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¿QUÉ ES LA FILOSOFIA?

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Etapas de la Historia de la Filosofía

Reconociendo que existen diferentes maneras de periodizar la historia de la filosofía, la siguiente es la que nos parece más adecuada a los objetivos de este curso.

  1. Filosofía antigua, desde el siglo VII a.e. hasta el siglo V d.e.
  2. Filosofía medieval, del siglo VI hasta el siglo XV d. e.
  3. Filosofía del Renacimiento, siglo XV y siglo XVI d.e.
  4. Filosofía moderna, del siglo XVII al siglo XIX d.e.
  5. Filosofía contemporánea, de fines del siglo XIX hasta nuestros días.

Según esta periodicidad, si la filosofía surge en el siglo VII a.e., cabe preguntarse, entonces, ¿qué es lo que sucedía con ante¬rioridad a esta fecha?, ¿cómo surgió la filosofía? Estas preguntas suelen contestarse afirmando que la filosofía surge como con¬secuencia del paso del mito al logos, pero, ¿qué significa esto? Veamos:

  1. El paso del mito al logos.

La filosofía aparece como expresión del proceso de cambio que se dio desde un discurso mítico, que apela a la creencia, hacia un discurso basado en argumentos, que recurre a la razón para que éstos sean aceptados o rechazados.
Como hemos visto en el capítulo anterior, antes de que surgiera la filosofía, los hombres también se formulaban pre¬guntas que reflejaban una natural preocu¬pación por cuestiones como el surgimiento del mundo y del hombre. En esa etapa, la manera de dar respuesta a esas preguntas se daba a través del discurso mítico. Analicemos, pues, cómo era ese discurso mítico entre los griegos, pueblo en el que surgió la filosofía.

El complejo mundo mítico griego puede ser estudiado a partir de dos figuras princi¬pales: Homero y Hesíodo. Ambos reflejan una tradición de pensamiento que intenta¬ba dar cuenta de la realidad a partir de his¬torias de dioses y héroes con ciertas carac¬terísticas principales, como las siguientes:

• Son un intento de explicarse la realidad: el surgimiento del Cosmos a partir del Caos a través de personificaciones (Zeus, por ejemplo, personifica el orden y la justicia) que suponen voluntades.
• Ofrecen una imagen del hombre que está sometida a esas caprichosas voluntades de los dioses, haciendo del destino humano algo frágil.
• Tienen un carácter regional, según las costumbres y creencias de cada localidad.

Ahora bien, esa preocupación inicial (cómo surge el Cosmos a partir del Caos) se va a mantener latente, pero comenzará a adquirir otras características, debido, sobre todo, a los cambios políticos, sociales y reli¬giosos que experimentaban las colonias jonias del Asia Menor (cambios que están en relación con la especial dedicación al comercio por parte de esas colonias, lo que les permitía entrar en contacto con otras culturas y sufrir un proceso de apertura cul¬tural). Esa preocupación inicial tiene ahora la necesidad de ser afrontada desde otro tipo de discurso, un discurso más argumen¬tativo, de ahí la referencia al logos (palabra, razón, en griego). Lo que caracteriza al dis¬curso propiamente filosófico es, resumida¬mente, en consecuencia:

• El abandono de las personificaciones.
• La explicación de generación a partir de procesos físicos que responden a explicaciones racionales.
• La pretensión de dar explicaciones uni¬versales, válidas o inválidas para cualquiera que pueda aceptadas o rechazadas a través de argumentos racionales.
• De esa manera surge la filosofía: como un dejar atrás el discurso mítico. Pero el paso del mito al logos no supone un hito perfectamente delimitado; como todo proceso, es paulatino y difuso. Incluso, ya bien instituida la filosofía, veremos casos como el de Platón o Parménides, quienes recurrieron muchas veces a los mitos en sus obras.

Veamos ahora cómo es que la filosofía propiamente dicha hizo su aparición.

