LA PERCEPCIÓN

LA PERCEPCIÓN

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1.1. Concepto
La percepción es el proceso por el que el individuo organiza una información abundante (estímulos) de acuerdo a pautas significativas. Mediante este proceso, digerimos una indigesta cantidad de datos, convirtiéndolos en conjuntos signifi¬cativos. Parte de este información procede de nuestro interior (hambre, apetito sexual, cansancio, vigor muscular, procesos mentales), parte del exterior, a través de receptores (ojos, oídos, piel, papilas gustativas, nariz). El cerebro recibe la información y la procesa. Aunque todos tenemos los mismos receptores, nuestra capacidad para utilizarlos varia mucho, al igual que nuestra capacidad para procesar datos. De aquí que el ciego deba desarrollar un soberbio sentido del olfato o una aguda capacidad auditiva. La pérdida de un sentido lleva al desarro¬llo de los otros.

1.2. La sensación es distinta de la percepción.
La sensación se refiere a la recep¬ción de la información. A diferencia de los ordenadores, el cerebro hace algo más que recibir la información. La interpreta y la convierte en pautas. Ese proceso es la esencia de la percepción. Se filtra la información innecesaria. Los seres huma¬nos no responden a lo que está ahí (o a lo que es real), sino a su versión filtrada de lo que está ahí, esto es, a lo que perciben. En este sentido, su percepción es selectiva. Para distorsionar aún más la realidad, los objetos grandes, brillantes, en movimiento, repetidos o que hacen ruido atraen más la atención y es más probable que sobrevivan a los filtros que los pequeños, apagados, quietos o no repetidos.

Los significados que damos a estos objetos no son intrínsecos a ellos, sino que los hemos aprendido mediante la experiencia y están influidos por nuestros objetivos del momento, nuestros valores y niveles de energía. De este modo, todos tenemos nuestro propio mundo perceptual, visto a través de los «ojos» del concepto, único, que tenemos de nosotros mismos. Y nuestra percepción de la realidad es «verdadera» para todos nosotros, hasta que recibimos datos en contrario. No es extraño que las diferencias entre los individuos haya dominado la investigación en sicología.

Sin embargo, para contrarrestar esta diversidad tenemos también las siguientes características comunes o compartidas: los mis¬mos sentidos de recepción, objetivos similares, experiencias recurrentes y cuestio¬nes y problemas recurrentes también. Y buena parte del comportamiento en las organizaciones depende y es percibido en base a estas similitudes.

Los acontecimientos u objetos recurrentes hacen que establezcamos pautas en nuestra mente. Los investigadores se refieren a ellas como actitudes, valores, creencias y opiniones. Cada una de ellas es un mecanismo de filtro más o menos estable. Las actitudes se ven, generalmente, como más estables, las opiniones son más variables, pero este es un lenguaje totalmente impuesto más que una refle¬xión de una cierta estabilidad inherente.

Las actitudes son la afirmación de una posición que tiene un individuo sobre un objeto, un acontecimiento, una persona o una creencia. A menudo se las considera compuestas de tres ingredientes: uno cognitivo (lo que creo, digamos, sobre la contaminación); uno afectivo (lo que siente sobre la contaminación); y otro de comportamiento (lo que estoy dispuesto a hacer sobre la contaminación).

Los valores son diferentes de las actitudes. Los investigadores los ven, generalmente, como preocupaciones bien asentadas sobre patrones. Las creencias se ven también diferentes (al menos para los investigadores); son proposiciones sobre el trabajo y la sociedad. Las opiniones se consideran menos estables que los valores y relacionadas con cuestiones menos importantes o pasajeras. Se cree que estos dispositivos reflejan algunos filtros del cerebro a través de los que se dirige la percepción. Algunas actitudes son positivas, otras negativas.

