Progresos del Perú independiente

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Progresos del Perú independiente

Obstáculos para el progreso.

La naturaleza, la sociedad, la tradición y las influencias actuales ofrecen para el adelanto del Perú grandes obstáculos que conviene tener presentes para no estrellarse contra dificultades imprevistas y para no culpar a los hombres, ni a las instituciones, de lentitudes inevitables. En la costa los desiertos y terremotos, en la cordillera las escabrosidades, nieves y tempestades, en la montaña la insalubridad y los bosques, en la totalidad del territorio las largas distancias y las comunicaciones difíciles se oponen a la acción expedita de las fuerzas civilizadoras. En la sociedad hay que luchar con la escasez o dispersión de los habitantes, con la heterogeneidad o rivalidades de raza, y con el espíritu refractario que el abatimiento secular ha producido en la mayoría de los indígenas. El comunismo teocrático de los Incas, que convertía al pueblo en máquina, y la sujeción colonial, que le tenía aletargado, echaron raíces profundas que sólo podrán extirparse con el transcurso de las generaciones. La emancipación, que hubo de alcanzarse con la guerra y con el concurso de caudillos no nacidos en el Perú, dejó embarazos duraderos para el desarrollo de la fuerza moral por la sobreexcitación de las pasiones, y por el predominio de las armas. Aun después de hallarse constituida la República, y en posesión de la Independencia y Libertad, han subsistido o se han levantado otros grandes obstáculos para los progresos apacibles. Baste enumerar entre otros la falta de muchos elementos conservadores, las temeridades de la inexperiencia, el espíritu inquieto de nuestro siglo, las rivalidades o turbulencias de los estados vecinos, las violentas exigencias de las naciones poderosas, la tenacidad de la metrópoli en no entrar en francas relaciones oficiales, cuando sería ridícula toda esperanza de reivindicación, la frecuente manía de regenerar súbitamente la Nación por simples decretos, la pretensión más absurda de asegurar el imperio de la ley y las libertades públicas con turbulencias continuas, los golpes de Estado sin objeto, la lamentable imprevisión que hace vivir para el día de hoy olvidando los sucesos de ayer, una política sin sistema, una administración renovada incesantemente y los numerosos tropiezos que las mejoras efectivas encuentran en la opinión y en las costumbres.

 

A poco que se reflexione sobre la multitud y trascendencia de las causas que dificultan los progresos del Perú independiente, cesará la sensación penosa que produce el espectáculo de sus gobiernos tan inestables, de sus revueltas tan frecuentes, de siete constituciones alternándose en pocos años con un número casi igual de dictaduras, de la anarquía periódica y de la inquietud permanente. Lejos de desesperar, se robustecerán nuestra fe en el porvenir de la República y nuestra adhesión a los grandes principios de Independencia y Libertad al observar con calma los admirables progresos que se han hecho en menos de medio siglo tanto en la administración, como en la transformación social, en la cultura física, como en la moral.

 

Administración.

No obstante la falta de tradiciones y de sistema, que son indispensables para que el gobierno funcione de una manera regular y estable, saltan a la vista los adelantos en todos los ramos de la administración. Las dictaduras transitorias, lo mismo que los poderes constitucionales, reconocen en principio y a la larga se ven obligados a aceptar de hecho que la arbitrariedad debe ceder al imperio de las leyes; que el bien de la Nación ha de sobreponerse a las pretensiones extrañas; y que el círculo de la acción gubernativa no debe extralimitarse. En el poder central se circunscribe mejor la esfera de los ministros; en las provincias las demarcaciones territoriales se van modificando según las necesidades de la administración, y las autoridades subalternas se establecen en el número y forma convenientes. La organización judicial, las de la instrucción pública y beneficencia, los arreglos eclesiásticos y las medidas rentísticas avanzan de una manera casi continua. La fuerza pública satisface ya las necesidades de la policía; y si circunstancias imperiosas sostienen todavía al ejército y la armada en un pie demasiado oneroso, por lo menos se reconoce con satisfacción, que el armamento y los buques no son indignos de los pueblos más adelantados. Los códigos, reglamentos y leyes particulares ofrecen un cuerpo de legislación que honra a sus autores y podría hacer la prosperidad del Perú si hubiese tanta constancia en ejecutar, como hay buena disposición para adoptar las medidas convenientes. En los medios materiales, para que el gobierno pueda funcionar bien, se hacen continuos gastos, y donde quiera se dejan ver valiosos trabajos. Inútil es insistir en que desde la Independencia, al par que se ha fortificado y fecundado la existencia interior del Perú, se ha extendido la vida exterior con consulados, agentes diplomáticos, negociaciones, tratados y toda suerte de influencias. Grato es contemplar que al través de luchas e inquietudes y aun de aparentes retrocesos se ha engrandecido sin cesar la República, haciéndose más efectivas y seguras las declaraciones de Independencia y Libertad.

