LA GUERRA DE VIETNAM

LA GUERRA DE VIETNAM

Spread the love

1.1. VIETNAM (1945-1954)
La guerra se desarrolló como una secuela de la guerra de Indochina (1946-1954), librada entre Francia (la potencia colonial hegemónica en la región antes del inicio de la II Guerra Mundial) y el grupo comunista Vietminh (o Liga por la Independencia de Vietnam), fundado y dirigido por el líder revolucionario Ho Chi Minh. Tras emerger como el más poderoso de los grupos nacionalistas que combatieron a los ocupantes japoneses de la Indochina francesa durante la II Guerra Mundial, el Vietminh estaba determinado a oponerse al restablecimiento del dominio colonial francés y llevar a cabo reformas sociales y políticas.

Tras la rendición de Japón en 1945, la guerrilla del Vietminh ocupó Hanoi, capital del país y forzó la abdicación del emperador Bao-Dai. El 2 de septiembre la guerrilla proclamó la independencia de la República Democrática del Vietnam (Vietnam del Norte), bajo la presidencia de Ho Chi Minh. Francia reconoció oficialmente al nuevo Estado, pero la imposibilidad de lograr acuerdos políticos y económicos satisfactorios entre el Vietminh y Francia condujo al enfrentamiento armado, que se inició en diciembre de 1946. Con el respaldo de Francia, Bao-Dai instauró el reino de Vietnam (Vietnam del Sur) el 1 de julio de 1949 y fijó la nueva capital en Saigón (actualmente Ciudad de Ho Chi Minh).

 

Estados Unidos reconoció oficialmente al régimen de Saigón en 1950 y el presidente Harry S. Truman envió un grupo de asesores militares para entrenar a los survietnamitas en el manejo del armamento estadounidense. Entre tanto, Francia y el Vietminh iniciaron el conflicto, cuya batalla decisiva tuvo lugar en la primavera de 1954 cuando el Vietminh ocupó la base francesa de Dien Bien Phu, en el norte de Vietnam el 8 de mayo, tras 55 días de asedio.

 

Ese mismo día los delegados de Vietnam del Norte y del Sur se reunieron en Ginebra con los de Francia, Gran Bretaña, la URSS, Estados Unidos, China, Laos y Camboya, para discutir el futuro de toda Indochina. Según los acuerdos de la Conferencia de Ginebra, Francia y Vietnam del Norte firmaron una tregua; se acordó la división temporal del país tomando el paralelo 17 como línea de separación: Vietnam del Norte quedó bajo el régimen comunista y Vietnam del Sur en manos del Gobierno de Saigón; también se estipuló en 1956 la celebración de elecciones para la reunificación del país.

Ni Estados Unidos ni Vietnam del Sur aceptaron los acuerdos de Ginebra. Una vez que Francia se hubo retirado de Vietnam, Estados Unidos decidió ayudar militarmente al régimen de Saigón y llevó a cabo actividades encubiertas contra el gobierno de Hanoi. El 24 de octubre de 1954, el presidente estadounidense Dwight D. Eisenhower ofreció ayuda económica directa a Vietnam del Sur y en el siguiente mes de febrero se enviaron asesores militares para entrenar a las tropas survietnamitas.

El apoyo estadounidense al gobierno de Saigón continuó incluso después de que Bao-Dai fuera depuesto tras la celebración de un referéndum el día 23 de octubre de 1955 y se proclamara la República de Vietnam con Ngô Dinh Diêm como presidente. Diêm anunció que su gobierno se negaba a celebrar las elecciones para la reunificación con el argumento de que la población del Norte no sería libre para expresar su deseo y ante la probabilidad de un fraude electoral.

 

 

1.2. LOS INICIOS DEL NUEVO CONFLICTO
La postura adoptada por Diêm obtuvo el respaldo de Estados Unidos. El gobierno comunista de Hanoi proclamó, no obstante, su firme propósito de reunificar el país bajo su hegemonía. El alto el fuego pactado en Ginebra comenzó a resquebrajarse y hacia enero de 1957 la Comisión Internacional de Control, creada para la aplicación de los acuerdos de Ginebra, denunció las violaciones del armisticio cometidas tanto por Vietnam del Norte como por Vietnam del Sur. A lo largo de ese año los simpatizantes comunistas que habían emigrado al Norte tras la división del país comenzaron a regresar al Sur. Estos activistas constituyeron el Vietcong (abreviación de Vietnam Congsan, en vietnamita, ‘Vietnam rojo’) y empezaron a realizar sabotajes contra instalaciones militares estadounidenses; en 1959 iniciaron sus ataques guerrilleros contra el gobierno de Diêm.

Los ataques se intensificaron en 1960, año en que Vietnam del Norte proclamó su intención de «liberar Vietnam del Sur del yugo opresor de los imperialistas estadounidenses y de sus secuaces», lo que reforzó la creencia de que el Vietcong estaba siendo dirigido desde Hanoi. El 10 de noviembre, el gobierno de Saigón denunció que tropas regulares norvietnamitas estaban tomando parte directa en las acciones del Vietcong en Vietnam del Sur. Sin embargo, para demostrar que el movimiento guerrillero era independiente, el Vietcong creó su propio brazo político, llamado Frente Nacional de Liberación (FNL), con cuartel general en Hanoi.

 

 

1.3. TURBULENCIA SOCIAL Y POLÍTICA EN VIETNAM DEL SUR
En abril de 1961 Estados Unidos firmó un tratado de amistad y de cooperación con Vietnam del Sur y en diciembre el presidente estadounidense John F. Kennedy se comprometió con Vietnam del Sur para ayudarle a mantener su independencia, lo que se plasmó en la llegada a Saigón de las primeras tropas estadounidenses, aunque se manifestó que no eran unidades de combate. Un año más tarde el contingente estadounidense en territorio survietnamita se elevaba a 11.200 soldados.

Entretanto, el gobierno pro-católico de Diêm era incapaz de derrotar a los comunistas y de hacer frente al creciente malestar existente entre los budistas vietnamitas (muchos de los cuales se quemaron vivos en señal de protesta) y otros grupos religiosos. El gobierno denunció la infiltración de comunistas entre los grupos budistas.

El 1 de noviembre de 1963 un golpe de Estado militar puso fin al régimen de Diêm quien, en compañía de su hermano y asesor político Ngô Dinh Nhu fueron ejecutados.

El gobierno que sustituyó al régimen de Diêm fue un Comité Provisional dirigido por el antiguo consejero militar presidencial Duong Van Minh. Pero la inestabilidad política continuaba: en los dieciocho meses siguientes al derrocamiento de Diêm, Vietnam del Sur tuvo diez gobiernos diferentes y ninguno de ellos fue capaz de hacer frente a la situación militar del país. Por fin en 1965 se formó un Consejo Director Nacional presidido por los generales Nguyên Van Thieu y Nguyên Cao Ky que restauró el orden político. Dos años más tarde, en 1967, se celebraron elecciones y Thieu resultó elegido presidente de la República de Vietnam del Sur.
1.4. AUMENTO DE LA INTERVENCIÓN ESTADOUNIDENSE
Gran parte de la guerra de Vietnam careció de frentes bélicos definidos y se caracterizó por los ataques relámpago. A principios de la década de 1960 comenzaron a infiltrarse tropas norvietnamitas en Vietnam del Sur para ayudar al Vietcong. Los suministros que la URSS y China enviaban a Hanoi eran, a su vez, trasladados al sur a través de la llamada ‘Ruta de Ho Chi Minh’. La escalada de la guerra aumentó en la primera semana de agosto de 1964 cuando lanchas torpederas norvietnamitas atacaron a dos destructores estadounidenses en el golfo de Tonkín. Previa aprobación del Senado estadounidense, el presidente Lyndon B. Johnson envió reactores a Vietnam del Sur y ordenó bombardeos de represalia sobre objetivos militares en Vietnam del Norte. Desde 1964 hasta 1968 el general William C. Westmoreland desempeñó el cargo de comandante en jefe de las tropas estadounidenses destacadas en Vietnam del Sur; fue reemplazado por el general Creighton Abrams.

En febrero de 1965 aviones estadounidenses iniciaron sus bombardeos regulares sobre Vietnam del Norte. En mayo se ordenó su paralización con la esperanza de iniciar conversaciones de paz, pero al rechazar Vietnam del Norte todo tipo de negociación, se reanudaron los bombardeos. La presencia militar estadounidense fue creciendo en Vietnam progresivamente, hasta que a finales de la guerra, la fuerza de combate estadounidense ascendía a unos 200.000 soldados.
En diciembre de 1965 el presidente Johnson cesó de nuevo los ataques aéreos contra Vietnam del Norte en un esfuerzo por lograr un acuerdo de paz; tras su fracaso se reanudaron las incursiones aéreas; en junio de 1966 los aviones estadounidenses comenzaron a bombardear grandes instalaciones militares en las proximidades de Hanoi y el puerto de Haiphong, que hasta entonces habían sido respetados.

En octubre de 1966 representantes de Estados Unidos, Australia, Nueva Zelanda, Tailandia, Corea del Sur y Filipinas (países que habían enviado tropas a Vietnam del Sur) se reunieron en Manila y se comprometieron a retirarse en un plazo de seis meses si Vietnam del Norte cesaba sus ofensivas, pero la oferta fue rechazada por las autoridades norvietnamitas. En junio de 1967 el presidente Johnson se entrevistó con el dirigente soviético Alexéi Nikoláievich Kosiguin en un intento de obtener su ayuda para iniciar negociaciones de paz con el gobierno de Hanoi. A pesar de ello, la guerra siguió.

Dos meses después de ese encuentro, Johnson incrementó el traslado de tropas estadounidenses y la Fuerza Aérea extendió sus bombardeos sobre Vietnam del Norte hasta zonas situadas a 16 kilómetros de la frontera con China. El conflicto continuó y el balance de la guerra, en pérdidas humanas y en costes económicos crearon un sentimiento de repulsa en gran parte de la opinión pública de Estados Unidos que pedía el fin de la guerra.

 

 

1.5. LA OFENSIVA DEL TÊT
Desde febrero de 1965 hasta el final de la intervención estadounidense en 1973 el ejército survietnamita combatió principalmente contra la guerrilla del Vietcong, mientras que las tropas estadounidenses y aliadas lo hicieron contra el ejército norvietnamita en una guerra de desgaste caracterizada por batallas como las del valle de Ia Dang, Dak To, Loc Ninh y Khe Sanh (todas ganadas por las tropas no comunistas). Durante la campaña de 1967-1968 el general norvietnamita Vô Nguyên Giap desencadenó la denominada ofensiva del Têt, una serie coordinada de ataques contra más de cien objetivos urbanos. A pesar de su devastador efecto psicológico esta campaña fracasó y las tropas del Vietcong fueron desalojadas de la mayor parte de las posiciones que habían ocupado.

A inicios de la primavera de 1968 el gobierno estadounidense, presionado por la opinión pública, había llegado a la conclusión de que la guerra no se podría ganar. El 31 de marzo el presidente Johnson anunció la paralización de los bombardeos sobre Vietnam del Norte, gesto que encontró una respuesta positiva de Hanoi y en mayo se iniciaron las conversaciones de paz en París entre Estados Unidos, Vietnam del Norte, Vietnam del Sur y el Frente Nacional de Liberación del Vietcong, cuyos primeros resultados fueron negativos, a pesar de que las incursiones aéreas estadounidenses habían cesado por completo en noviembre.

