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ARQUITECTURA Y MEDIO AMBIENTE

1. Aspectos Generales
La relación entre la arquitectura y el medio ambiente implica una constante de equilibrio y armonía. Se busca lograr un gran nivel de confort térmico

Tiene en cuenta el clima y las condiciones del entorno para ayudar a conseguir el confort térmico interior mediante la adecuación del diseño, la geometría, la orientación y la construcción del edificio adaptado a las condiciones climáticas de su entorno. Juega exclusivamente con el diseño y los elementos arquitectónicos, sin utilizar sistemas mecánicos, que más bien se consideran como sistemas de apoyo.

La Arquitectura Bioclimática es en definitiva, una arquitectura adaptada al medio ambiente, sensible al impacto que provoca en la naturaleza, y que intenta minimizar el consumo energético y con él, la contaminación ambiental.

Pero una casa bioclimática no tiene por qué ser más cara o más barata que una convencional. No necesita de la compra y/o instalación de sistemas mecánicos de climatización, sino que juega con los elementos arquitectónicos de siempre para incrementar el rendimiento energético y conseguir el confort de forma natural. Para ello, el diseño bioclimático supone un conjunto de restricciones, pero siguen existiendo grados de libertad para el diseño según el gusto de cada cual.

La arquitectura bioclimática tiene en cuenta las condiciones del terreno, el recorrido del Sol, las corrientes de aire, etc., aplicando estos aspectos a la distribución de los espacios, la apertura y orientación de las ventanas, etc., con el fin de conseguir una eficiencia energética.

No consiste en inventar cosas extrañas sino diseñar con las ya existentes y saber sacar el máximo provecho a los recursos naturales que nos brinda el entorno. Sin embargo, esto no tiene porque condicionar el aspecto de la construcción, que es completamente variable y perfectamente acorde con las tendencias y el diseño de una buena arquitectura. Se puede decir que los temas entre arquitectura y medio ambiente pueden llegar a dos conceptos fundamentales, a su vez integrados uno del otro.

• Arquitectura sostenible o ecourbanismo; Toma en cuenta los recursos naturales, y con su construcción no pone en peligro los elementos del medio ambiente. Hace mucho énfasis y reflexión sobre el impacto ambiental y de todos los procesos implicados en una vivienda. Estos procesos van desde los materiales con los que fueron construidos hasta las técnicas de construcción, la ubicación de la vivienda y su impacto en el entorno, el consumo energético y el reciclado.

• Arquitectura bioclimática, arquitectura adaptada al medio ambiente, de igual manera hace reflexión sobre el impacto ambiental que provoca en la naturaleza, hace reducción de la contaminación y minimiza el uso de la energía eléctrica. Tiene gran empeño en humanizar el entorno, tratando de encajar dentro de un sistema general de sostenibilidad. En caso de que la arquitectura no se integre a ninguno de estos conceptos, ni tome en cuenta el medio ambiente, pueden acarrear un impacto ambiental o bien podríamos llamarle, un conjunto de problemas ambientales.

Por ejemplo, las edificaciones se desarrollan sin tener en cuenta el concepto de integración con el medio ambiente, esta situación se ve influenciada por la voluntad de la sociedad que la vive, y de los profesionales que la construyen, la posibilidad de aprovechar, hacer caso omiso o destruir, las capacidades que el mismo proporciona. Los problemas ambientales, dependen de las pautas que se tomen a la hora de la construcción, y del proceso que englobe toda su ejecución. Para evitarlos es de vital importancia la adecuación de las edificaciones a las condiciones naturales específicas de cada lugar sobre el que se vaya a actuar, y a la relación con la globalidad.

