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EL CONOCIMIENTO CIENTÍFICO Y LAS TEORÍAS EPISTEMOLÓGICAS DEL CONOCIMIENTO ORDINARIO AL CONOCIMIENTO CIENTÍFICO

Conocimiento ordinario y conocimiento científico

Existen diferencias y semejanzas. El conocimiento científico es el resultado de la investigación científica. El conocimiento ordinario o común es el resultado de la vida cotidiana, fundamentalmente de la experiencia común. Las diferencias que se pueden establecer son:

Diferencias:
1. El conocimiento científico es objetivo; el conocimiento ordinario también lo es, pero en menor grado. La objetividad de las proposiciones científicas reside en que son comprobables por cualquier persona. Esta íntersubjetividad es intercomunicabilidad de las pruebas de las proposiciones verdaderas.

2. El conocimiento científico es riguroso, exacto, mientras que el conocimiento ordinario no lo es. Esto es porque el C. C. tiene precisión terminológica. Por ejemplo, los términos “dureza” y “pesado” usados en la ciencia adquieren un rigor que demanda escalas de dureza al clasificar materiales como el talco y el diamante, mientras que usados en el lenguaje ordinario no se demanda tal cosa, bastando la experiencia familiar que se tiene con las cosas

3. El conocimiento científico es sistemático; el conocimiento ordinario no lo es. En la ciencia se forman sistemas en base a las teorías científicas; éstas explican por lo general innumerables hechos. Por ejemplo: la teoría de la gravitación universal de Newton hizo posible explicar la caída de los cuerpos y la órbita de los planetas. En el conocimiento ordinario se carece de integración en torno a teorías, pero no por eso pierden su utilidad en la vida cotidiana.

4. El conocimiento científico está fundamentado empíricamente, lo mismo que el ordinario. Aquí la diferencia es de grado. Las teorías y leyes científicas están respaldadas en última instancia por observaciones, mediciones o experimentos. La repetibilidad de estos experimentos están en juego permanentemente en el C. C. El conocimiento ordinario en cambio se sustenta en la experiencia personal y colectiva en la que no se necesita mayor precisión específica.

5. El conocimiento científico es consistente; trata de excluir toda contradicción posible. Donde no hay sistemas, como en el caso del conocimiento ordinario, las contradicciones son difíciles de advertir. La experiencia y práctica personal, familiar y colectiva no es suficiente para detectar contradicciones.

6. El conocimiento científico es metódico, es decir, se obtiene por medio de un método. La especificación de problemas, el planteamiento de hipótesis y la contrastación empírica de las mismas son pasos necesarios en el C. C. La acumulación del conocimiento ordinario, en cambio, se produce lentamente sin que se pueda plantear distinciones en etapas.

Qué es la epistemología
Del griego Episteme, conocimiento o ciencia, y Logos, teoría o estudio. Etimológicamente significa «estudio del conocimiento», o «estudio de la ciencia», y puede entenderse como la rama de la filosofía que estudia la ciencia y el conocimiento científico, como objeto propio de estudio, por lo que se identifica con lo que, sobre todo en países de influencia anglosajona, se llama más adecuadamente «filosofía de la ciencia».

Teorías epistemológicas más importantes
• Inducción
• Deducción
• Falsabilidad
• Convencionalismo
• Anarquismo epistemológico

Inducción
Proceso en el que se razona desde lo particular hasta lo general, al contrario que con la deducción. La base de la inducción es la suposición de que si algo es cierto en algunas ocasiones también lo es en situaciones similares aunque no se hayan observado. La probabilidad de acierto depende del número de fenómenos observados. Ejemplo:

El 95 por ciento de los italianos son católicos
Ana es italiana,
Ana es católica

Deducción
• Forma de razonamiento donde se infiere una conclusión a partir de una o varias premisas. En la argumentación deductiva válida la conclusión debe ser verdadera si todas las premisas son asimismo verdaderas. Así por ejemplo, si se afirma que todos los seres humanos cuentan con una cabeza y dos brazos y que Juan es un ser humano, en buena lógica entonces se puede concluir que Juan debe tener una cabeza y dos brazos.

Falsabilidad
Concepto acuñado por el filósofo Karl Raimund Popper, que designa la posibilidad que tiene una teoría de ser desmentida, falseada o ‘falsada’ por un hecho determinado o por algún enunciado que pueda deducirse de esa teoría y no pueda ser verificable empleando dicha teoría. Así, en lugar de verificar inductivamente una teoría, lo que se intenta es mantenerla a salvo de las posibilidades que esta teoría tiene de ser falseada.

Convencionalismo
En general, es el punto de vista de que la verdad no consiste más que en una convención, en una selección arbitraria, aunque razonable, de axiomas y principios. De manera más específica, es el punto de vista en filosofía de la ciencia sostenido por H. Poincaré, para quien «la ciencia consiste sólo en convenciones», y las leyes científicas no son más que convenciones o definiciones disfrazadas, por lo que una y otras nada tienen que ver con la verdad sino sólo con el consenso, la utilidad, la conveniencia o la comodidad.

Anarquismo epistemológico
Postura epistemológica defendida por Paul K. Feyerabend y provocadoramente expuesta en su obra Contra el método. Esquema de una teoría anarquista del conocimiento (1970), donde sostiene que el anarquismo puede ser una «base excelente» para la epistemología y la filosofía de la ciencia. Según este autor, se puede decir que todas las reglas metodológicas han sido alguna vez incumplidas con éxito en la historia de la ciencia y que ni siquiera puede afirmarse que las teorías se acepten o rechacen de acuerdo con los hechos según establece el principio de confirmación; en ciencia debe valer (metodológicamente) todo y no es posible justificar una teoría más que comparándola con otras.

Paradigma científico
• Es la noción central de la filosofía de la ciencia de Th. Kuhn, tal como la desarrolla en su obra “La estructura de las revoluciones científicas” (1962). La ciencia no es meramente un sistema teórico de enunciados que se desarrollan en la mente de los individuos que se dedican a ella, sino que es una actividad que lleva a cabo una comunidad de científicos, en una época determinada de la historia y en condiciones sociales concretas. El desarrollo histórico de la ciencia supone la existencia de un «paradigma», que Kuhn define como un conjunto de creencias, valores y técnicas compartidos por una comunidad científica.

Cambio de paradigma
En terminología de Th.S. Kuhn, la que desarrolla una comunidad científica en la época en que, debido a la presencia de anomalías en la investigación que el paradigma no puede solucionar, se inicia un período de ruptura y crisis, que lleva a la constitución de nuevas teorías y, finalmente, a un nuevo paradigma. Es una época de desarrollo científico de crecimiento rápido, y no acumulativo; se le llama revolucionario, porque supone una ruptura con el desarrollo científico anterior, así como la sustitución de un paradigma por otro y la incompatibilidad subsiguiente entre paradigmas (incomensurabilidad). Todo ello acarrea una nueva forma de visión del mundo, o un cambio de concepto del mundo.

LOS GRADOS DEL SABER

“Todos los hombres desean por naturaleza saber. Así lo indica el amor a los sentidos; pues, al margen de su utilidad, son amados a causa de sí mismos, y el que más de todos, el de la vista. En efecto, no sólo para obrar, sino también cuando no pensamos hacer nada, preferimos la vista, por decirlo así, a todos los otros. Y la causa es que, de los sentidos, éste es el que nos hace conocer más, y nos muestra muchas diferencias.

Por naturaleza, los animales nacen dotados de sensación; pero ésta no engendra en algunos la memoria, mientras que en otros sí. Y por éstos son más prudentes y más aptos para aprender que los que no pueden recordar; son prudentes sin aprender los incapaces de oír los sonidos (como la abeja y otros animales semejantes, si los hay); aprenden, en cambio, los que además de memoria, tienen este sentido.

Los demás animales viven con imágenes y recuerdos, y participan poco de la experiencia. Pero el género humano dispone del arte y del razonamiento. Y del recuerdo nace para los hombres la experiencia, pues muchos recuerdos de la misma cosa llegan a constituir una experiencia. Y la experiencia parece, en cierto modo, semejante a la ciencia y al arte, pero la ciencia y el arte llegan a los hombres a través de la experiencia. Pues la experiencia hizo al arte, como dice Polo, y la inexperiencia, el azar. Nace el arte cuando de muchas observaciones experimentales surge una noción universal sobre los casos semejantes. Pues tener la noción de que a Calias, afectado por tal enfermedad, le fue bien tal remedio, y lo mismo a Sócrates y a otros muchos considerados individualmente, es propio de la experiencia; pero saber que fue provechoso a todos los individuos de tal constitución, agrupados en una misma clase y afectados por tal enfermedad, por ejemplo a los flemáticos, a los biliosos o a los calenturientos, corresponde al arte.

Pues bien, para la vida práctica, la experiencia no parece ser en nada inferior al arte, sino que incluso tienen más éxito los expertos que los que, sin experiencia, poseen el conocimiento teórico. Y esto se debe a que la experiencia es el conocimiento de las cosas singulares, y el arte, de las universales; y todas las acciones y generaciones se refieren a lo singular. No es al hombre, efectivamente, a quien sana el médico, a no ser accidentalmente, sino a Calias o a Sócrates, o a otro de los así llamados, que, además, es hombre. Por consiguiente, si alguien tiene, sin la experiencia, el conocimiento teórico, y sabe lo universal pero ignora su contenido singular, errará muchas veces en la curación, pues es lo singular lo que puede ser curado.

Creemos, sin embargo, que el saber y el entender pertenecen más al arte que a la experiencia, y consideramos más sabios a los conocedores del arte que a los expertos, pensando que la sabiduría corresponde en todos al saber. Y esto, porque unos saben la causa, y los otros no. Pues los expertos saben el qué, pero no el porqué. Aquéllos, en cambio, conocen el porqué y la causa. Por eso a los jefes de obras los consideramos en cada caso más valiosos, y pensamos que entienden más y son más sabios que los simples operarios, porque saben las causas de lo que se está haciendo; éstos, en cambio, como algunos seres inanimados, hacen, sí, pero hacen sin saber lo que hacen, del mismo modo que quema el fuego. Los seres inanimados hacen estas operaciones por cierto impulso natural, y los operarios, por costumbre. Así, pues, no consideramos a los jefes de obras más sabios por su habilidad práctica, sino por su dominio de la teoría y su conocimiento de las causas. En definitiva, lo que distingue al sabio del ignorante es el poder enseñar, y por esto consideramos que el arte es más ciencia que la experiencia, pues aquéllos [los que poseen el arte] pueden y éstos [los simples expertos] no pueden enseñar.

Además, de las sensaciones, no consideramos que ninguna sea sabiduría, aunque éstas son las cogniciones más autorizadas de los objetos singulares; pero no dicen el porqué de nada; por ejemplo, por qué es caliente el fuego, sino tan sólo que es caliente.

Es pues, natural que quien en los primeros tiempos inventó un arte cualquiera, separado de las sensaciones comunes, fuese admirado por los hombres, no sólo por la utilidad de alguno de los inventos, sino como sabio y diferente de los otros, y que, al inventarse muchas artes, orientadas unas a las necesidades de la vida y otras a los que la adorna, siempre fuesen considerados más sabios los inventores de éstas que los de aquéllas, porque sus ciencias no buscaban la utilidad. De aquí que, constituidas ya todas estas artes, fueran descubiertas las ciencias que no se ordenan al placer ni a lo necesario; y lo fueron primero donde primero tuvieron que vagar los hombres. Por eso las artes matemáticas nacieron en Egipto, pues allí disfrutaba de ocio la casta sacerdotal.

Hemos dicho en la Ética cuál es la diferencia entre el arte, la ciencia y los demás conocimientos del mismo género. Lo que ahora queremos decir es esto: que la llamada Sabiduría versa, en opinión de todos, sobre las primeras causas y sobre los primeros principios. De suerte que, según dijimos antes, el experto nos parece más sabio que los que tienen una sensación cualquiera, y el poseedor de un arte, más sabio que los expertos, y el jefe de una obra, más que un simple operario, y los conocimientos teóricos, más que los prácticos. Resulta, pues, evidente que la Sabiduría es una ciencia sobre ciertos principios y causas.” (Aristóteles, Metafísica, I 980a-982a, traducción de Valentín García Yebra. Madrid. Gredos. 1987)

EL MITO DE LA CAVERNA DE PLATÓN

“― Después de eso ―proseguí― compara nuestra naturaleza respecto de su educación y de su falta de educación con una experiencia como ésta. Represéntate hombres en una morada subterránea en forma de caverna, que tiene la entrada abierta, en toda su extensión, a la luz. En ella están desde niños con las piernas y el cuello encadenados, de modo que deben permanecer allí y mirar sólo delante de ellos, porque las cadenas les impiden girar en derredor. Más arriba y más lejos se halla la luz de un fuego que brilla detrás de ellos; y entre el fuego y los prisioneros hay un camino más alto, junto al cual imagínate un tabique construido de lado a lado, como el biombo que los titiriteros levantan delante del público para mostrar, por encima del biombo, los muñecos.
―Me lo imagino.
―Imagínate ahora que, del otro lado del tabique, pasan sombras que llevan toda clase de utensilios y figurillas de hombres y otros animales, hechos en piedra y madera y de diversas clases; y entre los que pasan unos hablan y otros callan.
―Extraña comparación haces, y extraño son esos prisioneros.

―Pero son como nosotros. Pues en primer lugar, ¿crees que han visto de sí mismos, o unos de los otros, otra cosa que las sombras proyectadas por el fuego en la parte de la caverna que tienen frente a sí?
―Claro que no, si toda su vida están forzados a no mover las cabezas.
―¿Y no sucede lo mismo con los objetos que llevan los que pasan del otro lado del tabique?
―Indudablemente.
―Pues entonces, se dialogaran entre sí, ¿no te parece que entenderían estar nombrando a los objetos que pasan y que ellos ven?
―Necesariamente.
―Y si la prisión contara con un eco desde la pared que tienen frente a sí y algunos de los que pasan del otro lado del tabique hablaran, ¿no piensas que creerían que lo que oyen proviene de la sombra que pasa delante de ellos?
―¡Por Zeus que sí!
―¿Y que los prisioneros no tendrían por real otra cosa que las sombras de los objetos artificiales transportados?
―Es de toda necesidad.
―Examina ahora el caso de una liberación de sus cadenas y de una curación de su ignorancia, qué pasaría si naturalmente les ocurriese esto: que uno de ellos fuera liberado y forzado a levantarse de repente, volver el cuello y marchar mirando a la luz y, al hacer todo esto, sufriera y a causa del encandilamiento fuera incapaz de percibir aquellas cosas cuyas sombras había visto antes. ¿Qué piensas que respondería si se le dijese que lo que había visto antes eran fruslerías y que ahora, en cambio, está más próximo a lo real, vuelto hacia cosas más reales y que mira correctamente? Y si se le mostrara cada uno de los objetos que pasan del otro lado del tabique y se le obligara a contestar preguntas sobre lo que son, ¿no piensas que se sentirá en dificultades y que considerará que las cosas que antes veía eran más verdaderas que las que se le muestran ahora?
―Mucho más verdaderas.
―Y si se le forzara a mirar hacia la luz misma, ¿no le dolerían los ojos y trataría de eludirla, volviéndose hacia aquellas cosas que podía percibir, por considerar que éstas son realmente más claras que las que se le muestran?
―Así es.
―Y si a la fuerza se lo arrastrara por una escarpada y empinada cuesta, sin soltarlo antes de llegar hasta la luz del sol, ¿no sufriría acaso y se irritaría por ser arrastrado y, tras llegar a la luz, tendría los ojos llenos de fulgores que le impedirían ver uno solo de los objetos que ahora decimos que son los verdaderos?
―Por cierto, al menos inmediatamente.
―Necesitaría acostumbrarse para poder llegar a mirar las cosas de arriba. En primer lugar miraría con mayor facilidad las sombras, y después las figuras de los hombres y de los otros objetos reflejados en el agua, luego los hombres y los objetos mismos. A continuación, contemplaría de noche lo que hay en el cielo y el cielo mismo, mirando la luz de los astros y la luna más fácilmente que, durante el día, el sol y la luz del sol.
―Sin duda.
―Finalmente, pienso, podría percibir el sol no ya en imágenes en el agua o en otros lugares que le son extraños, sino que contemplarlo cómo es en sí y por sí, en su propio ámbito.
―Necesariamente.
―Después de lo cual concluiría, con respecto al sol, que es lo que produce las estaciones y los años y que gobierna todo en el ámbito visible y que de algún modo es causa de las cosas que ellos habían visto.
―Es evidente que, después de todo esto, arribaría a tales conclusiones.
―Y si se acordara de su primera morada, del tipo de sabiduría existente allí y de sus entonces compañeros de cautiverio, ¿no piensas que se sentiría feliz del cambio y que los compadecería?
―Por cierto.
―Respecto de los honores y elogios que se tributaban unos a otros, y de las recompensas para aquel que con mayor agudeza divisara las sombras de los objetos que pasaban detrás del tabique, y para el que mejor se acordase de cuáles habían desfilado habitualmente antes y cuáles después, y para aquel de ellos que fuese capaz de adivinar lo que iba a pasar, ¿te parece que estaría deseoso de todo eso y que envidiaría a los más honrados y poderosos entre aquéllos? ¿O más bien no le pasaría como al Aquiles de Homero, y “preferiría ser un labrador que fuera siervo de un hombre pobre”, o soportar cualquier otra cosa, antes que volver a su anterior modo de opinar y a aquella vida?
―Así creo también yo, que padecería cualquier cosa antes que soportar aquella vida.
―Piensa ahora esto: si descendiera nuevamente y ocupara su propio asiento, ¿no tendría ofuscado los ojos por las tinieblas al llegar repentinamente del sol?
―Sin duda.
―Y si tuviera que discriminar de nuevo aquellas sombras, en ardua competencia con aquellos que han conservado en todo momento las cadenas, y viera confusamente hasta que sus ojos se reacomodaran a ese estado y se acostumbrarán en un tiempo nada breve, ¿no se expondría al ridículo y a que se dijera de él que, por haber subido hasta lo alto, se había estropeado los ojos, y que ni siquiera valdría la pena intentar marchar hacia arriba? Y si intentase desatarlos y conducirlos hacia la luz, ¿no lo matarían, su pudieran tenerlo en sus manos y matarlo?
―Seguramente.
―Pues bien, querido Glaucón, debemos explicar íntegra esta alegoría a lo que anteriormente ha sido dicho, comparando la región que se manifiesta por medio de la vista con la morada-prisión, y la luz del fuego que hay en ella con el poder del sol; campara, por otro lado, el ascenso y contemplación de las cosas de arriba con el camino del alma hacia el ámbito inteligible, y no te equivocarás en cuanto a lo que estoy esperando, y que es lo que deseas oír. Dios sabe si esto es realmente cierto; en todo caso, lo que a mi me parece es que lo que dentro de lo cognoscible se ve al final, y con dificultad, es la Idea del Bien. Una vez percibida, ha de concluirse que es la causa de todas las cosas rectas y bellas, que en el ámbito visible ha engendrado la luz y al señor de ésta, y que en el ámbito inteligible es señora y productora de la verdad y de la inteligencia, y que es necesario tenerla en vista para poder obrar con sabiduría tanto en lo privado como en lo público.” (Platón. República. VII 514a-517c)

PLATÓN: APOLOGIA DE SÓCRATES

Sócrates(470-399)

Apología:17a-18a

17a ¡Ciudadanos atenienses!
Ignoro qué impresión habrán despertado en vosotros las palabras de mis acusadores. Han hablado tan seductoramente que al escucharlas, casi han conseguido deslumbrarme a mí mismo.
Sin embargo, quiero demostraros que no han dicho ninguna cosa que se ajuste a la realidad. Aunque de todas las falsedades que han urdido, hay una que me deja lleno de asombro aquella en que se decía que tenéis que precaveros de mí, y no dejaros embaucar porque soy una persona muy hábil en el arte de hablar.

