Liquidez

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Medidas de liquidez a corto plazo

Al mirar por primera vez la posición de una compañía nos concentraremos en el corto plazo. Intentamos medir la habilidad de la empresa en conseguir efectivo para atender los pasivos corrientes a medida que vayan venciendo.

 

Para estos pasivos a corto plazo constituyen una parte considerable de los créditos totales de la compañía. Deben pagarse en un período de tiempo relativamente corto, y siempre son superiores a los puros recursos de caja de la empresa. (Apaza, 2001, pág. 140).[1]

 

La pregunta que nos formulamos es ¿De dónde procederá el dinero necesario para pagarlos?.

 

El dinero se halla en constante movimiento por toda la compañía, y entra principalmente de las cuentas por cobrar. Las cuentas por cobrar, a su vez, son generadas por las existencias de productos terminados, las cuales, a su vez, son alimentadas por los productos en proceso de fabricación, y así sucesivamente.

 

Krugman y otros (2007) afirman: “Estos son los activos que forman colectivamente el activo corriente. Al mismo tiempo, son adquiridos bienes a crédito y se solicitan otros créditos a corto plazo. (Pág. 184) [2]

 

Estos activos y pasivos a corto plazo se hallan en constante movimiento, y las principales medidas de liquidez a corto plazo se concentran en relación entre los dos valores del activo y el pasivo corriente. (Horngren y otros, 2007. Pág. 184) [3]

 

Se ilustran tres formas de analizar esta relación:

  • Ratio de liquidez
  • Ratio de tesorería
  • Ratio de capital circulante sobre ventas

 

El ratio final en es uno que proporciona una visión más global sobre la capacidad de endeudamiento de una compañía, que es:

 

Ratio de liquidez

El ratio o coeficiente de liquidez es el gran favorito de los bancos. Es una simple comparación entre los activos y los pasivos corrientes.

 

Cabe esperar que los activos corrientes sean como mínimo iguales a los pasivos corrientes, y de hecho normalmente tienen que ser algo mayores. En consecuencia, buscaremos valores superiores a 1,0 para este ratio. Sin embargo, algunos tipos de empresas pueden actuar tranquilamente con este ratio muy por debajo de 1,0.

 

Es preciso un toque de atención y cautela sobre la interpretación de éste o cualquier otro ratio para una compañía en particular. Existe una amplia diversidad de condiciones en diferentes tipos de empresas, y algunas de ellas pueden sustituir cómodamente ratios de liquidez que estarían anunciando desastre para otras. Algunas compañías tienen que mantener grandes stocks, poseen ciclos de producción muy largos, conceden amplios créditos a sus clientes, etc., mientras que otras apenas tienen stocks, y reciben más crédito de sus proveedores del que ellas otorgan a sus clientes.

 

En consecuencia, González (2013) descubre que:

“un valor aislado del ratio nos dice muy poco. Es preciso un estándar para comparar. El estándar puede derivarse de muchas fuentes, como datos y tendencias históricos, contabilidad de la competencia y datos publicados de todo tipo”. (Pág. 33)[4]

 

Respecto a los ratios de liquidez, puede decirse que es la tendencia a lo largo del tiempo lo que proporciona la información más valiosa.

 

Lawrence (2003) plantea que:

“una desventaja de este ratio es que no distingue entre distintos tipos de activos circulantes, algunos de los cuales son mucho más líquidos que otros. Una compañía puede hallarse en problemas de tesorería y pese a todo tener un fuerte ratio de liquidez. (Pág. 215).[5]

 

Ratio de tesorería

Este ratio es simplemente el ratio de liquidez prescindiendo del valor de las existencias en el total del activo corriente. Este ratio recibe a veces el nombre de prueba acida. Freixas y otros (2002) confirma que:

“La razón de excluir la cifra de existencias es que la liquidez puede ser un problema. Recordará que el término de liquidez se utiliza para expresar lo rápido y en qué porcentaje de su valor contable puede convertirse un activo en dinero líquido en una crisis (Pág. 234).[6]

 

Por ejemplo, una carga de mineral de alta calidad anclado en Hong Kong puede tener una alta liquidez, mientras que un gran stock de artefactos electrodomésticos puede tenerla muy baja. A veces nos enfrentamos a una situación en la que tenemos un ratio de liquidez constante, pero el de tesorería está aumentando a expensas de las cuentas por cobrar y el dinero en caja. Los bancos y las entidades crediticias tienen dificultades en evaluar la liquidez de muchos tipos de inventarios. Se sienten mucho más cómodos cuando tratan con cuentas por cobrar y caja y bancos. Aunque tanto el ratio de liquidez como el de tesorería son los parámetros más ampliamente usados para la liquidez a corto plazo, son estáticos, y examinan únicamente los valores en un momento determinado, la fecha del balance.

 

Según Monzón (2004, pp. 50-51) “(…) muchas compañías intentarán presentar las mejores cifras posibles justo ese día. Se argumenta que el cash flow sobre el futuro a corto plazo sería un mejor indicador de la capacidad de pagar. El ratio de capital corriente a ventas ilustrado en la página siguiente se ocupa en cierta media de esta objeción.(…)[7]

 

Ratio de capital corriente sobre ventas.

Este ratio nos muestra algunos rasgos que no pueden averiguarse fácilmente desde los dos anteriores.

