Políticas de Comercio Internacional

Políticas de Comercio Internacional

Spread the love

Organización Mundial de Comercio (OMC)
:
La Organización Mundial del Comercio (OMC) se ocupa de las normas que rigen el comercio entre los países, a nivel mundial o casi mundial. Pero hay mucho más que eso.
Hay múltiples formas de contemplar la OMC. Es una Organización para liberalizar el comercio. Es un foro para que los gobiernos negocien acuerdos comerciales. Es un lugar para que resuelvan sus diferencias comerciales. Aplica un sistema de normas comerciales. (

Sobre todo, es un foro de negociación. La OMC es esencialmente un lugar al que acuden los gobiernos Miembros para tratar de arreglar los problemas comerciales que tienen entre sí. El primer paso es hablar. La OMC nació como consecuencia de unas negociaciones y todo lo que hace es el resultado de negociaciones. La mayor parte de la labor actual de la OMC proviene de las negociaciones celebradas en el período 1986-1994 — la llamada Ronda Uruguay — y de anteriores negociaciones celebradas en el marco del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT). La OMC es actualmente el foro de nuevas negociaciones en el marco del “Programa de Doha para el Desarrollo”, iniciado en 2001.

Cuando los países se han enfrentado con obstáculos al comercio y han querido reducirlos, las negociaciones han contribuido a liberalizar el comercio. Pero la OMC no se dedica solamente a la liberalización del comercio y en determinadas circunstancias sus normas apoyan el mantenimiento de obstáculos al comercio: por ejemplo, para proteger a los consumidores o impedir la propagación de enfermedades.

Es un conjunto de normas. Su núcleo está constituido por los Acuerdos de la OMC, negociados y firmados por la mayoría de los países que participan en el comercio mundial. Estos documentos establecen las normas jurídicas fundamentales del comercio internacional. Son esencialmente contratos que obligan a los gobiernos a mantener sus políticas comerciales dentro de límites convenidos. Aunque negociados y firmados por los gobiernos, su objetivo es ayudar a los productores de bienes y servicios, los exportadores y los importadores a llevar a cabo sus actividades, permitiendo al mismo tiempo a los gobiernos lograr objetivos sociales y ambientales.

El propósito primordial del sistema es ayudar a que las corrientes comerciales circulen con la máxima libertad posible, — siempre que no se produzcan efectos secundarios desfavorables, — porque esto es importante para el desarrollo económico y el bienestar. Esto significa en parte la eliminación de obstáculos. También significa asegurar que los particulares, las empresas y los gobiernos conozcan cuáles son las normas que rigen el comercio en todo el mundo, dándoles la seguridad de que las políticas no sufrirán cambios abruptos. En otras palabras, las normas tienen que ser “transparentes” y previsibles.

Y ayuda a resolver las diferencias. Este es un tercer aspecto importante de la labor de la OMC. Las relaciones comerciales llevan a menudo aparejados intereses contrapuestos. Los acuerdos, inclusive los negociados con esmero en el sistema de la OMC, necesitan muchas veces ser interpretados. La manera más armoniosa de resolver estas diferencias es mediante un procedimiento imparcial, basado en un fundamento jurídico convenido. Este es el propósito que inspira el proceso de solución de diferencias establecido en los Acuerdos de la OMC.

Nació en 1995, pero no es tan joven:
La OMC nació el 1º de enero de 1995, pero su sistema de comercio tiene casi medio siglo de existencia. Desde 1948, el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT) ha establecido las reglas del sistema. (La segunda reunión ministerial de la OMC, celebrada en Ginebra en mayo de 1998, incluyó un acto de celebración del 50º aniversario del sistema.)

No pasó mucho tiempo antes de que el Acuerdo General diera origen a una organización internacional de facto, no oficial, conocida también informalmente como el GATT. A lo largo de los años el GATT evolucionó como consecuencia de varias rondas de negociaciones.

La última y más importante ronda del GATT fue la Ronda Uruguay, que se desarrolló entre 1986 y 1994 y dio lugar a la creación de la OMC. Mientras que el GATT se había ocupado principalmente del comercio de mercancías, la OMC y sus Acuerdos abarcan actualmente el comercio de servicios, y las invenciones, creaciones y dibujos y modelos que son objeto de transacciones comerciales (propiedad intelectual).

