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Progresividad, Regresividad y proporcionalidad del Sistema Tributario y sus efectos en la distribución de la riqueza

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El principio básico para determinar la renta imponible es bastante simple. La renta o beneficio bruto de la sociedad se minora por los costos en que ésta ha incurrido para la realización de su actividad, y la cantidad restante es la renta o beneficio neto sujeto al impuesto. Pueden producirse ciertos problemas debido a las exenciones y deducciones que se establecen en el impuesto personal sobre la renta, como por ejemplo las ganancias de capital, los títulos exentos de impuestos y las contribuciones benéficas. Además es necesario añadir otros elementos que complican notablemente el diseño de un impuesto sobre sociedades equitativas y eficientes. Dadas las complejidades legales de las sociedades y sus interrelaciones, es evidente que un impuesto sobre sociedades justo, no puede ser un impuesto sencillo.

Por su carácter personal, el impuesto debería abarcar todas las rentas incluyendo las de fuente extranjera. Esto contrasta con la doctrina de la territorialidad, que pretenden limitar la imposición a la renta producida en el país acreedor del impuesto. En general, los países más importantes y exportadores de capitales, han adoptado el método del domicilio, que consiste en gravar a las personas domiciliadas en ellos, en forma limitada, esto es, sobre las rentas de cualquier fuente u origen; pero han adoptado. Al mismo tiempo, el método de la fuente u origen para gravar a las personas no domiciliadas, limitadamente por los réditos provenientes de fuentes situadas en su territorio. La exigencia del carácter personal del impuesto es una verdad lógica y una razón ética y no un simple pretexto para la decisión política de someter al impuesto todos los réditos producidos en el exterior que obtienen las personas domiciliadas en su territorio.

Igualmente, el carácter personal del impuesto exige la universalidad de su contenido. Cuando mayores sean las exenciones por cualquier razón que las haya motivado, el impuesto personal pierde significado y tiene a ser cada vez más inequitativo. Además, al eximirse los réditos de algunas actividades puede provocarse un abandono de las actividades relativamente más gravadas, para dedicarse a las desgravadas.

Otra consecuencia del carácter personal del impuesto es la adopción de la progresividad de las alícuotas; no porque ésta sea una consecuencia necesaria, pero si en el sentido que, sin ese carácter personal, no será justificada la progresión o ésta podría tener efectos indeseables.

Conjuntamente con el tipo de impuesto progresivo, deben considerarse los otros elementos típicos de la personalidad del impuesto, tales como las deducciones de los intereses pasivos aun cuando no sean gastos necesarios para la obtención de la renta o de algunos de sus componentes; de la renta no imponible y de las cargas de familia, de los gastos; o alguna parte de ellos; para la salud del contribuyente y de su familia, obligaciones legales de alimentos, otros gastos no propiamente imputables a la obtención de la renta de una fuente determinada, pero que afectan genéricamente la capacidad del sujeto para obtener rentas como, por ejemplo, los gastos de movilidad y representación, participación en congresos o convenciones, no estrictamente ligados con una fuente determinada de rentas.

Por otro lado; hasta hace muy pocos años la prioridad era el crecimiento económico, y no se hablaba de la desigualdad. Pero la desigualdad creciente en muchos sectores, no sólo de la renta o ingreso, y la necesidad de hacer frente a los desafíos globales de manera solidaria ha llevado a colocar la redistribución como un punto importante de la agenda internacional.

Una de las manifestaciones más claras de la desigualdad se encuentra en la distribución de la renta entre los países y las personas. A pesar de que ha habido una gran discusión sobre si la tendencia es la convergencia o la desigualdad, los últimos datos señalan que nuestra sociedad global es cada vez más desigual; más aún, nunca en la historia ha sido tan desigual como lo es ahora. Las desigualdades no responden a la casualidad ni a factores impuestos por la naturaleza; por el contrario, son consecuencia de los procesos que se ponen en marcha, de las reglas de juego que se establecen. La globalización ha supuesto una creciente interdependencia, pero también ha aumentado las desigualdades internacionales.

La desigualdad; en la medida en que consolida la estratificación social; dificulta el acceso de los más pobres a las redes sociales que les podrían ayudar a mejorar su posición social, reduciendo el potencial de crecimiento de la economía en su conjunto.