Algunos autores creen que la formación de la actitud depende de características personales. Se ha visto, por ejemplo, que la introversión y la extroversión están asociadas con la aceptación de actitudes favorables o desfavorables. Se ha descubierto que las personalidades autoritarias despliegan actitudes de hostilidad hacia los inferiores y rechazan a otras personas autoritarias por sus actitudes hacia la autoridad. Estas clases de teorías de los tipos de personalidad son difíciles de separar de las influencias en la infancia, especialmente dentro de los valores y creencias (adoptados y practicados) en el seno de la familia.

Cambiar las actitudes puede ser difícil. Los investigadores han identificado tres fuentes de cambios de actitud: conformidad (la nueva actitud se adopta con segundas intenciones); identificación (el hacerse miembro de un grupo requiere cambio) e interiorización (la nueva actitud se acepta como parte de un grupo de actitudes con el que el individuo puede vivir).

Y La disonancia cognitiva surge cuando son incoherentes dos o más cogniciones (comportamientos, actitudes, pensamientos, opiniones, sentimientos). Para la mayor parte de los directivos, por ejemplo, el echar a alguien no es una experiencia agradable. La disonancia entre el acto de «cargarse» a alguien y las creencias del directivo sobre el comportamiento aceptable o decente de un individuo hacia otro puede ser extremadamente penosa.
En el despido, el acto de expulsión puede suponer incluso una disonancia mayor y más dolora. («¿Cómo puede hacerme esto esta organización que predica seguridad y preocupación por los seres humanos?» «¡Qué estúpido fui al creer en la retórica de mi director sobre la preocupación por los valores humanos!».)

1.3. ¿Qué es la percepción y por qué es importante?
La percepción puede ser definida como un proceso mediante el cual los individuos organizan e interpretan sus impresiones sensoriales con el fin de darle significado a su ambiente. Sin embargo, como ya hemos mencionado, lo que uno percibe puede ser sustancialmente diferente de la realidad objetiva. No debería ser así, pero frecuentemente hay desacuerdos.

Por ejemplo, es posible que todos los empleados de una empresa puedan considerar a ésta como un gran lugar de trabajo condiciones favorables de trabajo, asignaciones de trabajo interesantes, buen salario y una administración responsable y comprensiva pero, como la mayoría lo sabemos, es muy raro encontrar ese consenso.

¿Por qué es importante la percepción en el estudio del CO? Simplemente porque el comportamiento de la gente está basado en su percepción de lo que es la realidad, no en la realidad en sí. El mundo, en la forma en que se percibe, es el mundo que es importante desde un punto de vista conductual.

1.4. Factores que influyen en la percepción
¿Cómo explicamos que los individuos pueden mirar la misma cosa e interpretarla de manera diferente? Distintos factores operan para modelar y algunas veces distorsionar la percepción. Estos factores pueden residir en el perceptor, en el objeto o blanco que se percibe o en el contexto de la situación en que la percepción tiene lugar.

1.4.1. El perceptor
Cuando un individuo observa un blanco y trata de interpretar lo que ve, esa interpretación está fuertemente influida por las características personales del preceptor individual. ¿Se ha comprado usted un automóvil nuevo para, de repente, notar que hay un gran número de automóviles como el suyo? Es poco probable que ese número haya aumentado de un momento a otro. Más bien, su propia compra ha influido en su percepción, por lo que ahora es más probable que los note.

Éste es un ejemplo de la forma en que los factores relacionados con el perceptor influyen en lo que éste percibe. Entre las características personales más destacadas que afectan la percepción están las actitudes, los motivos, los intereses, la experiencia anterior y las expectativas.

Sandra es partidaria de los grupos pequeños porque le gusta formular muchas preguntas a sus maestros. Scott prefiere las conferencias en grupos grandes. Rara vez formula preguntas y prefiere el anonimato que da el perderse entre un montón de personas. En el primer día de clases de este trimestre, Sandra y Scott se encuentran camino al auditorio de la universidad para su primer curso introductorio a la psicología. Ambos saben que en esa clase estarán entre unos 800 estudiantes. Pero, dadas las diferentes actitudes de Sandra y Scott, no es de sorprender que interpreten lo que ven de diferente manera. Sandra se pone de mal humor, en tanto que la sonrisa de Scott revela su alivio de poder pasar inadvertido en ese gran auditorio. Ambos ven lo mismo, pero lo interpretan de manera diferente. Una razón fundamental es que tienen actitudes divergentes en relación con los grupos grandes.

