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ANALISIS Y GESTION DEL RIESGO

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INTRODUCCIÒN

El riesgo es la incertidumbre que importa a la gente. La administración del riesgo es el proceso de formular compromisos entre los costos y beneficios para reducirlo y de­cidir qué hacer. La teoría de la cartera (o del portafolio) es el análisis cuantitativo de esos compromisos a fin de tomar la decisión más conveniente.

En última instancia, todos los riesgos recaen sobre las personas en calidad de consumidores, accionistas de empresas y en otras instituciones económicas o contribuyentes.

El riesgo de un activo u operación no puede evaluarse en forma aislada ni en abstracto: depende del marco específico de referencia. En un contexto, la compra o venta de un activo puede ser agregada a la exposición al riesgo; en otro, la misma transacción tal vez reduzca el riesgo.

Los especuladores son inversionistas que toman posiciones que aumentan la ex­posición a ciertos riegos; lo hacen con la esperanza de aumentar su riqueza. En cambio, los protectores toman posiciones que les permitan aminorar la exposición. Una misma persona puede a la vez ser especulador en algunas exposiciones y protector en otras.

En muchas decisiones de asignación de recursos (las de ahorro, de inversión y de fi­nanciamiento, entre otras) se ven profundamente afectadas por la presencia del riesgo y, por lo mismo, en parte son decisiones de administración del riesgo.

Distinguimos cinco grandes categorías de exposición al riesgo entre las familias: enfermedad, invalidez y muerte; pérdida de empleo; riesgo de activos duradero de consumo; riesgo de responsabilidad civil, y riesgo de activos financieros.

La aversión al riesgo es una característica de las preferencias del individuo en situaciones donde debe correrlo. Es una medida de la disposición a pagar con tal de aminorar la exposición al riesgo. Cuando se evalúan compromisos entre los costos y beneficios de reducirlo, los que sienten aversión por él prefieren las opciones que entrañen menor riesgo con el mismo costo. Por ejemplo, si alguien suele estar dispuesto a aceptar una tasa menor de rendimiento esperado sobre la inversión porque ofrece una tasa más predecible, es una persona que siente aversión por el riesgo. Cuando se selecciona entre varias alternativas de inversión que ofrecen la misma tasa esperada de rendimiento, este tipo de individuos escoge la menos riesgosa.

ANALISIS Y GESTION DEL RIESGO

1.1.   ¿QUÉ ES EL RIESGO?

Comenzaremos distinguiendo entre la incertidumbre y el riesgo. La incertidumbre existe siempre que no se sabe con seguridad lo que ocurrirá en el futuro. El riesgo es la incertidumbre que “importa” porque incide en el bienestar de la gente. Así pues, la incertidumbre es una condición necesaria pero no suficiente del riesgo. Toda situación riesgosa es incierta, pero puede haber incertidumbre sin riesgo.

Para explicar lo anterior con un ejemplo, supongamos que planeamos una fiesta e invitamos una docena de amigos. Lo más probable es que acudan 10 de los 12 invita­mos, aunque hay incertidumbre: los 12 invitados podrían presentarse o bien sólo 8. Sin embargo, existirá riesgo sólo si la incertidumbre afecta nuestros planes de la fiesta. ¿Habríamos modificado nuestras acciones de haber contado con un pronóstico exacto del número de asistentes? Si la respuesta es negativa, habrá incertidumbre pero no riesgo.

Por ejemplo, para atender a los invitados es necesario decidir cuánta comida preparar. Si supiéramos con seguridad que asistirán 10 personas, prepararíamos exac­tamente para ese número: ni poco más ni poco menos. En caso de que las 12 acudan realmente, no habrá suficiente comida y ello nos molestará porque algunos invitados se quedarán con hambre e insatisfechos. Si acuden 8 personas, habrá demasiada co­mida y también ello nos molestará por haber desperdiciado parte de nuestros recursos escasos en la comida sobrante. En conclusión, la incertidumbre es importante y por eso la situación entraña riesgo.

En cambio, supongamos que avisamos a los invitados que habrá una cena común y que cada uno debe llevar suficiente comida para una persona. En tal caso, al momento de planear no nos importará si acuden más de 10 personas o menos de ese número: exis­te incertidumbre pero no riesgo.

En algunas situaciones riesgosas, los resultados posibles pueden clasificarse como pérdidas o ganancias en una forma directa y simple. Supongamos, por ejemplo, que invertimos en el mercado accionario. Si aminora el valor de nuestra cartera de ac­ciones, estaremos ante una pérdida; si aumenta, habremos obtenido una ganancia. Normalmente la gente considera como riesgo la posibilidad “negativa”, no la posibilidad “positiva” de obtener una ganancia.

Un punto sutil: correrá un riesgo si decide organizar una cena informal porque no sabe cuántos invitados asistirán. Precisamente esa decisión es la medida que tomó para administrar el riesgo. Pero hay situaciones en que no se observa una posibilidad positiva o negativa bien definida. En efecto, un ejemplo de ello es la fiesta a que hemos venido refirién­donos. La incertidumbre concerniente al número de personas que asistirán a ella crea el riesgo de que asista un número mayor o menor que el previsto. Así pues, hay situa­ciones en que las desviaciones del valor esperado pueden resultar inconvenientes y hasta costosas, sin importar su dirección.

La aversión al riesgo es una característica de las preferencias del individuo en situaciones donde debe correrlo. Es una medida de la disposición a pagar con tal de aminorar la exposición al riesgo. Cuando se evalúan compromisos entre los costos y beneficios de reducirlo, los que sienten aversión por él prefieren las opciones que entrañen menor riesgo con el mismo costo. Por ejemplo, si alguien suele estar dispuesto a aceptar una tasa menor de rendimiento esperado sobre la inversión porque ofrece una tasa más predecible, es una persona que siente aversión por el riesgo. Cuando se selecciona entre varias alternativas de inversión que ofrecen la misma tasa esperada de rendimiento, este tipo de individuos escoge la menos riesgosa.

1.1.1. Administración del riesgo

Supongamos que nuestra fiesta no puede organizarse como una reunión informal y que, por lo mismo, la incertidumbre resulta importante. Más aún, preferimos que haya suficiente comida para los invitados que asistan. Para ello disponemos de varias opciones, todas ellas con un costo determinado.

