“UN MIL UN DESFALCOS COMETIDOS EN LAS EMPRESAS COMERCIALES”

“UN MIL UN DESFALCOS COMETIDOS EN LAS EMPRESAS COMERCIALES”

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“No obstante estimarse que los patronos en los Estados Unidos pierden anualmente quinientos millones de dólares por falta de honradez de los empleados, lo cierto es que en virtud de la selección del personal y por la inclinación natural la mayor parte del personal es honrado.

“la falta de honradez, tan vieja como la misma humanidad, no es un fenómeno de los tiempos actuales. Efectivamente, como las demás violaciones de los diez mandamientos, constituye una antigua lacra. El delincuente no es peculiar de determinada ciudad o clima o negocio, Por regla general no es delincuente típico. Ha desempeñado cargos de confianza y responsabilidad y ha gozado de confianza y responsabilidad y ha gozado de buena reputación.

“las observaciones de las presentes páginas provienen de un mil un casos de historias de desfalcos cometidos por empleados -hombres y mujeres- cuyo manejo después del escrutinio previo de su patrón y de la Compañía de Seguros, fue afianzado por esta Compañía. El transcurso del tiempo puso en evidencia que fue equivocado el concepto de que ellos se tuvo, lo cual demuestra la imposibilidad de predecir con absoluta certeza los futuros actos de toda persona.

“Como nuestros reaseguradores han examinado durante un año los antecedentes de cerca de 500.000 empleados, y en el curso de cuarenta años nuestro departamento de reclamos ha recibido diariamente más de cien denuncias por falta de honradez, presumimos que al hablar, lo estamos haciendo, si no con autoridad, por lo menos con experiencia.

“Por otra parte, además de que este estudio puede ayudar a muchas Compañías de Seguros que tienen establecido el seguro de manejo, juzgamos que también puede tener importancia como comentario acerca de las extravagancias humanas.
Retrato

“El desfalcador típico pertenece a la clase de los de “cuello blanco”. Su edad es de 36años. Es casado, con esposa y dos hijos. No es psicópata o persona de carácter débil, ni vive en vecindario donde el delito se ha propagado. Su educación ha sido buena. No es el empleado de sueldo más bajo en la empresa de su patrón, pero tampoco devenga el sueldo más alto. Sus amigos y muy a menudo su esposa, suponen que su remuneración es de US$300. Al mes o más. Sin embargo, el sueldo se aproxima a US$175 al mes.

“Ha hecho estudios de bachillerato. Vive con cierto confort. Tiene automóvil de segunda mano, sobre el cual está debiendo un saldo todavía. Sus viajes se han limitado a las vacaciones de fin de semana y a las que le corresponden después de determinados años de servicios. Es individuo simpático. Participa en actividades sociales y de la comunidad. Aficionado a las diversiones, le gusta la bebida, pero raramente lo hace durante las horas de trabajo.

“Vive en todos los estados de Norte América y en las provincias del Canadá, tanto en las ciudades grandes como en las ciudades pequeñas. Trabaja como empleado en toda clase de negocios. Es competente e inteligente. Ha desempeñado su puesto actual durante los últimos cinco años y medio. Su patrono tiene de él magnifico concepto y de su honradez. Es persona de absoluta confianza.

“En resumen, si se tiene en cuenta su pasado, es individuo de hábitos normales, con una reputación superior a la promedio y con perspectivas de excelente futuro. Sin embargo, se convierte en desfalcador.

“Ello puede originarse simplemente debido al hecho de que es un mediocre hombre de negocios, o a que obtiene o amplia los créditos sin prudencia. En algunas ocasiones no se beneficia directamente del delito.

“Puede suceder que sea excesivamente ambicioso y que esté manejando un negocio privado por su propia cuenta, simultáneamente con un empleo, negocio que le exige prestar dinero de los fondos del patrón.

“Es probable, igualmente, que haya llegado al convencimiento de que está siendo tratado sin justicia y de que tiene derecho a apropiarse de los bienes de su patrón. Por otra parte, el patrón puede ser descuidado en vigilar los actos de su empleado, y como consecuencia es irresistible la tentación permanente que asalta al subalterno.

“Es posible, asimismo, que en una u otra forma el empleado permita que sus deudas se acumulen y luego busca la manera de aliviar la presión de los acreedores pagándoles con el dinero de su patrón.

“El desfalcador típico es a menudo víctima de intranquilidades domésticas que lo llevan a gastar por sobre sus posibilidades. Es probable que tenga una esposa derrochadora. Los hijos pueden estar enfermos o tener el una familia ambiciosa con exigencias apremiantes que no puede satisfacer con el sueldo. Sus hijos pueden tener graves problemas sociales y económicos. Su esposa o él inclusive, pueden ser víctimas de la infidelidad.