1.1. Objetivos
Lograr la calidad del ambiente interior, es decir, unas condiciones adecuadas de temperatura, humedad, movimiento y calidad del aire. Tener en cuenta los efectos de los edificios sobre el entorno en función de:

• Las sustancias que desprendan:
• Sólidas: residuos urbanos
• Líquidas: aguas sucias
• Gaseosas: gases de combustión vinculados al acondicionamiento de los edificios.
• El impacto que produzca el asentamiento: teniendo en cuenta aspectos como el exceso de población, las vías de acceso, aparcamientos, destrucción del tejido vegetal.
• Los consumos que afectan al desarrollo sostenible del lugar: el consumo de agua o de otras materias primas por encima de su capacidad de renovación.
• Contribuir a economizar en el consumo de combustibles, (entre un 50-70% de reducción sobre el consumo normal).
• Disminuir la emisión de gases contaminantes a la atmósfera (entre un 50-70%).
• Disminuir el gasto de agua e iluminación (entre un 30%-20% respectivamente)

1.2. Criterios de la Arquitectura Bioclimática
La utilización de esta arquitectura se efectúa a través de:
• Un equipo pluridisciplinar.
• Ubicación.
• Destacar la importancia del tratamiento exterior del edificio.
• Forma de la vivienda.
• Orientación del edificación.
• Implantación de sistemas para el ahorro energético.
• Sistemas de captación de energía solar pasiva.
• Implantación de energías renovables aprovechables en ese lugar determinado.
• Masa térmica.
• Sistemas de aislamiento.
• Sistemas de ventilación.
• Aprovechamiento climático del suelo.
• Espacios tapón.
• Sistemas evaporativos de refrigeración.
• Diseño de sistemas para el precalentamiento del agua, mediante placas solares.
• Ahorro de agua.
• Aprovechamiento de agua de lluvia.
• Galerías de ventilación controlada.
• Sistemas vegetales hídricos reguladores de la temperatura y de la humedad.
• Disminución del consumo energético y con él, la contaminación ambiental.
• Sistemas de captación de luz natural.
• Climatización natural.
• Sistemas de control y gestión para optimizar el uso de la energía (domótica).
• Protección contra la radiación en verano.
• Utilización de materiales ecológicos.

1.3. Ventajas
Un edificio verde es una estructura que se ha concebido con el objeto de aumentar la eficiencia energética y reducir el impacto ambiental, al tiempo que mejora el bienestar de sus usuarios. Por ejemplo, la potenciación de la luz natural en el interior de un edificio no solo supondrá un ahorro económico y un menor impacto ambiental, debido al menor consumo de electricidad (un importante porcentaje de producción de electricidad se realiza a partir de la quema de combustibles fósiles con la consiguiente liberación de gases contaminantes de efecto invernadero, especialmente CO2); sino que también podrá reducir el posible estrés de sus ocupantes.

Ahorro monetario en las facturas de electricidad y gas. La construcción sostenible no se caracteriza por un rasgo concreto ni se limita a un conjunto de normas o requisitos. Se trata de un proceso completo que abarca desde la elección del solar en que iniciará la construcción hasta la proyección de la estructura y la utilización de materiales ecológicos o la posibilidad de reciclaje de los mismos.
Lograr una mayor armonía entre el hombre y la naturaleza. Se pasaría de la casa-“bunker” que no tiene en cuenta su entorno climático y utiliza potentes aparatos de climatización para resolver el problema, a una casa que se integra y utiliza su entorno y el clima para resolver sus necesidades energéticas.

1.4. Desventajas
• Sobrecoste y encarecimiento de la vivienda.
• Hábitos de la sociedad, al no estar los usuarios acostumbrados a vivir en sistemas de renovación controlada de aire.
• Los medios de comunicación encumbran cualquier tipo de arquitectura esteticista, y apenas reflexionan sobre cómo vive la gente.

2. La arquitectura ante la conservación del espacio natural
Cuando se habla de medio ambiente estamos hablando del hábitat de una especie muy concreta, la del hombre. El medio ambiente viene pues definido en función de las características y requerimientos de la especie humana, la cual tiene ciertas peculiaridades ańadidas en relación a las demás especies animales o vegetales que pueblan la Tierra. El hombre es una especie cultural y tecnológica: adapta su propio hábitat y emplea para ello elementos que él mismo genera. Por ello, el medio ambiente como concepto autoecológico (antropocéntrico) va a incluir tanto el hábitat natural, el seminatural y el rural como el urbano: todo el hábitat del hombre.