Los principios del sistema de comercio
Los Acuerdos de la OMC son extensos y complejos porque se trata de textos jurídicos que abarcan una gran variedad de actividades. Tratan de las siguientes cuestiones: agricultura, textiles y vestido, servicios bancarios, telecomunicaciones, contratación pública, normas industriales y seguridad de los productos, reglamentos sobre sanidad de los alimentos, propiedad intelectual y muchos temas más. Ahora bien, todos estos documentos están inspirados en varios principios simples y fundamentales que constituyen la base del sistema multilateral de comercio.

Veamos esos principios más detenidamente:
Comercio sin discriminaciones
1. Nación más favorecida (NMF): igual trato para todos los demás
En virtud de los Acuerdos de la OMC, los países no pueden normalmente establecer discriminaciones entre sus diversos interlocutores comerciales. Si se concede a un país una ventaja especial (por ejemplo, la reducción del tipo arancelario aplicable a uno de sus productos), se tiene que hacer lo mismo con todos los demás Miembros de la OMC.

Este principio se conoce como el trato de la nación más favorecida (NMF) (véase el recuadro). Tiene tanta importancia que es el primer artículo del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT), que regula el comercio de mercancías. El principio NMF es también prioritario en el Acuerdo General sobre el Comercio de Servicios (AGCS) (artículo 2) y en el Acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio (ADPIC) (artículo 4), aunque en cada Acuerdo este principio se aborda de manera ligeramente diferente. En conjunto, esos tres Acuerdos abarcan las tres esferas principales del comercio de las que se ocupa la OMC.

Se permiten ciertas excepciones. Por ejemplo, los países pueden establecer un acuerdo de libre comercio que se aplique únicamente a los productos objeto de comercio dentro del grupo y hacer discriminaciones con respecto a los productos de terceros países. O pueden otorgar acceso especial a sus mercados a los países en desarrollo. O bien un país puede poner obstáculos a los productos que se consideren objeto de un comercio desleal procedentes de países específicos. Y, en el caso de los servicios, se permite que los países, en ciertas circunstancias restringidas, apliquen discriminaciones. Sin embargo, los acuerdos sólo permiten estas excepciones con arreglo a condiciones estrictas. En general, el trato NMF significa que cada vez que un país reduce un obstáculo al comercio o abre un mercado, tiene que hacer lo mismo para los mismos productos o servicios de todos sus interlocutores comerciales, sean ricos o pobres, débiles o fuertes.

2. Trato nacional: igual trato para nacionales y extranjeros Las mercancías importadas y las producidas en el país deben recibir el mismo trato, al menos después de que las mercancías extranjeras hayan entrado en el mercado. Lo mismo debe ocurrir en el caso de los servicios extranjeros y los nacionales, y en el de las marcas de fábrica o de comercio, los derechos de autor y las patentes extranjeras y nacionales. Este principio de “trato nacional” (dar a los demás el mismo trato que a los nacionales) figura también en los tres principales Acuerdos de la OMC (artículo 3 del GATT, artículo 17 del AGCS y artículo 3 del Acuerdo sobre los ADPIC), aunque también en este caso se aborda en cada uno de ellos el principio de manera ligeramente diferente.

El trato nacional sólo se aplica una vez que el producto, el servicio o la obra de propiedad intelectual ha entrado en el mercado. Por lo tanto, la aplicación de derechos de aduana a las importaciones no constituye una transgresión del trato nacional, aunque a los productos fabricados en el país no se les aplique un impuesto equivalente.

Comercio más libre: de manera gradual, mediante negociaciones
La reducción de los obstáculos al comercio es uno de los medios más evidentes de alentar el comercio. Esos obstáculos incluyen los derechos de aduana (o aranceles) y medidas tales como las prohibiciones de las importaciones o los contingentes que restringen selectivamente las cantidades importadas. Ocasionalmente se han debatido también otras cuestiones, como el papeleo administrativo y las políticas cambiarias.

