Contacto:

Contacto:

LA PROPIEDAD AGRARIA EN EL DERECHO AGRARIO MODERNO.

Spread the love

El moderno Derecho Agrario, debe ser construido pieza por pieza “como un mosaico destruido” para arribar finalmente a la meta, construyendo un “Derecho Ideal”, partiendo de la “teoría de Agrariedad, tiene como padre al ius agrarista y  discípulo de Bola al italiano Antonio Carrozza.

Básicamente, consiste “en construir el Derecho Agrario sobre la base de Los Derechos Humanos”. Como Ricardo Zeledón sostiene, la sistemática tiene como finalidad “la elaboración de un Derecho Agrario sobre la base de Los Derechos Humanos de solidaridad, globalización, porque el agrario tiene su génesis, su nacimiento filosófico, en Los Derechos Humanos Económicos y Sociales. Ello debe ser el inicio para la construcción de un Derecho Agrario del futuro. En consecuencia el nuevo Derecho Agrario se encuentra su fundamento también en “lo económico, lo social y lo ambiental”[1].

Zeledón sostiene que las profundas variaciones experimentadas en los últimos años del siglo XX le acuerdan a nuestro derecho nuevas y complejas dimensiones de variada índole, Así de aquel derecho, comprometido con el fortalecimiento jurídico de una agricultura moderna, se ha pasado a una nueva etapa donde sus fuentes se han multiplicado “para ofrecer un ordenamiento jurídico cada vez más completo y orgánico, tanto en lo normativo, como en lo axiológico, y estas nuevas dimensiones coinciden con la evolución que experimenta la humanidad”. Consecuencia de ello  la encontramos en los cambios acaecidos en sus institutos fundamentales, empresas, propiedad y contratos.

Podríamos decir que, como contrapartida, el Derecho Agrario asume dimensiones las que transcurren en ámbitos diferentes. El primero, se vincula con aquellas que marca el mundo del derecho; el segundo es “el producto de los grandes movimientos de solidaridad, a partir de las Cumbres de las Naciones Unidas, donde se puede encontrar las definiciones y valores donde aspira caminar la humanidad del futuro”.

Los institutos clásicos de nuestro derecho, los contratos Agrarios, la propiedad y la posesión en terrenos agrícolas deberán ser socialmente justos, económicamente eficaces y ambientalmente sostenibles; por ello la función de los mismos es económica, social y ambiental. El primer impacto del ambiente se encuentra en el Derecho Constitucional, naciendo una agricultura definida como una Agricultura Orgánica o Agricultura Sostenible, donde el trabajador agricultor actúa con educación y cultura en la conservación y protección del ambiente donde aprovecha los recursos naturales para su bienestar y desarrollo, sin quebrar el equilibrio ecológico.

La identificación del objeto consiste en encontrar el “ius propium”, el común denominador presente en los institutos y en las normas agrarias; ello permitiría ubicar su origen con la aparición de los derechos económicos y sociales y redimensionarlos con otros nuevos de la tercera generación, como el Derecho Humano al desarrollo, al ambiente sano y ecológicamente equilibrado.

Zeledón también concuerda con su maestro Antonio Carrozza en cuanto que la existencia o no de los principios generales no constituyen el presupuesto para demostrar la existencia de una rama jurídica, toda vez que ello constituiría un falso problema. Es un falso problema el de la codificación porque, aunque ella sea una legítima aspiración, nos obliga a entrar en la peligrosa e innecesaria discusión de su ser; el problema se soluciona con la sanción de las leyes especiales que es el camino que han seguido casi todos los países que poseen una vocación agraria.

El Derecho Agrario se asienta en dos pilares: uno de carácter económico y otro de carácter social, y por ello su relación con los Derechos Humanos debe ofrecerle una posibilidad de encontrar una filosofía y nuevas fuentes; fuentes jurídicas inspiradoras y en concreto una explicación  y razón de ser.

“Sistemática del Derecho Agrario”, hace referencia al Derecho Agrario del futuro y a los desafíos a los que deberá enfrentarse nuestro derecho.

El desarrollo agrario busca solucionar los problemas de las estructuras agrarias, crear nuevos modelos empresariales, mejorar los regímenes de propiedad y posesión de bienes productivos, promover un régimen completo de contratos agrarios. En esencia pretende agilizar y revitalizar el funcionamiento del corazón el proceso y comercialización de los productos.

El derecho debe participar en la consolidación jurídica y humanista del desarrollo agrario. Tiene la responsabilidad de reorientar conceptualmente el proceso, concebir los nuevos institutos y darle filosofía.

Es sabido que tanto el desarrollo como la protección del ambiente, constituyen hoy verdaderos Derechos Humanos. Entrelazados ambos son conocidos como la cultura moderna del “desarrollo sostenible”; se convierte así en una especie de mega Derecho Humano.