Por ejemplo, podríamos ordenar suficiente comida para 12 personas, con la op­ción de devolver en el último momento el sobrante a un proveedor de banquetes. Otra alternativa seria ordenar suficiente para 8 personas, con la opción de ordenar más en el último momento en caso de necesidad. Seguramente habrá que pagar una cantidad adicional por estas opciones.

Así pues, hay un compromiso entre el beneficio de eliminar el riesgo de poco o mucha comida y el costo de reducirlo. Se da el nombre de administración del riesgo al proceso de formular este tipo de compromisos y de escoger la opción más adecuada (que incluye también la decisión de no hacer nada al respecto).

En ocasiones la gente se arrepiente de haber tomado medidas costosas para re­ducir el riesgo, cuando los resultados negativos que temían no se materializan des­pués. Si vendemos acciones riesgosas poco antes que su precio se triplique, sin duda lamentaremos nuestra decisión. No obstante, es importante recordar que todas las de­cisiones concernientes a la incertidumbre han de adoptarse antes que ésta se resuelva.

Lo importante es que la decisión sea la mejor que podría tomarse con la información disponible en ese momento. Todo mundo tiene una perfecta visión retrospectiva; pero nadie posee una visión perfecta del futuro.

En la práctica resulta difícil distinguir entre la habilidad y la suerte de un decisor. Por definición las decisiones de administración del riesgo se toman en condiciones de in­certidumbre; de ahí la posibilidad de resultados múltiples. Después del hecho ocurrirá sólo uno de ellos. No tienen cabida ni las recriminaciones ni las felicitaciones por una decisión, cuando se basen en información con la cual no se contaba en el momento de tomar la decisión. La conveniencia de una decisión referente a la administración del riesgo debe juzgarse a la luz de la información disponible en el momento de adoptarla.

Por ejemplo, si llevamos paraguas al trabajo porque pensamos que posiblemente llueva y no llueve, no debemos recriminamos por haber tomado una decisión equivo­cada. Supongamos, en cambio, que según todos los pronósticos meteorológicos es muy probable que llueva y no llevamos el paraguas. Si no llueve, no habremos actua­do con mucha sensatez. Simplemente tuvimos suerte.

1.1.2. Exposición al riesgo

Si se halla usted ante un tipo particular de riesgo por su trabajo, la índole de su nego­cio o su patrón de consumo, se dice entonces que tiene una exposición al riesgo particular. Por ejemplo, si es un empleado administrativo temporal, su exposición al riesgo de despido será relativamente alta. Si es profesor titular de una universidad este riesgo es relativamente bajo. Si es agricultor, estará expuesto al riesgo de una mala cosecha y al de que disminuya el precio al que piensa vender su cosecha. Si su negocio realiza principalmente exportaciones e importaciones, estará expuesto al riesgo de una modificación adversa de los tipos de cambio. Si es dueño de una casa, estará expuesto al riesgo de incendio, robo, daño por tormenta o por terremoto, así como al riesgo de que disminuya el valor de mercado.

Por tanto, el nivel de riesgo de un activo o de una transacción no puede evaluarse en forma aislada ni en abstracto. En un contexto, la compra o venta de un activo puede incrementar la exposición al riesgo; en otro, la misma operación puede aminorarlo. Si alguien compra una póliza de seguro de vida de un año, reducirá el riesgo de su familia porque, si muere, el beneficio compensará la pérdida de ingreso. Si un agricultor cuyos campos de trigo están listos para cosecharse celebra un contrato para venderlo a un precio fijo en el futuro, el contrato reduce el riesgo. Pero para quien no vende trigo el contrato es una forma de especular con la posible caída de los precios, porque se bene­ficiará sólo si el precio del mercado a la fecha de la firma del contrato está por debajo de que se estipula en él.

Los especuladores son inversionistas que toman posiciones que aumentan su ex­posición a ciertos riesgos, con la esperanza de acrecentar su riqueza. En cambio, los protectores toman posiciones tendientes a aminorar la exposición. Una misma per­sona puede ser especuladora en algunas exposiciones y protectora en otras.

1.2.   EL RIESGO Y LAS DECISIONES ECONÓMICAS

Algunas decisiones financieras, entre ellas cuánto invertir en un seguro contra la exposi­ción, se relacionan exclusivamente con la administración del riesgo. Pero muchas deci­siones generales sobre la asignación de recursos, como las de ahorro, inversión y finan­ciamiento, también se ven afectadas significativamente por la presencia del riesgo y, por lo mismo, son en parte decisiones concernientes a la administración del riesgo.

Por ejemplo, una familia que ahorra se siente motivada por el deseo de mejorar la seguridad que da el poseer activos con los cuales pagar gastos imprevistos. A esto los economistas lo llaman ahorro precautorio.

La función más importante del sistema financiero es contribuir a realizar un consumo y una asignación óptima de los recursos de las familias. Las instituciones económicas, como las compañías y los gobiernos, existen fundamentalmente para fa­cilitar la consecución de esa función; por tanto, no podremos entender bien el funcionamiento óptimo de dichas instituciones sin conocer antes el comportamiento fi­nanciero-económico de las personas, entre otras cosas su respuesta al riesgo.

1.2.1. Riesgo que afrontan las familias

Aunque el riesgo puede clasificarse a partir de muchos esquemas, distinguiremos cinco grandes categorías de exposición a él entre las familias:

Enfermedad, invalidez y muerte: una enfermedad imprevista o las lesiones accidentales pueden imponer costos importantes a la gente por la necesidad de recibir tratamiento y atención médica y por la pérdida de ingreso ocasionada por la incapacidad para trabajar.

Riesgo de desempleo: es el riesgo de perder el trabajo.

Riesgo de activos durables del consumidor: es el riesgo proveniente de la pérdida de la propiedad de una casa, automóvil u otro activo durable. Las pérdidas pueden provenir de causas fortuitas como un incendio, un robo o bien de la obsolescencia debida al avance tecnológico a cambios en las preferencias del consumidor.

Riesgo de responsabilidad civil: es el riesgo de que otros presenten una demanda financiera contra nosotros, porque sufrieron un daño económico del cual nos juzgan responsables. Por ejemplo, podemos causar un accidente automovilístico por conducir imprudentemente y tenemos que pagar el costo de las lesiones de los accidentados y el daño de su propiedad.