Las necesidades o motivos insatisfechos estimulan a los individuos y pueden ejercer una fuerte influencia en sus percepciones. Esto quedó demostrado de manera dramática en la investigación sobre el hambre. Los individuos del estudio habían dejado de comer por diferentes lapsos. Algunos habían comido una hora antes; otros habían dejado de comer durante 16 horas.

A estos sujetos se les mostraron cuadros borrosos y los resultados indicaron que el grado de hambre influyó en la interpretación de los mismos. Los que no comían desde hacía 16 horas percibieron las imágenes borrosas como imágenes de comida con mucha mayor frecuencia que aquellos sujetos que habían comido sólo poco tiempo antes.

El mismo fenómeno también tiene aplicaciones en el contexto organizacional. Por ejemplo, no sería sorprendente encontrar que un jefe inseguro perciba los esfuerzos de un subordinado para realizar un trabajo destacado como una amenaza para su propia posición. La inseguridad personal puede transferirse en la percepción de que los demás están ahí «para quitarle a uno el trabajo», independientemente de la intención de los subordinados. De igual manera, la gente tortuosa tiene la tendencia a ver a otros también como tortuosos.

No debe sorprendernos que sea más probable que un cirujano plástico advierta los defectos de una nariz que un plomero. Es más probable que la supervisora que acaba de ser regañada por su jefe por el alto nivel de retardos de su personal se dé cuenta mañana del retraso de uno de sus empleados que la semana anterior. Si usted está preocupado con un problema personal, puede resultarle difícil poner atención a la clase.

Estos ejemplos ilustran que el foco de nuestra atención parece estar influido por nuestros intereses. A causa de que nuestros intereses individuales difieren considerablemente, lo que una persona observa en una situación puede ser distinto de lo que otras personas perciben.

Así como los intereses estrechan el foco de atención de uno mismo, las experiencias pasadas tienen el mismo efecto. Uno percibe aquellas cosas con las que se puede relacionar. Sin embargo, en muchos casos las experiencias pasadas actuarán para nulificar el interés de un objeto.

Son más perceptibles los objetos o hechos que nunca antes se han experimentado que aquellos que sí se han experimentado en el pasado. Es más probable que uno perciba una máquina que nunca antes había visto, que un archivero estándar exactamente igual a los cientos que se han visto antes. De manera similar, es más probable que uno perciba las operaciones de una línea de ensamble si se trata de la primera vez que se ha visto una línea de ensamble.

A fines de los años sesenta y principios de los setenta, las mujeres y las minorías eran muy visibles en los puestos gerenciales, porque esos puestos eran la posición histórica de los varones blancos. En la actualidad, dichos grupos están más ampliamente representados en las filas de administradores, de modo que es menos probable que se note una gerente afroestadounidense, asiaticoestadounidense o latina.

Por último, las expectativas pueden distorsionar la percepción en la medida en que uno ve lo que espera ver. Si uno espera que los policías sean autoritarios, que los jóvenes carezcan de ambiciones, que a los directores de personal «les guste la gente», o que los individuos que tienen puestos públicos tengan «hambre de poder», puede percibirlos de hecho de esa manera, independientemente de sus características reales.

1.4.2. El blanco
Las características del blanco que se está observando pueden afectar lo que se percibe. Es más probable que se perciba en un grupo a la gente ruidosa que a la gente quieta. Así pasa, también, con los individuos extremadamente atractivos o poco atractivos. El movimiento, el sonido, el tamaño y otros atributos del blanco modelan la forma en que lo vemos.

Puesto que no observamos los blancos en aislamiento, la relación de un blanco con su entorno influye en la percepción, como también lo hace nuestra tendencia a agrupar cosas que son similares o cercanas entre sí.

