LA GUERRA DE KOSOVO

LA GUERRA DE KOSOVO

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Las raíces del conflicto en Kosovo es un problema sumamente complejo que data de siglos anteriores. Desde luego que debe condenarse todo exceso y crímenes cometidos contra el pueblo kosovar, pero no podemos negar, que en todo caso, se trata de un asunto interno que sólo corresponde a las partes resolver por la vía pacífica, mediante acuerdos políticos. Pero toda determinación en este sentido compete única y exclusivamente a los serbios y a los kosovares y no al imperialismo estadounidense y sus aliados europeos que persiguen propósitos distintos.

La suerte de la población de origen albanés en la provincia de Kosovo, sólo es un pretexto para encubrir las acciones expansionistas de los grandes capitales, sobre todo norteamericanos y alemanes en esa estratégica región del continente europeo, pues contrasta este supuesto sentimiento humanitario de los Estados Unidos y sus aliados, con el silencio cómplice que guardan ente la verdadera purga que lleva a cabo el gobierno turco contra la minoría kurda; todo porque Turquía es miembro de la OTAN, pero más quizá porque ese país es uno de los principales clientes de la industria armamentista occidental.

Para todo el mundo, debe quedar claro que la principal finalidad de Washington y la OTAN no consiste en defender la vigencia de los derechos humanos en esa región del planeta, ni proteger a la población civil, ni garantizar la libre autodeterminación del pueblo kosovar, sino en desmembrar a Serbia; terminar por desintegrar lo que fue la Yugoslavia socialista bajo la dirección del mariscal Tito, para extender la hegemonía de los capitales estadounidenses y alemanes en esa zona, con el objetivo de tener nuevos mercados para sus productos, mano de obra barata y aumentar y consolidar las ramificaciones del capitalismo monopolista en toda Europa.

Se trata de amplificar la presencia de la OTAN en todo el continente —por eso han incorporado en calidad de afiliados a los países ex socialistas balcánicos—, y de constituir una sola unidad económica bajo el control de las grandes inversiones de Alemania. Para ello liquidan todos los vestigios del socialismo en la zona y propician los sentimientos separatistas para hacer surgir mini Estados «independientes» y «soberanos» que fácilmente puedan ser sometidos al nuevo orden de la globalización neoliberal.
I. GENERALIDADES
La prolongada guerra del Kosovo ha impactado la conciencia pacifista en todo el mundo. Es previsible que afectara especialmente a Italia: su vecindad geográfica pone en peligro a la población italiana, pues algunas bombas -especialmente las de los A-10 Thunderbolt- contienen uranio, substancia cancerígena que requiere de más de 4,500 años para desactivarse y cuyas partículas pueden difundirse en el viento. Algunas bombas han caído en el Adriático, cerca de la costa italiana, afectando la pesca. Los bombardeos al destruir fábricas contaminantes, dispersan las toxinas… Además, si un sector italiano mantuvo relaciones comerciales con Milosevic, otros sectores habían tenido nexos con fuerzas opositoras, ahora también afectadas. Hay, pues, razones que explican la iniciativa italiana para proponer al menos una interrupción unilateral de los bombardeos.

II. ANTECEDENTES HISTÓRICOS
Kosovo es un caso ejemplar de conflictos por razones étnicas. El proceso mismo de unificación europea y –en este caso concreto- el quiebre de la Unión Soviética, pudieron tener efectos de exacerbación nacionalista en las minorías. Mientras que las «patrias» o Estados Nacionales resultan artificiales (Yugoslavia tuvo sólo 50 años de vida), las «matrias» o etnias se remontan al feudalismo europeo y se arraigan en el inconsciente colectivo, expresado en la lengua, religión y tradiciones. Los conflictos entre los serbios y los albaneses de Kosovo, por ejemplo, se pierden en la noche de la historia. Es por ello que los conflictos étnicos son tan intensos y de difícil solución.