Desde la creación del GATT, en 1947-48, se han realizado ocho rondas de negociaciones comerciales. Actualmente está en curso una novena ronda, en el marco del Programa de Doha para el Desarrollo. Al principio, estas negociaciones se centraban en la reducción de los aranceles (derechos aduaneros) aplicables a las mercancías importadas. Como consecuencia de las negociaciones, a mediados del decenio de 1990 los aranceles aplicados por los países industrializados a los productos industriales habían ido bajando de forma ininterrumpida, hasta situarse en menos del 4 por ciento.

Por otra parte, en el decenio de 1980 las negociaciones se habían ampliado para incluir los obstáculos no arancelarios aplicados a las mercancías y esferas nuevas como las de los servicios y la propiedad intelectual.

La apertura de los mercados puede ser beneficiosa, pero también exige una adaptación. Los Acuerdos de la OMC permiten que los países introduzcan cambios gradualmente, mediante una “liberalización progresiva”. Por lo general, los países en desarrollo disponen de plazos más largos para cumplir sus obligaciones.

Previsibilidad: mediante consolidación y transparencia volver al principio
A veces, la promesa de no aumentar un obstáculo al comercio puede ser tan importante como reducir otro, ya que la promesa permite que las empresas tengan una visión más clara de sus oportunidades futuras. Mediante la estabilidad y la previsibilidad se fomentan las inversiones, se crean puestos de trabajo y los consumidores pueden aprovechar plenamente los beneficios de la competencia: la posibilidad de elegir precios más bajos. El sistema multilateral de comercio constituye un intento de los gobiernos de dar estabilidad y previsibilidad al entorno comercial.

En la OMC, cuando los países convienen en abrir sus mercados de mercancías y servicios, “consolidan” sus compromisos. Con respecto a las mercancías, estas consolidaciones equivalen a límites máximos de los tipos arancelarios. En algunos casos, los derechos de importación aplicados son inferiores a los tipos consolidados. Esto suele ocurrir en los países en desarrollo. En los países desarrollados los tipos efectivamente aplicados y los consolidados tienden a ser iguales.

Un país puede modificar sus consolidaciones, pero sólo después de negociarlo con sus interlocutores comerciales, lo que puede significar que tenga que compensarlos por la pérdida de comercio. Uno de los logros de las negociaciones comerciales multilaterales de la Ronda Uruguay consistió en incrementar la proporción del comercio sujeto a compromisos vinculantes (véase el cuadro). En la agricultura, el 100 por ciento de los productos tienen actualmente aranceles consolidados. El resultado de todo ello es un grado considerablemente mayor de seguridad de los mercados para los comerciantes y los inversores.

El sistema trata también de mejorar la previsibilidad y la estabilidad por otros medios. Uno de ellos consiste en desalentar la utilización de contingentes y otras medidas empleadas para fijar límites a las cantidades que se pueden importar (la administración de los contingentes puede dar lugar a un aumento del papeleo administrativo y a acusaciones de conducta desleal). Otro medio es hacer que las normas comerciales de los países sean tan claras y públicas (“transparentes”) como sea posible. En muchos de los Acuerdos de la OMC se exige que los gobiernos divulguen públicamente sus políticas y prácticas en el país o mediante notificación a la OMC. La supervisión periódica de las políticas comerciales nacionales por medio del Mecanismo de Examen de las Políticas Comerciales constituye otro medio de alentar la transparencia tanto a nivel nacional como multilateral.

Fomento de una competencia leal
Algunas veces se describe a la OMC como una institución de “libre comercio”, lo que no es completamente exacto. El sistema permite la aplicación de aranceles y, en circunstancias restringidas, otras formas de protección. Es más exacto decir que es un sistema de normas consagrado al logro de una competencia libre, leal y sin distorsiones.

Las normas sobre no discriminación — NMF y trato nacional — tienen por objeto lograr condiciones equitativas de comercio. Es también el objeto de las normas relativas al dumping (exportación a precios inferiores al costo para adquirir cuotas de mercado) y las subvenciones. Las cuestiones son complejas y las normas tratan de establecer lo que es leal o desleal y cómo pueden responder los gobiernos, en particular mediante la aplicación de derechos de importación adicionales calculados para compensar el daño ocasionado por el comercio desleal.