Lo que vemos depende de la forma en que separamos una figura de su entorno general. Por ejemplo, lo que usted ve cuando lee esta oración son letras negras sobre una página blanca. No ve figuras blancas y negras de forma curiosa, porque usted reconoce dichas formas y organiza las figuras negras contra el fondo blanco.
Los objetos cercanos entre sí tenderán a ser percibidos juntos, más que en forma separada. Como resultado de la proximidad física o temporal, solemos agrupar los objetos o hechos que no tienen relación entre sí. Los empleados de determinado departamento son visualizados como un grupo.

Si renuncian de repente dos personas de un departamento de cuatro miembros, tendemos a suponer que su salida estaba relacionada aunque, de hecho, no tengan absolutamente nada que ver. El tiempo también puede implicar dependencia cuando, por ejemplo, se designa un nuevo gerente de ventas en cierto territorio y, poco después, las ventas se disparan allí. La designación del gerente y el incremento en las ventas pueden no estar relacionados el incremento puede deberse a la introducción de una nueva línea de productos o a alguna de muchas otras razones pero hay la tendencia a percibir los dos hechos como relacionados.

Personas, objetos o hechos similares unos a otros también tienden a que se les agrupe. Cuanto mayor sea el parecido, mayor será la probabilidad de que los percibamos como un grupo común. Las mujeres, los negros o los miembros de cualquier otro grupo que tenga características claramente distinguibles en términos de raza o color, tenderán a ser percibidos como iguales en otras características no relacionadas.

1.4.3. La situación
Es importante el contexto en que vemos los objetos o hechos. Los elementos del entorno circundante influyen en nuestras percepciones.

Tal vez no advierta la presencia de una mujer de 25 años en traje de noche, con mucho maquillaje, en un club nocturno el sábado por la noche. Sin embargo, esa misma mujer, vestida de la misma forma en mi clase de administración del lunes por la mañana, ciertamente llamaría mi atención (y la del resto de la clase). Ni el perceptor ni el blanco cambiaron entre el sábado por la noche y el lunes por la mañana, pero la situación es diferente.
De manera similar, es más probable que usted observe que sus subordinados están perdiendo el tiempo si su jefe de la oficina matriz está en la ciudad. De nuevo, la situación afecta su percepción. El momento en que se ve un objeto o hecho puede influir en la atención, del mismo modo que el lugar, la luz, el calor, o cualquier otro factor situacional.

1.5. Percepción de la persona: formulación de juicios acerca de otros
Ahora pasamos a la aplicación más apropiada del concepto de percepción para el CO: el tema de la percepción de las personas.

1.5.1. Teoría de la atribución
Nuestras percepciones de la gente difieren de las percepciones de objetos inanimados como escritorios, máquinas o edificios, porque hacemos inferencias acerca de las acciones de la gente que no hacemos acerca de los objetos inanimados. Los objetos no vivientes están sujetos a las leyes de la naturaleza, pero no tienen creencias, motivos ni intenciones. La gente sí. El resultado es que cuando observamos a la gente, procuramos desarrollar explicaciones de las razones de sus comportamientos determinados.

Por tanto, nuestra percepción y el juicio de las acciones de una persona estarán influidos de manera significativa por los supuestos que efectuamos acerca del estado interno de la misma.

Se ha propuesto la teoría de la atribución para explicar las diferentes formas en que juzgamos a las personas, de acuerdo con el significado que atribuimos a un comportamiento determinado. Básicamente, esta teoría sugiere que cuando observamos el comportamiento de un individuo, intentamos determinar si fue ocasionado interna o externamente. Sin embargo, esa determinación depende, en gran parte, de tres factores:
(1) La distintividad;
(2) El consenso; y
(3) La consistencia.

En primer lugar, aclaremos las diferencias entre las causas internas y las externas y luego formulemos cada uno de los tres factores determinantes.

El comportamiento causado internamente es aquel que se cree que está bajo el control personal del individuo. Se considera que el comportamiento ocasionado externamente es el resultante de causas externas; es decir, se ve que la persona está obligada a seguir ese comportamiento por la situación. Si uno de sus empleados llega tarde al trabajo, usted podría atribuir su retraso a haber estado de fiesta hasta altas horas de la madrugada y luego quedarse dormido.

