¿Cómo entender los valores?

¿Cómo entender los valores?

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Para desarrollar la respuesta a esta pregunta basaré mis argumentos en los planteamientos de Adela Cortina, por presentar una secuencia ordenada y esclarecedora:

  1. Orientan nuestra capacidad de estimar. Cuando nos enfrentamos a las cosas, no sólo hacemos con respecto a ellas operaciones intelectuales, como comprenderlas, compararlas, o clasificarlas sino que también las estimamos o desestimamos, las preferimos o las relegamos: es decir las valoramos.
  •             Los valores valen realmente. Por eso nos atraen y nos complacen, no son una pura creación subjetiva. Consideramos buenas aquellas cosas que son portadoras de algún tipo de valor, y las consideramos buenas porque descubrimos en ellas un valor, no porque decidamos subjetivamente fijárselo. Podemos poner precio a las cosas, pero no valor. Los valores son cualidades reales de las personas, las cosas, las instituciones y los sistemas.
  •             Nos permiten acondicionar el mundo. Los valores (como la libertad, la solidaridad, la belleza) valen realmente, porque, como diría Xavier de Zubiri, nos permiten acondicionar el mundo para que podamos vivir en él plenamente como personas. Porque un mundo injusto, insolidario y sin libertad, un mundo sin belleza o sin eficacia, no reúne las condiciones mínimas de habitabilidad.

4.         Son cualidades reales. Un valor no es un objeto, no es una cosa, no es una persona, sino que está en la cosa (un hermoso paisaje), en la persona (una persona solidaria), en una sociedad (una sociedad respetuosa), en un sistema (un sistema económico justo), en las acciones (una acción buena). Los valores son cualidades que cualifican a determinadas personas, acciones, situaciones, sistemas, sociedades y cosas, y por eso los expresamos las más de las veces como adjetivos calificativos.

5.         Los valores son siempre positivos o negativos. Cuando percibimos un valor, captamos al mismo tiempo si es positivo o negativo, es decir, si nos atrae o nos repele. Valores positivos son sin duda la justicia y la igualdad en las cosas humanas, la utilidad y la belleza, la agilidad y la salud. Valores negativos, por el contrario, la injusticia y la desigualdad, la inutilidad y la fealdad, la torpeza y la enfermedad.

6.         Los valores poseen dinamismo. No referimos al hecho de que hay realidades que siempre nos atraen o nos repelen, nos invitan a actuar en un sentido o en otro, pero nunca nos dejan indiferentes. Los valores dinamizan nuestra acción en el doble sentido, los positivos nos incitan a tratar de alcanzarlos, mientras que los negativos nos mueven a erradicarlos. Por eso no existe la neutralidad. En la enseñanza, explícita o implícitamente, siempre es una transmisión de valores, a través de la palabra del profesor o a través de sus actitudes, a través de los que hace o a través de lo que omite.

7.         La Materia de un valor. Los valores tienen ya una materia, es decir, que no les podemos adjudicar tranquilamente cualquier definición, decir de la libertad, por ejemplo, que consiste en “dar a cada uno lo que le corresponde” cuando esta caracterización conviene a la justicia, no a la libertad. Todo lo cual nos invita a tratar de distinguir unos valores de otros, y a preguntarnos cuál es la peculiaridad de los valores morales en los que queremos educar.

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