Puede ocurrir además, que se exceda en la bebida, en el juego o en la especulación. En el 99% de los casos, según lo afirma el empleado, no ha hecho otra cosa que prestar dinero y negaría indignado que es un ladrón.

“El delincuente suele sostener que su primera sustracción se debió a grave enfermedad o pérdida económica y que su intención era prestar temporalmente el dinero y devolverlo rápidamente antes que el hecho se conociera.

“Como al final se descubre el ilícito, lo más probable es que el desfalcador típico se suicide o que confiese el delito en lugar de fugarse. Si se fuga, generalmente lo hace con una mujer distinta a su esposa.

“Cuando trata de vender los bienes de su propiedad para pagar, se encuentra que carece casi totalmente de ellos.

“Los mil y un casos que presentamos a continuación se tomaron al azar y representan un promedio bastante aceptable para este estudio.

“Los hechos que se analizan se refieren a empresas mercantiles e industriales. Incluyen manufacturas de máquinas textiles, muebles, diversas especialidades y ropa, productores de gasolina, aceites y alimentos, compañías de minas y maderas, empresas de automóviles y de cine, distribuciones, intermediarios y agencias de ventas.

“La lista incluye empleados de todas las categorías, desde un vigilante de almacén hasta el propio gerente. Muchos manejaban el dinero de sus patronos, al paso que un número notablemente elevado no lo hacía y desempeñaba puestos en los cuales la posibilidad de desfalco parecía remota. Como este estudio se limita a los desfalcadores comerciales, no presenta casos de empleados oficiales o del gobierno, ni de instituciones financieras.

Préstamos

“Pocos desfalcadores se conocen por el público y los hechos que se relatan a continuación pueden no coincidir con el criterio popular. Sin embargo, los 963 hombres y 38 mujeres que comprometieron a sus patronos en estos relatos de mil y un casos, fueron realmente desfalcadores y se llevaron más de seis millones de dólares.

“Los desfalcos estudiados no se refieren sólo a dinero sino también a bienes de otra naturaleza.

“Los 963 hombres robaron US$6.127.918.01. En promedio cada hombre robó US$6.363.02 y cada mujer US$4.129.42.

“Aunque los patronos tenían asegurados bajo fianza a sus empleados contra posibles desfalcos, las pérdidas sufridas, en la mayor parte de los caso, representaron un 90% más que la suma amparada por el seguro, lo que se considera suficiente. En total, las pérdidas excedieron el monto de los seguros en US$2.922.316.28. Esta cifra representa la pérdida de los patronos y es un índice de su error en la apreciación del riesgo de manejo.

La gran mayoría eran casados

“Entre los hombres, 798 o sea el 83% eran casados, 20 eran divorciados o separados y 4 eran viudos. De las mujeres, 17 eran solteras, una divorciada y 4 viudas.

“De los hombres 826 (el 86%) tenían personas a su cargo. El conjunto de esposas, hijos, parientes y padres que estaban sostenidos total o parcialmente por estos 826 hombres, excedía de dos mil personas. De las mujeres, 11 tenían personas que dependían de ellas.

Edades

“Entre los desfalcadores había jóvenes y viejos, el más joven de 18 años y el de más edad, de 85 años. La mayor parte de los desfalcadores oscila entre 30 y 40 años. En efecto, el 44% de los delincuentes tiene esa edad. El promedio de los hombres desfalcadores es de 36 años. El promedio de las mujeres excede ligeramente de 33 años. La más joven tenía 31 años y la mayor 53.

Sueldos

¿Estaban mal remunerados estos delincuentes ? A algunos se les pagaban comisiones o bien salarios y comisiones simultáneamente. El promedio por hombre, devengaba un sueldo de 175 dólares por mes. En las mujeres, el promedio era de 115 dólares por mes.

“A pesar de que la mayor parte eran empleados de plena confianza y de responsabilidad, los patronos ejercían vigilancia sobre ellos. En el 91% de los casos se practicaban arqueos periódicos de los fondos confiados a su manejo.
Períodos del desfalco

¿Qué período de tiempo cubrieron estos delitos ? En muchos casos sólo pocos meses. En otros se extendía a varios años. El promedio excede dos años y medio, En determinado número de casos, sumas valiosas de dinero fueron sustraídas en pocas semanas. Las investigaciones comprobaron ciertos casos en los cuales transcurrió un corto período de desfalco, seguido de varios años durante los cuales no se apropió un solo centavo. Durante estos períodos los desfalcadores trataron de ocultar los faltantes.

Duración del servicio

“Con anterioridad a este análisis, ningún estudio se había hecho para comprobar si en términos generales, los delincuentes eran empleados recientemente entrados al servicio o de larga duración. Las investigaciones revelan que en la mayor parte de los mil y un casos, se trataba de empleados antiguos en quienes se tenía plena confianza.