Y ni siquiera la vergüenza les ha hecho enrojecer al sospechar de que les voy a desenmascarar con hechos y no con unas simples palabras. A no ser que ellos consideren orador habilidoso a aquel que sólo dice y se apoya en la verdad. Si es eso lo que quieren decir, gustosamente he de reconocer que soy orador, pero jamás en el sentido y en la manera usual entre ellos. Aunque vuelvo a insistir, que poco, por no decir nada, han dicho que sea verdad.
Y, ¡por Zeus!, que no les seguiré el juego compitiendo con frases redondeadas, ni con bellos discursos escrupulosamente estructurados como es propio de los de su calaña, sino que voy a limitarme a decir llanamente lo que primero se me ocurra, sin rebuscar mis palabras, como si de una improvisación se tratara, porque estoy tan seguro de la verdad de lo que digo, que tengo bastante con decir lo justo, dígalo como lo diga. Por eso, que nadie de los aquí presentes, espere de mí, hoy, otra cosa. Porque, además, a la edad que tengo sería ridículo que pretendiera presentarme ante vosotros con rebuscados parlamentos, propios más bien de los jovenzuelos con ilusas aspiraciones de medrar.
Tras este preámbulo, debo haceros, y muy en serio, una petición. Y es la de que no me exijáis que use en mi defensa un tono y estilo diferente del que uso en el ágora, curioseando las mesas de los cambistas o en cualquier sitio donde muchos de vosotros me habéis oído. Si estáis advertidos, después no alborotéis por ello.

Pues, ésta es mi situación: hoy es la primera vez que en mi larga vida comparezco ante un tribunal de tanta categoría como éste. Así que – y lo digo sin rodeos soy un extraño a los usos de hablar que aquí se estilan. Y si en realidad fuera uno de los tantos extranjeros que residen en Atenas, me consentiriais, e incluso excusaríais el que hablara con aquella expresión y acento propios de donde me hubiera criado.

18 a Por eso, debo rogaros aunque creo tener el derecho a exigirlo que no os fijéis ni os importen mis maneras de hablar y de expresarme (que no dudo de que las habrá mejores y peores) y que por el contrario, pongáis atención exclusivamente en si digo cosas justas o no. Pues, en esto, en el juzgar, consiste la misión del juez, y en el decir la verdad, la del orador.

Apología:18b-20c
Así pues, lo correcto será que pase a defenderme. En Primer lugar de las que fueron las primeras acusaciones propaladas contra mí por mis antiguos acusadores y después pase a contestar las más recientes.

Todos sabéis que, tiempo ha, surgieron detractores míos, que nunca dijeron nada cierto y es a éstos a los que más temo, incluso más que al propio Anitos y a los de su comparsa, aunque también esos sean de cuidado. Pero lo son más, atenienses, los que tomándoos a muchos de vosotros desde niños os persuadían y me acusaban mentirosamente diciendo que hay un tal Sócrates, sabio, que se ocupa de las cosas celestes, que investiga todo lo que hay bajo la tierra y que hace más fuerte el argumento más débil. Estos, son, de entre mis acusadores, a los que más temo por la mala fama que me han creado y porque los que les han oído están convencidos de que quienes investigan tales asuntos tampoco creían que existan dioses. Y habría de añadir que estos acusadores son muy numeroso y que me están acusando desde hace muchos años, con la agravante de que se dirigieron a vosotros cuando erais niños o adolescentes y por ello más fácilmente manipulables, iniciando un auténtico proceso contra mí, aprovechándose de que ni yo, ni nadie de los que hubieran podido defenderme, estaban presentes. Y lo más desconcertante es, que ni siquiera dieron la cara, por lo que es imposible conocer todos sus nombres, a excepción de cierto autor de comedias. Esos, pues, movidos por envidias y jugando sucio, trataron de convenceros para, que una vez convencidos, fuerais persuadiendo a otros. Son, indiscutiblemente, difíciles de desenmascarar, pues ni siquiera es posible hacerles subir a este estrado para que den la cara y puedan ser interrogados, por lo que me veo obligado como vulgarmente se dice a batirme contra las sombras y a refutar sus argumentos sin que nadie me replique.

Convenid, pues, conmigo, que dos son los tipos de acusadores con los que debo enfrentarme: unos, los más antiguos, y otros, los que me han acusado recientemente. Por ello, permitidme que empiece por desembarazarme primero de los más antiguos, pues fueron sus acusaciones las que llegaron antes a vuestro conocimiento y durante mucho más tiempo que las recientes.

Aclarado esto, es preciso que pase a iniciar mi defensa para intentar extirpar de vuestras mentes esa difamación que durante tanto tiempo os han alimentado y debo hacerlo en tan poco tiempo como se me ha concedido. Esto es lo que pretendo con mi defensa, confiado en que redunde en beneficio mío y en el vuestro, pero no se me escapa la dificultad de la tarea. Sin embargo, que la causa tome los derroteros que sean gratos a los dieses. Lo mío es obedecer a la ley y abogar por mi causa.

Remontémonos, pues, desde el principio para ver cual fue la acusación que dio origen a esta mala fama de que gozo y que ha dado pie a Meletos para iniciar este proceso contra mi.
Imaginémonos que se tratara de una acusación formal y pública y oímos recitarla delante del tribunal.

Sócrates es culpable porque se mete donde no le importa, investigando en los cielos y bajo la tierra. Practica hacer fuerte el argumento más débil e induce a muchos otros para que actúen como él.»

Algo parecido encontraréis en la comedia de Aristófanes, donde un tal Sócrates se pasea por la escena, vanagloriándose de que flotaba por los aires, soltando mil tonterías sobre asuntos de los que yo no entiendo ni poco ni nada. Y no digo eso con ánimo de menosprecio, no sea que entre los presentes haya algún aficionado hacia tales materias y lo aproveche Meletos para entablar nuevo proceso contra mi, por tan grave crimen.

La verdad es, oh, atenienses, que no tengo nada que ver con tales cuestiones. Y reto a la inmensa mayoría para que recordeis si en mis conversaciones me habéis oído discutir o examinar sobre tales asuntos; incluso, que os informéis los unos de los otros, entre todos los que me hayan oído alguna vez, publiquíes vuestras averiguaciones.

Y así podréis comprobar que el resto de las acusaciones que sobre mí se han propalado son de la misma calaña.

Pero nada de cierto hay en todo esto, ni tampoco si os han contado que yo soy de los que intentan educar a las gentes y que cobran por ello y también puedo probar que esto no es verdad y no es que no encuentre hermoso el que alguien sepa dar lecciones a los otros, si lo hacen como Gorgias de Leontinos o Pródicos de Ceos o Hipias de Hélide, que van de ciudad en ciudad, fascinando a la mayoría de los jóvenes y a muchos otros ciudadanos que podrían escoger libremente y gratis, la compañía de muchos otros ciudadanos y que, sin embargo, prefieren abandonarles para escogerles a ellos para recibir sus lecciones por las que deben pagar y, aún más, restarles agradecidos.
Y me han contado, que corre por ahí uno de esos sabios, natural de Paros y que precisamente ahora está en nuestra ciudad. Coincidió que me encontré con el hombre que más dinero se ha gastado con estos sofistas, incluso mucho más él solo que entre el resto juntos.

A éste – que tiene dos hijos, como sabéis – le pregunté: «Calias, si en lugar de estar preocupado por dos hijos, lo estuvieras por el amaestramiento de dos potrillos o dos novillos, nos sería fácil, mediante un jornal, encontrar un buen cuidador: éste debería hacerlos aptos y hermosos según posibilitara su naturaleza y seguro que escogerías al más experto conocedor de caballos o a un buen labrador. Pero, puesto que son hombres, ¿a quién has pensado confiarlos? ¿Quién es el experto en educación de las aptitudes propias del hombre y del ciudadano? Pues me supongo que lo tienes todo bien estudiado, por amor de esos dos hijos que tienes. ¿Hay alguien preparado para tal menester?.

Claro que lo hay, respondió. ¿Quién?, y ¿de dónde?, y ¿cuánto cobra? -le acosé.

¡Oh Sócrates! se llama Evenos es de Paros y cobra cinco minas. Y me pareció que este tal Evenos puede sentirse feliz si de verdad posee este arte y enseña tan convincentemente. Es por si yo poseyera este don me satisfaría y orgullosamente lo proclamaría. Pero, en realidad es que no entiendo nada sobre eso.

Apología:20d-24b

Puede que ante eso, alguno de vosotros me interpele:

-Pero entonces, Sócrates, ¿cuál es tu auténtica profesión? ¿De dónde han surgido estas habladurías sobre tí? Porque ni no te dedicas a nada que se salga de lo corriente, sin meterte en lo que no te concierne, no se habría originado esta pésima reputación y tan contradictorias versiones sobre tu conducta. Explícate de una vez, para que no tengamos que darnos nuestra propia versión.
Esto sí que me parece razonable y sensato, y por ser cuerdo, quiero pasar a contestarlo para dejar bien claro de dónde han surgido estas imposturas que me han hecho acreedor de esta notoriedad tan molesta.

Escuchadlo. Quizá alguno se crea que me lo tomo a guasa, sin embargo, estad seguros de que sólo os voy a decir la verdad.

Yo he alcanzado este popular renombre por una cierta clase de sabiduría que poseo.¿De qué sabiduría se trata? Ciertamente que es una sabiduría propia de los humanos. Y en ella es posible que yo sea sabio, mientras que por el contrario, aquellos a los que acabo de aludir, quizá también sean sabios, pero lo serán en relación a una sabiduría que quizá sea extrahumana, o no se con qué nombre calificarla. Habo así, porque, yo, desde luego, que ésa no la poseo ni sé nada de ella y el que propale lo contrario o miente, o lo dice para denigrarme.

Atenienses, no arméis barullo porque parezca que me estoy dando autobombo. Lo que os voy a contar no serán valoraciones sobre mí mismo, sino que os voy a remitir a las palabras de alguien que merece vuestra total confianza y que versan precisamente sobre mi sabiduría, si es que poseo alguna, y cual sea su índole. Os voy a presentar el testimonio del propio dios de Delfos.
Conocéis sin duda a Querefonte, amigo mío desde la juventud, compañero de muchos de los presentes, hombre democrático.

Con vosotros compartió el destierro y con vosotros regresó. Bien conocéis con qué entusiasmo y tozudez emprendía sus empresas.

Pues bien, en una ocasión, mirad a lo que se atrevió: fue a Delfos a hacer una especial consulta al oráculo, y os vuelvo a pedir calma, ¡oh, atenienses! y que no me alborotéis. Le preguntó al oráculo si había en el mundo alguien más sabio que yo. Y la pitonisa respondió que no había otro superior.

Toda esta historia la puede avalar el hermano de Querofonte, aquí presente, pues sabéis que él ya murió.
Veamos con qué propósitos os traigo a relación estos hechos; mostraros de dónde arrancan las calumnias que han caído sobre mí.

Cuando fui conocedor de esta opinión del oráculo sobre mí, empecé a reflexionar:
¿Qué quiere decir realmente el dios? ¿Qué significa este enigma? Porque yo sé muy bien que sabio no lo soy, ¿a qué viene, pues, el proclamar el que lo soy? Y que él no miente, no sólo es cierto, sino que incluso ni las leyes del cielo se lo permitirían.
Durante mucho tiempo me preocupe por saber cuáles eran sus intenciones y qué era lo que en verdad quería decir. Más tarde y muy a desagrado, me dediqué a descifrarlo de la siguiente manera. Anduve mucho tiempo pensativo y al fin entré en casa de uno de nuestros conciudadanos que todos tenemos por sabio, convencido de que éste era el mejor lugar para dejar esclarecido el vaticinio, pues pensé: «Este es más sabio que yo y tú decías que yo lo era más que todos.»

No me exijáis que diga su nombre; haya bastante con decir que se trataba de un renombrado político.

Y al examinarlo, ved ahí lo que experimenté: tuve la primera impresión de que parecía mucho más sabio que muchas otros que, sobre todo, el se lo tenía creído, pero que en realidad no lo era. Intenté hacerle ver que no poseía la sabiduría que él presumía tener. Con ello, no sólo me gané su inquina, sino también la de sus amigos.

Y partí, diciéndome para mis cabales: ninguno de los dos sabemos nada, pero yo soy el más sabio, porque yo, por lo menos, lo reconozco. Así que pienso que en este pequeño punto, justamente si que soy mucho más sabio que él: que lo que no sé, tampoco presumo de saberlo.
Y de allí pase a saludar a otro de los que gozaban aún de mayor fama que el anterior y llegué a la misma conclusión. Y también me malquisté con él y con sus conocidos.
Pero no desistí. Fui entrevistando uno tras otro, consciente que sólo me acarrearía nuevas enemistades, pero me sentía obligado a llegar hasta el fondo para no dejar sin esclarecer el mensaje del dios. Debía llamar a todas las puertas de los que se llamaban sabios con tal de descifrar todas las incógnitas del oráculo.

Y ¡voto al perro! – y juro porque estoy empezando a sacar a la luz la verdad- que ésta fue la única conclusión: los que eran reputados o se consideraban a sí mismos como los más sabios, fue a los encontré más carentes de sabiduría, mientras que otros que pasaban por inferiores, los superaban.

Permitid que os relate cómo fue aquella mi peregrinación, que cual emulación de los trabajos de Hércules llevé a cabo para asegurarme de que el oráculo era irrefutable.

Tras los políticos, acosé a los poetas: me entrevisté con todos: con lo que escriben poemas, con los que componen ditirambos o practican cualquier género literario, con la persuasión de que aquí sí me encontraría totalmente superado por ser yo muchísimo más ignorante que uno cualquiera de ellos. Así pues, escogiendo las que me parecieron sus mejores obras, les iba preguntando qué es lo que querían decir. Intentaba descifrar el oráculo y, al mismo tiempo, ir aprendiendo algo de ellos.

Pues sí, ciudadanos, me da vergüenza deciros la verdad, pero hay que decirla: cualquiera de los allí presentes se hubiera explicado mucho mejor sobre ellos, que sus mismos autores. Pues pronto descubrí que la obra de los poetas no es fruto de la sabiduría, sino de ciertas dotes naturales y que escriben bajo inspiración, como les pasa a los profetas, adivinos, que pronuncian frases inteligentes y bellas, pero nada es fruto de su inteligencia y muchas veces lanzan mensajes sin darse cuenta de lo que están diciendo. Algo parecido opino que ocurre en el espíritu de los poetas. Sin embargo, me percaté de que los poetas, a causa de este don de las musas, se creen los más sabios de los hombres y no sólo en estas cosas, sino en todas las demás, pero que, en realidad, no lo eran. Y me alejé de allí, convencido de que también estaba por encima de ellos, lo mismo que ya antes había superado a los políticos.
Para terminar, me fui en busca de los artesanos, plenamente convencido de que yo no sabía nada y que en estos encontraría muchos y útiles conocimientos. Y ciertamente que no me equivoqué: ellos entendían en cosas que yo desconocía, por tanto, en este aspecto eran mucho más expertos que yo, sin duda.

Pero pronto descubrí que los artesanos adolecían del mismo defecto que los poetas: por el hecho de que dominaban bien una técnica y realizaban bien un oficio, cada uno de ellos se creía entendido no sólo en esto, sino en el resto de las profesiones, aunque se tratara de cosas muy complicadas. Y esta petulancia, en mi opinión, echaba a perder todo lo que sabían.

Estaba hecho un lío, porque intentando interpretar el oráculo, me preguntaba a mí mismo si debía juzgarme tal como me veía -ni sabio de su sabiduría, ni ignorante de su ignorancia- o tener las dos cosas que ellos poseían.

Y me respondí a mí mismo y al oráculo, que me salía mucho más a cuenta permanecer tal cual soy.

En fin, oh atenienses, que como resultado de esta encuesta, me encuentro, que por un lado me he granjeado muchos enemigos y odios profundos y enconados como los haya, que han sido causa de esta aureola de sabio con que me han adornado y que han encendido tantas calumnias. En efecto, quienes asisten accidentalmente a alguna de mis tertulias se imaginan quizá de que yo presumo de ser sabio en aquellas cuestiones en que yo someto a examen a los otros, pero en realidad, sólo el dios es sabio, y lo que quiere decir el oráculo es simplemente que la sabiduría humana poco o nada vale ante su sabiduría. Y si me ha puesto a mí como modelo, es que simplemente se ha servido de mi nombre como para poner un ejemplo, como si dijera: Entre vosotros es el más sabio, ¡oh hombres!, aquél que como Sócrates ha caído en la cuenta de que en verdad su sabiduría no es nada.