Riesgo de activos financieros: es el riesgo proveniente de tener varias clases de activos financieros; por ejemplo, acciones comunes o valores de renta fija denominados en uno o en varios tipos de cambio. Las causas de este tipo de riesgo son la incertidumbre que en­caran las empresas, los gobiernos u otras instituciones económicas que los emiten.

Los riesgos que sufren las familias influyen prácticamente en todas sus deci­siones de índole económica. Tomemos, por ejemplo, el caso de la decisión de invertir para obtener un posgrado. Pero una razón muy impor­tante para invertir en una especialidad es mejorar la flexibilidad de nuestro capital hu­mano. Quien posea una educación más amplia estará generalmente en mejor condiciones de encarar el riesgo del desempleo.

1.2.2. Riesgos que afrontan las empresas

Las compañías son instituciones cuya función económica primaria consiste en pro­ducir bienes y servicios. Prácticamente todas sus actividades entrañan exposición al riesgo. Correr riesgos constituye una parte esencial e inseparable de ellas.

Los riesgos corporativos afectan a todos cuantos tienen algún interés en ellas: ac­cionistas, acreedores, clientes, proveedores, empleados y gobierno. El sistema financiero puede utilizarse para transferir los riegos de las compañías a otros. Empresas financieras especializadas, entre ellas las compañías de seguros, dan el servicio de combinar y trans­ferir los riesgos. Pero en última instancia todos los riesgos recaen sobre las personas.

Consideremos, por ejemplo, los riesgos que entraña fabricar repostería. Esta ac­tividad la llevan a cabo las panificadoras. Como las compañías de otras industrias, afronta diversas categorías de riesgos:

Riesgo de producción: es el riesgo de que las máquinas (por ejemplo, hornos, camiones de reparto) se descompongan, de que la entrega de las materias primas (harina y huevo, entre otras) no llegue a tiempo, de que los empleados no se presenten a trabajar o de que aparezca una tecnología que haga obsoleto el equipo actual.

Riesgo del precio de los productos: es el riesgo de que la demanda de los bienes elabora­dos por la panificadora se altere abruptamente por el cambio de preferencia de los con­sumidores (por ejemplo, el apio se convierte en un sustituto muy común del pan en los restaurantes de Estados Unidos), pudiendo entonces caer el precio de mercado de los pro­ductos de repostería. También cabe la posibilidad de que la competencia se intensifique y de que la compañía se vea obligada a rebajar los precios.

Riesgo del precio de los insumos: es el riesgo de que los precios de los insumos de los pro­ductos de panificación cambien de repente. Aumenta el precio de la harina o los sueldos. Si la compañía obtiene un préstamo para financiar sus operaciones con una tasa flotante de interés, quedará expuesta al riesgo de que las tasas se eleven.

Los dueños de la panificadora no son los únicos que encaran los riesgos. Los ge­rentes (en caso de que no sean también los dueños) y el resto de los empleados lo comparten en cierta medida. Si la rentabilidad es baja o si cambia la tecnología de la producción, algunos se verán obligados a aceptar una reducción de su sueldo y tal vez hasta pierdan el empleo.

La habilidad para administrar los riesgos forma parte de lo que se requiere para dirigir eficientemente una panificadora. El equipo gerencial puede administrar los ries­gos anteriores mediante varias técnicas: puede conservar en inventario cantidades adi­cionales de harina para protegerse contra los retrasos de la entrega; puede tener re­puestos de la maquinaria, y puede contratar los servicios que pronostican las tendencias de la demanda de sus productos. También puede comprar un seguro contra algunos riesgos, entre ellos las lesiones accidentales del personal o el robo de equipo. Otra alter­nativa consiste en atenuar los riesgos de los precios celebrando contratos de precio fijo directamente con los clientes y proveedores o entrando en los mercados de futuros y de opciones de bienes de consumo, realizando operaciones con divisas y con las tasas de in­terés. Un elemento esencial de la dirección de una panificadora es hacer compromisos entre los costos y los beneficios de estas medidas reductoras del riesgo.

El riesgo también incide en el tamaño y la modalidad organizacional de la em­presa. Hay panificadoras de muchos tipos y dimensiones. En un extremo encontramos las que producen poco, que se dedican al menudeo y que son operadas por un indi­viduo o una familia. En el otro extremo están las grandes empresas como Continental Baking Company, con miles de empleados y un número aún mayor de accionistas propietarios. Una finalidad (generalmente no la única) de organizarse como una gran corporación consiste en administrar más eficientemente los riesgos de la producción, de la demanda y de los precios.

1.2.3. El papel del gobierno en la administración del riesgo

En todos los niveles el gobierno cumple una importantísima función en la adminis­tración de los riesgos ya sea previniéndolos, o redistribuyéndolos. A menudo la gente recurre a él para que le brinde protección y asistencia financiera frente a los desastres naturales y varios peligros causados por el hombre, como la guerra y la contaminación ambiental. Un argumento en favor del papel dinámico del gobierno en el desarrollo económico es su capacidad de distribuir el riesgo de una inversión en infraestructura entre los contribuyentes bajo su jurisdicción. Los funcionarios públicos a menudo uti­lizan los mercados y otros canales del sistema financiero para instrumentar sus políti­cas de administración del riesgo del mismo modo que lo hacen los directivos de las compañías y otras instituciones económicas no relacionadas con el gobierno.

Pero, igual que en el caso de otras organizaciones, los riesgos recaen a la postre en la población. No es gratuita la protección que ofrece el gobierno contra el riesgo de desastres o contra el incumplimiento de los depósitos bancarios. Carga a los beneficia­rios un precio suficiente para cubrir los costos de estos servicios de seguro o bien los contribuyentes los pagan.