Muchos de los demás Acuerdos de la OMC están destinados a apoyar la competencia leal, por ejemplo, en la agricultura, la propiedad intelectual y los servicios. El Acuerdo sobre Contratación Pública (que es un acuerdo “plurilateral” porque sólo ha sido firmado por algunos de los Miembros de la OMC) hace extensivas las normas en materia de competencia a las compras realizadas por miles de entidades públicas de muchos países. Y así sucesivamente.

Promoción del desarrollo y la reforma económica
El sistema de la OMC contribuye al desarrollo. Por otra parte, los países en desarrollo necesitan flexibilidad en cuanto al tiempo preciso para aplicar los Acuerdos del sistema. Y a su vez los Acuerdos incorporan las disposiciones anteriores del GATT que prevén asistencia y concesiones comerciales especiales para los países en desarrollo.

Más de las tres cuartas partes de los Miembros de la OMC son países en desarrollo y países en transición a economías de mercado. Durante los siete años y medio que duró la Ronda Uruguay, más de 60 de esos países aplicaron autónomamente programas de liberalización del comercio. Al mismo tiempo, los países en desarrollo y las economías en transición fueron mucho más activos e influyentes en las negociaciones de la Ronda Uruguay que en ninguna ronda anterior, y aún lo son más en el actual Programa de Doha para el Desarrollo.

Al finalizar la Ronda Uruguay, los países en desarrollo estaban dispuestos a asumir la mayoría de las obligaciones que se imponen a los países desarrollados. No obstante, los Acuerdos les concedían períodos de transición para adaptarse a las disposiciones — menos conocidas y quizás más difíciles — de la OMC, especialmente en el caso de los más pobres, los países “menos adelantados”. En una Decisión Ministerial adoptada al final de la Ronda se dice que los países más ricos deben acelerar la aplicación de los compromisos en materia de acceso a los mercados que afecten a las mercancías exportadas por los países menos adelantados, y se pide que se les preste una mayor asistencia técnica. Más recientemente, los países desarrollados han empezado a permitir la importación libre de aranceles y de contingentes de casi todos los productos procedentes de los países menos adelantados. En todo ello la OMC y sus Miembros atraviesan aún un proceso de aprendizaje. El actual Programa de Doha para el Desarrollo incluye las preocupaciones de los países en desarrollo por las dificultades con que tropiezan para aplicar los acuerdos de la Ronda Uruguay.