El paisaje es la forma más directa en que el hombre percibe la naturaleza o lo que ha resultado de ella tras su asentamiento. La demanda social por paisajes naturales es creciente y casi angustiosa cuanto más desarrollado está un país. De ahí que la protección de paisajes naturales o rurales armoniosos se haya convertido en una justificación ambiental para la protección de amplias áreas en las que participan no sólo los valores naturalísticos, sino también los culturales (usos y arquitecturas tradicionales, etc.).

Se está dando en los últimos años una convergencia progresiva de las políticas de Medio Ambiente y Patrimonio Cultural, que se proyecta de manera especial en la evolución experimentada por el concepto mismo de paisaje. Lo que eran políticas de gestión y de salvaguarda de la Naturaleza y del Medio Ambiente se inscriben ahora en la misma dinámica que las políticas de salvaguarda de los valores culturales, históricos y arquitectónicos, especialmente visibles -pero no de manera exclusiva- en los sitios, en los conjuntos y en las ciudades históricas. Ello comporta una visión integrada del Medio Ambiente natural y construído; exige una toma de conciencia por parte de la sociedad sobre la trascendencia cultural de esos valores, sobre su proyección económica y social, sobre su significado testimonial y su valor de referencia colectiva. Sobre la necesidad de protegerlo y de utilizarlo a través de una gestión también integrada. Lo cual, en las prácticas europeas actuales, significa estrategias globales, aproximación multidisciplinar, instrumentos adecuados de planificación urbana y de ordenación del territorio. Organización del espacio, en definitiva: disciplina de la que todavía se habla mucho y se practica poco en los países del área mediterránea.

Es un planteamiento que se inspira en una cultura cada vez más extendida del Medio Ambiente, natural o construido por el hombre, que sintoniza de manera particular con la sensibilidad de la sociedad actual y, en especial, de las nuevas generaciones. Una cultura que insiste de manera particular en la trascendencia de los valores paisajísticos, hasta ahora postergados; cuando no ignorados; en las políticas y en las prácticas citadas. El interés y la preocupación por el paisaje no son privativos de nuestra época, sino que se inscriben en la mejor tradición de la cultura europea. Baste recordar, por ejemplo, la valoración que del paisaje se realizó en momentos tan decisivos para nuestra civilización como el Renacimiento o la Ilustración. Los ilustrados consideraban el paisaje “como un proyecto espacial y cultural, que se inspira tanto en una nueva concepción de la Naturaleza como en el anhelo de un equilibrio social más justo”.

La consideración de espacio natural, de paisaje, no puede limitarse a su mera condición física, sino que es necesario tener en cuenta sus connotaciones culturales y artísticas. Se trata de reivindicar la dimensión cultural del paisaje, su integración en las políticas de medio ambiente, de planificación urbana y de ordenación del territorio.

Podemos distinguir dos grandes tipos de áreas protegidas: aquellas donde la protección se consigue básicamente a través de normas (urbanísticas, forestales, etc.) y cierta vigilancia (protección “pasiva”) y aquellas otras donde se aplican medidas directas de conservación (rehabilitación) y se habla de protección “activa”.

Lo esencial al establecer un área protegida es que la finalidad prioritaria de dicha área sea la conservación de los valores que justificaron su protección. Esto no elude, por ejemplo, que otras actividades que resulten compatibles con la conservación, puedan seguir teniendo lugar en su recinto, pero que siempre serán secundarias y quedarán sometidas a los fines de conservación en caso de conflicto.

2.1. Arquitectura popular
Cuando hablamos de arquitectura popular, arquitectura rural, arquitectura doméstica, nos estamos refiriendo a la arquitectura realizada en el medio rural de modo espontaneísta, sin contar con arquitectos y por procedimiento de autoconstrucción, adaptándose al medio climatologógico y paisajístico y utilizando materiales naturales extraídos del propio entorno; por eso suele contar con unas características comunes propias de la zona geográfica en la que se ubica, sin apenas variaciones pese al paso del tiempo porque en este tipo de arquitectura lo que más pesa son el uso y la costumbre, los modos de vida, así como las tradiciones locales y la acumulación de experiencia en materia de construcción.

