Category Archive AMBIENTE

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Sostenibilidad local y global.

Con el desarrollo de la sociedad capitalista y la revolución industrial, pero especialmente con la forma de desarrollo que adopta la progresiva mundialización de la economía en la segunda mitad del siglo veinte, las decisiones sobre las principales actividades económicas se emancipan de los lugares en donde se asientan, y se producen sin considerar en la forma adecuada las posibilidades y necesidades locales (recursos, empleos, asimilación de residuos, etc.).

La clave a nivel interregional, y también en las ciudades, fue el enorme desarrollo del transporte, que ha permitido la circulación de recursos, productos y residuos, además de la fuerza de trabajo. En las ciudades la gran transformación se debió a las infraestructuras ambientales y de transporte, especialmente las carreteras para vehículos a motor. Los sistemas de comunicaciones y las tecnologías informáticas han acelerado la internacionalización de la gestión de estos procesos y, en particular, de la circulación del capital financiero.

Las ciudades, importan bienes de todo el planeta, y los ciudadanos se abastecen de recursos y productos, que ven como un conjunto de mercancías que obtienen lejos de las fuentes productoras y sin considerar la situación social y ambiental de las mismas. Lo mismo ocurre con el consumo del espacio para ocio y con la producción de residuos, cada vez más alejados de los lugares de residencia.

De esta forma las ciudades, y los mejores barrios dentro de ellas, aumentan su calidad de vida, su habitabilidad, a costa de los efectos ambientales y sociales que se producen en lugares alejados. Ya no se vive como necesaria la sostenibilidad local, porque los efectos no deseados se pueden “trasladar” a otros lugares distantes. Los efectos mas cercanos son la contaminación del aire y el agua de la ciudad, y aun así no suelen afectar a los barrios de calidad que tienen mas capacidad para elegir el mejor emplazamiento.

La habitabilidad local, generalmente se logra con insostenibilidad global en otros lugares o en los sistemas naturales planetarios (atmósfera, mares, desertización, biodiversidad, etc.).

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Principios para la gestión de la sostenibilidad.

Para poder plantear objetivos y actuaciones en favor del desarrollo sostenible, es necesario establecer algunos principios basados en el entendimiento del concepto de sostenibilidad. Siguiendo al Grupo de Expertos de Medio Ambiente Urbanos, en su documento Ciudades Europeas Sostenibles, que se basó en las ideas expuestas en Framework for Local Sustainability del Local Government Management Board (UK), vamos a exponer los siguientes principios básicos:

Límites ambientales: Si se sobrepasan unos límites en la realización de determinadas actividades humanas los ecosistemas se deterioran, y el daño puede ser irreversible. La sociedad humana necesita servicios ambientales como el abastecimiento de recursos, la eliminación de residuos y otros servicios para la vida (mantenimiento de una determinada temperatura, protección contra las radiaciones, etc.). Dado que no es siempre fácil determinar los límites ambientales (la “capacidad de carga” de la Tierra y de los ecosistemas locales que abastecen a la población), el Tratado de Maastricht estableció en la Unión Europea, el Principio de Cautela que, en los casos de duda, recomienda evitar riesgos potencialmente graves para los ecosistemas.

Gestión de la demanda: Los gobiernos han de regular los mercados y las actividades publicas, incluida la configuración y funcionamiento de las ciudades, conciliando las aspiraciones de mejora de la calidad de vida con la gestión (reducción o reconducción) de determinadas demandas sociales, en lugar de satisfacerlas con riesgo para el medio ambiente, como tradicionalmente han tratado de hacer los servicios públicos. La planificación espacial local puede contribuir a encontrar un compromiso óptimo entre demandas contradictorias, promoviendo la conciliación de la búsqueda de la sostenibilidad, con los objetivos y demandas de servicios y las expectativas de la población local. Para alcanzar este objetivo hay que servirse de otros dos principios: la eficacia ambiental y la eficacia social.