 

 

1.6. VIETNAMIZACIÓN DE LA GUERRA (1969-1971)
En 1969, pocos meses después de suceder a Johnson, el presidente estadounidense Richard Nixon anunció la retirada de 25.000 soldados de Vietnam para el mes de agosto de 1969; a finales de ese año se ordenó la evacuación de otros 65.000 hombres, tendencia que se acentuó cuando el presidente Nixon insistió en las responsabilidades de los survietnamitas. Sin embargo, ni la reducción de las tropas estadounidenses ni la muerte de Ho Chi Minh sirvieron para superar el estancamiento de las negociaciones de París. Los delegados de Vietnam del Norte continuaron insistiendo en la retirada completa de Estados Unidos como condición indispensable para firmar la paz.

En abril de 1970 unidades de combate estadounidenses penetraron en Camboya tras un golpe de Estado protagonizado en ese país por Lon Nol. La actividad militar estadounidense en Camboya finalizó tres meses después, pero se reanudaron los ataques aéreos sobre Vietnam del Norte.

En 1971 el ejército survietnamita combatía, además de en su territorio, en Laos y en Camboya. En este punto del conflicto las negociaciones de París y la guerra misma quedaron ensombrecidas por las elecciones presidenciales que habían de celebrarse en Vietnam del Sur; los principales candidatos eran Nguyên Van Thieu, el vicepresidente Nguyên Cao Ky y el general Duong Van Minh; pero estos dos últimos se retiraron tras denunciar fraudes electorales, por lo que Thieu fue reelegido para otros cuatro años.

La progresiva retirada estadounidense continuó a lo largo de los últimos meses de 1971. Este proceso coincidió con una nueva concentración de tropas en Vietnam del Norte, en lo que parecía ser los preparativos de una gran incursión hacia Laos y Camboya a través de la Ruta Ho Chi Minh. Estados Unidos respondió con masivos bombardeos en toda el área, en tanto que las fuerzas comunistas vietnamitas desencadenaron importantes ofensivas terrestres contra las tropas gubernamentales de Vietnam del Sur, Camboya y Laos. Se temió además que Hanoi pudiera iniciar otra gran ofensiva hacia las tierras altas centrales de Vietnam del Sur durante la observancia del Têt.

 

 

1.7. CONTROVERSIA EN ESTADOS UNIDOS
Antes de que se iniciara la retirada, el Ejército estadounidense llegó a tener destinados en Vietnam del Sur, en 1969, unos 541.000 soldados. En Estados Unidos, a medida que aumentaba la intervención militar del país, la guerra se había convertido en una cuestión cada vez más polémica. Se desarrollaron movimientos pacifistas que cobraron gran auge y organizaron en las grandes ciudades marchas y manifestaciones de protesta contra la guerra. La divulgación de las atrocidades cometidas por tropas estadounidenses en Vietnam aceleró el desarrollo del movimiento pacifista.

La controvertida publicación de los llamados ‘Papeles del Pentágono’ (documentos reservados del gobierno estadounidense relativos a la situación vietnamita) espoleó la oposición a la participación de Estados Unidos en la guerra de Vietnam.

 

 

1.8. EL ESTANCAMIENTO DE LAS NEGOCIACIONES
El 25 de enero de 1972 el presidente Nixon detalló públicamente las numerosas propuestas que su gobierno había presentado en secreto a los norvietnamitas durante los dos últimos años y medio. Al mismo tiempo desveló un nuevo plan de paz de ocho puntos en el que se hacía constar la celebración de nuevas elecciones presidenciales en Vietnam del Sur.

Al plan de Nixon le siguió un plan de paz por parte del Vietcong en julio de 1971 en el que se exigía la inmediata dimisión del presidente Thieu, a la que seguirían negociaciones con el gobierno de Saigón una vez que éste hubiera abandonado lo que el Vietcong describía como política belicista y represiva. Igualmente, la delegación norvietnamita en París anunció que liberaría a los prisioneros de guerra estadounidenses sólo después que Estados Unidos retirara su apoyo al régimen de Thieu y finalizara su intervención en la guerra.

Las tropas survietnamitas, entre tanto, llevaron a cabo tres incursiones en Camboya durante el mes de febrero de 1972. Las conversaciones de paz se rompieron el 23 de marzo.

 

 

1.9. LA OFENSIVA DE QUANG TRI
Una semana más tarde el curso de la guerra dio un giro trágico cuando el 30 de marzo Vietnam del Norte desencadenó una gigantesca ofensiva en el Sur, a través de la zona desmilitarizada, sobre la provincia de Quang Tri. En abril Estados Unidos respondió con la primera incursión aérea, desde 1967, sobre el Norte.
El 8 de mayo el presidente Nixon ordenó minar la mayor parte de los puertos de Vietnam, especialmente el de Haiphong, con el fin de cortar las rutas de suministros enemigas, y los ataques aéreos se dirigieron contra las líneas ferroviarias norvietnamitas causando serios problemas económicos. La ciudad de Quang Tri, tras estar ocupada por los comunistas durante cuatro meses y medio, fue reconquistada por las tropas survietnamitas el 15 de septiembre.

 

 

1.10. LA NUEVA ESCALADA DEL CONFLICTO
A partir del 8 de octubre se celebraron reuniones secretas de paz en París entre Henry Kissinger, asesor del presidente de Estados Unidos para asuntos de la seguridad nacional, y el delegado norvietnamita Le Duc Tho.

Se logró un avance en las negociaciones cuando, por vez primera, Vietnam del Norte aceptó un plan de paz en el que se distinguían la solución militar de la guerra y el arreglo político; Vietnam del Norte renunciaba a su demanda de un gobierno de coalición en Vietnam del Sur y se estipulaba una fórmula para discutir simultáneamente la situación de Laos y Camboya. El 26 de octubre Kissinger desvelaba un plan de paz con nueve puntos, pero los aspectos técnicos quedaban sin resolver y el presidente Thieu consideró el plan como una traición.

El 4 de diciembre se reanudaron las conversaciones entre Kissinger y Tho, pero éstas se rompieron el 16 de noviembre y al día siguiente el presidente Nixon ordenó un bombardeo masivo sobre Hanoi y Haiphong, que significó la más contundente ofensiva aérea de toda la historia.

1.11. LA PAZ TEMPORAL
A pesar del incremento de los bombardeos estadounidenses, ambas partes parecían querer salvaguardar los progresos alcanzados en las negociaciones y el 30 de diciembre cesaron los ataques aéreos estadounidenses más allá del paralelo 20.

Con el nuevo año se reanudaron las conversaciones secretas en París, por lo que el presidente Nixon ordenó detener los ataques aéreos sobre Vietnam del Norte. Tras seis días de negociaciones, el 23 de enero de 1973 Nixon anunció por televisión a todo el país que se había alcanzado finalmente un acuerdo para el alto el fuego.

El 27 de enero las delegaciones de Estados Unidos, Vietnam del Sur, Vietnam del Norte y del gobierno Revolucionario Provisional (instaurado en parte de Vietnam del Sur por el FNL) firmaron el Acuerdo del Fin de la Guerra y de la Restauración de la Paz; el alto el fuego entró en vigor oficialmente el 28 de enero. Tanto Estados Unidos como Vietnam del Norte aseguraron que no existían cláusulas secretas en el tratado.

La paz acordada exigía el cese completo de las hostilidades, la evacuación de todas las tropas estadounidenses y de potencias extranjeras de Vietnam del Sur en un plazo de 60 días, el intercambio de todos los prisioneros de guerra de ambos bandos en intervalos quincenales y en un plazo máximo de 60 días, el reconocimiento de la zona desmilitarizada «sólo como frontera provisional y no como frontera política o territorial», la creación de una Comisión Internacional de Control (compuesta por representantes de Canadá, Hungría, Indonesia y Polonia) para supervisar el cumplimiento del tratado de paz y la convocatoria de una conferencia internacional a celebrar en 30 días.
El acuerdo permitía que 145.000 soldados norvietnamitas permanecieran en Vietnam del Sur, pero se limitaba su futuro despliegue y número de hombres.

1.12. CONSECUENCIAS DEL CESE DE LAS HOSTILIDADES
A finales de marzo de 1973 se habían retirado todas las tropas estadounidenses. Aunque el presidente Nixon había garantizado a Thieu que el Ejército estadounidense intervendría en su apoyo en el caso de una clara violación del tratado de paz, las circunstancias políticas hicieron imposible una futura ayuda militar a Vietnam del Sur, en especial por el estallido del escándalo Watergate.

Los combates entre los dos bandos vietnamitas amainaron tras el alto el fuego, sólo reanudado cuando alguno de los contendientes intentaba mantener o extender sus posiciones militares. A lo largo de 1974 hubo una escalada en el conflicto, con choques armados durante todo el año; la ayuda militar estadounidense quedó drásticamente cortada, lo que debilitó la posición survietnamita. En diciembre el Ejército norvietnamita y el Vietcong lanzaron una gran ofensiva que concluyó en un éxito sin precedentes, ocupando numerosas ciudades importantes. En el momento que Huê fue conquistada a mediados de marzo de 1975, se produjo entre los survietnamitas una fuga desordenada. Saigón fue ocupada el 30 de abril y la República de Vietnam del Sur se rindió incondicionalmente al gobierno Revolucionario Provisional. Vietnam proclamó su reunificación el 2 de julio de 1976 con el nombre de República Socialista de Vietnam.

1.13. NATURALEZA DE LA GUERRA
La guerra de Vietnam marcó un punto de inflexión en la historia militar convencional, tanto por la amplitud del combate guerrillero como por el creciente uso de los helicópteros, los cuales proporcionaron una gran movilidad en terrenos difíciles. La guerra de Vietnam fue esencialmente una guerra del pueblo puesto que los miembros del Vietcong no eran fácilmente distinguibles de la población no combatiente y también porque la mayor parte de la población civil fue movilizada para algún tipo de participación activa. El amplio uso que hizo Estados Unidos del napalm mutiló y mató a miles de civiles y el empleo de defoliantes, utilizado para eliminar la cobertura vegetal, devastó el medio ambiente de un país esencialmente agrícola.

1.14. RESUMEN
Como resultado de ocho años de utilización de estas tácticas bélicas, se estima que murieron más de dos millones de vietnamitas, tres millones fueron heridos y cientos de miles de niños quedaron huérfanos. Se ha calculado la población refugiada en 12 millones de personas. Entre abril de 1975 y julio de 1982 aproximadamente 1.218.000 refugiados fueron reasentados en más de 16 países. Otros 500.000, los llamados boat people, intentaron huir de Vietnam por mar, aunque según ciertas estimaciones, murió entre el 10 y 15% de éstos y los que sobrevivieron se enfrentaron más tarde con las trabas y cuotas de inmigración incluso en aquellos países que habían aceptado acogerlos.

En la guerra de Vietnam murieron 57.685 estadounidenses y unos 153.303 fueron heridos. En el momento del acuerdo de alto el fuego había 587 prisioneros de guerra entre militares y civiles todos fueron posteriormente liberados. Una estimación actualizada no oficial calcula que todavía quedan unos 2.500 desaparecidos.
HISTORIA DE UN CONFLICTO

2.1. GENERALIDADES
EEUU utilizó la tecnología militar más avanzada, salvo las armas nucleares. Como innovación táctica principal, empleó masivamente el helicóptero para el transporte de tropas

La guerra de Vietnam fue el conflicto más importante de la posguerra. Modificó las relaciones entre militares y civiles, y entre políticos y periodistas. Puso en evidencia los límites del uso de la fuerza y transformó para siempre las relaciones entre aliados y bloques de la guerra fría. Estrategias supuestamente eternas se derrumbaron como castillos de naipes y teorías hasta entonces indiscutibles, como la del dominó, se vinieron abajo.