1.3.   EL PROCESO DE LA ADMINISTRACIÓN DEL RIESGO

El proceso de la administración del riesgo es un intento sistemático de analizar y en­carar el riesgo. Podemos dividirlo en cinco pasos:

Identificación del riesgo

Evaluación del riesgo

Selección de métodos de la administración del riesgo

Implementación

Repaso

1.3.1. Identificación del riesgo

La identificación del riesgo consiste en determinar cuáles son las exposiciones más im­portantes al riesgo en la unidad de análisis, trátese de una familia, una empresa u otra entidad. Las familias y las empresas a veces no están conscientes de los riesgos que co­rren. Por ejemplo, una persona que jamás ha faltado al trabajo por enfermedad o lesión tal vez nunca haya pensando en el riesgo de invalidez. Posiblemente le conviene com­prar un seguro contra invalidez, pero acaso ni siquiera ha considerado esta opción.

Por el contrario, existen algunos riesgos contra los cuales un individuo adquiere una póliza de seguro, pero no está expuesto a ellos. Así, muchos solteros sin personas que dependan de ellos compran instrumentos de ahorro para el retiro que ofrecen beneficios a sus sobrevivientes. En caso de que mueran antes de jubilarse, los benefi­ciarios recibirán el valor acumulado de la cuenta. Pero si no tienen dependientes, no necesitan esta protección

Para identificar correctamente el riesgo es necesario adoptar una perspectiva de la entidad en su conjunto y analizar la totalidad de las incertidumbres que la afectan Por ejemplo, tomemos el caso de la exposición de una familia al riesgo del mercado accionario. Si usted trabaja de corredor, sus ingresos futuros dependerán fundamentalmente del comportamiento de las acciones. Por consiguiente, su capital humano queda expuesto al desempeño del mercado accionario y probablemente no debería invertir otro tipo de riqueza en él. En cambio, a un amigo que tiene la misma edad que usted pero que es funcionario público y percibe un sueldo igual al suyo le conviene invertir en acciones una parte considerable de su cartera de inversión, ya que su capital humano está menos expuesto al riesgo de ese mercado.

También se aplica a las empresas el principio de que deben adoptarse una pers­pectiva global de la entidad al momento de identificar los riesgos. Consideremos, por ejemplo, el impacto que la incertidumbre del tipo de cambio tiene en una compañía que vende productos y compra insumos en el extranjero a precios que se calculan en moneda extranjera. Sería absurdo que los directivos analizaran el efecto de esa incer­tidumbre sólo en relación con los ingresos o los costos. Lo que les importa a los ac­cionistas es el efecto neto que ejerce sobre los ingresos menos los costos. Aun cuando ambos se vean profundamente afectados por las fluctuaciones del tipo de cambio, tal vez sea nula la exposición neta de la compañía a este tipo de incertidumbre.

He aquí otro ejemplo: los agricultores cuyos ingresos están sujetos a la incer­tidumbre de los precios y de la cantidad. Supongamos que las cosechas malogradas siempre incrementan los precios de modo que los ingresos (igual a precio x cantidad) de este sector se mantienen constantes. Aunque al inicio pudiera parecer que está expuesto tanto al riesgo del precio como al de la cantidad (el riesgo de que las cosechas se malogren), posiblemente no exista riesgo en el nivel de análisis de su ingreso total. Tomar medidas para aminorar la exposición a la volatilidad de los productos agricolas pudiera ocasionar el efecto «perverso» de acrecentar la incertidumbre de los ingresos totales del sector.

Para identificar más rápidamente las exposiciones al riesgo, conviene tener a la mano una lista de comprobación que enumere todas las exposiciones potencial y las relaciones entre ellas. En el caso de una compañía, se requieren muchos conocimien­tos detallados sobre la economía de la industria donde compite, sobre la tecnología de la compañía y sobre sus fuentes de suministros.

1.3.2. Evaluación del riesgo

La evaluación del riesgo es la cuantificación de los costos asociados a riesgos que han sido identificados en el primer paso. Pongamos el caso de una mujer soltera que acaba de graduarse en la universidad y que obtuvo un empleo. Cuando estudiaba, estaba protegida por el seguro de gastos médicos de sus padres, pero ahora ya PO cuenta con él. Así pues, identifica la enfermedad como una gran exposición al riesgo. Para evaluarla necesita información. ¿Qué probabilidades hay de que una persona de su edad se enferme? ¿Cuánto costará el tratamiento médico?

Evidentemente le hace falta información y puede costar mucho dinero obtener­la. Una de las funciones principales de las compañías de seguros es suministrar este tipo de información. Emplean actuarios, profesionales especializados en matemáticas y en estadística, para que recopilen y analicen los datos y estimen después las probabilidades de enfermedad, accidente y otros tipos semejantes de riesgo.

En el área de los riesgos de los activos financieros, las familias y las empresas a menudo necesitan asesoría al evaluar su exposición al riesgo y al cuantificar los com­promisos entre él y las ventajas de invertir en varios tipos de activos, como acciones y bonos. Acostumbran recurrir a asesores profesionales, a fondos mutualistas u otros intermediarios financieros y empresas de servicios para que les ayuden a efectuar la evaluación respectiva.

1.3.3. Selección de métodos de la administración del riesgo

Hay cuatro métodos fundamentales con los cuales puede reducirse el riesgo:

Evitación del riesgo

Prevención y control de pérdidas

Retención del riesgo

Transferencia del riesgo

A continuación explicaremos por separado las cuatro técnicas anteriores.

Evitación del riesgo: es la decisión consciente de no exponerse a un riesgo determinado. Las personas pueden optar por evitar los riesgos de dedicarse a alguna profesión en par­ticular y las compañías pueden evitar ciertas líneas de negocios por juzgarlas demasiado riesgosas. Pero no siempre es posible hacer esto. Así, todos estamos necesariamente ex­puestos al riesgo de enfermedad por el simple hecho de ser seres humanos. Resulta im­posible evitarlo.

Prevención y control de pérdidas: son las medidas tendientes a disminuir la probabilidad o gravedad de la pérdida. Pueden tomarse antes, durante o después de la pérdida. Por ejemplo, podemos reducir la exposición al riesgo de la enfermedad comiendo bien, dur­miendo lo suficiente, no fumando y no acercándose a quienes sufran un resfriado. Si pescamos un resfriado, podemos quedarnos en cama y aminorar así la posibilidad de que el resfriado degenere en pulmonía.