Es por eso, sencillamente, por lo que voy de acá para allá, investigando en todos los que me parecen sabios, siguiendo la indicación del dios, para ver si encuentro una satisfacción a su enigma, ya sean ciudadanos atenienses o extranjeros. Y cuando descubro que no lo son, contribuyo con ello a ser instrumento del dios.

Ocupado en tal menester, da la impresión de que me he dedicado a vagar y que he dilapidado mi tiempo, descuidando los asuntos de la ciudad, e incluso los de mi familia, viviendo en la más absoluta pobreza por preferir ocuparme del dios.
Por otra parte, ha surgido un grupo de jóvenes que espontáneamente me siguen y que son los que disponen de mayor tiempo libre, por preceder de familias acomodadas, disfrutando al ver cómo someto a interrogatorios a mis interlocutores y en más de una ocasión se ponen ellos mismos a imitarme examinando a las gentes. Y es cierto que han encontrado a un buen grupo de personas que se pavonean de saber mucho pero que en realidad poco o nada saben. Y en consecuencia, los ciudadanos examinados y desembaucados por estos, se encorajinan contra mí -y no contra sí mismos que sería lo más lógico-, y de aquí nace el rumor de que corre por ahí un cierto personaje llamado Sócrates, de lo más siniestro y malvado, corruptor de la juventud de nuestra ciudad. Pero cuando alguien les pregunta qué es lo que en realidad enseño, no saben qué responder, pero para no hacer el ridículo, echan mano de los tópicos sobre los nuevos filósofos: «que investigan lo que hay sobre el cielo y bajo la tierra, que no creen en los dioses y de saber hostigar para hacer más fuerte los argumentos más débiles».Todo ello, antes que decir la verdad, que es una y muy clara: que tienen un barniz de saber, pero que en realidad no saben nada de nada. Y como, en mi opinión, son gente susceptible y quisquillosa, amén de numerosa, y que cuando hablan de mí, se apasionan y acaloran, os tienen los oídos llenos de calumnias graves – durante largo tiempo alimentadas.

Y de entre éstos es de donde ha surgido Meletos y sus cómplices, Anitos y Licón. Meletos en representación de los resentidos poetas; Anitos, en defensa de los artesanos y políticos, y Licón, en pro de los oradores.
Así pues, me maravillaría -como ya dije anteriormente- de que en el poco tiempo que se me otorga para mi defensa, fuera capaz de desvanecer calumnias tan bien arraigadas.

Esta es, oh atenienses, la pura verdad de lo sucedido y os he hablado sin ocultar ni disimular nada, sea importante o no. Sin embargo, estoy seguro que con ello me estoy granjeando nuevas enemistades; la calumnia me persigue y éstas son sus causas. Y si ahora, o en otra ocasión, queréis indagarlo, los hechos os confirmarán que es así.

Por lo que hace referencia a las acusaciones aducidas por mis primeros detractores, con lo dicho basta, para mi defensa ante vosotros.

Apología:24c-25e

Por lo que, ahora, toca defenderme contra Meletos, el honrado y entusiasta patriota Meletos, según el mismo se confiesa y con él, al resto de mis recientes acusadores.

Veamos cuál es la acusación jurada de éstos -y ya es la segunda vez que nos la encontramos- y démosle un texto como a la primera. El acta diría así: Sócrates es culpable de corromper a la juventud, de no reconocer a los dioses de la ciudad, y por el contrario, sostiene extrañas creencias y nuevas divinidades.

La acusación es ésta. Pasemos, pues, a examinar cada uno de los cargos. Se me acusa, primeramente, de que corrompo la juventud.

Yo afirmo, por el contrario, que el que delinque es el propio Meletos al actuar tan a la ligera en asuntos tan graves como es el convertir en reos a ciudadanos honrados; abriendo un proceso so capa de hombre de pro y simulando estar preocupado por problemas que jamás le han preocupado. Y de que esto sea así, voy a intentar hacéroslo ver.

Acércate, Melétos, y respóndeme:
-¿No es verdad que es de suma importancia para ti el que los jóvenes lleguen a ser lo mejor posible?
Ciertamente.

-Ea, pues, y de una vez: explica a los jueces, aquí presentes, quién es el que los hace mejores. Porque es evidente que tú lo sabes ya que dices tratarse de un asunto que te preocupa. Y además, presumes de haber descubierto al hombre que los ha corrompido, que según dices soy yo, haciéndome comparecer ante un tribunal para acusarme. Vamos, pues, diles de una vez quien es el que los hace mejores. Veo, Meletos, que sigues callado y no sabes qué decir. No es esto vergonzoso y una prueba suficiente de que a ti jamás te han inquietado estos problemas? Pero vamos hombre, dinos de una vez quien los hace mejores o peores.

Las leyes.
Pero, si no es eso lo que te pregunto, amigo mío, sino cuál es el hombre, sea quien sea, pues se da por supuesto que las leyes ya se conocen.

Ah sí, Sócrates, ya lo tengo. Esos son los jueces.

¿He oído bien, Meletos? ¿Que quieres decir? ¿Qué estos hombres son capaces de educar a los jóvenes y hacerlos mejores?
-Ni más ni menos.
-Y, ¿cómo? ¿Todos?, o, ¿unos si y otros no?
-Todos sin excepción.
¡Por Hera!, que te expresas de maravilla.
¡Qué grande es el número de los benefactores, que según tú sirven para este menester…! Y, ¿el público aquí asistente, también hace mejores o peores a nuestros jóvenes?

También.
-¿Y los miembros del Consejo?
Esos también.
Veamos, aclárame una cosa: ¿serán entonces, Meletos, los que se reúnen en Asamblea, los asambleístas, los que corrompen a los Jóvenes? O, ¿también ellos, en su totalidad los hacen mejores?

-Es evidente que si.
Parece, pues, evidente que todos los atenienses contribuyen a hacer mejores a nuestros jóvenes.
Bueno; todos, menos uno, que soy yo, el único que corrompe a nuestra juventud. Es eso lo que quieres decir?

Sin lugar a dudas.

-Grave es mi desdicha, si esa es la verdad. ¿Crees que seria lo mismo si se tratara de domar caballos y que todo el mundo, menos uno, seria capaz de domesticarlos y que uno sólo fuera capaz de echarlos a perder? 0, más bien, ¿no es todo lo contrario?,¿que uno sólo es capaz de mejorarlos, o muy pocos, y que la mayoría, en cuanto los montan, pronto los envician? ¿No funciona así, Meletos, en los caballos y en el resto de los animales? Sin ninguna duda, estéis o no estéis de acuerdo, Anitos y tú. ¿QUé buena suerte la de los jóvenes si sólo uno pudiera corromperles y el resto ayudarles a ser mejores. Pero la realidad es muy otra. Y se te ve demasiado el que jamás te hayan preocupado tales cuestiones y que han motivado el que me hicieras comparecer ante este Tribunal.

Pero, ¡por Zeus!, dinos todavía: que vale más, ¿vivir entre ciudadanos honrados o entre malvados? Ea, hombre, responde, que tampoco te pregunto nada del otro mundo. ¿Verdad que los malvados son una amenaza y que pueden acarrear algún mal, hoy o mañana, a los que conviven con ellos?

-Sin lugar a duda.

-¿Existe algún hombre que prefiera ser perjudicado por sus vecinos, o todos prefieren ser favorecidos? Sigue respondiendo, honrado Meletos, porque además la ley te exige que contestes, ¿hay alguien que prefiera ser dañado?

No, desde luego.
-Veamos pues: me has traído hasta aquí con la acusación de que corrompo a los Jóvenes y de que los hago peores. Y esto, lo hago, ¿voluntaria o involuntariamente?

-Muy a sabiendas de lo que haces, sin lugar a duda.
Y tú, Meletos, que aún eres tan joven, ¿me superas en experiencia y sabiduría hasta tal punto de haberte dado cuenta de que los malvados producen siempre algún perjuicio a las personas que tratan y los buenos algún bien, y considerarme a mí en tan grado de ignorancia, que ni sepa si convierto en malvado a alguien de los que trato diariamente, corriendo el riesgo de recibir a la par algún mal de su parte, y que este daño tan grande, lo hago incluso intencionadamente?

Esto, Meletos, a mí no me lo haces creer y no creo que encuentres quien se lo trague: yo no soy el que corrompe a los jóvenes y en caso de serlo, sería involuntariamente y, por tanto, en ambos casos, te equivocas o mientes.

Apología:26a-28a

Y si se probara de que yo los corrompo, desde luego tendría que concederse que lo hago involuntariamente. Y en este caso, la ley ordena, advertir al presunto autor en privado, instruirle y amonestarle, y no, de buenas a primeras, llevarle directamente al Tribunal. Pues es evidente, que una vez advertido y entrado en razón, dejaría de hacer aquello que inconscientemente dicen que estaba haciendo…Pero tú, has rehuido siempre el encontrarte conmigo, aunque fuera simplemente para conversar o, simplemente, para corregirme y has optado por traerme directamente aquí, que es donde debe traerse a quienes merecen un castigo y no a los que te agradecerían una corrección. Es evidente, Meletos, que no te han importado ni mucho ni poco estos problemas que dices te preocupan.

Aclaremos algo más: explícanos cómo corrompo a los Jóvenes, ¿no es -si seguimos el acta de la denuncia- que es enseñando a no honrar a los dioses que la ciudad venera y sustituyéndoles por otras divinidades nuevas?. ¿Será, por esto, por lo que los corrompo?

Precisamente eso es lo que afirmo.

Entonces, y por esos mismos dioses de los que estamos hablando, explícate con claridad ante esos jueces y ante mí, pues hay algo que no acabo de comprender:

¿O ea que yo enseño a creer que existen algunos dioses, y en este caso, yo en modo alguno soy ateo ni delinquo, o bien, dices, por esta parte, que en concreto no creo en los dioses del Estado, sino en otros diferentes, y es por eso por lo que me acusas o más bien sostienes que no creo en ningún dios y que además estas ideas las inculco a los demás?

Eso mismo digo: que tú no aceptas ninguna clase de dioses.

Ah, sorprendente Meletos, ¿para qué dices semejantes extravagancias? 0, ¿es que no considero dioses al sol la luna, como creen el resto de los hombres?

¡Por Zeus! Sabed, oh jueces, lo que dice: el sol es una piedra y la luna es tierra.

¿Te crees que estás acusando a Anaxágoras, mi buen Meletos? O, ¿desprecias a los presentes hasta tal punto de considerarlos tan poco eruditos que ignoren los libros de Anaxágoras el Clazomenio, llenos de tales teorías? Y, más aún: ¿los jóvenes van a perder el tiempo escuchando de mi boca lo que pueden aprender por menos de un dracma, comprándose estas obras en cualquiera de las tiendas que hay junto a la orquesta y poder reírse después de Sócrates si este pretendiera presentar como propias estas afirmaciones, sobre todo, y, además, siendo tan desatinadas?

Pero, ¡por Júpiter!, ¿tal impresión te he causado que crees que yo no admito los dioses?, ¿absolutamente ningún dios?

-Sí, ¡Y también por Zeus!: tú no crees en dios alguno.

Increíble cosa la que dices, Meletos. Tan increíble que ni tu mismo acabas de creértela. Me estoy convenciendo, atenienses, de que este hombre es un insolente y un temerario y que en un arrebato de intemperancia, propios de su juvenil irreflexión, ha presentado esta acusación. Se diría que nos está tramando un enigma para probarnos:

«A ver si este Sócrates, tan listo y sabio, se da cuenta de que le estoy tendiendo una trampa, y no sólo a él, sino también a todos los aquí presentes, pues en su declaración, yo veo claramente que llega a contradecirse.

Es como si dijera:

«Sócrates es culpable de no creer en los dioses, pero cree que los hay.» Decidme, pues, si esto no parece una broma y de muy poca gracia. Examinad, conmigo, atenienses, el porqué me parece dice esto. Tú Meletos, responde, y a vosotros -como ya os llevo advirtiendo desde el principio- os ruego que prestéis atención, evitando cuchicheos porque siga usando el tipo de discurso que es habitual en mí.
¿Hay algún hombre en el mundo, oh Meletos, que crea que existen cosas humanas, pero que no crea en la existencia de hombres concretos? Que conteste de una vez y que deje de escabullirse refunfuñando. ¿Hay alguien que no crea en los caballos, pero sí que admita, por el contrario, la existencia de cualidades equinas?, o, ¿quien no crea en los flautistas pero si que haya un arte de tocar la flauta? No hay nadie, amigo mío.

Y puesto que no quieres, o no sabes contestar, yo responderé por ti y para el resto de la Asamblea:
¿Admites o no, y contigo el resto, que puedan existir divinidades sin existir al mismo tiempo dioses y genios concretos?

-Imposible.
¡Qué gran favor me has hecho con tu respuesta, aunque haya sido arrancada a regañadientes! Con ella afirmas que yo creo en cualidades divinas, nuevas o viejas, y que enseño a creer en ellas, según tu declaración, sostenida con juramento. Luego, tendrás que aceptar que también creo en las divinidades concretas, ¿no es así?

Puesto que callas, debo pensar que asientes.
Y ahora, bien, prosigamos el razonamiento: ¿no es verdad que tenemos la creencia de que los genios son dioses o hijos de los dioses? ¿Estás de acuerdo, sí o no?
-Lo estoy.
En consecuencia, si yo creo en las divinidades, como tú reconoces, y las divinidades son dioses, entonces queda bien claro de que tú pretendes presentar un enigma y te burlas de nosotros, pues afirmas, por una parte, que yo no creo en los dieses, y, por otra, que yo creo en los dioses, puesto que creo en las divinidades. Y si estas son hijas de los dioses, aunque fueran sus hijas bastardas, habidas de amancebamiento con ninfas o con cualquier otro ser -como se acostumbra a decir–, ¿quién, de entre los sensatos, admitiría que existen hijos de dioses, pero que no existen los dioses? Sería tan disparatado como el admitir que pueda haber hijos de caballos y de asnos, o sea, los mulos, pero que negara, al mismo tiempo, que los caballos y asnos existen.

Pero, lo que ha pasado, Meletos, es que, o bien pretendías quedarte con nosotros, probándonos con tu enigma o, que de hecho, no habías encontrado nada realmente serio de qué acusarme. Y dudo que encuentres algún tonto por ahí, con tan poco juicio, que crea que una persona pueda creer en demonios y dioses, y al mismo tiempo, no creer en demonios o dioses o genios. Es absolutamente imposible.

Apología:28b-30d

Así pues, creo haber dejado bien claro de que no soy culpable, si nos atenemos a la acusación de Meletos. Con lo dicho, basta y sobra.

Pero, como llevo machaconamente dicho, hay mucha animadversión contra mí, y son muchos los que la sustentan. Podéis estar seguros, que eso sí que es verdad. Y es eso lo que va a motivar mi condena. No esas incongruencias de Meletos y Anitos, sino la malevolencia y la envidia de tanta gente. Cosas que ya han hecho perder demasiadas causas a muchos hombres de bien y que las seguirán perdiendo, pues estoy seguro de que esta plaga no se detendrá con mi condena.

Quizá alguno de vosotros, en su interior, me esté recriminando:

«-¿No te avergüenza, Sócrates, el que te veas metido en estos líos a causa de tu ocupación y que te está llevando al extremo de hacer peligrar tu propia vida?»

A éstos les respondería, y muy convencido por cierto:

-Te equivocas completamente, amigo mío, si crees que un hombre con un mínimo de valentía debe estar preocupado por esos posibles riesgos de muerte antes que por la honradez de sus acciones, preocupándose sólo por si son fruto de un hombre justo o injusto. Pues, según tu razonamiento, habrían sido vidas indignas las de aquellos semidioses que murieron en Troya, y principalmente el hijo de la diosa Tetis, para quien contaba tan poco la muerte, si había que vivir vergonzosamente, que llegó a despreciar tanto los peligros, que, deseando ardientemente matar a Héctor para vengar la muerte de su amigo Patroclo, a su madre, la diosa, que más o menos le decía:

«-Hijo mío, si vengas la muerte de tu compañero Patroclo y matas a Héctor, tú mismo morirás, pues tu destino está unido al suyo»,- irá oír esto, tuvo a bien poco a la muerte y el peligro, y temiendo mucho más el vivir cobardemente que el morir por vengar a un amigo, replico:

«-Prefiero morir aquí mismo, después de haber castigado al asesino, que seguir vivo, objeto de burlas y desprecios, siendo carga inútil de la tierra, arrastrándome junto a las naves cóncavas».

¿Se preocupó, pues, de los peligros y de la muerte?

Y es que así debe ser, atenienses. Quien ocupa un lugar de responsabilidad, por creerse que es el mejor, o bien, porque allá le han colocado los que tengan autoridad, allí debe quedarse, resistiendo los peligros sin echar cuentas para nada ni con la muerte ni con otro tipo de preocupaciones, sino es con su propia honra.

Así pues, vergonzosa y mucho más sería mi conducta, si yo, que siempre permanecí en el puesto que mis jefes me asignaron que afronté el riesgo de morir, como tantos otros hicieron, obedientes a los estrategas que vosotros elegisteis en las campañas de Potidea, Anfipolis y Delión, ahora, que estoy plenamente convencido de que es un dios el que me manda vivir buscando la sabiduría, examinándome a mí mismo y a los demás, precisamente ahora, me hubiera dejado vencer por el miedo a la muerte o cualquier otra penuria y hubiera desertado del puesto asignado. Sería, indiscutiblemente, mucho más deshonroso, y con ello sí que me haría merecedor de que alguien me arrastrara ante los tribunales de justicia por no creer en los dioses, puesto que desobedecía al oráculo, por temer a la muerte y por creerme sabio sin serlo.

En efecto, el temor a la muerte no es otra cosa que creerse sabio sin serlo: presumir saber algo que se desconoce. Pues nadie conoce qué sea la muerte, ni si en definitiva se trata del mayor de los bienes que pueden acaecer a un humano. Por el contrario, los hombres la temen como si en verdad supieran que sea el peor de los males. Y, ¿cómo no va a ser reprensible esta ignorancia por la que uno afirma lo que no sabe? Pero, yo, atenienses, quizá también en este punto me diferencio del resto de los mortales y si me obligaran a decir en qué yo soy más sabio, me atrevería a decir que, en desconociendo lo que en verdad acaece en el Hades, no presume saberlo.

