EL IDEALISMO

EL IDEALISMO

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El Idealismo moral y el Idealismo Filosófico
Hemos visto la confusión creada por el lenguaje corriente en lo que concierne al materialismo. En la misma confusión se incurre a propósito del idealismo.

No hay que confundir, en efecto, el idealismo moral con el idealismo filosófico.

Idealismo moral.
El idealismo moral consiste en consagrarse a, una causa, a un ideal. Sabemos por la historia del movimiento obrero internacional, cuántos revolucionarios marxistas se han consagrado hasta él sacrificio de su vida por un ideal moral y, sin embargo, eran adversarios de ese otro idealismo que se llama idealismo filosófico.

Idealismo filosófico
El idealismo filosófico es una doctrina que tiene como base la explicación de la materia por el espíritu.

El razonamiento es el que responde a la cuestión fundamental de la filosofía diciendo: «El pensamiento es el elemento principal, el más importante, el primero». Y el idealismo, afirmando la importancia primera del pensamiento, sostiene que es él el que produce el ser, o dicho de otro modo: «el espíritu es el que produce la materia.

He aquí la primera forma del idealismo, que se ha desarrollado en las religiones asegurando que Dios, «espíritu puro» fue el creador de la materia.

La religión, que ha pretendido y pretende aún permanecer fuera de las discusiones filosóficas es, por el contrario, la representación directa y lógica de la filosofía idealista.

Ahora bien, como la ciencia intervino en el transcurso de los siglos, llegó a ser necesario explicar la materia, el mundo, las cosas, de otro modo que por Dios solamente. Porque desde el siglo XVI, la ciencia comienza a explicar los fenómenos de la naturaleza sin tener en cuenta a Dios y prescinciendo de la hipótesis de la creación.
Para combatir mejor estas explicaciones científicas, materialistas y ateas, había que llevar más lejos el idealismo y hasta negar la existencia de la materia.

A eso se dedicó; a principios del siglo XVIII; un obispo inglés, Berkelery, a quien se ha llamado el padre del idealismo.

Idealismo de Berkeley
La finalidad de su sistema filosófico era destruir el materialismo, tratar de demostrarnos que la substancia material no existe; En el prefacio de su libro Diálo-gos entre Hylas y Filonus, escribe.

Así; pues, para Berkeley, lo verdadero es que la materia no existe y que es paradójico pretender lo contrario.

Vamos a ver cómo se las arregla para demostrarlo. Pero creo que no es inútil insistir en que aquellos que quieran estudiar la filosofía tomen la teoría de berkeley en gran consideración.

Sé que pretender tales cosas hará sonreír a algunos, pero no hay que olvidar que vivimos en el siglo XX y nos beneficiamos con todos los estudios del pasado. Se verá, por otra parte, cuando estudiemos el materialismo y su historia, que los filósofos materialistas de tiempo atrás también harán sonreír.

Pero hay que saber que Diderot, que fue antes que Marx y Engels el más grande entre los pensadores materialistas, atribuía al sistema de Berkeley cierta importancia, puesto que lo describe como un:
Sistema, para vergüenza del espíritu humano, para vergüenza de la filosofía, es el más difícil de combatir, aunque es el más absurdo de todos.

El mismo Lenin, en su libro, consagró numerosas páginas a la filosofía de Berkeley:
Los «novísimos» machistas no han aducido contra los materia-listas ni un solo argumento, literalmente ni uno solo, que no se pueda encontrar en el obispo Berkeley.

y he aquí la apreciación del inmaterialismo de Berkeley en un manual de historia de la filosofía difundido aún hoy en los liceos.

Teoría aún imperfecta, sin duda, pero admirable, y que debe destruir para siempre, en los espíritus filosóficos, la creencia en la existencia de una substancia material.

Es decir, la importancia de ese razonamiento filosófico.

El Idealismo de Berkeley
La finalidad de ese sistema consiste en demostrar que la materia no existe.

Berkeley decía.
La materia no es lo que creemos, pensando que existe fuera de nuestro espíritu. Pensamos que las cosas existen porque las vemos, porque las tocamos: y como ellas nos brindar esas sensaciones, creemos en su existencia.

Pero nuestras sensaciones no son más que ideas que tenemos en nuestro espíritu. Así, pues, los objetos que percibimos por nuestros sentidos no son otra cosa más que ideas y las ideas no pueden existir fuera de nuestro espíritu.