b.- Políticas de comercio internacional.
Aspectos básicos
Las políticas del comercio internacional (exterior) pueden otorgar poderosos incentivos o desincentivos a la producción, por medio de su influencia en los precios y las cantidades de los productos competidores que se importan en el país y a través de sus efectos sobre los precios internos recibidos por las exportaciones. Se dice que las políticas que encarecen los precios de las importaciones en el mercado interno proporcionan protección económica. Los instrumentos principales de la política comercial son los aranceles y las cuotas por el lado de las importaciones, y varios tipos de incentivos cuando se trata de las exportaciones. En algunos casos se usa una combinación de cuotas y aranceles (conocidas como “cuotas arancelarias”), según la cual se aumentan los aranceles cuando las importaciones exceden una cantidad establecida. La política comercial ha sido objeto de intensas negociaciones internacionales durante décadas. Desde las desastrosas guerras de aranceles de la década de 1930, el propósito de las negociaciones ha sido el desmantelamiento progresivo de las barreras al comercio internacional. Existe consenso en que los aranceles elevados no sólo estimulan medidas de represalia de parte de los socios comerciales, sino que también conducen a ineficiencias en la estructura productiva del propio país, al quitar la presión para incrementar la productividad y reasignar los recursos productivos a ramas o productos más competitivos. Muchos países en vías de desarrollo se han beneficiado del incremento del comercio internacional en las décadas recientes. Por ejemplo, Eugenio Díaz Bonilla y Lucio Reca han señalado que América Latina y el Caribe han disfrutado durante décadas de una balanza comercial agrícola neta positiva, que en 1996 había alcanzado a 20,2 mil millones de dólares EE.UU. Los beneficios derivados del aumento del comercio internacional hacen que los países en desarrollo tengan interés en promoverlo y en asegurar que las normas del comercio internacional sean justas. Sin embargo, desde que concluyó la Ronda Uruguay, los países desarrollados han incrementado sus exportaciones más que los países en desarrollo, y han surgido preocupaciones acerca de la continuación de las medidas de protección agrícola en los países desarrollados. Temas de esta naturaleza figuran prominentemente en la presente ronda de negociaciones sobre el comercio internacional. En la última década, la protección agrícola se ha reducido más lentamente que la protección industrial. Timothy Josling ha analizado el conjunto de los aranceles prevaleciente en el mundo y ha escrito: los aranceles de los productos manufacturados se encuentran actualmente a niveles modestos en la mayoría de los países industrializados y en un creciente número de países de ingresos medianos y bajos. Muchos de estos aranceles son de 5 a 10 por ciento. Por el contrario, los aranceles agrícolas están por encima del 40 por ciento en promedio, con picos arancelarios (mega aranceles) de más del 300 por ciento… que efectivamente bloquean el comercio…. Las importaciones de lácteos en Canadá son un ejemplo muy conocido de estos mega aranceles: el arancel sobre la mantequilla es de 351 por ciento y el del queso 289 por ciento. Aún en el año 2000, estos aranceles todavía alcanzarán a 299 por ciento y a 26 por ciento, respectivamente…. los aranceles sobre las aves de corral también sobrepasan el 200 por ciento en Canadá. .Los Estados Unidos tienen mega aranceles para el azúcar y los productos lácteos, y Japón para los granos, azúcar y productos lácteos. En un análisis detallado de la evolución de los aranceles después del Acuerdo sobre la Agricultura de la Ronda Uruguay, N. Hag Elamin explica los aspectos en que la aplicación de dicho Acuerdo ha sido desfavorable para los países en desarrollo: Haber establecido un nuevo conjunto de normas sobre acceso a los mercados es un resultado destacable del Acuerdo sobre la Agricultura (AsA) y una contribución significativa para la previsibilidad y seguridad del comercio. Sin embargo, para el desarrollo del comercio lo importante… es el nivel de los aranceles y otras condiciones de acceso, que son específicas a cada país…. Aranceles altos sobre los productos alimenticios de las zonas templadas y tasas bajas para los productos tropicales [son] un patrón típico del perfil de aranceles post Ronda Uruguay de varios países desarrollados. Hubo una serie de razones por las cuales los aranceles consolidados sobre estos productos resultaron muy altos: • La selección de 1986-88 como período de referencia fue un factor importante. En ese entonces, los precios del mercado internacional eran muy bajos y como resultado de ello los aranceles equivalentes resultantes, o sea las brechas entre los precios mundiales y los nacionales, eran muy altos. Estos equivalentes arancelarios altos se usaron para establecer los aranceles del período base. Una reducción de 15-20 por ciento o aún de 36 por ciento desde estos niveles base altos todavía resultaba en aranceles consolidados elevados para el año 2000. Hay evidencias de que varios países [desarrollados] establecieron los aranceles base de algunos productos a tasas mucho más altas que las justificables por los equivalentes arancelarios calculados, particularmente en productos de zona templada tales como cereales, lácteos, carne y azúcar. • La fórmula del promedio simple usada en la Ronda Uruguay permitió a los países efectuar las reducciones más pequeñas (el 15 por ciento mínimo requerido) en algunos bienes (por ejemplo, los llamados productos “sensibles”) combinadas con reducciones más grandes en otros productos (por ejemplo, productos tropicales) para poder llegar al promedio simple [de reducción] del 36 por ciento.
Un reciente estudio de la OCDE… demostró que la verdadera protección en fronteras a la agricultura fue más alta en 1996 que en 1993 en ocho de los diez países de la OCDE (la UE se cuenta como uno) cubiertos por el estudio; las dos excepciones fueron Australia y Nueva Zelandia. Otra preocupación importante de los países más pobres es la frecuencia de los subsidios a las exportaciones agrícolas en las naciones más ricas. Estos tienen el efecto de reducir los precios al productor en los países más pobres, y por lo tanto tienden a agravar el problema de la pobreza rural. Los cultivos básicos, principal fuente de alimentos e ingresos para las familias pobres tienen derecho a un tratamiento especial en la política comercial. Los beneficios de la liberalización comercial surgen de la habilidad de los trabajadores para aprender maneras más eficientes de producir o de aprender nuevos oficios. Las familias rurales pobres son generalmente las menos educadas y tienen mayor dificultad para aprender nuevos oficios. Además, las conocidas deficiencias de los mercados de crédito rural y de tierras les hacen difícil realizar inversiones en tecnologías agrícolas mejoradas. Estas familias carecen de redes de protección social que les ayuden a su adaptación, como existen en los países más desarrollados. En parte por estas razones, México negoció un arancel de 100 por ciento para el maíz durante 15 años en el contexto del Tratado de Libre Comercio, y en el período 1999-2001, el Salvador, Nicaragua y Panamá aumentaron sus aranceles sobre los granos importados después de varios años de modificarlos solamente hacia la baja. La agricultura del Asia Central también ha experimentado dificultades durante el proceso de liberalización. A pesar de haberse movido hacia un sistema de mercado en lo que concierne a la comercialización, el comercio exterior y los precios, el desempeño agrícola de la región ha sido malo, muchas fincas han perdido su viabilidad financiera, numerosos sistemas de riego han quedado en desuso y la pobreza rural ha aumentado.

