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NATURALEZA SOCIAL DEL SER HUMANO

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Es sin duda Aristóteles uno de los filósofos más importantes de la llamada filosofía antigua o filosofía griega. Su impronta, en distintas materias, y a pesar de los siglos transcurridos, prevalece, tanto para la loa como para la crítica. Por ello, se dice que con Aristóteles la filosofía griega llega a su plena madurez.

Pero, dada la vastedad y la profundidad de nuestro filósofo, y en vista de que nuestra unidad está referida al tema del hombre, nos encargaremos de conocer cuáles eran las ideas del filósofo griego con respecto al ser humano. Sin embargo, ¿quién era Aristóteles? Aristóteles era un macedónico, nacido en Estagira en el año 384 a.n.e. Su padre era médico y amigo del Rey Amintas de Macedonia. No obstante, desde muy temprana edad Aristóteles quedó huérfano y su tío paterno se encargaría de su cuidado hasta que éste cumpliera 18 años y lo enviara a la Academia de Platón, en la ciudad de Atenas. En dicho centro de estudios, el joven Aristóteles empezaría a desarrollar todas sus capacidades, hasta obtener un reconocimiento por su calidad intelectual. Su estadía en la Academia tendría un periodo de 20 años, hasta que se retira de la misma tras la muerte de su amigo y maestro Platón.

Alrededor del 343 a.n.e. Aristóteles es llamado por Filipo, Rey de Macedonia, para que se encargue de la educación de su joven hijo, el príncipe Alejandro, hasta que éste asumiese el trono a los 17 años. En vista de ello, Aristóteles regresa a Atenas, y funda en esa ciudad el Liceo (también conocida como la escuela peripatética), centro de estudios que, de alguna manera, eclipsaría a la Academia, hasta la muerte de Alejandro Magno, y tras lo cual nuestro filósofo tuvo que huir de Atenas para salvar su vida, debido a la reacción antimacedónica que existía en dicha ciudad. Siendo así, hemos de agregar que el contexto socio-político de Aristóteles, se enmarca dentro de lo que se conoce como la fusión de la cultura occidental y oriental, y que estuvo a manos de Alejandro hasta que éste murió a los 33 años de edad.

La producción intelectual de Aristóteles fue prolífica. Algunas de sus obras fueron de carácter exotérico destinado al gran público, mientras que otros textos fueron de carácter esotérico y que estaba designado a un círculo reducido del Liceo y cuya divulgación no era permitida.

El texto que nos convoca en esta tercera unidad, La Políticaestaba considerado dentro de lo que el filósofo de Estagira llamaba una ciencia práctica, y  nos explica, a su vez,  una de las teorías antropológicas más importantes de la cultura occidental, pues, conceptualiza al hombre como un ser social por naturaleza y sustenta las bases de la diferenciación humana. Este carácter social o político del ser humano dominaría la escena europea hasta el arribo de las agudas críticas de Thomas Hobbes.

Finalmente, el profesor Dante Dávila se pregunta ¿por qué leer a Aristóteles hoy? y la respuesta la reproducimos textualmente: “el ser dice de varias sentidos ( to on légetai pollachós). La actualidad de Aristóteles consiste en que, con esta frase, nos brinda: en primer lugar, un tema, el ser (to on); en segundo lugar, un modo de trabajo filosófico (légetai); y en tercer lugar, la forma plural de acercarse a la realidad (pollachós). De acuerdo con esto, dividimos nuestro trabajo en tres partes, que explicarán la actualidad de cada uno de los elementos de la frase indicada: la primera parte, el ser; la segunda, el trabajo filosófico; y la tercera, el acceso plural a la realidad”[1].

Aristóteles. Política[2]

LIBRO I

COMUNIDAD POLITICA Y COMUNIDAD FAMILIAR

1

El fin de toda comunidad. Opiniones erróneas. Planteamiento metodológico.

aristotelesPuesto que vemos que toda ciudad[3] es una cierta comunidad y que toda comunidad[4] está constituida en función a lograr algún bien (porque en vista de lo que les parece bueno todos obran en todos sus actos), es evidente que todas tienden a un cierto bien, pero sobre todo tiende al supremo la soberana entre todas y que incluye a todas las demás. Esta es la llamada ciudad y comunidad política.

