CUENTOS PARA NIÑOS DE 5 AÑOS

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CUENTOS PARA NIÑOS DE 5 AÑOS

LA AVENTURA DE LOS OSOS

Había una vez una familia de cuatro osos una niña, un niño, su padre y su madre.
El niño era el mayor y se llamaba Andrés, la niña era la menor y se llamaba Jesica, el padre macho se llamaba Carlos era el rey de toda la manada que eran 70 osos y la mama era la reina de la manada ella se llamaba Ingrid, todos eran muy felices.
Pero un día la manada no tenían comida iba a llegar el invierno necesitaban comida pero algunos osos tenían que salir a buscar comida tenían que ir diez osos, Andrés quería salvar a toda la manada así que se ofreció a salir para buscar comida entonces Ingrid el dijo que no que era muy arriesgado salir, entonces Andrés no le izo caso y se fue con los nueve osos salieron y el invierno ya había empezado habían vientos muy fuertes Ingrid lo siguió, cuando de pronto Andrés se pierde de los diez osos y se desvía por completo de el camino, Ingrid siguió a los nueve osos como había tanto viento se veía diez osos entonces ella los sigue pero en realidad habían nueve osos, mientras tanto Andrés estaba solo con hambre y frio, de pronto encontró a un pingüino (llamado tomas) el pingüino se arrastra con toda su velocidad, pero Andrés lo logra alcanzar y le dice no te voy a comes soy amigo, me perdí de mi manada y el pingüino le dice: yo también me desvié de mi manada. Andrés le cuenta su historia, le cuenta que tenía una familia.
La manada con la que iba Andrés aceleraron por que se estaba anocheciendo e Ingrid se perdió quedo sola corrió corrió había una montaña ella se tropezó se cayó de unas montañas a un rio, el rio la dejo tirada ella vio a un oso con una criatura pequeña ella corre y corre y cada vez lo ve más cerca y sigue corriendo y cada vez que corre los ve más cerca cuanto de pronto se da de cuenta que es un cadáver de un alce tenía un poco de carne y ella se dio de cuenta de que el alce se acababa de morir por qué no se había congelado se lo come y de pronto ve a una manda de 40 alces y les dice: ¿han visto a un oso café, con la boca pequeña, ojos cafés y mucho pelo en las patas? ninguno le dice nada, pero el alce rey de toda la manda le dice yo lo vi estaba con un pingüino dijo que se llamaba Andrés era un oso pacifico, la madre pregunta donde esta mi hijo le dice el alce esta en el valle de osos polares y la madres corre, mientras tanto el pingüino con Andrés se encuentran una manda de osos polares , se ven muy hambrientos dice el pingüino cuando un oso polar voltea a mirar y grita: síganlos ataquen, eran 90 osos polares Andrés con el pingüino en el hombro corren y corren se estrellan con Ingrid mientras corre la madre saluda al pingüino y a su hijo y dice: TE FUISTE Y NO ME HICISTE CASO Y AHORA ESTAS SON LAS CONSECUENCIAS corren, pero los están alcanzando se encuentran con los alces los alces también corren pero un oso polar ya iba a morder a Andrés pero el oso polar pisa una trampa de osos y como ese oso era el líder de la manada los otros osos se quedan a ayudar al rey pero el rey de los osos polares dijo vayan atrápenlos y un oso polar dice ellos ya están muy lejos más bien casemos un alce los alces corren hay un lago grande y muy frio los alces saltan pero los osos polares no saltan por que el rio es muy grande, hondo y frio, y además se pueden hundir no pasan, la noche cae y los dos osos y el pingüino encuentran una cueva gigante se van a lo más profundo y Andrés la cierra con nieve para que no entre frio hacen una fogata y se duermen mientras duermen a Andrés le da ganas de defecar, se para encuentra comida se la come y de pronto siente dolor cae y se duerme cuando se levanta, esta debajo de una reja y ve que un humano persigue a su madre y al pingüino entonces, el intenta salir empuja la jaula rueda por una montaña de nieve, y la jaula se abre el corre a salvar a su madre golpea a el humano pero hay 7 hombres, el ruje y todos se asustan y corren se van en un auto pero, se dan de cuenta que el pingüino esta enjaulado corren y alcanzan el carro, la madre hala el auto Andrés salta y coge al pingüino enjaulado, salen corriendo se esconden en su cueva la tapan con mucha nieve, Por un hueco ve que los humanos se habían ido, cuando de pronto escuchan un rugido y entran los osos polares Andrés su madre y el pingüino están atrapados de pronto Andrés encuentra un dardo, Andrés se lo pone en la boca y lo escupe y le cae al jefe de la manda de los osos polares, se duerme y los demás osos polares dicen: ¡o que miedo el duerme con esas cosas raras! y salen corriendo muy asustados.
Después el padre de Andrés se preocupa mucho y su va corriendo con la manada de 60 y salen.
Mientras tanto Andrés con su madre y el pingüino se van corriendo antes de que despierte el jefe de la manada de osos polares en el camino se encuentras con los alces, y los alces dicen que los van a acompañar pero solo envían 2 alces.
Se van Andrés con su madre un pingüino y los dos alces cuando ven una manda de pingüinos, dice el pingüino: bueno aquí es donde vivo, gracias amigos un día los voy a visitar muchas gracias, de no ser por su ayuda no hubiera llegado a mi manada.
Y dice el primer alce dijo que se llama: Daniel y la otra alce se llama: Daniela se llaman parecido porque son hermanos mellizos.
Y van caminando cuando ven un refugio y la madre de Andrés dice: este es nuestro hogar pero esta vacio que raro tu padre no está ni nadie y se devuelve a la manada de alces para preguntarles si vieron a una manada de 60 osos.
El padre de Andrés se encuentra con los 90 osos polares y un oso polar grita ataquen!
Cuando llega la madre y los dos alces y se dan de cuenta que el pingüino los estuvo siguiendo para decirles que si podría ser de su familia.
Y los 40 alces están hay mirando el ataque y huyendo y de pronto se encuentran los diez osos que se fueron a buscar comida, eran 70 osos, también dos alces y un pingüino contra 90 osos polares.
Pero ellos no quieren pelear entonces un oso polar dice: gallinas les da miedo luchar y todos los osos polares hacen gallinas gallinas y empiezan a bailar como gallinas.
Cuando de pronto se separa el hielo se empieza a hacer un iceberg de pronto uno de ellos salta hala al padre de Andrés lo hunde bajo el agua y empiezan a pelear debajo del agua Andrés salta al agua saca a su padre del agua y el oso polar que halo a el padre de Andrés, se salva en el iceberg pero el jefe de los osos polares dice: naden, y sálvense, de pronto un ventarrón los corre más lejos a los oso polares y dice el oso polar ya no, es demasiado tarde están muy legos de ellos y los osos polares llegan a un lugar muy grande y frio que le llamaban el hogar de las algas, donde solo había para comer algas. El padre y la madre de Andrés dicen hijo estas bien no vuelvas a hacer esto tu padre casi muere y estas fueron las consecuencias hijo no vuelvas a hacer eso es muy peligroso, nos preocupamos por ti por que te queremos hijo.