La población albanesa ha habitado Kosovo desde los remotos tiempos de los ílaros. Pero ya desde el siglo VII comenzaron a llegar a los Balcanes algunos grupos serbios, de fuerte cultura militarista. Durante los siglos XII al XIV llegaron los mayores contingentes, aunque mezclándose con la población local. A principios del siglo pasado, éstos soldados serbios lucharon contra los otomanos con gran valentía, sirviendo de contención a las demás etnias balcánicas. La lucha se prolongó hasta principios de este siglo, con claras victorias serbias, que continuaron con su victoria sobre los búlgaros. En esas guerras balcánicas habían mostrado su fiereza militar; pero sólo les faltaba enfrentarse al imperio astro-húngaro, única fuerza que quedaba sin someterse. El atentado contra el archiduque Francisco Fernando que dio pie a la I Guerra Mundial, tuvo ese objetivo. Finalmente, fueron derrotados en la batalla de Polje; pero conservaron durante seis siglos la nostalgia por construir la Gran Serbia.

Kosovo, en tanto, era una unidad administrativa albanesa. Si la religión ortodoxa une a los serbios con los rusos, los albaneses tienen una tradición islámica, si bien el secularismo comunista debilitó en ambos pueblos la motivación religiosa. En 1878, al constituirse el Estado de la Serbia, se obligó a la población albana a emigrar a Turquía. Éstos forman la «Liga de Prizren» para la liberación nacional de todos los albaneses. A principios de siglo vuelve el dominio turco, hasta que en 1912 Kosovo queda confiado a Serbia. En 1919, Kosovo y Macedonia se asignan al reino Yugoslavo, con predominio croata, serbio y eslavo y consiguiente la represión de los albaneses. Después del breve protectorado italiano, al fin de la II guerra mundial , Kosovo queda como provincia autónoma al seno de la república Serbia. Tito, siendo croata era consciente del peligro serbio; pero se tuvo que apoyar en ellos para la cohesión de Yugoslavia. De1946 a 966 se da una dura represión policiaca a cargo del ministro del interior Alejandro Rankovic, con más de 100 muertos y 400,000 albaneses deportados a Turquía. Éste fue finalmente depuesto y la situación albanesa mejoró, con un sistema académico en su propia lengua, que llegaba hasta la Universidad de Prístina. En 1974 se firma el tratado de Rambouillet, con la nueva constitución yugoslava, en la que Kosovo, si bien considerado parte de la república serbia, queda como «provincia autónoma», formando parte de la federación yugoslava, y con gobierno proprio. Los kosovenses continuaron su lucha por ser reconocidos como república balcánica, al par de las demás; pero fueron reprimidos.

III. EL MOMENTO ACTUAL
En 1987, Milosevic toma el poder y se inicia el proceso de cancelación de la autonomía kosovense. Hay movimientos de resistencia, tales como la huelga de mineros de 1988, con grandes manifestaciones de solidaridad en toda la república, que luego se afianzarán como opción no violenta. Con la enmienda del 23 de marzo de 1989, se desarrolló su política de «limpieza étnica», en aras a «recuperar» supuestos territorios serbios. El 2 de julio de 1992, Kosovo proclama su independencia al interior de Yugoslavia, confirmada mayoritariamente con un referendum a la población. Los serbios responden con fuertes represalias. Los albaneses organizan sus propias instituciones alternativas administrativas, escolares y sanitarias y eligen su proprio presidente, el moderado Ibrahim Rugova, «el Gandhi de los Balcanes».