MARCO TEORICO

DEFINICIONES

a)         Progresividad

El principio de progresividad, el cual se predica del sistema tributario, hace referencia al reparto de la carga tributaria entre los diferentes obligados a su pago, según la capacidad contributiva de la que disponen, es decir, es un criterio de análisis de la proporción del aporte total de cada contribuyente en relación con su capacidad contributiva. En este orden de ideas, es neutro el sistema que conserva las diferencias relativas entre los aportantes de mayor y de menor capacidad contributiva; es progresivo el que las reduce; y es regresivo el que las aumenta.

En esa misma medida, una dimensión más amplia del principio de progresividad del sistema, relevante en este proceso, invita a valorar el destino y los efectos del gasto público financiado con los recursos recaudados. En este sentido, es relevante el impacto del gasto público en la situación relativa de los contribuyentes y, en general, de los habitantes de un país. La neutralidad, progresividad o regresividad del sistema en esta perspectiva más amplia se apreciaría comparando las condiciones económicas de los diferentes integrantes de la sociedad después de efectuado el gasto público.[1]

Si los impuestos se basan en la capacidad de pago, entonces los contribuyentes ricos deben pagar más que los contribuyentes pobres. Pero, ¿cuánto más deben de pagar los ricos? Mucho del debate sobre política fiscal gira en tomo a esta pregunta. En el sistema progresivo, los contribuyentes con ingresos altos pagan una fracción mayor de su ingreso.

Impuesto progresivo

 Monto del impuestoPorcentaje del ingreso
US$ 50,000US$ 10,00020%
US$ 100,000US$ 25,00025%
US$ 200,000US$ 60,00030%

La progresión de impuesto personal a la renta y, sobre todo, a las alícuotas marginales que caracterizan dicho impuesto en muchos países, pueden afectar la equidad vertical del impuesto. También puede señalarse otro efecto de notoria evidencia. Las altas alícuotas del impuesto -sin que sea necesario que se trate de un impuesto progresivo; favorecen que los contribuyentes afectados por esas tasas incrementen mediante sus gastos y sus costos, ya que la erogación deducible será, en definitiva, soportada en la proporción correspondiente por el Estado. Las tasas progresivas acentúan este efecto contrario a la racionalización de la producción y al abaratamiento de los productos.

 

La escala progresiva tiene también la consecuencia de favorecer la elección del ocio en lugar del trabajo, cuando el incremento marginal del ingreso después del impuesto es menor que el costo marginal del esfuerzo necesario para obtenerlo. En tal situación el contribuyente se abstendrá de efectuar ese esfuerzo adicional prefiriendo el ocio al trabajo. Esta conclusión contrasta con el argumento de que, cuando el salario no supera el mínimo para subsistencia, el trabajador que se enfrenta con un impuesto que disminuye el salario, aun cuando no se trate de una elevada tasa marginal, difícilmente elija el cambio de ingreso por ocio, siendo más realista la solución de un incremento del esfuerzo para reconquistar un salario que cubra el nivel mínimo de subsistencia (fenómeno de remoción del impuesto).

Otro efecto del impuesto progresivo con altas tasas marginales para los escalones más elevados de ingresos -que constituyen presumiblemente los frutos del ahorro y de las inversiones- pueden ser la situación del ahorro por el consumo La desincentivación del ahorro y su sustitución por el consumo puede ser una suposición fundada para los contribuyentes mediados que tienen un margen de necesidades de consumo potenciales insatisfechas y por tanto expuestos a preferir la utilización del ingreso en una mayor demanda de bienes de consumo o, como parece más probable, de bienes de uso. La sustitución de ahorro e inversiones por consumo no es probable, en cambio, en los más altos niveles de ingresos, donde puede suponerse colmada la satisfacción de consumos, de bienes de uso y servicios altamente suntuarios y los ahorros no reflejan tanto la virtud de la abstinencia, cuanto más bien la imposibilidad de extender ulteriormente los consumos demandados.

b)        Regresividad

Es el impuesto en el cual los contribuyentes con mayores ingresos pagan una fracción menor de su ingreso que los contribuyentes con menos ingreso.

La característica del sistema tributario  regresivo, es en general cuando la carga tributaria recae con mayor fuerza sobre aquellos que poseen menor capacidad contributiva.

Para tratar de determinar si un sistema fiscal es progresivo o regresivo, tendremos que revisar la totalidad de los impuestos del esquema tributario de un determinado país. En un país tendremos dos grandes tipos de impuestos; aquellos que son directos y aquellos indirectos. Los impuestos directos son aquellos que gravan a las personas, (tanto las físicas como las jurídicas) en base a sus circunstancias, y los impuestos indirectos son aquellos que gravan determinado hecho independientemente de las condiciones de las personas.