Francia volvió a ser derrotada y los Estados Unidos sufrieron la humillación más grave en sus dos siglos de vida como estado independiente. Además de la derrota militar, su sociedad se resquebrajó internamente en un conflicto comparable sólo, por sus consecuencias, al de la guerra civil. Como dejó claro hace años el historiador Michael Beschloss en el libro ‘Taking Charge’, síntesis de las conversaciones del presidente Lyndon B. Johnson en la Casa Blanca, EEUU entró en Vietnam a ciegas.
Ninguno de sus intereses vitales estaba en juego. Peor aún: siendo perfectamente conscientes de ello, sus máximos dirigentes no quisieron o no pudieron impedirlo.

EEUU heredó de Francia una guerra de descolonización y la convirtió en una guerra ideológica. Perdió de vista por completo las razones originales del conflicto –el control del arroz, estaño y, sobre todo, caucho del imperio Michelín- y lo convirtió en una guerra ideológica, movida exclusivamente por el prestigio y los intereses burocráticos.

La victoria de Mao en China, en 1949, cambió radicalmente la situación en las antiguas regiones coloniales de Tonkin, Annam y Cochinchina. Lo que hasta entonces había sido un problema colonial francés, uno más de tantos, de repente adquirió una importancia estratégica inusitada para Occidente.

Francia trató de vietnamizar el conflicto, pero la situación interna francesa a comienzos de los 50 hizo inviable una estrategia eficaz. Con todo un ejército profesional y una superioridad abrumadora en aviones, carros, artillería pesada y medios de transporte, Francia sufrió en Dien Bien Fu el 7 de marzo del 54 a manos del Vietminh del general Nguyen Giap, tras 55 días de asedio, su derrota más importante desde la Segunda Guerra Mundial.
2.2. UNA NUEVA GUERRA
Fue la derrota definitiva de Francia, pero empezaba una nueva guerra. El armisticio firmado en Ginebra el 21 de julio del 54 dividió la península por el paralelo 17, prohibió toda ayuda militar a las dos partes, el norte quedó en manos del Vietminh, comunista, y el sur, bajo el emperador Bao Dai y su tristemente célebre primer ministro Ngo Dinh Diem. Se reconoció la independencia de Laos y Camboya, y se acordó la reunificación de Vietnam para el año 56.

Transcurrieron los plazos, nadie respetó lo firmado, el referéndum de unificación nunca se celebró y, en contra de los acuerdos internacionales, Eisenhower, obsesionado todavía por la experiencia de Corea, empezó a enviar asesores militares. Washingon destituyó a Bao Dai y apoyó la represión de sus sucesores en Vietnam del Sur. Estos cometieron el error de perseguir a los budistas en un país cuya religión mayoritaria es el budismo y su títere, Diem, llenó el gobierno de católicos, parientes y amigos.

Creció la corrupción, los medios de comunicación críticos fueron clausurados, John Kennedy se dejó arrastrar por la herencia republicana y, en el 61-62, la Administración estadounidense estaba financiando ya el 80% del presupuesto del régimen de Saigón.

A imitación del Vietminh, que dirigió la lucha contra Francia, el 20 de diciembre del 60 se funda en Vietnam del Sur, con apoyo de Hanoi, un frente de liberación bautizado con el nombre de Vietcong y comienza otra guerra de cuyo final se cumplen ahora 25 años.

El ‘New York Times’ la califica hoy como «una guerra sin sentido». Millares de norteamericanos han llenado de flores el paseo junto al muro de granito negro, en Washington, con los nombres de los 58.219 estadounidenses fallecidos o desaparecidos en aquella guerra. Según Vietnam, también murieron tres millones de vietnamitas (del norte y del sur), 2 millones de ellos civiles.

Desde la firma de la paz, en 1973, se han recuperado en Vietnam los restos de 554 estadounidenses desaparecidos en acción. Todavía quedan más de 300.000 vietnamitas y 2.029 estadounidenses desaparecidos en la guerra, 1.518 de ellos en Vietnam (el resto en Laos y Camboya).

John McCain, senador republicano por Arizona, presidió el 25 de abril en Hanoi la ceremonia de entrega de los últimos seis cadáveres de desaparecidos recuperados hasta ahora. «Creo que deberíamos ayudar a los vietnamitas a descubrir el paradero de los que faltan», declaró McCain, emocionado, tras recordar los cinco años que estuvo prisionero en la capital vietnamita.
2.3. LAS HUELLAS
Aunque Vietnam y EEUU restablecieron relaciones diplomáticas el 12 de julio del 95, las huellas de la guerra tardarán generaciones en borrarse. Hoy vive en EEUU más de un millón de personas nacidas en Vietnam, lo que les convierte en el quinto grupo más numeroso de inmigrantes. Gerald Ford, el presidente obligado a ordenar la retirada definitiva, el 30 de abril del 75, lamenta, sobre todo, no haber podido salvar a muchos más en la evacuación final.

En sus recuerdos de aquel último día, Henry Kissinger, a la sazón secretario de Estado, escribe hoy en ‘Newsweek’: «[El presidente y yo] nos habíamos convertido en espectadores de un drama sobre el que nada podíamos hacer, paralizados entre un dolor imposible de evitar y un futuro que todavía no estábamos en condiciones de encauzar».

Así concluía un conflicto sobre el que se han escrito millares de libros y sobre el que sigue habiendo más diferencias que coincidencias. De 10.000 guerrilleros en 1960, el Vietcong llegó a contar con más de 100.000 en el 64. A la muerte de Kennedy, ya controlaba el 80% del territorio y el 60% de la población del sur.

La guerrilla disponía de armas estadounidenses que robaba al Ejército survietnamita, cada año más debilitado por las deserciones, las conspiraciones y las rebeliones. La eliminación de Diem y la conversión de un conflicto limitado en una invasión directa y masiva por orden de Kennedy agravó, en vez de aliviar, la guerra.

A pesar de sus reticencias, Johnson fue el responsable del cambio de planes que condujo al desastre. Los efectivos estadounidenses pasaron de 23.000 en el 64 a 120.000 en el 65 y a más de medio millón en el 68. Se convirtió en el mayor despliegue militar desde la Segunda Guerra Mundial.

EEUU utilizó la tecnología militar más avanzada, salvo las armas nucleares. Como innovación táctica principal, empleó masivamente el helicóptero para el transporte de tropas. Enfrente tenían, al principio, un ejército guerrillero ligeramente armado con morteros y pequeños cohetes, y con algo más de medio millón de hombres.

Desde el 64 la aviación estadounidense bombardeó el territorio al norte del paralelo 17 sin declaración de guerra. Hasta 14 millones de toneladas de bombas llegó a lanzar EEUU sobre Vietnam del Norte, 10 veces más que las lanzadas durante la Segunda Guerra Mundial sobre toda Europa.

A diferencia de los bombardeos sobre Alemania, los de Vietnam no pudieron destruir al enemigo porque, simplemente, en Vietnam no había objetivos industriales importantes. Entonces, como hoy, la mayor parte de la población vivía de la agricultura. A los campesinos vietnamitas les causó mucho más daño los 70 millones de litros del herbicida naranja que todas las bombas.

 

 

2.4. LA ESTRATEGIA
La estrategia estadounidense, decidida esencialmente por tres asesores de Kennedy –McGeorge Bundy, Robert McNamara y Dean Rusk- siguió la doctrina clásica de que la victoria depende de una combinación del control territorial y del desgaste del adversario. Por eso la mayor parte de las fuerzas de EEUU se desplegaron en dos zonas: a lo largo de las fronteras de Vietnam del Sur para impedir la penetración del enemigo y en la meseta central, donde estaban concentradas las principales unidades militares del norte. La idea era que, derrotando a las fuerzas principales del norte, la guerrilla del sur estaría acabada.

La estrategia falló por dos razones: el Vietcong estaba haciendo una guerra de guerrillas y no, como suponía EEUU, una guerra convencional; y las pérdidas inaceptables para EEUU eran perfectamente aceptables para los vietnamitas.
DOCUMENTALES CONTRA UNA GUERRA SUCIA

3.1. ANTECEDENTES
La guerra de Vietnam duró catorce años, de 1961 a 1975. El Frente de Liberación de Vietnam del Sur se formó el 20 de diciembre de 1960, unas seis semanas después de que John F. Kennedy fuera elegido presidente de Estados Unidos. A comienzos del año siguiente, Kennedy lanzó a la guerra las Fuerzas Especiales , violando los acuerdos de Ginebra de 1954. Luego vino la escalada de Lyndon B. Johnson, a fines de los años 60, con el bombardeo del norte de Vietnam y de Hanoi. A continuación se produjo la «vietnamización» de la guerra, decidida por Richard Nixon. Por último, el gobierno pro-estadounidense de Saigón y su ejército cayeron el 30 de abril de 1975.

Este conflicto fue el tema más ampliamente tratado por la televisión en toda la historia de las informaciones televisadas en Estados Unidos. El sociólogo George Bayley efectuó un estudio muy preciso sobre la forma en que las tres grandes redes televisivas estadounidenses (ABC, CBS, NBC) dieron cuenta de esta guerra durante el periodo 1965-1970.

Casi la mitad de las informaciones sobre la guerra estaba referida a las acciones de la infantería sobre el terreno y a las actividades de la aviación. Cerca de un 12% de esas noticias eran citas oficiales de los dos gobiernos (Saigón y Washington). Sólo el 3% del conjunto de las informaciones difundidas daba el punto de vista del «enemigo». Ese porcentaje indica bastante explícitamente hasta qué punto la televisión estadounidense fue parcial en su versión de los acontecimientos.

También se minimizó el impacto que la guerra tuvo dentro de Estados Unidos, el rechazo que despertó, fundamentalmente entre los jóvenes, generando manifestaciones antibelicistas, marchas por la paz y protestas universitarias. Respecto de esta parcialidad, George Bayley señala: «Prácticamente todos los resúmenes diarios de los combates provenían de los servicios de relaciones públicas del ejército». Sólo en el año 1971, esos servicios habían gastado más de 200 millones de dólares para presentar a los ciudadanos estadounidenses la mejor imagen posible del ejército.

En un documental de Peter Davis, The Selling of the Pentagon (Cómo se vende el Pentágono), un ex oficial de los servicios de información relata cómo se esforzaba por «desinformar» a los periodistas que venían a investigar sobre el terreno. Por ejemplo, un equipo de la CBS que realizaba un reportaje sobre los bombardeos contra Vietnam del Norte, y que se había dirigido a él para poder entrevistar pilotos estadounidenses, fue víctima de sus manejos. El oficial efectivamente hizo el contacto, pero antes advirtió severamente a los pilotos sobre lo que bajo ningún concepto había que decir…

«De igual modo, los servicios de información organizaban falsos operativos de las tropas gubernamentales survietnamitas. Los servicios oficiales filmaban esos operativos y después enviaban los reportajes a pequeñas emisoras estadounidenses que no tenían medios para enviar equipos propios a Vietnam», señala un observador.

Fue para oponerse a esa visión parcial y manipuladora de una «guerra sucia», que desde fines de los años 60 cineastas independientes comenzaron a denunciar los horrores de la intervención estadounidense en Vietnam por medio de documentales políticos.

En In the Year of the Pig (En el año del cerdo, 1969), Emile de Antonio es el primero en tratar de explicar las razones profundas de la guerra. Con métodos de arqueólogo, De Antonio estudia una enorme cantidad de imágenes de archivo, remontándose a la época de la colonización francesa, y demuestra dos cosas: la premeditación de la intervención estadounidense, y el carácter ineluctable -a su entender- de la derrota militar.

 

Un cineasta talentoso, Joseph Strick, ya había detectado los signos premonitorios de ese fracaso (véase su film Interviews with My Lai Veterans, 1970) en la arrogancia y la suficiencia exhibida por el teniente William Calley y sus siniestros compañeros -soldados transformados, por obra y gracia del ejército, en criminales de guerra, en verdaderas «máquinas de matar» luego de los entrenamientos deshumanizantes que el documentalista Frédéric Wiseman había denunciado en Basic Training , de 1971.

