Modernización de la gestión pública

Modernización de la gestión pública

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En los últimos años estamos asistiendo, a intentos de reforma o de modernización de la gestión pública en nuestro país, en respuesta a la preocupación creciente de conseguir la eficacia pública, la búsqueda de la calidad en la prestación de servicios y el pensar más en el ciudadano. Para consolidar dicho proceso de modernización, el Gobierno pretende promover, en los siguientes años, un conjunto de acciones destinadas a obtener una Administración Pública más transparente y con mayor capacidad de gestión, centrada en la mejora de la economía, la eficacia y la eficiencia de los proyectos y programas estratégicos, así como, en las actividad es administrativas, en el desarrollo de las capacidades, en el cambio de cultura administrativa y en la transformación de la organización pública hacia la prestación de los servicios de calidad y orientados al ciudadano.

Por otro, los cambios socioculturales y económicos que ha experimentado la sociedad moderna, apuntan a un cuestionamiento de la eficacia del Estado y de la función pública frente a una ciudadanía cada vez más diversa, más crítica y más exigente; por ello la relación Estado-ciudadanía está cambiando, cambia también la sociedad, cambia la cultura, cambia el Estado y necesariamente debe cambiar la función pública. Por lo tanto, los grandes supuestos de descentralización del país, la reforma y modernización del Estado emprendidos indistintamente por los gobiernos, merece hoy ser reconsiderada y revaluada. La modernización del Estado debe ser considerada desde el punto de vista teórico y conceptual proveniente de la Ciencia Política y de la Gerencia moderna que aporta una lectura interpretativa de las organizaciones públicas y de los procesos políticos y de gestión y desde la perspectiva de su impacto de la gestión del desempeño y su interrelación con los procesos y los productos, así como el de sus resultados y el resto de la sociedad.

La modernización pública es el conjunto de procesos y acciones para asegurar la adaptación, modificación constante y sostenida del funcionamiento de la gestión pública para responder a las exigencias de la sociedad.

El concepto de modernizar como lo manifiesta Álvarez (2012) “no solo implica adaptar, modificar, gestionar cambios, conocimiento, definir acciones, sino que, además, requiere de algo más importante: la decisión política, el tiempo necesario para que las organizaciones maduren, se adapten, modifiquen de forma adecuada sus estructuras, consoliden sus ideas y, finalmente, reciban el respaldo financiero necesario para que dichas iniciativas puedan materializarse en programas, proyectos estratégicos y otras actividades de fortalecimiento institucional, todo ello, lógicamente, con los sistemas de atención, gestión, calidad y soporte que merecen los servicios públicos”. (P.29)

La modernización del Estado debemos situarla en un contexto macroeconómico y social de mayor envergadura; el de la transición de la sociedad hacia la modernidad, tendencia que debe ser plasmada a través de los distintos Gobiernos de turno. La modernidad significa realizar un tránsito desde una sociedad y una cultura de rasgos tradicionales, hacia una cultura de rasgos modernos, y este cambio estructural profundo impacta sobre el conjunto de las instituciones, la economía, los patrones culturales de referencia y la sociedad. Forjar un Estado moderno que requiere, ante todo, gestores con mucha iniciativa y creatividad, grupos capaces de expresar sus intereses de forma representativa. La sociedad peruana y sus instituciones carecen de tales grupos, marcados por la exclusión social, la mayoría no ha sido capaz de formular demandas orgánicas en torno a las cuales se pueda negociar acuerdos; a su vez, el Estado se ve abrumado por un sinfín de reclamos unilaterales e inmediatos (asistencia social, trabajo, seguridad, e inclusión en el desarrollo, etc.). Es decir, el estado no es percibido como un ente rector que oriente las políticas públicas hacia las grandes mayorías o hacia el desarrollo, sino como poseedor de una decisión omnipresente; esta idea se hace irreconciliable e utópica al no existir una sociedad decidida en invertir en políticas a largo plazo destinadas a fijar derechos y obligaciones en los distintos niveles de gobierno y sociedad.

La tendencia a asociar estrechamente el cambio modernizador a la agenda política y a la agenda gubernamental ha sido iniciativa de pocos, de donde resultan diversos efectos alentadores de todo el proceso de modernización.

No queremos decir con esto que sea criticable la naturaleza política de la modernización del Estado, sino por 10 contrario, se trata de decisiones políticas firmes y consecuentes con su sostenibilidad, se trata de una transformación de largo aliento del aparato estatal y del sistema de Administración Pública, teniendo una dimensión política (contenidos, valores, objetivos, orientaciones, actores implicados, estrategias) que no debe ser ignorada.

Por otro lado, la despolitización de la modernización del Estado es una necesidad imperiosa, debiendo primar el aspecto técnico, especialmente confiar en funcionarios públicos profesionales y no de improvisados allegados al gobierno de turno.

Contexto de la modernización

  • Crisis fiscal
  • Crisis de legitimidad
  • Privatización
  • Globalización económica
  • Avances en la TIC – Gobierno electrónico
  • Nueva gerencia pública
  • Presupuesto por resultados
  • Gestión por resultados
  • Evaluación de rendimiento
  • Gestión orientada hacia el cliente/ciudadano
  • Simplificación administrativa
  • Calidad de los servicios públicos

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