Los rasgos que definen un conjunto urbano pueden codificarse en una serie de parámetros. En primer lugar, el de una escala única de aplicación a todo el conjunto. Esta escala tiene por módulo aquel que favorece la satisfacción de las necesidades del ser humano, su libertad de movimiento y que, en definitiva, le proporciona la sensación de dominio de su entorno y de subordinación de este medio ambiente construido. Esta escala en nuestros pueblos, en su mayor parte, está conseguida por una volumetría que, siendo aparentemente espontánea en sus dimensiones, disposición y relación mutua, queda conjuntada generalmente de forma armónica. Esta volumetría armónica y equilibrada de nuestros conjuntos urbanos no es más que la plasmación de esa experiencia secular de sus constructores, obtenida de la familiarización con los materiales y la respuesta a unas necesidades muy concretas.

El paisaje urbano rural no queda solamente conseguido con estos rasgos, pues de su apariencia forma parte la peculiar textura que produce la vinculación a un medio geográfico y la utilización de unos recursos materiales que, al extraerlos de este medio geográfico, mantienen su integración con él. La invasión de unas formas y costumbres, unas soluciones y exigencias propias de la cultura urbana, han modificado estas armonías y alterado estos ritmos vitales, emanadas de la compenetración con el medio ambiente natural.

La arquitectura popular se distingue de la culta por varias características que la definen y que son las siguientes:
• Enraizamiento en la tierra y en el pueblo.
• Predominio del sentido utilitario.
• Ligazón a la tradición de la zona.
• Sentido común.
• Solidez constructiva.
• Sencillez.
• Empleo de materiales naturales.
• Simplicidad de recursos constructivos y economía de medios.
• Espontaneidad.
• Intemporalidad.
• Búsqueda de perennidad.
• Importancia de las construcciones accesorias.
• Vitalismo.
• Carencia de intenciones especulativas.
• Nula voluntad de representatividad y de monumentalidad.
• Ausencia de confort (busca cubrir las necesidades básicas).
• Adaptación al medio.
• Carácter rural.
• Más interés volumétrico que espacial

Muy a menudo estas constantes han sido reivindicadas, sin embargo, por los arquitectos de las nuevas vanguardias contemporáneas para aplicarlas a su práctica arquitectónica y además muchos de éstos la han estudiado y divulgado a base de reivindicar el equilibrio forma-función y la racionalidad de las arquitecturas vernáculas.

Así pues, a la arquitectura popular, al urbanismo rural, hay que considerarlos fruto de las condiciones climatológicas, del entorno geográfico, del devenir histórico, así como de motivaciones económicas y sociales. Su ubicación depende de las necesidades puntuales de ordenación del territorio.

2.2. La restauración de la arquitectura tradicional
Cualquier actuación restauradora debe ser respetuosa con el edificio y con el medio urbano y natural en el que este se inscribe. Con ello se pretende mantener la riqueza plástica de las panorámicas de nuestros pueblos y de la arquitectura que las configura, sin desatender su necesaria adaptación a las exigencias de funcionalidad de la vida moderna. Las normas generales de actuación a seguir en cualquier proyecto de restauración serían las siguientes: mantener todo cuanto sea posible, completar lo deteriorado y sustituir lo perdido de acuerdo con los criterios de escala, composición formal, textura y color. Para la restauración de estas construcciones hay que contar ya, en muchas ocasiones, con la mayor cantidad de imaginación posible, tanto por entidades oficiales como por iniciativa privada, y el método aceptado como más eficaz es el de la rehabilitación integrada, que proporciona a los núcleos rurales varias alternativas simultáneas para su recuperación.

El primer problema que presenta un edificio al restaurarlo es que no se sirven materiales como los que fueron empleados en su construcción ni tan apenas quedan personas cualificadas para fabricarlos y aplicarlos. Los materiales que componen una casa antigua son distintos de los empleados en la construcción actual, al igual que las técnicas generalizadas. Los materiales disponibles en el mercado o son sustancialmente distintos, por ser desconocidos en otros tiempos, o varían en sus formas, dimensiones, color, composición, etc., de manera que su mezcla con los tradicionales resulta difícil. A pesar de todo ello, sería un error menospreciar la construcción tradicional, generalmente de sillar y tapial, y con mucha madera, y pensar que ni es práctica su conservación ni viable su mantenimiento.