La impresionante película Winter Soldier (Soldado de invierno) fue un llamado a la desobediencia. Se trata de un documental colectivo donde veteranos de la guerra relatan las atrocidades que ellos mismos cometieron en Vietnam, «en nombre de la civilización occidental». De todos los documentales que se realizaron contra la guerra de Vietnam, este fue, sin dudas, el que tuvo mayor impacto en la opinión pública.

 

A su regreso de la guerra, jóvenes «veteranos» (de entre 20 y 27 años) toman conciencia de haber participado en una carnicería y de que -a raíz del condicionamiento sufrido- han sido deshumanizados y reducidos a la condición de «Terminators» criminales. Comprenden entonces que la guerra de Vietnam no tendrá jamás su Tribunal penal internacional, que los verdaderos responsables políticos y militares de las masacres, de la lluvia de napalm, de los bombardeos aéreos contra civiles, de las ejecuciones masivas en los presidios, y de los desastres ecológicos provocados por el uso generalizado de defoliantes, nunca serán juzgados por una corte marcial ni condenados por crímenes contra la humanidad.

 

Esa evidencia se les hace insoportable; por lo tanto, para aportar un contra-testimonio a las mentiras difundidas por los medios, ciento veinticinco veteranos, que no son ni desobedientes ni desertores, muchos de ellos cubiertos de condecoraciones, se reúnen en Detroit en febrero de 1971. Cineastas neoyorquinos deciden filmar ese acontecimiento -que los medios oficiales boicotean- y así registran treinta y seis horas de película, cuya síntesis será Winter Soldier.

Allí se puede ver a esos ex soldados – otrora orgullosos de haber combatido por su patria- explicar el lavado de cerebro sufrido previamente en los campos de entrenamiento, donde les enseñaban a amordazar su conciencia moral y a liberar sus instintos agresivos. Cuentan las atrocidades que cometieron luego de haber sido robotizados: las violaciones, las torturas, los incendios de poblados, las ejecuciones sumarias, el uso de niños para practicar tiro al blanco, el intercambio de las orejas de los vietnamitas (vivos o muertos) por latas de cerveza, el lanzamiento de prisioneros desde helicópteros, etc.

 

Evocan el catálogo de las consignas de guerra: «Todo vietnamita vivo es sospechoso de ser del vietcong; todo vietnamita muerto es un auténtico vietcong»; «Si un campesino escapa ante vuestra presencia, es un vietcong; si no escapa, es un vietcong inteligente; en ambos casos hay que eliminarlo»; «Cuenten los prisioneros únicamente después que el helicóptero llegue a destino, no al despegar; así no tendrán que rendir cuentas por los que hubieren desaparecido en vuelo», etc.

Winter Soldier pone en evidencia la profundidad del traumatismo provocado en Estados Unidos por el conflicto vietnamita, y subraya el desconcierto moral de la juventud que participó en esa guerra.

Posteriormente, en Hearts and Minds (Corazones y mentes, 1973), el director Peter Davis se interrogó sobre las características culturales estadounidenses que -más allá de consideraciones políticas-habían podido favorecer la extensión irracional del conflicto, hasta darle -por la cantidad y la gravedad de las atrocidades cometidas- dimensiones de un crimen contra la humanidad.

En primer lugar, el director procede a rastrear las redes de mentiras, de afirmaciones y de fobias, que paulatinamente aprisionaron a Estados Unidos en la lógica de la intervención. Abiertamente interrogados, ciertos dirigentes exponen pretextos geopolíticos absurdos: «Si perdemos Indochina, perdemos el Pacífico, y seremos una isla en un mar comunista». Otros ven en la intervención una manera de conservar el acceso a materias primas indispensables: «Si cayera Indochina, dejarían de llegarnos el estaño y el tungsteno de la península de Malaca». Por último, más ideológicos, otros afirman que Estados Unidos interviene «para socorrer a un país víctima de una agresión extranjera».

Peter Davis sabe que para dilucidar los orígenes de la brutalidad en el «comportamiento individual» de los militares estadounidenses, hay que analizar una cantidad de ritos que caracterizan, en parte, la sociedad.

Hearts and Minds distingue tres de esos ritos o «estructuras de enceguecimiento», cuya función es ocultar el sentido profundo de un acto bajo una montaña de significaciones secundarias puramente formales. Así, por ejemplo, Peter Davis muestra cómo el ejército logra diluir la dimensión criminal de un acto de guerra a través de la multiplicación de intermediarios tecnológicos entre un militar y su víctima.

Muestra de ese proceder es el caso de un piloto que, con mirada serena, declara: «Cuando uno vuela a 800 kilómetros por hora no tiene tiempo de pensar en nada más. Nunca veíamos a la gente. Ni siquiera oíamos las explosiones… Nunca sangre ni gritos. Era algo limpio; uno es un especialista. Yo era un técnico». La conciencia del piloto, fascinada por el mito de la eficacia técnica, ya no considera las consecuencias de su acción ni asume la responsabilidad de la misma.
Una segunda estructura -que aparece de cierta manera como complementaria de la anterior- consiste en transformar cualquier participación en un terreno dado, en una competencia donde el fin justifica los medios. Antes que nada, lo que cuenta es poner toda la energía con el único objetivo de triunfar. Peter Davis compara la actitud de los militares en Vietnam con la de los jugadores de fútbol americano. En ambos casos, todos los golpes están permitidos, lo único que cuenta es ganar, aun cuando se haya olvidado la causa del combate.

 

 

Soldados interrogados en plena batalla, en la jungla vietnamita, confiesan no saber por qué pelean. ¡Uno de ellos incluso está persuadido de que es para ayudar a los norvietnamitas! Un oficial resume: «Es una guerra larga, difícil de entender. Pero nosotros vinimos aquí para ganar».

El tercer elemento de desculpabilización es esa especie de «psicología de los pueblos» – origen del racismo más elemental- que permite acusar mecánicamente a los habitantes de un país de un sinnúmero de defectos. Un oficial estadounidense cuenta a los niños de una escuela sus impresiones sobre Indochina: «Los vietnamitas son muy atrasados, muy primitivos; ensucian todo. Sin ellos Vietnam sería un lindo país».

En ese discurso se percibe claramente la nostalgia de una solución radical («no people, no problem») del tipo «solución indígena» que debe haber tentado -sin graves remordimientos- al general William Westmoreland, jefe del cuerpo expedicionario, pues sostenía que «para los orientales la vida no tiene tanto valor como para los occidentales».

Peter Davis atribuye al conflicto vietnamita un valor de «síntoma». El de una grave enfermedad, es decir: la violencia estadounidense, cuyas características militares analiza, un poco a la manera sociológica empleada por Cinda Firestone en Attica para desnudar el funcionamiento de la represión policial.

Hollywood, que no había apoyado esta guerra, no dudó en recompensar Hearts and Minds con un Oscar al mejor documental de 1974.

Pero la obra límite sobre las consecuencias del conflicto en la trama íntima de las vidas estadounidenses fue Milestones (1975), de John Douglas y Robert Kramer, verdadera suma de las ideas más generosas de la generación que se opuso a la guerra. Milestones es una travesía (histórica, geográfica, humana) por Estados Unidos. Es un encuentro con ciudadanos conscientes de que el poder estadounidense se creó sobre la matanza de los indígenas y sobre la esclavitud de los negros, y que se oponen a la destrucción del pueblo vietnamita. Obra de renacimiento, Milestones marca sin embargo un corte bastante radical en el discurso político. Terminada ya la guerra, la película insiste en la necesidad de mantener la movilización, e invita a volcar la energía militante en la vida cotidiana, en la transformación de las relaciones de pareja, de familia y de amistad. Propicia el florecimiento de una sociedad estadounidense menos violenta, más benévola, más tolerante, que permita más fácilmente dar libre curso a la sensibilidad y a la emoción.

Por último, en octubre de 1983, cuando la opinión pública estadounidense trataba de olvidar el conflicto, una serie documental difundida por la televisión y titulada Vietnam, una historia televisada, vino a rememorar nuevamente los crímenes de Washington en Vietnam.

Los documentalistas lograron hallar a dos sobrevivientes de una masacre olvidada, la de la aldea de Thuy Bo en enero de 1967, que recuerdan. Nguyen Bai, que por entonces era un escolar, cuenta «cómo los ‘marines’ destruyeron todo, sacrificaron el ganado, liquidando a los heridos, rompiendo cabezas a culatazos, disparando sobre todo lo que se moviera». La señora Le Thi Ton, que también era una niña en aquel momento, confirma: «Éramos diez en una choza cuando llegaron los soldados estadounidenses . Yo salí a saludarlos; ellos se rieron y tiraron una granada dentro. Soy la única sobreviviente».

William Cohen, actual ministro estadounidense de Defensa, declaró el 11 de marzo pasado, en vísperas de su histórica visita a Hanoi, que no pensaba pedir disculpas por la conducta de las fuerzas de su país durante la guerra de Vietnam.
AGENTES QUIMICOS EN LA GUERRA DE VIETNAM

4.1. AGENTE NARANJA Y DIOXINA: NUEVOS HALLAZGOS
Durante la guerra de Vietnam, Estados Unidos roció sobre ese país millones de litros de Agente Naranja, un herbicida producido por Dow. En uno de los estudios más completos sobre los efectos de esta guerra química, una firma consultora de Canadá descubrió que la cadena alimenticia de Vietnam resultó afectada, lo que a su vez causó graves problemas sanitarios y ambientales. El siguiente es un resumen de las principales conclusiones de ese estudio, preparado por la Red de Acción contra los Pesticidas.

Un informe publicado por una empresa consultora canadiense llamó la atención internacional hacia los efectos del rociado de Agente Naranja durante la guerra de Vietnam, que incluyen contaminación de la cadena alimenticia y los consiguientes problemas ambientales y de salud. La firma, llamada Hatfield Consultants Ltd., pasó los últimos cinco años estudiando el impacto de los herbicidas arrojados sobre Vietnam entre 1962 y 1971.

Durante ese período y como parte de la operación Ranch Hand, las fuerzas armadas de Estados Unidos realizaron más de 6.500 misiones en las que pulverizaron aproximadamente 72 millones de litros de herbicidas sobre más de 1,5 millones de hectáreas (cerca de 10 por ciento de Vietnam del Sur).

Aviones y helicópteros volaban a menos de 500 metros del suelo y rociaban unos 250 litros de herbicida por cada una o dos hectáreas de vegetación. Ochenta por ciento del producto permanecía sobre las copas de los árboles, mientras el resto alcanzaba un nivel inferior o llegaba al suelo. Aunque la gran mayoría (86 por ciento) de las misiones eran realizadas desde aviones, también se rociaba herbicida desde camiones, botes y hasta mochilas.

Cerca de un tercio del área fue rociada más de una vez, y 52.000 hectáreas fueron pulverizadas más de cuatro veces. Según informes oficiales de Estados Unidos, la operación Ranch Hand destruyó 14 por ciento de los bosques de Vietnam del Sur, incluida la mitad de los manglares.

El Agente Naranja representó 60 por ciento de los herbicidas utilizados para destruir bosques y cultivos. Este producto es una mezcla de los herbicidas 2,4-D y 2,4,5-T, y contiene dioxina generada durante la formulación del 2,4,5-T. Aunque los dos herbicidas se degradan con bastante rapidez, la dioxina es un compuesto altamente persistente que puede permanecer en el ambiente durante décadas y causar cáncer y otros problemas de salud.
4.2. DIOXINA EN LA CADENA ALIMENTICIA
El estudio Hatfield, uno de los más completos realizados hasta la fecha sobre el Agente Naranja, encontró altos niveles de dioxina en la sangre de vietnamitas nacidos luego de la guerra, lo que sugiere que los contaminantes son transmitidos a través de la cadena alimenticia. También se hallaron altos niveles de dioxina en peces y tejidos animales. El estudio no determinó el número de personas afectadas, pero los autores señalaron que es necesaria una investigación epidemiológica para determinar un vínculo directo entre el Agente Naranja y el alto índice de anomalías congénitas hallado en la población estudiada.