 

El capital corriente fue definido como activo corriente menos pasivo corriente. Este valor queda expresado aquí como un porcentaje de ventas. Así como los ratios de liquidez y de tesorería utilizan sólo las cifras del balance, éste utiliza también valores de la cuenta de pérdidas y ganancias. La cifra de ventas refleja de algún modo, el cash flow de explotación a través de todo el sistema.

 

Van Horne y otros . (2002) mencionaron que:

En consecuencia, este ratio relaciona el superávit de los activos a corto plazo sobre los pasivos a corto plazo con el cash flow bruto anual de explotación. (Pág. 134) [8]

 

A menudo iluminará una tendencia que los otros ratios pasan por alto. Es posible tener un ratio de liquidez o tesorería estable, mientras éste cae en picado. Esto ocurrirá cuando las ventas se están incrementando rápidamente y hay niveles constantes de capital corriente, una situación que conduce al overtrading.

 

Ortiz (2006) opina que:

El término overtrading se utiliza para describir una situación en la que el balance no dispone de suficientes recursos para llevar adelante el nivel de negocios existente. (Pág. 185) [9]

 

Surge en una compañía que ha crecido demasiado rápido desde su base, o que empezó ya con menos fondos de los necesarios. Los síntomas se muestran como una constante escasez de dinero en efectivo para atender a las necesidades cotidianas. De todos modos, la tendencia moderna se inclina hacia un menor valor del ratio de capital circulante sobre ventas, en particular en la forma de existencias mucho más reducidas.

 

Cobertura de cargas financieras

Presentamos aquí un importante ratio de liquidez de cosecha más reciente que nos proporciona alguna información suplementaria. Es singular en el sentido de que es el único extraído solamente de la cuenta de pérdidas y ganancias. Los intereses soportados se dividen por la cifra de beneficios antes de impuestos para obtener la cobertura. Expresada en número de veces.

 

Es interesante considerar la diferencia entre éste ratio y otros ratios anteriores, Los intereses soportados en la contabilidad se determinan por:

  • El total adeudado
  • El tipo de interés efectivo

 

Mientras que los ratios del balance examinaban solamente el total adeudado, este ratio tiene en cuenta dos factores no contemplados por ellos:

  • La rentabilidad de la compañía
  • Los tipos de interés medios

 

Una compañía muy rentable puede tener una cobertura de cargas financieras adecuada, pese a que el balance parezca estar excesivamente endeudada. También, por supuesto, los grandes movimientos en los niveles de los tipos básicos de intereses dentro de la economía tendrían un significativo impacto en este ratio. Esto puede explicar parcialmente cómo las economías con tipos de interés bajos parecen aceptar balances con un alto nivel de apalancamiento.

 

Santos (2000, p. 120) dice que:  “el término apalancamiento financiero se utiliza para reflejar la relación entre los beneficios y los gastos fijos de intereses”.[10]

 

Si el apalancamiento financiero es alto, es decir, si los intereses constituyen una parte importante de los beneficios antes de intereses, un pequeño cambio en los beneficios de explotación se verá enormemente magnificado en sus efectos sobre los dividendos a los accionistas.

 

“Una compañía muy apalancada se desenvuelve bien en tiempos de auge, pero cae con rapidez en dificultades en tiempos de recesión”. (Bellido, 1992. Pág. 145).[11]

[1] Apaza Meza, Mario (2001) “Estados Financieros y gestión financiera. Pacifico Editores. Lima.  Pág. 140

[2] Krugman, Paul R.; ‎ Wells, Robin (2007) “Introducción a la Economía. Macroeconomía”. Editorial Reverté S.A.  Barcelona. Pág. 184

[3] Horngren, ‎ Charles T. ; Sundem, Gary L. ; Stratton  ‎William O. (2007) “Contabilidad Administrativa”. Editorial Pearson Educación. Decimotercera edición. México. Pág. 350

[4] González Urteaga, Ana (2013) “Liquidez, volatilidad, estocástica y saltos”. Editorial de la Universidad de Cantabria. España. Pág. 33

[5] Lawrence J. Gitman, ‎Elisa Núñez Ramos .(2003) “Principios de administración financiera”. Editorial pearson Educación. Decima edición. México. Pág. 215

[6] Freixas;  Xavier ; Charles Rochet, ‎Jean (2002) “Economía bancaria”. Antoni Bosch editor.  España. Pág. 234

[7] Monzón Graupera, Joaquí-Andrés (2004) “Análisis de liquidez, endeudamiento y valor” Editorial Editorial Reverté S.A Barcelona. Pág. 50-51

[8] Van Horne, ‎ James C. ; Wachowicz, John M. (2002)“Fundamentos de Administración Financiera”. Editorial Pearson Educación. México. Pág 134

[9] Ortiz Anaya, Hector (2006) “Análisis financiero Aplicado y principios de Administración Financiera. Editorial de la Universidad Externado de Colombia. 14° edición. Bogotá. Pág. 185

[10] Santos Alberto Farfan Peña (2000). Contabilidad de costos. Enfoque peruano – internacional. 1era. Edición. Lima –Perú. Pág. 120

[11] Bellido Sanchez (2002). Administración financiera. Editorial Técnico Científica S.A. Lima-Perú. Pág. 145

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