Literatura sobre brechas de ingreso

Literatura sobre brechas de ingreso

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Para Altonji y Blank (1999), la discriminación en los mercados laborales puede definirse como la situación en la que personas que proveen su fuerza laboral y que son igualmente productivas, son tratadas con una inequidad tal que puede relacionarse a características de su raza o etnia. Este trato desigual puede expresarse en diferencias en salarios o en diferencias en las demandas por sus servicios dados un nivel salarial. No obstante, es importante resaltar que las simples diferencias en ingresos no son suficientes para hablar de discriminación.

Una persona puede recibir un menor ingreso debido a que sus menores niveles educativos se reflejan en una menor productividad en su trabajo (Becker, 1993). América Latina es una región con una gran diversidad étnica y es asimismo, después de África, la región con mayor desigualdad de ingresos del mundo (Banco Mundial, 2003). Sin embargo, la investigación académica sobre discriminación étnica no es abundante en la región, a diferencia de la referida a discriminación de género, por ejemplo.

Esto puede explicarse sobre todo por la poca disponibilidad de información sobre el tema en las encuestas nacionales. Cabe señalar, que con el crecimiento de los niveles de ingreso en gran parte de los países de la región, la agenda académica, política y mediática ha pasado de enfocarse en el problema de la pobreza a interesarse más en el problema de la desigualdad en la distribución de dicho crecimiento. Entre los más recientes estudios sobre discriminación salarial destaca el de Atal, Ñopo y Winder (2009), realizado en siete países de América Latina (Bolivia, Brasil, Chile, Ecuador, Guatemala, Paraguay y Perú), alrededor del año 2005.

Romero (2007) realiza un estudio sobre las diferencias en el ingreso laboral atribuidas al género y la raza en las trece principales ciudades de Colombia, empleando la metodología de Blinder-Oaxaca para realizar las descomposiciones se encontró, que los individuos que se autoreconocen como negros, mulatos, afrocolombianos o palanqueros reciben en promedio 32% menos de ingresos por hora laborada que los colombianos que no se identifican con estos grupos. La metodología logró explicar el 24% de dicha brecha bruta, por lo que el 8% restante se refiere a la diferencia en la valoración de las características de los individuos, es decir, a la posible presencia de discriminación.

Pena y Wills (2010) estudiaron la brecha de ingresos independientes de indígenas y afrodescendientes en Colombia empleando la metodología de Ñopo, mostrando una brecha menor para los afrodescendientes en comparación a la hallada por Romero (2007). Pena y Wills concluyeron lo siguiente: (i) Las minorías tienen menos probabilidad de acceder a ciertos tipos de empleo y a empleos formales, lo cual representa un tercio de la brecha de indígenas que no puede ser explicada por diferencias de capital humano y género, y aproximadamente un quinto de la población de afro descendientes y (ii) La importancia del lugar de residencia, ya que las minorías viven en lugares más oprimidos, la cual representa casi toda la parte no explicada de la brecha de los afrodescendientes y aproximadamente un quinto de la de indígenas.

De esta manera, encontraron que en el caso de los indígenas, los grupos no minoritarios ganan 67,8% más que ellos y, al controlar por todo un conjunto de variables, el 17,4% de la brecha permanece como no explicada. Mientras que para el caso de los afrodescendientes, los grupos no minoritarios ganan 16,8% más. Las investigaciones de Ñopo (2003, 2009) han estudiado las brechas de ingresos a través del análisis de emparejamiento discreto para analizar las causas de dichas diferencias. Saavedra (1997) descubre que la brecha de ingresos entre mujeres y hombres se ha reducido y que los retornos a la educación han aumentado más rápidamente para las mujeres que para los varones.

Sobre el tema de diferencias en los ingresos atribuidas a las características étnicas de los trabajadores, Ñopo, Saavedra y Torero (2004) construyen un indicador de «intensidad étnica» con respecto a cuatro grupos raciales: asiático, blanco, indígena y negro, basado en la lengua materna, migración y religión, así como en el reporte de los propios individuos y de los encuestadores sobre su raza. Figueroa y Barrón (2005) encuentran que dado el mismo nivel de educación, individuos de diferentes grupos étnicos tienen la misma probabilidad de ser contratados como empleados; sin embargo, los individuos predominantemente indígenas tienen una menor probabilidad de adquirir la educación necesaria.

Es decir, la exclusión es más importante que la discriminación para explicar la desigualdad en el Perú. Finalmente, Barrón (2008) encuentra para el caso del Perú la brecha de ingresos entre trabajadores blancos y no blancos se reduciría en 20% si no hubiera discriminación y en 28% si no hubiera exclusión.

Garavito (2009) encuentra que en Lima Metropolitana la brecha de ingresos por género es menor entre los trabajadores sindicalizados que entre los trabajadores no sindicalizados.

Garavito (2011) demuestra que las diferencias en los ingresos por hora por medio de pruebas de T de medias, determinan las diferencias de capital humano y físico, halla también que el sexo y la lengua materna explican en parte la desigualdad de los ingresos entre los trabajadores.

Yamada, Lizarzaburu y Samananud (2011) encuentran que persisten grandes diferencias de ingresos según grupo étnico en el mercado laboral peruano. Los peruanos indígenas (quechua, aymara y lenguas amazónicas) han pasado de ganar 49% menos a percibir 53% menos del ingreso de los no indígenas en años recientes. Al realizar descomposiciones mediante tres metodologías, Blinder-Oaxaca, Propensity Score Matching y Matching Exacto de Ñopo, se encuentra que la brecha de ingresos se debe fundamentalmente a diferencias en dotaciones de activos.

En particular, el nivel educativo alcanzado y el grado de ruralidad de la vivienda son las variables que más explican las brechas. Más aún, las diferencias educativas han incrementado su importancia explicativa en la brecha de ingresos en la última década, en la medida que ha habido mayores retornos monetarios para quienes ostentan educación superior (principalmente los no indígenas); mientras que los ingresos reales han caído para quienes no han completado la educación primaria (42% de los indígenas).

Galarza y Yamada (2012) para el caso de Lima Metropolitana, utilizando una metodología experimental a través de análisis de curriculums vitae, encuentran que una persona de raza blanca recibe casi el doble de llamadas para un mismo puesto de trabajo contra su par equivalente de raza quechua; asimismo, encuentran que los candidatos varones son preferidos frente a las mujeres. No obstante, este estudio no controla completamente el nivel de apariencia física de los postulantes.

Yamada y Galarza (2012) estudian el rol de la apariencia física en la tasa de discriminación observada en el mercado laboral de Lima. Diseñaron un modelo experimental para conocer la interacción de tres variables sobre la probabilidad de recibir una respuesta favorable de un reclutador cuando un candidato manda un currículo de vida (CV), los resultado siempre favorecen al blanco.

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