Época de la Emancipación

Época de la Emancipación

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Primeras tentativas de independencia: (1805 1818)

 

Causas de la Emancipación.

La naturaleza de las relaciones internacionales se oponía a la sujeción permanente del Perú a la España. Las conquistas lejanas nunca fueron duraderas, y el coloniaje desapareció siempre con la infancia de las naciones. Los oprimidos indios echaban de menos el gobierno paternal de los Incas. Apenas consumada la conquista, la colonia que contaba con grandes fuerzas de mar y tierra y con los inagotables recursos del país, estuvo cerca de sacudir el yugo de la metrópoli. Desde el origen del virreinato se preveía que los enviados de la corte sacrificarían a miras egoístas la brillante suerte que debían prometerse los descendientes de los conquistadores y primeros pobladores. Fácil era conocer que no podía ser bien gobernado un vastísimo territorio con leyes dadas a tres mil leguas de distancia, y por autoridades no nacidas, ni nombradas en su seno. El absurdo sistema de interdicción y monopolio venía a agravar los males de una tutela tan perjudicial como humillante, aplazando indefinidamente los progresos que facilitan a todo pueblo el libre contacto del mundo civilizado y el amplio desarrollo de sus fuerzas.

 

 

El aislamiento a que fue condenado el virreinato, los hábitos de obediencia pasiva y la fuerza de las creencias hacían aparecer invulnerable la autoridad del Rey; desconocíanse la fuerza, intereses y derecho con que el Perú podía reconquistar su independencia; la heterogeneidad y rivalidades dificultaban el concierto de los peruanos para sacudir el yugo colonial; y el profundo letargo en que la inquisición, el absolutismo y la educación los habían hecho vegetar durante tres siglos, contribuía a prolongar por tanto tiempo una situación que sólo los dominadores preocupados por el orgullo o por mezquinos intereses podían calificar de natural, justa y provechosa. Mas desde que en el siglo dieciocho principió la filosofía a ilustrar a los pueblos a cerca de su poder y conveniencias; cuando la emancipación y prosperidad de la Confederación angloamericana descubrieron a la América española el porvenir reservado a los Estados independientes; y luego de que la revolución francesa propagó el espíritu de libertad; la existencia del coloniaje se hizo sumamente precaria y estuvo pendiente de la primera gran sacudida que recibieran la metrópoli y sus mal adheridas posesiones. La pérdida de la marina española en las aguas de Trafalgar, el heroísmo con que los argentinos rechazaron la invasión inglesa, y el levantamiento de la Península para sacudir el yugo de los franceses, sucediéndose a cortos intervalos, ofrecieron una oportunidad que en todo caso no habría dejado de presentarse en breve tiempo.

 

Movimientos secretos.

Un gobierno organizado de una manera estable, con las conciencias encadenadas, con el apoyo de fuertes intereses y armado de leyes severas para ahogar en sangre todo conato de independencia, sólo podía ser atacado por hombres firmes en sus convicciones y resueltos a morir por la patria; los primeros movimientos habían de concertarse con gran secreto; y el Cuzco, rival de Lima en influencia, lejos del poder central y con tentadores recuerdos de la grandeza nacional, era el teatro natural para las primeras conspiraciones. El huanuqueño don Gabriel Aguilar, que en sus viajes por Europa se había inspirado de las doctrinas revolucionarias de la Francia, se unió en 1805 al moqueguano don Manuel Ubalde para trabajar por la Independencia; lograron atraer a sus miras a un cacique, lisonjeándole con la expectativa de ocupar el imperio de sus mayores; y también participaron en la conspiración un regidor, algunos religiosos y otras personas de menos influencia. Los planes se hallaban todavía poco avanzados, cuando un pérfido que se lisonjeaba de contar entre los suyos, los delató a la audiencia, y aun tuvo la villanía de invitarlos a una conferencia, que espiaban ocultos los agentes del gobierno, quienes pudieron ser así testigos de las peligrosas confidencias. Descubierto el complot a fines de junio, se siguió lentamente el proceso hasta el 5 de diciembre, en que fueron ahorcados Aguilar y Ubalde, habiendo salido absueltos o condenados a diferentes penas otros acusados.