Retención del riesgo: consiste en absorber el riesgo y cubrir las pérdidas con los propios re­cursos. Algunas veces esto ocurre sin que nos percatemos de ello; por ejemplo, cuando se ig­nora que hay riesgos o se 0pta por ignorarlos. Pero también puede tomar conscientemente la decisión de absorber determinados riesgos. Así, los que optan por absorber los costos de un tratamiento médico con su dinero acumulado y no compran un seguro de gastos médicos. El ahorro precautorio de las familias también es una forma de retención de riesgo.

Transferencia del riesgo: consiste en trasladar el riesgo a otros. Vender un activo riesgoso a alguien y comprar una póliza de seguros son ejemplos de este método de administrar el riesgo. Otro es el de no hacer nada por aminorar el riesgo y recurrir a otros para que cubran nuestras pérdidas.

Hay tres formas básicas de transferir el riesgo: protección, aseguramiento y diversificación.

1.3.4. Implementación

Una vez tomada una decisión sobre cómo administrar los riesgos que han sido identificados, es preciso poner en práctica los métodos seleccionados. Este paso se rige por el principio de reducir al mínimo los costos de la implementación. Por ejemplo, si una persona decide comprar cierto tipo de seguro de gastos médicos, deberá buscar en el mercado la compañía que ofrezca los más baratos. Si decide invertir en el mercado ac­cionario, habrá de comparar los gastos de hacerlo a través de fondos mutualistas e comprándole acciones a un corredor de bolsa.

1.3.5. Repaso

La administración del riesgo es un proceso dinámico de “retroalimentación”, en el cual las decisiones son evaluadas y revisadas periódicamente. A medida que transcurre el tiempo y que cambian las circunstancias, puede sobrevenir una nueva exposición, la in­formación sobre la probabilidad y gravedad de los riesgos puede hacerse más accesible y se abaratan los métodos para administrarlos. De ahí que probablemente esa persona opte por no adquirir el seguro de vida si es soltera, pero cambiará la decisión si se casa y tiene hijos. También cabe la posibilidad de que cambie la proporción de su cartera de activos que invierte en acciones.

II.       LAS TRES DIMENSIONES DE LA TRANSFERENCIA DEL RIESGO

Entre los cuatro métodos de la administración del riesgo, la transferencia de algunos o de todos los riesgos a otros es aquél en que el sistema financiero desempeña una función más trascendental. La técnica más simple para trasladarlo consiste en vender el activo causante del riesgo. Así, el propietario de una casa está sujeto por lo menos a tres exposiciones al riesgo: daño por in­cendio o tormenta y el riesgo de que decaiga su valor de mercado. Al vender la casa, se libra de esos tres peligros.

Pero supongamos que no puede o no quiere vender el activo que origina el riesgo. Aun así, podrá administrar algunos de los riesgos de la propiedad en otras for­mas. Por ejemplo, podrá comprar un seguro contra el daño por incendio o tormenta, con lo cual conserva sólo el riesgo del valor de mercado. Hay tres métodos de transferir el riesgo, a los que también se les conoce con el nombre de dimensiones de la transferencia de riesgo: protección, aseguramiento y diversificación.

 

2.1.   PROTECCIÓN

Se dice que uno se protege contra un riesgo, cuando la acción tendiente a reducir la exposición a una pérdida lo obliga también a renunciar a la posibilidad de una ganancia. Por ejemplo, si los agricultores que antes de recoger su cosecha la venden a un precio fijo para eliminar el riesgo de un precio bajo en la época de recolección, renun­cian también a la posibilidad de obtener una utilidad silos precios aumentan durante esa época. Están protegiendo su exposición al riesgo de los precios de la cosecha. Si uno se suscribe a una revista por tres años en lugar de hacerlo un año a la vez, se es­tará protegiendo contra el riesgo de un incremento de su precio. Elimina así la posible pérdida debida al incremento de la suscripción, pero también renuncia a la ganancia proveniente de una posible baja del costo de la suscripción.

2.2.   ASEGURAMIENTO

Aseguramiento significa pagar una prima (el precio del seguro) para evitar pérdidas. Al adquirir un seguro, se sustituye con una pérdida segura (la prima que se paga por la póliza) que es la posibilidad de una pérdida mayor en caso de no comprarla. Por ejemplo, si uno posee un automóvil, casi seguramente habrá adquirido al mismo tiempo un seguro contra riesgos de daño, robo y lesión a uno o a terceros. La prima tal vez cueste hoy $1,000 dólares para asegurar el automóvil durante un año contra las pérdidas potenciales provenientes de tales contingencias. Con la erogación de $1,000 se sustituye la posibilidad de pérdidas que pueden ascender a miles de dólares.

Hay una diferencia fundamental entre el aseguramiento y la protección. Cuando se recurre a la segunda medida, se elimina el riesgo renunciando a una ganancia posi­ble. Cuando se recurre a la primera medida, se paga una prima para eliminar el riesgo de pérdida sin renunciar por ello a la ganancia posible.

Supongamos, por ejemplo, que vive en Estados Unidos y que posee un negocio de importaciones y exportaciones. Sabe que dentro de un mes recibirá 100,000 marcos alemanes. El precio del marco es hoy de $1.50 dólares, pero no sabe cuál será en un mes. Está, pues, expuesto a un riesgo cambiario.

Puede administrarlos mediante la protección o el aseguramiento. En el primer caso estará celebrando un contrato para vender a $1.50 dólares sus 100,000 marcos al final del mes. No le cuesta nada el contrato que lo protege en contra de la caída del marco frente al dólar, pero al protegerse renuncia también a la posible ganancia proveniente de un aumento de ese precio durante el siguiente mes.

También podría asegurarse contra una depreciación del marco pagando ahora una prima por una opción de venta que le da el derecho (no la obligación) de vender, dentro de un año, sus 100,000 marcos a $150 dólares por marco.2 Si el precio del marco cae por debajo de $1.50 dólares, estará protegido ya que puede ejercer la op­ción en treinta días y vender los marcos a $1.50 cada uno. Pero si aumenta el valor del mercado frente al dólar, recibirá el beneficio de la apreciación de sus 100,000 marcos frente al dólar.

2.3.   DIVERSIFICACIÓN

Diversificar significa mantener cantidades similares de muchos activos riesgosos en vez de concentrar toda la inversión en uno solo. Así, con la diversificación se reduce la exposición al riesgo de un activo individual.