La firma canadiense determinó contaminación por la dioxina del Agente Naranja en criaderos de peces cercanos a una antigua base aérea estadounidense. «Los niveles hallados causarían una reglamentación del consumo, y posiblemente su prohibición, en Canadá y otros países occidentales», señala el estudio.

El informe recomienda la creación de un plan de salud pública para asegurar que la población no consuma alimentos contaminados; la realización de una investigación exhaustiva sobre la relación entre el Agente Naranja y problemas de salud; ayuda internacional para desarrollar y aplicar un programa de reforestación, y una campaña para descontaminar las tierras afectadas.
Desde la guerra, Vietnam no ha exigido compensación, pero necesita de la asistencia internacional para recuperar sus bosques devastados. Grandes extensiones de tierra que alguna vez fueron selváticas están ahora cubiertas por malezas y hierbas silvestres, y su recuperación sin la intervención humana podría llevar siglos. Vietnam también precisa ayuda para la atención médica de las 70.000 personas que, según el gobierno, padecen problemas de salud causados por la exposición propia o de sus padres al Agente Naranja.

 

4.3. ESTUDIO POCO CONFIABLE SOBRE VETERANOS DE ESTADOS UNIDOS
El gobierno de Estados Unidos decidió investigar los efectos del Agente Naranja sobre los veteranos de la guerra de Vietnam. Para tal fin, está en curso un estudio sobre la salud de unos mil veteranos que participaron en misiones de rociado, en comparación con otros que no lo hicieron.

Sin embargo, el estudio de 200 millones de dólares de costo tiene tantas fallas que podría ser inútil, concluyó el diario San Diego Union-Tribune tras una investigación de seis meses. Luego de entrevistar a científicos militares y revisar actas de reuniones, informes gubernamentales y memorandos internos, el periódico reveló una serie de defectos en el estudio de la fuerza aérea, que comenzó en 1979 y terminará en el 2006.
Las fallas incluyen:
 Retención durante años de dos informes sobre graves defectos congénitos entre los hijos de veteranos expuestos al Agente Naranja;
 Alteración de un informe que expresaba preocupación sobre casos de cáncer y anomalías congénitas, haciéndolo parecer menos serio;
 Ignorancia de una recomendación de la Academia Nacional de Ciencias según la cual el estudio debía ser realizado por científicos ajenos a las fuerzas armadas;
 Interferencia de altos oficiales de la fuerza aérea con el análisis de datos del estudio, debilitando su integridad científica.

Uno de los científicos que participó del estudio pero fue luego separado del proyecto declaró que éste es «un crimen médico», según San Diego Union-Tribune. También aseguró que el estudio es manipulado para minimizar los problemas de salud de los veteranos de Vietnam. El periódico sostiene que los hallazgos del estudio hasta la fecha han sido un factor clave para negar compensación a los veteranos que afirman tener afecciones causadas por la exposición al Agente Naranja. Desde abril de 1998, el Departamento de Veteranos de Guerra de Estados Unidos recibió 92.276 reclamos de compensación relacionados con el Agente Naranja por parte de veteranos y sus descendientes. Sólo 5.908 de esos reclamos fueron atendidos.

 

PRINCIPALES BATALLAS DE LA GUERRA DE VIETNAM

5.1. EN LAS RUINAS DE HUÉ, LOS MARINES DE EE UU PELEARON A LA DESESPERADA PARA RECONQUISTAR LA CIUDAD VIEJA
Era el 31 de enero de 1968 y Hué, la ciudad más importante de las provincias septentrionales del Vietnam del Sur, dormía profundamente, sumida en esas horas que separan los juegos nocturnos del trabajo cotidiano. La ex capital de Annam descansaba. El movimiento se veía restringido al ciclista ocasional que recorría su solitario camino junto a la orilla del río Perfume, bajo los muros que encerraban la Ciudad Antigua, albergando a la mayor parte de sus 100.000 habitantes y a una cantidad interminable de refugiados. De pronto el silencio fue roto brutalmente cuando los disparos de los morteros rasgaron la delicada tela de la noche y los proyectiles comenzaron a abrir enormes agujeros en las fachadas de las antiguas y bellas casas coloniales francesas. La muerte al por mayor iniciaba su visita a la Ciudad Imperial

Hué no estaba preparada para lo que iba a pasar. Todo el mundo suponía que una ofensiva era inminente. Pero nadie había esperado que fuese a esa escala e intensidad. Hasta el momento, la ciudad no había sufrido los efectos de la batalla a gran escala, a pesar de estar situada a menos de 50 Km al sur de la ZDM. La presencia militar norteamericana era mínima y se limitaba a un puñado de asesores.

Sin embargo la pequeña fuerza del Ejercito Sudvietnamita que se encontraba en Hué aquella fatidica mañana era la compañía de élite «Panteras Negras», asignada a la 1ª División del general Ngo Luang Trong. Lucharon como demonios, tratando de detener el avance de los dos batallones de infantería del ejercito nordvietnamita, pero fueron superados en número y no pasó mucho tiempo antes de que las fuerzas enemigas controlaran casi toda la ciudad. La bandera del VC, estrella dorada sobre un campo rojo y azul, flameaba victoriosamente sobre el antiguo palacio imperial.

Una tarde de combates callejeros
La base de los infantes de marina de los EEUU más próxima a Hué estaba en Phu Bai, aproximadamente a 12 km hacia el sur. Allí, el general Foster Lahue, un veterano de la SGM y Corea, estaba al mando de los Marines pertenecientes a seriamente debilitada Fuerza Operativa Rayos X, integrada en poco más de tres batallones, cuando debía incluir al menos dos regimientos completos. Sólo 400 hombres para defender Phu Bai, la carretera1 (la ruta clave de las comunicaciones terrestres desde Hué hasta Da Nang) y todos los accesos de Hué por el oeste.

El VC llegaba la ciudad como si fuese una plaga de piojos, la Fuerza Operativa Rayos X se encontraba bajo el fuego directo de los morteros y pronto los proyectiles comenzaron a caer sobre la ciudad. Pero había que hacer algo. De modo que Lahue envió a la compañía A del primer batallón de Marine en dirección a Hué para controlar la situación en la carretera 1 y tratar de establecer contacto con las fuerzas sitiadas dentro de la Ciudad Nueva. Pero la compañía A tuvo problemas casi inmediatamente.

Cuando apenas había cubierto la mitad de la distancia que les separaba de Hué, fue inmovilizada por una emboscadade efectivos del Ejercito nordvietnamita. Así que Lahue envió al teniente coronel Marcus Gravel con su grupo de mando del 1er Batallón junto con la Compañía G del 5º del 2º Batallón de Marine, una sección de carros de combate y algunos ingenieros. Cuando salian de la base Gravel detuvo el jeep y llamó al teniente Richard Lyons:»-¿Quiere ir a la ciudad de Hué a pasar una tarde de combates callejeros?», le preguntó. Lyons, el capellán del Batallón y un hombre que no dudadba en coger su M16 para cubrir a sus compañeros en el campo de batalla, subió al jeep. Gravel no tenía tiempo para organizar un plan de acción, de modo que se limitó a gritarles a sus hombres «-Todos a los camiones» y a gran velocidad por la carretera 1.

La pequeña fuerza de Gravel se las ingenió para superar la cortina de fuego del ejercito nordvietnamita, sacar a la compañía A del atolladero y, a pesar del intenso fuego enemigo dentro de Hué, cruzar el puentes sobre el canal de Phu Cam y entrar en la zona norteamericana antes de las 15.00 horas.

Habiendo llegado a este punto, a Gravel se le ordenó que tratase de establecer contacto con las fuerzas del Ejercito sudvietmanitas mandadas por Truong, que se sostenian en el sector norte por la Ciudad Antigua. Sus hombres avanzaron por el puente Nguyen Hoang pero, careciendo de apoyo acorazado, se encontraron muy pronto con una potencia de fuego enemiga muy superior a la que podian hacer frente. Gravel retrocedió con sus heridos.

Punto de apoyo precario
Al día siguiente Gravel intentó abrirse paso a través de la ciudad hacia el cuartel general de Truong, pero volvió a encontrarse con la tenaz resistencia de los soldados nordvietnamitas parapetados dentro de los muros de la Ciudad Antigua.

Pero todo el tiempo llegaban cada vez más fuerzas de Marine a la ciudad, bajo el mando de famosos militares como el coronel Stanley Hughes, comandante del 1er Regimiento de Marine y el teniente coronel Ernest Cheatman, a quien muchos describian como el mejor oficial de Marine para el que habían servido nunca. Lenta pero seguramente, los Marine comenzaron a asegurar su precaria posición, y luego se hicieron fuertes en las laberinticas calles de la Ciudad Antigua.

Pero las cosas no iban bien. La mayría de los Marine en Hué, eran soldados que se habían alistado hacía poco tiempo y que se suponía que iban a combatir al VC en el campo, donde podian confiar en sus enormes recursos de potencia de fuego y donde disponian de la gran ventaja de contar con una mayor movilidad. Ahora, sin embargo, deberían hacer frente a una clase diferente de guerra: combates a corta distancia, casi cuerpo a cuerpo, corriendo de un lugar a otro, cubriendose todo el tiempo, con francotiradores enemigos capaces de abatir a cualquiera que cometiera la imprudencia de quedar al descubierto. Los acosados soldados, inmovilizados entre los escombros, maldecian la falta de fuego pesado de apoyo. Se rumoreaba que tenía que ver con la protección de civiles o con evitar la destrucción de los edificios historicos. Parecia una broma: tus compañeros volando en pedazos porque algún jodido templo podía resultar dañado. ¿Divertido verdad?

Pero estos muchachos eran fundamentalmente infantes de marina, y Gravel estaba orgulloso al comprobar que su miedo natural era superado por las tradiciones del regimiento. Algunas escenas permanecerán para siempre en su memoria, como aquella del joven Jim Soukup (del 1er Batallón) quien había dibujado una gran diana en la parte trasera de su chaqueta con esta inscripción desafiante «Prueba tu suerte, Charlie!». O el teniente Allen W. Courtney, un tejano genial que, ignorando sus terribles heridas, disparó con una mano cubriendo la evacuación de sus compañeros heridos. Courtney se negaba a bandonar el puesto de modo que Gravel le ordenó que fuese al hospital de sangre en un lenguaje que suponía que el tejano entendería: «Quiero que salgas de la ciudad antes del anochecer».

El avance era muy lento, pero los hombres de Gravel no se detuvieron. El 6 de febrero, fueron reconquistados el Hospital, la prisión y el cuartel general provincial, y el 9 los Marine controlaban la Ciudad Nueva. Tres días más tarde se desplegaron por la Ciudad Antigua. Allí prosiguieron los amargos y sangrientos combates.

Desalojar al enemigo
El enemigo tenía focos de resistencia en todas partes, Los francotiradores, agazapados en los pisos superiores de los edificios o en pequeños agujeros, solo esperaban a que algún pobre bastardo desafortunado (o estúpido) asomara la cabeza, mientras los nidos de ametraladoras disparaban a nivel de suelo. Los morteros, semienterrados para evitar que fuesen detectados, cubrian las rutas de acceso. Como si todos esto fuera poco, era la temporada de los monzones. El cielo furioso y la atmosfera lobrega y fétida hacían virtualemente imposible cualquier tipo de apoyo aéreo. Para los Marine, los días que pasaron en Hué luchando bajo ese cielo gris plomizo se convirtieron en una especia de rutina.

