El metabolismo urbano y la huella ecológica.

El metabolismo urbano y la huella ecológica.

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Las ciudades son sistemas abiertos en los que los ciclos del agua, aire y materiales, intercambian y transforman sustancias, disipando energía como todos los sistemas abiertos requieren energía exterior para mantener su estructura y funcionamiento.

Una característica fundamental de las ciudades es, por lo tanto, la enorme cantidad de energía (exterior a lo organismos vivos) que necesita para su funcionamiento: transporte, climatización, transformación de recursos en productos, tratamiento de residuos, etc.

Cuanto mayor es la segregación funcional y la dispersión de actividades urbanas (bajas densidades, disgregación o fragmentación espacial, etc.), más se acelera el aumento del gasto de energía para que se produzcan los contactos e intercambios entre actividades diversas y distantes, que permitan a la ciudad funcionar con la complejidad que necesita.

La ciudad se sustenta sobre el territorio que ocupa y también sobre la superficie de tierra, agua, vegetación, etc., necesarios para: producir el oxigeno, los alimentos, materiales, energía, etc., que consume; y para asimilar el carbono, disipar los gases contaminantes, diluir los residuos líquidos o transformar los sólidos, etc., que produce.

Este conjunto de tierras agrícolas, bosques, pastos ganaderos, lugares de extracción, zonas de industria y almacenaje, embalses, ríos, mares, atmósfera, etc. que sustentan una ciudad, representan su huella ecológica. si el transporte es fácil y barato, la huella crece y, el ciudadano no percibe los limites ambientales.

La contabilización de la huella ambiental de una ciudad es un instrumento que puede convertir las preocupaciones sobre la sostenibilidad en cuestiones de actuación publica. Es un concepto integrador que contempla los flujos de energía y materiales que entran y salen de una territorio, los contabiliza, y calcula las superficies de agua y suelo que se necesitan para producir esos flujos localmente. Estos cálculos permiten mejorar el conocimiento, reflexionar sobre las necesidades, divulgar y debatir los resultados; aprender, en definitiva, sobre las actividades en curso en la ciudad, y facilitar la educación ambiental y la toma de decisiones.

¿Cuánto entorno necesitaría una ciudad para soportar la carga ecológica que supone su funcionamiento? ¿Cuales son los orígenes de los recursos consumidos por la ciudad y los destinos de sus desperdicios? ¿Qué depredación social y ecológica se produce en esos orígenes y destinos? ¿Qué recorridos realizan al ser transportados, con los consiguientes costes de infraestructura, servicios, materiales y energía? ¿Cómo se puede reducir el consumo de recursos, la producción de residuos y los recorridos en el transporte de los mismos?.

Los sistemas abiertos y complejos como las ciudades, tienen por lo tanto organizaciones desequilibradas que deben alcanzar un dinamismo estabilizado, a través de sus relaciones con otros sistemas de su medio. el medio es tan importante como el sistema porque es asimismo un sistema en el que la ciudad se integra.

Un sistema complejo de estas características, que esta en equilibrio dinámico con otros superiores y/o exteriores, puede, a su vez, descomponerse en sistemas internos que interaccionan entre sí. por eso para entender los problemas de las ciudades y buscar soluciones, hay que estudiar ecosistemas de menor escala en su interior, como los barrios o los parques, y otros de escala superior (cuencas hidrográficas, áreas metropolitanas de transporte, etc.).

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