 

Transformación social.

Muchos cambios de instituciones y aun algunos gobiernos, que han tenido la pretensión de regenerar el Perú, han sido estériles, cuando no perjudiciales; porque pasaban por encima de las capas sociales, dejando en pie la opresión secular, que degrada las razas abatidas. Mas el movimiento general del Perú independiente, especialmente en el protectorado de San Martín y en la revolución del 54, ha elevado el nivel de la sociedad, combatiendo eficazmente la esclavitud de los negros y la servidumbre de los indios. Con la libertad personal, no sólo han sido ganados para la civilización los infelices, a quienes se han devuelto los derechos y con ellos el valor de la humanidad, sino que la Nación entera ha ganado en fuerza moral, preservándose las nuevas generaciones y la impresionable juventud de un contacto deletéreo. Todas las razas están produciendo hombres de mérito; y a medida que son más considerados, prestan a la República mayores servicios. Los orgullosos privilegiados, que las declaraban incapaces para tener pretexto de explotarlas, tienen que rendir frecuentes homenajes de admiración y respeto a las dotes eminentes de inteligencia y carácter que brillan en muchos individuos favorecidos por la educación o por el movimiento político. Esta distribución más justa de las posiciones sociales tiene además la inapreciable ventaja de borrar las preocupaciones de nacimiento y color, aproximar las castas rivales y hacer más íntima la fusión nacional, que es para el Perú la gran condición de estabilidad y grandeza.

 

La Independencia, al par que ha traído un movimiento constante de ascensión y de fusión en el pueblo peruano, le hace ganar más y más con el aumento de inmigración y con las multiplicadas relaciones del comercio y viajes. Es continua la corriente que trae a la República hombres activos, con hábitos de trabajo, orden y economía, que vienen a formar nuevas familias y a ejercer una influencia civilizadora por el ejemplo dado a otros y por su propio impulso. Desgraciadamente no pueden faltar advenedizos viciosos o inútiles, pero sus defectos desaparecen ante las inapreciables ventajas del aumento, que en el número y fuerza moral recibe la población. Los grandes atractivos con que llaman y retienen al extranjero una tierra privilegiada y sus hospitalarios moradores, acrecentarán extraordinariamente la inmigración el día en que el Perú sea mejor conocido, alarmen menos sus revueltas, espantosas a la distancia, y se facilite el tránsito. Entre tanto, por la mejor posición de las familias, el movimiento de la población se hace más notable, y siendo así que antes de la Independencia disminuía o se estacionaba, ha doblado ya y cuadruplicaría en la mitad del tiempo, si la paz se consolidase.

 

Mejoras materiales.

Subsistencias más seguras y abundantes son en el Perú, como en el resto de la tierra, la condición esencial para el aumento de nuestra especie; y sin necesidad de observaciones penosas, cualquiera puede convencerse de que el pueblo gana sin cesar en la alimentación, vestidos y casa, está mejor atendido en la débil infancia y encuentra más socorros en sus dolencias. Donde quiera se ven más personas que usan camisa limpia y demás ropa blanca; donde quiera se acrecientan los goces de la vida. Las clases acomodadas, principalmente en las grandes poblaciones, pueden saborear las ventajas del lujo. La capital de la República se embellece con edificios monumentales, y en las habitaciones más modestas ofrece ya mejores condiciones higiénicas, agua más a la mano y alumbrado más económico. Chorrillos y el Callao en sus inmediaciones, Tarma y Huancayo hacia el interior, Chiclayo, San Pedro, Ica, Tacna y otros muchos pueblos de la costa y de la sierra se han engrandecido extraordinariamente o mejorado de aspecto.

 