El gobierno serbio responde quitándole el trabajo a 170,000 albaneses. La información recogida por Amnistía Internacional, por la Comisión de Derechos Humanos de la ONU y por otros organismos similares resulta impresionante. Tan sólo de enero a septiembre de 1994 fueron detenidas 2464 personas, se allanaron 3216 viviendas familiares robando, destruyendo y golpeando a sus habitantes.
El movimiento no-violento de Rugova -juntamente con la Iglesia Católica y otras fuerzas sociales- hacen conciencia para superar la «venganza de sangre», muy internalizada en la cultura de la región, y se abocó a una gran campaña de perdón y reconciliación. Se suspendieron más de 1,300 ritos de venganza delante de una multitud que concentrara 650,000 personas, y esto mismo atrajo la simpatía y los apoyos internacionales. En 1995 se firman los acuerdos de Dayton, entre Bosnia-Erzegovina, los cuales no aportaron, empero, ninguna solución para el Kosovo, donde continuaron las innumerables violaciones a los derechos humanos. En 1996 hay un acuerdo entre Rugova y Milosevic para la reapertura de las escuelas y los edificios públicos; pero la aplicación se retarda, no obstante que miles de manifestantes protestan por su exclusión del sistema escolar. En 1997 aparece el movimiento guerrillero del Uck (Frente de Liberación Nacional de Kosovo), de tipo violento y vindicativo y ligas con las mafias, que secuestran a centenares de serbios, muchos de los cuales ajenos a las acciones militares.

Desde 1998 comienza una violenta represión serbia contra la población civil albana. Se ataca Decan, con 15,000 refugiados en Albania, por lo que contando las intervenciones del Uck, habría alcanzado unos 1500 muertos el año pasado. El hostigamiento serbio contra los albaneses, fomentado por Milosevic desde hace 10 años produjo cientos de desaparecidos y torturados. Recientemente ha provocado cientos de miles de refugiados. Tan sólo en Albania –país pobre, de 3 millones de habitantes- se encuentra medio millón, la mitad de los cuales, hospedados en casas de familias pobres. Fue esta situación intolerable la que dio pie a la intervención «humanitaria» de la NATO en el pasado marzo.

IV. VALORACIÓN DE LA GUERRA
Las grandes cadenas televisivas, como la CNN o la BBC, obviamente publicitan la perspectiva de la NATO. Ciertamente, la conducta de los líderes serbios de los últimos diez años es imperdonable y debía ser enérgicamente condenada. Pero muchos opinan que existían otras medidas no violentas para frenarlos (tales como el boicot económico o el bombardeo de información) que pudieron haberse implementado antes, cuando la comunidad internacional era sorda a las denuncias de lo que pasaba en Kosovo. En todo caso, se hubiera debido intervenir también en Sierra Leona, en Chechenia, en Liberia o en el Chile de Pinochet. Ahora, cada vez se escuchan más voces alternativas que se oponen a la guerra. Se piensa, en primer lugar, que estos bombardeos más bien debilitan el concepto de «intervención humanitaria» y que el remedio puede ser peor que la enfermedad misma. La cultura de respeto a los derechos humanos se acrecienta con la toma de conciencia y el consentimiento democrático, y no se defienden vía violenta, ocasionando víctimas inocentes -mientras los soldados combaten, las víctimas resultan ser los civiles de ambos lados- y aumentando el odio y la sed de venganza.

Los bombardeos de la NATO (unas 700 operaciones diarias) ocasionan gran sufrimiento en la población serbia: la suspensión sistemática de los servicios, la contaminación por las fábricas destruídas, los nervios en punta, las continuas «equivocaciones» de la armas inteligentes, etc. son otras tantas violaciones a la ética. Se objeta también que el tratado de la NATO contemplaba tan sólo la guerra defensiva (el ataque a alguno de sus socios), por lo que una intervención de este tipo, sería ilegal y peligrosa por el precedente que sienta. Se ha dado el caso en que se bombardee justamente ciudades opositoras a Milosevic, como lo han denunciado Djukanovic, presidente de Montenegro y el proprio alcalde de Nis.

La premura en declarar la guerra, sin intentar siquiera medidas de prevención, da pie a pensar que haya intereses inconfesados en ella (como el mismo Papa lo ha dicho). En efecto, sabemos lo importante que son las guerras para la industria bélica norteamericana. Era también conveniente una intervención de la NATO para su legitimación después de la polarización Este/Oeste, y al mismo tiempo, podría ser una prueba de lealtad para los aliados europeos para otras acciones similares. La categoría de «guerra humanitaria» es una innovación, que puede sentar peligrosos antecedentes.

