Escenarios para el trabajo de la formación en valores

Escenarios para el trabajo de la formación en valores

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Proyecto Educativo Institucional

El PEI, es un escenario en donde se conjugan las intenciones, apreciaciones y valoraciones de la comunidad educativa en su conjunto y en donde se construyen nuevos acuerdos que orientarán los destinos de una IE. El PEI es además un escenario que por la naturaleza misma de su construcción conduce a la vivencia de valores. Veamos de qué manera se evidencian estos valores:       

Ejercicio Participativo

Crea espacios de participación en todos los niveles y con todas las personas que integran una institución educativa. Esta participación debe ser organizada desde distintas perspectivas, con una mirada plena, todos opinan, todos proponen, todos construyen. Desde una mirada representativa, en donde se forman delegaciones o comisiones de trabajo. Ambas perspectivas deben caracterizar el trabajo para que tenga fuerza y sinergia, no es posible trabajar un proceso de construcción totalmente de manera representativa o en forma plena.

Ejercicio Democrático

Debe integrar a las personas, con una visión de equidad en género, sin discriminación de ninguna naturaleza, debe propiciar procesos inclusivos en la construcción del PEI, todas y todos son llamados.

Ofrecer espacios de seguridad y confianza en el proceso de construcción, horizontalizar el trato y la comunicación. Distribuir el poder y las responsabilidades en un sentido equitativo.

Unifica identidades y sentimientos.

Al cumplir con un proceso participativo y democrático en la construcción del PEI, se construye también la unidad de identidades bajo una misma visión, se cree en una idea, en un fin común, en este caso un fin educativo. Cuando hablamos de creencia, quiere decir, que colocamos esperanzas, ilusiones, esfuerzos para la construcción de una educación regional deseada. Esta percepción no anula toda posibilidad de cuestionamiento, observación o reformulación, por el contrario la hace posible en nombre de lo que se aspira.

Orientadora.

Propone un norte, direcciona nuestra labor educativa, en el marco no sólo de aspiraciones legítimas y consensuadas, sino que también ofrece un marco conceptual fundamentado, que a partir de él se pueden desprender implicancias metodológicas, así como de gestión. Este norte que se expresa en la visión y fines de un PEI, permite evaluar nuestra labor en términos de acercamiento o alejamiento de los valores o formulaciones axiológicas sobre las que estamos trabajando.

Generación de procesos pedagógicos colectivos.

El PEI, no sólo vincula a la escuela y a las personas que la componen en ideas y fines comunes, sino que también permite que sus experiencias puedan compartirse con otras instituciones. Cada institución educativa experimenta su propio camino pero bajo horizontes comunes, propios de una región o de una localidad. Permite poner en común estas experiencias que a la vez se convierten en experiencias de reflexión pedagógica y de evaluación de los procesos de vivenciar el PEI.   

La interacción entre iguales

La formación en valores no se da exclusivamente a través de la influencia directa o indirecta del docente, también la interacción con los pares, son una fuente de intercambio y aprendizaje de valores, es además un espacio que puede y debe ser empleado para desarrollar una formación moral. Se debe contemplar el trato verbal, la realización de sus juegos, la estipulación de reglas, las situaciones de exclusión, las relaciones de poder, la equidad de género, los roles que reproducen entre ellos.

Acción directa del profesorado

Este es el espacio más explotado y común elegido para la formación moral de la persona, en él se han centrado la mayor parte de estrategias y recomendaciones, pero como lo hemos visto en el epígrafe anterior no es el exclusivo. El maestro debe propiciar un clima de seguridad y confianza, mostrar actitudes de aceptación, acogida y respeto; éstas son condiciones indispensables, porque la educación se sustenta en ellas y las estrategias también. Toda intención pedagógica o de enseñanza que no esté centrada en estas condiciones fracasará. Formar en valores es mucho más que un conjunto de estrategias o contenidos. Basta la mirada excluyente o amenazadora del docente para echar por tierra las brillantes estrategias o técnicas planificadas para ese momento.

La interacción entre docentes y estudiantes es clave fundamental para una educación moral.

Tutoría

Según la R.M. N° 0048- 2005 – ED, señala que “esta hora semanal en Educación Primaria y Secundaria no es una clase, sino que es un momento para tratar asuntos relevantes de la tutoría y que debe dar oportunidad a los estudiantes para interactuar y conversar sobre sí mismos y el grupo. Esta hora no excluye el trabajo tutorial que se debe dar de manera transversal y permanente en las diversas actividades del currículo, así como otras reuniones con los estudiantes y padres de familia.” Señala además que “La acción tutorial en ambos niveles (Inicial y Primaria) es permanente y transversal a las actividades pedagógicas que desarrolla el docente.