Durante el día se abrian camino luchando por desalojar al enemigo de sus ocultas posiciones defensivas, llevando las armas de apoyo que podían y luego esperando conseguir una comida caliente por la noche. Y todo el tiempo, el VC y el EVN lanzaban contraataques locales y se arrastraban furtivamente durante la noche y colocaban trampas explosivas . Pero los Marine resistieron estoicamente, ingeniándoselas incluso para desarrolar cierto humor negro, como esos muchachos a las que se les oia cantar: «Salgamos de este lugar, salgamos aunque sea lo ultimo que hagamos». Y sufrieron muchas bajas. Gravel jamás podrá olvidar a ese soldado que aguardaba ser evacuado por los enfermeros y a quien un periodista le preguntó «¿Cuántas veces te han herido?». El chico impasible le contestó: «¿Hoy?»
Agazapados detrás de los muros, disparando con todo lo que tenían, los Marine avanzaron centímetro a centímetro, consumidos por la fatiga. El 21 de febrero reconquistaron el palacio imperial y, finalmente, en la noche del 25, la batalla de Hué concluyó oficialmente. Había durado 26 días.

 

 

5.2. HAMBURGUER HILL
Los combates por la Cota 937 (Hamburger Hill) no fueron los peores de la guerra ni las bajas fueron tantas. Sin embargo, después de esta batalla las fuerzas de tierra norteamericanas no llevaron a cabo mas acciones a gran escala y la responsabilidad cayó en el Ejercito sudvietnamita

La mañana del 11 de mayo de 1969, la compañía B del 3er Batallón del 187º Regimiento de Infantería, que formaba parte de la 101ª División Aerotransportada avanzaba cautelosamente hacia la ladera norte de la cota 937. Se trataba de un ejercicio de reconocimiento de rutina. Sabían que el enemigo debía estar en alguna parte.

De pronto el monte hizo erupción y se convirtió en una tormenta de fuego de ametralladora que fluida de casamatas ocultas derribando a todo aquel que no atinó a echarse cuerpo a tierra con suficiente rapidez. Sus compañeros respondieron al ataque con sus M16 y sus armas contracarro antes de retirarse a una distancia más segura colina abajo, con los heridos. La Compañía B había localizado al enemigo, y su fuerza.

Ahora todo lo que tenía que hacer era fijar su posición y pedir apoyo aéreo para quitarse de en medio a aquella basura. Efectivamente unos minutos más tarde, la base artillera de Ta Bat respondió a la llamada y los proyectiles de 105 mm comenzaron a silbar sobre las cabezas de los soldados antes de machacar la ladera superior de la colina. Luego aviones de la Fuerza Aérea volaron a través de la nube de humo para arrojar bombas incendiarias de alto poder explosivo sobre las casamatas ocultas.

Cuando cesó el bombardeo acabar con los restos del enemigo debía ser cosa fácil. Pero cuando la Compañía B volvió hasta la cima de la colina, se encontró de nuevo con una implacable lluvia de fuego. Lo único que podía hacer era retirarse, volver a llamar a la aviación y decirle que liquidaran por completo aquellas casamatas, pero totalmente.

Despues de la batalla un soldado atiende a un compañero herido mientras espera el momento de la evacuación en helicoptero La Compañía B, junto con las Compañías A, C y D formaban el 3er batallón del 187º Regimiento de Infantería, que integraba, con el 1er Batallón del 506º de Infantería y el 2º Batallón del 501º de Infantería, la 3ª Brigada de la 101ª División Aerotransportada. Su misión, denominada «Apache Show» (Nieve Apache), era evitar que las tropas de Vietnam del norte y el Vietcong se infiltraran por la Ruta Ho Chi Minh, a través del embudo natural de 50 Km. de largo formado por el Valle de A-Shau, cerca de la frontera laosiana, al noroeste de Vietnam del Sur. El valle consiste en un terreno ondulado cubierto de espadaña. Está protegido por un cerco de colinas escalonadas, una de las cuales era la Cota 937, número que corresponde a su altura en metros.

Era un pico abrupto y de bosque denso, cubierto de vegetación verde y brillante y cañas de bambú. Los Vietnamitas la llamaban Dong Ap Bia y muy pronto el mundo la conocería como «La colina de la Hamburguesa» (Hamburger Hill).

El comandante del 3er Batallón era el teniente coronel Weldon Honeycutt, también conocido como «Blackjack». Era un buen oficial, respetado por sus hombres. Sólo tenía un fallo: se regía demasiado por los manuales y obedecía las órdenes de sus superiores sin hacer preguntas. Y fue precisamente esta característica la que hizo que al finalizar el combate por la Colina de la Hamburguesa, la tropa llegara a poner precio a su cabeza.

Carnicería y retirada
Durante toda aquella mañana, tarde y noche llovieron bombas y granadas sobre las posiciones del ejercito nordvietnamita. A la mañana siguiente (12 de Mayo) los soldados pensaban que si había quedado algún vietcong en las laderas de la colina no estaría en condiciones de pelear. Se equivocaron.

Los soldados se encontraron tal como recuerda el cabo Jimmy Spears, con una «autentica basura»: granadas cohete, fuego automático, minas Claymore colgadas de los arboles y los matorrales. Fue una carnicería y la Compañía B se vio forzada una vez más a retroceder. La unidad comenzó a preparar una nueva zona donde evacuar a los heridos cada vez más numerosos. De nuevo se pidió apoyo aéreo y, una vez más, la aviación y la artillería arremetieron contra las posiciones enemigas a lo largo de todo el día y la noche. La pesadilla acababa de comenzar.

El fracaso del ataque
Los problemas principales eran dos. En primer lugar, la forma en que el enemigo (los Batallones 7º y 8º del 29º Regimiento del Ejercito de Vietnam del Norte) habían desplegado sus fortificaciones, las cuales construidas a ras de suelo y escondidas bajo denso manto de vegetación, no sólo eran prácticamente indestructibles sino que además estaban dispuestas de tal modo que sus fuegos convergían y se cruzaban cubriendo todos los accesos por la ladera de la montaña. El otro problema era que todos refugios y escondites de la Cota 937 estaban siendo destruidos por bombas arrojadas por los aviones. Los hombres del 187º Regimiento no tardaron en darse cuenta de que si seguían atacando ya no sería cuestión de si morían o no, sino de cuándo.

Pero siguieron atacando, día tras día, inútilmente, y las bajas aumentaron. El 13 de mayo llegó nuevamente el turno de la Compañía B que, junto con la Compañía C, debía intentar llegar a la cima de aquella montaña escarpada y llena de cicatrices. El ataque duró sólo 30 minutos, hasta que fue repelido con cohetes y un virulento fuego automático. Los soldados tuvieron otras 37 bajas. Al día siguiente, las Compañías B, C y D iniciaron la escalada por separado, en diferentes ejes de avance. Era la tercera vez que los hombres de la Compañía B avanzaban hacia el enemigo desde el comienzo de aquella acción.

Esta vez el ataque acabó cuando el comandante de la Compañía C, que estaba al mando, resultó herido y su radio dejó de emitir. La Compañía C emprendió la retirada y el ataque se hizo pedazos. Otra retirada, otro bombardeo, otra noche a la escucha, en espera del amanecer o de una bala con tu nombre inscrito en ella. Pero ya se empezaba a ver que nada podría con aquellos bastardos. Todo aquello comenzaba a tener visos de horrible danza de la muerte.

El día 15 de mayo por la mañana, llegaron los demás elementos de la 3º Brigada, junto con un batallón del 3º Regimiento del Ejército de Vietnam del Sur, para reforzar al 187º.Pero esto no proporcionó un respiro a las debilitadas filas de la Compañía B. Junto con la Compañía A, se alejaron buscando desesperadamente algún trozo de terreno en el que las bombas no hubiesen destrozado todo abrigo posible. Con los helicópteros cubriendo su avance y las constantes salvas de cohetes cayendo sobre las posiciones enemigas, lograron avanzar. Era una marcha lenta y dolorosa, sobre todo porque la noche anterior los vietcongs habían colocado minas Claymore en torno a sus defensas. Pero poco a poco, las casamatas fueron cayendo de una en una.

Marcados por el fuego amigo
De pronto apareció a la vista la cima de la Cota 937 y los soldados sobrevivientes empezaban a soñar con una victoria cuando ocurrio el desastre. Un Helicóptero cañonero atacó equivocadamente a la Compañía B, distribuida por toda la ladera de la colina, sobre la que disparó con sus cohetes y ametralladoras. Había cuerpos por todas partes y los mutilados gritaban desde el suelo, después de toda la mierda que habían tenido que soportar los últimos cinco días un idiota había metido un gol en su propia puerta.

Una horas más tarde, el cuartel general del batallón fue alcanzado por los RPG del enemigo y Honeycutt (Blackjack) resultó herido: su tercera herida en batalla. Rechazó la oferta de evacuación. A muchos de sus hombres no les hubiera importado que tuviera que ser evacuado, aunque fuera muerto dentro de un saco.

El 17 de mayo fue un día de descanso. Se mantuvo un bombardeo continuo (complementado con gases lacrimógenos) sobre las defensas del enemigo durante las 36 horas siguientes y se suministró a la tropa chalecos antibalas superpesados. Además de ser prácticamente imposible llevarlos puestos con aquel calor sofocante, habían llegado con una semana de retraso.

Ya hacía una semana que estaban atacando la Cota 937. Cada día habían enviado más tropas, mas armas y no habían conseguido nada. El 18 de Mayo hubo un ataque frontal a cargo de dos batallones completos, el 3/187º y el 1/506º. Llenos de desesperación y rabia, los soldados asaltaron las posiciones nordvietnamitas y se abrieron paso casi hasta la cima. Una vez más intervino el destino. Una repentina tormenta se abatió sobre la colina, frenando a los atacantes. La visibilidad era nula, pero lo peor era que los continuos bombardeos de la aviación habían reducido la superficie de la colina a un montón de polvo blando y estéril. La lluvia no tardó en convertirlo en lodo líquido sobre el cual los soldados no podían ni caminar. De repente recibieron el ataque de cientos de granadas y minas detonadas por el enemigo dentro de su propio perímetro. Otra vez se ordenó la retirada.

Resignados a morir
La insensatez de la situación en la que se encontraban, combinada con la baja moral general de los últimos meses, estaba provocando una actitud rebelde entre los pocos miembros que quedaban del 187º. Un soldado recuerda «En la Compañía Bravo había muchos que pensaban negarse a subir allí una vez más. El estado de animo siempre había sido muy bajo pero nunca tanto (…) porque sentíamos que todo aquello no tenía ningún sentido». Un hombre herido se quejaba: «Ese maldito Blackjack no parará hasta que haya acabado con todos y cada uno de nosotros».

Mina Claymore Así que el día 20 de mayo, al amanecer prevalecía un resignado fatalismo en el ambiente. Pero la suerte había cambiado. Se organizó un ataque combinado de los cuatro batallones. Una vez más alcanzaron la cima de la colina. El enfrentamiento de casamata en casamata era tan intenso que el apoyo aéreo era inútil. Sin embargo esta vez no hubo retirada. Al final del día, los hombres del 187º tenían bajo control lo que quedaba de la colina de la Hamburguesa.

El coronel Honeycutt no podía estar más agradecido a sus tropas: «Adoro a cada uno de mis chicos, todos cumplieron con su deber».