 

Sofocada en sus principios aquella conspiración, pasó casi desapercibida en el resto del Perú, que agradecía con entusiasmo la llegada de la expedición vacunadora, y dirigía su atención a la guerra con los ingleses. Los graves sucesos de la corte, y el levantamiento de la Península en 1808, colocaron al virrey en una situación difícil. De una parte los emisarios de los franceses venían a solicitar la adhesión del Perú al monarca intruso, casi al mismo tiempo que la princesa Carlota refugiada en el Brasil con los Reyes de Portugal abogaba por su propia causa; y de otra, los españoles al levantarse en defensa de su independencia formaban juntas provinciales. Los americanos no podían perder la ocasión de imitarles, dándose gobiernos propios a nombre del Rey cautivo, mientras en posesión de la autoridad se proclamaban también independientes. Los patriotas peruanos se ocupaban con interés de aquella situación, y entre otros el sabio Unanue conversaba con toda reserva en el colegio de San Fernando a cerca de la emancipación. Abascal, que le estimaba, sabedor de aquellas pláticas, le impuso silencio, absteniéndose de providencias severas. Los sucesos marchaban con demasiada precipitación para que el orden establecido pudiese conservarse con sólo las medidas de prudencia. En 1809 la Paz y Quito se levantaban en los confines del virreinato nombrando juntas para tener su gobierno propio. En Lima se propagaban las mismas ideas, y el peninsular Pardo se concertaba con varios peruanos para seguir aquel primer paso de Independencia. Mas sus tentativas fueron reprimidas fácilmente, a la vez que los movimientos de La Paz y Quito.

 

Todo se reunió en 1810 para dar un carácter más imponente y marcado a los pronunciamientos de la América española. Ocupada casi toda la Península por las armas francesas, faltaban a la metrópoli hasta las apariencias de fuerza y de derecho para imponer sus órdenes a los habitantes del Nuevo Mundo. La junta central, inspirada por sentimientos liberales y queriendo atraer a los americanos con lisonjeras promesas, reconocía de la manera más solemne la arbitrariedad de la anterior administración colonial y ponía la suerte de los pueblos en sus propias manos. El patriotismo americano no podía menos que sacar de semejante confesión la consecuencia lógica, que era el derecho a emanciparse. Por lo demás, en ambos continentes se propagaban rápidamente las ideas liberales, y la prensa comenzaba a establecer en los espíritus una independencia que pronto habría de traducirse en hechos. Por un impulso simultáneo, uniforme y tan espontáneo que en ninguna parte encontraba serias resistencias, como sucede a todos los movimientos providenciales, casi todas las capitales de la América española cambiaron el gobierno establecido con autoridades populares. Lima no permaneció indiferente a la deseada transformación; pero fuerzas respetables apoyadas en el imponente parque de artillería permitieron al bien quisto virrey impedir toda manifestación pública. Muchas personas de todo rango, que conspiraban en silencio, fueron envueltas en la persecución que se hizo al doctor Anchoris. Sin dejar de desplegar la suficiente energía, el prudente cuanto benévolo Abascal calmó mucha parte del descontento, reuniendo en el batallón de la Concordia indistintamente a peninsulares y americanos y fiándoles el sostenimiento del orden. Mas ni su prestigio, ni todos sus recursos eran bastantes para contener a los patriotas, que conspiraban en otros pueblos.

 

Primeros levantamientos.

Las tropas independientes de Buenos Aires, avanzándose en el Alto Perú, tenían levantados sus pueblos en 1811 hasta las orillas del Desaguadero. La varonil y entusiasta Tacna, aunque aislada entre los del Bajo Perú, no temió proclamar la causa de la patria el 20 de junio, poniendo a su cabeza al limeño don Francisco Antonio Zela, dotado de carácter enérgico y de sentimientos elevados. Mas el ejército argentino sufrió en aquel mismo día una gran derrota en los campos de Guaqui; una reacción inmediata sostenida por un destacamento realista de Arica puso a Zela en manos de las autoridades coloniales; y condenado a muerte, se le conmutó el último suplicio en el destierro al castillo de Chagres.

 

El espíritu de Independencia, sacando cada día nuevas fuerzas de los reveses, se generalizaba más y se mostraba bajo diferentes formas. En Lima se dio a conocer por el entusiasmo con que fue elegido y festejado un consejero de la regencia y en la frialdad con que se vio su salida, cuando se le creyó opuesto a la emancipación de su patria. Las discusiones y leyes que precedieron a la Constitución liberal de 1812 eran acogidas como otros tantos anuncios de libertad. Más ardiente, la ciudad de Huánuco proclamaba la Independencia en dicho año. Por desgracia confiaba su defensa a algunos reclutas venidos de la ceja de la montaña, que afligieron a la población con graves desórdenes, y fueron derrotados en las inmediaciones de Ambo por el intendente de Tarma. El vencedor exterminó a fuego y sangre a los vencidos, sacrificando como jefes del movimiento a los patriotas Castilla, Araos y Rodríguez. Al año siguiente hacía Tacna su segundo pronunciamiento, cuyo caudillo Pallardeli, derrotado a los pocos días en Camiara, se veía obligado a buscar su salvación en la fuga.