Por lo tanto, siguiendo el esquema, si queremos analizar si un sistema fiscal incrementa o reduce su progresividad, la primera aproximación que debemos tener en cuenta es el reparto del coste entre estos dos grandes tipos de impuestos. Esto viene derivado porque los impuestos indirectos son regresivos por naturaleza. En consecuencia, cuanto mayor porcentaje de ingresos provengan de impuestos indirectos, mayor será la regresividad del sistema fiscal. Para tratar de ver este concepto, lo más apropiado es tratar de determinar dos ejemplos, para comprobar lo que ocurre; para ello me gustaría comenzar con el tipo indirecto más importante, y que todos conocemos; el Impuesto sobre el Valor Añadido, que grava las compras finales de bienes y servicios.

Una persona que tiene unos ingresos de 1.000.000 de euros al año. Esta persona pongamos que ahorra y aunque vive a cuerpo de rey «solo» se gasta unos 300.000 euros al año.

Otra persona que tiene unos ingresos de 20.000 euros al año. Esta persona pongamos que ahorra 10.000 euros al año.

Evidentemente puede parecer que la primera tiene una vida más frugal por que ahorra el 70% de su renta, mientras la segunda «sólo» ahorra el 50%. La primera conclusión que debemos sacar es que a pesar de que tradicionalmente el porcentaje de ahorro se relaciona con determinados conceptos como una actitud de vida, está mucho más relacionada con la renta que con el nivel de vida. Es decir, no podremos decir absolutamente nada de si una persona es “cigarra u hormiga” a partir del porcentaje de ahorro, ya que no podemos perder de vista los ingresos. Tan solo en casos de rentas similares, dicho número nos podrá llevar a conclusiones. En todo caso, las posibilidades de ahorro siempre serán mayores en el caso de rentas altas, debido a que los gastos básicos o mínimos crecen en proporciones menores al consumo total. Dicho de otra forma, existen unos gastos necesarios para satisfacer necesidades mínimas, que crecen con la renta, pero no en la misma proporción. Pero volviendo a nuestro ejemplo con estas dos personas, podemos comprobar lo que ocurre con el IVA:

La primera persona, si tiene unos gastos de 300.000, (suponiendo un IVA de 18%) ha gastado 254.237,29 euros más un IVA de 45.762,71. En consecuencia, el importe que paga de impuestos es un 4,5% de sus ingresos, (los 45.000 euros sobre el millón de renta). Si vamos al segundo caso, unos gastos de 10.000 suponen que paga 8.474,58 euros más 1.525,42 de IVA. Esta persona por tanto paga en concepto de IVA un total del 7,6% de sus impuestos, (el importe que representan estos 1.500 euros sobre sus ingresos de 20.000).

Como podemos comprobar el porcentaje de renta que se destina a pagar impuestos es superior en el caso de la renta baja, debido a que el porcentaje de ahorro, sí que es definitivo para calcular la factura impositiva.

Impuesto regresivo

 Monto del ImpuestoPorcentaje del ingreso
US$ 50,000US$ 15,00030%
US$ 100,000US$ 25,00025%
US$ 200,000US$ 40,00020%

c)         Proporcionalidad

En este sistema todos los contribuyentes pagan la misma proporción de su ingreso.

Un sistema impositivo proporcional es aquel en el que el impuesto sobre la renta abarca el mismo porcentaje del ingreso de todas las personas sin importar la cantidad de ingresos que la persona haga. Un sistema fiscal proporcional, a menudo también conocido como un impuesto de tasa única, no contiene diferentes porcentajes de impuesto sobre la renta, como los tiene el impuesto sobre la renta federal de EE.UU. El Servicio de Rentas Internas (IRS, por sus siglas en inglés) tiene la pretensión de que Estados Unidos en general se acerque a tener un sistema impositivo proporcional porque mezcla una tasa de impuestos progresiva —que son los que aumentan a medida que aumenta la renta–, un impuesto a la Seguridad Social regresivo y los impuestos a la propiedad –tienen una menor tasa de impuestos a medida que los ingresos aumentan.

Si los impuestos se basan en la capacidad de pago, los contribuyentes con niveles similares de ingresos deben pagar la misma cantidad en impuestos. Pero, ¿Qué determina si dos contribuyentes son parecidos? Las familias difieren en muchos sentidos. Para evaluar si el régimen fiscal es horizontalmente equitativo, es preciso determinar qué diferencias tienen relación con la capacidad de pago de cada familia y cuáles no.