Alrededor de 80 soldados perdieron la vida durante aquellos días en el infierno y más de 400 resultaron heridos. Cuando la colina de la Hamburguesa estuvo bajo control, después de registrar y destruir las casamatas enemigas, las tropas abandonaron el lugar. En un trozo de cartón, clavado a un arbol junto con un pañuelo negro de la 101ª, un soldado desconocido dejó escrito un mensaje: «¿Merecía la pena?».

 

 

5.3. EL ASEDIO A KHE SANH
Las municiones comenzaron a estallar por todas partes. A medida que las tropas del Ejercito del EVN se acercaban al perímetro de la base, quedó claro que aquello no iba a ser ningún «Paraíso Hawaiano». En la mañana del sábado 10 de enero de 1968 los infantes de marina acantonados en la base de combate de Khe Sanh pudieron echar un vistazo al tablón de anuncios y ver que películas iban a pasar durante la siguiente semana. Entre las novedades figuraba, programada para aquella misma tarde, «Paraíso hawaiano», protagonizada por Elvis Presley, película que iba a ser proyectada en las seis salas repartidas por la enorme base. Más abajo de la lista venían «Murderer’s Row», «Beau Geste» y «Gunsmoke». Estas distracciones, enviadas especialmente desde Estados Unidos, revelan lo aburrido y tedioso de la vida en aquel puesto aislado de la presencia norteamericana en Vietnam. Pero mientras la tropa miraba la cartelera de películas, el comandante de la base, coronel David E. Lownds, tenía cosas más importantes en que pensar.

En el cuarto de radio de la base, Lownds escuchaba atentamente la oleada de informes que enviaba el capitán Bill Dabney, el oficial al mando de una de las compañías de Marine encargadas de tomar las colinas que rodeaban el perímetro de la base. Dabney y los hombres de la Compañía India hablan tropezado con un batallón de soldados nordvietnamitas mientras patrullaban por la Cota 881 Norte y estaban en aquellos momentos envueltos en un intenso tiroteo.

Para Lownds, había comenzado la tan largo tiempo esperada ofensiva contra la base de Khe Sanh.

¿Paraíso Hawaiano?
Las posiciones exteriores de la colina y la base de combate fueron puestas inmediatamente en estado de alerta máxima. Los artilleros preparaban apresuradamente sus cañones de 105 y 55 mm, las defensas de alambre de espino fueron revisadas y reforzadas, y se distribuyeron bengalas y minas Claymore adicionales por todas las defensas del perímetro. Mientras caía la noche, los Marine probaron sus armas con breves ráfagas, comprobaron sus municiones e intentaron mantenerse todo lo tranquilos que podían. «Paraíso hawaiano» fue retirada del cartel y el club de oficiales se cerró hasta nueva orden.

La megabase de la Infantería de Marina en Khe Sanh estaba situada en un pequeño altiplano, en la parte más al norte de Vietnam del Sur, a tan sólo 24 km al sur de la Zona Desmilitarizada.

Situada junto a la Carretera 9, la principal ruta desde Laos a las importantes ciudades de Quang Tri y Ru‚, Khe Sanh se había convertido en una obsesión para el general Westmoreland.

Antes de la guerra, esa zona tenía la reputación de ser uno de los lugares más hermosos de la tierra. Montañas con densos bosques y suaves colinas, separadas por valles verdes y brumosos, rodeaban el pequeño pueblo de Khe Sanh, situado en el borde del altiplano.

Pero en 1966 las cosas habían cambiado mucho. A instancias de Westmoreland, que estaba profundamente preocupado por las actividades de las tropas nordvietnamitas en la zona, los Marine se habían trasladado a Khe Sanh. Enormes excavadoras despejaron una amplia zona alrededor de la antigua pista de aterrizaje francesa, que fue alfombrada con placas metálicas, mientras los zapadores y agregados civiles acababan de levantar las instalaciones de una nueva base de combate.

La llegada de los Marine de la guarnición llevó también la guerra a Khe Sanh. En la primavera y el verano de 1967, los Marine se enfrentaron a las tropas nordviernamitas en numerosas escaramuzas en las colinas que rodeaban el altiplano, lo que hizo que se mejorasen las defensas de la nueva base de combate. En enero de 1968 había 6.000 Marine en Khe Sanh, y no estaban solos.

Según habían sabido los servicios de información militar, a principios de enero fuerzas nordvietnamitas habían cruzado a gran escala la frontera hacia Vietnam del Sur y tomado posiciones en la franja de terreno situado entre la Zona Desmilitarizada y la carretera 9. En la Ruta Ho Chi Minh a su paso por Laos, sensores lanzados por la fuerza aérea incrementaron su actividad electrónica al tiempo que el volumen de tráfico se intensificaba. Durante octubre de 1967 esas disposiciones informaron del de movimiento cerca de mil camiones alrededor de Khe Sanh, cifra que en diciembre fue de seis mil quinientos. No parecía haber duda acerca de los que tenían pensado los nordvietnamitas para Khe Sanh.

A mediados de enero, la artillería nordvietnamita había empezado a bombardear la base de combate. Los Marine llevaban puesto sus chalecos antibala a todas horas y sin distinciones visibles, pues todo el mundo sabía que los francotiradores de Charlie elegían a sus victimas por su graduación. Los obuses de los Marine hacían fuego H&I (Hostigamiento e Interdicción) para mantener a las tropas nordvietnamitas a raya, pero los objetivos resultaban muy difíciles de identificar. El tiempo en Khe Sanh era una maldición para los artilleros. Espesa niebla y nubes bajas cubrían las colinas, haciendo imposible a los observadores aéreos dirigir el fuego de los Marine contra la artillería enemiga. Enviar grupos de observación para corregir el tiro de los obuses a la zona, infestada de enemigos, de los alrededores de la base habría sido como enviarlos a la muerte segura en cuanto cruzaran las puertas de la base. Mucha de la información sobre los blancos se obtenía de los sensores electrónicos sembrados alrededor de Khe Sanh. Sin embargo seguía siendo una información muy precaria para establecer un fuego coordinado, y los artilleros nunca sabían si daban en el blanco o no. Frustrante.

El 20 de enero la bola comenzó a rodar. Mientras el capitán Dabney estaba en la Cota 881S, un teniente nordvietnamita irrumpió en la base principal haciendo ondear una bandera blanca.Ante los atónitos Marine que le interrogaban, detalló todo el plan de ataque del ejercito nordvietnamita.

Los primeros asaltos serían a las 00.30 de aquella misma noche, dirigidos contra las colinas y la base principal. Después de acabar con los Marine, las divisiones nordvietnamitas pensaban dirigirse al este y tomar las ciudades de Quang Tri y Ru‚. Sin embargo, ¿quién era aquel teniente? ¿Una estratagema, un truco sucio de los nordvietnamitas para engañar a los Marine? Afortunadamente, Lownds decidió que no tenían nada que perder creyéndole.

Como había predicho el desertor, los nordvietnamitas atacaron la Cota 861 con una andanada de cohetes pesados, fuego de morteros y de ametralladora según el plan programado, con lo que se inició la batalla por la posesión de la colina. Cinco horas más tarde, la misma base de Khe Sanh estaba bajo fuego. Varios cientos de cohetes de 122 mm, cada uno de ellos de un peso superior a los 45 kg, cayeron sobre las posiciones de la base, seguidos por un bombardeo masivo de artillería y morteros pesados. El infortunio quiso que uno de los primeros cohetes caídos en la base se abriese camino al interior de un gran refugio situado en el extremo este de la misma y detonase. La explosión que siguió fue algo que ni los Marine más experimentados habían visto nunca. El altiplano de Khe Sanh se iluminó con una gigantesca llamarada de fósforo producida por las 1 500 toneladas de munición que estallaron de golpe. Los helicópteros situados en la plataforma de aterrizaje se desparramaron como juguetes, las tiendas y construcciones se desintegraron y una terrible lluvia de metralla y proyectiles de todo tipo y descripción empezó a caer sobre toda la base. Algunos detonaban con el impacto, otros ardían. El combustible de aviación y el aceite almacenado se inflamaron con el calor y, mientras tanto, más y mas proyectiles y cohetes llovían sobre la base.

La mañana del día 21, Khe Sanh amaneció en mitad de una total destrucción. Continuaban ardiendo hogueras por toda la base y por todas partes la tierra era una masa de escombros por la explosión del polvorín. Vainas vacías, hierros retorcidos, piezas y cascotes de los edificios yacían por todos lados. Un humo negro y espeso secaba las gargantas de los Marine mientras intentaban restablecer las condiciones de la base. Sus esfuerzos se veían dificultados por las ráfagas que de vez en cuando disparaba el enemigo. Era algo a lo que iban a tener que acostumbrarse.

Durante el resto del mes de enero el Ejército nordvietnamita mantuvo su presión sobre la base y los puestos de las colinas, pero no había ninguna duda acerca de que los norteamericanos debían conservar la posición como fuese. Después de toda la retórica de Westmoreland sobre la importancia de Khe Sanh, la imagen en las pantallas de televisión en EE UU de los Marine retirándose por la Carretera 9 con el rabo entre las piernas era algo que no podía permitirse.

Heroísmo, anuncios y el Dr. KiIdare
Cada noche aparecían desgarradores reportajes en la televisión sobre la vida en las casamatas, y los editoriales en toda la prensa de la nación hablaban de la determinación de resistir. Se explicaban historias de heroísmo entre los anuncios y los episodios del Dr. Kildare. Pero en las trincheras y refugios de Khe Sanh los Marine estaban más interesados en seguir vivos. Para todo el mundo en la base, mando o soldado, las condiciones en la misma eran un infierno en la tierra. A lo único que podían recurrir para detener a las oleadas humanas que los nordvietnaminas podían lanzar era a la potencia de fuego. Día tras día, los cazas tácticos y los bombarderos B-52 martilleaban las colinas que rodeaban la base y las zonas de concentración y los emplazamientos de la artillería de largo alcance nordvietnamitas situados en Laos.

Westmoreland había bautizado el apoyo aéreo de Khe Sanh con el nombre de Operación «Niagara». En el interior del perímetro, los Marine estaban bien protegidos por sus baterías de 105 y 155 mm, y por un gran número de morteros pesados. Los 16 cañones de 175 mm de las bases de fuego del nordeste, en Camp Carroll y la Rockpile, podían prestar apoyo en caso necesario.

Pero el fuego continuo, tanto de los defensores como de los sitiadores, y el rugido de los aviones que volaban a baja cota y el tronar de sus bombas alteraron por completo los hábitos de sueño de los hombres. Sin embargo, ello no parecía tener ningún efecto sobre las ratas. La primera semana de febrero, las condiciones de vida en Khe Sanh rayaban lo insoportable. Toneladas de basura se amontonaban por toda la base los excrementos de los Marine eran quemados en bidones. El hedor era espantoso.

Infecciones y plagas
En las casamatas donde dormían, los marine tenían que soportar el nauseabundo olor del sudor y la orina de sus compañeros. En esos refugios bajo tierra martilleados constantemente por los proyectiles enemigos, la tropa tenía que espantar a las ratas que se metían entre sus piernas, que saltaban sobre su pecho mientras dormían. Los hombres se envolvían completamente en sus ponchos por la noche, con la cara cubierta para evitar ser mordidos por sus indeseadas compañeras de cama. Algunos fueron mordidos y contrajeron infecciones y enfermedades. Otros se untaban los dedos de los pies con mantequilla de cacahuete para atraer a las ratas, ser mordidos por ellas y contraer una enfermedad que pudiese sacarles del infierno de Khe Sanh.

Algunos días cayeron sobre la base 1 000 proyectiles enemigos, mientras francotiradores muy bien emboscados disparaban contra cualquier infante de marina que entrase en su sector de tiro.