2 Aranceles en los países en desarrollo
Si bien los sistemas arancelarios confieren protección económica, pueden constituir una bendición mixta para los productores nacionales. En primer lugar, los exportadores generalmente sufren los aranceles, ya que estos elevan los costos de sus insumos directa o indirectamente, pero no les permiten aumentar el precio de sus exportaciones en la misma medida. En segundo lugar, aún los subsectores que compiten con las importaciones pueden ser perjudicados por los sistemas arancelarios, si sus tasas no son uniformes y son más altas para sus insumos que para los productos que compiten con su producción. En términos analíticos, este efecto se mide calculando las tasas de protección efectiva en vez de las tasas de protección (nominal) simple; y las tasas efectivas pueden ser negativas si la protección es más alta para los insumos que para los productos. En tercer lugar, es bien conocido que los altos aranceles pueden minar la competitividad de sectores e industrias nacionales, ya que las ganancias económicas adicionales resultantes de la protección arancelaria tienden a debilitar el interés por incrementar la productividad. Debido a esto último, ahora es un principio aceptado que los niveles de los aranceles no deben ser altos en general y, que si lo son, debe adoptarse un programa para reducirlos progresivamente. Los acuerdos de libre comercio incluyen normalmente cláusulas para alcanzar estos objetivos. Como se indicó, en el caso del TLC, se han otorgado hasta 15 años para eliminar algunos aranceles agrícolas, pero el acuerdo para su eventual eliminación ha sido comprometido en el tratado.
Además de evitar altos niveles, el segundo principio básico para los sistemas arancelarios es que sus tasas deben ser relativamente uniformes entre sectores y entre productos. A los efectos de fomentar la eficiencia económica, este principio es extremadamente importante. Si bien más adelante se mencionan tres excepciones, en general cuanto más uniformes sean los aranceles, mejores serán para promover el crecimiento económico. La protección arancelaria desigual favorece algunas industrias o subsectores más que a otros, y a menudo los más favorecidos tienden a ser los menos competitivos a largo plazo. Podría tratarse de las industrias que más sienten el acicate de la competencia y, en consecuencia, han ejercido mayor presión política para conseguir la protección. En el caso de Honduras, existe documentación empírica sobre la relación fuertemente inversa entre la competitividad de los productos y sus tasas de protección arancelaria: por ejemplo, al café, uno de los productos más competitivos, se ha otorgado una protección económica negativa y el azúcar, uno de los menos competitivos, ha recibido una protección altamente positiva. Otra práctica común es separarse de la uniformidad estableciendo aranceles nulos para los alimentos básicos, ya sea mediante exoneraciones arancelarias a las instituciones importadoras del Estado o simplemente dictando una ley que fije en cero esos aranceles.