4.1. Los que buscan la paz:
Esta guerra también ha dado oportunidad para que el movimiento pacifista muestre su fuerza. En primer lugar, la significativa ayuda que realiza Caritas a los refugiados en Albania, Croacia, Bosnia, Montenegro y Romania, por más que las necesidades superen con mucho estos esfuerzos. Ha habido varias movilizaciones pacifistas que robustecen la alternativa diplomática.

Ésta cuenta con la simpatía de la misma oposición no violenta de Rogova, es promovida también por la Santa Sede, por el episcopado norteamericano, por Rusia y por algunos países europeos. Sugieren que la supervisión en Kosovo no quede en manos de la NATO, sino de un contingente diversos, dependiente de la ONU y que cesen los bombardeos para crear condiciones de diálogo. De la movilización de amplios sectores de la opinión pública depende en buena parte su éxito.

Oremos al Dios de la paz por las víctimas y por los victimarios; por los gobernantes y por quienes informan a la opinión pública; por los refugiados y por quienes se consagran a ellos, y pidámosle un corazón solidario y que aprendamos a amarnos por encima de razas y naciones.

V. COMO ENTENDER LOS ACUERDOS DE RAMBOUILLET
Los Acuerdos de Rambouillet son un pacto interino de tres años que ofrecerá gobierno propio y democrático, paz y seguridad a todos los habitantes de Kosovo.

El gobierno propio y democrático incluirá todos los asuntos de importancia diaria para los habitantes de Kosovo, entre ellos la educación, el cuidado de la salud y el desarrollo económico. Kosovo tendrá un presidente, una asamblea, sus propios tribunales, un fuerte gobierno local e instituciones comunitarias nacionales con la autoridad necesaria para proteger la identidad de cada comunidad.

La seguridad será garantizada por efectivos militares internacionales desplegados en todo el territorio de Kosovo. Una policía local, que representará a todas las comunidades nacionales en Kosovo, proveerá ejecución rutinaria de la ley. Las fuerzas de seguridad federales y de la república abandonarán Kosovo, con excepción de una presencia limitada para la protección de fronteras.

Mecanismo de arreglo final. Se convocará a una reunión internacional después de tres años para determinar un mecanismo de arreglo final en Kosovo. La voluntad del pueblo será un factor importante en la reunión internacional.

5.1. GOBIERNO PROPIO Y DEMOCRATICO
Durante el período interino, los ciudadanos de Kosovo se gobernarán a sí mismos democráticamente por medio de instituciones kosovares. Kosovo tendrá una constitución. La constitución requiere la selección democrática de un presidente, un primer ministro y un gobierno, una asamblea, y autoridades comunitarias fuertes. Kosovo tendrá su propio Tribunal Supremo, Tribunal Constitucional, otros tribunales y fiscales. Se celebrarán elecciones libres y justas dentro de los nueve meses de entrada en vigor, bajo supervisión de la OSCE.

Kosovo tendrá la autoridad de dictar leyes no sujetas a revisión de Serbia o la República Federal de Yugoslavia, incluso para imponer contribuciones, instituir programas de desarrollo económico, científico, tecnológico, regional y social, dirigir las relaciones exteriores dentro de sus áreas de responsabilidad y de la misma manera que una república, y todos los asuntos de gobierno local.

Kosovo y sus comunidades nacionales realizarán la mayoría de las funciones que al presente desempeña la República de Serbia. Sin embargo, los ciudadanos de Kosovo podrán dirigirse a las instituciones de la república en procura de ayuda, si así lo desean. No se permitirá a la República Federal actuar de maneras que sean perjudiciales para Kosovo.

Las comunidades nacionales en Kosovo podrán controlar sus propias identidades, incluso preservar sus idiomas y operar escuelas y hospitales. A todas las demás autoridades se les prohíbe interferir.