Sólo equipos especializados, formados por profesionales con el tacto de artesanos, pueden solucionar los problemas que acarrea la restauración del tapial, la adaptación de los suelos de ariza a las exigencias de la higiene moderan o la conservación de la madera, por ejemplo. Sin embargo, existen técnicas apropiadas para el mantenimiento de todos los elementos que caracterizan la construcción rural.

Al margen de la aplicación de técnicas específicas y del problema de la fabricación de materiales apropiados que sustituyan o completen los desaparecidos, está al alcance de casi todos la recolección de material de derribo de otras casas del mismo pueblo o de pueblos vecinos. Sillares, viejas tejas y ladrillos de dimensiones semejantes por ser antiguos, forjados de madera y rejerías aún abundan, desgraciadamente, dada la cantidad de casas que están abandonadas y en ruinas. La recogida y almacenamiento de este material con vistas a la restauración de la arquitectura doméstica rural es uno de los cometidos que debería asumir o, al menos, prever, la Administración en sus distintos niveles local, provincial o regional, de acuerdo con sus competencias.

No se trata de boicotear los materiales de construcción que ahora se encuentran en el mercado y son fruto del avance de la técnica, se trata de que su uso e incorporación no desplacen los materiales disponibles tradicionales y que cuando se incorporen, se haga con respeto a los soportes en que se van a sustentar. Una vez más se ve la necesidad de asesoramiento de especialistas, que establezcan unas prioridades y sepan conjugar el respeto a lo distintivo con la búsqueda de lo cómodo, que sepan conservar todo lo que de útil y válido mantiene la arquitectura tradicional y conjugarlo con las aportaciones constructivas actuales.

En las restauraciones, el primer elemento a tener en cuenta es la fachada, es el elemento que primero la define. Su forma y distribución desvela la compartimentación interior y, consecuentemente, la forma de vivir de los que habitan en ella, de los que también habla su estado de mantenimiento. El tratamiento adecuado de las fachadas es un objetivo prioritario en la conservación de nuestra arquitectura, y deber ser exigido por la misma comunidad. Estas fachadas encuentran gran parte de su peculiar carácter en los materiales que las componen: sillar y tapial. Su sustitución no ofrece hoy grandes dificultades dada la abundancia de los que suelen acumularse en las casas que irremediablemente están en ruinas. Más problemático resulta el tratamiento del tapial, material muy utilizado en los somontanos y tierra baja, dada la falta de personas que sepan hacerlo y repararlo.

Hasta ahora la solución suele ser recurrir a los revestimientos de cemento que a la larga suele ser un recurso inadecuado puesto que, dado el diferente coeficiente de dilatación de ambos materiales, se genera un constante movimiento no sincronizado que acaba por agrietar el cemento, facilitando su desprendimiento al haber quedado aislado de su soporte. El revestimiento de cemento, por otra parte, ofrece una textura completamente diferente a la del tapial, modificando sustancialmente el aspecto del paisaje urbano.

Una desafortunada costumbre generalizada por nuestros pueblos es la de blanquear las fachadas, con la consiguiente alteración del paisaje urbano de los mismos. Aunque es cierto que se blanqueaban casas en épocas pasadas, al actuar la cal sobre el tapial con el transcurso del tiempo, y sobre todo con la actuación del agua de lluvia, las fachadas adquirían unas tonalidades terrosas que conjuntaban con el paisaje urbano.

El elemento más distinguido y característico de la fachada es la puerta, generalmente de gran arco de medio punto de sillares de piedra o de ladrillo. Estas portadas deben conservarse tal como están, siendo preferible que permanezcan erosionadas antes que recubiertas por cualquier material o pintura. Las portadas se cerraban con grandes portones de madera que se completaban con curiosos herrajes. Si los viejos portones de madera son irrecuperables, únicamente un trabajo de madera similar puede sustituirlo, debiéndose desechar las soluciones generalizadas de trabajos de perfil metálico y chapa. Particular problema ofrece la carpintería de cerramiento. Vieja y mal ajustada resulta incómoda y causa despilfarro de energía. Cada caso puede merecer un estudio particular, pero dada la habitual anchura de los muros exteriores, la solución de una doble carpintería puede permitir la conservación de la original. Resulta estridente la carpintería metálica vista al exterior, así como la incorporación en el la tierra baja de contraventanas semejantes a las de las casas pirenaicas.