  1. Filosofía antigua

La filosofía antigua puede ser subdividi¬da en dos etapas:
1) La filosofía griega o período griego (del siglo VII a.c. al siglo IV a.c.); y 2) la filosofía helenístico-romana (del siglo III a.c. al siglo V d.c.).

2.1 La filosofía griega.

Hemos dicho, en la sección correspon¬diente a la definición de filosofía, que ésta es una disciplina que estudia proble¬mas sobre los fundamentos primeros de la actividad humana y de la realidad. Recordamos ello, porque los más antiguos filósofos griegos, los milesios , comen¬zaron a hacer filosofía, justamente, reflexionando para desentrañar el princi¬pio de la realidad. De esta manera surgió el estilo o modelo de reflexión y análisis que se conoce como pensamiento racional, el mismo que se fue separando paulatinamente del pensamiento mágico¬ religioso, que se expresaba a través del mito.

  1. Período cosmológico

Fueron los milesios los primeros pen¬sadores que comenzaron a alejarse del dis¬curso mítico para abordar, desde una pers¬pectiva distinta, más argumentativa, el tipo de preguntas que, como vimos en el capí¬tulo anterior, el hombre se ha formulado desde siempre.

Así, la preocupación de estos pensadores puede resumirse en una pregunta en par¬ticular: ¿cuál es el arjé de todo lo existente, de todo lo que es?, esto es, ¿cuál es el prin¬cipio rector (arjé, en griego) del que todo surge y al que todo desemboca?

Se considera que, históricamente, Thales de Mileto (640 – 546 a.c.) es el primer ejemplo de hombre que deja atrás el pensamiento mítico para ejercer o prac¬ticar el pensar racional. Para los milesios la realidad era el Cosmos, el mundo orde¬nado y organizado que, según sus mitos, provenía del caos primordial o inicial. Para Thales, por consiguiente, la pregun-ta por el fundamento de la realidad era la misma que la pregunta sobre cuál era el principio ordenador o la fuerza que había hecho surgir el Cosmos del caos. Su respuesta fue que dicho principio era el agua, que era el fundamento de todas las cosas.
Los otros milesios notables son Ana¬ximandro y Anaxímenes; para el primero, el principio ordenador del Cosmos era e! infinito al que llamó apeirón y para el segundo era el aire, del cual provenían el viento, las nubes, el fuego, el agua, etc.

La preocupación y el estilo de pen¬samiento de los filósofos de Mileto se extendieron a otras regiones de Grecia; así aparece Pitágoras de Samos (530 a.e.), a quien se atribuye haber fundado una escuela en Crotona en la que al lado de la filosofía se cultivaba la matemática. Para Pitágoras y sus discípulos el Cosmos era tan ordenado y armonioso que sus movimien¬tos producían una especie de melodía. Por ello consideró que el fundamento de una estructura tan precisa y perfecta estaba constituido por los números.

Heráclito de Éfeso consideró, en cam¬bio, que el principio fundamental es el fuego y que la realidad está permanente¬mente cambiando por la lucha de contrarios (amor-odio, frío-caliente, etc). En este constante cambio lo único verdadero es el cambio mismo, el incesante fluir. Así afirmaba Heráclito, «no puedes bañarte dos veces en el mismo río, porque nuevas aguas corren siempre sobre tí».

Parménides de Elea (475 a.e.), por su parte, afrontó también la pregunta que hemos planteado, pero sin recurrir ya a ele¬mentos materiales, sino más bien a concep¬tos. Así, pues, para responderla distinguió entre conocimiento sensorial, proporciona¬do por los sentidos, y conocimiento racional o verdadero. Sostuvo, en conse¬cuencia, que, mientras el conocimiento sen¬sorial nos da la impresión de cambio y movimiento (como, por ejemplo, cuando constatamos a través de nuestros sentidos que las plantas crecen o que las personas envejecen), estos cambios son sólo aparentes. Hay algo que no cambia, que permanece y que, por esa razón, es el fundamento de la realidad. Aquello que no cambia es el ser, esto es, lo que permanece siendo; y sólo a través de la razón podemos conocerlo. El cambio es el paso del ser (joven, por ejemplo) al no ser (no ser joven, es decir, ser viejo). De esta manera, el cambio supone una contradicción: lo que es no puede no ser; así es que debemos centramos en aquello que no cambia, es decir en el ser, lo que permanece siempre siendo. Por tanto, según la escuela eleática de Parménides, la realidad es una esfera perfecta, invariable, única, y cualquier cambio o movimiento que dé la sensación de que lo que es deja de ser, es sólo apariencia no fruto del conocimiento racional.

