LA FAMILIA DEL NIÑO SORDO

LA FAMILIA DEL NIÑO SORDO

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Según nuevas corrientes podemos definir a la familia como un sistema, es decir como un grupo de personas unidas por diferentes vínculos que se hallan en constante relación. La calidad de las relaciones es tal que si se da una modificación, cambio o característica especial en alguno de sus miembros, el sistema familiar en su totalidad se ve alterado.

 

La familia esta permanentemente expuesta a situaciones criticas que amenazan su estabilidad, sin embargo dichas situaciones no deben asumirse como negativas sino como circunstancias cuyo enfrentamiento y adecuado manejo, favorecerá su cohesión y equilibrio, constituyendo esta capacidad de adaptación a las nuevas situaciones, la prueba más evidente de su salud mental.

Las crisis familiares puede ser evolutivas (llegada de un nuevo hijo a la familia, llegada a la adolescencia de un hijo, etc.) o accidentales (muerte temprana de un hijo, enfermedad grave de alguno de los padres, etc.) y la facilidad con que se adapten a los cambios va a depender de muchos factores pero especialmente de la historia familiar, de al personalidad de cada uno de sus miembros, de su grado de instrucción y de la relación Bajo del grupo con el medio.

 

Todas las parejas o la mayoría de ellas, desde antes del matrimonio o la convivencia elaboran un proyecto familiar que incluye sus deseos, metas expectativas e ilusiones, tanto en la relación a si mismos como en relación a los hijos que tendrán. Es así que todas sus energías se orientan hacia la realización de dicho proyecto.

Esta perspectiva la llegada de un niño discapacitado al seno familiar constituye una situación de conflicto y crisis, debido a que el proyecto familiar se resquebraje. La confirmación de un diagnóstico de sordera moviliza en los padres una serie de sentimientos encontrados que resumen un duro proceso de ruptura de ilusiones y expectativas, puesto que asumen que su hijo discapacitado nunca logrará lo que ellos esperaban.

Pueden surgir de esta manera, situaciones conflictivas diversas :

 

1.Conflictos entre los padres que pueden llevarlos en algunos casos, hasta la separación.

2.Conflictos de la pareja en su relación con el niño sordo, los cuales tienden a segregarlos o sobre protegerlo, no asumiéndose así un real compromiso con la tarea de rehabilitación.

3.Conflictos de la pareja con los otros hijos. Ellos pueden recibir una sobre carga de expectativas de los padres o la incomprensión de estos ante sus fracasos o dificultades por que asumen que por ser videntes no tienen justificación para equivocarse.

4.Conflictos de la familia con el medio externo, los cuales pueden llevarlos al aislamiento y asumir actitudes de autosegregación.

 

SITUACIONES DE CRISIS Y CONFLICTOS EN LA FAMILIA:

El descubrimiento de la discapacidad en un momento temprano de la vida del hijo la vivencia los padres como una pérdida  muy dolorosa, constituyendo una gran lesión al concepto que tiene de simismo, o como señalan varios autores, una herida. Ello se pueden cuestionar o perder las esperanzas en torno al hijo y al ideal de la familia que tenía formado.

 

Se requiere un período de elaboración del duelo por las pérdidas experimentadas. Muchas veces la situación de la pareja se tensa, pues algunos de los miembros no quiere aceptar «esa deficiencia como de su familia» e inculpa al otro.

 

SENTIMIENTO DE CULPA :

Para muchos padres las culpas pueden devenir en un círculo vicioso tiranizante, una madre puede creer que el hijo se afectó por no haberse cuidado adecuadamente durante el embarazo, o por no haber cooperado durante el parto, etc. no importa tanto la causa, ms o menos sea o no real, sino el mecanismo que la desencadena.

 

Para «expiar» esta culpa, la madre se propone sacrificio injustos, casi imposibles, así deja de atender otras necesidades y personales.

 

El desarrollo de la vida de la pareja puede alterarse mucho. Comúnmente retornar a primer plano viejos conflictos o resueltos.

En particular, se manifiesta un desarrollo perrenso de las relaciones triangulares: el padre recrimina a la madre por las supuestas culpas, ella se aleja, encontrando «refugio» en la atención desmedida del hijo, que también manifiesta un reclamo intenso de la madre y como consecuencia disminuyen las relaciones entre padres.

Sin embargo, en otras familias vemos lo opuesto: la pareja, alejada entre sí antes de la discapacidad parece unirse, incluso el hijos llega a comprender de alguna manera que cuando él está más enfermo o requiere mayor atención de salud, sus padres tienden a unirse.

 

NEGACION DEL PROBLEMA :

Una estrategia, centrada en lo emocional, consiste en aplicar diversos mecanismos de defensa que tienden a distorcionar la evaluación real y objetiva de lo que sucede. En el extremo opuesto, otra estrategia consiste en encarar el problema, sin despojarse de las cargas emocionales, pero acometiendo de manera realista la atención a la salud y a la educación del hijo, así como todos los reajustes familiares necesarios.

 

En general, el proceso de satisfacción de las necesidades especiales de estos niños pueden estresar a la persona que lo cuidad. A medida que el niño crece, esta falta de afectos e incluso los rechazos que resultan evidentes en algunos familiares, pueden alterar notablemente la seguridad emocional del niño.

En muchas personas opera el mecanismos de «negar» las evidencias y la información objetiva que pudiera poseer sobre las características del defecto discapacitante del hijo, y se apoyan en cualquier indicio, por pequeño que sea, para elaborar una ilusión compensadora sobre las curaciones o posibilidades futuras del hijo.

 

FALSAS EXPECTATIVAS :

Las representaciones sobre el futuro del hijo no operan igual en las distintas familias, algunos padres no llegan a pensar claramente en el futuro, otros se ilusionan y esperan prácticamente «milagros» También hay los que se forjan planes a medida que el hijo avanza. Puede ser que el propio proceso de la discapacidad, introduzca oscilaciones en estas tendencias.

 

SOBRECARGAS DE TAREAS Y GASTOS :

Cuando surge la discapacidad de un hijo, la familia debe sufrir la sobrecarga de ciertas funciones.

En primer lugar, hay que atender su salud y su desarrollo físico de una manera más intensa y sobre todo cargada de ansiedades, pues muchas veces hay impresición en el pronóstico de la enfermedad discapacitante o en las escuelas o en el alcance que puede tener el proceso de rehabilitación.

 

En general, en el niño que nace con algún defecto discapacitante, la etapa de ciudades infantiles se hace más prolongada. Algún familia debe dejar de cumplir sus tareas habituales en ayuda de la subsistencia hogareña, para dedicarse más intensamente al cuidado del niño discapacitado. Comúnmente es la madre quien debe ir con el hijo a la consulta médica o a los prolongados tratamientos, o permanecen en el hospital como acompañante, etc. Ella tiene que prodigarle en el hogar todos los cuidados necesarios. Si la madre trabaja, debe dejar de hacerlo. Con ello disminuyen los ingresos familiares. No solo se desvincula laboralmente sino a su círculo de relaciones sociales, pues las exigencias impuestas en torno al cuidado del hijo se lo dificultan.

 

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