Las obras ya acabadas o en vía de construcción, que son el testimonio más elocuente del progreso material, suelen favorecerlo directamente por su destino industrial. Señálense en esta parte los almacenes de comercio, las fábricas destinadas a nuevas industrias, las oficinas rurales y los ferrocarriles, que por desgracia no corresponden todavía por su número y extensión a las necesidades ni a los recursos del país. La agricultura ya enriquecida con cultivos nuevos, más adelantados o más extensos; las minas, cuyo atraso contrasta con la opulencia mineral y el adelanto de las demás industrias; muchas artes que en el interior tienen facilidades para una gran producción; y sobre todo el comercio, alma del movimiento económico, darán al Perú una prosperidad asombrosa luego de que las vías de comunicación obtengan la atención que se merecen. Se ha duplicado en muchos lugares el valor de los terrenos, y en los más favorecidos una pequeña fracción vale hoy lo que antes no se habría dado por la hacienda entera. Las fundiciones de hierro, la ebanistería, fabricación de licores, refinería de azúcar, imprenta, fotografía y muchas artes de lujo, antes desconocidas o muy atrasadas, se hallan en un estado próspero. El comercio exterior ha triplicado por lo menos la suma de importaciones y exportaciones, dando salida al guano, salitre, lanas y otros productos valiosos, abriéndose mercados en todo el mundo civilizado y recibiendo sus dones a precios equitativos. El comercio de cabotaje se extiende más cada día, debiendo establecerse pronto una concurrencia ventajosa. La navegación por el Amazonas y sus afluentes, no sólo ofrece un inmenso porvenir por el aprovechamiento de inapreciables riquezas antes perdidas en los bosques, sino que está asegurando al Perú la posesión de sus más feraces y extensas regiones y centuplicará sus fuerzas por la unión económica y social entre todas sus partes. Los vapores llegados ya por el Mayno (sic) a 70 leguas de Lima anuncian una revolución apacible en la industria y en la población, y más influyente en la prosperidad nacional que los grandes cambios políticos.

 

Progreso moral.

El espíritu de asociación y las instituciones de crédito, que se desarrollan rápidamente, al mismo tiempo favorecerán el progreso económico y asegurarán la cultura moral. Mientras los peligros de la anarquía hacen temer a la multitud la disolución nacional, la corrupción y la miseria; el gran número de hombres que se asocian para empresas pacíficas, los muchos que fían su suerte al sostenimiento del crédito, el influjo social de los bancos y el desarrollo de otros elementos conservadores garantizan el acrecentamiento de la riqueza pública y privada, el progreso moral y la estabilidad de las instituciones democráticas. La espuma de la sociedad que sobrenada en las revueltas; los alarmantes escándalos, producidos por la corrupción sistemática de algunos gobiernos; la peligrosa impunidad que los azares político militares han permitido a grandes delitos; el desprecio del trabajo, propagado por los crecidos emolumentos de plazas honradas y sin fatiga; y el cinismo con que algunos desprecian la moral y las leyes, serían sin duda preludios de ruina y de muerte si su influjo deletéreo no se hallase neutralizado por la acción vivificadora de principios más poderosos.

 

En medio de la perturbación profunda que han sufrido las costumbres públicas, una parte de la sociedad se ve expuesta a perecer por sus propios excesos, los que producen una impresión tanto más penosa, cuanto chocan más con el carácter nacional; pero se hace admirar una cultura moral cada día más avanzada; y generaciones nuevas o perfeccionadas por la experiencia prometen mayores adelantos por su ilustración y por sus sentimientos.

Las carreras facultativas deben a la República una enseñanza más completa y más metódica, siendo la de Medicina una adquisición del último período. Las Ciencias Naturales son también un estudio nuevo, y por la observación de las riquezas que Dios ha prodigado en el suelo del Perú, han de ejercer la más benéfica influencia. La enseñanza de las artes no puede menos de levantar la industria. Los estudios filosóficos y literarios, junto con los demás ramos pertenecientes a la instrucción secundaria, ofrecen ya una organización mejor, establecimientos más numerosos y mayor concurrencia. Fuera de la enseñanza oficial, en los periódicos, en la lectura privada o de biblioteca y en las publicaciones de interés didáctico se deja percibir un gran movimiento intelectual. La historia nacional, base de todo progreso sólido, es cada día más estudiada; ha dado ya mucha luz sobre épocas poco conocidas; y aun promete aclarar las tinieblas de la remota antigüedad, descubriendo relaciones con la China. No está lejos el día en que, bien atendida la instrucción popular, y dándose a los estudios especiales tendencias más prácticas y mayor profundidad, se presente el Perú a la altura de pueblos muy ilustrados.

 

Con las luces vienen naturalmente aspiraciones más elevadas. Mientras la dulzura del carácter nacional se sobrepone al desborde de las pasiones, siendo siempre raros los crímenes, apacible el trato y el carácter hospitalario, se van desarrollando los sentimientos de la vida pública; el patriotismo es más ferviente, más general y más expansivo; el amor a las instituciones democráticas se extiende y arraiga; el espíritu público se anima e ilustra; se hace sentir más la necesidad del orden; el trabajo va obteniendo la consideración merecida; desaparecen las mezquinas preocupaciones, hijas del aislamiento y de las rivalidades; el carácter se retempla; y la civilización se levanta sobre bases más sólidas y más amplias.

 

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