CHAQUIRO, LA INCREÍBLE HISTORIA DE UN LEÓN

Hace mucho tiempo, en un lugar de la sabana africana, al sur del desierto del Sahara, nació Chaquiro; un cachorro de león muy especial. Su tamaño era tan menudo que la madre, a las tres semanas de su nacimiento, se sintió obligada a abandonarlo a su destino; y esto, que parece un gesto de incomprensible atrocidad, era la única solución para esta leona que por cierto no podía amamantar una camada tan numerosa; y como por la ley de la naturaleza la fuerza es el principio de la supervivencia, la elección cayó sobre el elemento más débil; ya que de todos modos habría sido el primero en caer en un ambiente tan peligroso; así que una noche, mientras que el pobre leoncito dormía inconsciente de todo, lo cogió con dulzura y lo llevó tan lejos de la cueva, que éste nunca habría podido volver a su hogar. Lo escondió detrás de un matorral que se hallaba a los pies de una pared rocosa, dejándolo con un último beso y la esperanza de que madre naturaleza le hubiera atendido más que cuanto ella pudo hacer; y mientras que la pobre criatura seguía dormida, se alejaba volviéndose cada tres pasos maldiciéndose por tan cruel decisión.
Fue una noche muy silenciosa, y por lo menos el sueño de un inocente tan desafortunado no fue molestado. Al amanecer, Chaquiro despertó como siempre guardando los ojos cerrados durante varios minutos; era un leoncito muy tranquilo y apaciguado. Pero aquel día, un insólito silencio le extrañó mucho; fue inmediato su temor. Abrió los ojos, y al comprobar su sensación, salió corriendo a la luz del sol. Le era imposible comprender; se encontraba en un lugar del todo desconocido, y sobre todo, estaba completamente solo; no veía nadie a su alrededor. Por primera vez en su vida conoció el miedo y la incertidumbre. Lanzó un grito por si acaso la madre le hubiera oído, y lanzó otros, y siguió gritando y llorando durante horas sin que nadie acudiera a sus llamadas. Estaba tan asustado que no se alejaba más de un metro de su precioso refugio. Con el pasar de las horas sus quejas se hacían cada vez más raras y débiles, y al bajar del sol se desanimó por completo.
Estaba acurrucado bajo la tímida luz de la luna, con la mirada perdida en el vacío, cuando una sombra se le puso ante los ojos.
– ¡mamá! –gritó dichoso levantándose.
Un animal con manto de rayas lo miraba guardándose a tres metros de distancia. Era Manila, una hembra de cebra que durante horas había escuchado, escondida detrás de una roca, los gritos del pequeño, y esperaba el momento más oportuno para acercarse. Chaquiro la miraba algo sorprendido, y por cuanto estaba asustado, de alguna manera se sentía atraído por ella; necesitaba su ayuda, la de una hembra adulta, Manila, que por no poder tener hijos, habría deseado tanto llevarse consigo aquel tierno cachorro; pero como seguía recelando la vuelta de la madre a rescatarlo, tuvo miedo; y por eso, atormentada por tantas dudas y perplejidades, acabó a su pesar por dejarlo ahí.
Pasó otra noche y otro día, y Chaquiro seguía parado en el mismo sitio sin perder la esperanza de que la madre hubiera vuelto a recogerlo. A la puesta, cuando ya estaba medio dormido, de repente sintió algo arrastrarse por el suelo; se irguió de golpe, y al verse cara a cara con una culebra en pie de guerra, dio un paso atrás; solo él sabía cuanto le temblaban las piernas en aquel momento, pero no podía evitar el combate, y como llevado por su misma naturaleza que aún desconocía, el león supo portarse como tal; luchó con todas sus fuerzas para salvarse la vida, y a lo largo de una dura batalla, logró derrotar a la sierpe envenenada.
Después de asegurarse de que ya no había peligro, al dar media vuelta en dirección al matorral, se encontró delante otra vez aquel extraño animal. Manila había vuelto. Tan segura estaba, de que la madre ya no volvería, que se decidió a llevarse a la criatura consigo; el único problema quedaba convencer a la manada, pero esto no le preocupaba demasiado; cogió el pequeño sin pensarlo, y echó a correr. Conocía una cueva a dos horas de marcha, y lo habría criado allí; todo a escondidas; nadie la habría descubierto. Chaquiro se dejaba llevar sin soltar una queja. Aunque de este animal no sabía nada, en aquel momento se sentía al seguro, y aliviado, porque ya no estaría solo; y eso le daba consuelo.
