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Clasificación de las rentas en el sistema financiero nacional

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Impuesto sobre las rentas de inmuebles
Nociones preliminares
Alrededor de los impuestos a las rentas de inmuebles, la doctrina ha elaborado muchos de los teoremas que luego han sido base del análisis de aspectos generales de la economía, tales como las características diferenciales entre impuestos sobre la renta efectiva y la renta potencial; la traslación e incidencia de los impuestos sobre las rentas diferenciales (excedentes y que así rentas); los fenómenos de la amortización del impuesto y de la capitalización de las desgravaciones totales o parciales.

Los impuestos reales sobre las rentas de inmuebles pueden distinguirse; en un impuesto a la renta de la tierra destinada a los diferentes cultivos y a la ganadería y otro a la renta de terrenos y edificios urbanos. En ambos casos debemos distinguir a la renta pura del propietario, de la renta obtenida por la explotación agrícola ganadera, o de la empresa comercial o industrial que se ejercen en dichos inmuebles. (Apaza, 1999).

Históricamente, esta separación entre la renta del propietario y el beneficio de la explotación costó algún esfuerzo doctrinal para ser aceptada, especialmente en el caso de explotaciones agrícolas por el mismo propietario.

También deben distinguirse entre la renta del propietario y el beneficio de la empresa agropecuaria, por un lado y la retribución del empresario por su trabajo personal y el de los componentes del grupo familiar y el interés del capital mobiliario de su propiedad, por el otro. A menudo, los impuestos en las leyes positivas no efectúan estos distintos, gravando pues, al mismo tiempo y sin discriminación alguna, salarios, intereses, beneficios empresariales y renta de la tierra. Ello tiene, como se verá, notable importancia ya que salarios e intereses son costos de factores y un gravamen sobre costos tiene; generalmente; efectos distintos de un impuesto sobre beneficios neto y, más aún, de un impuesto sobre las superrentas. (Apaza, 1999).

Determinación catastral de la renta de la tierra libre de mejoras
Los impuestos sobre la renta de la tierra libre de mejoras-renta del propietario- pueden estar estructurados como tributos sobre la renta efectiva, o bien como impuestos sobre la renta que resulta del catastro. El catastro es una registración efectuada por la Administración Pública de un conjunto de datos de relevamiento objetivo sobre límites, extensión, caracteres orográficos e hidrográficos, calidad de la tierra, distancia de carreteras, puertos u otros lugares de salida de los productos, producción anual según estadísticas de un periodo de años (por ejemplo, 5 ó 10) y precios promediales de dicha producción, gastos promediales de explotación menos beneficios del empresario agrícola-ganadero, intereses del capital y salarios o retribuciones de los componentes del grupo familiar, etcétera. (Apaza, 1999).

Todos estos datos, cuyo relevamiento se registra en el catastro, pue¬den desembocar en la estimación de la renta potencial de la tierra o en el valor fiscal de la propiedad inmueble.

No hay diferencia esencial entre impuestos a la renta de la tierra o sobre el avalúo fiscal de la propiedad si, para ambos, se toma como base el relevamiento después de determinar la renta potencial para llegar al valor fiscal: esto es, la capitalización de la renta potencial obtenida a la tasa estimada de rendimiento de los capitales invertidos en tierras. (Apaza, 1999).


Otras formas de determinación de la renta de inmuebles rurales
Diferente es el caso si los valores fiscales de las tierras se estiman sobre la base de otros elementos de juicio, tales como el valor de venta de fracciones de tierras de la misma zona y de análogas características según datos relevados en operaciones registradas oficialmente o según informes de intermediarios en los negocios de inmuebles. Estos valores pueden ocasionalmente; diferir en muchos de los obtenidos según el método catastral y, además, los valores así determinados pueden no ajustarse a la realidad, por razones de evasión fiscal.

Si en el impuesto sobre la renta potencial o efectiva del propietario de la tierra es determinado sin confusión de elementos extraños, como o puntualizamos al comienzo, debes admitir su incidencia sobre el propietario y, al mismo tiempo, su amortización sobre el que fuera propietario en el momento de la creación del impuesto. También se revocará la amortización del impuesto en la proporción correspondiente por aumento de las alícuotas y la capitalización proporcional de la liberación del impuesto por la disminución de las alícuotas. (Apaza, 1999).

