La educación peruana y la formación en valores

La educación peruana y la formación en valores

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El siglo XX ha sido testigo de grandes cambios en las corrientes de pensamiento, en la economía y en la sociedad en su conjunto, cambios que nos muestran dos caras: una de avance de la ciencia y la revolución tecnológica; y otra cara que evidencia la progresiva pérdida del sentido de lo humano y que se manifiesta por una pobreza cada vez más creciente, en los problemas de lo grandes conflictos bélicos, en el recrudecimiento de la discriminación y exclusión y en un predominio del valor económico por encima de los humano, herencias que vivimos en pleno siglo XXI.

Nuestro País también ha sido testigo de estos cambios, las condiciones actuales que presentan un contexto nacional complejo, asociado a múltiples problemas de corrupción, intolerancia, violencia, exclusión y deterioro social expresado en las brechas cada vez más profundas derivadas del poder económico. Estos problemas plantean desafíos que habrá que abordar desde diversos sectores y, de manera particular, desde la Educación, ya que en el propio sistema educativo, y en especial en la educación pública, se ha puesto en evidencia muchos asuntos pendientes de resolver para aportar, de manera critica y creativa, a la construcción del Perú como nación.

Puede resultar repetitivo el hecho de hablar sobre la necesidad de una formación en valores, sin embargo, las razones esgrimidas por la literatura educativa señalan en los últimos 30 años un progresivo deterioro de los “valores” de nuestras sociedades y en consecuencia también del hombre y de la mujer. Sabemos por cierto, que este hecho viene acompañado de otras variables de índole social y económica. La valoración de lo humano, de la persona pasa a un segundo plano en el terreno de las valoraciones cuando el predominio valorativo radica en otros valores que no hablan de lo humano, de lo moral y de lo ético.

¿Por qué una formación en valores?

Los problemas por lo que atraviesa la humanidad y por los que ha transitado, como los conflictos bélicos, la corrupción de gobernantes, destrucción del medio ambiente, pobreza, desnutrición, discriminación y exclusión, epidemias, si bien es cierto, en muchos casos el componente principal de sus causas o de sus soluciones, es el económico, no nos cabe la menor duda, que quienes manejan o toman las decisiones económicas en el planeta, son personas como nosotros, como Tú o como Yo. Estamos tratando de decir, que las decisiones que se toman o que se han tomado a lo largo de la historia de la humanidad siempre han recaído sobre las personas.

En el contexto nacional, nuestra realidad, no difiere de la descrita. Los problemas derivados de la corrupción, de la indiferencia, de los privilegios y de las brechas de equidad, son una prueba palpable, que el hombre no actuó, a lo largo de la historia con honestidad, con ética, con una moralidad proba, que los valores que orientaron sus comportamientos no fueron morales, que sus intereses predominaron por encima de la persona.

La educación, tiene también una responsabilidad muy seria y comprometida en la formación de la personalidad de nuestros niños y niñas. La educación en su misión formadora, actúa sobre la formación de conciencias, actúa sobre sus actitudes y sus conocimientos, pero debe tener clara una orientación. Podemos afirmar, que como educadores, todos coincidimos en formar alumnas y alumnos para el Bien, pero cuando empezamos la labor, encontramos puntos de vista diversos y a veces contradictorios.

Hablar de una educación en valores o de una formación moral o en valores, puede resultar redundante cuando estamos hablamos de educación. La educación en sí misma, tiene en su intencionalidad y en su quehacer, una presencia permanente de los valores en los que educa. No existe educación sin valores, lo que nos lleva a afirmar también, que la neutralidad no existe, siempre estamos asumiendo una posición, aún la indiferencia, es una posición valorativa frente a aquellas cosas, personas o hechos que no nos interesan. La educación y quienes participan de ella, muestran y han mostrado siempre una escala de valores que orientan sus comportamientos. Sin embargo, tenemos que admitir, que cuando se habla de una Formación en Valores, nos estamos refiriendo a los énfasis puestos sobre la formación moral de la persona, cuidando que su formación tenga una orientación moral, además, una formación en valores describe un conjunto de condiciones y estrategias sistemáticas para desarrollar estas características en la persona de los y las alumnas dentro de un espacio pedagógicamente pensado.

Necesidad de la Formación Moral de la Persona

Puede resultar repetitivo el hecho de hablar sobre la necesidad de una formación moral, sin embargo, las razones esgrimidas por la literatura educativa señalan en los últimos 30 años un progresivo deterioro de los “valores” de nuestras sociedades y en consecuencia también del hombre y de la mujer.

Sabemos por cierto, que este hecho viene acompañado de otras variables de índole social y económica. El “valor” que orienta nuestras apreciaciones es hoy en día el valor del dinero y del poder económico.

Unos luchan por mantenerlo a costa de cualquier precio y otros luchan por alcanzarlo, en muchas ocasiones, también a cualquier precio. El marco en el que se da esta tensión, es el de la sociedad de consumo, que nos vende permanentemente, lo importante que resulta “tener algo para sentir o para ser algo en este mundo”, este escenario nos envuelve a través de los medios masivos de información. Las brechas de equidad que existen en nuestra población generan violencia, exclusión, inequidad, desconfianza, corrupción, agresión.

Es en este escenario donde se mueve la educación, ¿Cuál será su papel? ¿Podemos tener una educación neutra? ¿Cómo se ubica el asunto de formación moral en un escenario como el descrito? ¿Tenemos una respuesta? ¿Seguimos teniendo una óptica de consumo al pretender que las y los estudiantes consuman o adquieran la “mayor cantidad de conocimientos, habilidades y capacidades” para que puedan lograr un bien mayor” o les estamos proporcionado herramientas para que puedan resolver moralmente sus vidas?.

Si aceptamos que vivimos en una sociedad como la descrita, entonces la educación debe dar una respuesta que se traduzca en una formación de la persona con herramientas morales para que pueda encarar los problemas morales presentes y futuros. Es oportuno reconocer que la sociedad trae consigo exigencias cada más fuertes para poder sobrevivir, ante ellas no podemos dar la espalda, pero debemos asegurarnos de desarrollar una fortaleza moral que pueda dar cara a las distintas situaciones dilemáticas morales que debe enfrentar la persona. Si hacemos el juego a las apreciaciones vigentes en donde los valores referidos a lo económico se ubican por encima de otros valores, entonces estaremos ante un grave problema, el valor de lo humano se irá perdiendo progresivamente, y será lo económico importante y apreciado más que lo humano.

Para ahondar un poco más en lo importante que resulta trabajar en la formación moral de la persona hagámonos algunas preguntas: ¿Por qué no hemos podido resolver el problema del hambre en nuestro país? ¿Por qué la educación no es realmente una prioridad en la agenda pública? ¿Por qué no hemos podido resolver los altos índices de mortalidad infantil? ¿Por qué seguimos siendo desde hace más de 30 años calificados como un País “tercer mundista” “subdesarrollado” o “en vías de desarrollo?” ¿Por qué la inversión en industria bélica resulta suficiente para condonar las deudas externas o “eternas” en los países en vías de desarrollo?. No es un intento reduccionista en la respuesta, pero podríamos responder a todas las preguntas diciendo: porque el valor de la persona es menos importante que el valor económico.

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