Por fin llegaron a la cueva, donde el cachorro, brincando y jugueteando, mostraba sentirse a su gusto; era muy parecida a su viejo hogar. La cebra en cambio, mirando a la luna, se puso algo inquieta; se le había hecho muy tarde, y tenía que agregarse a la manada. Habría vuelto el día siguiente, pero mientras que intentaba explicárselo a Chaquiro, éste la miraba algo distraído; y al divisarle las ubres, empujado por el instinto y el hambre, se le aferró de inmediato. En aquel momento, Manila se sintió madre de verdad; nunca había probado una emoción tan grande. El corazón se le llenó de amor hacia aquella criatura que quien sabe si un día, por causa de su índole natural, no se le habría metido contra. Se detuvo mucho más de cuanto podía; esperó que el pequeño se durmiera y se marchó. Desde el día siguiente, Manila, se ocupó de él en todas sus necesidades; era una óptima madre. Pero con el pasar del tiempo, los problemas se le complicaron un poco, ya que el leoncito, haciéndose cada vez más grande y fuerte, empezaba a necesitar alimentos diferentes a la leche recibida hasta aquel momento; así que la cebra tuvo que ingeniarse, y como un buitre, iba a robar los restos de las comidas de los leones. Toda la carne que Manila le llevaba, Chaquiro se la devoraba en un instante, y con el tiempo el felino aprendió hábilmente a procurarse la comida por su cuenta. Por el hecho de vivir muchos ratos a solas, se había vuelto mucho más listo que cualquiera de los leones de la sabana. A la edad de cuatro años, era una fiera enorme y fuerte, y a pesar de su naturaleza seguía queriendo a Manila como si fuera su verdadera madre, y nunca se habría permitido comer carne de sus parecidos. Pero en la manada, alguien había descubierto el secreto de Manila, y como según las razones de los ancianos, un día no muy lejano este león se habría vuelto muy peligroso para toda la comunidad, la obligaron a dejar de verlo; pero ella se rebeló a esto, y como no quiso obedecer a las órdenes, la encerraron amenazándola de no liberarla hasta que no hubiera abandonado esa absurda idea de tener un hijo león.
Chaquiro, después de varios días sin verla, empezó a preocuparse, y fue a buscarla. Entre tanto, en el campo donde estaban las cebras, irrumpió brutalmente una manada de leones. Las cebras empezaron a correr dondequiera olvidándose de Manila, que aún encerrada no podía huir de ninguna parte; y de tal situación se aprovecharon los felinos, que al ver a la yegua ya inmovilizada, la circundaron, despreocupándose de las demás. La pobre presa gritaba por el miedo, y como Chaquiro, que ya estaba muy cerca del campo, la oyó, acudió de carrera a su llamada; y viéndola en peligro lanzó un rugido tan fuerte que incluso los leones más feroces se quedaron petrificados. Se acercó rápidamente fijándose en ellos que ya estaban a punto de atacarla, y se les puso delante guardando Manila a sus espaldas, y rugiendo de nuevo y aún más fuerte que antes intentaba disuadirlos, pero ellos eran muchos, y hambrientos; demasiado para que dieran marcha atrás. Pues les habría sido imposible salvarse; si no fue por aquella leona, una fiera enloquecida, que de entre la feroz pandilla, empezó a lanzarse contra todas y todos; nadie podía imaginar lo que le pasaba. Solo Manila comprendió:
– ¡Es tu madre! –le dijo a Chaquiro rompiendo en su compleja reflexión.
Chaquiro no movió ni un paso; se quedó parado observando la batalla. Sentíase trastornado por antiguos sentimientos, de odio y amor, que lo atormentaban desde siempre por causa de aquella hembra de león; y fue sólo cuando la vio herida al suelo que se lanzó en su ayuda. Los leones retrocedieron; y arrepentidos por haber pegado tan duramente una hembra de su propia manada, se retiraron. Chaquiro se agachó al suelo llorando con el hocico pegado a el de su madre que aquel día había sacrificado su vida por la suya, y por la de sus hermanitos un tiempo; y sintiéndose por ella amado por fin, su único deseo fue acompañarla por lo menos en sus últimos respiros. Las cebras, que ya no le tenían miedo a este virtuoso león, adelantaron muy cuidadosamente algo sentidas por lo acontecido; y desde el día siguiente, Chaquiro no sólo fue legitimado como hijo de Manila, sino que además, fue nombrado como protector y miembro honorario de la manada. Sin embargo, prefirió seguir con su vida de siempre, en su preciada cueva, donde Manila siguió visitándole como antes; y aunque él nunca fue visto en la cercanía del campo, dicen que desde entonces, mientras Chaquiro vivió, ni una fiera se atrevió a tocar una cebra en este lugar.
LA NIÑ@ PEQUEÑ@