3. Incentivos a la exportación
Las normas de la OMC generalmente desalientan los subsidios a la exportación, lo mismo que los aranceles. Han sido un importante tema de discusión entre las principales naciones industriales y el objetivo de las negociaciones internacionales ha sido el de reducirlos gradualmente. No obstante, en vista del sesgo anteriormente mencionado del régimen de la OMC contra las exportaciones y de su importancia para los países en desarrollo, vale la pena considerar medidas que podrían fomentarlas en el contexto de políticas económicas sanas. Muchos países han adoptado formas de incentivos a la exportación, a través de exoneraciones tributarias y reintegros de los derechos pagados sobre los insumos importados. En los países en desarrollo, los productos de exportación frecuentemente son más intensivos en el uso de mano de obra que los substitutos de productos importados y, por lo tanto, el sesgo contra las exportaciones es especialmente perjudicial para el incremento del empleo y la reducción de la pobreza rural. Si se equiparasen aproximadamente los aranceles y los incentivos a las exportaciones, normalmente los ingresos arancelarios serían más que suficientes para cubrir el apoyo a las exportaciones, por la razón arriba mencionada.
El principal problema de las medidas de ayuda a la exportación es que no llegan a buena parte de los productores. La mayoría de los productores pobres no usan cantidades significativas de insumos importados y, por ende, no pueden percibir beneficios por reintegros de derechos arancelarios. Igualmente, la mayoría de los productores no ganan (o no declaran) ingresos suficientes como para pagar impuestos y por lo tanto las exenciones de impuestos no son relevantes para ellos. Normalmente los incentivos a la exportación se aplican a nivel del exportador, y si llegan a los productores es de manera considerablemente diluida. Así, las deficiencias en la implementación se han convertido en un obstáculo principal a la eficacia de los programas de estimulo a la exportación. Por estas razones, cuando se elabora la política es importante considerar los mecanismos administrativos de los subsidios a la exportación, especialmente en productos que deben ser procesados antes de ser exportados.

4. Restricciones al comercio exterior
La política del comercio exterior a menudo abarca los sistemas arancelarios; cuando se les trata separadamente, además de los acuerdos comerciales incluye las medidas concernientes al grado de apertura del comercio internacional, o sea, la eliminación de los controles a las importaciones y exportaciones. Tales restricciones toman varias formas, entre ellas, cuotas de importación, licencias de importación y exportación, en algunos casos prohibiciones a la exportación, restricciones a la disponibilidad de divisas y, a veces, requisitos fitosanitarios libremente interpretados. Otras formas más sutiles de control de las importaciones son el requisito de depositar moneda extranjera en el sistema bancario con mucha anticipación a las importaciones y el aumento del monto del depósito previo requerido. Existe consenso internacional en que las restricciones comerciales tienen marcados efectos negativos sobre el desarrollo a largo plazo. En términos de sus efectos sobre los precios, los controles a la importación (llamados genéricamente barreras no arancelarias) son equivalentes a aranceles altamente variables en el tiempo, más aún si se imponen arbitrariamente sin previo aviso. Dependiendo de la severidad de la escasez del producto en el mercado nacional y del monto de las importaciones permitidas, el precio interno puede aumentar mucho como resultado de medidas de control a la importación. Por el contrario, las limitaciones o prohibiciones a la exportación conllevan una disminución del precio nacional y, en vista de esto, normalmente los productores las rechazan fuertemente.
En períodos de excedentes de producción, a veces la respuesta de la política es la prohibición de las importaciones. “En Kenya, todas las importaciones de maíz y trigo, excepto las que tenían propósitos humanitarios, fueron suspendidas a mediados de 1994 por seis meses…. A principios de 1994, el Gobierno de Nigeria impuso una prohibición a las importaciones de maíz, cebada y arroz…. A finales de 1994 las autoridades de la región del cobre en Zambia prohibieron la exportación de maíz fuera de la zona. Recientemente, Malí prohibió la exportación de cueros y pieles para promover el procesamiento interno de estos productos. Guyana mantuvo por años una controvertida prohibición a la exportación de madera dura en rollos y Letonia puso en práctica una prohibición semejante sobre los troncos de sus coníferas. El caso de la prohibición de las exportaciones de madera en rollo ilustra los efectos económicos potenciales de tales medidas. Su propósito es el de promover el procesamiento de madera en rollo por parte de la industria nacional, aumentando así el valor agregado resultante de cada unidad de extracción forestal. El objetivo es loable, pero este modo específico de lograrlo puede tener resultados contraproducentes, porque eliminar el mercado de exportación para la madera en rollo la hace artificialmente barata en el mercado interno, fomentando así la creación de una industria de procesamiento de madera condicionada a la oferta de materia prima barata. Tales industrias generalmente no son competitivas en el mercado mundial, por lo cual sus posibilidades de crecimiento se limitan al mercado nacional. Además, si la prohibición a la exportación se levanta eventualmente, algunas podrían quebrar a raíz del alto precio de la madera en rollo.