Se garantizarán los derechos humanos y los derechos de los miembros de todas las comunidades nacionales. La comunidad internacional desempeñará un papel en asegurar que se lleven a cabo estas disposiciones, por intermedio de una Misión de Aplicación integrada por civiles, un mediador y jueces del tribunal constitucional seleccionados con el auspicio internacional, elecciones supervisadas por la OSCE y una presencia militar internacional.

5.2. SEGURIDAD
Las Partes invitan a la OTAN a desplegar una fuerza militar (KFOR), la que estará autorizada a usar la fuerza necesaria para asegurar la cumplimentación de los Acuerdos, proteger las instituciones internacionales involucradas en la aplicación, y proveer un entorno seguro para todos los habitantes de Kosovo.
KFOR se encargará de la seguridad en Kosovo. Todas las demás fuerzas de seguridad se retirarán o serán eliminadas gradualmente bajo la supervisión de KFOR, conforme a un programa equilibrado de pasos recíprocos de todas las partes especificadas en los Acuerdos.

Las fuerzas del ejército yugoslavo se retirarán por completo de Kosovo, excepto una fuerza limitada de guardias fronterizos (solamente activa dentro de una zona fronteriza de cinco kilómetros) y el personal asociado.

Las fuerzas de seguridad serbias se retirarán por completo, con excepción de un número limitado de policías fronterizos y, durante un período de transición, un número limitado de funcionarios de policía civiles, los que actuarán bajo la dirección de la Misión Internacional de Aplicación hasta que se haya entrenado a la policía local para reemplazarlos.

El Ejército de Liberación de Kosovo entregará las cuestiones de seguridad en Kosovo a las tropas de la OTAN y será desmilitarizado. La policía local se hará cargo de todas las funciones policiales en Kosovo dentro del período de un año, el que solamente podrá ser prorrogado por un período limitado por el Jefe de la Misión de Aplicación.
5.3. MECANISMO DE ARREGLO FINAL
Tres años después de entrar en vigor los Acuerdos, se convocará una reunión internacional con el fin de determinar un mecanismo de arreglo final en Kosovo, basado en la voluntad del pueblo, las opiniones de las autoridades pertinentes, los esfuerzos de cada parte en poner en vigor los Acuerdos, y en el Acta Final de Helsinki.

VI. UNA HISTORIA SIN DIGERIR
El problema de Kosovo comienza en la Baja Edad Media y cristaliza a fin del siglo XIX. El 28 de junio de 1389, el zar serbio Lazar muere derrotado por el Imperio Otomano en la batalla de Kosovo Polje, y con él desaparece el reino medieval serbio, que no recuperará su existencia hasta 1878. Una gran mayoría de la población de Kosovo era entonces serbia, aunque nunca había dejado de haber albaneses, que lucharon, como cristianos ortodoxos que eran, en las huestes del monarca serbio.

Durante los siglos siguientes, el albanés es el único pueblo europeo, junto con el bosnio, que se convierte mayoritariamente al islam, y protegido por Constantinopla va acentuando su establecimiento en la zona. Tras una serie de guerras, Serbia obtiene la plena independencia del Imperio Otomano en 1878. Las tierras pobladas por albaneses siguen, sin embargo, fieles al poder islámico a cambio de que Constantinopla reúna ese mismo año, en una sola provincia, lo que hoy es Albania y Kosovo. Las penúltimas guerras balcánicas se libran en 1912-1913, y en ellas los albaneses combaten con los turcos contra Serbia y los otros poderes de la región. La derrota otomana lleva a Albania a la independencia y consolida las fronteras de Belgrado con el dominio sobre Kosovo. A comienzos de siglo ya hay una ligera mayoría de población albanesa en la provincia kosovar.

En 1918, tras la destrucción del imperio de Constantinopla, en la Gran Guerra, se funda el reino de los serbios, croatas y eslovenos, que tomará el nombre de Yugoslavia en 1929, y cuyo centro hegemónico es la antigua Serbia. Al término de la II Guerra Mundial, Yugoslavia se convierte en un Estado federal integrado por seis repúblicas, de las que la mayor, Serbia, cuenta con dos regiones autónomas: Kosovo y Voivodina.