Antes por el contrario, sí que sé, y me atrevo a proclamarlo, que el vivir injustamente y el desobedecer a un ser superior, sea dios o sea hombre, es malo y vergonzoso. Temo, pues, a los males que sé positivamente sean tales, pero las cosas que no sé si son bienes o males, no las temeré, ni rehuiré afrontarlas.

Así que, aun en el caso de que me absolvierais, desestimando las acusaciones de Anitos, que en definitiva ha llegado a exigir que yo debiera haber comparecido ante este Tribunal y una vez comparecido, merecía ser condenado a muerte, diciéndoos que si salía absuelto, vuestros hijos correrían el peligro de dedicarse a practicar mis enseñanzas y todos caerían en la corrupción, si a mí, después de todo esto, llegaran a decirme:
«-Sócrates, nosotros no queremos hacer caso a Anitos, sino que te absolvemos, pero con la condición de que no molestes a los ciudadanos y abandones tu filosofar. De manera, que en la próxima ocasión en que te encontremos ocupados en tales menesteres, debemos condenarte a morir.»

Si vosotros me absolvierais con esta condición, os replicaría:
«-Agradezco vuestro interés y os aprecio, atenienses, pero prefiero obedecer antes al dios que a vosotros y mientras tenga aliento y las fuerzas no me fallen, tened presente que no dejaré de inquietaros con mis interrogatorios y de discutir sobre todo lo que me interese, con cualquiera que me encuentre, a la usanza que ya os tengo acostumbrados»

Y aún añadiría:
«Oh tú, hombre de Atenas y buen amigo, ciudadano de la polis más grande y de la más renombrada por su intelectualidad y su poderío, ¿no te avergüenzas de estar obsesionado por aumentar al máximo tus riquezas y con ello, tu fama y honores, y por el contrario descuidas la sabiduría y la grandeza de tu espíritu, y cómo lograr engrandecerlas?» Y si alguno de vosotros me lo discute y presume de preocuparse por tales cosas, no le dejaré marchar, ni yo me alejaré de su lado, sino que le someteré a mis preguntas y le examinare y si no me parece que está en posesión de la virtud, aunque afirme lo contrario, le haré reproches porque aquello que más estima merece, él lo valora en poco o en nada, en tanto que prefiere las cosas más viles y despreciables.

Este será mi modo de obrar con todo aquél que se me cruce por nuestras calles, sea joven o mayor o forastero o ateniense, pero preferentemente con mis paisanos, por cuanto tenemos una sangre común.

Sabed que esto es lo que me manda el dios.

Enteraos bien: estoy convencido de que no ha acaecido nada mejor a esta polis que mi labor al servicio del dios.
En efecto, yo no tengo otra misión ni oficio que el ir deambulando por las calles para persuadir a jóvenes y ancianos de que no hay que inquietarse por el cuerpo ni por las riquezas, sino como ya os dije hace poco, en cómo conseguir que nuestro espíritu sea el mejor posible, insistiendo en que la virtud no viene de las riquezas, sino que las riquezas y el resto de bienes y la categoría de una persona vienen de la virtud, que es la fuente de bienestar para uno mismo y para el bien público. Y si por decir esto corrompo a los jóvenes, mi actividad debería ser condenada por perjudicial; pero si alguien dice que yo enseño otras cosas, se engaña y pretende engañaros.

Resumiendo, pues, oh atenienses, creáis a Anitos o no le creáis, me absolváis o me declaréis culpable, yo no puedo actuar de otra manera, mil veces me condenarais a morir.

No os pongáis nerviosos, atenienses, y dejad de alborotar, por favor, como os llevo repitiendo tantas veces, para que podáis escucharme, pues sigo convencido de que os beneficiaréis si no me interrumpís. Tengo que añadir aún algo que quizá os provoque tanto que tengáis que manifestaros gritando, pero evitadlo si podéis.

Apología:30e-31c

Si me matáis por ser lo que soy, no es a mí a quien castigáis ni infringís el más mínimo daño, sino que es a vosotros mismos. Pues a mi, ni Meletos ni Anitos pueden ocasionarme ningún mal, aunque se lo propusieran.¿Cómo pueden hacerlo si estoy plenamente convencido de que un hombre malvado jamás puede perjudicar a un hombre justo? No niego que puedan lograr mi condena a muerte, el destierro, o la pérdida de derechos ciudadanos; penas que para muchos de ellos puedan tratarse de grandes males, pero yo pienso que no lo son en modo alguno. Más bien creo mucho peor hacer lo que él hace ahora: intentar condenar a un hombre inocente. Por eso estoy muy lejos de lo que alguno quizá se haya creído: de que estoy intentando hacer mi propia defensa. Muy al contrario, lo que hago es defenderos a vosotros para que al condenarme no cometáis un error desafiando el don del dios. Porque si me matáis difícilmente encontrareis otro hombre como yo, a quien el dios ha puesto sobre la ciudad, aunque el símil parezca ridículo, como el tábano que se posa sobre el caballo, remolón, pero noble y fuerte y que necesita que un aguijón le encorajine. Así, creo que he sido colocado sobre esta ciudad por orden del dios para teneros alerta y corregiros, sin dejar de encorajinar a nadie, deambulando todo el día por calles y plazas.
Un hombre como yo, no lo volveréis a encontrar, atenienses, por lo que sí mi hicierais caso me conservaríais. Pero, en el caso de que vosotros, enojados como los que sobresaltados por el aguijón de un molesto tábano, de una fuerte palmada y dóciles a las insinuaciones de Anitos, me matarais impulsivamente, creyendo que os pasaréis el resto de vuestra vida tranquilos sin que nadie moleste ya vuestros sueños, a no ser que el dios, preocupado por vosotros, os mande a algún otro como yo.

Que yo sea un don del dios para esta ciudad, vais a convenceros con lo que voy a añadir: no parece muy humano el que haya vivido descuidado de todos mis asuntos e intereses y que durante tantos años dejé abandonados mis bienes, y en cambio esté siempre ocupándome de lo vuestro, llegando a interesarme para que cada uno se ocupe del bien y de la virtud, como si yo fuese su padre o hermano mayor. Y si de estas actividades sacara alguna ganancia o hiciera estas exhortaciones mediante paga, aún tendría algún sentido que justificaría lo que hago. Pero vosotros mismos podéis comprobar que a pesar de tantos reproches acumulados contra mí por esa caterva de acusadores, no han tenido el atrevimiento ni de insinuar de que yo haya cobrado alguna vez renumeración alguna. Y de que estoy diciendo la verdad presento al mejor y al más fidedigno de los testigos: mi pobreza y la de los míos.

Apología:31d-33b

Quizá encontréis que sea un contrasentido el que yo me he pasado la vida exhortando a los ciudadanos en privado y que me he metido en tantos líos, que no me haya atrevido a intervenir en la vida pública, participando en vuestras Asambleas y aconsejando a la ciudad.
La explicación está en lo que me habéis oído decir tantas veces y en tan diversos sitios, y es que se da en mí una voz, manifestación divina o de cierto genio, y que me sobreviene muchas veces. Incluso se habla de ella en la acusación de Meletos, aunque sea en tono despectivo. Es una voz que me acompaña desde la infancia y se hace sentir para desaconsejarme algunas acciones pero que jamás me ha impulsado a emprender de nuevas. Esta es la causa que me ha impedido intervenir en la política. Y me lo ha desaconsejado, creo yo, muy razonablemente. Porque lo sabéis muy bien: si hace tiempo me hubiera metido en política, hace tiempo que ya estuviera muerto y por ello no habría sido útil, ni a vosotros, ni a mí mismo.

Y no os irritéis contra mí porque os diga la verdad, una vez más. No hay nadie que pueda salvar su vida, si valientemente se opone a vosotros o a cualquier otra Asamblea y se empeña en impedir las múltiples injusticias e irregularidades que se cometen en cualquier ciudad. En consecuencia, a quien quiera luchar por la justicia, debe tener muy presente si es que quiere vivir muchos años que se conforme con una vida retirada y que no se ocupe de los asuntos públicos.

Y voy a daros pruebas contundentes de ello, no con palabras, sino con lo que tiene mayor fuerza ante cualquier auditorio: los hechos.

Escuchad lo que me ha ocurrido para que comprobéis que yo no cedo ante nadie. El temor a la muerte es impotente para hacerme desistir de algo que sea contrario a la justicia.

0s voy a relatar cosas cargantes, a la manera de los abogados, pero todas ciertas. Yo no ejercido cargos públicos más que en dos ocasiones: cuando siendo miembro del Consejo coincidió que nuestra tribu de Antióquida, ejercía su turno de Presidencia y vosotros estabais deliberando qué hacer con aquellos diez estrategas que no habían recogido los cuerpos de los soldados caídos en la batalla naval y se intentó juzgarlos a todos juntos. Esto estaba en contra de nuestras leyes como después se demostró.
Entonces yo sólo, y en contra de todos los Prítanos, me opuse a que vosotros hicierais algo en contra de la ley y voté en contra de todos. Y a pesar de que los oradores, alentados por vuestras protestas y vuestro apasionamiento, exigían abrirme un proceso para llevarme ante los tribunales, creí que era mucho mejor estar de parte de la ley y de la Justicia, aunque me supusiera graves peligros, que ponerme de vuestra parte en busca de seguridades, si por ello debía ir en contra de la justicia o era movido por el temor de la muerte o del encarcelamiento. Y esto ocurrió cuando Atenas era gobernada por la democracia.

Pero también, bajo el régimen oligárquico de los Treinta fui requerido, juntamente con otros, para que me presentara ante el Tolos, y nos ordenaron que nos trasladáramos a Salamina para buscar al estratega León y colaborar en su muerte.

Misiones de este tipo encomendaban a muchos otros para comprometer a cuantos más pudieran en su criminal gestión de gobierno. Y entonces, volví a demostrar, no con palabras, sino con los hechos, que la muerte lo digo sin ambages, no me importa lo más mínimo, mientras que intentar no cometer acciones injustas es para mí lo más importante. E incluso aquel régimen que presumía de duro, y en verdad lo era, no pudo doblegarme para hacer un acto injusto. Y cuando salimos del Tolos, los otros cuatro se dirigieron a Salamina para cumplir tan injusta orden y traerse a León, pero yo me fui tranquilamente a mi casa. Por este motivo es muy posible que ya hubiera encontrado entonces la muerte, pero aquel régimen cayó poco después. De todo esto muchos de vosotros podéis ser testigos.
Y bien: ¿acaso creéis que yo hubiera vivido muchos años si me hubiera dedicado a la política, si, portándome como es propio de quien antepone su honradez a sus intereses, hubiera hecho de la defensa de la justicia mi compromiso, anteponiéndole, como debe ser, por encima de todo? Ni mucho menos, atenienses, como tampoco ningún otro que lo intente de esta manera. Pero yo, durante toda mi vida, ya sea en las cuestiones de interés público en que he intervenido o en las privadas, he sido siempre el mismo y jamás he actuado contra la justicia, ni he permitido hacerlo a aquéllos que mis acusadores denominan mis discípulos, ni a los demás.

Pero, aunque jamás he sido maestro de nadie, si alguien, joven o mayor, ha sentido deseos de oírme u observarme, nunca lo he rehusado. No soy hombre que hable por dinero o que me calle si me lo dan. Estoy a total disposición tanto del rico como del pobre para que me pregunten cuanto deseen y todos podéis contrastar lo que digo. Jamás me he negado a dialogar. Y si alguno, por todo ello, se convierte en un hombre mejor o peor, no se me eche a mí el mérito ni el castigo, ya que jamás prometí a nadie ningún tipo de enseñanza ni de hecho la enseñé. Por ello, si sale alguien que dice que ha aprendido algo porque ha recibido lecciones mías, sean particulares o públicas, podéis estar seguros que os está mintiendo.

Apología:33c-34b

Ya lo habéis oído, atenienses, os he dicho sólo la verdad: les resulta intrigante ver cómo interrogo a los que presumen de sabios, pero que de hecho no lo son.

Sostengo que ese es el mandato que he recibido del genio, ya sea en sueños, oráculos o por cualquiera de los medios normales con que un dios acostumbra a servirse para asignar a un hombre una misión. Esa es la verdad y no es nada difícil probarla. Pues si yo hubiera dejado una estela de jóvenes corrompidos, y aun ahora los fuera corrompiendo, es natural que alguno, o todos, estarían aquí presentes para acusarme y exigir el castigo y si ellos no se atreviesen, sus padres o hermanos vendrían en su lugar por considerar que se ha causado daño a alguien de su familia.

Por el contrario veo a muchos de ellos sentados entre vosotros: primero a Critón, de mi misma edad y del mismo demos, padre de Critóbulo, también aquí presente: después a Lisanias, del distrito de Esfeto, padre de Esquines, quien tenéis aquí también, y ved a Antifonte, del distrito de Cefisia, padre de Epigenes, y a esos otros cuyos hermanos han estado presentes en las conversaciones aludidas: Nicóstrato, hijo de Teozótides, y hermano de Teódoto -Teódoto murió y, por tanto, no puede testimoniar-Paralio, hijo de Demódoco, cuyo hermano era Téages; Adimanto, hijo de Aristón, del cual es hermano Platón, ahí presente, y Ayantodoro, del cual es hermano Apolodoro, ahí presente. Y podría citaros a muchos más, que incluso al propio Meletos hubiera podido presentar como testigos de su pleito, y si no lo hizo por descuido o por olvido, que lo haga ahora, a ver si encuentra a alguien que corrobore alguno de sus puntos. Pero comprobaréis todo lo contrario, atenienses: todos están dispuestos a declarar a favor del que ha sido su corruptor, el que ha destrozado sus familias, según Anitos y Meletos aseguran.
Cabría la posibilidad de que los ya corrompidos tuvieran alguna secreta razón para auxiliarme y compartir mi responsabilidad, pero los no corrompidos y que son mayores de edad que ellos, sus parientes,¿qué motivos pueden tener para ayudarme, si no es la que Anitos y Meletos están mintiendo y de que yo estoy en la verdad?

Ya he dicho bastante, atenienses. Todo lo que pueda añadir en defensa propia, queda suficiente aclarado con lo expuesto y aunque podría ir añadiendo nuevos aspectos, más o menos, serian del mismo estilo.

Apología:34c-35d

Y quizá alguno se indigne al recordar que en otros casos de menos monta, se rogó y suplicó a los jueces con lágrimas, haciendo comparecer ante el Tribunal a sus hijos para despertar compasión, y si se terciaba, a sus parientes y familiares, y yo, en cambio, no hago ninguna de estas cosas a pesar de que estoy corriendo, como se ve, el mayor de los peligros. Puede ser que alguno echándose esas cuentas, tome hacia mí una actitud de despecho, y que irritado por mi forma de actuar, deposite su voto con cólera.

Pues bien: si en alguno de vosotros se da esta situación, aunque ni afirmo de que se dé, sino que analizo esta posibilidad, ya tengo preparada la respuesta que le daría:

Amigo mío, también yo tengo una familia y también puedo aplicarme aquello de Homero: «No he nacido ni de una encina ni de las rocas», sino de hombres. Tengo familiares, e incluso tres hijos, uno adolescente, por cierto, y dos de corta edad. Y, sin embargo, a ninguno de ellos permitiré que suba a este estrado para suplicar vuestro voto absolutorio.

¿Por qué no quiero hacer nada de todo esto? No es ni por fanfarronería ni mucho menos por falta de consideración hacia vosotros. Que después afronte la muerte con firmeza o con flaqueza, esa es otra cuestión. Pero, por mi buen nombre y por el vuestro, que es el de nuestra ciudad, a mi edad no me parece honrado echar mano de ninguno de estos recursos, y mucho menos, con la opinión que se ha formado de que Sócrates se diferencia de la mayoría de los hombres. Si de entre vosotros, los que destacan por su valentía o por su inteligencia o por cualquier otra virtud, se comportasen de este modo, cosa fea sería. Alguna vez he visto a algunos de esos que son considerados importantes, cuando se les está juzgando y temen sufrir alguna pena o la misma muerte, su conducta me parece inexplicable, pues, parece que están convencidos de que si logran de que no se les condene a muerte, después ya serán por siempre inmortales. Estos son la deshonra y el oprobio de nuestra ciudad, porque pueden hacer creer a los extranjeros que aquellos ciudadanos que distinguimos con honores y que elegimos para que ocupen las magistraturas, no se diferencian en nada de las mujeres. Esas son escenas, atenienses, que los que rozamos de cierto prestigio no debemos hacer, y si lo hacemos, vosotros no debéis permitirlo, sino que más bien debéis estar dispuestos a demostrar que condenareis a quien ofrezca el triste espectáculo de suplicar la compasión de sus jueces, dejando en ridículo a la ciudad.

Pero, aparte de la cuestión de mi buen nombre, tampoco me parece digno él ir suplicando a los jueces y salir absuelto por la compasión comprada, sino que hay que limitarse a exponer los hechos y tratar de persuadir, no de suplicar. Pues el jurado no está puesto para repartir la justicia como si de favores se tratara, sino para decidir lo que es justo en cada caso; y lo que ha jurado es interpretar rectamente las leyes, no a favorecer a los que le caigan bien.

Por tanto, no podemos permitirnos el perjurio a nosotros mismos, ni a los demás, pues ambos nos haríamos reos de impiedad. No esperéis, pues, de mí, que recurra a artimañas ni acciones que no sean rectas ni justas, y menos ahora, ¡oh por Zeus!, que estoy aquí acusado de impiedad por Meletos. Pues es evidente que si con súplicas llegara a convenceros o bien os forzara a faltar a vuestro juramento, os enseñaría a pensar de que no hay dioses y, así, con mi defensa, de hecho, lo que haría sería condenarme a mí mismo por no creer en los dioses.

Pero no es así, ni mucho menos: yo creo en los dioses, como cualquiera de mis acusadores. Por eso, atenienses, dejo en vuestras manos y en las de los dioses el decidir lo que va a ser mejor para mí y para vosotros.

Apología:35e-37a

No me ha sorprendido ni indignado, oh atenienses, esta condena que acabáis de sellar con vuestro voto.

Y entre muchas razones, la primera, es que no me ha resultado inesperada; más bien me sorprende el tan gran número de votos a mi favor, pues no sospechaba que se resolvería así, sino que esperaba muchos más votos en contra mía. Pero ved que los resultados se hubieran trastocado con sólo una treintena que hubieran votado mi absolución.