Tomemos, por ejemplo, la diversificación de los riesgos corporativos. Supongamos que proyectamos invertir $100,000 dólares en la industria de la biotecnología, pues esta­mos convencidos de que el descubrimiento de medicamentos procesados con ingeniería genética ofrece un atractivo potencial de ventas durante los próximos años. Podríamos invertir esa cantidad en una sola compañía que está desarrollando un nuevo medica­mento. De ser así, la inversión en biotecnología estaría concentrada, no diversificada.

La diversificación en el mercado puede realizarla directamente el inversionista, la empresa o un intermediario financiero. En consecuencia, es posible diversificar la inversión en la industria de la biotecnología al:

Invertir en varias compañías que estén desarrollando un nuevo medicamento.

Invertir en una sola compañía que esté desarrollando muchos medicamentos.

Invertir en un fondo o sociedad de inversión con muchas compañías que estén desa­rrollando nuevos medicamentos.

Para explicar cómo la diversificación aminora la exposición al riesgo, compara­remos nuestra situación de tener los $100,000 invertidos íntegramente en el desarrollo de un nuevo medicamento con la de tener $50,000 invertidos en dos medicamentos. Supongamos que, en ambos medicamentos, el éxito significa cuadriplicar la inversión y el fracaso significa perder toda la inversión. En consecuencia, si invertimos $100,000 en un solo medicamento, obtendremos al final $400,000 o nada.

Si diversificamos invirtiendo $50,000 en cada uno de los medicamentos, será posible obtener $400,000 (si los dos medicamentos tienen éxito) o nada (si ambas fra­casan). Pero también existe la posibilidad intermedia: un medicamento tiene éxito y el otro fracasa. De ser así, tendremos al final $200,000 (el cuádruple de la inversión de $50,000 en el medicamento que tuvo éxito y nada del que fracasó).

Con la diversificación no se aminora la exposición al riesgo silos medicamentos en que invertimos tienen éxito o fracasan al mismo tiempo. Es decir, si en nuestro ejemplo no hay posibilidad alguna de que un medicamento tenga éxito y el otro fra­case, no afectará al riesgo el hecho de que invirtamos los $100,000 íntegramente en un solo medicamento o que los repartamos entre los dos. En ambos casos sólo existen dos resultados: o bien obtenemos $400,000 al final (por el éxito de los dos medicamen­tos) o bien perdemos toda la inversión (por el fracaso de ambos). En este caso, se dice que los riesgos del éxito comercial de cada medicamento están perfectamente correla­cionados entre sí. Si queremos que disminuya la exposición al riesgo, éstos han de guardar una correlación perfecta entre sí.

La diversificación puede mejorar el bienestar familiar al aminorar la exposición a una empresa riesgosa iniciada por una familia. Pero por sí misma no atenúa la incer­tidumbre en conjunto. Por ejemplo, si cada año se descubren 1,000 medicamentos, la in­certidumbre total ante la cantidad que alcanzará éxito comercial no depende de la di­fusión de la incertidumbre entre los inversionistas en las acciones de la compañía farmacéutica. No obstante, el impacto negativo que la incertidumbre tiene en el bienes­tar familiar se reduce mediante la diversificacion.

Cuando se compara el desempeño de los que diversifican su inversión con el de los que no lo hacen, los triunfadores más sobresalientes suelen estar entre los segundos. Pero también es el grupo donde encontramos a los que pierden más. Con la di­versificación de la cartera disminuyen las probabilidades de terminar en uno de los dos extremos.

Para recalcar este punto retomemos el ejemplo anterior de invertir en el desa­rrollo de un nuevo medicamento. Con cada medicamento que tenga éxito cuadrupli­camos la inversión, pero con cada uno que fracasa la perdemos toda. Por tanto, si con­centramos en un solo medicamento los $100,000, al final ganaremos $400,000 o nada.

Tomemos el caso de dos personas, cada una de las cuales invierte $100,00O dólares en un nuevo medicamento. La persona 1 invierte en el medicamento A y la persona 2 en el medicamento B. Agreguemos ahora una tercera persona. La tercera persona in­vierte la mitad de su dinero en el medicamento A y la otra mitad en el medicamento B.

Supongamos que el medicamento A tiene éxito y que B fracasa. Entonces la per­sona 1 gana $400,000. Tal vez se le califique de “genio” de la inversión por cuadruplicar su dinero. En cambio, a la persona 2 se le califica de «tonta» por el terrible fracaso de perder toda la inversión. Supongamos ahora que el medicamento A fracasa y el B tiene éxito. Entonces se invierten los calificativos que se aplican a las personas 1 y 2. El inver­sionista diversificado, la persona 3, gana apenas $200,000 en ambos escenarios y, por lo mismo, es el inversionista «intermedio» o «promedio».

Desde luego siempre preferimos ser grandes ganadores y que nos llamen genios. Pero solamente si podemos lograrlo con una decisión previa que nos hará después grandes ganadores o grandes perdedores, tal vez convenga elegir una opción que nos ponga en el punto medio.

Por evidente que parezca esto, a menudo la gente no lo tiene presente. Muchas veces interpreta la buena suerte como si fuera una habilidad. Con frecuencia leemos informes de prensa sobre los éxitos extraordinarios de inversionistas en el mercado accionario que no diversifican su cartera en absoluto, sino que se concentran en una sola acción. Aunque posiblemente sean auténticos genios de las finanzas, lo más se­guro es que simplemente tengan suerte.

Tampoco es raro encontrar historias acerca de los grandes perdedores a quienes se tacha de necios o estúpidos por no escoger las acciones que reditúan excelentes ganancias. Una crítica más válida seria que no supieron diversificarse.

III.      TRANSFERENCIA DEL RIESGO Y EFICIENCIA ECONÓMICA

Los sistemas institucionales con que se transfiere el riesgo mejoran la eficiencia eco­nómica en dos formas fundamentales: redistribuyen los riesgos actuales entre los que están más dispuestos a aceptarlos y facilitan una reasignación de los recursos destina­dos a la producción y al consumo de acuerdo con la nueva distribución del riesgo. Al permitirle a la gente reducir su exposición al riesgo de emprender algún negocio, es­timulan el comportamiento emprendedor que puede aportar grandes beneficios a la sociedad. A continuación estudiaremos más a fondo esos sistemas.