Por consiguiente, cuantos opinan que es lo mismo ser gobernante  de una ciudad, rey, administrador de su casa o amo de sus esclavos, no dicen bien. Creen, pues, que cada uno de ellos difiere en más de o en menos, y no específicamente. Como si uno, por gobernar a pocos, fuera amo; si a más, administrador de su casa; y si todavía a más, gobernante o rey, en la idea de que en nada difiere una casa grande de una ciudad pequeña. Y en cuanto al gobernante y al rey, cuando un hombre ejerce solo el poder, es rey; pero cuando según las normas de la ciencia política, alternativamente manda y obedece, es gobernante.

Pero esto no es verdad. Y será evidente lo que digo si se examina la cuestión según el método que proponemos. Porque como en los demás objetos es necesario dividir lo compuesto hasta sus elementos simples (pues éstos son las partes mínimas del todo), así también, considerando de qué elementos está formada la ciudad, veremos mejor en qué difieren entre sí las cosas dichas, y si cabe obtener algún resultado científico.

2

Génesis de la ciudad. Familia, aldea, ciudad. El hombre es un animal social.

Si uno observa desde su origen la evolución de las cosas, también en esta cuestión, como en las demás, podrá obtener la visión más perfecta. En primer lugar, es necesario que se emparejen los que no pueden existir uno sin el otro, como la hembra y el macho con vistas a la generación (y esto no en virtud de una decisión, sino como en los demás animales y plantas; es natural la tendencia a dejar tras sí otro ser semejante a uno mismo[5]), y el que manda por naturaleza y el súbdito, para su seguridad. En efecto, el que es capaz de prever con la mente es un jefe por naturaleza y un señor natural, y el que puede con su cuerpo realizar estas cosas es súbdito y esclavo por naturaleza; por eso al señor y al esclavo interesa lo mismo.

Así pues, por naturaleza está establecida una diferencia entre la hembra y el esclavo (la naturaleza no hace nada con mezquindad, como los forjadores de cuchillos de Delfos[6], sino cada cosa para un solo fin. Así como cada órgano puede cumplir mejor su función si sirve no para muchas sino para una sola). Pero entre los bárbaros, la hembra y el esclavo tienen la misma posición, y la causa de ello es que no tienen el elemento gobernante por naturaleza, sino que su comunidad resulta de esclava y esclavo. Por eso dicen los poetas:

Justo es que los helenos manden sobre los bárbaros.

Entendiendo que bárbaro y esclavo son lo mismo por naturaleza. Así pues, de estas dos comunidades  la primera es la casa, y Hesíodo dijo con razón en su poema:

Lo primero casa, mujer y buey de labranza.

Pues el buey hace las veces de criado para los pobres. Por tanto, la comunidad constituida naturalmente para la vida de cada día es la casa[7], a cuyos miembros Carondas llama “de la misma panera” y Epiménides de Creta “del mismo comedero” Y la primera comunidad formada por varias casas a causa de las necesidades no cotidianas es la aldea.

Precisamente la aldea en su forma natural parece ser una colonia de la casa, y algunos llaman a sus miembros “hermanos de leche”, “hijos e hijos de hijos” Por eso también al principio las ciudades estaban gobernadas por reyes, como todavía hoy los bárbaros[8]: resultaron de la unión de personas sometidas a reyes, ya que toda casa está regida por el más anciano, y, por tanto, también las colonias a causa de su parentesco. Y eso es lo que dice Homero:

Cada uno es legislador de sus hijos y esposa,

Pues antiguamente vivían dispersos. Y todos los hombres dicen que por eso los dioses se gobiernan monárquicamente, porque también ellos al principio, y algunos aún ahora, así se gobernaban; de la misma manera que los hombres los representan a su imagen, así también asemejan a la suya la vida de los dioses.

La comunidad perfecta de varias aldeas es la ciudad, que tiene ya, por así decirlo, el nivel más alto de autosuficiencia[9], que nació a causa de las necesidades de la vida, pero subsisten para el vivir bien. De aquí que toda ciudad es por naturaleza, si también lo son las comunidades primeras. La ciudad es el fin de aquellas, y la naturaleza es fin. En efecto, lo que cada cosa es, una vez cumplido su desarrollo, decimos que es su naturaleza, así de un hombre, de un caballo o de una casa. Además, aquello por lo que existe algo y su fin es lo mejor, y la autosuficiencia es, a la vez, un fin y lo mejor.