Si el impuesto la renta del propietario de un inmueble que explota su tierra directamente grava solamente la renta diferencial de los predios intramarginales, la incidencia sobre el contribuyente de derecho se ajusta a la clásica demostración de David Ricardo. El precio de los productos de la tierra se fijará según el costo del productor marginal, esto es, el productor cuyo precio iguala el costo, sin dejar al productor ganancia alguna. Por ello, el productor marginal, no teniendo renta, no paga el impuesto y, por tanto, no se verificará salida alguna de productores del mercado. Consiguientemente, el impuesto no sufre traslación alguna e incide sobre el propietario. (Apaza, 1999).

Análoga demostración puede hacerse para el impuesto que grava el beneficio de las empresas agrícolas y ganaderas, siempre que se depu¬re ese beneficio de las retribuciones a los factores, a fin que el benefi¬cio empresarial no obtenga costos.

Si, por el contrario la renta gravada incluye intereses por capitales prestados y sueldos por el trabajo del productor y de sus familiares, existiría la posibilidad de traslación hacia delante.

Estos principios rigen también y la renta de la tierra es la renta efectiva sino la potencial. En ambos casos se verifica la amortización del impuesto. (Apaza, 1999).

Imposición sobre la renta normal potencial de la tierra
El sistema de imposición sobre la renta normal potencial de la tierra tiene dos efectos que pueden ser concurrentes o excluyentes.

El primer efecto consiste en estimular al productor a mejorar la productividad de su explotación, mediante la aplicación de mayores capitales o de mayor trabajo y racionalizando la producción, adoptando cultivos más rentables o; simplemente; mejorando los métodos de cultivos de los productos ya elegidos anteriormente. Puede verificarse la circunstancia que el productor carezca de los medios para efectuar inversiones o utilizar métodos de producción más actualizados en cuyo caso se le abren diversas soluciones alternativas: acudir al mercado de capitales, asociando a los que estén dispuestos a invertirlos en la empresa como socios, o bien concertando un préstamo. A veces los requerimientos de capitales pueden satisfacerse con crédito bancario a plazo breve o mediano. En otros casos, será necesario capital para inversiones de largo plazo. También pueden los productores unirse en cooperativas para el uso conjunto de tecnología avanzada que, individualmente, no podrían adquirir y emplear. (Apaza, 1999).

El estímulo o incentivo al que nos referimos consiste en la exención impositiva de toda la suma en que la renta efectiva del productor exceda la renta normal potencial. Este incentivo va, automáticamente, acompañado por un gravamen más pesado sobre la renta efectiva de aquellos productores es que contengan de sus predios una renta en cantidad menor que la renta normal potencial. Estos podrán reaccionar al impuesto mediante la pues-ta en explotación de sus predios, efectuando las inversiones y el trabajo para lograr; cuando menor; el producto mínimo necesario para pagar el impuesto. Finalmente, si no quieren o no pueden adoptar ninguno de los temperamentos indicados, podrán vender sus tierras. En este caso sufrirán la amortización del impuesto o, mejor dicho, se evidenciará dicha amortización. (Apaza, 1999).

El impuesto a la renta normal potencial tiene, pues, el efecto de aumentar la oferta de tierras en el mercado, abaratando su precio y abriendo así el acceso a la propiedad de nuevos adquirientes con mayores perspectivas de utilización racional de la tierra. (Apaza, 1999).

Impuesto sobre la renta de los inmuebles urbanos edificador o no
El impuesto sobre la renta de los inmuebles urbanos edificados grava generalmente la renta efectiva y sólo en ciertos casos la renta presunta determinada por medio del catastro.
Es muy común utilizar en este impuesto medidas para incentivar la edificación en general o la edificación para viviendas en panicular mediante la desgravación total o parcial de los inmuebles que se edifiquen por un cierto número de años (5, 10 ó 25, en la experiencia argentina e italiana, por ejemplo).

También pueden promoverse la edificación mediante la imposición especial a los terrenos urbanos edificables, pero no edificados Este impuesto sobre el valor de dichos terrenos es; en realidad; un impuesto sobre la propiedad, sea sobre una parte del patrimonio. Pero, por lo ya expuesto, puede considerárselo como un impuesto sobre la renta potencial, con efectos análogos a los ya expuestos para la renta normal potencial de las tierras rurales.

El impuesto sobre la renta de inmuebles edificados recae sobre una especie de retribución del uso de un capital que los propietarios ceden a los arrendatarios. Se trata, pues, de un impuesto sobre un producto competitivo en el mercado cuya traslación puede operarse en la medida en que las condiciones del mercado y de la coyuntura lo permitan. (Apaza, 1999).