“La duración del servicio de los hombres, en promedio, se acerca a 9 años. En promedio, las mujeres habían estado trabajando con el mismo patrón durante 7 años. El 44 % de los hombres había permanecido empleados durante 10 años o más en la firma que sufrió la pérdida. Un hombre había servido casi media centuria y una mujer 22 años.

Cargos desempeñados

“Toda clase de puestos está representada entre los mil y un casos de desfalcos. Los hombres desempeñaban casi por igual empleos de oficina y por fuera. Las mujeres, con una excepción, trabajaban en la oficina.

Colusión

“¿El fraude fue cometido únicamente por el mismo delincuente ? Los antecedentes investigados muestran colusión en un 10% de los casos. Cuando se trata de mujeres, ellas fueron las principales responsables, pero otras se beneficiaron del ilícito. Es decir, el dinero se gastaba en beneficio de terceros a quienes la mujer desfalcadora les prestaba o les confiaba para diversos fines.

Desaparecimiento y fuga

“El número de desaparecidos es pequeño (un poco más del 2% del total). Se tiene que 22 hombres y 2 mujeres desaparecieron, antes o al mismo tiempo que su delito se descubría. Es rara la ocasión en que el empleado desfalcador tuvo la idea de fugarse cuando sustrajo el dinero por primera vez. Vale la pena destacar aquí el hecho, observando muchas veces, de que un desfalcador, cuando se descubre el delito, rara vez tiene en su poder parte del dinero sustraído.

Suicidios

“Un número mayor de delincuentes prefirió suicidarse, en lugar de fugarse. Hombres 28 y mujeres 2, se quitaron la vida antes o al tiempo de ponerse en evidencia el robo. Por lo demás, hubo cinco casos de muerte repentina, en los cuales el médico legista no profirió diagnóstico de suicidio. En otros veinte casos, los faltantes sólo se descubrieron después de haber fallecido el empleado, aparentemente de muerte natural.

Los motivos

“¿Cuáles causas indujeron al robo a estos hombres y mujeres ? ¿Que muestran los antecedentes investigados en relación con la causa de los desfalcos ?

“¿Fueron los motivos comúnmente conocidos los responsables de los desfalcos ? El siguiente cuadro pormenoriza las principales causas de los fraudes cometidos por hombres y mujeres :

Tabla de motivo del fraude

Hombres 

Venganza
Hijo ladrón
Chantaje
Ahorro para épocas críticas
Reembolso de dinero perdido
Esposas derrochadoras
Inversiones en otro negocio
Irresponsabilidad mental
Remuneración inadecuada
Enfermedad de las esposas o de los hijos
Especulación

Mujeres
Administración de negocios malos
Acumulación de deudas
Nivel de vida por encima de los recursos hab.
Juegos y bebidas
Temperamento criminal

 

Mujeres

Enfermedad en la familia
Personas a cargo
Inversión en otro negocio
Irresponsabilidad mental
Juego
Hombres
Acumulación de deudas
Nivel de vida exagerado

“En algunos casos hubo varias causas concurrentes, combinadas, como por ejemplo, el juego, el licor y las mujeres. Los grupos de la clasificación inicial (hombres), corresponden a las causas más sobresalientes.

“Los datos de las causas del fraude son por vía de aproximación bastante ciertos, pues no se ha tenido en cuenta la confesión del mismo delincuente sino el resultado de las investigaciones efectuadas por individuos expertos en la materia.

Conclusiones

“Las informaciones allegadas demuestran que la mayor parte de estos hombres y mujeres, hasta la época en que empezó el desfalco, llevaba una vida normal y absolutamente honrada. Sus antecedentes eran perfectamente irreprochables respecto de los empleos anteriores, tal como se había acreditado por las referencias obtenidas antes de asegurarlos en la póliza de manejo. Se trataba de empleados competentes. En sus empleos anteriores, habían estado sujetos a la tentación, pero no habían caído.

“Vivían y trabajaban entre gente honrada. Se les reputaba honorables y sus patronos no tenían razón alguna para desconfiar de ellos. Continuaron con sus hábitos normales y honestos, hasta después de la mitad de sus vidas. Eran personas casadas y sostenían a su familias por medio de trabajo honrado.

“Ciertamente, en razón de antecedentes, no tenían apariencia de personas criminales. El criminal típico es antisocial, débil mental o tarado físicamente. Sus hábitos difieren radicalmente de los del delincuente desfalcador. Por regla general no se asocia a compañeros honrados. No adquiere los hábitos de vida por medios honrados. No se casa. El estado conyugal es punto importante en la diferenciación del criminal típico, pues los archivos de las cárceles acreditan que los casados son la gran minoría. Mientras están en la cárcel, igualmente, la diferencia entre el desfalcador y el criminal típico es ampliamente conocida.