3.1.   ACEPTACIÓN EFICIENTE DE LOS RIESGOS ACTUALES

Primero investigaremos cómo todo mundo se beneficia con la facilidad de redistribuir el riesgo entre las personas. Pongamos el caso hipotético de dos inversionistas en cir­cunstancias económicas muy diversas. El primero es una viuda jubilada que acumuló un patrimonio de $100,000 dólares, ahorro que constituye su única fuente de ingresos. El segundo es un estudiante universitario que posee $100,000 y que prevé una buena corriente de ganancias en el futuro después de graduarse.

Por lo regular se piensa que la viuda será una inversionista “más conservadora” y que el estudiante será más “agresivo”. En otras palabras, cabe esperar que a ella le preocupe ante todo la seguridad de su corriente de ingresos provenientes de la inver­sión y que él esté dispuesto a correr más riesgo a cambio de un rendimiento más alto.

Supongamos que la viuda haya invertido todo su dinero en una cartera de ac­ciones que le dejó su esposo recién fallecido y que el estudiante depositó todo el suyo en un certificado de depósito bancario (CD) iniciado por sus padres años antes. Ambos percibirían más ingresos si pudieran intercambiar de alguna manera sus activos, de ma­nera que la viuda se quedara con el certificado de depósito y el estudiante con la cartera de acciones.

Una de las funciones más importantes del sistema financiero es facilitar este tipo de transferencia del riesgo. Una manera de lograrlo consiste en que la viuda simple­mente venda todas sus acciones y que el estudiante las compre. Casi siempre varios in­termediarios financieros intervienen en el proceso. Así, la viuda tal vez tenga sus ac­ciones en una cuenta de una correduría. Le da la orden de venderlas y de invertir el dinero en un certificado de depósito bancario. Por su parte, el estudiante cobra su depósito bancario en el banco y adquiere las acciones de ella por medio de su corredor.

En esta serie de transacciones no se da un cambio inmediato en la riqueza de ninguno de los dos, salvo que ambos deben pagar el costo de su realización (los hono­rarios de la correduría y del banco). El estudiante y la viuda poseían antes activos por $l00,000 dólares e inmediatamente después siguen teniendo esa misma suma (menos los honorarios que acabamos de mencionar). El único propósito y resultado de las operaciones es darles acceso a una cartera de activos que les ofrecen la combinación del riesgo y del rendimiento esperado más atractivos en su situación.

3.2.   EL RIESGO Y LA ASIGNACIÓN DE RECURSOS

Veamos ahora de qué manera la capacidad de redistribuir los riesgos facilita empren­der proyectos rentables que de lo contrario no podrían emprenderse por ser demasia­do riesgosos. La capacidad de combinar y compartir el riesgo favorece el incremento de la actividad creadora y el desarrollo de productos nuevos.

Tomemos, por ejemplo, el caso de inventar productos farmacéuticos. La actividad de investigación y desarrollo que se requiere para descubrir, probar y producir medicamentos nuevos exige enormes inversiones que abarcan un periodo bastante largo. El rendimiento de la inversión resulta muy incierto. Aun cuando un inver­sionista posea suficientes fondos para financiar el proyecto, posiblemente no lo haga por la aversión al riesgo.

Para ser más concretos, supongamos que un científico descubre un nuevo medi­camento para el tratamiento del resfriado común. Necesita $1,000,000 dólares para desarrollarlo, probarlo y producirlo. En esta etapa el medicamento tiene pocas proba­bilidades de éxito comercial. Aun cuando el científico tenga $1,000,000 en su cuenta bancaria, tal vez no esté dispuesto a arriesgarlos en el medicamento. Podría optar por crear una empresa para desarrollarlo e invitar a otros inversionistas para que compar­tan los riesgos y las ganancias potenciales de su descubrimiento.

Además de combinar el riesgo y de compartirlo, la especialización en la acepta­ción de riesgos facilita efectuar inversiones de este tipo. Los inversionistas potenciales posiblemente estén dispuestos a aceptar un poco de la exposición que exige la em­presa, pero no otros.

Supongamos, por ejemplo, que una compañía urbanizadora planea construir un centro comercial en el centro de la ciudad. Un consorcio de bancos y otras institu­ciones de financiamiento aceptan financiar el proyecto, pero con la condición de que se lo asegure contra incendios. Es decir, aceptan el riesgo de que el centro comercial no sea un éxito comercial, pero no la exposición de su inversión al riesgo de incendio. El financiamiento del nuevo centro comercial es posible gracias a la existencia de compañías especializadas de seguros que aceptan el riesgo de incendio.

IV.     INSTITUCIONES ADMINISTRADORAS DEL RIESGO

Imaginemos un mundo hipotético donde existiera una amplia gama de mecanismos instituciones (los mercados accionarios y los contratos de seguros) de donde la gente pudiera elegir y seleccionar aquellos riesgos que desean correr y los que desean evitar. En ese mundo podríamos evitar (pagando un precio) los riesgos de la pérdida de empleo o de disminución del valor de mercado de nuestra casa. Un mundo así representaría el caso teórico extremo de lo que puede hacer el sistema financiero en favor de la sociedad por lo que respecta a la distribución eficiente del riesgo.

A lo largo de los siglos varias instituciones económicas y arreglos contractuales han ido evolucionando para facilitar una distribución más eficiente de la aceptación del riesgo, al ampliar el alcance de la diversificación y al permitir una mayor especialización en la administración del riesgo. Las compañías de seguros y los mercados de futuros son ejemplos de instituciones cuya función económica primaria es la consecución de esos fines.

La distribución del riesgo es también un factor muy importante en el diseño de los valores. Los valores de deuda y de capital emitidos por las compañías tienen por objeto diferir los riesgos del negocio que realizan. Al optar por invertir en uno u otro de esos valores de una compañía o en alguna combinación de ellos, es posible selec­cionar los tipos de riesgo que se está dispuesto a correr.

En décadas recientes, la introducción de las innovaciones que facilitan la admi­nistración del riesgo se ha acelerado mucho ante los cambios en la oferta y demanda de los mercados de aceptación del riesgo. Los avances en las telecomunicaciones. en el procesamiento de información y en la teoría financiera han reducido significativa­mente los costos de lograr una mayor diversificación y especialización global en esta área. Por otra parte, la mayor volatilidad de los tipos de cambio, de las tasas de interés y de los precios de los bienes de consumo han venido a intensificar la necesidad de medios para administrar el riesgo.

