LA VIDA NO SE IMPROVISA

LA VIDA NO SE IMPROVISA

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“La vida como problema
Cada vida humana es una trayectoria dinámica, viva, amplia y plural. Podemos decir que la vida humana es como un problema que hay que ir resolviendo sucesivamente, al ritmo de su desarrollo. Y como cualquier problema, lo importante es plantearlo bien. Esto es decisivo. Será el mejor modo de que las soluciones y el enfoque sean los más adecuados posibles; éstas siempre serán de dos tipos: teóricas y prácticas.

Tener la vida bien planteada es clave. Aunque no podemos perder de vista el azar y tantos posibles imprevistos como pueden aparecer, es esencial el punto de partida. Y éste es siempre teórico, argumental. Para que pueda iniciarse adecuadamente han de estar cubiertas las necesidades básicas; si no, hay que cubrirlas, y eso exige ya ciertos planeamientos demasiado prácticos.

Creo que es en la familia donde se aprende, de entrada, a plantear adecuadamente la vida. Hay familias con una especial habilidad para esto: todo se traza con buena cabeza, con orden, con realismo, pero también con buenas dosis de exigencia personal. Por el contrario, hay otras en las que todo va a la deriva, sin orden ni concierto. Buscando salidas a los problemas que se van presentando, pero sin que exista realmente un programa de futuro.

Los psiquiatras sabemos la enorme importancia que tiene el troquelado familiar en la formación de la personalidad. Para llegar a uno mismo hay que partir de posiciones realistas, pero envueltas en optimismo y afán de superación. En algunas ocasiones el planteamiento que se hace es incorrecto, porque los juicios sobre las capacidades y valores de uno mismo se han hecho defectuosamente. El desconocimiento propio y la exageración de los aspectos negativos es un buen exponente de ello. Conocer nuestras aptitudes y limitaciones es saber nuestra geografía y fronteras.
Existe un mecanismo de defensa bastante frecuente en el ser humano: echar una mirada en derredor, decir: “¡Qué mal está todo!” y zambullirse en el mar de lo negativo, bajando entonces el nivel de exigencias y proyectos. En esa actitud hay mucha lamentación y poco esfuerzo: se volatizan las ilusiones, la voluntad se vuelve vaporosa y se fomenta el desaliento y la mediocridad.

Que la información sea formativa
Una tarea decisiva es la de intentar apresar la riqueza y complejidad de lo que significa vivir, atravesando ese sin fin de cosas, hechos y acontecimientos que cruzan la vida a diestro y a siniestro. Y para llevar a cabo esta importante tarea es necesario estar avisado de un fenómeno, muy característico de nuestros días. Estamos cada vez mejor informados. Pero esa minuciosa y milimétrica información no es formativa: no se acompaña de unas notas positivas, que ayuden al hombre a enriquecerse interiormente, a ser más completo, más sólido, en una palabra, más humano, con más criterio, mejor. El resultado es la conciencia de encontrarse perdido, sin saber a qué atenerse, sin tener respuesta para tantos interrogantes como van planteándose. El estado anímico inmediato es la perplejidad: falla la teoría, la base sobre la que el hombre debe sustentarse y entonces va hacia abajo, perdiendo pie y apoyo: hundiéndose.

En esos momentos es más necesario que nunca saber que la vida no se improvisa, sino que se programa. Esto comporta, pues, un planteamiento previo, una filosofía de vida. Son nuestros proyectos, sustentados por nuestras ideas y creencias. Será la mejor manera para ir tras aquel precepto de Píndaro: “Llega a ser el que eres.” Sacar lo mejor de uno mismo. Esta es la mejor fórmula algebraica para hacer funcionar la vida, resolviéndola, en medio de los vaivenes.

Los proyectos son la articulación que enlaza las distintas etapas de la historia personal. Cada biografía es como un gran río a donde van a parar pequeños afluentes que le dan hondura a sus cauces. Así se perfila la vida, anticipándonos a ella: adelantándonos, para organizarla y evitar que nos arrolle con su vorágine.

Ahora bien, las cosas no son tan simples. Cada historia humana está transitada por mil azares imprevisibles. Lo importante es que ninguno sea tan fuerte, tan duro, que sea capaz de torcer o cambiar radicalmente la trayectoria emprendida. En ese caso el revés es traumático, terrible, definitivo. Y puede obligar a cambiar el rumbo personal.

Nos hospedamos en el presente, pero viajamos hacia el futuro
…Para programar la vida hacen falta esos dos componentes: ilusión y entusiasmo. Uno y otro destilan alegría de vivir, afán de superación permanente, capacidad para remontar los reveses, deseos de llegar a ser uno mismo.

…De lo que se trata es de buscar el sentido de la vida, el hilo conductor que, a pesar de los cambios, permanece. Descubrir su razón de ser. Así nos vamos abriendo camino en medio de tantos acontecimientos y circunstancias. La vida es tan rica y compleja que hay que espigar el trigo de la paja: distinguir lo accesorio de lo fundamental. Así nos quedaremos con la llave del problema, que es capaz de explicarnos su contenido, sus giros, sus cambios.
…Ortega hablaba de la razón vital. Esta explica, comprende y da sentido a la vida. Y lo hace convirtiéndose en razón histórica personal. Sólo se comprende una vida, sólo se la puede analizar y captar con profundidad, estudiando su secuencia histórica: qué ha pasado con ella, qué le ha sucedido por dentro, qué móviles le han puesto en marcha, cuáles han sido sus éxitos y sus fracasos y cómo se han vivido, qué huellas han dejado las alegrías y las tristezas, qué roturas y qué arreglos se han ido produciendo…y así un largo etcétera.

…De aquí llegamos a la tarea final: el debe y el haber. No valen ya las apariencias: en nuestro fuero interno emerge la realidad que somos. Ahora bien, cualquier contabilidad sobre la propia vida es siempre deficitaria y dolorosa. Lo es porque ésta es siempre incompleta, llena de lagunas y cuestiones pendientes, con muchas cosas por hacer.

Planear la vida, diseñarla, ponerle fronteras, acotarla, dibujar sus contornos y luego andarla. Este debe ser el objetivo para llegar a uno mismo, para ser individuo, persona, sujeto con una identidad clara, hombre no masificado. La otra cara de la moneda es la del hombre que va tirando, que vive improvisando, traído y llevado por el bamboleo de tanta circunstancia inesperada.” (Enrique Rojas. El hombre light. Una vida sin valores. Cáp. XIV)

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