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DECLARACIÓN UNIVERSAL DE LOS DERECHOS DEL ANIMAL

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La Liga Internacional de los Derechos del Animal adoptó en 1977 y proclamó el 15 de octubre de 1978 la siguiente Declaración Universal de los Derechos del Animal, posteriormente aprobada por la UNESCO y por la ONU.

Artículo 1

Todos los animales nacen iguales ante la Vida y tienen los mismos derechos a la existencia.

Artículo 2

Todo animal tiene derecho al respeto. El hombre, en tanto que especie animal, no puede atribuirse el derecho de exterminar a otros animales, o de explotarlos violando este derecho. Tiene la obligación de poner sus conocimientos al servicio de los animales.

Todos los animales tienen derecho a la atención, a los cuidados y a la protección del hombre.

Artículo 3

Ningún animal será sometido a malos tratos ni actos de crueldad. Si es necesaria la muerte de un animal, ésta debe ser instantánea, indolora y no comportará angustia alguna para la víctima.

Artículo 4

Todo animal perteneciente a una especie salvaje tiene derecho a vivir libremente en su propio ambiente natural, terrestre, aéreo acuático, y a reproducirse. Toda privación de libertad, incluso aquella que tenga fines educativos, es contraria a este derecho.

Artículo 5

Todo animal perteneciente a una especie viva tradicionalmente en el entorno del hombre, tiene derecho a vivir y crecer al ritmo y en las condiciones de vida y libertad que sean propias de su especie. Toda modificación de dicho ritmo o dichas condiciones que fuera impuesta por el hombre con fines mercantiles es contraria a este derecho.

Artículo 6

Todo animal que el hombre ha escogido como compañero tiene derecho a que la duración de su vida sea conforme a su longevidad natural. El abandono de un animal es un acto cruel y degradante.

Artículo 7

Todo animal de trabajo tiene derecho a una limitación razonable del tiempo e intensidad del trabajo, a una alimentación reparadora y al reposo. 

Artículo 8

La experimentación animal que implique un sufrimiento físico o psicológico es incompatible con los derechos del animal, tanto si se trata de experimentos médicos, científicos, comerciales, o de cualquier otra forma de experimentación. Las técnicas alternativas deben ser utilizadas y desarrolladas.

Artículo 9

Cuando un animal es criado para la alimentación debe ser nutrido, instalado y transportado, así como sacrificado, sin que ello resulte para él motivo de angustia o dolor.

Artículo 10

Ningún animal debe ser explotado para esparcimiento del hombre. Las exhibiciones de animales y los espectáculos que se sirvan de animales son incompatibles con la dignidad del animal.

Artículo 11

Todo acto que implique la muerte del animal sin necesidad es un biocidio, es decir, un crimen contra la vida.

Artículo 12

Todo acto que implique la muerte de un gran número de animales salvajes es un genocidio, es decir, un crimen contra la especie. La contaminación y la destrucción del ambiente natural conducen al genocidio.

Artículo 13

Un animal muerto debe ser tratado con respeto. Las escenas de violencia en las que los animales son víctimas deben ser prohibidas en el cine y la televisión, salvo si ellas tienen como fin el dar muestra de los atentados contra los derechos del animal.

Artículo 14

Los organismos de protección y salvaguarda de los animales deben estar representados a nivel gubernamental. Los derechos del animal deben ser defendidos por la ley, como lo son los derechos del hombre.

Resumen

La condena moral de la crueldad hacia los animales es parte esencial de nuestra moralidad diaria, la llamada moralidad de sentido común. Esto se considera moralmente evidente, la crueldad hacia los animales se considera deshonorable, cruel y como expresión de un mal o un carácter moral primitivo. Esta condena general de infligir sufrimiento innecesario se puede extender fácilmente hacia todos los seres con capacidad de sufrimiento. ¿Por qué el sufrimiento de criaturas de especies distintas de la nuestra, se debería considerar de menor valor simplemente porque esas criaturas no son de nuestra especie?

¿Tendrán también los animales, sin embargo, un inherente derecho a vivir? Desafortunadamente, nuestro sentido común nos falla respecto a la matanza de animales. Muchos humanos no lo consideran una acción moralmente cuestionable, siempre y cuando los animales se maten de una manera rápida y sin dolor. Ya que, se argumenta, la mayoría de los animales no pueden querer conscientemente su propia supervivencia, debido a que no son conscientes de sí mismos como opuestos a otros seres, ni como seres con un pasado y un futuro. Aún cuando tienen el instinto de supervivencia, esto no se puede ser visto como el deseo consciente de sobrevivir, como individuo distinto.

Además, los animales tienen el impulso de huir y generalmente prefieren una vida fuera del cautiverio, sin embargo, esto también es instinto por lo tanto, tampoco es un imperativo moral respetarlo, por dos razones: El luchar por la libertad de movimiento se puede lograr idealmente en cautiverio, en un establo y un campo adecuado para cerdos.

Por ejemplo. Este deseo, sin embargo, no se puede confundir con el deseo humano de autodeterminación, esto es, de una forma de vida que es consistente con el conjunto de valores propios y sin la humillación sistemática o determinación de otros. Los animales no humanos no son capaces de este deseo de más alto nivel por la libertad.

Además, hay otra razón para descartar moralmente el deseo de libertad de los animales: La satisfacción de este deseo no está del todo dentro de los intereses objetivos de un animal que podría congelarse o morir de hambre o ser cazado y mutilado al estar en libertad, mientras que en cautiverio, es provisto de alimento, calor y —hasta el momento de ser sacrificado es librado de todo daño. (Si fuera posible matar a un animal evitando todo sufrimiento, se haría también en el acto del sacrificio.)

Comentario

Una de las razones morales más significativas es el respeto general del bienestar de todas las criaturas con capacidad de sentir. El matar por el hecho de acortar el ciclo de vida también se considera una infracción del bienestar. Mas aún, el comer todos esas criaturas porque somos intelectualmente superiores es una idea atávica de la moralidad. La explotación de un ser más débil y particularmente vulnerable es contraria al saludable deseo de respeto propio, esto es, el deseo de no vivir a costa de otros seres capaces de sentir sin grandes penurias.

Hay una segunda objeción a extender a los animales una prohibición estricta de matar. Vamos a suponer una situación en la que los sistemas intensivos de granja fueran en su mayor parte abolidos y los humanos dejaran de pensar en matar animales para obtener alimento. ¿Se podrían, en este caso, justificar moralmente los experimentos dolorosos o mortales que se practican en animales para el progreso de la medicina?

¿Por qué son los experimentos con animales de entre todas las cosas tan violentamente atacados, aún en los casos en que sirve a los propósitos de la ciencia? ¿Podríamos imaginar que en ciertos casos el experimento con animales, con la subsiguiente muerte del animal, por ejemplo, puede ser vista como un acto legítimo de autodefensa; un caso en que o continuamos dejando que los humanos mueran de SIDA o sacrificamos animales de laboratorio para poder desarrollar un tratamiento efectivo contra la enfermedad?

Una respuesta positiva para esta pregunta es, por supuesto, de particular relevancia cuando ocurre dentro de un marco cultural donde se practica la matanza masiva de animales con el fin servir de alimento. En esta cultura, el matar a un reducido número de animales para uso de laboratorio difícilmente tiene alguna relevancia, hasta parece ser apoyado por honorables intenciones comparado a la simple satisfacción del deseo por la carne