Impuesto sobre la renta de capitales mobiliarios y rentas de títulos
Se trata de un impuesto real sobre los intereses de capitales prestados, sea en la forma clásica del contrato de mutuo, sea en cualquier otro tipo de contrato, del cual surja la obligación o pagar intereses. El impuesto puede, por tanto, gravar el descuento de letras o pagarés, los intereses por deudas de saldo de precio por operaciones de venta de bienes inmuebles o muebles a crédito, etcétera.

En ciertos países el impuesto abarca también a los dividendos de acciones de sociedades de capital. Sin embargo, creemos que a los fines del análisis del impuesto, los problemas que se refieren a la imposición de los dividendos se entrelazan con el impuesto que recae sobre las utilidades de las sociedades de capital, de manera tal que resulta conveniente estudiarlos conjuntamente con este último. (Apaza, 1999).

Impuesto sobre los intereses
En un sistema de impuestos cedulares los créditos (productos) netos, los intereses por préstamos y por deudas del mismo carácter, que constituyen el crédito de capitales mobiliarios sujetos al impuesto real correspondiente, son, en un gran número de casos, gastos deducibles para el deudor a los efectos de la determinación del crédito imponible, tanto de la renta de la tierra, como de los beneficios de la explotación agrícola-ganadera y de los beneficios de la industria y el comercio. Pero hay casos en los que los intereses gravados en cabeza del capitalista no son deducibles por el deudor y los hay en los que son deducibles por el deudor y no constituyen créditos imponibles para el capitalista.

Sobre estas alternativas ha construido Somers su análisis de la trasla¬ción e incidencia del impuesto. (Apaza, 1999).

Intereses de títulos públicos
Un aspecto importante del impuesto real a los réditos de capitales mobiliarios es el tratamiento fiscal de los intereses de títulos públicos, empréstitos y bonos gubernamentales.

Hay, al efecto, dos tratos alternativos: emitir los empréstitos o los bonos del tesoro con las tasas de interés corrientes en el mercado y someter los intereses al impuesto a los réditos de tipo real que esta grava, con lo cual se colocan los prestamistas del Estado en un pie de igualdad con los demás capitalistas, o bien se dispone como condición de emisión la exención de los intereses de cualquier impuesto presente o futuro, como también la exención del capital de interés de los títulos puede ser mucho menor que en el caso anterior, siendo la diferencia el valor del impuesto del que se eximen los poseedores de los títulos.

El desaliento del ahorro por el impuesto
Otro aspecto del problema de los efectos del impuesto cedular sobre los réditos del capital mobiliario, es el análisis del estímulo hacia el ahorro y la formación del capital. La existencia de un impuesto sobre la renta de capitales mobiliarios puede determinar que algunos ahorristas para quienes el interés antes del impuesto era la utilidad necesaria para inducirlos a sacrificar consumos presentes, dejarán de ahorrar. Esta posibilidad no reviste, sin embargo, una importancia muy grande para la formación el capital, que depende, en cambio, en medida mucho más significativa de ahorros de otras fuentes. La mayor creación de capital depende de aquellas rentas que exceden las posibilidades de consumo en sus beneficiarios.

El verdadero problema del impuesto sobre la renta de capitales será la opción entre la colocación de los ahorros en préstamos o bien la inversión accionaria en sociedades de capital. Aquí está en juego no sólo la forma jurídica de las inversiones de capital, sino la participación en el patrimonio de las empresas del riesgo correspondiente. (Apaza, 1999).

Impuesto a los sueldos y salarios
Tratase de un impuesto real que aplica sobre los sueldos o salarios del personal en relación de dependencia. En los sistemas de impuestos cedulares ocupa un lugar de importancia. Es característica de este impuesto la utilización en gran escala; del sistema de recaudación conocido como retención en la fuente, a cargo de los empleadores. (Apaza, 1999).

El impuesto real a los sueldos y salarios que percute a los trabajadores en relación de dependencia, puede provocar los siguientes efectos alternativos.

a) Reducir la oferta de trabajo y lograr así la traslación sobre los empleadores;
b) Aumentar la oferta de trabajo para mantener, a costa de mayor es¬fuerzo, el rédito anterior al impuesto, sea, remover el impuesto;
c) Disminuir el consumo;
d) Disminuir el ahorro.