“Los desfalcadores son modelo de presos y son mirados con desprecio por los criminales profesionales, Los desfalcadores no reinciden, en tanto que los criminales ordinarios sí.

“Parece justo concluir por las circunstancias anteriormente relacionadas, que los hombres y mujeres que ocupaban empleos en cuyo desempeño incurrieron en fraude, eran personas honorables hasta la época del desfalco. No consideran ellos que estaban robando. Nunca piensan en la fuga, al contrario, tienen la sensación de estar tomando prestado el dinero y su intención es la de pagar. Cuando se apropian los fondos, confrontan una necesidad real o ficticia.

“Cierto número de situaciones típicas aparece en este análisis. Tal ocurre cuando se presenta una urgente necesidad del dinero, creada por emergencias imprevistas. Esta circunstancia, agregada a la oportunidad de cometer el desfalco, prueba que en la mayor parte de los casos se presenta una situación inexorable.

“No todo proviene de deudas que se han venido acumulando por el juego o por descuido o por mala fortuna. En estos casos el empleado toma el dinero de su patrono, hasta cuando su suerte cambie.

“Una tercera situación la crean los más ambiciosos, que desean o que ven la oportunidad de hacer dinero por medio de la especulación o bien inician un negocio por su propia cuenta, utilizando como capital el dinero de su patrón. En otros casos, el empleado contrae el hábito de vivir por encima de sus posibilidades económicas y adquiere aficiones que su sueldo no le permite satisfacer. Trata entonces de pagar esas aficiones costosas y sus nuevos hábitos o costumbres mediante cuotas o abonos periódicos, utilizando al patrón como sistema de financiación.

“La circunstancia de que algunas personas de tendencia evidentemente criminal aparezcan entre los mil y un casos analizados, su número verdaderamente reducido sirve únicamente para destacar aún mas el hecho de que la mayor parte de los delincuentes son personas calificadas como honorables.

“Al mismo tiempo, en el temperamento del desfalcador típico existe una debilidad moral que le impide resistir la tentación y las dificultades que otros afrontan con éxito. Examinando la Tabla de Motivos del Fraude, se observará que en la mayor parte de los casos las causas constituyen los riesgos ordinarios de la vida. Sin embargo, a pesar de que se miren con el espíritu más tolerante, estas personas fallaron cuando tuvieron que luchar con los riesgos cotidianos de la existencia, a que todos debemos hacer frente en mayor o menor grado.

“El hecho de que el promedio de edad de los delincuentes oscile entre los 30 y 40 años, puede servir de base para la opinión de quienes sostienen que estos desfalcadores fallaron en el período en que las dificultades de la vida eran mayores. Por otra parte, la misma circunstancia puede ser usada como argumento en favor de la teoría de quienes afirman que la guerra tuvo algo que ver con la delincuencia. En cuanto a la edad de los responsables indica también que, en muchos de los casos, éstos habían prestado el servicio militar en la contienda.

“Un rasgo común en cuanto al mayor número de estos infractores, es el hecho de que la mayor parte de ellos vivían por encima de sus condiciones económicas, situación que si la hubieran manejado con un poco más de cuidado, la probabilidad de haber llegado a ser delincuentes hubiera sido bastante remota.

“El fraude comenzó efectivamente cuando tomaron el primer dinero, por que sucesivamente de ahí en adelante aumentaron la frecuencia y cuantía de los desfalcos típicos, continuando de mal en peor y por lo tanto agravándose la situación hasta verse las personas comprometidas en el delito.

“Es evidente que los males no vienen solos. Casi todos los contraventores tuvieron necesidades y a ellas se adicionaron otras emergencias. Si uno de ellos usó el dinero para apostar en las carreras de un caballo que se reputaba como seguro ganador, el caballo perdió. Las acciones compradas con la esperanza de un alza repentina y rápida, bajaron de precio. Si se presentaron dificultades en la casa, ellas se agravaron. Si el empleado comenzó a llevar un género de vida exagerado, estos apetitos se desbordaron y ya no hubo manera de frenarlos. En circunstancias más favorables, estos desfalcadores quizá no hubieran cometido el delito a pesar de que en todos los casos, aparece manifiesta su tendencia más o menos acentuada a delinquir.

“Por último, la división entre los sexos, representados en los mil un casos de fraude (963 hombres y 38 mujeres), no puede tomarse como base para conclusiones en cuanto a la honradez de los hombres y de las mujeres. Hay ciertamente un menor número de mujeres empleadas y probablemente un menor porcentaje de ellas llega a ocupar puestos de responsabilidad. Por lo demás, las mujeres que alcanzaron tales posiciones están generalmente más vigiladas”.

Al respecto y en cuanto a las mujeres, cabe pensar que esta situación actualmente puede ser muy diferente, por el hecho de que hoy día, la mujer ha incursionado tremendamente en el campo laboral, con una tendencia creciente.

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