Por de pronto, que de la acusación de Meletos, según las cuentas que yo me hecho, he quedado plenamente absuelto y no sólo absuelto, sino que incluso es evidente que si no hubieran comparecido Anitos y Licón, hubieran sido condenados a pagar la multa de mil dracmas por no haber alcanzado la quinta parte de los votos exigidos.

Ahora, este hombre propone la pena de muerte para mí.
Bien, ¿y qué contrapuesta os voy a hacer, atenienses?

Ciertamente que voy a proponer la que creo que me merezco. ¿Que cuál es? ¿Qué pena o castigo tengo que sufrir por haberme empeñado tozudamente en no querer una vida tranquila y cómoda, sino descuidando lo que obsesiona a la mayoría de las personas, como son sus bienes, sus intereses personales, la dirección de ejércitos, el discursear en la Asamblea, dedicarme a la caza de cargos públicos, sino que he permanecido neutral ante coaliciones y revueltas, por considerar que soy demasiado honrado para poder salir ileso si intervengo en la política. Por ello, jamás me he ocupado de aquellas cosas que ni a vosotros ni a mí pudieran reportar utilidad, y prefiriendo hacer a cada uno de vosotros el máximo bien tratando de convencerle de que no se ocupara más que de aquello que era de la máxima utilidad para sí mismo y lo más razonable. Y que no se ocupara de los asuntos de la nación, sino de la nación misma, y que así procediera en todos los asuntos.

Ahora bien, ¿qué debo sufrir por todo esto? Ciertamente, que algún bien, atenienses, si de verdad hay que ser ecuánimes con arreglo a los merecimientos. Y, ¿qué bien puede ser el más apropiado para un benefactor pobre que necesita todo el tiempo posible para poder dar consejos a sus conciudadanos? Indudablemente que sólo hay una recompensa que haga justicia a los merecimientos: mantenerle a costa del Estado en el Pritaneo y con mayores merecimientos que cualquiera de los ganadores de alguna carrera de caballos, o de carros por parejas o de las cuadrigas que se celebran en Olimpia. Pues mientras éstos os hacen creer que os dan la felicidad, yo os hago felices de verdad, y, por otro lado, ellos no precisan de vuestras pensiones y yo sí. En resumen, si de verdad debo proponer la condena que merezco haciendo justicia, esa es la que propongo: ser mantenido a costa del Estado en el Pritaneo.

Tal vez al oír esta proposición y ver el tono que uso, se repita en vosotros la misma impresión que cuando hablaba de recurrir a lágrimas y súplicas: que os parezca arrogante mi comportamiento. Pero no es esta mi intención, atenienses, aunque ésta es la única verdad: no tengo conciencia de que voluntariamente jamás haya hecho mal a nadie, aunque no he podido convenceros a la mayoría de vosotros porque no ha habido tiempo suficiente para ello.

Apología:37b-38c

Pues yo creo que si entre vosotros fuera ley, lo que es costumbre en otros pueblos, de que las cuestiones de pena capital no se dicte sentencia en el mismo día del juicio, sino después de uno o de varios, estoy persuadido de que os convencería; pero, ahora, no es demasiado fácil rechazar tan graves cargos en tan corto espacio de tiempo.

Estando convencido de no haber hecho mal a nadie injustamente, es lógico que tampoco me lo haga a mí mismo hablando como si me mereciera un castigo o me condenara a mí mismo.
¿Qué tengo que temer? ¿Tal vez, el sufrir aquello que propone Meletos contra mí, cosa que repito que aún no sé si es un bien o un mal? ¿Voy a decantarme hacia las cosas que sé que son malas y proponer contra mí algún castigo concreto? ¿Tal vez la cárcel?

Y, ¿porqué tengo que encerrarme en una cárcel, a merced de los que vayan ocupando anualmente el cargo de los Once, que son los vigilantes?

O, ¿tal vez proponer una multa y prisión hasta que no haya pagado el último plazo? Estamos en lo mismo: debería estar siempre en la cárcel, pues no tengo con que pagar.

¿Me condenaré al exilio? Quizá sea esta la pena que a vosotros mayormente os satisfaga. Pero debería estar muy apegado a la vida y muy ciego para no ver que si vosotros, mis paisanos, no habéis podido soportar mis interrogatorios ni mis tertulias, sino que os han resultado molestos hasta el extremo de obligaros a libraros de ellos, ¿cómo voy a esperar que unos extraños las soporten más generosamente?
Es evidente que no lo soportarían, atenienses. Y, ¡vaya espectáculo el mío! A mis años escapando de Atenas, vagando de ciudad en ciudad, convirtiéndome en un pobre desterrado. Bien sé que a todas partes donde fuere, vendrían los jóvenes a escucharme con agrado, igual que aquí. Pero si los rechazara, serían ellos los que rogarían a sus viejos para que me exiliaran de su ciudad, y si los acogiera, serían sus padres y familiares los que no pararían hasta hacerme la vida imposible y tendría que volver a huir.

Oigo la voz de alguien que me recomienda: pero Sócrates, ¿no serás capaz de vivir tranquilamente, en silencio, lejos de nosotros? Este es el sacrificio mayor que podíais pedirme, pues se trataría de desobedecer al dios y, por tanto, jamás podría quedarme tranquilo si renunciara a mi misión. Y aunque no me creáis y os penséis que os hablo con evasivas, debo deciros que el mayor de los bienes para un humano es el ir manteniendo los ideales de la virtud con sus palabras y tratar de tantos temas como hemos hablado, examinándome a mí mismo y a los demás, pues, una vida sin examen propio y ajeno no merece ser vivida por ningún hombre, me creáis o no. Sin embargo, es tal cual os digo, pero ya sé lo difícil que es convenceros. Pero tampoco soy de los que aceptan gratamente condenas injustas. Si me sobrara el dinero me habría puesto una multa que fuera capaz de soportar, pues no representaría un perjuicio para mí. Pero como no lo tengo, sois vosotros los que debéis tasar la multa. Tal vez, rebuscando podría pagaros hasta una mina de plata. Así que, esta es la suma que os propongo. Pero algunos de los presentes, como Platón, Critón y Critóbulo, me instan a que os proponga ascender hasta treinta minas, de las que ellos se hacen fiadores. Propongo, pues, esta nueva suma. Y tendréis en ellos a unos fiadores de total solvencia.

Apología:38d-39c

Por no querer aguardar un poco más de tiempo, os llevaréis, atenienses, la mala fama de haber hecho morir a Sócrates, un hombre sabio, pues para avergonzaros, os dirán que yo era un sabio, a pesar de no serlo. Si hubierais sabido esperar un poquito más, habría llegado el mismo desenlace aunque de un modo natural, pues considerad la edad que tengo y cuán recorrido tengo el camino de la vida y que cercana ronda la muerte. Lo dicho no va para todos, sino solamente para los que me habéis condenado a muerte.

Y a éstos aún tengo algo más que decirles: quizá penséis, atenienses, que es por falta de razones o por la pobreza de mi discurso por lo que he sido condenado, me refiero a aquel tipo de discursos que no he usado, en los que se recurre a todo tipo de recursos con tal de escapar del peligro. Nada más lejos de la realidad. Sí, me he perdido por cierta falta pero no de palabras, sino de audacia y osadía, y por querer negarme a hablar ante vosotros de la manera que os hubiera satisfecho, entonando lamentaciones, y diciendo otras muchas cosas que yo sostengo que son indignas e inesperadas en mí, aunque estéis acostumbrados a oírlas en otros. Pero yo, ni antes creí que no hacía falta llegar a la deshonra para evitar los peligros, ni ahora me arrepiento de haberme defendido así; pues prefiero morir por haberme defendido así, que vivir si hubiera tenido que recurrir a medios indignos. Pues es evidente que muchos en los combates se escapan de la muerte a costa de abandonar sus armas e implorar el perdón de los enemigos. En todos los peligros hay muchas maneras de evitarlos, sobre todo para quienes están dispuestos a claudicar. Pero lo más difícil no es el escapar de la muerte, sino el evitar la maldad, pues ésta corre mucho más deprisa que la muerte. Y a mí, que ya soy viejo y ando algo torpe, me ha pillado la primera de las dos, mientras que a mis acusadores, que aún son jóvenes y ágiles, van a ser atrapados por la segunda.

Así, que ahora, yo voy a salir de aquí condenado a muerte por vuestro voto, pero ellos marcharán llenos de maldad y vileza, acusados por la verdad. Yo me atengo a mi condena, pero ellos deben soportar también la suya. Tal vez era así, como debían transcurrir los hechos. Y pienso que incluso están bien, tal cual están.

Apología:39c-42a
Después de todo esto, quiero añadir lo que veo que os va a suceder a los que me habéis condenado pues cuando los hombres van a morir es cuando gozan mayormente del don de profetizar. Os predigo, que después de mi muerte caerá sobre vosotros, ¡por Zeus!, un castigo mucho más duro del que me acabáis de infringir. Acabáis de condenarme con la esperanza de quedar libres de responder de vuestros actos, pero, lo que os profetizo, es que las cuentas os van a salir muy al revés: cada día aumentará el número de los que os van a exigiré explicación de vuestros actos y a los que hasta ahora yo he podido contener, aunque vosotros ni lo advertíais, y tanto más duros serán, cuanto que son más jóvenes y por ello más exigentes y por todo ello, viviréis aún mucho más enojados. Estáis rotundamente equivocados si creéis que la mejor manera de iros desembarazando de los que os recriminan, es el de irlos matando. No es este el modo más honrado de cerrar la boca a quienes os inquietan, sino que hay otro mucho más fácil: no perjudicar a los demás y mejorar nuestra conducta en todo lo posible.

Con estas predicciones, como si de un oráculo fueran, quiero despediros de los que habéis votado mi muerte.

Y ahora, me gustaría conversar con los que me habéis absuelto, conversando sobre lo que aquí ha sucedido a la espera de que los magistrados acaben de trajinar con estos asuntos y que me conduzcan a donde debo esperar la muerte. Permaneced, atenienses, conmigo el tiempo que esto dure, pues nada nos impide platicar.

Querría mostraros, como amigos que sois, cuál es mi interpretación de lo que acabamos de vivir.
¡Oh jueces!, y os llamo jueces con toda propiedad por haberlo sido conmigo, algo sorprendente me acaba de suceder y es, que aquella voz del daimon, que antes se me presentaba tan frecuentemente para oponerse a cuestiones, incluso mínimas, si creía que iba a actuar a la ligera, hoy, que según la mayoría acaba de sucederme lo peor que podía sufrir, como es encontrarme con la muerte, no me ha alertado de la presencia de ningún mal. Ni al salir de casa esta mañana, ni cuando subía al Tribunal, ni en ningún momento de mi apología, dijera lo que dijera, me ha impedido seguir hablando, cuando en otras ocasiones llegó a quitarme la palabra en la mitad del razonamiento, según lo que estuviera hablando.

¿Qué sospecho que hay detrás de todo esto?

Voy a aclarároslo: lo que me acaba de suceder es para mí un bien y, por tanto, no son válidas nuestras conjeturas cuando consideramos la muerte como el peor de los males. Esta es la razón de más peso para convencerme de ello: de lo contrario esa voz del genio se hubiera opuesto para impedir los hechos, si lo que me iba a ocurrir se tratara de un mal y no de un bien.
Pero aún puedo añadir nuevas razones para convenceros de que la muerte no es una desgracia, sino una ventura: una de dos: o bien la muerte supone ser reducido a la nada, y por ello no es posible ningún tipo de sensación, o de acuerdo con lo que algunos dicen, simplemente se trata de un cambio o mudanza del alma de éste hacia otro lugar.

Si la muerte es la extinción de todo deseo y es como una noche de profundo sueño, pero sin ensoñar, ¡maravillosa ganancia sería! Es mi opinión de que si nos obligaran a escoger entre una noche sin sueños pero plácidamente dormida, con otras noches con ensoñaciones o con otros días de su vida, que después de una buena reflexión tuvieran que escoger qué días y noches han sido los más felices, pienso que no sólo cualquier persona normal, sino que incluso el mismísimo rey de Persia, encontraría pocos comparables con la primera. Si la muerte es algo parecido, sostengo que es la mayor de as ganancias, pues toda la serie del tiempo se nos aparece como una sola noche.

Pero si la muerte es una simple mudanza de lugar, y si, aún más, es cierto lo que cuentan, que los muertos están todos reunidos, oh jueces, ¿sois capaces de imaginar algún bien mayor?
Pues, uno, al llegar al reino del Hades, liberado de todos esos que aquí se hacen pasar y llamar por jueces, nos encontraremos con los que son auténticos jueces y que, según cuentan, siguen ejerciendo sus funciones. A Minos, Radamanto y Triptólomeno, y a toda una larga lista de semidioses que fueron justos en su vida. Y, ¿qué me decís del poder reunirme con Orfeo, Museo, Hesiodo y Homero?, ¿qué no pagaría cualquiera de vosotros si esto es así? En lo que a mí se refiere, mil y mil veces, prefiero estar muerto si tales cosas son verdad! Qué maravilloso pasatiempo sería para mí poder encontrarme con Palamedes, y con Ayax, hijo de Telamón, y todos los héroes de los tiempos pasados, víctimas también de otros tantos procesos injustos. Aunque sólo fuera para poder comparar sus experiencias con las mías, ya me daría por satisfecho. Mi mayor placer sería pasar mis días interrogando a los de allá abajo, como durante toda mi vida terrena lo he hecho con los de aquí, para ver quiénes entre ellos son los auténticamente sabios y quiénes creen serlo, pero que en realidad no lo son. Qué precio no pagaríais, oh jueces, para poder examinar a quien condujo contra Troya a aquel numeroso ejercito, o no digamos, si es el mismo Ulises o Sísifo, o tantos hombres y mujeres que ahora no puedo ni citar? Estar con ellos, gozar de su compañía e interrogarlos, sería el colmo de mi felicidad.

En cualquier caso, creo que Hades no me llevaría a un juicio y me condenaría a muerte por profesar mi oficio. Ellos son, allá, mucho más felices que los de aquí y entre muchas razones por la de ser inmortales para el resto de los tiempos, si es que son verdad las cosas que se dicen. Vosotros también, oh jueces míos, debéis tener buena esperanza ante la muerte y convenceros de que una cosa es cierta: la de que no hay mal posible para un hombre de bien, ni durante esta vida, ni después en el reinado de la muerte, y que los dioses jamás descuidan los asuntos de estos hombres justos. Lo que me ha sucedido a mí, no es fruto de la causalidad, sino que al contrario veo claro que el morir y quedar libre de ajetreos, era lo mejor para mí.

Es por eso por lo que en ningún momento me ha disuadido la voz del genio y que por lo que respecta por mi parte, no estoy enojado lo más mínimo contra mis jueces, ni contra mis acusadores, a pesar de que no eran esas sus intenciones al acusarme y condenarme, sino la de hacerme algún mal.

Y ahora debo pediros un último favor:

Cuando mis hijos Lleguen a ser mayores, atenienses, castigadles, como yo os he incordiado durante toda mi vida, si os parece que se preocupan más de buscar riquezas o negocios antes que de la virtud.
Y si presumen creer ser algo, sin serlo de verdad, reprochadles como yo os he reprochado, exigiéndoles que se cuiden de lo que deben y no creerse ser algo, cuando en realidad nada valen.

Si hacéis esto, ellos y yo habremos recibido el trato que merecemos.

Y no tengo nada más que decir. Ya es la hora de partir.
Yo a morir, vosotros a vivir.

Entre vosotros y yo, ¿quién va a hacer mejor negocio?

Cosa oscura es para todos, salve, si acaso, para el dios.

EL MATERIALISMO

EL MATERIALISMO
Así, consideramos indispensable conocer muy bien el materialismo. Debemos hacerlo, sobre todo porque las concepciones de esta filosofía son muy mal conocidas y han sido falsificadas. Debemos hacerlo, también,. porque, por nuestra educación, por la instrucción que hemos recibido sea primaria o desarrollada, por nuestros hábitos de vivir y de razonar, todos, más o menos, sin darnos cuenta, estamos impregnados de concepciones idealistas.

Por lo que es una necesidad absoluta, para aquellos que quieren estudiar el marxismo, conocer su base: el materialismo.

De dónde procede el materialismo
Hemos definido la filosofía, de manera general, Como, un esfuerzo para explicar el mundo, el universo. Pero sabemos que, según el estado de 198 conocimientos humanos, sus explicaciones han cambiado y que, en el transcurso de la historia de la humanidad, dos actitudes han estado de explicar el mundo: una, anticientífica, que recurre a uno o a varios espíritus superiores, a fuerzas sobrenaturales; otra, científica,’ que se funda en hechos y en experiencias.

Una de está concepciones es defendida por los filósofos idealistas; la otra, por los materialistas.

Si el idealismo ha nacido de la ignorancia de los hombres y veremos cómo se mantuvo la ignorancia, sostenida en la historia de las sociedades por fuerzas que compartían las concepciones idealista, el materialismo ha nacido de la lucha de las ciencias contra la ignorancia o el oscurantismo.

Por eso esta filosofía fue tan combatida y, aún en nuestros días, en su forma moderna el materialismo dialéctico, es poco conocida, si no ignorada o pegada, por el mundo universitario oficial.

Evolucionado del materialismo
Contrariamente a lo que pretenden los que combaten esta filosofía, y que dicen que esta doctrina no ha evolucionado desde hace veinte siglos, la historia del materialismo nos muestra esta filosofía como algo vivo y siempre en movimiento.

En el transcurso de los siglos, los conocimientos científicos de los hombres han progresado. En los comienzos de la historia del pensamiento, en la edad griega, los conocimientos científicos eran casi nulos y los primeros sabios eran al mismo tiempo filósofos porque, en esa época, la ‘filosofía y las ciencias nacientes formaban un todo, ya que una era la prolongación de las otras.

En adelante, como las. ciencias establecían precisiones en la explicación de los fenómenos del mundo, explicaciones que trataban y hasta estaban en contradic-ción con las de los filósofos idealistas, surgió un antagonismo entre la filosofía y las ciencias.

Como las ciencias estaban en contradicción con la filosofía oficial de esa época, fue necesario que se separaran.