Analizaremos a continuación cada una de estas proposiciones.

Traslación e incidencia
La reducción de la oferta de trabajo y la traslación consiguiente sobre los empleadores tiene como premisa la posibilidad del trabajador de renunciar a su ingreso por el tiempo que ha sustraído al; trabajo. Esta posibilidad depende de muchos factores. (Apaza, 1999).

En primer término, entra en juego para su decisión el cotejo entre el sacrificio del impuesto y la utilidad subjetiva del ocio. Si el trabajador considera que la pérdida del ingreso está compensada con creces por el mayor tiempo disponible para dedicarse a cualquier otra actividad como, por ejemplo: la lectura, concurrencia a espectáculos, conciertos, práctica de deportes, “hobbies”, actividades políticos o sociales, juego, ejercer actividades alternativas y descansar, restringirá su oferta de trabajo, con lo cual trasladará el impuesto al empleador.

Para que se verifique esta hipótesis es necesario que existan determinadas condiciones, como ser: posibilidad de contar con otros ingresos que permitan mantener; por lo menos; el nivel mínimo de subsistencia, inclusive el ocio debe ser acompañado por algún factor que lo haga apetecible, para que el trabajador afectado por el impuesto valore debidamente sus beneficios.

En segundo término, influye en esta actitud la existencia de la agremiación de los trabajadores con poder suficiente para lograr el aumento de sueldos y salarios. (Apaza, 1999).

Remoción del gravamen
La remoción del impuesto a través de un aumento de la oferta de trabajo es una alternativa que se abre al trabajador, que no logre o no intente trasladar el impuesto hacia el empleador. Están en esta condición no sólo los trabajadores no especializados, sino todos aquellos cuyos ingresos no superaran antes del impuesto el mínimo necesario para el sustento, sin contar tampoco con ahorros acumulados para emplearlos en la demanda de bienes de consumo, a fin de llenar la brecha abierta por la aplicación del impuesto, por lo menos en el corto plazo.

El aumento de la oferta de trabajo provoca, desde luego, una disminución del salario unitario, pero permite al trabajador compensar en su retribución total el pago del impuesto.

Disminución del consumo
Los trabajadores incididos por el impuesto a los salarios, tienen como alternativa a la remoción, resignarse a disminuir sus consumos o sus aho¬rros.

Consideramos en primer lugar la disminución de los consumos. Esta consecuencia de la incidencia es muy probable en todos aquellos trabajadores que no pueden remover el impuesto ni trasladarlo, y cuyos ingresos antes del impuesto no les permitían ahorrar. En esta situación el impuesto que grava el salario origina una disminución de la renta del trabajador y, por ende, de su demanda de bienes de consumo.

Disminución del ahorro
La disminución del ahorro será el efecto probable de la incidencia del impuesto sobre los sueldos y salarios, cuando éste afecte a sujetos con salarios mayores del mínimo de sustento o, visto el problema en su aspecto global,. En toda la economía, en proporción con la propensión marginal a ahorrar. La disminución del ahorro podrá originar una merma en la formación del capital, pero no en la misma proporción.

En efecto, una parte importante de los ahorros de los trabajadores no se destina a la inversión sino al consumo futuro. Ello no obstante, no debemos subestimar el aporte de los ahorros de los asalariados a la formación del capital, por lo menos en los países más desarrollados. (Apaza, 1999).

Impuesto real sobre los beneficios netos de empresas comerciales, industriales, agropecuarias, etcétera
El principio del beneficio. Se considera que las sociedades deben pagar un impuesto sobre sus beneficios en compensación por Los múltiples servicios que obtienen para el desarrollo de su actividad comercial gracias a la existencia de servicios públicos, tales como reducción de costos, ampliación de mercados, facilidades para transacciones financieras, etc. Sin embargo, muchos de estos servicios no representan un beneficio únicamente para las sociedades sino también para otras formas legales de organización de la actividad productiva o de negocios. En consecuencia, lo racional sería establecer un impuesto general sobre las operaciones de negocios en lugar de un impuesto únicamente sobre las sociedades. Aunque es cierto que el gobierno incurre en determinados costos que están directamente ligados con las sociedades en particular, tales costos representan un factor minoritario y prácticamente no justifican la existencia del impuesto. (Apaza, 1999).