Demócrito de Abdera (460 a.e.) intuyó la teoría atomista, al afirmar que el fundamento de la realidad lo constituían unas partículas o corpúsculos indivisibles, llamados átomos. De esta manera todos los objetos o cosas de la realidad son combinaciones de átomos.

A todos los filósofos anteriores, por haber estado preocupados por el principio o fundamento primero del Cosmos, se les conoce como representantes del periodo cosmológico. También se les llama pre socráticos, por haber precedido en el tiempo al insigne filósofo Sócrates de Atenas

b) Período Antropológico
En los últimos 50 años del siglo V a.e. se inicia el período antropológico de la filosofía griega, porque es el hombre y, en particular, el conocimiento humano lo que se convierte en el tema central de las reflexiones filosóficas. Sócrates (469 a.e. – 399 a.e.) es el iniciador de esta etapa y (un altísimo exponente de la filosofía de todos los tiempos. Se enfrentó a los sofistas, que eran maestros en el arte de la retórica, y quienes además enseñaban a sus discípulos cómo convencer o persuadir a la gente. Los sofistas sostenían que el conocimiento humano, entendido éste como algo verdadero universalmente, no era posible, pues los hombres sólo podían acceder a experiencias particulares que no sólo cambian de persona a persona (a mí me puede parecer que la miel es más dulce que el azúcar), sino que, asimismo, las experiencias son cambiantes incluso refiriéndonos a una misma persona (cuando yo era joven me parecía que la miel era más dulce que el azúcar y ahora ya no). Así, si ningún conocimiento es posible, lo importante era saber persuadir. Esta doctrina fue enseñada por conocidos sofistas, como Gorgias, Protágoras, Pródico e Hipias, quienes eran, además, maestros de elocuencia política.

Sócrates, en oposición a las tesis sofísti¬cas, afirma que existe un conocimiento ver¬dadero que se expresa a través de concep¬tos a los que llamó logos. Para llegar a la verdad, inventó el método de la definición de conceptos empleando el diálogo que estaba constituido por dos fases: la ironía y la mayéutica.

La ironía es el momento de la refutación de las ideas falsas del interlocutor; se le hace aceptar las contradicciones que se deducen de sus opiniones. Una vez que el interlocu¬tor abandona, con alguna vergüenza, sus .ideas erróneas, comienza la mayéutica. Ésta consiste en conducir al interlocutor, median¬te preguntas, a que él mismo descubra la verdad que está ya en su alma, en otras palabras, se le ayuda a que dé a luz la verdad que lleva dentro. Por ese hecho, Sócrates afirma¬ba que tenía la profesión de su madre, Fenarete, que era comadrona, con la diferen¬cia de que él era un partero de ideas.

Esa convicción socrática de que la verdad existe y de que la llevamos den¬tro es lo que condujo a que recomen¬dara a sus conciudadanos que se auto examinarán y se conocieran a sí mismos para encontrar así la verdad pro¬funda de la que todos somos portadores. Sin embargo, sus enseñanzas fueron incomprendidas y consideradas peli¬grosas por los atenienses, que lo enjui¬ciaron y condenaron a morir bebiendo la cicuta, un veneno poderoso.

Sócrates no dejó obra escrita, siendo consecuente con su idea de que la verdad se extrae del diálogo con los demás.
Conocemos su pensamiento a través de los escritos de su más notable discípulo, Platón (427 a.c. – 347 a.c.).
Fuente: Piscoya, Luis. “Filosofía”. Bachillerato Peruano. Editorial Metrocolor, Lima, 1999.