Estrés laboral

Estrés laboral

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El desarrollo de modelos teóricos en el ámbito del estrés laboral muestra un prolífico panorama, las propuestas reflejan la mezcolanza de disciplinas típica de este campo.  En una revisión no resulta fácil seleccionar los modelos que han de ser incluidos.  Claudicando por adelantado ante la ingente tarea de tejer una exhaustiva red teórica, los modelos expuestos pretenden constituir una muestra representativa de la producción sobre estrés laboral.  Así pues, nos centraremos en propuestas directamente elaboradas en el ámbito organizacional o de gran influencia en el mismo.

 

  1. El modelo de ambiente social.

Fruto de los estudios llevados a cabo por el Institute for Social Research de la Universidad de Michigan, y puerto de obligada escala en esta singladura, se centra en las relaciones existentes entre estrés y salud física y mental.  En 1962, French y Kahn publicaron el prototipo de esta serie de modelos como esquema general para guiar un programa de investigación.  El modelo continua cumpliendo dicha función, a pesar de ser muy general y requerir especificación para cada línea de estudio (p.e., Kahn, Wolfe, Quinn, Snoek y Rosenthal, 1964; French, Caplan y Harrison, 1982).  Su formato originario mostraba una secuencia causal constituida por cuatro estados y tres procesos: el primero se relaciona con los efectos que ejerce el ambiente objetivo en el ambiente psicológico (percibido por el individuo). Las consecuencias del estrés a corto y largo plazo son diferenciadas, etiquetando las primeras como respuestas (afectivas, conductuales y fisiológicas) y las últimas como criterios de salud, mental y física, y enfermedad.  El segundo proceso relaciona los hechos del ambiente psicológico y las respuestas inmediatas, mientras el último vincula el efecto de tales respuestas, referentes al puesto, con los criterios de salud-enfermedad.  Finalmente, el modelo enfatiza la capacidad mediadora de las características individuales y las propiedades contextuales (especialmente interpersonales) de la situación laboral.

A pesar de que Ivancevich y Matteson (1989) destacan su pertinencia en el ámbito laboral y su intento de integrar los enfoques médicos y conductual, como aspectos negativos apuntan la poca atención prestada a variables extraorganizacionales y su escasa claridad respecto al desempeño. La restricción de los resultados a la salud y la enfermedad, dejando al margen el desempeño de rol, el desempeño y viabilidad de la organización en sí misma, etc., es también señalado por Kahn y Byosiere (1992) quienes aluden además a su carácter abstracto y al descuido de los procesos cognitivos.

 

  1. El paradigma de McGrath (1970) o modelo de proceso.

Este modelo se ocupa fundamentalmente del desempeño de tareas en un contexto organizacional.  La situación de estrés es considerada un ciclo de cuatro etapas conectadas por cuatro procesos, un circuito cerrado desde la situación externa a la conducta observable del sujeto, la cual a su vez afecta la situación.  Mediante el proceso de evaluación, la persona aprecia una situación de forma exacta o inexacta.  A continuación, el proceso de toma de decisiones conecta la situación percibida, las opciones plausibles y la elección de una respuesta, o conjunto de respuestas, para afrontar la situación.  Por su parte, el proceso de desempeño resulta en un conjunto de conductas que pueden evaluarse cualitativa y cuantitativamente. Finalmente, se establece un cuarto proceso entre la conducta y la situación.  El grado en que una respuesta produce una conducta deseada dependerá de la habilidad personal para llevar tal respuesta a la práctica y del grado en que la conducta genere cambios deseados en la situación, lo que a su vez va a depender del nivel de desempeño. El modelo también incluye de modo explícito el proceso de feedback, que conecta la respuesta conductual a la situación evocadora.

 

  1. Modelo de Lazarus (1966; Lazarus y Folkman, 1984).

Este esquema teórico ha sido también aplicado en el ámbito organizacional, si bien se señala la necesidad de incluir conceptos específicos bajo los amplios descriptores ambientales del modelo.  La idea de transacciones contextualizadas como unidad de estudio conecta las aportaciones de Lewin (1943) con este ámbito de investigación a través de la aproximación al estrés laboral del grupo de Michigan (Barone, 1995).