El privilegio de trabajar en condiciones de limitación de responsabilidad, es, por supuesto de un gran valor para las sociedades, pero la institución de la responsabilidad limitada no supone en la práctica ningún costo para la sociedad en su conjunto, y por lo tanto, no justifica el establecimiento de un impuesto sobre los beneficios. El propósito de los impuestos sobre beneficios es el de asignar el costo de los servicios públicos prestados y no establecer un gravamen por unos beneficios gratuitos.

Se responde a la doctrina clásica fundada en la teoría de Ricardo con numerosas objeciones.
a) El impuesto aparentemente general y uniforme puede no serlo en la realidad de los hechos por la existencia de diversas franquicias o exenciones o por tratos diferenciales a las diferentes industrias.
b) La uniformidad de 1 alícuota impositiva no tiene en cuenta la exis¬tencia de diferentes grados de riesgo empresarial. Sin embargo la remisa que el beneficio es la remuneración del empresario para com¬pensar el riesgo asumido, el trato igual a todas las industrias impli¬ca una desigualdad real en perjuicio de los empresario que asu¬men riesgos mayores.
c) Los impuestos que en la realidad dicen gravar los beneficios de las empresas no distinguen ese beneficio del interés que corres¬ponde al empresario por el uso de su propio capital, ni del salario por su trabajo personal y el de sus familiares. En una palabra, el beneficio que adoptan como imponible las leyes fiscales, no es el beneficio residual. Después de ciertos todos los costos, sino que comprende algunas remuneraciones de factores.
d) Los empresarios consideran como costo el impuesto sobre los beneficios.

Equivocados o no, ellos basan los cálculos económicos sobre la perspectiva de un determinado beneficio neto, o sea, después de pagados el impuesto. Como los fenómenos económicos y especialmente los elementos que constituyen el mercado y la formación de los precios dependen de la conducta de los sujetos que intervienen en aquel y como dicha conducta está regida por las decisiones que, a su vez, se apoyan en las opiniones de los sujetos actuantes, si los empresarios creen que el impuesto es un costo, por muy equivocados que estén, su convicción determinará sus decisiones y éstas las conductas.

En definitiva, no se puede mantener incólume la doctrina ricardina y así lo piensan muchos autores. (Apaza, 1999).

Impuesto a los beneficios de profesiones, artes y oficios u otras actividades con fines de lucro ejercidos por personas sin relación de dependencia
En un sistema cedular el impuesto a los réditos quedan por analizar uno o más impuestos que graven los ingresos netos del ejercicio de profesiones, artes y aficiones u otras actividades ejercidas por personas sin relación de dependencia, o algunas de ellas. Se trata de una pléyade de actividades en las que prevalece el trabajo personal, pero que pueden involucrar un abundante concurso del capital y del trabajo propio o de terceros.

La característica saliente de esta fuente de réditos consiste, en el caso de las profesiones y los artes que pueden abarcar las artesanías, etcétera- en la naturaleza del mercado en que actúan, en el que prevalece el régimen de la competencia monopólica que puede llegar en algunos casos al monopolio.

En ciertos países los réditos de estas fuentes son asimilados a los beneficios de la industria o el comercio; en otros, son tratados por un impuesto separado. (Apaza, 1999).

En muchos casos las deficiencias o la falta completa de libros de contabilidad y de comprobantes de ingresos y gastos, favorece la evasión fiscal, a la cual se trata de poner coto mediante determinaciones administrativas sobre la base de presunciones, que confieren un alto grado de aproximación a la realidad, o bien mediante la aplicación e impuestos fijos o graduales con el nombre de patentes o licencias. (Apaza, 1999).

En el sistema cedular, puede, en general, observarse que los beneficios de profesiones, artes y oficios están sujetos a porcentuales de impuesto que no guardan proporción con las de otros impuestos reales y, especialmente, con los impuestos sobre sueldos y salarios. La razón de esta desproporción, especialmente si el sistema adoptado pretende discriminar las rentas del trabajo de las producidas por el capital o mixtas de capital y trabajo, se atribuye a la posibilidad de evasión, que el legislador compensa con tasas de imposición más elevadas. Consideramos que ésta, más que una razón, es un perjuicio reñido con la lógica y la equidad. Lo primero, porque si hay evasión por parte de los contribuyentes, el remedio que no falta a la administración fiscal consiste en reforzar los controles y utilizar elementos probatorios de los pretendidos evasores. Lo segundo, por cuanto es inicuo compensar las infracciones de algunos; por numerosos que sean; con el castigo de todos, entre los cuales seguramente hay; por pocos que sean; algunos inocentes.