De todo esto es evidente que la ciudad es una de las cosas naturales, y que el hombre es por naturaleza un animal social, y que el insocial por naturaleza y no por azar es o un ser inferior o un ser superior al hombre. Como aquel a quien Homero vitupera:

Sin tribu, sin ley, sin hogar,

Porque el que es tal por naturaleza es también amante de la guerra[10], como una pieza aislada en el juego de damas.

La razón por la cual el hombre es un ser social, más que cualquier abeja y que cualquier animal gregario, es evidente: la naturaleza, como decimos, no hace nada en vano, y el hombre es el único animal que tiene palabra. Pues la voz es signo del dolor y del placer, y por eso la poseen también los demás animales, porque su naturaleza llega hasta tener sensación de dolor y de placer e indicársela unos a otros. Pero la palabra es para manifestar lo conveniente y lo perjudicial, así como lo justo y lo injusto. Y esto es lo propio del hombre frente a los demás animales: poseer, él sólo, el sentido del bien y del mal, de lo justo y de lo injusto, y de los demás valores, y la participación comunitaria de estas cosas constituye la casa y la ciudad.

Por naturaleza, pues, la ciudad es anterior a la casa y a cada uno de nosotros, porque el todo es necesariamente anterior a la parte. En efecto, destruido el todo, ya no habrá ni pie ni mano, a no ser con nombre equívoco, como se puede decir una mano de piedra: pues tal será una mano muerta.

Tosas las cosas se definen por su función y por sus facultades, de suerte que cuando éstas ya no son tales no se puede decir que las cosas son las mismas, sino del mismo nombre. Así pues, es evidente que la ciudad es por naturaleza y es anterior al individuo; porque si cada uno por separado no se basta a sí mismo, se encontrará de manera semejante a las demás partes en relación con el todo. Y el que no puede vivir en comunidad, o no necesita nada por su propia suficiencia, no es miembro de la ciudad, sino una bestia o un dios.

En todos existe por naturaleza la tendencia hacia la comunidad, pero el primero que la estableció fue causante de los mayores beneficios[11]. Pues así como el hombre perfecto es el mejor de los animales, así también, apartado de la ley y de la justicia, es el peor de todos.

La injusticia más insoportable es la que posee armas, y el hombre está naturalmente provisto de armas al servicio de la sensatez y de la virtud, pero puede utilizarlas para las cosas mas opuestas. Por eso, sin virtud, es el ser más impío y feroz y el peor en su lascivia y voracidad. La justicia, en cambio, es un valor cívico, pues la justicia es el orden de la comunidad civil, y la virtud de la  justicia es el discernimiento de lo justo.

LIBRO III

ESTUDIO GENERAL DE LOS REGÍMENES POLÍTICOS

1

Definición de ciudadano

Quien hace un análisis de los regímenes políticos, de su naturaleza y sus características, debe examinar ante todo qué es la ciudad. Pues ahora ello es objeto de disputa; unos afirman que es la ciudad la que ha realizado tal o cual acción, mientras que otros dicen que no fue la ciudad, sino la oligarquía o el tirano. Vemos, pues, que toda la actividad del político y del legislador tiene que ver con la ciudad; y el régimen político es un determinado ordenamiento de los habitantes de la ciudad.

Puesto que la ciudad es un compuesto, constituido por muchas partes, es evidente que lo primero a estudiar es el ciudadano. La ciudad, en efecto, es un conjunto de ciudadanos, de modo que  debe examinarse a quiénes hay que denominar ciudadanos y qué es el ciudadano. Pues a menudo se discute sobre el ciudadano y en efecto no todos están de acuerdo en quién es ciudadano. El que es ciudadano en una democracia con frecuencia no es ciudadano en una oligarquía.

Podemos dejar de lado a los que excepcionalmente reciben tal nombre, como aquellos a quienes se les otorga la ciudadanía. El ciudadano no es tal por residir en un cierto lugar, ni tampoco son ciudadanos quienes tienen acceso a los procesos legales, sea para ser juzgados, sea para entablar demandas. Lo mismo sucede con los niños aún no inscritos en razón de su corta edad y con los ancianos exentos de todo servicio: debe decirse que son ciudadanos en algún sentido, pero no pura y simplemente, sino añadiendo las expresiones “no plenos” o “excedentes por la edad” o cualquier otro por el estilo.