Había una vez, un niñ@ pequeñ@ que comenzó a ir a la escuela. Era bastante pequeñ@ y la escuela muy grande. Cuando descubrió que podía entrar en su aula desde la puerta que daba al exterior, estuvo feliz y la escuela no le pareció tan grande. Una mañana, la maestr@ dijo:
– Hoy vamos a hacer un dibujo.
– ¡Qué bien!- pensó el pequeñ@-.
Le gustaba dibujar y podía hacer de todo: vacas, trenes, pollos, tigres, leones, barcos. Sacó entonces su caja de lápices y empezó a dibujar, pero la maestr@ dijo:
– ¡Esperen, aún no es tiempo de empezar! Aún no he dicho lo que vamos a dibujar. Hoy vamos a dibujar flores.
– ¡Qué bien! -pensó el niñ@.
Le gustaba hacer flores y empezó a dibujar flores muy bellas con sus lápices violetas, naranjas y azules. Pero la maestr@ dijo:
– ¡Yo les enseñaré cómo, esperen un momento! – y, tomando una tiza, pintó una flor roja con un tallo verde. Ahora -dijo- pueden comenzar.
El niñ@ miró la flor que había hecho la maestr@ y la comparó con las que él había pintado. Le gustaban más las suyas, pero no lo dijo. Volteó la hoja y dibujó una flor roja con un tallo verde, tal como la maestr@ lo indicara.
Otro día, la maestr@ dijo:
– Hoy vamos a modelar con plastilina.
– ¡Qué bien! -pensó el niñ@.
Le gustaba la plastilina y podía hacer muchas cosas con ella: víboras, hombres de nieve, ratones, carros, camiones; y empezó a estirar y a amasar su bola de plastilina. Pero la maestr@ dijo:
– ¡Esperen, aún no es tiempo de comenzar! Ahora -dijo- vamos a hacer un plato.
– ¡Qué bien!- pensó el pequeñ@-.

Le gustaba modelar platos y comenzó a hacerlos de todas formas y tamaños. Entonces la maestr@ dijo:
– ¡Esperen, yo les enseñaré cómo! – y les mostró cómo hacer un plato hondo-. Ahora ya pueden empezar.
El niño miró el plato que había modelado la maestr@ y luego los que él había modelado. Le gustaban más los suyos, pero no lo dijo. Sólo modeló otra vez la plastilina e hizo un plato hondo, como la maestr@ indicara.
Muy pronto, el pequeñ@ aprendió a esperar que le dijeran qué y cómo debía trabajar, y a hacer cosas iguales a la maestr@. No volvió a hacer nada él sólo.
Pasó el tiempo y, sucedió que, el niñ@ y su familia se mudaron a otra ciudad, donde el pequeñ@ tuvo que ir a otra escuela. Esta escuela era más grande y no había puertas al exterior a su aula. El primer día de clase, la maestr@ dijo:
– Hoy vamos a hacer un dibujo.
– ¡Qué bien!- pensó el pequeñ@, y esperó a que la maestr@ dijera lo que había que hacer; pero ella no dijo nada. Sólo caminaba por el aula, mirando lo que hacían los niñ@s. Cuando llegó a su lado, le dijo:
– ¿No quieres hacer un dibujo?
– Sí -contestó el pequeñ@-, pero, ¿qué hay que hacer?
– Puedes hacer lo que tú quieras – dijo la maestr@.
– ¿Con cualquier color?
– ¡Con cualquier color – respondió la maestr@-. Si tod@s hicieran el mismo dibujo y usaran los mismos colores, ¡cómo sabría yo lo que hizo cada cual!
El niñ@ no contestó nada y, bajando la cabeza, dibujó una flor roja con un tallo verde”.

¡SIGUE AL LÍDER!