Impuestos proporcionales históricos

Según el IRS, los impuestos proporcionales han existido desde hace mucho tiempo. La iglesia cristiana primitiva instituyó un impuesto proporcional, que fue llamado el diezmo en ese momento. El diez por ciento de los ingresos de cada persona debía darse a la iglesia por razones religiosas.

Impuestos proporcionales hoy en día

El mayor ejemplo de los impuestos proporcionales hoy sería el impuesto sobre las ventas. Aunque el impuesto sobre las ventas pueden ser diferente de una región a otra, cada comprador paga el mismo impuesto sobre las ventas. Si el impuesto sobre las ventas es del 10 por ciento, cada comprador de una computadora de US$500 paga US$50 en impuestos sobre las ventas, independientemente de los ingresos personales.

Argumentos a favor de los impuestos proporcionales

Existen argumentos de ambas partes en cuanto a las ventajas y desventajas de los impuestos proporcionales. Uno de los principales argumentos a favor de los impuestos proporcionales o planos es que se pueden sostener con facilidad como los más «justos». Otro argumento es que un impuesto de tasa única ofrece mayor motivación a las personas para tratar de ganar más, incluso con niveles de ingresos altos, porque una persona no perdería más y más en impuestos a medida que gana más y más dinero.

Argumentos en contra de los impuestos proporcionales

Uno de los argumentos en contra de los impuestos proporcionales es que puede actuar de manera similar a un impuesto regresivo. El hecho de que todo el mundo pague la misma cantidad de impuesto sobre las ventas en una compra es cierto, sin embargo, un billete de US$50 de impuesto sobre las ventas sería un porcentaje mayor con respecto a los ingresos de una persona que gana US$30.000 al año en comparación con alguien que gana US$100.000 al año. El Departamento del Tesoro ha declarado ya en 1984 que se opone a un impuesto sobre la renta plano porque una cantidad tan alta de carga tributaria se trasladaría desde las personas con altos ingresos a las personas con bajos ingresos.

Impuesto proporcional

 Monto del impuestoPorcentaje del Ingreso
US$ 50,000US$ 12,50025%
US$ 100,000US$ 25,00025%
US$ 200,000US$ 50,00025%

IMPLICANCIAS GENERALES EN LA REDISTRIBUCION DE LA RIQUEZA

Economía política

Una serie de modelos sugiere que la desigualdad en la redistribución de la riqueza puede afectar el desempeño económico en especial por sus efectos sobre las interacciones políticas entre distintos segmentos de la población. El argumento original suponía que siempre y cuando el votante con ingreso igual a la mediana (por encima y por debajo del cual se encuentra la mitad de la población) fuese beneficiado (al menos en el corto plazo) por un esquema de redistribución de activos, entonces la mayoría electoral estaría a favor de impuestos redistributivos. Estos impuestos tendrían un efecto distorsionante sobre la inversión y por tanto reducirían la tasa de crecimiento de la economía. Para un esquema redistributivo lineal, todos los individuos con riqueza inferior al promedio se verían beneficiados, por tanto mientras más por debajo del promedio se encontrara el «votante mediano», el electorado elegiría una tasa de impuesto más elevada.

Este es el tipo de argumento presentado por Alesina y Rodrik (1994) y Persson y Tabellini (1994), y a su vez son aplicaciones de la idea de equilibrio político-económico desarrollada por Meltzer y Richards (1981). El equilibrio político-económico se logra cuando, una vez considerado lo que resulta óptimo para cada uno de los individuos de la sociedad, se utiliza un mecanismo para agregar las preferencias (elección por mayoría simple, por ejemplo) para determinar lo que efectivamente se termina decidiendo para el colectivo. El concepto toma en consideración de manera expresa tanto las condiciones de óptimo individual como las características del sistema político que cohesiona a la sociedad. Otros autores han sugerido que si el gobierno no dedica su ingreso sólo a consumo (a través de transferencias directas a las familias) sino también a inversión en bienes públicos u otras actividades productivas (infraestructura, educación, etc.) entonces una mayor carga impositiva puede tener un impacto positivo sobre el desempeño en vez de uno negativo (ver Saint Paul y Verdier, 1994). De hecho, Perotti (1996) encontró que sociedades más desiguales tenían una carga impositiva menor y que el tamaño del Estado (y de la carga impositiva) estaba positivamente relacionado con el desempeño económico. Acemoglu y Robinson (1998) analizan la posibilidad de que las élites que controlan el poder decidieran adelantar una redistribución masiva ante la inminente amenaza de un abrupto conflicto social.

