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GNOSEOLOGÍA

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La Filosofía puede entenderse, en líneas generales, como el estudio de toda la realidad o de todo lo que existe mediante un preguntar reflexivo y metódico. Así también, la Filosofía es el estudio de todo aquello que es objeto de conocimiento universal. Según esta aproximación, se pueden distinguir dos grandes disciplinas o secciones: a la primera, que estudia todos los objetos, sea el que fuere (por ejemplo, el bien, la verdad, la belleza, el alma, las acciones, el número, el lenguaje, lo físico, lo espiritual, etc.) se le denomina ONTOLOGÍA (palabra que proviene de la unión de dos vocablos griegos: ontos y lógos, que hacen referencia al estudio de todo lo que existe, todo lo que hay); la segunda, que se refiere al estudio del conocimiento de los objetos, o a la forma en que la Filosofía los estudia, ha recibido el nombre de GNOSEOLOGÍA, palabra que deriva de la voz griega gnosis, que significa ‘conocer’ o ‘facultad de conocer’.

La Gnoseología tiene como tarea estudiar el origen, la naturaleza y los límites del conocimiento en general. Por ello, ha recibido también el nombre de Teoría del conocimiento. En el vocabulario filosófico y de algunas otras disciplinas suele usarse, a veces, la palabra “epistemología” para referirse a la Teoría del conocimiento. Sin embargo, esto no es apropiado porque la epistemología estudia específicamente un tipo de conocimiento (el conocimiento científico) y no el conocimiento en general.

Las preguntas fundamentales que la Gnoseología intenta responder son diversas: ¿cuál es el origen del conocimiento?, ¿cuáles son los tipos de conocimiento?, ¿cuál es la esencia o naturaleza del conocimiento?, entre otras. Es decir, la Gnoseología pregunta por el modo en que conocemos y por la certeza que podemos tener sobre lo que conocemos. Estas preguntas se sucedieron a lo largo de la historia de la Filosofía desde la Antigüedad, sobre todo con Platón y Aristóteles, pero es recién a finales del siglo XVI, con el Renacimiento y el surgimiento de la modernidad, que la Teoría del conocimiento cobra gran énfasis dentro de la Filosofía.

La filosofía moderna y la Teoría del conocimiento

En un inicio, la filosofía antigua se preguntó, con los primeros filósofos griegos, cuál fue el origen y fundamento (arché) de la naturaleza (physis). Esta investigación sobre la realidad continuó proyectándose a la naturaleza humana, con Platón y Aristóteles, apelando siempre a una realidad objetiva, es decir, buscando un criterio verdadero que diera cuenta de ella. Según los diferentes filósofos del Antigüedad, se creyó encontrarlo, por ejemplo, en una parte de la naturaleza, en lo desconocido, en las “ideas”, e incluso en la misma idea de Dios. La filosofía medieval, posteriormente, encontró en la naturaleza del Dios cristiano la respuesta a esta búsqueda. Dios se convertía así en el origen y fundamento de toda la realidad y en el nuevo criterio de verdad. Con ello, la Filosofía en la Edad Media estuvo subordinada a la Teología (el estudio de Dios), pues todo criterio de verdad debía apoyarse en el conocimiento de Dios. De modo que todo saber, incluso el mismo conocimiento científico, se sostenía sobre fundamentos alcanzados mediante la fe o apoyados en la autoridad de la Iglesia. No debe sorprender, entonces, que hasta el siglo XV la filosofía y la ciencia medievales mantuvieran una manera deductiva de alcanzar conocimiento, es decir, que procedieran a partir de ciertas verdades ya establecidas. Recordemos que en toda deducción el conocimiento particular depende de verdades generales ya asumidas y aceptadas. Si no existen tales verdades, no hay nada que deducir.

La ciencia medieval se desarrolló hasta el siglo XV ejerciendo todavía un método de conocimiento planteado por Aristóteles dieciocho siglos atrás y reformulado por la Escolástica. Ese método fue el llamado SILOGISMO, el cual es “una forma de razonamiento deductivo que puede aplicarse siempre que se disponga de una verdad general, esto es, de una premisa mayor. Consta de dos premisas: una mayor (que enuncia el principio general) y una menor (que se refiere al caso particular incluido en el principio general). De ambas se extrae una conclusión, que será la nueva verdad. Para entender mejor esta definición, repitamos el ejemplo ofrecido por Aristóteles: “Todos los hombres son mortales” (premisa mayor, que enuncia el principio general); “Sócrates es hombre” (premisa menor); y “Sócrates es mortal” (conclusión). Como se ve, sin la premisa mayor no es posible construir un silogismo ni afirmar la conclusión.[1]

La filosofía medieval, y con ella la ciencia de la época, utilizaba el razonamiento silogístico porque disponía de principios generales alcanzados por medio de la fe, de la verdad revelada o fundados en la autoridad de Aristóteles o la Iglesia.[2] Pero, una vez que estos principios cayeron en descrédito o se empezó a “dudar” de ellos por diversos motivos, la perspectiva de la ciencia y la filosofía cambió. El ejemplo más palpable de este cambio de perspectiva se da con Galileo Galilei, quien mostró, a partir de gran variedad de observaciones astronómicas, que la Tierra no era el centro del universo, poniendo en duda así los principios generales de la ciencia medieval, que sostenía lo contrario. Galileo no solo proveyó una nueva idea sobre el lugar de la Tierra en el universo, sino que con ella la Teoría del conocimiento ganó un nuevo criterio de verdad, pues la Filosofía y la ciencia moderna ya no encontraban sus principios rectores en Dios o la doctrina de la Iglesia, sino en la EXPERIENCIA misma que el hombre hace del mundo a través de la experimentación con la naturaleza.

El criterio de verdad en los inicios de la modernidad ya no es, entonces, ni Dios ni el razonamiento deductivo del silogismo. El problema ahora será otro: saber si esa experiencia que tiene el hombre del mundo, y que le permite conocerlo, se “origina” en el pensamiento o en los sentidos. Saber si el conocimiento que tenemos del mundo proviene de uno o de otro, o de ambos. En la Teoría del conocimiento, al primer tipo de enfoque se le denomina racionalismo; al segundo, empirismo. En lo que sigue, estudiaremos en qué consisten el racionalismo y el empirismo.

Lic. Elvis Mejía G


[1] Cf. FRONDIZI, Risieri. “Estudio preliminar”. En: DESCARTES, René. Discurso del método. Madrid: Alianza Editorial, 2000, p.13.

[2] Cf. Ibíd.