Reducir toda la conservación de la arquitectura rural al mantenimiento del aspecto de las fachadas supondría el no haber entendido el tema y no haber asimilado el carácter que distingue a la arquitectura rural y a sus gentes.

No todas las casas mantienen una distribución y programa espacial de acuerdo con una tipología neta y característica, pero en toda actuación debe pretenderse como objetivo el evitar destrozos, el infrautilizar espacios que son afortunadamente disponibles, el alterar distribuciones de acuerdo con prototipos que son extraños a la casa rural y que, por tanto, difícilmente pueden ser acertados. El criterio debe ser el de aprovecharse y sacar rendimiento de la distribución existente y mantener las peculiaridades de sus espacios. La arquitectura doméstica rural fue construida generalmente con espacios amplios, aunque los huecos no sean necesariamente numerosos. El programa espacial de estas casas incluía estancias complementarias para la actividad agropecuaria que, en muchas ocasiones, también pueden ser recuperados e integrados como lugares de habitación.

El programa arquitectónico es un componente bien definido en la arquitectura doméstica y responde a esquemas constantes y concepciones de vida generalizadas. Evidentemente, estas concepciones han variado substancialmente y, en consecuencia, se han alterado los esquemas. Hoy los zagüanes ya no tienen la función de acceso a las cuadras, porque en las cuadras ya no hay caballerías, y quizá tampoco animales en los corrales, los hogares resultan incómodos si se mantiene su función tradicional y las salas poco funcionales para la economía moderna. Sería un error destruir estos y otros espacios que son distintivos de la casa doméstica en base a este pretexto, puesto que con imaginación estos espacios son recuperables. Existen soluciones para hacer del hábitat un lugar confortable sin menospreciar los valores consolidados durante muchas generaciones

Por otra parte, es evidente que a veces hay que incorporar nuevos espacios y, en muchos casos, habilitar nuevos servicios. Lo incomprensible es que cuando en las viejas casas de los pueblos se dispone de espacios amplios, muchas veces se fragmentan innecesariamente con el deseo de imitar las soluciones de la ciudad hasta en la angostura a que se ven sometidos muchos pisos urbanos.

2.3. La arquitectura de nueva creación en el medio rural
Las reflexiones y sugerencias hasta aquí expuestas han tratado en torno al mantenimiento y restauración de aquellas muestras de arquitectura local y aquellos conjuntos urbanos que por su carácter y calidad plástica deben protegerse y mantenerse. Pero no podemos quedarnos aquí si queremos que nuestros pueblos sigan vivos: hay que dar entrada a las nuevas construcciones, a una producción arquitectónica y artística de calidad que respete el medio partiendo de premisas humanísticas, siendo humilde y modesta, sin agredir, introducien mejoras sociales, contribuyendo a crear ambientes donde se respire calidad de vida.

Tampoco las consideraciones anteriores deben llevarnos al error de proscribir el nuevo diseño en la arquitectura y el urbanismo rural: simplemente debería quedar limitada la libre intervención. El diseñador de nuevas construcciones tiene que asumir como una limitación más el condicionante que impone el entorno de la misma forma que no puede ignorar la forma y situación del solar o la calidad o composición de los suelos. La calidad de un diseño no se mide sólo por su originalidad, sino por su integración respetuosa.

Los anteriores criterios constituyen pautas de actuación generalizadas en los programas respetuosos con la arquitectura doméstica de valor histórico y sirven para condenar algunas de las intervenciones desgraciadas que forman ya parte de las panorámicas urbanas de nuestros pueblos: no son pocos los que han visto alteradas sus escalas con la inclusión de bloques de edificios hechos a imitación de lo que se hace en la ciudad.