Sin embargo, en Primaria se deberá considerar como hora formal de tutoría. Se dará importancia a las normas de convivencia. se deben trabajar asuntos referidos a la salud física y mental, desarrollo personal, social, ayuda comunitaria, orientación, cultura y actualidad, apoyo académico, convivencia y disciplina escolar, entre otros”

Características de la Función Tutorial

  • La acción Tutorial debe ser continua y ofrecerse al alumno a lo largo de todo su proceso educativo.
  • Debe atender a las peculiaridades de cada persona, y también a las características del grupo que tutoriza.
  • La orientación es una actividad de «equipo», por lo que el tutor deberá implicar a las distintas personas que intervengan en el proceso educativo.
  • Desde la tutoría no se crearán dependencias, hacia personas o instituciones, el objetivo último debe ser la propia autoorientación y hacia la propia toma de decisiones responsables en el campo educativo en las alternativas que el desarrollo social y profesional le plantee.

Principios de la Tutoría

  1. Principio de prevención

Prevenir significa evitar que algo malo suceda. La llamada prevención primaria pretende reducir el índice de nuevos casos. Para ello hay que actuar en contra de las circunstancias negativas antes de que tengan oportunidad de producir efectos.

En el campo educativo la prevención toma sentido al anticiparse a la aparición de circunstancias o situaciones que puedan ser un obstáculo al desarrollo de una personalidad sana e integrada, propiciando que pueda desarrollar al máximo sus potencialidades.

Llevar a la práctica educativa el principio de prevención supone:

  • Poner especial atención a los momentos de transición del alumno en sus diferentes etapas educativas.
  • En esta perspectiva los programas de acogida a los nuevos alumnos cobran una especial relevancia, en el sentido más amplio de preparar los ambientes a los que acceden.
  • Conocimiento inicial del alumno, que permita conocer lo antes posible las características y circunstancias de los alumnos a fin de detectar las posibilidades de riesgo de la aparición de dificultades. Para ello se hace necesario realizar un diagnóstico exhaustivo y precoz del alumno utilizando los recursos científicos y técnicos adecuados.
  • Apertura al entorno social, lo que supone traspasar el marco meramente escolar pr estando especial importancia a la relación familia-escuela.

b.        Principio de desarrollo de capacidades

Si la educación tiene como máximo objetivo el desarrollo de las capacidades, habilidades y potencialidades de la persona, la orientación puede ser un agente activador y facilitador de ese desarrollo. Para lograrlo se debe dotar al alumno de las capacidades necesarias para afrontar las demandas de cada etapa evolutiva y el proporcionarle las situaciones de aprendizaje que facilite el progreso del mismo.

c.         Principio de intervención social

Diversas investigaciones realizadas en los últimos años nos hablan de la inoperancia de una intervención educativa que no tenga en cuenta los elementos o factores ajenos al marco escolar pero que fuera de la escuela inciden de forma importante en el desarrollo personal de los alumnos, de manera que pueden bloquear su desarrollo (obstáculos ambientales).

Si la educación es un proceso de aprendizaje continuo que no acontece sólo en el marco escolar, lógico es pensar que debemos prestar atención a los otros marcos sociales donde también se produce aprendizaje. Tener en cuenta este principio supone en la práctica: Que la actividad orientadora debe dirigirse a modificar aspectos concretos tanto del marco educativo (dirección, organización, metodologías de trabajo, etc.), como del contexto social (trabajo infantil, programas de alimentación, asistencia social, becas, etc.). No encontramos justificación a las posturas pasivas de aquellos docentes que encuentran argumentos para no intervenir, por que dicen que lo que ocurre fuera de la puerta de la I.E. no es de su competencia.

Concienciar al orientado de la existencia de factores ambientales (en su caso) que obstaculizan el logro de sus objetivos personales, con el fin de generar una actitud activa que consiga el cambio de tales factores.

Si partimos de la existencia de una divergencia entre los valores del alumno e institución educativa, así como de la persona y la sociedad, el conflicto que se produce no se debe resolver con un simple ajuste o adaptación del alumno, sino a través de un serio esfuerzo por cambiar determinadas características ambientales.

d.        Clima de Aula.

El aula es uno de los espacios más importantes para el aprendizaje y la interacción entre personas. Por ello, el clima en el cual se comunican e interactúan maestros y alumnos debe ser de confianza, respeto, alegría, justicia y permanente dialogo, puesto que al interior de este proceso comienzan a revelarse sentimientos propios, formas de entender el mundo, pensamientos y creencias y sobre todo los juicios y comportamientos morales de los agentes educativos implicados.

Nuestra disposición como educadores antes, durante y después de las clases es fundamental para generar en el aula un clima educativo positivo. Nuestra dinámica, estrategias de aprendizaje, posturas y formas de dirigirnos a nuestros alumnos nos pueden permitir lograr una atmósfera de acogida, participación, libertad, diálogo y escucha activa. Nuestros niveles de tolerancia y comprensión, así como el manejo de la información que se presenta debe consolidar y permitir la formación académica, procedimental y moral de nuestros alumnos.

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