Otro tipo de modelos sugiere que la clase capitalista (los más ricos) ejerce presión política para que el gobierno mantenga los impuestos redistributivos en el nivel más bajo posible, lo cual va en detrimento del crecimiento económico (Rodríguez, 2000). A pesar de que la predicción inicial de los modelos de economía política era clara y sugería que la desigualdad presionaría la redistribución distorsionante, incluso desde el punto de vista teórico este argumento ha perdido fuerza, ya que ignora otras posibles funciones del sector público que pueden tener impactos positivos sobre el desempeño económico.

Imperfecciones en el Mercado de Crédito

Bajo el supuesto de que los mercados de crédito son perfectos (esto es: todos los individuos tienen acceso a préstamos a la misma tasa de interés) una vez que las personas logran identificar el proyecto de inversión más rentable (que lo determina el estado de la tecnología), los agentes económicos racionales lo único que deben hacer es ir al banco y tomar un préstamo por la cantidad necesaria que, sumado a su riqueza inicial, le permita hacer la inversión óptima. Esta es la base de lo que se conoce como economía del agente representativo, ya que bajo el supuesto de mercados de capital perfectos la economía puede analizarse como si hubiese un solo habitante. La teoría neoclásica del crecimiento se basa precisamente en este planteamiento.

Cuando se abandona el supuesto de mercados de capital perfectos, entonces el nivel de riqueza es importante para determinar el nivel de inversión que puede hacer un individuo. Si el nivel tecnológicamente óptimo se encuentra fuera de su alcance porque no tiene acceso a crédito suficiente, entonces no podrá aprovechar las oportunidades de beneficios disponibles. En este contexto, la desigualdad en la distribución de la riqueza tiene un impacto negativo sobre el desempeño económico porque implica un número mayor de personas con riqueza «insuficiente» para hacer la inversión óptima, lo cual significa que en el agregado el nivel de inversión es también subóptimo y, por lo tanto, la economía no crece al máximo ritmo que es tecnológicamente posible.

Esta sencilla lógica es válida igualmente para economías donde la inversión se hace en capital físico (Aghion y Bolton, 1997; Piketty, 1997) o en capital humano (Galor y Zeira, 1993). Esta clase de modelos también muestran que la senda de crecimiento de la economía depende de la distribución inicial de la riqueza, ya que determina tanto la tasa de interés de equilibrio como el salario. Bajo ciertas condiciones es posible que la economía quede atada en una «trampa de pobreza», donde existe un muy bajo nivel de ingreso promedio y un alto nivel de desigualdad. La trampa de pobreza se produce porque cuando una fracción grande de la población no es capaz de invertir la cantidad óptima, entonces la sociedad no crece rápidamente con lo cual estas personas seguirán sin poder invertir el monto óptimo y, en consecuencia, seguirán «atrapadas» en la pobreza. La economía también quedará atrapada en niveles de ingreso per cápita bajos.

La implicación de política más importante de esta clase de modelos es que una redistribución de activos incrementa, sin ambigüedad, la eficiencia de la economía. Ciertamente, la idea de redistribuir activos no resulta mayormente atractiva a la luz de algunas experiencias fracasadas en muchos países de América Latina, en particular durante la década de los años sesenta con los intentos de reforma agraria. Sin embargo, el punto es que más allá de los problemas de instrumentación que hayan surgido y de las especificidades políticas de algunas experiencias modernas, cuando un grupo de personas no tiene colateral suficiente para pedir un préstamo, se ubica en desventaja con relación al resto de la economía, lo cual afecta negativamente el desempeño agregado. Por lo tanto, la recomendación de política más general es contribuir a solventar las restricciones de crédito de los más pobres, y si un plan de redistribución de activos es una vía factible para lograrlo, entonces, se debe tomar.

Conflictividad Social

La desigualdad en la distribución de la riqueza (o del ingreso) puede generar incentivos al crimen, a la violencia o, más generalmente, al conflicto social (Bourguignon, 1998; Ortega, 2002; Benhabib y Rustichini, 1996; Esteban y Ray, 1999). Una de las formas en que se ha abordado la idea de conflicto social es considerando la posibilidad de que los individuos se «apropien» de los bienes de otros, sin retribuirles con un pago. Es decir, permitiendo que los derechos de propiedad sobre los bienes sean determinados en la interacción entre los agentes económicos, sin que exista intercambio mercantil de ningún tipo. La definición de los derechos de propiedad sobre los bienes por la vía de la «fuerza» es la característica principal de las teorías conocidas como de «derechos de propiedad endógenos».