El desarrollo sostenible constituye una etapa superior donde se resolverán los problemas del futuro Derecho Agrario. Se piensa en una agricultura desarrollada en equilibrio pacífico con la naturaleza y con el medio ambiente.

EL NACIMIENTO DE LA NUEVA AGRICULTURA EN FUNCIÓN DEL AMBIENTE:

Nace, por tanto, una nueva agricultura llamada en diferentes modos para representar la dimensión ambiental. Como agricultura orgánica, agricultura biológica, o quizá mejor agricultura sostenible  Su fin es ejercitarse, como actividad, en armonía con la naturaleza. no  puede ser contaminada ni contaminante[2].. Deberán respetar el ciclo biológico. Sus productos deben contribuir a mejorar la salud, y a prolongar la vida, de los consumidores en el caso de los bienes  destinados a la alimentación.

Ha sido definida también como agricultura multifuncional, plurifuncional o polifuncional. Porque junto al ciclo biológico, a las actividades empresariales, se deben desarrollar actividades de conservación de los recursos naturales. Así la actividad agroambiental se proyecta en muchos campos nuevos del mundo económico. Uno de éstos es el agroturismo.

Pero a los nuevos conceptos vienen unidas a nuevas obligaciones. Deberá ser económicamente organizada, socialmente justa y ecológicamente equilibrada. Esto vale tanto para los países ricos como para los pobres. Para estos últimos en cuanto la pobreza no debe comprometer los recursos naturales, es decir el sacrificio de la naturaleza no es una salida válida. Ni tampoco es válido autorizar prácticas o tipos de cultivo contra el ambiente.

Son, en primer lugar, obligaciones de conservación, es decir de un disfrute racional, económicamente sostenible, para proteger la tierra, las aguas y el suelo. Hay un sentido de protección para evitar la degradación y la destrucción. Pero también, en segundo lugar, se percibe la necesidad de introducir límites y prohibiciones. Tanto para garantizar la planificación y la programación como para combatir las prácticas antiguas o antiambientales. Un típico ejemplo es el de impedir el uso del fuego para ganar espacios territoriales para la agricultura, o prohibir la quema de los deshechos de la producción, y las mismas plantas pequeñas del bosque, porque estas prácticas dañinas solo tienden a no utilizar la mano de obra. En estos casos la destrucción provoca la desaparición de pequeños hábitat, rompe y descontrasta el equilibrio biológico. Junto a estos dos tipos de obligaciones también hay un tercer tipo. Son las obligaciones de hacer. Van dirigidas hacia la organización de la producción con el fin de evitar los daños, la contaminación y el impacto ambiental.

LA EVALUACIÓN DEL IMPACTO AMBIENTAL Y AGRICULTURA.     

          Vista desde el ángulo de la contaminación la futura agricultura es juzgada conforme a los mismos parámetros de la industria. No puede ser contaminada ni debe contaminar[3]. En el primer caso para garantizar una competencia de alto nivel en el mercado por medio de la buena calidad de los productos, pero sobre todo para cumplir con las exigencias de salud de los consumidores. Y no debe contaminar como regla universal de la sociedad: ni en los campos, mucho menos en las ciudades. Por otra parte el uso de los productos químicos cada día viene siendo más criticado. Se impulsan grandes esfuerzos para proteger los ríos, los mares, y también el suelo de los deshechos sólidos y líquidos. Consecuentemente es un imperativo reciclar los plásticos y los bienes no degradables.

ACTIVIDADES AGRARIAS PROPIAS:

La agricultura (domesticación de los vegetales) y la ganadería (domesticación de animales) fueron el gran paso de la revolución de la era neolítica que permitió a la raza humana cruzar el umbral de la historia. Asimismo, unido estrechamente a la tierra el hombre comprendió la naturaleza del bosque como ecosistema. Este conocimiento fue olvidado, salvo en algunos pueblos aislados, hasta que en tiempos recientes se han vuelto a comprender el sentido de la selvicultura como expresión de desarrollo integral de los pueblos.

a).  AGRICULTURA.

La agricultura en sentido estricto, ha sido definida como el trabajo del hombre aplicado a una tierra determinada para la obtención y aprovechamiento económico de vegetales que se producen a través de ciclos únicos e imprescindibles de labores que van desde la preparación del terreno hasta la cosecha y venta de los productos. Por consiguiente, es actividad agraria propia la floricultura (producción de flores para su venta) más no la jardinería que no tiene en sí un fin económico.

Se ha negado que el cultivo del suelo con fines de investigación científica pueda calificarse como actividad esencialmente agraria. Sin embargo, la gran importancia económica de la biotecnología así como la calificación de las nuevas variedades como bienes económicos hacen que descartemos esta opinión.