En marzo de 1945 estalla una primera revuelta kosovar, porque los albaneses se niegan a combatir en el Ejército yugoslavo, y el dictador comunista Tito impone el estado de sitio, que dura hasta 1966.

Según datos oficiales, los albaneses son ya el 66% de la población, y en 1968 el líder yugoslavo, que es croata, eleva el status de Kosovo a república autónoma con Parlamento y Gobierno propios. Finalmente, en 1974, una nueva Constitución ahonda en esa lógica creando la República Socialista de Kosovo, pero siempre dentro del Estado federativo serbio. Las seis repúblicas yugoslavas -Serbia, Croacia, Montenegro, Eslovenia, Macedonia y Bosnia-Herzegovina- le niegan, sin embargo, a Kosovo el carácter de séptima república, dotada como ellas de un teórico derecho a la secesión.

Las autoridades de la república autónoma proceden entonces a una primera versión, bien que incruenta, de la limpieza étnica, provocando el éxodo serbio del territorio, de forma que a la muerte de Tito, en 1980, los albaneses son ya cerca del 80% de la población. En abril de 1981 hay cientos de muertos en la represión de Belgrado contra las nuevas exigencias populares de que se reconozca a Kosovo el status de séptima república yugoslava.

A fin de 1987, Slobodan Milosevic alcanza la presidencia del Partido Comunista Serbio y el 27 de mayo de 1989, para responder a una creciente agitación separatista, anula lo esencial de la autonomía kosovar; una nueva revuelta es reprimida con una limpieza étnica ya en toda regla, en la que mueren cientos -si no miles- de albaneses.

El llamado otoño de los pueblos, con la caída del muro y la desintegración del bloque soviético, provoca ese mismo año la destrucción de la Yugoslavia de Tito, que entre 1990 y 1992 se divide en los Estados independientes de Eslovenia, Croacia, Macedonia, Bosnia y Yugoslavia (Serbia y la diminuta Montenegro). Milosevic, que ha hecho la fase poscomunista de su carrera como campeón del nacionalismo serbio, disuelve el 26 de junio de 1990 el Parlamento y el Gobierno de Kosovo, que sólo existían ya pro-forma. En julio siguiente, una reunión clandestina de la mayoría de los diputados albaneses proclama la soberanía del país, que posteriormente se convertirá en ilegal declaración de independencia.

A comienzos de los noventa, de los dos millones de habitantes de Kosovo, menos de 200.000 son serbios, porque, pese a ejercer el poder, la presión popular y la crisis económica (Kosovo es la zona más pobre de Serbia) han ido obligándoles a emigrar de vuelta a su república madre.

El factor de equilibrio que constituía el Estado de Tito desapareció porque todos sus elementos componentes querían ventajas a la hora de compartir el rótulo común, especialmente el serbio Milosevic, que era quien empuñaba las armas.

Por ello, Kosovo, al que es difícil no ver ya como país independiente, es el penúltimo atentado -en los Balcanes, ningún problema es jamás el último- contra la paz en Europa. Ya dijo Winston Churchill que la península balcánica generaba más historia que la que era capaz de digerir.

6.1. HUBO TRES VECES UN PAÍS
El resultado de la guerra de la OTAN contra Yugoslavia afectará decisivamente los intereses de los países balcánicos y de las propias potencias occidentales

De lo que se está ventilando a cañonazos desde hace 18 días en los Balcanes pueden derivarse graves consecuencias para todos los países de la zona y aún para las propias potencias que participan en la operación de castigo contra el régimen de Milosevic. La misma OTAN y sus socios europeos son quienes más pueden acusar una victoria insuficiente. De ahí que, sentimientos humanitarios aparte, la Alianza no pueda permitirse perder la guerra de Yugoslavia. Este es, país a país, un análisis de la trastienda de este conflicto.