 

Para Lazarus (1993) el estrés es parte de un conjunto conceptual más amplio: el concepto de emoción se muestra capaz de integrar cognición, motivación y relaciones sociales en configuraciones organizadas de respuestas adaptativas.  En su opinión, la información derivada de la expansión del concepto es más reveladora de la condición humana y sus implicaciones clínicas que el conocimiento aportado por el concepto de estrés, aunque éste siga siendo útil.  En cuanto al estrés laboral, Lazarus (1995) defiende que el estrés y sus efectos nocivos son en buena medida una cuestión individual.

 

Sin embargo, autores como Brief y George (1995), además del estudio de los patrones de reacciones individuales al estrés, proponen otros elementos en la agenda de estudio y destacan la necesidad de tomar en cuenta el contexto único del entorno laboral.  El desafío es, por tanto, desarrollar una teoría que permita identificar las condiciones del trabajo que afectarán probablemente de modo adverso el bienestar psicológico de la mayoría de las personas expuestas a ellas.  En esta línea, Harris (1995) igualmente señala que el campo del estrés laboral se beneficiará de una aplicación cuidadosa y atenta de la perspectiva transaccional.

 

Algunos de los modelos que podrían ser destacados por su aproximación transaccional al fenómeno son el propuesto por Harrison (1978) y el elaborado por Cox (1978).  Asimismo, la teoría de Lazarus ha sido adaptada por autores como Schuler (1981) interesados en el estrés laboral, mientras una consideración dinámica y transaccional es aportada por Frese y Zapf (1988), quienes identifican patrones temporales en la influencia de los estresores sobre resultados y consecuencias del estrés.

 

  1. Modelo de Marshall y Cooper (1979).

Enfatiza la relevancia de los estresores generados en el trabajo y los caracteriza en seis categorías: intrínsecos al trabajo, relaciones con superiores, compañeros y subordinados, estructura organizacional y clima, rol en la organización, desarrollo de la carrera y fuentes extraorganizacionales del estrés.  Este fenómeno aparece como un constructo hipotético inferido desde sus manifestaciones físicas, conductuales, mentales y organizacionales.  Además, considera una serie de estresores relacionados con la persona que parecen jugar un rol mediador de la influencia de los estresores ambientales (inestabilidad emocional, orientación de logro, patrón tipo A, etc.).  El modelo, explícito respecto a estresores y a resultados, los cuales han de ser evaluados en un nivel individual (salud física y mental) y organizacional (productividad, ausencia, rotación), no especifica los efectos moderadores de la personalidad o de factores contextuales como el apoyo social. Muchos de los estresores y secuencias de estrés defendidas en el modelo han sido incluidos en las investigaciones desarrolladas desde el Karolinska Institute e interesantes propuestas de carácter biospsicosocial surgidas de su seno han sido elaboradas por Levi (1981) y Frankenhaeuser, Lundberg, Fredrikson, Melin, Tuomisto, Myrster, Hedman, Bergman-Losman y Wallin (1989).

 

  1. Modelo de demandas, restricciones y apoyo (Karasek, 1979; 1992) o de tensión en el trabajo. 

Este modelo ha enfatizado la importancia de las demandas del puesto y la capacidad de tomar decisiones en el mismo, al tiempo que plantea como variable dependiente la satisfacción vivenciada por el individuo en su ámbito laboral: su disminución supone la presencia de condiciones estresantes.  El problema surge al combinar demandas excesivas con bajas competencias en las decisiones, ello implica una situación que parece asociada a la aparición de enfermedades coronarias.  Las combinaciones entre ambas variables permiten entender las diferencias individuales en las consecuencias físicas y psicológicas del estrés; el desencadenante de estas experiencias de estrés sería la falta de ajuste entre demandas, restricciones del puesto y apoyo social.

 

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