¡Sigue al líder! gritaban todos.La cancha estaba repleta de lideres recreativos y organizadores para la próxima temporada de baloncesto de verano.Se llevaban a cabo competencias para formar equipos.
La familia Otero se había mudado hacia poco tiempo, solo tenían un hijo llamado Ramiro.A sus once años lucia flacucho, débil y de apariencia descuidada. Era muy curioso, siempre se iba para la cancha donde cada martes y jueves durante el mes de mayo hacían pruebas a niños de entre las edades de 8 a 12 años para la selección de equipos de baloncesto que se jugaban en el pueblo donde recientemente vivía.Su presencia no era notable. Miraba y observaba con distraída atención. El escuchaba todo a su alrededor pero no entendía y como era poco notable nadie le prestaba atención.
Llevaba siempre con el su mochila azul, con un lápiz y un cuaderno donde hacia dibujos que solo el podía entender. Parecían garabatos sin definir, hasta su nueva maestra insistía en que ni a artista llegaría.
Cuando Ramiro había llegado a este país se sentía feliz pensando en los nuevos amigos. En el lugar donde el había nacido tenia muchos amigos con los que jugaba en un parque cerca de donde vivía. Pero ahora todo era distinto no entendía la mayor parte de las cosas que hablaban a su alrededor y eso lo había sumido en un mundo de soledad.
Su mamá muy atenta a todo lo que le ocurría siempre le insistía en que todo cambiaria dentro de un tiempo cuando el practicara el español poco a poco. A lo que el preguntaba con resignación -¿Are you sure Mom? Mientras tanto el trataba mediante sus dibujos definir que querían decir aquellos lideres en la cancha cada martes y jueves. Cada noche en la soledad de su cuarto definía en inglés lo que le parecía entender de las acciones de los niños a lo que le parecía que decían los lideres.
Pasadas unas cuantas semanas Ramiro había visto cada martes y jueves en la cancha a un niño que parecía que tenía su misma edad pero no participaba como el de nada. Se le acerco y con su mejor español le pregunto- Hey, who tu are, a lo que el niño de nombre Sebastian contesto – ¿que tu eres? Los niños se miraron y empezaron a reír porque descubrieron que su idioma estaba difícil de definir.
Entonces Ramiro saco de su mochila azul su cuaderno y le mostró los dibujos que tenia, Sebastian asombrado reacciono y dándose una vuelta salio en busca de su mochila amarilla. De allí extrajo un cuaderno donde dibujos tenía y se los mostró a Ramiro para ver si se entendían. Ramiro se reía porque en los dibujos de Sebastian se veía pues era tan flaco que cuando por señas le pregunta, Sebastian le confirmaba- is tú. Por fin Ramiro sentía que tenía un amigo, y Ramiro le decía –amigo tú. Ese día fue genial para estos niños pues compartieron sus dibujos y mediante señas se comunicaron y se divirtieron.
Pasadas unas cuantas semanas Ramiro y Sebastian continuaban viéndose en la cancha e intercambiaban dibujos. Ya se saludaban con un apretón de manos y se decían hola. Ramiro se animaba pues pensaba que su español mejoraba, Sebastian era gracioso pues cuando comenzaba a reír su risa era contagiosa. Era curioso ver como la mamá de Sebastian observaba pero no articulaba ni frases ni palabras, siempre Ramiro escuchaba que ella le decía a Sebastian algo así como “ven boy” e inmediatamente el se levantaba y la seguía.
Al cabo de un mes y ya los equipos formados comenzarían los juegos según su mamá le había explicado. A la cancha asistirían padres y fanáticos entusiasmados. Ramiro le hablaba en inglés a Sebastian y el repetía casi todo lo que el decía, ante esta constante, Ramiro pensaba que así, su español no progresaba. Con mucha timidez decidió acercársele a la mamá de Sebastian y en su mejor español le pregunto – mama, what happen with my amigo, he never haba español?
La mamá de Sebastian lo miro con mucha ternura y levantando su mano le acaricio el mentón, y le respondió – Ramiro, así te llamas, tú eres su mejor amigo. Mi hijo Sebastian es impedido. Ramiro no entendió ni jota de lo que dijo pero si sintió que la mamá de su amigo lo quería y lo comprendía.
Comenzaron los juegos, todavía Ramiro no entendía mucho de lo que se decía pero si se divertía porque recordaba muchas palabras que se decían durante el juego y así cada día las repetía a su mamá y ella las traducía. Puede ser que en un tiempo aprendiera el español para así comunicarse y sentirse mejor.
A Sebastian lo veía casi todos los días y el seguía repitiendo lo que el decía por lo menos asi sentía que su amigo Sebastian cada día con mas claridad hablaba, ya que repetía todo lo que escuchaba y el le decía.
Mucho que se reían cuando Sebastian en momentos de euforia y alegría gritaba
– ¡sigue al líder! y lo señalaba.
Todo el público los miraba y aplaudía y ya Ramiro sabia que todo el mundo los conocía.