El materialismo nacido de las ciencias, ligado a ellas y dependiente de ellas ha progresado, evolucionando con ellas, para llegar con el materialismo moderno el de Marx y Engels, a reunir de nuevo la ciencia, la filosofía en el materialismo dialéctico.

EL IDEALISMO

 

 
El Idealismo moral y el Idealismo Filosófico
Hemos visto la confusión creada por el lenguaje corriente en lo que concierne al materialismo. En la misma confusión se incurre a propósito del idealismo.

No hay que confundir, en efecto, el idealismo moral con el idealismo filosófico.

Idealismo moral.
El idealismo moral consiste en consagrarse a, una causa, a un ideal. Sabemos por la historia del movimiento obrero internacional, cuántos revolucionarios marxistas se han consagrado hasta él sacrificio de su vida por un ideal moral y, sin embargo, eran adversarios de ese otro idealismo que se llama idealismo filosófico.

Idealismo filosófico
El idealismo filosófico es una doctrina que tiene como base la explicación de la materia por el espíritu.

El razonamiento es el que responde a la cuestión fundamental de la filosofía diciendo: «El pensamiento es el elemento principal, el más importante, el primero». Y el idealismo, afirmando la importancia primera del pensamiento, sostiene que es él el que produce el ser, o dicho de otro modo: «el espíritu es el que produce la materia.

He aquí la primera forma del idealismo, que se ha desarrollado en las religiones asegurando que Dios, «espíritu puro» fue el creador de la materia.

La religión, que ha pretendido y pretende aún permanecer fuera de las discusiones filosóficas es, por el contrario, la representación directa y lógica de la filosofía idealista.

Ahora bien, como la ciencia intervino en el transcurso de los siglos, llegó a ser necesario explicar la materia, el mundo, las cosas, de otro modo que por Dios solamente. Porque desde el siglo XVI, la ciencia comienza a explicar los fenómenos de la naturaleza sin tener en cuenta a Dios y prescinciendo de la hipótesis de la creación.
Para combatir mejor estas explicaciones científicas, materialistas y ateas, había que llevar más lejos el idealismo y hasta negar la existencia de la materia.

A eso se dedicó; a principios del siglo XVIII; un obispo inglés, Berkelery, a quien se ha llamado el padre del idealismo.

Idealismo de Berkeley
La finalidad de su sistema filosófico era destruir el materialismo, tratar de demostrarnos que la substancia material no existe; En el prefacio de su libro Diálo-gos entre Hylas y Filonus, escribe.

Así; pues, para Berkeley, lo verdadero es que la materia no existe y que es paradójico pretender lo contrario.

Vamos a ver cómo se las arregla para demostrarlo. Pero creo que no es inútil insistir en que aquellos que quieran estudiar la filosofía tomen la teoría de berkeley en gran consideración.

Sé que pretender tales cosas hará sonreír a algunos, pero no hay que olvidar que vivimos en el siglo XX y nos beneficiamos con todos los estudios del pasado. Se verá, por otra parte, cuando estudiemos el materialismo y su historia, que los filósofos materialistas de tiempo atrás también harán sonreír.

Pero hay que saber que Diderot, que fue antes que Marx y Engels el más grande entre los pensadores materialistas, atribuía al sistema de Berkeley cierta importancia, puesto que lo describe como un:
Sistema, para vergüenza del espíritu humano, para vergüenza de la filosofía, es el más difícil de combatir, aunque es el más absurdo de todos.

El mismo Lenin, en su libro, consagró numerosas páginas a la filosofía de Berkeley:
Los «novísimos» machistas no han aducido contra los materia-listas ni un solo argumento, literalmente ni uno solo, que no se pueda encontrar en el obispo Berkeley.

y he aquí la apreciación del inmaterialismo de Berkeley en un manual de historia de la filosofía difundido aún hoy en los liceos.

Teoría aún imperfecta, sin duda, pero admirable, y que debe destruir para siempre, en los espíritus filosóficos, la creencia en la existencia de una substancia material.

Es decir, la importancia de ese razonamiento filosófico.

El Idealismo de Berkeley
La finalidad de ese sistema consiste en demostrar que la materia no existe.

Berkeley decía.
La materia no es lo que creemos, pensando que existe fuera de nuestro espíritu. Pensamos que las cosas existen porque las vemos, porque las tocamos: y como ellas nos brindar esas sensaciones, creemos en su existencia.

Pero nuestras sensaciones no son más que ideas que tenemos en nuestro espíritu. Así, pues, los objetos que percibimos por nuestros sentidos no son otra cosa más que ideas y las ideas no pueden existir fuera de nuestro espíritu.

Para Berkeley, las cosas existen, no niega su naturaleza y su existencia, pero sólo existen en forma de sensaciones que nos las hacen conocer, y dice nuestras sensaciones y los objetos no son más que una sola y misma cosa.

Las cosas existen, es verdad; pero en nosotros, en nuestro espíritu, y no tienen ninguna substancia fuera del espíritu.

Concebimos las cosas con ayuda de la vista; las percibimos con ayuda del tacto; el olfato nos informa sobre el olor; el sabor, sobre el gusto; el oído, sobre los sonidos. Estas diferentes sensaciones nos dan idea que, coordinadas unas con otras, hacen que nosotros les demos un nombre común y las consideremos como objetos.

Se observa, por ejemplo, un color, un gusto, un olor, una forma, una consistencia determinados se reconoce este conjunto como un objeto que se designa con la palabra manzana; Otras combinaciones de sensaciones (nos dan) otras colecciones de ideas (que) constituyen lo qué se llama la piedra, el árbol, el libro y los otros objetos sensibles.

Por tanto, somos víctimas de ilusiones, cuando creemos conocer como exteriores el mundo y las cosas, puesto que todo eso no existe más que en nuestro espíritu.

En su libró Diálogos entre Hylas y Filonus, Berkeley nos demuestra esta tesis de la manera siguiente.

Fil. ¿Puede ser verdadera una doctrina cuando nos hace caer en el absurdo?
Hill. Sin duda alguna puede serlo.
Fil. ¿Y no es absurdo pensar que la misma cosa sea a la vez caliente y fría?
Hill. Si lo es.
Fil. Suponte que una de tus manos está caliente y la otra fría y que las dos se sumergen a la vez en la misma vasija de agua en un estado intermedio de temperatura; lo aparecen el agua caliente para una mano y fría para la otra?.

Como es absurdo creer que una misma cosa en el mismo momento pueda ser en sí misma diferente, debemos sacar la conclusión de que esta cosa no existe más que en nuestro espíritu.

¿Qué hace Berkeley en su método de razona’ miento y de discusión? Despoja los objetos, las cosas, de todas sus propiedades:

¿Decís que los objetos existen porque tienen un color un sabor, un olor,~ porque son tan grandes o pequeños, livianos o pesados? Voy a demostrar que eso no existe en los objetos sino en nuestro espíritu.

He aquí un retal de tejido: me decís que es rojo, ¿Será así con seguridad?. Pensáis. que el rojo está en el tejido mismo. ¿Es cierto?.

Sabéis que hay animales. que tienen ojos diferentes de los nuestros y que no verán rojo este tejido; del mismo modo, un hombre, que tenga ictericia lo verá amarillo. Entonces ¿de que color es? ¿Decís que eso depende? El. rojo no está pues en el tejido, sino en, el ojo, en nosotros
¿Decís que ese tejido es liviano? Dejadlo caer sobre una hormiga y lo encontrará pesado. ¿Quién tiene razón, pues? Pensáis que es caliente? Si tuvieráis fiebre, lo encontraríais frío. entonces ¿es caliente o frío?

En una palabra, si las mismas cosas pueden ser en el mismo instante para unos roja, pesadas, calientes y para otros exactamente lo contrario, es que somos víctimas de ilusiones y que las cosas sólo existen en nuestro espíritu.

Despojando los objetos de todas sus propiedades, llegamos a decir que no existen mas que en nuestro pensamiento, es decir, que la materia es una idea.

Ya antes que Berkeley, los filósofos griegos decían, y era exacto, que algunas cualidades, como el sabor, el sonido, no estaban en las cosas mismas, sino en noso-tros.

Lo que hay de nuevo en la teoría de Berkeley es justamente que extienda esta observación a todas las cualidades dé los objetos.

Los filósofos griegos habían establecido, entre las cualidades de las cosas, la distinción siguiente:

Por una parte, las cualidades primarias, es decir, las que están en los objetos, como el tamaño, el peso, la resistencia, etc.

Por otra para, las ciudades secundarias, es decir, las que están en nosotros, como el olor, el sabor, el calor, etc.

Berkeley aplica a las cualidades primarias la misma tesis que a las secundarias, a saber, que las cualidades, las propiedades, no están en los objetos; sino en nosotros.

Si miran el Sol, lo vemos redondo, plano, rojo. La ciencia nos enseña que nos, engañamos, que el Sol no es plano, no es rojo., Haremos abstracción, pues, por la ciencia, de algunas falsas propiedades que atribuimos al Sol, pero, sin sacar por ello, la conclusión de que no existe. Sin embargo Berkeley llega a esa conclusión.
Berkeley ley no se ha equivocado demostrando que la distinción de los antiguos no resistía el análisis científico, poco incurre en una falta de razonamiento, en un sofisma, sacando de esas observaciones consecuencias que no admiten. Demuestra, en efecto, que las cualidades de las cosas no son tales corno las revelan nuestros sentidos, es decir, que nuestros sentidos nos engañan y deforman la realidad material, y en seguida saca la conclusión de que la realidad material no existe.

Consecuencias de los razonamientos ‘idealistas»
Como la tesis era: «todo no existe más que en nuestro espíritu», ésos razonamientos llegan a hacernos creer que el mundo exterior no existe.

Siguiendo este razonamiento hasta el extremo llegamos a decir: «Soy el único que existe, puesto que sólo conozco a los otros hombres por mis ideas, puesto que los otros hombres sólo son para mí; como los objetos materiales, colecciones de ideas». Es lo que en filosofía se llama el solipsismo (que quiere decir solo, yo, mismo).

Berkeley nos dice Lenin en su libro ya citado, se defiende por instinto contra la acusación de sostener tal teoría. Hasta se comprueba que el solipsismo, forma ex-trema del idealismo, no ha sido sostenido por ningún filósofo.

Por eso debemos dedicarnos, discutiendo con los idealistas, a subrayar que los razonamiento que niegan efectivamente la materia, para ser lógicos y consecuentes, deben llegar a éste extremo absurdo que es el solipsismo.

Los argumentos idealistas.
Nos hemos limitado a resumir en la forma más simple la teoría de Berkeley, porque es él quien ha expuesto más francamente lo que es el idealismo filosófico.

Es cierto que para comprender bien esos razonamientos que son nuevos para nosotros, es indispensable tomarlos muy en serio y hacer un esfuerzo intelectual.
El idealismo se presenta de una manera más oculta, cubierto con palabras y expresiones nuevas, todas las filosofías idealistas no hacen más que repetir los argumentos del «viejo Berkeley».

Como la base de los argumentos de todas las filosofías idealistas. se encuentran en los razonamientos del obispo Berkeley, para resumir este capítulo, vamos a tratar de descifrar cuáles son esos. principales argumentos y qué tratan de demostrarnos.

EL ESPIRITU CREA LA MATERIA
Sabemos que esta es la respuesta idealista a la cuestión fundamental de la filosofía; es la primera forma del idealismo que se refleja en las diferentes religiones en las que se afirma que el espíritu ha creado el mundo.

Esta afirmación puede tener dos sentidos.
Ben Dios ha creado el mundo y éste existe real-mente fuera de nosotros. Es el idealismo ordinario de las teologías.
Bien Dios, ha creado la ilusión del mundo dándonos ideas que no corresponden a nada. Es el idealismo «inmaterialista» del obispo Berkeley, que quiere probarnos que el espíritu es la única realidad, pues la materia es un producto fabricado por nuestro espíritu.

Por eso los idealistas afirman que:
EL MUNDO NO EXISTE FUERA DE NUESTRO PENSAMIENTO
Es lo que Berkeley quiere demostrarnos afirmando que cometemos un error si atribuimos a las cosas, como propias de ellas, cualidades y propiedades que no existen más que en nuestro espíritu.

Para los idealistas, los bancos y las mesas existen, sin duda, pero sólo en nuestro pensamiento, y no fuera de nosotros, porque.

SON NUESTRAS IDEAS LAS QUE CRÉAN LAS COSAS
Dicho de otro modo, las cosas son el reflejo de nuestro pensamiento. En efecto, puesto que el espíritu es el que crea la ilusión de la materia, puesto que el espíritu es el que da. a nuestro pensamiento la idea de la materia, puesto que las sensaciones que experimentamos ante las cosas no provienen dé las cosas mismas, sino sólo de nuestro pensamiento, la causa de la realidad del mundo y de las cosas es nuestro pensamiento y, por consiguiente, todo lo que nos rodea no existe fuera de nuestro espíritu y sólo puede ser el reflejo de nuestro pensamiento. Pero como, para Berkeley, nuestro espíritu sería incapaz de crear por sí solo sus ideas. y que, por otra parte, no hace lo que quiere, como ocurriría si las creara por sí mismo, hay que admitir que otro espíritu más Poderoso es el qué las crea. Así, Dios es el que crea nuestro espíritu y nos importe todas las ideas. del mundo que encontramos en él.

FILOSOFIA

CONCEPTO
Ciencia sobre las leyes universales a que se hallan subordinados tanto el ser (es decir, la naturaleza y la sociedad) como el pensamiento del hombre, el proceso del conocimiento. La filosofía es una de las formas de la conciencia social y esta determinada, en última instancia, por las relaciones económicas de la sociedad. La cuestión fundamental de la filosofía como ciencia especial estriba en el problema de la relación entre el pensar y el ser, entre la conciencia y la materia. Todo sistema filosófico constituye una solución concreta y desarrollada de dicho problema, incluso si la “cuestión fundamental” no se formula claramente en el sistema. El termino filosofía se encuentra por primera vez en Pitágoras; en calidad de ciencia especial, lo introdujo por primera vez Platón.

La filosofía surgió en la sociedad esclavista como ciencia que unía todos los conocimientos que el hombre poseía acerca del mundo objetivo y acerca de si mismo, cosa perfectamente natural dado el bajo nivel de desarrollo del saber en las etapas primeras de la historia humana. En el curso del desarrollo de la practica en el ámbito de la producción social, y a medida que se acumularon conocimientos científicos, ocurrió un proceso de “desprendimiento por gemación” de algunas ciencias respecto a la filosofía, a le vez que esta se formaba como ciencia independiente. La filosofía como ciencia surge de la necesidad de estructurar una concepción general del mundo, de investigar los principios y leyes generales del mismo; surge de la exigencia de un método de pensamiento acerca de la realidad fundado en lo racional, en la lógica.

PROBLEMA DE LA CIENCIA
Dos concepciones para explicar el mundo.
La filosofía es el «estudio de los problemas más generales» y que tiene por objeto explicar el mundo, la naturaleza, el hombre.
Si abrimos un manual de filosofía burguesa quedamos azorados ante la cantidad de filosofías diversas que se encuentran allí. Son designadas por múltiples palabras más o menos complicadas que terminan el «ismo»:el criticismo, el evolucionismo, el intelectualismo, etc., y esta cantidad crea la confusión La burguesía, por otra parte, no ha hecho nada para aclararla, muy al contrario. Pero nosotros podemos separar estos razonamientos en dos grandes corrientes, en dos concepciones netamente opuestas.

a). La concepción científica.
b). La concepción no-científica del mundo.

La Materia y el Espíritu.
Cuando los filósofos se han propuesto explicar las cosas del mundo, de la naturaleza, del hombre; en fin, de todo lo que nos rodea, se han visto en la necesidad de hacer distinciones. Nosotros mismos comprobamos que hay cosas, objetos que son materiales, que vemos y tocamos. Además, otras que no vemos y que no podemos tocar, ni medir, como nuestras ideas.

Por tanto, clasificamos las cosas de este modo: por una parte, las que son materiales; por otra, las que no son materiales y que pertenecen al dominio del espíritu, del pensamiento, de las ideas

Es así como los filósofos se han encontrado en presencia de la materia y del espíritu.

¿Qué es la Materia, qué es el Espíritu?
Acabamos de ver, de una manera general, que las cosas han llegado a clasificarse como materia o espíritu.

Pero debemos indicar con precisión que ese distingo se hace en diferentes formas y con diferentes palabras.

Es así como, en lugar de hablar del espíritu, hablamos del pensamiento, de nuestras ideas, de nuestra con ciencia, de nuestra alma, lo mismo que, hablando de la naturaleza, del mundo, de la tierra, del ser, nos referimos a la materia.

Engels, en su libro Ludwig Feuerbach, habla del ser y del pensamiento. El ser es la materia; el pensamiento es el espíritu.

Para definir lo que es el pensamiento o el espíritu y el ser o la materia, diremos:

El pensamiento es la idea que nos hacemos. de las cosas; ciertas ideas surgen ordinariamente de nuestras sensaciones y corresponden a objetos materiales; otras ideas; como las de Dios, de la filosofía, del infinito, del pensamiento mismo, no corresponden a objetos materiales. Lo que debemos retener aquí como esencial es que tenemos ideas, pensamientos, sentimientos, porque vemos y sentimos.

La materia o el ser es lo que nuestras sensaciones y nuestras percepciones nos muestran y nos dan; es, de una manera general, todo lo que nos rodea, lo que se llama el «mundo exterior». Por ejemplo: mi hoja de papel es blanca. Saber que es blanca, es una idea, y son mis sentidos los que me dan esta idea. La materia es la hoja misma.

Por eso, cuando los filósofos hablan de las relaciones entre el ser y el pensamiento, o entre el espíritu y la materia, o entre la conciencia y el cerebro, etc., todo esto es lo mismo y quiere decir. ¿Cuál es, entre la materia o el espíritu, entre el ser o el pensamiento, el más importante, el que domina, en fin, el que apareció primero? Es lo que se llama.
La cuestión o el problema fundamental de la Filosofía.
Se tiene la tendencia a pensar que en cierto momento, no había nada. Por eso es más fácil creer lo que enseña la religión. «El espíritu planeaba por encima de las tinieblas, después fue la materia». Del mismo modo, uno se pregunta dónde están nuestros pensamientos, y he aquí planteado el problema de las relaciones que existen entre el espíritu y la materia, entre el cerebro y el pensamiento. Por otra parte, hay muchas otras maneras de plantear la cuestión. Por ejemplo ¿cuáles con las rela-ciones entre la voluntad y el poder? La voluntad aquí es el espíritu, el pensamiento, y el poder es lo posible, el ser, la materia. También tenemos la cuestión de las rela-ciones entre la «existencia social» y la «conciencia social».

