Gestión del suelo y de la naturaleza.

Gestión del suelo y de la naturaleza.

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Los responsables municipales deben ocuparse además, de la planificación espacial y de la ordenación del territorio, del suelo, en tanto que posible receptáculo de ciertas contaminaciones; la contaminación de algunos lugares en el medio urbano puede, efectivamente, tener repercusiones graves en términos de salud pública e incluso acarrear importantes pérdidas económicas. Hay que tener presente que el coste de la descontaminación representa generalmente sumas importantes.

Los problemas ambientales asociados al suelo urbano se relacionan directamente con fenómenos como la contaminación, la erosión, la degradación, las alteraciones topográficas y de los flujos del agua, la transformación indebida de los paisajes naturales, la extinción de fauna y flora, la acumulación de desechos y, sobre todo, con los asentamientos poblacionales en zonas de riesgo.

El ordenamiento territorial es pues, no sólo es un instrumento fundamental para la prevención, minimización o tratamiento de estos problemas, sino para visualizar las potencialidades del territorio urbano y definir con base en ellas las estrategias de protección, expansión y desarrollo. Específicamente el ordenamiento del suelo, debe apuntar a la reconfiguración del territorio urbano, mediante la localización y delimitación de áreas de valor ecológico, la distribución equitativa de los usos y las actividades.

La clasificación del suelo en las ciudades (tanto urbano como periurbano) permite la organización de los procesos de ocupación y utilización. Acciones tendiente por ejemplo a aumentar la productividad en zonas circundantes o a legalizar la tenencia de las tierras ocupadas ilegalmente (caso común en Latinoamérica), puede contribuir a disminuir las presiones sobre zonas frágiles o de valor ambiental.

Por otra parte, el suelo constituye también la base de la presencia de la naturaleza en las ciudades. Es un espacio de consumo, almacenamiento y transformación de los recursos naturales y opera como centro de intercambio entre los ámbitos urbano/rural/regional. Los espacios verdes y los hábitats seminaturales en el interior de zona urbanas tienen una importancia considerable para la calidad de vida (y para la salud pública), constituyendo también un recurso para las actividades recreativas y la educación con respecto a la naturaleza, al mismo tiempo que albergan una flora y una fauna cuya diversidad merece ser protegida.

Es necesario velar por el mantenimiento de ciertos espacios naturales y por la recuperación de algunas zonas degradadas.

Es necesario tener en cuenta, además, que el crecimiento de una ciudad y de su periferia pueden destruir desgraciadamente algunos sistemas naturales (el ciclo del agua, la diversidad de la flora, las vías de paso de la fauna, etc.), todo ello sin mencionar la ocupación poco acertada de tierras que en principio estaban destinadas a la agricultura.

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