Política europea contra la contaminación del aire.

Política europea contra la contaminación del aire.

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Las principales fuentes de contaminación del aire en las ciudades son el transporte automovilístico, la calefacción y, eventualmente, algunas actividades industriales.

La contribución de la industria a la contaminación atmosférica varía considerablemente de una ciudad a otra. Los riesgos no son desdeñables: recordemos que el smog debido a las emisiones de CO2 causó 5.000 víctimas en Londres en 1952.

Es indudable que con el tiempo, esta problemática tiene actualmente menos incidencia, ya que todas las instalaciones catalogadas están sometidas a normas de emisión cada vez más estrictas.

Lo mismo ocurre en Europa, con respecto a los principales problemas de contaminación atmosférica producidos por la calefacción, gracias a la mayor reglamentación existente respecto al uso de los combustibles fósiles más contaminantes y por otra parte, a la sensible mejora del rendimiento de las calderas.

Sigue siendo importante, sobre todo, el problema de la contaminación atmosférica debido al transporte. La concentración cada vez mayor de vehículos en las ciudades hace disminuir la incidencia positiva de tecnologías automovilísticas más limpias (ver COM(97)197 final : La cuestión urbana: orientaciones para un debate europeo).

A pesar de los enormes esfuerzos desplegados, según un estudio realizado en 1955 por la Agencia Europea Medioambiental, entre un 70 y un 80% de las ciudades europeas de más de 500.000 habitantes no respetan las normas establecidas por la Organización Mundial de la Salud para la calidad del aire. En Milán, Turín, Stuttgart, Belfast, etc. los índices de smog alcanzan a veces valores por encima del doble del límite previsto por la norma de calidad. En cuanto a la concentración de ozono, el 80% de la población de la Unión Europea soporta, al menos una vez al año, valores que superan la norma de calidad.

Durante los últimos quince años, Europa ha establecido normas de calidad para ciertos productos específicos, especialmente los carburantes, con el fin de limitar el contenido de azufre y plomo.

Las primeras disposiciones reglamentarias han introducido también, límites específicos para los gases de escape de los vehículos de motor.

A principios de los años 80, se establecieron normas para algunos contaminantes prioritarios tales como en anhídrido sulfuroso, las partículas en suspensión y el plomo.

Según lo establecido en una directiva de 1984, las instalaciones industriales tienen la obligación de respetar ciertos límites de emisión de algunas sustancias especificadas en su permiso de funcionamiento.

Dentro de las medidas para combatir la lluvia ácida, en 1988 se elaboró una directiva que establece límites de emisión para las grandes instalaciones de combustión.

En 1996, la Unión Europea revisó todo su planteamiento relativo a la calidad del aire y adoptó una directiva marco a la que siguieron varias « directivas hijas ».

Cabe señalar también la aprobación de un programa Auto-Oil destinado a evaluar (en cooperación con los fabricantes de automóviles y la industria del petróleo) la manera más rentable de seguir reduciendo las emisiones de los vehículos.

Por otra parte, se han adoptado medidas relativas a la eliminación de los CFC y otras sustancias responsables de la disminución de la capa de ozono. La reducción de los gases que provocan un efecto invernadero sigue siendo un problema que está a la orden del día.

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