EL ANGELITO REBELDE

Hace mucho tiempo cuando todo en la tierra no tenía un orden DIOS mando a llamar a sus ángeles y a cada uno de ellos le dio una tarea: tu rayas el alba, tu mantienes el aire y tu vigilarás las noches, tu cuentas las estrellas todos los días y así sucesivamente le fue dando a cada uno su tarea pero había entre ellos un angelito que era muy travieso e irresponsable al que Dios no le había dado algo para hacer, pero no porque se hubiese olvidado sino porque tenía un trabajo especial para él.
Entonces el angelito fue ante su presencia y le dijo -¿Señor te has olvidado de mí y yo porque no tengo un deber? El señor lo quedo viendo y entonces le dijo – ah es que para ti tengo una tarea muy especial que solo lo pueden hacer los ángeles responsables y en los que confío y pensé en ti porque creo que tu puedes y sé que no me fallarás. El angelito se quedó maravillado, el señor no se había olvidado de él y tendría una tarea más especial que la de los otros ángeles -¡cual es señor!- preguntó con mucho interés.
El señor, le explico que bajaría a la tierra y a todos los niños del mundo pobre, rico, y de la raza o el color que fuera le llevaría un juguete. Pero solo tendría un día para hacerlo y debía llegar al cielo antes de que el ángel de la mañana rallara el alba y antes de que la última estrella se metiera porque de no ser así sería castigado. El angelito muy emocionado tomó el saco de juguetes y bajó a la tierra y empezó a repartir uno por uno los juguetes a los niños pobres, a los que estaban tirados en la calle, a los ricos que tenían muchos juguetes. Fue por cada rincón de la tierra hasta que vio que todos los niños del mundo tenían su juguete y pensó: -el señor estará muy orgulloso de mí, he terminado a tiempo y todos tienen sus juguetes, no creo que se enoje si veo que es lo que hacen los humanos, total faltan un par de horas para que amanezca. Y el angelito se fue y anduvo espiando a los humanos y metiéndose en sus problemas, tratando de solucionarlos y así se pasó el tiempo cuando solo le quedaba como media hora decidía volver al cielo, iba de camino a casa cuando de repente miró a la tierra y a lo lejos vio aun niño muy pero muy pobrecito, la noche era cruelmente fría y la inocente criaturita estaba bajo una casita de palitos como pared y el techo de palmera, dormía sobre un pedazo de cartón y se tapaba con unas poquitas hojas de periódicos. Al verlo, el angelito quedó muy conmovido pero más se impresionó, cuando vio que no tenía ningún juguete a su lado inmediatamente empezó a buscar uno dentro de su saco de regalos pero para su sorpresa todos los juguetes ya los había repartido, el angelito estaba en serios problemas no tenía un regalo para el niño más pobre del mundo, las estrellas se estaban metiendo y pronto amanecería no sabía qué hacer y pensó -si me voy pues nada va a cambiara total no se lo diré al señor así que no me castigaría, pero cuando había tomado la decisión de irse miró a la tierra y sin saber que hacer, apunto ya casi de amanecer cuando las estrellas ya estaban ocultas vio a una de ellas y fue rápidamente al cielo, la tomó y la bajo a la tierra; la llevó hasta donde estaba aquel niño y se la puso de techo. Cuando el niño abrió los ojos, frente a él estaba el más grande regalo; él podía ver y tocar una estrella, era lo más maravilloso que le estaba pasando después el angelito lo dejo dormir y cuando el ángel del cielo contó sus estrellas, noto que una le hacía falta pero ya era tarde para buscarla pues ya casi había amanecido. El angelito mientras tanto subió al cielo lo más deprisa que pudo con la estrella pero cuando la coloco era demasiado tarde ya estaba rallado el alba no podía hacer nada entonces ese día la última estrella en ocultarse fue la del angelito travieso.
Cuando llegó al cielo, el señor lo mandó a buscar y le preguntó- ¿cómo te ah ido en la tierra? ¿Qué tal te fue con los niños? – El angelito sabiendo lo que había hecho, le contó al señor todo lo ocurrido y le suplicó que lo perdonara, pues él no podía dejar a un niño tan pobre y solito sin un regalo a pesar de ser tan travieso no tenia mal corazón, el señor le dijo: – lo que has hecho, se que lo has hecho de corazón y por eso te perdono pero hay un pequeño problema, la estrella que tomaste fue la última en ocultarse y tú te harás responsable de eso. Todos los días saldrás con ella y te meterás hasta lo ultimo con ella y así cuidaras y le darás calor a todos los niños desamparados del mundo, esa es la tarea que tú te pusiste te dijo el señor también te dije te acuerdas que solo los ángeles mas capases y especiales lo podrían lograr.
Desde entonces puedes ver que a las seis de la mañana cuando ya casi amanece y cuando todas las estrellas se ocultaron siempre hay un hermoso lucero más brillante que todos que se queda a lo último y después se mete.
Sin duda alguna, es el angelito que está cuidando de todos los niños pobres y desamparados de la tierra y se queda hasta la mañana como diciendo que desobedecer no es bueno.