V.      LOS DISTINTOS TIPOS DE RIESGO

5.1.  RIESGO – PAÍS

Se definen el «riesgo país» como la posibilidad de que el conjunto de los prestatarios de una determinada nación sean incapaces, en los momentos previamente establecidos para ello, de pagar los intereses y/o de devolver el principal de sus deudas a sus acreedores extranjeros

Se entiende por riesgo-país el que concurre en las deudas de un país, globalmente consideradas, por circunstancias distintas del riesgo comercial habitual. Comprende el riesgo soberano y el riesgo de transferencia.

“Riesgo soberano es el de los acreedores de los Estados o entidades garantizados por ellos, en cuanto pueden ser ineficaces las acciones legales contra el prestatario o último obligado al pago por razones de soberanía”.

“Riesgo de transferencia que experimentan una incapacidad general para hacer frente a sus deudas, por carecer de la divisa o divisas en que estén denominadas”.

5.2.   RIESGO DE LIQUIDEZ

En su actividad diaria, las empresas necesitan liquidez para hacer frente al pago de sus obligaciones y satisfacer la demanda de préstamos de sus acreedores. En esta acepción, la liquidez se refiere a la capacidad de una empresa de disponer en cada momento de los fondos necesarios. A su vez, el riesgo de liquidez refleja la posible pérdida en que puede incurrir una entidad que se ve obligada a vender activos o a contraer pasivos en condiciones desfavorables.

A nivel internacional, los problemas de medición y gestión de la liquidez están recobrando interés porque hay la sospecha de que los niveles de liquidez bancaria se están deteriorando lenta pero continuamente.

5.3.   RIESGO DE MERCADO

El riesgo de mercado se refiere a la posibilidad de que una entidad sufra una pérdida en un determinado período debido a movimientos inesperados y adversos en los tipos de interés y de tipos de cambio. El riesgo de mercado de un producto puede ser determinado por más de uno de estos factores. Por ejemplo, el tener una posición en bonos denominados en divisas expone a una entidad simultáneamente al riesgo de tipos de interés y de cambio. Aunque muchos bancos se expongan al riesgo de cambio a través de operaciones de trading en divisas, el riesgo de tipos de interés es de lejos el más importante dentro de la categoría de riesgo de mercado.

La creciente volatilidad de los tipos de interés reclama una mayor atención hacia la gestión de un tipo de riesgo que, no siendo el más Importante al que se expone la actividad bancaria, ha adquirido protagonismo en los últimos años reclamando una mayor atención por parte de las autoridades supervisoras. Sin despreciar la importancia de la regulación en esta materia, nuestra principal preocupación va a concentrarse en la información necesaria para la gestión y la toma de decisiones estratégicas.

El riesgo de interés para una entidad puede definirse como el riesgo de incurrir en pérdidas debido a modificaciones en los tipos de interés de mercado, ya sea porque estas variaciones afecten al margen financiero de la entidad o porque afecten al valor patrimonial de sus recursos propios. Para un banco la estructura temporal de los tipos de interés ofrece la oportunidad de ganar dinero a través de la denominada intermediación de la estructura a plazos.

Con una curva creciente, los bancos obtienen beneficios si piden prestado a corto y prestan a largo plazo. Por el contrario, si la curva es decreciente la estrategia tiene que ser la inversa: pedir a largo y prestar a corto plazo.

Especular con la curva puede proporcionar elevados beneficios a corto plazo. Sin embargo, puede también suponer importantes pérdidas a largo plazo que compensen las ganancias de corto plazo. Supongamos que un banco pide prestado a una semana al 9% para financiar un préstamo a 1 año al 11%. El banco consigue, por lo menos en un principio, un spread del 2%. Pero, si las expectativas se confirman los tipos de interés subirán, lo que aumentará el costo de refinanciación del préstamo y consecuentemente reducirá el spread, que se volverá negativo cuando el interés de los fondos suba por encima del 11%.

Para tomar alguna medida en términos del riesgo de tipos de interés, un banco debe antes de nada saber medirlo. Las medias tradicionales del riesgo de tipos de interés son el gap y la maduración.

A su vez, un banco se expone al riesgo de tipo de cambio siempre que sus posiciones de activo en una determinada divisa no se compensen con posiciones pasivas en la misma divisa y para el mismo vencimiento. Este tipo de riesgo viene ganando importancia debido a la creciente internacionalización de la banca y, por consiguiente, a la presencia de un mayor porcentaje del balance expreso en divisas.

5.4.   RIESGO TECNOLÓGICO

La innovación tecnológica y su peso dentro de la actividad empresarial ha contribuido a que las instituciones dependan hoy más que nunca de la tecnología y que se expongan a tremendas pérdidas en caso de posibles fallos del sistema.

5.5.   RIESGO OPERATIVO

Este tipo de riesgo está relacionado con errores cometidos al dar instrucciones de pago o al liquidar transacciones. En la mayoría de los casos, la raíz del problema está en fallos ocurridos en el proceso de seguimiento y control de las posiciones asumidas. Muchas de las quiebras pueden atribuirse, por lo menos en parte, a un inadecuado tallo del control interno. Una de dos, o la gestión falló y no fue capaz de supervisar adecuadamente a los empleados que exponían al banco a pérdidas, o políticas mal definidas condujeron a las empresas inadvertidamente a la quiebra.

5.6.   RIESGO LEGAL

Este tipo de riesgo supone la realización de una pérdida debido a que una operación no puede ejecutarse por: incapacidad de una de las partes para cumplir los compromisos asumidos, no existir una formalización clara o no ajustarse al marco legal establecido.

BIBLIOGRAFIA

PHILLIPE JORION. MANUAL DE RIESGOS FINANCIEROS. Ed. John Wiley & Sons. 2da edición.

ALONSO, P: «Valor en Riesgo: Concepto y Cuantificación», Actualidad Financiera, monográfico «Mercado Financiero», agosto. (1996)

ZVI BODIE Y ROBERT C.MERTON. (1998). Finanzas. Pearson Prentice Hall