Esto sería una atribución interna. Pero si atribuye su llegada tarde a un fuerte accidente automovilístico que detuvo el tránsito del camino que utiliza dicho empleado, usted estaría formulando una atribución externa.

El carácter distintivo se refiere al hecho de que una persona muestre comportamientos diferentes en distintas situaciones. ¿Es el empleado que hoy llegó tarde el mismo que es fuente de quejas de sus compañeros por ser flojo? Lo que deseamos saber es si este comportamiento es desusado o no. Si lo es, es probable que el observador asigne a ese comportamiento una atribución externa.

Si esta acción no es desusada, es probable que se le juzgue como interna. Si todo aquel que confronta una situación similar responde de la misma manera, podemos decir que el comportamiento muestra consenso. El comportamiento de nuestro empleado rezagado satisfaría este criterio si todos los empleados que tomaron la misma ruta hacia el trabajo también llegaron tarde. Desde un punto de vista de atribución, si el consenso fue grande, se esperaría que usted diera una atribución externa a la tardanza del empleado, mientras que, si otros empleados que tomaron la misma ruta llegaron a tiempo al trabajo, su conclusión acerca de la causa sería interna.

Por último, un observador busca consistencia en las acciones de una persona. ¿Responde la persona en la misma forma a lo largo del tiempo? Llegar diez minutos tarde al trabajo no se percibe en la misma forma para la empleada para quien es un caso desusado (no ha llegado tarde durante varios meses), que para la empleada para la cual es parte de un patrón rutinario (llega tarde regularmente dos o tres veces por semana). Cuanto más consistente es el comportamiento, más está inclinado el observador a atribuirlo a causas internas.

Por ejemplo, nos diría que si su empleada Kim Randolph por lo general se desempeña aproximadamente al mismo nivel en otras tareas relacionadas a como lo hace en su puesto actual (poca distintividad), si otros empleados suelen desempeñarse en forma difetual (bajo consenso) y si el desempeño de Kim en su puesto actual es consistente en el curso del tiempo (gran consistencia), es probable que usted o cualquiera otra persona que esté juzgando el trabajo de Kim la haga responsable principalmente de su desempeño en el puesto (atribución interna).

Uno de los resultados más interesantes de la teoría de la atribución es que existen errores o prejuicios que distorsionan las atribuciones. Por ejemplo, hay una considerable evidencia que sugiere que cuando formulamos juicios acerca del comportamiento de otras personas, tendemos a subestimar la influencia de factores externos y a sobreestimar la influencia de factores internos o personales.

A esto se le llama el error fundamental de atribución y puede explicar por qué un gerente de ventas es propenso a atribuir a la pereza el pobre desempeño de sus agentes, en lugar de atribuirlo a la línea de productos innovadores que introdujo un competidor. Los individuos tienden a atribuir sus propios éxitos a factores internos, como la habilidad o el esfuerzo, al mismo tiempo que culpan de si fracaso a factores externos como la suerte.

A esto se le llama sesgo de autobeneficio y sugiere que es predecible que la retroalimentación proporcionada a los empleados en las revisiones de desempeño sea distorsionada por los receptores, de acuerdo con el hecho de que sean positivas o negativas. ¿Son universales en diferentes culturas estos errores o prejuicios que distorsionan las atribuciones? Aunque no podemos responder de manera categórica, dicha pregunta, la investigación preliminar indica que hay diferencias culturales.

Por ejemplo, un estudio acerca de administradores coreanos encontró que, en contra de la propensión al sesgo de autobeneficio, éstos tendían a aceptar la responsabilidad del fracaso del grupo «porque yo no fui un líder capaz», en lugar de atribuirla los miembros del grupo. La teoría de la atribución se desarrolló en gran parte del Estados Unidos, con base en experimentos con estadounidenses. Pero el estudio coreano sugiere que es necesario ser cautos al formular predicciones a partir de 1a teoría de la atribución fuera de Estados Unidos, especialmente en países con un, fuerte tradición de colectivismo.

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