En una sociedad donde los derechos de propiedad sobre los bienes se definen desde la perspectiva endógena, los individuos pueden decidir si se dedican a actividades productivas o a actividades predatorias (robar a los demás). Esta decisión se basa en la comparación que hace el individuo sobre el rendimiento de cada una de ellas. Usualmente el retorno de actividades productivas con respecto al retorno de actividades no productivas está relacionado con el nivel de riqueza del individuo. Si consideramos actividades predatorias como robos en la calle, hurto de carteras o de vehículos, etc., es razonable pensar que una persona con mucha riqueza tiene menos incentivo que una pobre para dedicarse a ellas, ya que en caso de ser aprehendida dejaría de disfrutar de un elevado nivel de consumo mientras paga la penalidad (estando en la cárcel, por ejemplo).

Además de la percepción de tener poco que perder, una persona situada en la parte inferior de la escala de distribución puede sentirse más atraída hacia actividades de apropiación ilegítima mientras mayor es la riqueza de los ricos (mayor desigualdad), ya que el retorno esperado de la apropiación es mayor cuando es más probable conseguir una víctima con activos valiosos. La desigualdad tiene un impacto negativo sobre el desempeño económico si induce a una fracción mayor de la población a dedicarse a actividades no productivas, incluso cuando no hay destrucción de riqueza en el proceso de conflicto. De la misma manera que en la literatura sobre imperfecciones en el mercado de capital, esta literatura examina las implicaciones de una política de redistribución de ingresos o activos. En general, los modelos predicen una mejora en la eficiencia económica a partir de una redistribución de activos, excepto cuando el individuo más pobre de los que han decidido dedicarse a actividades productivas es un «perdedor» en la redistribución, ya que al verse afectado negativamente decide cambiar a actividades improductivas y la eficiencia cae (Ortega, 2002). Algunos casos de reformas agrarias en lugares muy pobres (por ejemplo, en el Lago Titicaca, en Bolivia, en la reforma agraria de 1953) sugieren que incluso sin problemas de implementación, la redistribución de activos puede ser perjudicial. La lección básica en términos de política económica es que aunque por lo general la redistribución puede ser benéfica, en economías (localidades, regiones) muy pobres es probable que sea contraproducente.

También se ha sugerido que altos niveles de desigualdad reducen la capacidad del sistema político para responder efectivamente a choques externos (Rodrik, 1997). En una sociedad más desigual se dedican más recursos a la negociación sobre las rentas en la economía (o sobre los costos de un choque negativo), lo cual hace que la capacidad de respuesta del sistema burocrático ante cualquier cambio en el entorno sea menor, reduciendo las posibilidades de crecimiento de la economía. Alesina y Perotti (1996) arguyen que la desigualdad incrementa la inestabilidad política y, como consecuencia, desincentiva la inversión y el crecimiento.

Estratificación

Otra vía a través de la cual la desigualdad influye de manera negativa sobre la eficiencia económica es cuando contribuye a la segregación en comunidades de similares. Sin necesidad de recurrir a argumentos como diferencias raciales o religiosas o de otro tipo, es posible que ciertos efectos de «vecindario» conduzcan de manera endógena a una estratificación ineficiente de la sociedad (Benabou, 1996; Durlauf, 1996). La desigualdad en la distribución de la riqueza o del capital humano, o en ambos, contribuye a esta estratificación al hacer que el efecto vecindario se acentúe entre los ricos y se diluya entre los pobres. La desigualdad; en la medida en que consolida la estratificación social; dificulta el acceso de los más pobres a las redes sociales que les podrían ayudar a mejorar su posición social, reduciendo el potencial de crecimiento de la economía en su conjunto. Estos efectos “vecindario” pueden ilustrarse con un simple ejemplo: la influencia positiva que ejercen los niños (vecinos) responsables, creativos y sanos sobre los niños del propio hogar. Se refiere a los beneficios que disfrutan los miembros de una comunidad por el solo hecho de que sus vecinos tengan ciertas características deseables, como puede ser un alto nivel educativo (efectos externos o externalidades positivas). En resumen, la desigualdad; en la medida en que consolida la estratificación social; dificulta el acceso de los más pobres a las redes sociales que les podrían ayudar a mejorar su posición social, reduciendo el potencial de crecimiento de la economía en su conjunto.