El 23 de febrero, el teniente Jacques salió con 20 hombres de la Compañía Bravo a localizar una posición de mortero nordvietnamita que estaba bombardeando la base con gran precisión. Los hombres de la Bravo cargaron por terreno descubierto, pero fueron inmovilizados por el fuego de fusilería enemigo. Atacados de frente y por los flancos, tan sólo cuatro hombres consiguieron recorrer los 200 metros de regreso al perímetro. El tan esperado ataque masivo de la infantería enemiga contra la base de Khe Sanh no llegó a materializarse. Pero los Marine no lo sabían; de hecho, las unidades nordvietnamitas sondeaban sus defensas y cavaban trincheras dirigidas hacia las posiciones del perímetro, lo que desde luego no era un indicio demasiado esperanzador.

Tan sólo se lanzó un ataque a pequeña escala. Después de que una unidad del Ejército nordvietnamita asaltase el extremo este de la base y fuera rechazada por los Ranger del ARVN, la infantería enemiga no volvió a amenazar la base.

 

 

5.4. EL TET EN SAIGON
Las fuerzas aliadas lucharon de forma endemoniada cuando las escuadras del Vietcong atacaron Saigón.

Cuando el VC salió de sus escondites para lanzar su ataque, todo el mundo pensó que las explosiones eran simplemente fuegos artificiales para celebrar el Año del Mono. Pero el hecho de que el ruido se prolongara durante tanto tiempo, nos convenció de que realmente se estaba luchando en las calles.Al principio, nadie imaginó que eso fuese posible. Aquí no, dentro de la capital. Entonces, una vez que el sonido de las armas portátiles se hizoinconfundible, todo el mundo pensó que se trataba de un golpe palaciego. Era Ky quien, finalmente, se había levantado contra el presidente Thieu. Pero nos equivocamos otra vez. (De hecho, como se supo después, Thieu ni siquiera estaba en Saigón, sino que se hallaba en My Tho, a unos 60 kilómetros de distancia de la capital.)

En 1968, me encontraba de regreso en Saigón. Ya hacía dos años que estaba en la ciudad después de haber estado trabajando en las provincias. Había sido administrador civil para el gobierno de Saigón, primero en Ben Tre y posteriormente en Bien Hoa. Eran los últimos días de enero y nos preparábamos para celebrar el Tet, el Año Nuevo vietnamita. La guerra parecía muy lejana. Todo el mundo estaba cansado de ella y casi todos los soldados estaban de permiso.

El Tet llega en el momento más agradable del año, durante nuestro invierno, lo que significa que el clima es fresco y bonancible. El Tet es una ocasión muy especial, como nuestra Navidad. Todo está cerrado, nadie va a trabajar, las familias se reúnen y todo el mundo se muestra muy generoso. En todas partes se respiraba un aire vacacional. En lo único que pensábamos era en escapar de aquella espantosa guerra.

En esa época se habían producido rumores sobre golpes palaciegos urdidos por Ky, diputado del presidente Thieu, y sobre un posible golpe de estado. Pero todos los problemas son dejados de lado tradicionalmente durante el Jet; se abandonan las luchas y las habituales e interminables conspiraciones están ausentes de las conversaciones. Pero cuando comenzaron los combates, los rumores volvieron a aparecer inmediatamente.

Ocultas en ataúdes
Lo que nosotros ignorábamos era que, durante meses, el VC había estado infiltrando armas en la ciudad. Lo habían hecho en pequeñas cantidades; fusiles, ametralladoras, granadas, explosivos y municiones. Algunas armas habían sido introducidas en Saigón en el interior de ataúdes. Y los combatientes desarmados también habían llegado a la ciudad, llenando los hoteles. La gente viajaba de pueblo en pueblo para el Tet. De modo que nadie se extrañó de que los hoteles estuviesen llenos de gente llegada del campo.
Y en las primeras horas del 31 de enero, el VC atacó su primer objetivo, el palacio presidencial. Luego atacaron los demás edificios importantes, incluyendo la estación de radio. Robaron coches para trasladarse por la ciudad. Incluso atacaron la Embajada norteamericana esa misma mañana, justo antes de las 15.00 h.

Yo había estado jugando la póker con un grupo de amigos hasta las 02.00 h. de la mañana, ignorante de lo que estaba a punto de suceder. Incluso regresé en coche a mi casa pasando junto al edificio de la radio.

Sin previo aviso
Ataques similares se estaban produciendo en las primeras ciudades de todo el país. En Saigón, el VC Incluso se las ingenió para infiltrarse en el barrio chino de Cholon antes de que se produjera el contraataque de las fuerzas gubernamentales.

El edificio de seis plantas de la Embajada norteamericana, que se alzaba en la zona central de Saigón, había sido un recordatorio permanente de la presencia de los EE UU y un símbolo de su prestigio y poder. Los norteamericanos se sentían tan seguros este reducido territorio estadounidense a más de 16.000 kilómetros de sus hogares, que sólo había un puñado de Marines montando guardia. No hubo aviso previo. Un escuadrón de zapadores integrado por 19 Vietcong logró superar el muro exterior y se preparó para irrumpir en el edilicio principal, armado con morteros y granadas.
Pero el VC sólo consiguió llegar hasta el recinto exterior antes de que sus jefes cayeran abatidos por los centinelas. Con sus comandantes muertos, los otros guerrilleros fueron obligados a ponerse a cubierto cuando llegaron los refuerzos norteamericanos. Hasta esa distancia habían conseguido llegar.

Un verdadero infierno
Pero a los Marines aún les llevó seis horas hacerse nuevamente con el control total del recinto. Una vez acabados los combates, el escenario era un verdadero infierno. El personal de la Embajada, cubierto de sangre, era atendido por los médicos. Los empleados habían cambiado sus plumas por armas. Había cadáveres esparcidos por todas partes, algunos de ellos norteamericanos, pero la mayoría pertenecientes al VC. Yacían apilados sobre la hierba tiñéndola de rojo con su sangre. Estaban caídos entre los tiestos de flores, debajo de las apacibles palmeras. Por todas partes había trozos de piedra y cemento y las antaño blancas y hermosas paredes de la embajada estaban ahora acribilladas a balazos. Se podía leer la conmoción en el rostro de los norteamericanos. Su paraíso de paz había sido violado. Durante los días siguientes, se ordenó a los soldados norteamericanos que permanecieran en sus cuarteles, pero cuando se ordenó intervenir, lo hicieron con sed de venganza.

Por primera vez, los norteamericanos armaron a las tropas gubernamentales con fusiles de asalto M16. Luego utilizaron toda su potencia de fuego para recuperar el terreno ocupado por el VC. Allí donde había concentraciones guerrilleras, los Marine simplemente arrasaban el lugar.

El VC había esperado que se produjera un levantamiento popular apoyando su acción. Pero no comprendieron que la gente les temía. Y tampoco esperaban que los norteamericanos simplemente arrasaran todo lo que encontraran a su paso justo en el centro de la ciudad. Era la primera vez que la gente veía helicópteros sobre los terrados de la ciudad, disparando cohetes contra las casas y los edificios. Si hubo algo que obró en contra del VC fueron los helicópteros armados con cohetes. Calles enteras fueron reducidas a escombros y gran cantidad de civiles murieron junto a los miembros del VC.

Pero no sólo fueron civiles los muertos bajo el fuego de los norteamericanos. Una escuela llena de soldados del gobierno fue atacada por error por los helicópteros y, aunque se produjo un verdadero escándalo, esas muertes no trajeron ninguna consecuencia. Se dijo que se estaba produciendo una matanza indiscriminada en toda la ciudad.

Ya no estaban seguros
Mientras los combates se recrudecían, fueron acordonadas zonas enteras de Saigón. Los norteamericanos no pensaron en enviar un jeep con un cañón sin retroceso para disparar contra las casas donde se habían hecho fuertes los soldados del VC. Comenzaban a disparar y volaban media calle.

Eran casas donde vivía la gente, pero lo único que quedaba después del ataque era un montón de ruinas humeantes.

Estas personas no tenían ningún lugar adonde ir. Improvisaban refugios temporales, construían pequeñas chabolas con cajas de embalar o se metían en enormes tuberías de desagüe subterráneas. De alguna manera, comenzó a crecer una especie de ciudad de chabolas, habitada por miles de víctimas inocentes que habían sido sorprendidas por los combates.

Durante el desarrollo de los combates, se impuso el toque de queda controlado por la Policía Militar. La gente permanecía oculta y alejada de la línea de fuego. La guerra había llegado a Saigón con toda su crudeza, a una ciudad donde la vida había sido relativamente pacífica. Antes, la guerra se había librado en el campo y, aunque todos conocían a alguien que estaba luchando, la vida en la capital había parecido segura.
Yo me encontraba en el distrito de Gia Dinh en aquel momento y había decidido regresar a Ben Tre justo antes de que se desatara el ataque. Pero mi acompañante cambió de idea en el último minuto y, por tanto, ambos nos quedamos en Saigón. Resultó ser una decisión acertada, porque Ben Tre fue duramente atacada y pasaron dos semanas antes de que alguien pudiera moverse de allí. El mercado resultó completamente destruido y hubo que construir uno nuevo.

La esperada deserción masiva de efectivos del Ejército no se produjo y la población civil se negó a tomar las calles apoyando la ofensiva. En cambio, el Ejército se reagrupó e inició el contraataque junto con los norteamericanos, ganando terreno gradualmente en los alrededores de Saigón y en otras ciudades. La potencia de fuego masiva aniquiló los aislados focos de resistencia, aunque con un terrible coste de vidas para ambos contendientes.

Listas de muertos y fosas comunes
En la antigua capital imperial de Hué, en el norte, cuando las fuerzas nacionalistas reconquistaron la ciudadela, encontraron fosas comunes llenas de partidarios del gobierno, asesinados por el VC. Tal vez fuesen personas incluidas en listas negras o quizás, se habían ajustado viejas cuentas. Pero en otras ciudades provinciales se había producido una destrucción similar, ya fuese por la acción de los norteamericanos para expulsar al VC o por este mismo. Según un portavoz norteamericano: «Fue necesario destruir la ciudad (Ben Tre) par salvarla».

Después de que se hizo evidente que las fuerzas nacionalistas habían ganado, se podía oler el júbilo en el aire. El Norte ya no conseguiría la victoria. El gobierno había luchado en lugar de arrojar las armas, y, nuevamente, los norteamericanos habían sido unos aliados poderosos. Su poderío militar había salvado la situación. El VC había atacado con todo lo que tenía y, aún así, habla sido derrotado.

Su fuerza estaba mermada, su armamento destruido, su organización en ruinas. Había sido una victoria militar para el gobierno y su principal aliado. Los sudvietnamitas se sentían orgullosos de su Ejército y la forma en que éste había superado la prueba de la batalla. Pero aunque el pueblo de Vietnam del Sur la consideraba una victoria, el pueblo norteamericano pensaba de un modo muy diferente. Habían visto cómo entraban las fuerzas enemigas en su Embajada y eso era algo que jamás olvidarían.
BIBLIOGRAFIA

 George Bailey, «Television War: Trends in Network Coverage of Vietnam 1965-1970», Journal of Broadcasting, primavera de 1976, Washington D.C.
 Le Monde, 3-3-1971.
 Patrice de Beer, «Une grande fresque sur le Vietnam», «Leçons d’histoire», Manière de voir, n°26, mayo de 1995.
 Estudio sobre Vietnam halla dioxina en cadena alimenticia», Los Angeles Times, 31 de octubre de 1998. «Cómo los militares engañaron a los veteranos de Vietnam y sus familias sobre los riesgos del Agente Naranja», San Diego Union-Tribune, 1 de noviembre de 1998. Hatfield Consultants Ltd., www.hatfieldgroup.com

Sobre el autor

admin administrator