5. Políticas de ayuda alimentaria
Un subconjunto de las políticas de comercio exterior concierne a la ayuda alimentaria. Tal ayuda ha sido criticada sobre la base de que debilita los incentivos a los productores locales. En el largo plazo, los países receptores pueden beneficiarse más de la ayuda financiera que de la ayuda alimentaria, usando los fondos para permitir a las familias pobres comprar sus requerimientos alimenticios en el mercado interno. La ayuda alimentaria es producto de una época en la cual se esperaba que los gobiernos, tanto de los países industrializados como de los países en desarrollo, intervinieran en gran escala en la producción y el mercadeo de los alimentos. El desafío más terminante a la noción de que los alimentos son más necesarios que cualquier otra forma de ayuda surge de la visión ahora generalmente aceptada de que la pobreza, y no la oferta de alimentos o el mal desempeño de los mercados alimentarios, es la raíz del hambre y la desnutrición…. si la causa del hambre no es la falta de alimentos en el mercado, la opción entre ayuda alimentaria y ayuda financiera se puede fundamentar solamente sobre la base de cálculos de eficiencia.
La población podría obtener más alimentos, y alimentos más conformes a sus necesidades, si se les diera dinero en efectivo para comprar alimentos en los mercados locales. No sólo eso, cada vez se reconoce más que la desnutrición no puede ser evitada solamente con comida. La ayuda alimentaria se desperdicia cuando la gente tiene que convertirla en dinero (porque en algunas situaciones de emergencia, la única ayuda brindada es la alimentaria). Esta preocupación, y un enfoque constructivo para enfrentarlo, se han descrito así para el caso de Mozambique: Además de dirigir los ingresos procedentes de la ayuda alimentaria hacia los usos más útiles a estos efectos, es importante evitar las exoneraciones arancelarias a productos importados a través de programas de ayuda alimentaria, como ya se señaló, para minimizar la distorsión de los incentivos a los productores nacionales. Las ventajas y desventajas de la ayuda alimentaria han sido evaluadas por el Instituto de Desarrollo de Ultramar (ODI por sus siglas en inglés), que ha intentado resumir los términos el creciente consenso sobre este tema. Primero, el ODI hace una distinción básica: La asistencia alimentaria describe a cualquier intervención diseñada para combatir el hambre, en respuesta a problemas crónicos o crisis de corto plazo. La asistencia alimentaria puede involucrar la entrega directa de alimentos, por ejemplo como alimentación suplementaria o en proyectos de alimentos por trabajo. Igualmente, puede involucrar intervenciones financieras, por ejemplo, para contribuir a subsidiar los alimentos o esquemas de estabilización de precios. La asistencia alimentaria puede financiarse en gran medida internamente, como en la India, o ser apoyada por ayuda financiera o alimentaria de fuentes internacionales, como en Bangladesh o Etiopía. La ayuda alimentaria es ayuda en especie que se usa para apoyar las acciones de asistencia alimentaria o para financiar el desarrollo de forma más general, por ejemplo mejorando la balanza de pagos (sustituyendo importaciones comerciales) o la situación presupuestaria, a través de los fondos generados por los ingresos provenientes de las ventas. Se requiere que las transferencias de ayuda alimentaria cumplan con los criterios establecidos por el Comité de Asistencia al Desarrollo (CAD)
La ayuda alimentaria de emergencia juega un papel claro y crucial para salvar vidas y limitar las tensiones nutricionales en casos de crisis agudas causadas por conflictos o desastres naturales. Sin embargo, a menudo se carece de evidencias claras que permitan medir sus efectos, y hay muchos ejemplos de ineficacia más alguna evidencia de llegadas tardías, que entorpecen la recuperación de las economías locales afectadas por desastres naturales. La ayuda alimentaria para el desarrollo fue en los años noventa un instrumento relativamente ineficaz para combatir la pobreza y mejorar el estado nutricional y de salud de las personas vulnerables.

Sobre el autor

admin administrator