Fricciones en los Mercados de Factores

Una literatura relativamente poco difundida considera que una forma en que la desigualdad afecta de manera negativa el desempeño económico es a través de sus efectos sobre las posibilidades de los trabajadores de encontrar el trabajo en el cual serían más productivos (Acemoglu, 1997; Kremer y Maskin, 1996). Cuando en la producción el capital físico y el capital humano son complementarios (una mayor cantidad de uno aumenta la productividad del otro) cada trabajador maximiza su productividad (y su ingreso) si encuentra un trabajo con el máximo nivel de capital físico; de igual manera, la empresa maximiza su productividad con el trabajador con mayor capital humano. Socialmente, se maximiza la productividad de la economía si el trabajador con máximo capital humano se une con la empresa con máximo capital físico, el segundo con la segunda empresa, etc. Este es el arreglo que un planificador social adoptaría, sin embargo, en la economía descentralizada el proceso de unir trabajadores y empresas es imperfecto. Si el proceso es puramente aleatorio (aunque no lo fuera, es razonable pensar que siempre habría elementos aleatorios) entonces una mayor dispersión en la distribución de capital humano (por ejemplo) hace más difícil que cada trabajador consiga el trabajo allí donde su productividad social puede ser máxima y, por tanto, reduce la eficiencia económica. Por la naturaleza de este mecanismo de transmisión, donde la desigualdad tiene un efecto sobre el funcionamiento del mercado, la implicación de política no es ir directamente a un proceso de redistribución. En general, cualquier política que; tanto para el trabajador como para la empresa; contribuya a reducir los costos de transacción de conseguir el par adecuado a sus necesidades, contribuiría a contrarrestar el efecto de la desigualdad sobre las fricciones en los mercados de factores.

APLICACIÓN PRÁCTICA

Perú

a)         Progresividad

Uno de los procedimientos para lograrla redistribución de ingresos es la aplicación del impuesto progresivo. A diferencia del impuesto proporcional que significa alícuotas iguales, el impuesto progresivo implica que la alícuota está en progresión con el monto del objeto imponible. Habitualmente, a medida que los impuestos aumentan, tiende a ser mayor la proporción que se destina al consumo con respecto al ahorro, lo cual hace que el impuesto progresivo afecte progresivamente la acumulación del capital. Impuesto progresivo es, en realidad, un castigo progresivo a la eficiencia, puesto que cuanto mejor sirve a un individuo a sus semejantes más que proporcional será el castigo fiscal que sufrirá. El impuesto progresivo altera las posiciones patrimoniales relativas que el consumidor, a través del mercado, había oportunamente establecido.

El consumidor, de acuerdo con la capacidad que demuestra cada individuo, empresa y rama de producción para satisfacer sus necesidades, va asignando recursos por medio de sus compras y abstenciones de comprar, estableciendo así ganancias, pérdidas y distintos niveles de rentas y patrimonios. Pero una vez pasado el rastrillo impositivo, si el gravamen es progresivo, las posiciones patrimoniales relativas de un productor respecto de otro quedan alteradas. Alteradas artificialmente por el gobierno, lo cual provoca malinversión y desperdicio de capital.

El impuesto progresivo constituye un privilegio para los relativamente más ricos, puesto que obstaculiza el ascenso en la pirámide patrimonial produciendo un sistema de inmovilidad y rigidez social. Por último, el impuesto progresivo, al afectar la capitalización recae especialmente sobre los trabajadores marginales, debido a que se obstaculiza el aumento de sus salarios, lo cual hace que el impuesto progresivo tienda a ser regresivo.

El impuesto progresivo también se utiliza para redistribuir ingresos sobre la base de la creencia de que debe primero atenderse a «lo necesario» antes de que haya gente que pueda disfrutar de «lo superfluo». Independientemente de la dificultad de precisar qué es necesario y qué es superfluo, esta concepción se traduciría, por ejemplo, en que nadie podría ir a la universidad hasta que todos puedan ir al colegio secundario, y que nadie pueda ir al colegio secundario hasta que todos puedan ir al primario, y que nadie pueda ir al colegio hasta que todos puedan hacerlo.

Nadie podría ir al teatro hasta que todos tengan zapatos y nadie podría tener zapatos hasta que todos tengan comida, etc. Este razonamiento no tiene en cuenta que para que alguien tenga pan es necesario que otro tenga caviar, y para que alguien tenga una bicicleta otros deben tener la posibilidad de tener automóviles.

Esto es así porque, precisamente, el premio o la redistribución de los más eficientes hacen que su eficiencia se traduzca en mayor atención a las necesidades de la gente. Ya se ha visto lo que sucede con el igualitarismo de la «guillotina horizontal» cuando se pretende retribuir de la misma forma al eficiente que al ineficiente.