Vemos, por, tanto, que la cuestión fundamental de la filosofía se presenta con diferentes aspectos y se ve qué importante es reconocer siempre la manera cómo se plantea ese problema de las relaciones entre la materia y el espíritu, porque sabemos que sólo puede haber allí dos respuestas para esta cuestión.

1. Una respuesta científica.
2. Una respuesta no-científica.

Idealismo o Materialismo
Es así como los filósofos se han visto en la necesidad de tomar una posición en esta importante cuestión.

Los primeros hombres, completamente ignorantes no teniendo ningún conocimiento del mundo y de ellos mismos, atribuían a seres sobrenaturales la responsabilidad de lo que les sorprendía. En su imaginación excitada por los sueños, donde veían vivir a sus amigos y a ellos mismos, llegaron a la concepción de que cada uno de nosotros tiene una doble existencia. Turbados por la idea de ese «doble», llegaron a figurarse que sus pensamientos y sus sensaciones.

No eran funciones de su cuerpo, sino de un alma especial, que moraban en ese cuerpo y lo abandonaban al morir.

Después surgió la idea de la inmortalidad del alma y de una vida posible del espíritu fuera de la materia.

Los hombres necesitaron muchos siglos para llegar a descifrar la cuestión de esa manera. En realidad, sólo desde la filosofía griega (y, en particular, desde Platón, hace alrededor de veinticinco siglos), han opuesto abiertamente la materia y el pensamiento.

Sin duda, hacía mucho tiempo que suponían que el hombre continuaba viviendo después de la muerte en forma de «alma», pero imaginaban esta alma como una especie de cuerpo transparente y ligero y no en forma de pensamiento puro.

De la misma manera, creían en dioses, seres más poderosos que los hombres, pero los imaginaban en forma de hombres o de animales, como cuerpos materiales. Sólo más tarde, las almas y los dioses (después el Dios único que ha reemplazado a los dioses) que concibieron como puros espíritus.

Se llegó entonces a la idea de que hay en la realidad espíritus que tienen una vida completamente específica, completamente independiente de la de los cuerpos, y que no necesitan cuerpos para existir.

Más adelante, esta cuestión se planteó de una manera más precisa con respecto a la religión, en esta forma. ¿el mundo fue creado por Dios, o existe desde toda una eternidad?
Los filósofos se dividían en dos grandes campos, según la contestación que diesen a esta pregunta.
Los que, adoptando la explicación no científica, admitían la creación del mundo por Dios, es decir, afirmaban que el espíritu había creado la materia, formaban en el campo del idealismo.

Los otros, los que trataban de dar una explicación científica del mundo y pensaban que la naturaleza, la materia, era elemento principal, pertenecían a las diferentes escuelas del materialismo.

Originalmente esas dos expresiones, idealismo y materialismo, no significaban más que eso.

El idealismo y el materialismo son, pues, dos respuestas opuestas y contradictorias al problema funda-mental de la filosofía.

El idealismo es la concepción no científica. El materialismo es la concepción científica en el mundo.

Se verán más adelante las pruebas de esta afirmación pero podemos decir, desde ahora, que se comprueba bien en la experiencia que hay cuerpos sin pensamiento, como las piedras o los metales, la tierra pero que no se comprueba nunca la existencia del espíritu sin cuerpo.
¿Por qué piensa el hombre?, no pueden ser más que dos, del todo diferentes y totalmente opuestas.
1. El hombre piensa porque tiene alma.
2. El hombre piensa porque tiene cerebro.
Según nos inclinemos por una u otra respuesta daremos soluciones diferentes a los problemas que derivan de estas cuestiones.
La cuestión consiste en saber si el cerebro ha sido creado por el pensamiento o si el pensamiento es un producto del cerebro.
Según sea nuestra respuesta, seremos idealistas o materialistas.

 

PSICOLOGÍA: Papalia, Diane – Wendkos Olds, Sally

 

¿QUÉ ES LA PSICOLOGÍA?
La Psicología es el estudio científico del comportamiento y de los procesos mentales, el término “Psicología” proviene de las palabras griegas psiche (alma) y logos (estudio), y revela que la definición, en sus orígenes, se refería al estudio del alma (mas tarde a la mente). El comportamiento incluye, en su más amplia definición, aquellas acciones que se pueden observar como facilidad, tales como la actividad física y la expresión oral, así como otros “proceso mentales, que no pueden ser observados directamente, tales como la percepción, el pensamiento, el recuerdo y los sentimientos.

HISTORIA DE LA PSICOLOGIA
La historia de la Psicología data dela antigüedad, de cuando filósofos y líderes religiosos se preguntaban sobre la naturaleza humana e intentaban explicar el comportamiento humano, la Psicología como ciencia es una disciplina mucho más joven, tiene poco más de cien años. La Psicología es, en efecto, hija de dos padres; la filosofía (la búsqueda de sabiduría a través del razonamiento lógico) y la fisiología (el estudio de los procesos vitales de un organismo, tales como la respiración, la digestión la reproducción.

LAS ESCUELAS DE PSICOLOGÍA
La controversia que gira en torno a muchos los problemas psicológicos fundamentalmente se basa en las diferentes formas en que los distintos psicólogos ven la naturaleza misma de los seres humanos. En el campo han surgido agrias y violentas disputas, como ocurre en cualquier empresa llena de creativos, brillantes y obstinados innovadores.

Estructuralismo. Uno de los alumnos de Wundt, Edward Bradford Titchener definió el trabajo de su maestro como “estructuralismo” y lo dio a conocer en América. Titchener opinaba que la nueva Psicología debía analizar la conciencia reduciéndola a sus unidades elementales, para él la estructura de la mente humana consta en más de 30.000 sensaciones, sentimientos e imágenes separadas, y nada mas.

Funcionalismo. Considerado como el primer sistema de Psicología realmente americano, el funcionalismo era a la vez mas científico o más practico que el estructuralismo. Los funcionalistas ampliaron el campo de la Psicología. Desarrollaron muchos métodos de investigación más allá de la introspección, incluyendo cuestionarios, pruebas mentales y descripciones objetivas del comportamiento.

Psicología de la Gestalt. Los psicólogos alemanes, que fundaron la escuela de la Gestalt a principios del siglo XX, lanzaron la idea de que no son los elementos individuales de la mente los que son importantes (como mantenían los estructuralistas), sino las “gestalt”, la forma o configuración que estos elementos conforman. (los conductistas, los gestalistas reconocían la importancia de la conciencia; sólo que se opusieron a considerarla como un conj8unto de piezas sueltas

Psicoanálisis. Sigmund Freud desarrolló el psicoanálisis, complemento la “Psicología de la “conciencia” de Wundt con su “Psicología” del inconsciente, el psicoanálisis no intentó ser una ciencia pura. Su interés no recayó en la acumulación de conocimientos sobre la mente normal, sino en la aplicación inmediata de una nueva manera de tratar a individuos que manifestaban un comportamiento anormal. El enfoque freudiano generó violentas controversias, algunas de las cuales todavía están latentes hoy.

Conductismo. La Psicología, tal como la ve el conductista, nació la nueva escuela conductista, que se había desarrollado a partir delos estudios del comportamiento animal. Los conductistas pensaban que no valía la pena intentar imaginarse lo que la gente ve o siente (como habían los estructuralistas). En su lugar se concentraron en lo que realmente podían ver. La mayor contribución de los conductistas fue el uso del método científico para estudiar el comportamiento, este método se apoyaba en los comportamientos y hechos observables, en contraste con las medidas introspectivas anteriores. El conductismo también expandió las miras de la Psicología incluyendo los estudios sobre animales como una forma de aprender más sobre las personas.

Psicología humanista. A menudo llamada “la tercera fuerza” después del conductismo y el psicoanálisis comenzó a principios de los años 50 y su influencia ha aumentado desde entonces. Psicólogos humanistas como Abraham Malow y Carl Roger protestaron contra lo que ellos consideraban la estrechez de las dos primeras corrientes, sostienen que el conductismo dice muchas cosas sobre la conducta. El humanismo ha intentado ampliar los contenidos de la Psicología para que incluya aquellas experiencias humanas que son únicas, tales como el amor, el odio, el temor, la esperanza, la alegría, el humor todos ellos aspectos que nuestras vidas que generalmente no son estudiados ni se escribe sobre ellos de una forma científica, porque se resisten a ser definidos, manipulados y medidos.

Psicología cognitiva. Se ha desarrollado a partir de las corrientes principales dela Psicología experimental e intenta descubrir que procesos del pensamiento tienen lugar en nuestra mente. Los psicólogos cognitivos no se conforman con el análisis del comportamiento en términos de simples conexiones, estímulo-respuesta, sino que intentan comprender la forma en que la mente procesa la información que percibe, esto es, cómo organiza, recuerda utiliza esta información.

AREAS DE ESPECIALIZACIÓN PSICOLÓGICA
La Psicología es una ciencia compleja y con muchas diferentes maneras de observar la mente y el comportamiento humano y de aplicar los conocimientos obtenidos, el campo es tan variado que ofrece una rica selección de oportunidades profesionales para individuos de intereses, personalidades y habilidades muy dispares.

Psicología clínica. Están manifestando la creencia común de que el psicólogo clínico representa todo el campo de la psicología, lo cual es comprensible, ya que se trata de la especialidad más amplia dentro de ella. Los psicólogos clínicos diagnostican y tratan problemas emocionales y conductuales, que fluctúan de leves a muy graves.

Asesoramiento psicológico. Los psicólogos orientadores efectúan e interpretan pruebas psicológicas. Entrevistan y observan a los que vienen a pedir ayuda, y dan consejos prácticos para resolver el problema que trajo al paciente inicialmente. La mayoría de los psicólogos orientadores trabajan en escuelas.

Psicología educativa y escolar. Los psicólogos educativos se sirven de los principios y técnicas psicológicas para contestar preguntas, los psicólogos escolares trabajan directamente con los niños, sus padres y sus maestros para ayudarles a obtener el mayor provecho de sus años escolares se centran en los logros escolares, la salud mental y la adaptación social del niño.

Psicología experimental. Estudian procesos psicológicos básicos, tales como la sensación, la percepción, el aprendizaje, la memoria, el conocimiento, la motivación y la emoción. Trabajan principalmente en los laboratorios y utilizan tanto animales como seres humanos en sus investigaciones.

Psicología fisiológica. Investigan las bases biológicas del comportamiento, especialmente el sistema nervioso y el sistema endocrino, auque algunas veces utilizan como sujetos de estudio a seres humanos con lesiones cerebrales o musculares, es más frecuente en sus investigaciones la utilización de animales, como gatos, monos ratas.

Psicología evolutiva. Estudian los cambios que se producen a lo largo de la vida, algunos se concentran sobre algunas épocas determinadas de la misma, como la infancia y la vejez, otros se centran en la evolución de determinados procesos durante toda la vida, tales como el desarrollo del razonamiento moral desde la infancia hasta la edad adulta.

Psicología de la personalidad. Los psicólogos de personalidad miden y describen la personalidad (a través de entrevistas y pruebas especialmente elaboradas al respeto) y que formulan teorías sobre su desarrollo.

Psicología social. Es la rama que estudia la manera en que impresionamos a otros y somos influenciados por ellos, tanto en grupo como en las relaciones íntimas. Los psicólogos sociales aplicados usan tales conocimientos para resolver los problemas prácticos que surgen en las relaciones pública, la publicidad en comunidades compuestas por miembros de raíces étnicas diferentes, en los lugares de trabajo y en casi todas las situaciones en que la gente se relaciona.

Psicometría. Los psicólogos psicométricos diseñan tales pruebas identificando las características que quieren medir, generando los elementos de la prueba y desarrollando después métodos estadísticos para interpretar las puntuaciones.

COMO ESTUDIAN EL COMPORTAMIENTO LOS PSICÓLOGOS
Antes de que el investigador emprenda un proyecto determinado, deberá desarrollar una teoría tentativa para explicar un comportamiento concreto. Basándose en esta teoría, el investigador generará una o varias hipótesis. Una hipótesis es una conjetura, un pronóstico cobre los resultados del estudio, el investigador comprueba estas hipótesis realizando una investigación recopilando sistemática y objetivamente los datos. Los datos representan la información recopilada, un conjunto de hechos (tales como las puntuaciones en los test). Posteriormente el investigador los interpreta al analizarlos, utilizando diversas técnicas estadísticas, las demás importantes de las cuales aparecerán en el apéndice.

¿Quienes participan en la investigación psicológica?
Los psicólogos normalmente no pueden investigar a todos los sujetos de una población, seleccionan subgrupos o muestras de esas poblaciones, existen dos técnicas fundamentales de muestreo.

 La Muestra al azar. Donde cada miembro de la población tiene la misma probabilidad de ser elegido.
 Las muestras estratificadas. El cual seleccionan distintas características en la misma proporción que se encuentran en la población.

Los estudiantes universitarios y las ratas blancas se han usado excesivamente como sujetos de investigación psicológica.

Se utilizan como técnicas de recogida de datos: historias de casos, encuestas (incluyendo cuestionarios y entrevistas), observaciones naturales y experimentos.

 En el estudio de casos. Se reúne una extensa información sobre un individuo o unos pocos individuos o unos pocos individuos
 Método de encuesta. Los psicólogos pueden reunir información sobre amplios grupos de individuos. Pueden servirse de cuestionarios o entrevistas en su mismo estudio.
 Observación natural. Los individuos son observados en ambientes “naturales” en vez de en el laboratorio experimental.

Cuando los psicólogos quieren informar sobre las relaciones de causa-efecto diseñan experimentos, estos procedimientos estrictamente controlados que pueden ser repetidos fácilmente por el mismo u otros científicos. En un experimento el psicólogo manipula la variable independiente y observa el afecto de esta manipulación en la variable dependiente. Los dos grupos de sujetos en un experimento son: el grupo experimental (el grupo sobre el que se aplica la condición experimental o tratamiento) y el grupo de control (que no recibe el tratamiento experimental). Comparando el grupo experimental y el grupo de control, los investigadores pueden determinar los efectos de su tratamiento. Los experimentos psicológicos se efectúa normalmente en el laboratorio, aunque también se pueden llevar a cabo experimentos de campo en el amiente natural de los sujetos.

Al planificar una investigación psicológica, los psicólogos deben tener en cuenta las normas éticas desarrolladas para proteger a los individuos, que actúan como sujetos experimentales.

INTRODUCCIÓN A LA PSICOLOGÍA: Davidoff, Linda

 

Se dice que la Psicología es la ciencia que estudia la conducta, la palabra conducta debe interpretarse en su sentido mas amplio, es decir como cualquier proceso o actividad humana o animal que pueda observarse y medirse objetivamente (observarse o medirse de una manera que sea razonablemente libre de juicios de valor, preferencias personales y prejuicios. Las diversas manifestaciones exteriores de la conducta (chuparse el dedo, bailotear, comer, besar y correr). Los psicólogos llaman a estos fenómenos estructuras o constructos hipotéticos y los abordan de manera especial.

LA PSICOLOGÍA COMO CIENCIA.
Cuando decimos que la Psicología es una ciencia queremos significar que los psicólogos reúnen conocimiento sobre su tema. La conducta utilizando métodos científicos tales como la experimentación y la observación, y que también se esfuerzan porque sus estudios sean tan objetivos como sea posible, y se acumulan datos en forma ordenada

LA PSICOLOGÍA DEL SENTIDO COMÚN
Esta clase de Psicología tiene por lo menos tres deficiencias importantes la primera: es que no se basan en pruebas sólidas, sino que en general se aceptan porque dan impresión de ser profundos, o que una experiencia personal real ha apoyado la veracidad del principio; la segunda: tienden a acumularse al azar y sin valoración previa y la tercera: no interpreta discernir cuáles son válidas la mayoría de las veces, para descartar las otras. Por todas estar razones la Psicología del sentido común no equivale a una Psicología bien fundamentada

Los temas de la Psicología. La Psicología en efecto, trata de la personalidad, de las emociones, de la adaptación y de la anormalidad, pero no exclusivamente. Los psicólogos estudian también temas tales como el desarrollo mental, el aprendizaje, las técnicas de medición psicológica, las bases filosóficas de la conducta, etc.

¿ES LA PSICOLOGÍA UNA CIENCIA UNIFICADA?
La Psicología no es un cuerpo de conocimientos unificados, ni completos. Los psicológicos investigan diversos temas que es difícil interrelacionar claramente. También sostienen diversos puntos de vista filosóficos sobre las metas que deben proponerse, sobre qué tema estudiar y sobre qué método utilizar.

La Psicología y los animales. Los procedimientos de colores, las cucarachas, los gusanos, los cangrejos, los murciélagos, etc sirven de sujetos de experimentación en las investigaciones psicológicas, por otra parte los animales presentan ventajas prácticas innegables como sujetos: Colaboran con el experimentador, se consiguen fácilmente y pueden someterse a estudio largo periodo, en conclusión algunos psicólogos afirman que los procesos básicos de la conducta son más fáciles de determinar en animales de organización sencilla que en humanos de organización tan compleja.

CINCO TENDENCIAS QUE FORMARON LA PSICOLOGÍA ACTUAL
WILHELM WUNDT, EDWARD TITCHENER Y EL ESTRUCTURALISMO
Wilhelm Wund, creía que la Psicología debería investigar los elementos de la mente humana, Wundt y sus seguidores preconizaban el método llamado introspección analítica, un tipo especial de auto-observación. Cada observador de sí mismo era cuidadosamente adiestrado para responder a preguntas específicas y bien definidas en el laboratorio. Edward Titchener uno delos más brillantes discípulos de Wund, emigró a Estados Unidos e hizo conocer las ideas de Wundt y se convirtió en el líder del movimiento conocido como estructuralismo. Los estructuralistas:

1. Creían que los psicólogos debían estudiar la mente humana, primordialmente la experiencia sensorial
2. subrayaron los arduos y detallados estudios de introspección en el laboratorio y
3. se orientaron hacia el análisis de los elementos de los fenómenos mentales.
El estructuralismo tenía varias limitaciones la primera: los psicólogos estructuralistas preconizaban un solo método de estudio: el análisis de los conformes de introspección la segunda: los psicólogos estructuralistas consideraban que ciertos temas complejos, como el pensamiento y el lenguaje, la moralidad y la conducta anormal, no eran apropiados para la investigación. Tercera: no estaban dispuestos a abordar temas prácticos.