No menos daños están causando las formas con que se diseñan los nuevos edificios, rompiendo el paisaje urbano al ignorarlo. Incomprensiblemente, en muchas ocasiones encuentran modelos en la arquitectura de otras tierras, a veces lejanas regiones, ignorando el entorno donde se encuentran. La falta de armonía queda acentuada por el uso de unos materiales que nada tienen que ver con los tradicionales del entorno, con el que resultan discordantes al alterar la textura y el color. Todavía es más desconcertante el constatar que alguna de las edificaciones han sido hechas buscando la originalidad y el distinguirse, para lo cual, intencionadamente, se han seleccionado materiales y formas que motivan contrastes estridentes que destrozan los entornos urbanos: el ladrillo blanco, los revestimientos cerámicos y la carpintería metálica, entre otros materiales, son difícilmente armonizables en los paisajes urbanos de nuestros pueblos.

2.4. La “urbanización” del medio rural
El medio rural entendido como el espacio donde se dan las formas de vida y producción básicamente agrarias viene siendo foco permanente de debate dentro del urbanismo. El criterio dominante es que debe ser preservado del proceso de urbanización, impedir que se convierta en residencia humana o soporte de actividad industrial desligadas del proceso productivo típicamente agropecuario. Sin embargo hay autores que piensan que un cierto fenómeno de “urbanización” del campo es inevitable y que debería reconsiderarse a fondo el concepto de “suelo no urbanizable”.

3. La ordenación urbana y la nueva construcción, una apuesta firme por la Ciudad Sostenible
El mayor reto que hoy abordan los responsables del desarrollo urbano es sin duda la sostenibilidad de sus proyectos. ¿Cómo asegurar que el vertiginoso crecimiento de los núcleos poblacionales no comprometerá su propio futuro? ¿Disponen de los mecanismos y características adecuados para responder no sólo a las necesidades actuales sino a las que irán surgiendo? En 1994, un buen número de autoridades locales europeas firmaron la Carta de Aalborg, un compromiso para crear instrumentos que favorecieran el desarrollo sostenible de las ciudades, teniendo en cuenta los vínculos esenciales entre el crecimiento económico, la igualdad social y el respeto al medioambiente. El objetivo es asegurar que las nuevas ciudades podrán satisfacer las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer las suyas.

Este esfuerzo por crear una cultura en materia de la sostenibilidad de las ciudades se traslada de forma natural a la vivienda, considerando su inserción en la ciudad (generando compromisos de suministros, rotacionales, etc.) y aspectos más físicos pero no por ello menos importantes, como el diseño, construcción, uso o mantenimiento. La vivienda sostenible ha de tener en cuenta, entre otros, factores como su impacto en el entorno, el consumo de recursos naturales (suelo, agua, energías no renovables), su inserción social y en el medio urbano o rural, accesos, resolución de necesidades específicas o los mismos costes de la vivienda, como los de construcción, mantenimiento e, incluso, futuro derribo.

3.1. Vivienda ecológica
El interés por encontrar soluciones medioambientales para la vivienda es una de las consecuencias directas de esta política de sostenibilidad. La llamada vivienda ecológica es precisamente la que parte de una concepción especialmente respetuosa con la Naturaleza y cuenta con medios y mecanismos para garantizar el ahorro energético, alberga dispositivos para minimizar las emisiones de CO2, utiliza materiales reciclables o cuenta con sistemas domóticos que le ayudan a mantener principios de conservación ambiental.

Este tipo de viviendas, aunque no se ha generalizado aún, va ganando adeptos con rapidez, y no sólo las instituciones públicas sino también algunas promotoras inmobiliarias están desarrollando proyectos que, en menor o mayor medida, pueden ser considerados como viviendas ecológicas.

3.2. Vivienda bioclimática
La vivienda bioclimática es un paso más en esta tendencia generalizada hacia la ciudad sostenible. Se trata de edificaciones cuya configuración arquitectónica posibilita el aprovechamiento de los recursos naturales para satisfacer las necesidades climatológicas de sus habitantes, evitando el consumo de energías convencionales. A pesar de que el mercado de la vivienda avanza hacia la implantación de casas ecológicamente más sostenibles, tanto por razones de eficiencia energética (ahorrar energía que hasta ahora se desperdicia) como por el fomento de unas fuentes de energía naturales y renovables, la falta de apoyo institucional y los intereses económicos inmobiliarios hacen que en la actualidad estas viviendas estén poco extendidas.