Para Berkeley, las cosas existen, no niega su naturaleza y su existencia, pero sólo existen en forma de sensaciones que nos las hacen conocer, y dice nuestras sensaciones y los objetos no son más que una sola y misma cosa.

Las cosas existen, es verdad; pero en nosotros, en nuestro espíritu, y no tienen ninguna substancia fuera del espíritu.

Concebimos las cosas con ayuda de la vista; las percibimos con ayuda del tacto; el olfato nos informa sobre el olor; el sabor, sobre el gusto; el oído, sobre los sonidos. Estas diferentes sensaciones nos dan idea que, coordinadas unas con otras, hacen que nosotros les demos un nombre común y las consideremos como objetos.

Se observa, por ejemplo, un color, un gusto, un olor, una forma, una consistencia determinados se reconoce este conjunto como un objeto que se designa con la palabra manzana; Otras combinaciones de sensaciones (nos dan) otras colecciones de ideas (que) constituyen lo qué se llama la piedra, el árbol, el libro y los otros objetos sensibles.

Por tanto, somos víctimas de ilusiones, cuando creemos conocer como exteriores el mundo y las cosas, puesto que todo eso no existe más que en nuestro espíritu.

En su libró Diálogos entre Hylas y Filonus, Berkeley nos demuestra esta tesis de la manera siguiente.

Fil. ¿Puede ser verdadera una doctrina cuando nos hace caer en el absurdo?
Hill. Sin duda alguna puede serlo.
Fil. ¿Y no es absurdo pensar que la misma cosa sea a la vez caliente y fría?
Hill. Si lo es.
Fil. Suponte que una de tus manos está caliente y la otra fría y que las dos se sumergen a la vez en la misma vasija de agua en un estado intermedio de temperatura; lo aparecen el agua caliente para una mano y fría para la otra?.

Como es absurdo creer que una misma cosa en el mismo momento pueda ser en sí misma diferente, debemos sacar la conclusión de que esta cosa no existe más que en nuestro espíritu.

¿Qué hace Berkeley en su método de razona’ miento y de discusión? Despoja los objetos, las cosas, de todas sus propiedades:

¿Decís que los objetos existen porque tienen un color un sabor, un olor,~ porque son tan grandes o pequeños, livianos o pesados? Voy a demostrar que eso no existe en los objetos sino en nuestro espíritu.

He aquí un retal de tejido: me decís que es rojo, ¿Será así con seguridad?. Pensáis. que el rojo está en el tejido mismo. ¿Es cierto?.

Sabéis que hay animales. que tienen ojos diferentes de los nuestros y que no verán rojo este tejido; del mismo modo, un hombre, que tenga ictericia lo verá amarillo. Entonces ¿de que color es? ¿Decís que eso depende? El. rojo no está pues en el tejido, sino en, el ojo, en nosotros
¿Decís que ese tejido es liviano? Dejadlo caer sobre una hormiga y lo encontrará pesado. ¿Quién tiene razón, pues? Pensáis que es caliente? Si tuvieráis fiebre, lo encontraríais frío. entonces ¿es caliente o frío?

En una palabra, si las mismas cosas pueden ser en el mismo instante para unos roja, pesadas, calientes y para otros exactamente lo contrario, es que somos víctimas de ilusiones y que las cosas sólo existen en nuestro espíritu.

Despojando los objetos de todas sus propiedades, llegamos a decir que no existen mas que en nuestro pensamiento, es decir, que la materia es una idea.

Ya antes que Berkeley, los filósofos griegos decían, y era exacto, que algunas cualidades, como el sabor, el sonido, no estaban en las cosas mismas, sino en noso-tros.

Lo que hay de nuevo en la teoría de Berkeley es justamente que extienda esta observación a todas las cualidades dé los objetos.

Los filósofos griegos habían establecido, entre las cualidades de las cosas, la distinción siguiente:

Por una parte, las cualidades primarias, es decir, las que están en los objetos, como el tamaño, el peso, la resistencia, etc.

Por otra para, las ciudades secundarias, es decir, las que están en nosotros, como el olor, el sabor, el calor, etc.

Berkeley aplica a las cualidades primarias la misma tesis que a las secundarias, a saber, que las cualidades, las propiedades, no están en los objetos; sino en nosotros.