WILLIAM JAMES Y EL FUNCIONALISMO
Psicólogo estadounidense que enseño Filosofía y Psicología, no encabezo ni siguió ninguna corriente psicológica. Su sistema especial de Psicología surgió de sus propios conocimientos y de sus observaciones el cual se oponía al estructuralismo por que lo consideraba esencialmente impreciso en su concepción de los procesos mentales. Los procesos mentales, decía james, son “personales y únicos, cambian continuamente, se dan en el tiempo y son selectivos al ayudar al individuo en su adaptación al medio.

JOHN WATSON Y EL CONDUCTISMO
Criticaba, tanto al estructuralismo como al funcionalismo, Watson afirmó que las personas comienzan a vivir con un pequeño repertorio de reacciones innatas, las emociones y el lenguaje eran aprendidas más tarde, por medio del simple condicionamiento. Watson apoyaba con firmeza la idea de que los psicólogos fueran objetivos; los instaba a hacer de la conducta su principal tema de estudio y utilizar los métodos de experimentación y observación. El conductismo nació como un escuela inconformista. Al evolucionar, su filosofía se esclareció, modificó y amplió. El enfoque conductista ha tenido, y sigue teniendo, un profundo impacto en la Psicología moderna.

MAX WERTHIMER Y LA PSICOLOGÍA DE LA GESTALT
Gelstat es la palabra alemana que significa forma, pauta o estructura) como el conductismo, la Psicología de la Gestalt surgió, en parte como una protesta contra las doctrinas estructuralistas. Esta Psicología nació en 1912, cuando Max Wertheimer, psicólogo alemán publicó un informe de unos estudios experimentales sobre el movimiento aparente. En su mayoría, los psicólogos dela Gestalt estaban interesados en cuestiones de la experiencia total. Insistían en que el todo era único, y en que siempre influía en cómo veían las personas cualquier parte de una situación.

La corriente de la Gestalt era fuerte y unificada. Sus puntos de vista fijaron la dirección de la Psicología en Alemania, y posteriormente ejercieron influencia en la Psicología en Estados Unidos.

Sigmund Freud y la Teoría Psicoanalítica
Las Teorias de Sigmund Freud (1856-1939), medico vienés se especializo en el tratamiento de los trastornos neuróticos (como las reacciones de angustia excesiva y males fisicos sin causas físicas), son ampliamente aceptadas por el público; tan ampliamente que muchas personas consideran que Psicología y teoría psicoanalítica (el nombre general de las teorías de Freud sobre la personalidad, la anormalidad y su tratamiento). Se considera la corriente psicoanalítica una escuela de Psicología porque ha tenido enorme influencia en la Psicología, porque ha atraído a muchos seguidores entre los psicólogos.

Los seguidores de freud tenían las siguientes convicciones:
1. Los psicólogos deben estudiar la personalidad humana
2. Las motivaciones, los conflictos, miedos y frustraciones inconscientes son considerados principales factores determinantes de la personalidad
3. se identifica a la niñez temprana como el periodo crítico durante el cual se forma la personalidad
4. la personalidad puede estudiarse mejor mediante la observación de pacientes individuales en medios clínicos al recibir éstos tratamientos para sus problemas

Se crearon técnicas como el análisis de los sueños, y las interpretaciones de las asociaciones libres de los pacientes para intentar descubrir, debajo de la conducta superficial, el significado de la conducta. Utilizando estas técnicas de la escuela psicoanalítica estudiaron los pensamientos, sueños, fantasías, preocupaciones, la Psicología psicoanalítica sigue vigente hoy, tanto en su forma original, como en sus muchas modificaciones.

LA INVESTIGACIÓN DE UN ASPECTO DE LA PERSONALIDAD: EL ENFOQUE PSICOANALÍTICO DE SIGMUND FREUD
El Dr. Joseph Breuer empezaba a entender y a tratar a una paciente suya, histérica, la paciente era una muchacha de 21 años de edad, muy inteligente el cual se le habían presentado unas alteraciones físicas y mentales que llevaba ya dos años, esta enfermedad se inició cuando la paciente atendía a su padre, a quien ella amaba, durante la grave enfermedad de la que murió. La naturaleza de los síntomas se aclaró por medio de su relación con la escena que los había causado, estos eran determinados por la escena cuyos rastros de recuerdos encarnaban, y en consecuencia ya no podrían ser descritos como funciones arbitrarias o enigmáticas de la neurosis.

Los pacientes con Neurosis no pueden escapar de lo pasado y abandonan la realidad presente, esta fijación dela vida mental en los traumas patogénicos es una característica esencial, y prácticamente la mas importante de la neurosis

El punto de vista neoconductista
El nuevo conductismo suele llamarse neoconductismo, para diferenciarlo del enfoque original de Watson. Los términos “neoconductismo” y “conductismo” se utilizarán indistintamente en el texto. Las principales características de la posición neoconductista son su insistencia en:
1. La formulación de preguntas precisas, bien delineadas
2. la utilización de métodos científicos
3. hacer investigaciones muy cuidadosas y exactas.

EL ESTUDIO DE LOS ESTILOS COGNOSCITIVOS DE LOS NIÑOS EL ENFOQUE DE UN PSICÓLOGO COGNOSCITIVA
Punto de vista humanista
A los psicólogos de orientación humanista les une una meta común: desean humanizar la Psicología, es decir, quieren hacer de ella el estudio “lo que significa estar vivo como ser humano”, aunque los psicólogos de orientación humanista varían considerablemente en sus convicciones, compartes las siguientes actitudes generales:

1. Los psicólogos deben ayudar a las personas a que se entiendan a sí mismas, para que puedan desarrollarse a su máximo potencial.
2. los psicólogos deben estudiar a los seres humanos como entidades completas, y no dividir el funcionamiento humano en categorías como la percepción, el aprendizaje y la personalidad
3. los psicólogos deben enfocar la atención en la conciencia subjetiva 8como interpretan las personas sus propias experiencias), ya que estas interpretaciones son fundamentales en toda actividad humana
4. los psicólogos deben esforzarse en entender al individuo, lo que hay en él de excepcional e impredecible, así como lo general y lo universal
5. los métodos específicos que los psicólogos adoptan sus secundarios respecto a los problemas que eligen estudiar. En consecuencia, los psicólogos humanistas utilizan muchas clases de estrategia de investigación: métodos científicos, estudios de casos individuales, técnicas introspectivas y aún el análisis de obras literarias.

FILOSOFÍA Y CINE

 

Se concibe el cine sólo como un espectáculo o como mera vía de entretenimiento, idea que suele tener la persona que conoce poco el cine, y si se concibe la filosofía como una especie de arte de lo confuso y enajenación de lo simple, y por ende, algo engorroso y aburrido, idea que también sostienen los que tienen un conocimiento muy superficial de la filosofía, podría decirse, pues, que la materia de la que trata este trabajo es sencillamente la cuadratura del círculo.

Es cuestión de que el estudioso, se preocupe de investigar un poco la Historia del Cine, para que vayan surgiendo películas verdaderamente sugerentes desde un punto de vista filosófico que pueden ser utilizadas como material pedagógico, o como objeto de disfrute intelectual de manera más grata. Y seguro que es más fácil hacer el recorrido desde la Filosofía al Cine que a la inversa, pues los críticos y estudiosos de la cinematografía suelen saber poco o nada de Filosofía.

No son muchos el número de cineastas que han abordado el mundo de la Filosofía en sus obras y tampoco son muchas las películas que puedan ser tenidas en cuenta en este trabajo que reúnan un mínimo de requisitos, tales como un adecuado nivel de calidad y el tratamiento de algún tema o aspecto de la Filosofía.

 

FILOSOFIA DE ABRE LOS OJOS
«Abre los ojos», la segunda película del joven prodigio Alejandro Amenábar se ha escrito y discutido largo y tendido. La película parece haber avivado una cierta polémica entre los que asisten boquiabiertos a su pase y pretenden encontrarle tal o cual sentido henchidos de un furor intelectual sin límites y los que, mucho más críticos, la califican de pretencioso artificio, ni tan siquiera original, pues reproduce viejos esquemas de lo que podríamos llamar el subgénero de «los efectos de la manipulación del cerebro».

No pretendemos dar una definitiva solución a esta polémica, sino simplemente establecer un cierto paralelismo entre su argumento, si obviamos el trasunto de la realidad virtual, y la cuarta parte del «Discurso del Método» cartesiano: «…podemos asimismo, imaginar en sueños que tenemos otro cuerpo, y vemos otros astros y otra tierra sin que ello sea cierto, pues ¿cómo sabremos que los pensamientos que se nos ocurren durante el sueño son más falsos que los demás si con frecuencia no son menos vivos y precisos? Y por mucho que lo estudien los mejores ingenios, no creo que puedan dar ninguna razón suficiente para desvanecer esta duda sin suponer previamente la existencia de Dios».

Sólo el análisis de este texto, que muy bien podría pasar como una sinopsis del argumento de la película, podría dar lugar a un trabajo más detenido y concienzudo para establecer el paralelismo mencionado. Pero es que, además, en distintos personajes y situaciones pueden verse, con cierta facilidad, los conceptos claves del racionalismo de Descartes: la duda metódica, el «genio maligno», el «cogito, ergo sum», la realidad del mundo, la libertad, la necesidad lógica y ontológica de Dios, etc.

 

FILOSOFÍA EN THE MATRIZ
La trilogía Matrix tiene una fuerte base filosófica y cultural.
 EL PROBLEMA DE LO REAL (The Matrix): Platón, Descartes y Hilary Putnam.
 EL PROBLEMA DE LA LIBERTAD (Reloaded y Revolutions): El existencialismo de J. P. Sartre y Simone de Beauvoir.

 

PLATÓN Y EL MITO DE LA CAVERNA
El mito de la caverna de Platón es uno de los puntos importantes a la hora de desentrañar Matrix. En él se narra cómo unos esclavos viven en una cueva creyendo que lo que ven (unas sombras proyectadas en una pared) es la realidad cuando lo cierto es que viven engañados. Pero uno de ellos escapará y verá la luz del sol, entonces volverá para rescatar a los otros, pese a que corra el riesgo de que lo maten por no creerle.

Y eso le ocurre a la humanidad. Esa es la verdad, como dice Morfeo: Eres un esclavo, Neo. Igual que los demás, naciste en cautiverio. Naciste en una prisión que no puedes ni oler ni saborear ni tocar. Una prisión para tu mente.

Pero Neo es el esclavo que saldrá de la caverna y rescatará a sus compañeros. De todos modos, Morfeo le advierte del peligro: Son las mentes de los mismos que intentamos salvar. Pero hasta que no lo hagamos, siguen formando parte de ese sistema y eso hace que sean nuestros enemigos. Tienes que entender que la mayoría ellos no están preparados para ser desenchufados. Y muchos están tan habituados, dependen tan absolutamente del sistema, que lucharían para protegerlo.

 

DESCARTES Y EL PROBLEMA DE LO REAL
Como hemos dicho más arriba, el tema filosófico por excelencia en la película The Matrix es el problema de lo real. Así lo expresa Morfeo: ¿Qué es real? ¿De qué modo definirías real? Si te refieres a lo que puedes sentir, a lo que puedes oler, a lo que puedes saborear y ver, lo real podría ser señales eléctricas interpretadas por tu cerebro. Hay muchos filósofos que se han planteado este asunto, pero sin duda es René Descartes el que más puntos de unión guarda con la película. La pregunta clave es: ¿cómo distingo la realidad de los sueños? Descartes vivió atormentado con esta cuestión:

¡Cuántas veces me ha sucedido soñar de noche que estaba en este mismo sitio, vestido, sentado junto al fuego, estando en realidad desnudo y metido en la cama! De ahí derivó su duda metódica y así llegó su ya famoso Cogito, ergo sum (Pienso, luego existo). En su Discurso del método, intentó resolver el problema poniendo en duda todo cuanto conocía: Considerando que todos los pensamientos que nos vienen estando despiertos pueden también ocurrírsenos durante el sueño, sin que ninguno entonces sea verdadero, resolví fingir que todas las cosas que hasta entonces habían entrado en mi espíritu no eran más verdaderas que las ilusiones de mis sueños.

En efecto, Matrix se plantea también esa duda entre la realidad y la ficción. El papel de Descartes lo interpreta Neo, a quien le atormenta la misma sensación. Así se lo expone a su colega Choi en una de las primeras secuencias del film: ¿Alguna vez has tenido la sensación de no saber con seguridad si sueñas o estás despierto?

Morfeo también pone el dedo en la llaga y le pregunta a Neo acerca de ese tema: ¿Alguna vez has tenido un sueño, Neo, que pareciese muy real? ¿Qué ocurriría si no pudieras despertar de ese sueño?, ¿cómo distinguirías el mundo de los sueños de la realidad? Pensó este filósofo que, una vez planteada la hipótesis de que había sido engañado, no podía haber sido Dios quien hubiese perpetrado el engaño, sino el genio maligno: Supondré, pues, no que Dios, que es la fuente suprema de la verdad, me engaña, sino que cierto genio o espíritu maligno, no menos astuto y burlador que poderoso, ha puesto su industria toda en engañarme (…) Por lo cual, con gran cuidado procuraré no dar crédito a ninguna falsedad , y prepararé mi ingenio tan bien contra las astucias de ese gran burlador, que, por muy poderoso que sea, nunca podrá imponerme nada.

 

 

ABRE LOS  OJOS

MATRIX

  • Combina psicoanálisis y realidad virtual,
  • Combina el suspenso y fantasía surrealista.
  • Es una atractiva cinta de suspenso que mezcla el saludo a Hitchcock.
  • Con la aclimatación al imaginario personal de temas recurrentes en el cine actual, el poder cibernético, la enajenación del individuo en una tecnología que lo rebasa y somete, «el empalme entre la vida real y la virtual».
  • Con una estructura narrativa eficaz que permite al espectador seguir, sin mayores tropiezos, las peripecias del protagonista en una historia siempre desconcertante.
  • Las  influencias están relacionadas con Platón y Descartes.
  • El planteamiento de Descartes en el que enuncia que podría existir un duende maligno que alterase su percepción cobra todo el sentido en el ámbito de la realidad virtual.
  • Heráclito de Éfeso ya enunció en el siglo VI a.C. la famosa distinción entre aquellos que, despiertos, parecen dormir; y los que están despiertos realmente y pueden comprender su logos (discurso).
  • Matrix presenta un interesante conflicto entre destino y libertad, que resuelve de una forma original y ambigua.
  • En la forma, The Matrix tiene influencias del budismo y la filosofía zen.
  • La mayoría se expresan en forma de máximas pronunciadas por Morfeo: «No es lo mismo conocer el camino que atravesar el camino», «No pienses que lo eres, sabes que lo eres», etc.

PUNTO DE VISTA
ABRE LOS OJOS.
Es un thiller de ciencia ficción que abunda en las posibilidades ofertadas por la realidad virtual, utilizada para establecer un recorrido por las peculiaridades psicológicas de un personaje afortunado en la vida, que verá como su trastoque estético, su existencia se verá inmersa en una espiral de locura y pesadilla.

La importancia de la apariencia de una sociedad que premia el valor físico y degrada al diferente, la futilidad vital, la alucinación amorosa, el narcisismo y la dificultad de acomodar nuestra realidad a los deseos, son algunos temas de este título de desordenado desarrollo, una parte final un tanto simplona, acomodada por regulares pistas (que contrasta con la complejidad del proyecto), escasa incisión en sus caracteres y alguna situación incongruente con las normas oníricas propuestas, pero interesante por su atmósfera enrarecida, su aceptable manejo del suspense y su indudable talento narrativo.

La trama, llena de suspense, posee un increíble guión que mantiene al espectador con una tensión extrema hasta su desenlace, donde las piezas de un puzzle desconcertante comienzan a encajar perfectamente. Lo que hace que esta trama sea una joya del séptimo arte, que juega con el espectador a cada momento, haciéndole partícipe de ella y creándole el mismo desconcierto que sufre el personaje.
Sin ninguna duda, es como uno de los guiones más ingeniosos de toda la historia del cine, donde se confunde lo real con lo imaginario, el sueño con a vigilia, todo ello construido con una maestría absoluta a lo largo de toda la historia

MATRIX .
Matrix es una mentira, y esa mentira ha sido creada por las máquinas, ellas son el genio maligno, las que han puesto toda su industria en engañar a la humanidad. ¿Qué hacer? Dice Descartes que no dar crédito a ninguna falsedad y preparar el ingenio para ello. En efecto, en Matrix, cualquiera que sea desconcetado, incluido Neo, ha de pasar por una serie de entrenamientos iniciáticos que tienen lugar gracias a programas informáticos creados para tal efecto. El objetivo de esos programas es hacer que el recién llegado se acostumbre a pensar que lo que ve no es real y que, si es consciente de ello, podrá subvertir las leyes físicas y realizar verdaderos milagros

El esclavo es Neo, un programador informático que cree estar viendo la realidad, pero que descubre que estaba equivocado. Cuando despierte de su sueño, aparecerá en el mundo real, le dolerán los ojos pero se irá acostumbrando. Irá aprendiendo y progresando en el conocimiento, y finalmente será capaz de ver la luz de la verdad. Entonces, como el rey-filósofo, se convertirá en El elegido, el que deberá liderar a la humanidad, al igual que en Abre los ojos, se expone de forma clara y concisa que se pueden llegar a vivir otras realidades, de una forma no tan ficticia como se expone en Matrix. En Matrix es muy importante ser consciente de que cualquier humano puede albergar dentro de sí a una máquina, para ello está diseñado el programa de la mujer de rojo, donde Morfeo dice: cualquiera, que no desenchufemos puede ser un agente. Dentro de Matrix pueden serlo todos o ninguno.