Los impuestos a unos beneficios de profesiones: artes, oficios, etcétera, son trasladables en la medida que sus contribuyentes no hayan, antes del impuesto, alcanzado su óptimo. Si, en cambio, dichos sujetos habían alcanzado su punto de Cournot, siendo a menudo monopolistas de sus servicios o sólo muy imperfectamente competitivos, no podrán trasladar el impuesto. (Apaza, 1999).

Hay fuertes razones para suponer que, salvo en algunos casos, los contribuyentes puedan remover el impuesto mediante un aumento de su oferta, aunque a costa de una disminución de sus remuneraciones unitarias. Entre las excepciones, las notorias están los artistas y los profesionales más encumbrados, cuya oferta de servicios no puede ser aumentada sin sacrificio del renombre de que gozan. (Apaza, 1999).

La incidencia del impuesto sobre los contribuyentes de derecho, si no hay traslación ni remoción implica la disminución de sus consumos, o sea de sus demandas de bienes de consumos o de sus ahorros o de ambos; de acuerdo con las respectivas propensiones marginales a consumir o a ahorrar.

Un efecto de la incidencia del impuesto sobre los contribuyentes de derecho puede consistir en el abandono de la actividad independiente para transformarse en empleado de una empresa. Es un fenómeno análogo, pero en dirección opuesta, al comportamiento del empleado que abandona el empleo frente a la incidencia del impuesto sobre el sueldo para ejercer su profesión u oficio sin dependencia. (Apaza, 1999).

Ejemplos de las rentas utilizadas en el sistema financiero nacional
Primera Categoría
• El arrendamiento o subarrendamiento de predios.
• El arrendamiento o cesión temporal de bienes muebles o inmuebles distintos de predios, así como los derechos sobre estos.
• El valor de las mejoras introducidas en el bien por el arrendatario o subarrendatario, las cuales no son reembolsadas por el propietario constituyendo un beneficio para este.
• La cesión gratuita o a precio no determinado de predios efectuada por el propietario a terceros.

El contribuyente es el arrendador o subarrendador, cuando corresponda. Puede ser persona natural, una sucesión indivisa, o una sociedad conyugal.

Segunda Categoría, Personas que reciben dividendos por ser accionistas de empresas.

Tercera Categoría, Personas que perciben ingresos por pequeña, mediana empresa propia (Negocios Unipersonales).

Cuarta Categoría, Se incluye a las personas que perciben ingresos mediante sueldo o salario por trabajar en alguna empresa como dependientes.

Quinta Categoría, Están incluidos personas que perciben honorarios por prestar servicios como profesionales o técnicos independientes.

FUENTES DE INFORMACIÓN

  1. APAZA MEZA, Mario. MANUAL DEL IMPUESTO A LA RENTA. Editora y Distribuidora Real. Edición. 1999. Lima – Perú.
  2. CARRASCO BULEJE, Luciano. MANUAL DEL SISTEMA TRIBUTARIO, Editorial Centro de Investigación Jurídico Contable S.A., 1ra. Edición  Marzo de 1997. Lima – Perú.           
  3. CARRASCO BULEJE, Luciano. APLICACIÓN PRÁCTICA DEL  IMPUESTO A LA RENTA, D. Leg. 774     D. Leg 792, 799, Editorial Centro de Investigación Jurídico Contable S.A., 1ra. Edición 1996. Lima – Perú. PP.
  4. INFORMATIVO CABALLERO BUSTAMANTE. Impuesto a la Renta. Revista de Asesoría Especializada. Lima – Perú.
  5. RUEDA PEVES, Gregorio. TEXTO UNICO ORDENADO LEY DEL  IMPUESTO A LA RENTA, Editorial Edigraber. Editorial Gráfica Bernilla. 1ra. Edición 2000 Lima – Perú.
  6. RUEDA PEVES, Gregorio,           MANUAL PRACTICO DEL RODA M., Ulises. CONTRIBUYENTES PARA NO SER SANCIONADO POR LA SUNAT. Editorial Edigraber. Editorial Gráfica Bernilla. Nueva Edición Actualizada y Revisada 2000 Lima – Perú.
  7. VERA PAREDES, Isaías. IMPUESTO A LA RENTA. Editorial Vera Paredes Asociados S y C. 1ra. Edición Enero 1996. Lima – Perú.