Eficacia ambiental: Consiste en lograr el máximo beneficio económico por unidad de recursos utilizada y de residuos producida. La Campaña de Ciudades Sostenibles, planteó en1994 en la Carta de Aalborg algunas formas para impulsar la eficacia ambiental: la durabilidad de los productos, de forma que los costes ambientales inevitables se repartan en un período más largo de vida útil; la eficiencia técnica en los procesos de transformación de los recursos, por ejemplo, con una mayor eficacia energética; el consumo de recursos naturales renovables, sin superar la capacidad de regeneración natural de los mismos; completar el ciclo de los recursos, por ejemplo, evitando la contaminación o aumentando la reutilización, el reciclado y la recuperación; la menor utilización de recursos, especialmente los no renovables, simplificando los procedimientos productivos y evitar la utilización innecesaria o despilfarradora de recursos.

Eficacia social: Consiste en obtener el mayor beneficio social por cada unidad de actividad económica, lo que puede conseguirse con medidas como: la utilización de los bienes y servicios con objetivos múltiples e integrados, para mejorar al mismo tiempo el mayor número posible de necesidades sociales; el aumento de la diversidad social y económica, para facilitar que los bienes y servicios se aprovechen a lo largo de sus ciclos de vida por una gama lo más amplia posible de actividades sociales.

Equidad: La distribución equitativa de bienes y servicios, y de las capacidades y oportunidades para el acceso a los mismos, está estrechamente relacionada con la sostenibilidad. Los ciudadanos más desfavorecidos sufren más los problemas ambientales y tienen menos posibilidades de resolverlos. La solidaridad, como principio del desarrollo sostenible, implica el trato justo a las personas desfavorecidas, así como el trato justo a las futuras generaciones. La riqueza, por otra parte, permite a la gente consumir más bienes, viajar más, vivir en casas más grandes, etc., aumentando el consumo de recursos naturales y energía y la producción de residuos, sin tener que hacerse cargo de las consecuencias ambientales de estos actos, bien por falta de regulación controlada, bien porque los precios no responden a los costes ambientales y sociales, que en algunos casos no tienen reparación económica. Así pues, una distribución muy desigual de la riqueza causa comportamientos insostenibles, con las consiguientes dificultades para modificarlos. El Informe Brundtland, ya enunciaba que la solidaridad es un importante principio de sostenibilidad.

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Desarrollo sostenible.

La explotación de los recursos naturales y la generación de residuos, que conlleva la actividad humana, están degradando la naturaleza a ritmos superiores a su capacidad de regeneración. Esta sustentación del desarrollo económico es insostenible y puede ser, a medio plazo, autodestructiva y empobrecedora.

En 1987 el Informe Brundtland, a la World Comissión on Environment and Development, definió el desarrollo sostenible como “el desarrollo que satisface las necesidades actuales sin poner en peligro la capacidad de las futuras generaciones de satisfacer sus propias necesidades”. Y la World Conservation Union estableció en 1991 que “El desarrollo sostenible implica la mejora de la calidad de vida dentro de los límites de los ecosistemas”. Como complemento de estas visiones, y con el punto de vista de los Entes Locales, el International Council for Local Environmental Initiatives (ICLEI), argumentó en 1994, que “El desarrollo sostenible es aquél que ofrece servicios ambientales, sociales y económicos básicos a todos los miembros de una comunidad sin poner en peligro la viabilidad de los sistemas naturales, construidos y sociales de los que depende la oferta de esos servicios”.

Precisar el contenido del concepto de desarrollo sostenible, significa entrar en términos políticos: no es un asunto solo de tecnologías, si no que afecta a los modos de vida y a conflictos de intereses en el sistema económico.

La premisa de partida para actuar a favor de la sostenibilidad significa aceptar que, como la humanidad se sustenta y depende de la naturaleza, los daños ambientales y el agotamiento de recursos no son algo que se pueda contemplar como efectos colaterales del progreso, que se compensarán a posteriori con inversiones reparadoras. Tenemos que pensar en gestionarnos a nosotros mismos (nuestros consumos y nuestras relaciones) en vez de pensar solo en como gestionar la explotación de los recursos.

Los problemas ambientales de las ciudades, según advertía el libro verde del medio ambiente urbano en 1990, deben contemplarse como una señal de alarma de los problemas generales de producción, consumo y organización de la vida, que se manifiestan de forma especial en las ciudades al ser estas los lugares que concentran más actividades.