Por tres veces en el curso del siglo XX se ha tratado de acreditar un Estado en los Balcanes que fuera una especie de versión en miniatura del imperio austro-húngaro, aunque, a diferencia de este último y sus varias docenas de nacionalidades, ese hogar multiétnico creado sobre la devastación de la Gran Guerra se conformaba con agrupar a los eslavos del sur y pueblos adheridos.

La primera tentativa, lanzada en 1918, se llamó inicialmente Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos, para rebautizarse como Yugoslavia sólo en 1929, y desapareció con el repetido fragor de una II Guerra en 1941; tras un interludio de fragmentación política del área bajo el dominio nazi-fascista, Yugoslavia reapareció como Estado republicano y federal en el marco del comunismo ilusoriamente autogestionario del mariscal Tito en 1945, para extinguirse esta segunda vez en una traca de guerras civiles casi medio siglo más tarde, ya en los años noventa; la tercera encarnación es de este mismo periodo, 1991-1992, siempre con el nombre de Yugoslavia, pero reagrupando únicamente a dos, Serbia y Montenegro, de los seis Estados federados que constituyeron la probatura comunista.

Y esta tercera vez podría ser la vencida, a tenor del resultado de la guerra que enfrenta en estos momentos a la Alianza Atlántica con esa Yugoslavia que gobierna el apenas ex comunista serbio Slobodan Milosevic.

Los bombardeos de la OTAN de las últimas semanas tratan de obligar a Belgrado a que abandone todo control sobre su provincia de Kosovo, habitada al menos hasta el comienzo de las hostilidades por más de un 90% de albaneses que exigen la independencia, y un resto de serbios en una población de apenas dos millones, para establecer un virtual protectorado internacional sobre el territorio, que ponga fin a la limpieza étnica desencadenada por el régimen serbio. La represión de Belgrado ha provocado en los últimos días un éxodo de algunos cientos de miles de albanokosovares y, quizás, la muerte de miles de ellos.

De lo que se está dirimiendo, por ahora sólo en los cielos de los Balcanes, pueden deducirse, de otro lado, graves consecuencias para todos los países de la zona, y aun para las propias potencias que participan en la operación de castigo.

Procediendo como en una serie de círculos concéntricos, y partiendo del propio centro del problema, los 103.000 kilómetros cuadrados de Serbia, la primera conclusión es la de que para Milosevic la partida puede ser a todo o nada; el líder yugoslavo sabe que la OTAN difícilmente concibe ya un futuro en el que una componenda, como en la fracasada conferencia de Rambouillet, le permita mantenerse en el poder, aunque aún le quepa agarrarse al clavo ardiendo de las gestiones en curso, griegas y rusas, para parar la guerra con concesiones por ambas partes.

De la victoria de la OTAN, por tanto, habría de deducirse la caída del régimen o su reducción a la insignificancia estratégica, sometido a un diktat internacional como el de Versalles, con un ejército desdentado, y bajo vigilancia permanente. En ese contexto cabría esperar también la secesión de Montenegro, que hasta ahora ha podido preservar una autonomía interior contra los partidarios de Milosevic, y que se ve bajo las bombas atlánticas muy a pesar de su dirección política, considerada universalmente todo lo democrática que su vecindad hoy permite.

El caso más acuciante en un primer círculo de naciones ex yugoslavas (Croacia, Eslovenia, Bosnia y Macedonia) es, quizá, el del Estado de Skopje. Macedonia, al sur de Kosovo, con algo más de dos millones de habitantes, contiene 27 grupos étnicos reconocidos como tales, de los que, con suerte, algo más de la mitad son eslavos, y alrededor de un 35%, albaneses. Se comprende que si los 120.000 o más kosovares que ya han sido acogidos por sus parientes fronterizos permanecieran en el país, su composición demográfica cambiaría de tal forma que las actuales peticiones albanesas de autonomía adquirieran un más grave tinte independentista, de unión a un Kosovo separado de Serbia, o de reunión con Albania, que es el único Estado del mundo gobernado por albaneses. A ello hay que añadir que la lengua macedonia, muy próxima al serbocroata tal como se habla en Serbia, sólo fue codificado como idioma oficial del país tras la II Guerra, y que son muchos tanto en Serbia, por el norte, como en Bulgaria, por el este, los que consideran que Macedonia es un emplasto hecho de sus respectivos nacionales y otras diásporas establecidas en la zona. El nombre de Macedonia no en vano sirvió para bautizar un revoltijo de frutas, cortesía de la cocina francesa.