Por otro lado en el Perú; la complejidad de las normas, las altas tasas de impuestos, la exagerada cantidad de beneficios tributarios direccionados hacia sectores o grupos específicos, la presencia de impuestos antitécnicos, la concentración de la carga tributaria en unos pocos formales y la existencia de un código tributario frondoso y complejo, desalientan el cumplimiento de la obligación tributaria. Quizá por ello es que los empresarios peruanos desaprueban la política tributaria actual (86.3%) y que el 60.6% de ellos no confía en la Sunat. A este paso, no estamos tan lejos de la situación generada en Nueva Zelanda, por ejemplo, donde de acuerdo con un informe del 2001 preparado para los ministros, el código tributario produce «furia, frustración confusión y alienación» en los empresarios.

Una de las alternativas que se podría pensar como solución es la relacionada con la propuesta de adoptar un impuesto plano a los ingresos, simple y progresivo a la vez, como plantearon Hall y Rabushka.

El nivel de progresividad de dicho esquema provendría del nivel mínimo de inafectación para que las capas más bajas de ingresos paguen menos impuestos. Muchos otros autores han desarrollado la idea, complementándola con combinaciones de reformas en otros impuestos, como por ejemplo tasas diferenciadas en el impuesto sobre el consumo o un impuesto plano sobre el consumo más una subvención directa del Estado, para lograr niveles óptimos de redistribución.

Los defensores de los sistemas progresivos argumentan que las tasas diferenciadas para los ingresos exigen un mayor pago de aquellos que ganan más al aplicárseles tasas marginales más altas. Sin embargo, se puede establecer cierta progresividad en un sistema de tasa plana, usando la combinación de dos variables: el mínimo a deducir y el nivel de la tasa.

Además, la simplificación del sistema reduciría drásticamente los costos de la administración de impuestos, pues estos son significativamente mayores para un sistema complejo. Los costos de cumplimiento, administración y fiscalización en EE.UU., por ejemplo, se sitúan entre 10% y 20% de lo recaudado. En el Perú, salvando las distancias por niveles de formalidad, elusión, evasión y contrabando, la Sunat se queda con el 2% de lo que recauda.

b)        Regresividad

En el Perú la recaudación tributaria se sustenta en impuestos regresivos (impuestos indirectos). Por otro lado se puede afirmar que el sistema tributario nacional es injusto y nada equitativo, además contribuye a la exclusión social, pues los impuestos indirectos como el IGV afectan a los que menos tienen. Asimismo el sistema tributario injusto y nada equitativo incentiva la evasión tributaria que es una de las lacras de nuestra sociedad, pues la evasión tributaria es alrededor del 50% del total que se recauda.

Más bien, la recaudación tributaria debe sustentarse vía incremento de los IMPUESTOS DIRECTOS (progresivos), pues afectan al que más tiene, como es el caso del IMPUESTO A LA RENTA.

c)         Proporcionalidad

La tasa proporcional se fija en una proporción que permanece uniforme. Es decir, sin importar el nivel de ingresos, el contribuyente siempre paga la misma tasa. Lógicamente, si bien paga la misma tasa, a mayores ingresos, mayor será el monto del impuesto a pagar.

Una ventaja de la tasa proporcional es que evita la división artificial. Este criterio es de particular importancia en el caso de las personas jurídicas, más que en el de las personas naturales. Es por ello que la mayoría de legislaciones modernas adoptan, indiscutidamente, un sistema de tasa proporcional o única para las personas jurídicas.

Dentro del sistema sancionador, señala la Defensoría del Contribuyente y del Usuario Aduanero, debe estar presente siempre el principio de proporcionalidad para que el castigo se compadezca con la infracción. Esto que parecería que no requiere mayor análisis, debe ser materia de reflexión. Dos casos llegados a la Defensoría por la vía de las quejas, ilustran la necesidad de detenerse un instante en el tema de la proporcionalidad:


[1] Sobre este tema, pueden consultarse, entre otras, las Sentencias C-333 de 1993 (M.P. Eduardo Cifuentes Muñoz), C-335 de 1994 (M.P. José Gregorio Hernández Galindo), C-597 de 2000 (M.P. Alvaro Tafur Galvis. S.V. Ms. Alfredo Beltrán Sierra, José Gregorio Hernández Galindo y Carlos Gaviria Díaz) y C-637 de 2000 (M.P. Alvaro Tafur Galvis).