La cohesión social.

La cohesión social.

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El debate sobre la cohesión social y la ciudad se puede plantear en dos vertientes: la de los grupos vulnerables y la de los barrios desfavorecidos. Ambos son importantes para un desarrollo más sostenible y solidario, aunque en relación con el medio ambiente urbano proponemos enfatizar más el tema de los barrios.

La realidad social de nuestras ciudades presenta situaciones problemáticas, ya que ofrecen una baja calidad de vida para muchas personas, hogares y grupos, llegando a crear carencias y malestar en muchos sectores sociales. El crecimiento de las ciudades concentra además a una parte importante de los grupos más vulnerables en barrios desfavorecidos, generando un malestar urbano agudo en estas áreas. En un informe de la OCDE se estimaba que los barrios desfavorecidos asentaban entre un 15 y un 20% de la población de las ciudades de estos países. En Latinoamérica se supera en general el 40%.

Entre los grupos mas desfavorecidos en las ciudades europeas se encuentran especialmente los hogares pobres con niños, los hogares de ancianos solos, los inmigrantes extranjeros con escasez de recursos (especialmente los de etnia y lengua distinta al país receptor), los jóvenes con precariedad laboral y los trabajadores menos especializados, especialmente los parados de más de 50 años. Entre todos ellos el desfavorecimiento afecta más a las mujeres y los niños.

En Latinoamérica, a las circunstancias que afectan a mujeres cabeza de familia, niños y tercera edad, se suma la situación de los discapacitados y de los jóvenes menores de 15 años qué, de un total regional calculado en 115 millones, 25 millones trabajan en el sector informal o ilegalmente en el formal, incrementando la precariedad de las capacidades productivas y las tasas de desempleo y subempleo al desplazar a la población económicamente activa.

Adicionalmente, en algunos países de la región, las luchas internas por los territorios que enfrentan guerrilla y grupos armados, han generado desplazamientos masivos de grupos familiares del campo a las cabeceras municipales, ciudades intermedias o grandes centros urbanos. Estos grupos altamente vulnerables, colocan a las ciudades de frente al problema de insertarlos a la vida urbana, a las actividades productivas, a la salud, a la educación, a la vivienda y a la urbanización, incrementando sustancialmente el déficit de los recursos requeridos para la inversión social y económica.

La imposibilidad de los entes locales de dar una respuesta efectiva a demandas derivadas de fenómenos no previsibles, agrava en consecuencia los niveles ya establecidos de marginalidad, informalidad, hacinamiento, inseguridad y deterioro ambiental de los barrios céntricos y periféricos, y de la ciudad en su conjunto.

Entre los nuevos barrios que se generan en las ciudades, surgen muchos dirigidos a los grupos sociales más desfavorecidos. En unos casos se trata de barrios de autoconstrucción sobre terrenos ocupados o parcelaciones no legalizadas, generalmente sin ningún tipo de urbanización ni servicios, y muchas veces con riesgos graves de catástrofe por localizarse en áreas de posible inundación o deslizamiento de tierras, por proximidad a industrias muy contaminantes, vertederos, etc. En otros casos se trata de barrios planificados de vivienda barata, de promoción publica o privada, donde se asienta una población con escasas oportunidades laborales que con el tiempo se mantienen en situación de precariedad, Finalmente los barrios consolidados de peor vivienda por su antigüedad, degradación, etc., dado su bajo valor inmobiliario en venta o en alquiler, recogen también parte de la población vulnerable, como ocurre en algunos barrios de los cascos históricos de las ciudades. En estos barrios, de distinto tipo, tiende a mantenerse la precariedad de la población y se generan procesos de exclusión social.

En las ciudades europeas los barrios desfavorecidos suelen ser polígonos de vivienda publica desarrollados en la segunda mitad del siglo pasado, y algunos barrios degradados de la ciudad consolidada especialmente en las zonas antiguas; aunque en las ciudades del área mediterránea también hay pequeñas bolsas de vivienda informal. En Latinoamérica, las áreas en peores condiciones y más abundantes son las de crecimiento informal, en las que hay una situación generalizada de pobreza, pero también existen barrios en inquilinato con altos niveles de hacinamiento en zonas antiguas degradadas, e incluso en algunas ciudades existen polígonos de vivienda barata con situaciones físicas y sociales difíciles.

Los barrios desfavorecidos concentran los principales problemas sociales de la ciudad, y por lo tanto las necesidades de inversión y el gasto social, y representan además para sus ciudades una perdida de oportunidades: por el desaprovechamiento del capital humano, de su capacidad productiva; por el gasto social que se requiere para atender sus necesidades; y, por que, debido a la falta de recursos de está población, la economía de la ciudad se resiente por una reducción de la demanda interna y de los ingresos fiscales.

Los proyectos de este apartado pueden tener relación con los de la Red 5 de URB-AL Las políticas sociales urbanas a inicios del nuevo siglo, que ha definido proyectos que pueden encontrarse en (http://www.montevideo.gub.uy/urbal). Asimismo en lo relativo al desarrollo local frente a las necesidades de empleo se están definiendo proyectos que pueden estar relacionados con nuestros temas de debate en la Red 4 de URB-AL La ciudad como promotora de desarrollo económico. (http://www.munimadrid.es/urbal).

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