En cuanto a los cultivos de invernadero que tradicionalmente no se consideraban una actividad agraria propia por no usar el suelo en sentido estricto como medio de producción, la revolución producida por el uso de los plásticos en determinados cultivos (hortalizas, flores y algunas frutas) ha superado el anterior criterio.

También se niega a la hidroponía o la aeroponía, la condición de actividades agrarias por cuanto les faltaría elemento suelo como medio de producción. En términos rigurosos, debemos admitir que se ha excluido en tales casos a las «tierras» como factor productivo, lo que sustraería del contenido del Derecho Agrario un gran sector de la producción de seres vivos. Entonces, debe tenerse en cuenta que la tierra como recurso natural continúa unida a la actividad productiva.

La doctrina relevante en nuestros días, considera que la recolección de frutos silvestres no es asimilable a la agricultura, pues sólo es una actividad extractiva semejante a la minería. Empero, últimamente esta posición tiende a cambiar, pues las actividades recolectoras de ciertas Comunidades Nativas respetan las leyes ecológicas y se rigen por un derecho consuetudinario basado en un profundo conocimiento de la capacidad productiva de las tierras y del ambiente.

En el caso del Perú, debe tenerse en cuenta la realidad geográfica de nuestra Amazonía donde la recolección de frutos silvestres y la captura de animales, obedecen a una sistemática explotación de la flora y fauna del bosque; y la reserva, preservación y conservación de secciones determinadas del territorio, constituye el principal medio de vida de un sector importante de la población de dicha Región y exige el conocimiento y cuidado del ciclo biológico de las respectivas especies[4].

b).  GANADERÍA.

De acuerdo con la concepción clásica, la ganadería consiste en la crianza y engorde de animales que se denominan comúnmente ganado ya que se alimentan de los pastos naturales de las tierras en que viven.

Esta definición tradicional de ganadería excluye, en primer lugar, la crianza de ganado estabulado que consume alimentos balanceados, lo que ha adquirido gran desarrollo prevaleciendo en muchos países sobre la crianza extensiva; en segundo lugar, quedarían también excluidas de las actividades agrarias la crianza de animales menores (aves de corral, conejos, abejas, etc.) y la de animales mayores que no responden al concepto tradicional de ganado como sucede con lo caballos de carrera, perros de raza, etc.

La cría de animales se ha convertido en un arte ya sea como fin productivo o recreativo (caballos de carrera, de salto, o polo los caninos para la exposición, mascotas, etc.). Los de producción han adquirido importancia en la economía de los países por el rendimiento de carne, grasa, trabajo, huevos, lana, etc., la curiosidad del ser humano lo ha llevado a profundizar en el conocimiento de las especies tanto domésticos como silvestres. Sin embargo, el manejo que se ha dado a la producción pecuaria, especialmente la ganadería, ha sido uno de los factores que ha alterado el predio natural por la transformación que el ser humano hace de éste para mantener la producción ganadera.

Actualmente se deben adoptar técnicas de cría ecológicamente sostenible y que sean a su vez económicamente competitivas para desacelerar la destrucción del medio[5].

c).  SELVICULTURA.

La última actividad propia es la Selvicultura o el «cultivo» del bosque. Según la doctrina clásica, sólo existe verdadera selvicultura, cuando se produce madera o leña. De donde resulta que la producción de caucho, quinua, bálsamo y otros bienes que no necesitan el abatimiento del árbol, quedarían dentro de la recolección o de la agricultura.

Tampoco debe confundirse la doctrina clásica como selvicultura la extracción de otros productos vegetales que no son árboles o animales que integran el ecosistema del bosque.

No debe confundirse la selvicultura con la tala irracional del bosque, pues para que ella exista es indispensable que éste se reponga metódicamente, sea preservando de plagas, enfermedades, malformaciones, etc. La selvicultura implica, el cultivo, la explotación racional y la reposición continua del bosque. La tala en cambio, se asemeja a la minería. Coinciden ambas, en que el producto ha sido terminado por la naturaleza sin la intervención del hombre que se apodera de lo que le sirve y deshecha lo demás y una vez agotado el recurso cesa su actividad.


[1]  Zeledón Zeledón, Ricardo: “Sistemática del Derecho Agrario”, Pág. 58

[2] Zeledón “Ob.cit.”, Pág. 59

[3] Zeledón “ob.cit”, Pág. 59

[4] Jairo Alviar “Tecnología Orgánica de la Granja Integral Autosuficiente”, Pág. 12

[5] Torres Serrano, Clara Ximena “Manual Agropecuario, tecnologías Orgánicas de la Granja integral Auto Suficiente”, Pág. 32