LA CONDUCTA PROSOCIAL

LA CONDUCTA PROSOCIAL

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El comportamiento moral y el comportamiento prosocial se han confundido a veces en la investigación psicológica, y mucho más en la práctica educativa, y quiero explicar aquí como entiendo yo su diferencia:
El comportamiento prosocial es un comportamiento voluntario orientado a beneficiar a otros. Así entendido, es fácil ver que esta misma definición puede llevar a muchas personas a equipararlo al comportamiento moral. Pero el comportamiento prosocial puede llevarse a cabo por un sinnumero de razones, incluyendo además de razones verdaderamente orientadas al otro, razones egoístas y/o razones prácticas. Algunos autores hacen la diferencia con el altruismo, que sería el tipo de comportamiento prosocial motivado exclusivamente por razones orientadas al otro (y no por la búsqueda de recompensas concretas o sociales o por la expectativa de evitar un castigo o daño).

Desde este punto de vista el comportamiento altruista estaría más cercano al comportamiento moral. Sin embargo, una diferencia esencial es que para ser catalogado como tal, el comportamiento moral debe estar basado en ciertos principios éticos prescriptivos y generalizables, que al encontrar su camino a un problema real toman en cuenta lo especifico de cada situación y dan fundamento (racional y consciente) a la acción. Este tipo de fundamentación para la acción no está necesariamente presente en el comportamiento prosocial.

Conducta antisocial
El trastorno antisocial de la personalidad se caracteriza por un patrón general de desprecio y violación de los derechos de los demás, que comienza en la infancia o principio de la adolescencia y continúa en la edad adulta. Este patrón ha sido denominado también como psicopatía, o trastorno disocial de la personalidad; además, dado que dos de las características de este trastorno son el engaño y la manipulación, es fundamental validar la información que nos den estos sujetos con otras fuentes cercanas a ellos (familiares próximos, amigos, compañeros, etc.)

Los criterios que determinan la personalidad antisocial, teniendo en cuenta que el sujeto deberá cumplir al menos tres de ellos, son los siguientes:
 Fracaso para adaptarse a las normas sociales en lo que respecta al comportamiento legal, como lo indica el perpetrar repetidamente actos que son motivo de detención (por ejemplo, destrucción de una propiedad, robar, etc.)
 Deshonestidad, indicada por mentir repetidamente, utilizar un alias, estafar a otros para obtener un beneficio personal o por placer
 Impulsividad en sus decisiones o incapacidad para planificar el futuro
 Irritabilidad y agresividad, indicados por peleas físicas repetidas o agresiones (incluidos malos tratos al cónyuge o a los niños)
 Despreocupación imprudente por su seguridad o la de los demás
 Irresponsabilidad persistente, indicada por la incapacidad de mantener un trabajo con constancia o hacerse cargo de obligaciones económicas (periodos significativos sin empleo aun teniendo oportunidades de trabajar, abandono de un trabajo sin motivo alguno, despido por falta de rendimiento, etc.)
 Falta de remordimientos, como lo indica la indiferencia o la justificación del haber dañado maltratado o robado a otros.

Los prejuicios
Un prejuicio social es una predisposición negativa que una persona desarrolla hacia un grupo de individuos, producto de la aceptación sin evidencias de un estereotipo sobre ese grupo. Por ejemplo, el prejuicio de que «todos los judíos son avaros», que influirá en la conducta futura de su portador ante cada encuentro con un judío, del cual esperará avaricia. Estas predisposiciones, que albergamos consciente o inconscientemente, pueden tener su origen en:
 Una falacia de generalización. Se basa en una experiencia directa del prejuicioso. Se conoce a un individuo con ciertas características, y se piensa falazmente que, como él se comportó de esa manera, todos los de su grupo también lo harán. Por ejemplo, el que fue asaltado por un hombre negro y luego piensa que todos los negros son ladrones.
 Una información incompleta o sesgada. No se basa en la experiencia directa, sino en algo que nos dicen o que escuchamos/vemos/leemos en los medios de comunicación sobre ciertos individuos o grupos. Estos son los tipos de prejuicios más frecuentes ya que, en sociedades tan complejas como las actuales, nadie puede entrar en contacto directo con cada una de las realidades y grupos sociales existentes, en especial con los grupos sociales minoritarios. Entonces, llegamos a adquirir un conocimiento global de lo que nos rodea apropiándonos de conocimientos y opiniones ajenas. Por ejemplo, el famoso caso de la prensa racista, que sólo muestra a los negros y a los inmigrantes en noticias negativas, sin darles acceso al espacio público como fuentes, haciendo que el lector adquiera o ratifique sus prejuicios negativos sobre esos grupos humanos.
 Presentar ciertas características de personas o grupos como esenciales, cuando en realidad son existenciales. Lo esencial tiene que ver con el SER, lo accidental con el ESTAR. Así, puede haber prejuicios que consisten en estigmatizar a una persona, es decir, rotularla como poseedora de ciertas características negativas. Por ejemplo, decir de alguien que «es un pobre», en lugar de decir que «está pobre». La diferencia parece mínima, pero no lo es: en un caso damos a entender que esa persona nació pobre y que así debe morir, mientras que en el segundo caso informamos sobre su estado, pero dando lugar a que eso pueda cambiar.

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