LA EXTRAÑA AMISTAD ENTRE UNA PEQUEÑA HORMIGUITA Y UNA SOLITARIA JIRAFA

Había una vez, una hormiguita muy trabajadora que vivía junto a miles de compañeras en una profunda cueva en el bosque. Muy de mañana salian a trabajar recogiendo hojas y todo lo que encontraban a su paso, para llevarlo al hormiguero. Pero dentro del grupo sobresalía, una inquieta hormiguita, que siempre se distanciaba del resto de sus compañeras y viajaba sola por el bosque. Su curiosidad la llevó a varios percances, una vez se encontró con un grupo de furiosas avispas, que la atacaron, haciéndola correr y refugiarse en un tronco, luego cayó en la red de una peligrosa araña mona, salvándose por puro milagro y por último se encontró con un enorme lagarto que muy hambriento la persiguio por todo el bosque. De nada valian los consejos del resto de sus compañeras, para que no se alejara del grupo. Cierto día, mientras caminaba por el inmenso bosque, encontró a unos enormes animales de cuello y largo y de patas también inmensas, muy asustada la hormiguita regresó a la cueva y allí sus otras amiguitas, le dijeron que esos enormes animales se llamaban jirafas, de los cuales debia tener mucho cuidado y no molestarlos. Pasaron las semanas sin mayores contratiempos y siempre con , la misma rutina del trabajo, una calurosa mañana, la hormiguita salio bien temprano de la cueva y como siempre se alejo del grupo de trabajadoras, pasaron las horas y de tanto caminar por el bosque, sin darse cuenta perdió el rumbo para regresar al hormiguero, confundida y triste, se lanzó al suelo a llorar, estaba perdida y se acercaba la noche. En esos momentos pasaba por el lugar una inmensa y solitaria jirafa, quien al escuchar el llanto, se acercó a curiosear, se sorprendio al ver tirada en el suelo a la hormiguita y acercandose a ella le pregunto: ¿Oye hormiguita por qué estas llorando, que te pasa?. la hormiguita le respondio: ¡Estoy perdida amiga jirafa, no encuentro el camino de regreso a mi casa!. moviendo la cabeza de un lado a otro, la enorme jirafa exclamó:Pobre hormiguita, se ha perdido en el bosque y al igual que yo, no encuentra el camino de regreso a casa!. Al escuchar aquellas palabras, la hormiguita se incorporó y pregunto: ¿Tu también estas perdida amiga jirafa?. El enorme animal le respondio: ¡Si hormiguita yo también estoy perdida y no se que hacer para encontrar a mi manada!.En esos momentos a la hormiguita se le ocurrió una idea y acercandose a la jirafa le dijo: ¡Bueno hagamos un trato amiga, si tu me ayudas a cruzar el rio y encontrar mi cueva, te prometo que te llevaré al encuentro de tu manada!.Sorprendida por la oferta la jirafa exclamo:¡esta bien acepto el trato amiga hormiga y empesemos a trabajar de inmediato!.La enorme jirafa bajo su largo cuello, que media más de cuatro metros y la pequeña hormiguita subio hasta la cabeza, desde allí podia ver largas distancias y hasta alcanzar las ramas más altas de los árboles. Despues de viajar largas horas por el bosque, llegaron al río y la hormiguita lo cruzo subida al lomo de la jirafa, luego al llegar a la otra orilla, la jirafa bajo la cabeza y la hormiguita salto a tierra, muy alegre y contenta le dio las gracias a la jirafa y fue a reunirse con sus otras compañeras, quienes la recibieron muy contentas. Volteando la mirada y ya dispuesta a marcharse, la hormiguita vio a la enorme jirafa esperandola a cierta distancia, en ese momento recordo el trato que habia hecho con su enorme amiga y se dispuso a cumplirlo, hablando con el resto de sus compañeras, las convencio para que la acompañaran al bosque a buscar a la manada de jirafas, por dos horas recorrieron las hormiguitas el enmenso bosque, seguidas muy de cerca por la solitaria jirafa, hasta que por fin llegaron a un apartado lugar, debajo de unos enormes árboles, estaban reunidas varias jirafas, era la manada que estaban buscando,inmediatamente la solitaria jirafa corrió al encuentro de sus amigas, tras saludarse y conversar las jirafas decidieron marcharse a otro lugar más seguro y de abundante pasto. Fue en ese momento cuando la jirafa se acercó a la hormiguita y abrazandose ambas decidieron jurar un pacto de amistad y de agradecimiento eterno a pesar de la gran diferencia de tamaño que existía entre ellas.

