Pachacutec.

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Pachacutec.

Yupanqui recibió el nombre de Pachacutec (el que da nuevo ser al mundo) por haber sido después de Manco Capac el verdadero padre del Perú. La activa cooperación de Asto Huaraca, cuya voluntad ganó con el buen tratamiento; y la alianza de Cari, poderoso cacique del Collao, consolidaron la dominación imperial en territorios incorporados ya, pero que sólo estaban adheridos por débiles vínculos.

Felices campañas que fueron confiadas al príncipe heredero y a su tío CapacYupanqui, proporcionaron la adquisición de las más importantes provincias del Norte.

Los huancas cedieron después de algunos encuentros; los de Tarma y Bombón se dejaron atraer por las promesas; los Huaylas fueron reducidos por el hambre; los naturales de Huamachuco se rindieron sin combatir; los de Cajamarca lucharon con denuedo pero sin éxito; los de Yauyos se entregaron a Capac Yupanqui a su regreso de una gloriosa expedición. Un triunfo magnífico solemnizó la entrada de los vencedores en el Cuzco.

Para conquistar los valles del Norte donde existían los florecientes señoríos de Chincha, Chuquimancu, Cuismancu y el gran Chimú, se emplearon las artes de la paz y de la guerra. Sujetos con facilidad Ica y Pisco, se sometió a los aguerridos vecinos de Chincha, renovando el ejército imperial, talando los campos y rompiendo las acequias.

Para sujetar a Chuquimancu fue necesario que los invasores renovaran por cuatro veces sus ejércitos. Cuismancu fue admitido como un aliado digno de toda la consideración de los Incas por respeto al santuario de Pachacamac venerado en todo el imperio. Aunque el gran Chimú defendió tenazmente posición por posición y valle por valle, no pudo al fin resistir, viéndose atacado por más de cuarenta mil hombres y a sus pueblos reducidos a la miseria.

Tan valiosas provincias se resignaron pronto al yugo a la vista de imponentes construcciones y de toda suerte de beneficios. Pachacutec aseguraba el bienestar, el esplendor y el orden del Perú con su administración inteligente y enérgica; magníficos edificios y numerosas obras de utilidad pública se construían en todas partes; se cuidaba mucho del cumplimiento de la justicia; se mejoraba la organización del ejército; y se reprimía el desorden con sabias leyes.

La unidad nacional se promovió eficazmente con las colonias y con la generalización de la lengua quechua.

 

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