Educación Inclusiva: Una política confusa y que induce a la confusión

Educación Inclusiva: Una política confusa y que induce a la confusión

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Skidmore (2004) menciona que es importante reconocer la compleja política que está detrás del establecimiento de la educación especial segregada. La cuestión es entender de qué modo el conocimiento actual lleva consigo y esta infundido por una política problemática con el fin de que seamos capaces de sostener el cambio. Las escuelas especiales y las ordinarias son artefactos históricos. Como Jano, presentan caras diferentes a distintas personas, vigilan, ordenan y gobiernan la población infantil. Su resiliencia no está singularmente ligada a una finalidad educativa. Los fines de esta bifurcación de la escolarización son sociales y administrativos.

Por otro lado, Slee (2012), menciona que los retratos heroicos del establecimiento de la educación especial como una reivindicación radical o progresista del derecho a la provisión educativa para los niños con discapacidad que estaban excluidos de la escuela, encierran una legitimidad parcial. Estos niños estaban proscritos de la atención institucional. Se creía que eran ineducables y los relatos de las condiciones y tratamientos vergonzosos en estas instituciones penden como una conciencia culpable sobre todos nosotros.

Es importante mencionar que muchos niños y niñas con discapacidad estaban ocultos en sus casas por miedo a la vergüenza que la discapacidad llevaba a la familia. Por supuesto, en muchas culturas, el miedo y la vergüenza desvanecían la obligación religiosa y social.

Asimismo, Slee (2012) menciona que esta es una historia que habla del establecimiento de las escuelas especiales como una esforzada lucha de padres, médicos y educadores para establecer el derecho a la educación de los niños con discapacidad. Era también la afirmación de la convicción de que los niños discapacitados podían aprender y ser enseñados. Implícitamente destacaba, aunque sin el debido reconocimiento, la pobreza del curriculum y del repertorio pedagógico de la escuela de barrio. Esta historia es también una narración sobre el establecimiento de lo que, con el tiempo, iba a convertirse en una calibración más prodigiosa de la diferencia humana e, implícitamente, de una jerarquía del valor humano.

Siguiendo a Slee (2012), menciona que los estudios de John LEWIS sobre la expansión de la educación especial y compensatoria segregada en el estado australiano de Victoria son ilustrativos. Examinando el desarrollo de la llamada ciencia de la medida de la inteligencia humana, describe la transformación de la «conjetura del sillón en ciencia honorable». Stephen J. Gouid nos dice que la invención de la cronometría y de la inteligencia mensurable está ligada a la política de la supremacía racial y demostró su eficacia a la hora de reforzar las aseveraciones acerca de la criminalidad latente de los débiles mentales. La antigua fascinación con respecto a la elaboración de índices craneales y las ilustraciones graficas del demente y del débil mental como regla mnemotécnica diagnostica para su detección por los médicos y el público en general se contempla en las obras de HELVETIUS, CONDORCET y en el Traite médico-philosophique de PINEL (1801), y en los Physiognomische Fragmente de LAVATER (1775-1778). Del mismo modo que Samuel KIRK estaba «completamente imbuido del esquema de ideas educativas y psicológicas entonces vigente acerca de la deficiencia mental» en los EE.UU. en 1929, el desarrollo de la educación segregada para los niños discapacitados en Victoria fue impulsado por la alianza entre la eugenesia, la ciencia de la debilidad mental y la inteligencia mensurable y el «humanismo benevolente».

En la actualidad, sin duda, las practicas han cambiado, de manera que ahora se emplean test de suero, ecografías, amniocentesis y muestras de vellosidades coriónicas para prever y acabar con la discapacidad antes del nacimiento. En torno a estas prácticas hay enojosos y difíciles debates éticos. Se ha dicho que una forma más sutil de controlar la población se consigue mediante el discurso de las necesidades educativas especiales y ofreciendo a los padres la posibilidad de elegir una escolarización segregada para sus hijos.

Por otro lado, Thomas y Loxley (2007) afirman que la educación especial, como la ordinaria, no puede presentarse como una práctica inocua. Forma parte de una confusa historia de exclusión educativa y social. Asimismo, el reconocimiento de esta política constituye un paso importante en la construcción de una teoría de la educación inclusiva que informe las decisiones sobre los niños y su educación. Este no es más que un aspecto de la complejidad política que afecta a la educación inclusiva.

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