La biopolitica llega a la escuela

La biopolitica llega a la escuela

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Jones y Basser (1998), menciona que la historia del ministro es tópica, pero revela la fascinación, la obsesión a veces, de las personas por controlar y dar forma a la vida misma. De hecho; la producción de formas de pensar vinculadas a los nuevos conocimientos científicos y tecnologías, junto con las condiciones de la economía política para optimizar la vida y sustraerla al control del cuerpo.

Su trabajo complementa y refuerza el análisis de los sistemas de pensamiento que dan lugar a las opresiones que constituyen la preocupación de quienes trabajan en el campo de los estudios de la discapacidad, con el aumento de la publicación de los estudios de personas discapacitadas acerca de su situación social, «… es posible calibrar la medida del aislamiento y la marginación impuestos a ellas, y el grado de sus humillaciones rutinarias». Slee (2012) menciona que, en consecuencia, siguiendo muy de cerca de Nikolas ROSE, pues la elaboración de su razonamiento ayuda a encuadrar las cuestiones acerca de la exclusión y es particularmente pertinente para la expansión global de los trastornos de conducta y las reacciones a estos trastornos cuando se manifiestan o se descubren en las escuelas.

Por otro lado, la confluencia de cambios en la educación y en la organización de la profesión médica, diferentes formas de mantener los registros en los hospitales que, a su vez, produjeron nuevas estadísticas de salud, el desarrollo y la creciente sofisticación de la patología y la disección de pacientes fallecidos y los cambios en las leyes y en las prácticas de atención al enfermo, al débil y al defectivo; todo ello sirvió para fijar firmemente la mirada clínica sobre el cuerpo.

Slee (2012) manifiesta que el alcance de la administración medica se extendió hasta «la gestión de la enfermedad crónica y la muerte, la administración de la reproducción, la evaluación y el gobierno del `riesgo’ y el mantenimiento y la optimización del cuerpo sano». La medicina se ha reconfigurado merced a la tecnología y a cambiantes colaboraciones disciplinarias.

La especialización de la profesión ha conducido a una redistribución y fragmentación del diagnóstico y el tratamiento. Se ha producido una reconstrucción correspondiente de las personas de los ‘países occidentales avanzados como portadores, configuradores y consumidores de una identidad de salud. Las relaciones entre las personas y nuevos conjuntos de saberes y prácticas médicos son más complejas y desdibujadas.

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