Pero el uso de la arquitectura bioclimática no es nuevo. Técnicas tan tradicionales como orientar los ventanales hacia el sur, el uso de ciertos materiales con determinadas propiedades térmicas -por ejemplo, la madera o el adobe-, el abrigo del suelo, el encalado de las casas andaluzas, o la misma ubicación de las poblaciones, se basan en principios bioclimáticos con funciones muy específicas.

3.3. Funcionamiento bioclimático
El funcionamiento bioclimático de una casa se compone de un sistema de calentamiento y otro de refresco y ventilación. En ambos casos conviene desarrollar estrategias dirigidas a la obtención, la acumulación y la transmisión del calor y del frío, para lo cual se emplean distintas técnicas que varían en función del tipo de vivienda (aislada, adosada o en bloque), la climatología del lugar, el diseño arquitectónico, el presupuesto, etc. Uno de los principales factores bioclimáticos es la arquitectura solar pasiva, que está relacionada con el diseño de la casa y, muy en particular, con la orientación (que debe ser norte-sur para que el sol caliente la vivienda durante todo el día).

Aprovechar el efecto invernadero para caldear estancias, a través de grandes ventanales instalados en la fachada sur, es otro método muy utilizado en estas construcciones. Asimismo, el sistema de ventilaciones cruzadas de norte a sur genera frío y, al contrario, traslada el calor hasta las zonas menos templadas de la casa. No hay que olvidar que el consumo de un sistema de ventilación representa entre un 30 y un 60% del gasto de energía que se genera en el hogar, porcentaje que disminuye cuando aumenta el aislamiento. Por ello, conviene tener en cuenta que tanto el calor como el frío se conservan mejor si se utilizan muros de carga de mayor espesor e inercia térmica. Como complemento a estos sistemas, la arquitectura solar activa utiliza métodos mecánicos y/o eléctricos, como son los colectores solares (para calentar el agua o destinar esta energía a calefacción) y los paneles fotovoltaicos (aplicados a la obtención de la electricidad).

3.4. Aplicación de energías renovables
Con objeto de optimizar al máximo los recursos naturales, como el aprovechamiento de la luz solar, la climatización natural o el ahorro de agua, en este tipo de construcciones priman los sistemas que consuman energías no contaminantes o derivadas de recursos renovables no contaminantes. Las energías renovables proceden de fuentes de abastecimiento energético respetuosas con el medio ambiente, aunque esto no quiere decir que no se produzcan algunas consecuencias perjudiciales en el entorno, sino que sus efectos son insignificantes en comparación con los provocados por las energías no renovables.

Por ejemplo, no generan residuos difíciles de tratar ni gases contaminantes, que son la causa del efecto invernadero o la lluvia ácida, y sus efectos son casi siempre reversibles, lo que las convierte en menos agresivas que las fuentes de abastecimiento energético tradicionales.

Como su propio nombre indica, las energías renovables se producen de forma continua. Al tener su origen en los procesos ambientales y atmosféricos naturales son inagotables y todas ellas provienen del sol. La energía solar aprovecha el calor que llega a la superficie de la tierra para convertirlo en energía eléctrica; la energía eólica se sirve de las corrientes de aire producidas por la diferencia de presión de las masas de aire frías y calientes por efecto solar; la energía hidráulica utiliza la fuerza cinética de las corrientes de agua que alimenta la lluvia producida por la evaporación; y la biomasa es la sustancia orgánica renovable de origen animal o vegetal en cuya transformación ha sido fundamental la luz solar. Además, estas fuentes de energía tienen un gran crecimiento (eólicas 30%, fotovoltaica 21,5%) frente al gas natural (2,2%), el petróleo (1,3%), y las procedentes de plantas nucleares (0,6%).

La vivienda bioclimática integra las energías renovables en la producción de frío, de calor y en la iluminación. Los sistemas más habituales son los paneles solares, los pequeños generadores eólicos o hidráulicos, y las calderas de biomasa para la obtención de gas metano.