Si miran el Sol, lo vemos redondo, plano, rojo. La ciencia nos enseña que nos, engañamos, que el Sol no es plano, no es rojo., Haremos abstracción, pues, por la ciencia, de algunas falsas propiedades que atribuimos al Sol, pero, sin sacar por ello, la conclusión de que no existe. Sin embargo Berkeley llega a esa conclusión.
Berkeley ley no se ha equivocado demostrando que la distinción de los antiguos no resistía el análisis científico, poco incurre en una falta de razonamiento, en un sofisma, sacando de esas observaciones consecuencias que no admiten. Demuestra, en efecto, que las cualidades de las cosas no son tales corno las revelan nuestros sentidos, es decir, que nuestros sentidos nos engañan y deforman la realidad material, y en seguida saca la conclusión de que la realidad material no existe.

Consecuencias de los razonamientos ‘idealistas»
Como la tesis era: «todo no existe más que en nuestro espíritu», ésos razonamientos llegan a hacernos creer que el mundo exterior no existe.

Siguiendo este razonamiento hasta el extremo llegamos a decir: «Soy el único que existe, puesto que sólo conozco a los otros hombres por mis ideas, puesto que los otros hombres sólo son para mí; como los objetos materiales, colecciones de ideas». Es lo que en filosofía se llama el solipsismo (que quiere decir solo, yo, mismo).

Berkeley nos dice Lenin en su libro ya citado, se defiende por instinto contra la acusación de sostener tal teoría. Hasta se comprueba que el solipsismo, forma ex-trema del idealismo, no ha sido sostenido por ningún filósofo.

Por eso debemos dedicarnos, discutiendo con los idealistas, a subrayar que los razonamiento que niegan efectivamente la materia, para ser lógicos y consecuentes, deben llegar a éste extremo absurdo que es el solipsismo.

Los argumentos idealistas.
Nos hemos limitado a resumir en la forma más simple la teoría de Berkeley, porque es él quien ha expuesto más francamente lo que es el idealismo filosófico.

Es cierto que para comprender bien esos razonamientos que son nuevos para nosotros, es indispensable tomarlos muy en serio y hacer un esfuerzo intelectual.
El idealismo se presenta de una manera más oculta, cubierto con palabras y expresiones nuevas, todas las filosofías idealistas no hacen más que repetir los argumentos del «viejo Berkeley».

Como la base de los argumentos de todas las filosofías idealistas. se encuentran en los razonamientos del obispo Berkeley, para resumir este capítulo, vamos a tratar de descifrar cuáles son esos. principales argumentos y qué tratan de demostrarnos.

EL ESPIRITU CREA LA MATERIA
Sabemos que esta es la respuesta idealista a la cuestión fundamental de la filosofía; es la primera forma del idealismo que se refleja en las diferentes religiones en las que se afirma que el espíritu ha creado el mundo.

Esta afirmación puede tener dos sentidos.
Ben Dios ha creado el mundo y éste existe real-mente fuera de nosotros. Es el idealismo ordinario de las teologías.
Bien Dios, ha creado la ilusión del mundo dándonos ideas que no corresponden a nada. Es el idealismo «inmaterialista» del obispo Berkeley, que quiere probarnos que el espíritu es la única realidad, pues la materia es un producto fabricado por nuestro espíritu.

Por eso los idealistas afirman que:
EL MUNDO NO EXISTE FUERA DE NUESTRO PENSAMIENTO
Es lo que Berkeley quiere demostrarnos afirmando que cometemos un error si atribuimos a las cosas, como propias de ellas, cualidades y propiedades que no existen más que en nuestro espíritu.

Para los idealistas, los bancos y las mesas existen, sin duda, pero sólo en nuestro pensamiento, y no fuera de nosotros, porque.

SON NUESTRAS IDEAS LAS QUE CRÉAN LAS COSAS
Dicho de otro modo, las cosas son el reflejo de nuestro pensamiento. En efecto, puesto que el espíritu es el que crea la ilusión de la materia, puesto que el espíritu es el que da. a nuestro pensamiento la idea de la materia, puesto que las sensaciones que experimentamos ante las cosas no provienen dé las cosas mismas, sino sólo de nuestro pensamiento, la causa de la realidad del mundo y de las cosas es nuestro pensamiento y, por consiguiente, todo lo que nos rodea no existe fuera de nuestro espíritu y sólo puede ser el reflejo de nuestro pensamiento. Pero como, para Berkeley, nuestro espíritu sería incapaz de crear por sí solo sus ideas. y que, por otra parte, no hace lo que quiere, como ocurriría si las creara por sí mismo, hay que admitir que otro espíritu más Poderoso es el qué las crea. Así, Dios es el que crea nuestro espíritu y nos importe todas las ideas. del mundo que encontramos en él.

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