EL SECRETO DE ESTEBAN

Esteban era un chico con el cabello pelirrojo como una zanahoria nuevita y lustrosa. Sus ojos eran celestes y miraban pícaros cuando estaba contento. En un rincón muy cálido y chiquito de su corazón guardaba un enorme deseo, el de cambiar el mundo, limpiar la tierra, el agua y el aire de aquellas cosas que nos hacen mal a todos. Claro que lo que pensaba era un secreto, porque al ver a sus amigos tirando papeles, ensuciando el río, rompiendo ramas o quemando basura, sentía tanta pena que no se animaba a decir nada.
Una hermosa mañana, cuando iba camino a la escuela, se puso a mirar las flores que adornaban las calles y los pájaros que volaban por el aire. De pronto su cabecita se llenó de pensamientos bonitos: imaginaba la ciudad llena de árboles grandes y verdes, las personas amables que se saludaban como si fueran parientes o amigos, los kioscos repletos de chicos que compraban caramelos y ponían los papelitos en los bolsillos. También pensó que en vez de cigarrillos la gente llevaba en la mano riquísimas naranjas, peras, frutillas y hasta florcitas.
-¡Qué lindo!- se decía Esteban y seguía soñando. Los autos y camiones ya no largaban humo y solamente con echarle un kilo de helado se podían dar muchísimas vueltas. Las fábricas ya no tiraban desperdicios al agua, ya no ensuciaban el aire, porque sus dueños se pusieron de acuerdo y compraron máquinas que convertían la basura en papel y… ¿Saben lo que hacían con él? Lo regalaban a las escuelas para que los chicos escriban.
¡Cómo soñaba Esteban! Casi se tropieza por tener la cabeza en las nubes. Menos mal que justito apareció Ñato, su mejor amigo, que le gritó:
-¡Hola flaco! ¿Qué hacés?
-Voy al cole. ¿Me acompañás?
-Bueno, vamos.
Cuando llegaron, la seño después de saludar a todos, con una sonrisa en los labios lo miró a Esteban y le dijo:
-¿Qué te sucedió? ¿Tuviste una pelea con el peine?
-¡No seño! ¡Es que faltó un poquito para caerme!- le respondió.
-Menos mal que no pasó nada. Entremos al salón que hoy hablaremos de algo muy importante.
-¿Qué será?- decía nuestro amigo mientras le guiñaba un ojo a Fernando que, como siempre, bostezaba sin parar.
Pero todos, hasta el dormilón, miraron de repente muy asombrados las láminas que colocó la seño Lucía. Las había de todos los tamaños, formas y colores. Grandes, chicas, redondas, cuadradas y triangulares. ¡Qué paisajes preciosos! Arriba del escritorio se apilaban montones de fotos, figuritas, revistas, diarios y, como si esto fuera poco, un enorme globo terráqueo, que para las manos enanitas de los chicos era un objeto difícil de agarrar.
Los ojos de Esteban, como los de los demás, parecían dos huevos fritos, fijos en el gran pizarrón. Su querida seño una vez más los sorprendía con sus sorpresas. ¡Qué maravilla esos lagos azules, los animales corriendo entre las hierbas del campo, arroyos cristalinos con peces multicolores, cielos infinitos con nubes algodonadas…! Todo lo que Esteban amaba estaba ante su mirada. Ya no pudo callar ante tanta hermosura y en voz alta pronunció palabras que nunca antes se hubiera atrevido a decir:
-Seño Lucía, ¡qué agradable sería que todos los hombres vivieran en lugares así, cuidando con mucho amor la naturaleza que Dios nos regaló!
-¡Te felicito Esteban! ¡Cómo me gustaría que el mundo pensara como vos!- respondió la maestra.
Muy entusiasmados empezaron a hablar de muchas cosas interesantes. Entonces nuestro pequeño amigo ecologista pudo por fin confiar su secreto. Le contó a sus compañeros las geniales ideas que se le ocurrían a veces y cómo pensaba hacerlas realidad. Uno a uno los chicos fueron dándose cuenta de que a veces hacían cosas que dañaban el medio ambiente: cortar una rama, tirar basura en cualquier lado, matar pájaros y después de conversar un rato ya no se sintieron tan contentos.
Fernando, bostezando un poquito dijo:
-¿Qué podemos hacer? ¡No hay que ponerse tan serio! ¡Tenemos que planear algo!
-¡Ya sé! -exclamó Esteban. -¿Por qué no empezamos por hacer carteles para ponerlos en el parque, en el lago, en las plazas, en las calles y en las vidrieras?
-¡Claro que sí, eso es lo que haremos! –añadió María Belén.
-Bien, si están todos de acuerdo, ¡manos a la obra! –dijo la seño.
-¡Sííííííííííííííí! –contestaron todo a coro.
Varios días les llevó el trabajo, pero cada vez que escribían una letra o hacían un dibujo, una sonrisa nacía, una florcita se abría y una nueva esperanza, tímida, aún pequeñita, comenzaba a despertar en cada corazón. Los lápices y fibras se gastaban, se acortaban, se achicaban y la alegría crecía y crecía, como cuando se infla un globo con aire.
Cuando terminaron con los carteles, una mañana en que el sol estaba calentito como un pastelito de dulce de leche, los chicos y su maestra salieron por las calles. La gente se acercaba, miraba y no podía creer lo que veía. Los vehículos también se paraban a curiosear y el chisme corría de boca en boca. Desde los edificios, las personas aplaudían cuando veían pasar a Esteban con sus compañeros, llevando carteles tan lindos y bien pintados. Los colectivos se detenían y los pasajeros sacaban las cabezas para participar del espectáculo y aunque no lo creas, todos los que observaban lo que pasaba fueron formando una larga, pero larguísima caravana. Se escuchaban tambores, aplausos, risas y cantos. Parecía una fiesta de cumpleaños, lo único que faltaba era la torta, porque los chicos hasta bonetes y globos habían llevado y los repartían entre la gente. En los árboles ponían carteles con consejos y dibujos. Algunos tenían escritas estas frases: “CUIDEMOS CON AMOR LA NATURALEZA”, “TRATA CON CARIÑO A LAS PLANTAS Y A LOS ANIMALES”, “NO TIRES PAPELES EN LAS CALLES” y muchos más. Otros niños colgaban tiritas de colores y guirnaldas, pegaban corazones colorados y jugaban a ¿LOBO ESTÁ? Todos, pero toditos, grandes y chicos, gordos y flacos, lindos y feos, comenzaron a jugar entusiasmadísimos. Esteban decía: ¿LOBO ESTÁ? Y todos respondían: -Estamos regando las plantitas… -Estamos juntando la basura… -Estamos cuidando los animalitos… ¡Cómo se divertían haciendo cosas buenas! Ya no había nadie que ensuciara el aire, el agua y la tierra. Se habían puesto de acuerdo para proteger las cosas que nos rodean.
Y después de compartir esos momentos tan hermosos, cada uno se fue saltando y cantando, con una grandiosa idea en su corazón, que más que una idea era un enorme deseo, el mismo que el de Esteban, pero ahora ya no lo podían esconder, mejor dicho, no lo querían guardar, pues todos pensaban igual.
¿Y te das cuenta de algo? El sueño del chiquito de cabello pelirrojo, como una zanahoria nuevita y lustrosa, ya no era un sueño. Era una realidad tan real, como que este cuento se está por terminar.
Por eso yo te propongo que si vos tenés algún sueño secreto, ¡no lo escondás! Contáselo a tu seño o a un amigo, en una de esas entre vos y ellos puedan hacerlo realidad.
Y COLORÍN COLOREADO
ESTA HISTORIA SE HA ACABADO
Y COLORÍN COLORÉS,
SI QUERÉS LA LEÉS OTRA VEZ…