 

La causa del Rey se presentaba en 1813 bajo auspicios favorables. Los independientes de Buenos Aires, que en el año anterior habían conseguido el importante triunfo de Salta, sufrieron un contraste en VilcaPuquio. Chile iba a volver al yugo colonial por la victoria de Osorio en Rancagua. La España se sobreponía a la invasión y aspiraba a regenerarse bajo instituciones liberales. Algunos patriotas de Lima, que no deseaban precipitar los acontecimientos y veían la anarquía naciente en las provincias emancipadas, transigían con la dominación española en la que los peruanos principiaban a tomar parte. Halagábanlos la elección popular de los ayuntamientos, la incorporación de sus diputados a las cortes que llegó a presidir el limeño Morales, la extinción de la inquisición, en cuyo local desahogó la multitud iras inocentes, y la perspectiva de grandes reformas. Un amago de levantamiento ocurrido en el Cuzco a fines de año, había sido sofocado con algunas descargas de fusilería y la prisión de los cabecillas.

 

Revolución de Pumacahua.

Un movimiento que dominó rápidamente el Sur, casi hasta las puertas de Lima, vino a evidenciar que el deseo de Independencia se iba haciendo general e irresistible. El 3 de agosto de 1814 el distinguido patriota don José Angulo, que se hallaba preso por la conspiración del año anterior, unido a sus dos hermanos, el brigadier don Mateo Pumacahua, el cura Béjar, Mendoza y otros hombres entusiastas, pronunció el Cuzco sin la menor efusión de sangre; y con tan feliz éxito, que al decir del obispo «si Dios pone una mano en las cosas del mundo, en aquella revolución había puesto las dos». Todas las provincias vecinas se adhirieron espontáneamente al pronunciamiento. Un destacamento enviado a La Paz, que tenía por el Rey el marqués de ValdeHoyos, entró en la ciudad favorecido por sus habitantes, y el intendente junto con otros realistas fueron inmolados por un populacho sediento de venganza. Huamanga, hacia la que se dirigía Mendoza, fue pronunciada por las milicias acuarteladas y lamentó también algunos asesinatos. En Huancavelica se dejó sentir el movimiento, sin que ocurrieran sangrientos desórdenes. Ica y Jauja estaban conmovidas. En Lima principiaba a conspirarse. El 10 de noviembre era deshecha en la Pacheta cerca de Arequipa, la fuerza con que el intendente Moscoso y el brigadier Picoaga quisieron resistir a los patriotas comandados por Pumacahua. Los vencedores entraron en la ciudad que, si bien estaba todavía muy preocupada en favor del Rey, no pudo menos de admirar la moderación de soldados poco disciplinados que carecían de todo lo necesario. Para poner en mayores conflictos a los realistas, los independientes de Buenos Aires se avanzaban con fuerzas superiores contra el ejército del virreinato, que a las órdenes de Pezuela el vencedor de Vilca puguio, se veía obligado a retroceder. En el mismo campamento se preparaba a tomar las armas en favor de la patria el intrépido coronel Castro.

 

Todo se conjuró contra los patriotas. La llegada de algunas tropas europeas y la noticia de que el Rey se hallaba restablecido en el trono de sus mayores contuvieron a los conspiradores de la capital. Descubierta la conspiración de Castro quedó sofocada con la ejecución inmediata de su jefe. Los expedicionarios de Huamanga fueron derrotados en Huanta y Matará; el cabecilla Pacatoro asesinó a Mendoza y se pasó a los realistas. El general Ramírez, enviado por Pezuela desde el Alto Perú, entraba en La Paz tomando duras represalias por los pasados excesos, ejercía algunos rigores en Puno y bajaba a reforzarse en Arequipa. La muerte dada en el Cuzco a Picoaga y Moscoso, que eran estimados de los arequipeños, engrosó las filas realistas con algunos voluntarios, deseosos de vengarla. Tentativas de reacción, que se dejaban sentir en las provincias pronunciadas, paralizaron los esfuerzos de Pumacahua, que fue alcanzado por Ramírez el 11 de marzo de 1815, entre Humachiri y Cupi. Su gente era en número excesivo y no le faltaban ni la artillería, ni los caballos; pero no obstante los sacrificios del valor individual hubo de ceder a la superioridad de pericia, disciplina y armas.

