
5 Capacidad del hombre de obrar bien, antes y después de Adán.

4.12.4. Petrarca (Roma, 1304-1374)
En la época del Renacimiento, la Ética estuvo marcada por la orientación humanista que caracterizó al pensamiento en esa etapa, en la que el modo de producción capitalista se abría paso con la irrupción de sus poderosas fuerzas productivas acompañadas de los adelantos científicos y culturales, el surgimiento de una nueva clase burguesa adinerada sobre la base de la propiedad privada sobre los medios de producción y la explotación del trabajo de los obreros y campesinos. Abre paso a la modernidad. En tal contexto, todo giró en torno a la razón y en contraposición al predominio de la fe y a la escolástica como manifestaciones absolutas del saber y del rígido régimen de castas sociales que anulaban al individuo en la época medieval.
El humanismo volvía los ojos hacia el hombre como un ser terrenal, libre por naturaleza, el pensamiento de la época abogó por el reencuentro del hombre con su esencia natural y no sólo divina o trascendental, cuya facultad esencial es la razón, las sensaciones y el propio mundo, interno, espiritual, de sus experiencias y en confrontación con los otros, lo cual lo hace reconocerse a sí mismo como individuo, como un ser humano en plenitud de facultades y poderes que puede autogobernar.
Las reflexiones éticas de los pensadores de la época revelan los contrastes y conflictos que representaban los humanistas renacentistas en cuanto al tema de la renovación humana, la que transitaba entre la voluntad de la salvación eterna con el requerimiento del enclaustramiento interior propio del hombre medieval y el hombre moderno, que reconoce el amor, que ama a la naturaleza, que siente el deseo de riquezas y de gloria.
Esta característica tuvo sus matices en Petrarca, su iniciador: “Todo sucede a través del contraste. Y lo que se llama aventura en realidad es lucha… Cada cual se interrogue a sí mismo y se conteste a sí mismo, para darse cuenta hasta qué punto su ánimo está combatido internamente por pasiones diversas y es empujado allá y acá por impulsos varios y opuestos. No es nunca completo, no es nunca uno, sino que está internamente discorde y lacerado”.
El sentido normativo de la Ética tuvo su expresión ulterior en la época moderna en los pensadores iluministas del materialismo francés de los siglos XVII y XVIII, La Mettrié (1709 – 1751), Helvecio (1715 – 1771), Holbach (1723 – 1789), entre otros. Ellos realizaron interesantes aportes al saber ético al pronunciarse por la moralización de los individuos por medio de la educación y la cultura. Otro exponente es Juan Jacobo Rousseau, quien fuera el creador de la teoría sobre el contrato social y del cuento “Emilio”, obra moralizadora donde se desarrollan sus concepciones sobre la educación de los menores.
Bentham (inglés 1748 – 1782), Robert Owen (inglés 1771 – 1858), Charles Fourier (francés 1772 -1837), Saint Simón (francés 1760 -1825) desarrollan las ideas acerca de las virtudes y los vicios en los seres humanos asociados a las condiciones sociales, la política, la legislación y la ignorancia. La educación resulta la vía planteada para acabar con la ignorancia y como base esencial para la moralización de los individuos y la posibilidad de conjugar de una forma racional los intereses individuales y generales. Se considera que sus aportes marcan el sello del pensamiento ético de la modernidad
4.12.5. Enmanuel Kant
Kant (Alemania 1724-1804) provocó un gran cambio en la historia de la ética, postuló una ética teórica autónoma independiente del cristianismo que había determinado la ética occidental hasta el siglo XVIII. La ética no tiene fundamentos científicos ni metafísicos. Se establece la ley moral que todo ser humano puede experimentar y que no está contaminada por nada externo al hombre. Su ética es de forma, no de contenido; según Kant la razón práctica y la razón teórica difieren en el uso moral, solo las acciones originadas en la buena voluntad son morales, ya que sólo la buena voluntad es absolutamente buena. Kant formuló su imperativo categórico. “Actúa de tal forma que esa actuación se convierta en ley universal”. Es considerado el padre de la Filosofía Clásica Alemana, desarrolló el nivel teórico del conocimiento en su teoría del Debe ser, línea del conocimiento ético conocida como Deontología ética.
4.12.6. Friedrich Nietzsche
En Nietzsche (Alemania 1844-1900) no existían fenómenos morales, sino sólo una interpretación moral de los fenómenos. El bien o el mal se hace en virtud del poder que se tiene para garantizar la propia fortaleza y seguridad. Si estos actos ayudan a la colectividad son interpretados como buenos, si no, como malos. El comportamiento moral no es natural, es aprendido en la sociedad, la familia, la religión, la escuela. El bien supremo es la vida misma, su esencia la voluntad de poder, sólo los más fuertes tienen poder, la democracia y el igualitarismo son los débiles.
4.12.7. Carlos Marx (Alemania 1818-1883) y Federico Engels (Alemania 1828-1895)
Realizan aportes en la interpretación dialéctico materialista del conocimiento ético y de la moral, la cual es concebida como un fenómeno de naturaleza histórico social, cuya complejidad se expresa en las leyes de la dinámica, de su estructura conformada por la conciencia moral, las relaciones morales y la actividad moral. En las tesis planteadas respecto a la ética se encuentran los fundamentos de su naturaleza social, histórica y clasista, a partir de la multifacética actividad humana. Plantean una nueva concepción integradora y cosmovisiva del mundo.
Por primera vez, al penetrar en la esencia social e histórica de la moral, no se hace depender ésta sólo de las ideas como algo autónomo, ni de la condición biológica, natural, innata o hereditaria de los seres humanos, ni de la voluntad de Dios, ni de la subjetividad interna de cada individuo aislado. Se entiende como un fenómeno social (plano objetivo) y lo individual (plano subjetivo), en lo externo y en lo interno.
4.12.8. Ludwing Wittgenstein
Autor (Austria 1889 – Cambridge 1951) que hizo una de las críticas más radicales a las teorías éticas. Para Wittgenstein, la fe, las emociones, los sentimientos, la subjetividad, tienen que ver con la racionalidad, pero son algo secundario en un mundo moral, de allí su irracionalidad. Es un filósofo irracionalista y establece un totalitarismo lógico. Plantea si estos problemas morales pueden ser pensados y por tanto expresados.
Su obra Tractatus concluye “de lo que no se puede hablar hay que callar, está claro que la ética no resulta expresable. La ética es trascendental”. Wittgenstein afirma que sólo Dios puede poner principios éticos al hombre. Es la propia ignorancia sobre Dios lo que determina nuestro conocimiento ignorante sobre ética.
4.12.9. Fernando Savater
Filósofo español (España, 1947) que considera que la ética es el arte de vivir, este arte es expresión de una buena vida. La persona ética es libre y quiere saber como reaccionar sin estar prisionero de las costumbres y el conformismo, la rutina, lo que diga la mayoría. Savater se manifiesta contra una moral de premio castigo. Para los jóvenes escribió Ética para Amador y Política para Amador. También se destaca su obra Ética con Amor Propio.