Gestión del silencio o lucha contra el ruido.

Gestión del silencio o lucha contra el ruido.

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A primera vista, la lucha contra el ruido en el medio urbano puede parecer un lujo, una preocupación propia de ricos.

Sin embargo, cada vez existen más estudios científicos que refutan este punto de vista afirmando que el ruido puede producir múltiples efectos nefastos para la salud (Organización Mundial de la Salud, 1995).

Un exceso de ruido puede, no sólo provocar pérdidas de la capacidad auditiva, temporales o permanentes, parciales o completas, sino que también puede generar directamente trastornos cardiovasculares y hormonales. Se ha comprobado que la exposición prolongada a un nivel de ruido elevado procedente de la circulación viaria, provoca un aumento del riesgo de infarto.

Además, se ha comprobado que el ruido influye en la salud mental, entre otros aspectos, en términos de estrés y su evolución de carácter ansio-depresivo. El ruido es también fuente de importantes perturbaciones del sueño, de dificultades de comunicación, así como de trastornos en el comportamiento social.

Aun cuando en América Latina, la principal fuente de ruido es el transporte motorizado, en algunas ciudades, existe un problema de gran magnitud: los aeropuertos dentro de la ciudad o en áreas muy cercanas que afectan los asentamientos periféricos con niveles en muchos casos por encima de 120 decibeles (p.e Quito, Caracas y Bogotá donde existen graves problemas de salud y seguridad para las poblaciones afectadas).

Sin embargo, a pesar de los comprobados riesgos que el ruido representa para la salud, en la región latinoamericana se mencionan los problemas, pero en general no se fijan políticas, ni instrumentos efectivos que permitan el control y la reducción. Ello quizás tiene su origen en la preponderancia de los problemas ambientales asociados a la pobreza, (falta de vivienda, servicios públicos, equipamientos, salud y nutrición, etc) que privilegian la provisión y uso de los recursos económicos para cubrir las necesidades básicas.

En el seno de la Unión Europea, la lucha contra el ruido se ha plasmado, en principio, en normas de productos dentro del marco del proceso de normalización con vistas al establecimiento del Mercado Único. Estas normas, han establecido niveles sonoros admisibles para los vehículos de motor, la maquinaria de las obras , los cortacéspedes, etc.

El quinto Programa « medioambiental » (1992) ha establecido el principio según el cual nadie puede estar expuesto a niveles sonoros susceptibles de atentar contra la salud y la calidad de vida. Actualmente el debate se centra en la obligación de establecer una cartografía del ruido urbano que serviría de punto de partida para la elaboración de planes de acción a nivel local.

En segundo plano figuran otras fuentes como los establecimientos comerciales e industriales (discotecas, tabernas, carpinterías, talleres de mecánica, fabricas y algunas actividades deportivas) que varían de intensidad de acuerdo con la zonificación y usos establecidos.

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