LOS RESIDUOS SÓLIDOS EN AMERICA LATINA

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Aun cuando en América Latina no existe un marco legal unificado para el manejo de los residuos sólidos y existen situaciones diferenciales muy marcadas, los diferentes tratamientos apuntan a la expedición de planes y normativas de salubridad, al fortalecimiento de las empresas de servicios – públicas y privadas- que atienden el problema, y a la apertura de nuevas actividades económicas derivadas de las diferentes fases del proceso.

La clasificación de los residuos depende en general de la naturaleza de su origen: residuos sólidos orgánicos – derivados de productos perecederos y generadores de focos de infección y contaminación, y residuos sólidos inorgánicos (los denominados “reciclables secos” en Europa), que pueden tener un ciclo propio de recuperación pero que debido a procesos inadecuados de recolección, carga / descarga, transporte y disposición final, disminuyen (o pierden) su potencial de transformación y aprovechamiento como “materia prima secundaria” o mercancía.

También tiene importancia el lugar y de la actividad donde los residuos se producen: los residuos de consumo provienen de las actividades domiciliarias, del espacio público o de los equipamientos, y los de producción de los procesos industriales, comerciales, institucional (sobre todo salud y educación) y de servicios.

No existe en la región una estadística precisa sobre los residuos, pero se estima que pueden producirse entre 0.8 a 1.5 Kg/hab./día, dependiendo de la escala y actividades de las ciudades. De estos volúmenes aproximadamente un 53% corresponde al sector doméstico, un 23% al sector productivo y un 15% al espacio público.

Las formas de recolección varían de acuerdo al origen del residuo, pero en general existe un desfase entre la generación, la recolección y los procesos subsiguientes hasta la disposición final. Aun cuando en muchos países existen tecnologías y experiencias para la construcción de rellenos sanitarios, un buen porcentaje de los residuos se maneja a cielo abierto en vertederos contaminantes legales e ilegales (que producen fetidez, contaminación de aguas superficiales y subterráneas, cría de mosquitos y otras plagas). Las limitaciones de las empresas de servicios públicos para cubrir totalmente la recolección se obvian en muchos casos mediante programas de recuperación y reciclaje arbitrados por empresas cooperativas u ONG, en lagunas oportunidades asociados con el sector privado.

En general, la problemática ambiental de los residuos sólidos en Latinoamérica, tiene, en mayor o menor grado, relación con los siguientes aspectos:

La generación creciente de residuos. Problema asociado a los sistemas de producción insostenibles y a los patrones de consumo de la población, a la falta de conciencia ciudadana sobre la relación residuos- economía, a la ausencia de apoyo a la producción de tecnologías limpias y, a la irresponsabilidad de los sectores productivos frente al proceso de generación, manejo y disposición final.

La pérdida del potencial de utilización. El aprovechamiento de los materiales residuales se dificulta desde el origen debido a los hábitos de la población, que van en contravía con una adecuada selección, separación en la fuente y reutilización. (En Bogotá p.Ej., el 40% de los residuos sólidos son inorgánicos y el 60% orgánicos, estos últimos con una incalculable riqueza física y química). A ello se suma la falta de incentivos para la comercialización de estos materiales y la falta de organización de las empresas que se dedican a actividades de recuperación.

La gestión parcial y el desconocimiento del impacto ambiental. Las acciones se limitan en muchos casos a la limpieza de vías y espacios públicos. Existe una notoria desconexión y descoordinación entre las fases que caracterizan el ciclo, tanto desde el punto de vista operativo como económico, y son insuficientes las opciones tecnológicas para los municipios.

Prácticas inadecuadas de disposición final. Se relaciona con la falta de criterios sobre la localización de botaderos y rellenos sanitarios, normalmente no previstos en los planes de ordenamiento del suelo, o ubicados en terrenos no aptos o próximos a asentamientos poblacionales. La carencia de tecnologías para la construcción y la operación de los centros de disposición, la falta de un recurso humano capacitado, la ausencia de programas locales y la carencia de fuentes de financiación cuando ellos existen.

Debilidad institucional del sector. Que se evidencia en la falta de mecanismos para el control y regulación de los recursos municipales dirigidos a esta actividad, en la descoordinación y falta de precisión en las competencias de las instituciones involucradas, en la ausencia de programas de asistencia técnica y en la generación y uso de la información. Falta de mecanismos que permitan la identificación de los generadores y la medición de los impactos.

El desconocimiento generalizado sobre la magnitud del problema. La falta de educación y participación ciudadana y el rechazo cultural a los centros de disposición final. La ausencia de programas de formación y de promoción de microempresas o empresas especializadas en la actividad.