Buscamos, pues, al ciudadano en sentido estricto y que por no tener defecto no necesita restricción alguna, puesto que también hay que plantearse y solucionar tales dificultades en cuanto a los proscriptos y desterrados.

Un ciudadano en sentido estricto por ningún otro rasgo se define mejor que por participar en la justicia y en el gobierno (…)

No debemos olvidar que las cosas cuyos regímenes difieren específicamente –y uno de ellos es primero, otro segundo y así sucesivamente– no tienen absolutamente nada en común en cuanto tales o casi nada. Y vemos que los regímenes políticos difieren entre sí, y que unos son posteriores y otros anteriores. Los defectuosos y los desviados serán necesariamente posteriores a aquellos sin defecto. Resulta así que también el ciudadano será necesariamente distinto en cada régimen político. Por eso el ciudadano del que se ha hablado es primariamente el ciudadano de una democracia; puede ser el de otros regímenes, pero no necesariamente. En algunos de ellos no hay pueblo (demos), ni una Asamblea reconocida como tal, sino solo las convocadas expresamente, y los procesos se distribuyen por secciones entre los magistrados (…) pero la definición de ciudadano requiere una rectificación; en los restantes regímenes políticos el magistrado sin límite de tiempo no es miembro de la Asamblea ni juez, sino aquel cuya competencia está bien determinada; pues a todos ellos o a algunos se les ha confiado el poder de deliberar y juzgar sobre todos los asuntos o sobre algunos. Quién es, entonces, ciudadano resulta claro a partir de estas consideraciones: lo es aquel que tiene el poder de tomar parte en la administración deliberativa y judicial

(…) En la práctica, un ciudadano se define como el nacido de padre y madre ciudadanos, y no de uno solo de ellos, el padre o la madre. Otros incluso buscan más atrás, por ejemplo, dos o tres generaciones más.


[1]  ¿Por qué leer filosofía hoy? Miguel Giusti y Elvis Mejía. Fondo editorial de la PUCP. Lima, 2007

[2] ARISTÓTELES Política Trad. Manuela García Valdés Editorial Gredos. Madrid, 1999.Págs. 45-53

[3] Ciudad traduce la palabra griega polis que se refiere a una realidad histórica sin un paralelo exacto en nuestra época; en ella se recogen las nociones de “ciudad” y “estado”. La traduciremos por la acepción usual de “ciudad” sin recurrir a la expresión “ciudad-estado”. La polis era la forma perfecta de sociedad civil; sus rasgos esenciales eran: extensión territorial reducida, de modo que sus habitantes se conocieran unos a otros; independencia económica (autarquía), es decir, que produjese lo suficiente para la alimentación de su población; y, especialmente, independencia política (autonomía), es decir, no estar sometida a otra ciudad ni a otro poder extranjero.

[4] Comunidad recoge el término griego koinonía. En muchos contextos en que hay un nivel alto de abstracción el vocablo comunidad es generalmente aceptable. En algunos casos lo traduciremos por asociación, en el que están presentes los elementos de intencionalidad, colaboración mutua y común acuerdo que el término griego implica.

[5] Platón también considera el matrimonio como un medio de alcanzar la inmortalidad.

[6] Para esta referencia, entre otras explicaciones, podemos recoger la que nos da ATENEO, Deipnosofistas 173c y ss.: “Los de Delfos eran famosos por sus cuchillos que servían a la vez para varios empleos: matar la víctima, descuartizarla y cortarla en trozos.”

[7] El término griego oikía lo traducimos en el sentido amplio de “casa” como unidad familiar, constituida por el hombre, la mujer, los hijos, los esclavos y los bienes.

[8] Los bárbaros por oposición a los griegos. El término griego que lo expresa es éthnos; indica un grupo de hombres de la misma raza, el conjunto de una tribu o un pueblo que se opone generalmente a lo que se define con el término pólis.

[9] La autosuficiencia, en griego autarkeia (autarquía), incluye el poseer lo necesario y lograr una vida feliz. (…) Lo define el propio Aristóteles en Ética a Nicómaco: “Consideramos suficiente lo que por sí solo hace deseable la vida y no necesita nada”.

[10] Un ser que ama la guerra por la guerra, según Aristóteles, es una persona envilecida o, como Ares, superior al hombre.

[11] Para Aristóteles el carácter natural de la comunidad no excluye que tenga un fundador. Se deben dar juntas una tendencia natural y la voluntad de la acción humana.