 

El desapiadado vencedor no tardó en ejecutar a un sobrino del caudillo, al coronel Dianderas y al simpático auditor de guerra, joven Melgar, que era la esperanza del parnaso peruano. Pumacahua, aprisionado en su fuga por los vecinos de Sicuani que le odiaban de muerte por sus rigores en la no olvidada revolución de Tupac Amaru y en el reciente alzamiento, fue ejecutado en el mismo pueblo. Los Angulos y otros caudillos, aunque luchaban con denuedo, no pudieron sofocar la reacción estallada en el Cuzco a la aproximación de los vencedores. Los que en Puno y Larecaja defendían todavía la causa de la patria, sucumbieron también en la persecución de Ramírez, implacable con todos los jefes comprometidos.

 

Progresos de la opinión liberal.Ya creían los realistas asegurada la dominación colonial en la América española. Pezuela derrotaba en Viluma el nuevo ejército de Buenos Aires e impedía por mucho tiempo las expediciones al Alto Perú. Para no caer bajo el yugo se veían obligados los argentinos a desplegar heroicos esfuerzos; porque se aseguraba que de la Península venían a sujetarlos más de cuarenta mil soldados aguerridos en las campañas contra el Capitán del siglo. También se quería aterrar a los patriotas hablando de grandes aprestos navales contra todas las colonias sublevadas, de doscientos mil hombres que la paz peninsular permitía enviar a la América, y del apoyo que la santa alianza daría al Rey absoluto. Mas ya había pasado el tiempo en que ni por la razón ni por la fuerza pudiera diferirse el día de la emancipación. Un defensor de Abascal se veía obligado a escribir: «el coloso de la Independencia, firme entre las ruinas y miserables restos de los que le levantaron, y cercado de cadáveres y miembros mutilados, ha seducido a proporción de los estragos que ha causado; y el torrente de la devastación ha tronado con mayor fuerza en el instante mismo, en que parecía enteramente aniquilado y confundido». No podía ser de otro modo; una vez puesto en cuestión el coloniaje, el pueblo debía condenarlo instintivamente y los hombres pensadores por principios; las voces mágicas de Patria, Independencia y Libertad, hallaban eco en todas las almas; las víctimas marchaban al sacrificio con la serenidad de los mártires; sus compatriotas sólo pensaban en vengarlas; las derrotas en vez de producir el desaliento sólo animaban a pelear con más denuedo, mayor pericia y mejores armas; cada día se acrecía más la fe en el triunfo de una causa a la vez dulce y santa.

 

Como la dominación colonial sólo había logrado sostenerse apoyándose en el honor militar, los juramentos, las preocupaciones y en los intereses mal entendidos de los americanos, se ponía gran empeño y se confiaba mucho en la ilustración del pueblo; celosos misioneros de la Independencia recorrían las provincias; en las capitales se difundían ocultamente publicaciones fogosas y convincentes que cambiaban rápidamente la opinión. El régimen constitucional había favorecido singularmente este movimiento del espíritu público. La política retrógrada del Monarca, que perseguía de muerte a los liberales y quería imponer los desacreditados abusos, vino a hacer imposible toda ilusión acerca del gobierno colonial; ya no se podía confiar en que el Rey absoluto administrara a la América conforme a sus aspiraciones y al espíritu del siglo.

 

Los que sólo creen en la fuerza material pudieron todavía adormecerse con su soñado triunfo, pero sólo por poco tiempo. El gran ejército mandado por Morillo y recién llegado de la Península se enseñoreaba de Cartagena y otros pueblos patriotas, imponiendo al virreinato de Santa Fe y a Venezuela. Una escuadra enviada al Pacífico por los independientes de Montevideo se tiroteó sin éxito con los fuertes del Callao y se alejó de las costas del virreinato después de haber caído prisionero en Guayaquil su comandante Brown. Chile, que por la victoria de Chacabuco había recobrado su independencia en 1817, la vio comprometida el 19 de marzo de 1818 por la derrota de Cancharrayada. Mas los patriotas chilenos rehaciéndose con asombrosa rapidez y acaudillados por el entendido don José San Martín, emanciparon para siempre su patria con el triunfo de Maypú, alcanzado el 5 de abril siguiente a las puertas de Santiago. Libre Chile y seguro Buenos Aires de su independencia, se apresuraron a libertar al Perú por el interés común y cediendo a los votos ardientes de los patriotas peruanos. Es verdad que el virrey puso sus fuerzas en el pie de 23 mil hombres y acrecentó los demás medios de defensa, pero se traslucía en sus medidas la falta de confianza y de concierto que anuncia siempre la próxima ruina de los poderes en decadencia.

 

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