Para Bosnia, que es una especie de antigua Yugoslavia en pequeño, de forma que en ella se amalgaman desde el fin de la guerra civil en 1995 croatas y musulmanes en una parte autónoma, y serbios en la otra, la destrucción del vínculo entre Kosovo y Serbia mina la esencia misma de su estatalidad.

Si no se puede juntar a albaneses y serbios en un Estado, ¿por qué ha de hacerse otro tanto con croatas, musulmanes y serbios?; o lo que es lo mismo, si las fronteras de la Bosnia de Tito son sacrosantas, ¿por qué no habrían de serlo las de Serbia, con albaneses en Kosovo y húngaros en la provincia de Vojovodina?
La pérdida de Kosovo arruinaría, por tanto, cualquier esperanza de que los serbios de Pale se conformen un día con seguir siendo ciudadanos bosnios.

Eslovenia, el más étnicamente homogéneo de los Estados posyugoslavos, puede ver con relativa tranquilidad lo que pasa en Yugoslavia, pero su comprensible obsesión por olvidarse de que es un país balcánico no puede quedar bien servida por una guerra tan próxima. Croacia, por su parte, es poco probable que derrame lágrimas por los problemas de sus adversarios serbios, pero, a diferencia de Bosnia, puede confiar en que la misma lógica que destruyera hoy a Yugoslavia le devolviese un día a sus croatas extraviados en el Estado federal de Sarajevo.

Albania, al extremo de ese primer círculo, pero ni eslava, ni jamás miembro de la antigua Federación Yugoslava, pese a ser el país en principio más naturalmente implicado, había logrado mantenerse bastante al margen de la reyerta hasta hace dos años. En 1997 se produjo, sin embargo, la virtual desintegración del Estado albanés a seguimiento de un gigantesco escándalo financiero en torno al juego de la pirámide. En el desbarajuste así formado los arsenales de la policía y el Ejército se ofrecieron, tanto por motivos patrióticos como económicos, a la insurrección kosovar. El Ejército de Liberación de Kosovo, que existía desde 1993, pudo aprovisionarse entonces a través de una frontera hermana, con fondos recogidos por la emigración albanesa, sobre todo, en Alemania.

La Albania más o menos restablecida de 1999 se ve obligada moralmente a aceptar hoy a los refugiados de Kosovo y aunque, bajo tutela occidental como se halla, jamás hará declaraciones extremosas sobre la destrucción de la vecina Serbia, difícilmente se opondría tampoco a la unión con los kosovares, para comenzar a hacer realidad lo que sólo pudo obtener durante los últimos años de soberanía otomana, hace un siglo: la reunión de todos los albaneses en una única provincia o vilayet, lo que hoy se llamaría, con la inclusión de los compatriotas de Macedonia, la Gran Albania. Propósitos que, verosímilmente, sólo son factibles por intermedio de futuras guerras balcánicas.

El círculo inmediatamente exterior es el formado por los restantes Estados de la península: Rumania, Bulgaria y Grecia.

El Estado más poblado y extenso de los Balcanes es Rumania, que con unos 24 millones de habitantes y 237.000 kilómetros cuadrados, tiene casi un tercio de su territorio, la Transilvania, tierra del vampiro literario, poblada por varios millones de magiares que constituyen bastante más de la mitad de la población de la provincia, de religión protestante calvinista y católica, en contraste con la abrumadora mayoría de los rumanos étnicos, que son ortodoxos, como los propios serbios, montenegrinos y macedonios, mientras que los albaneses pertenecen, aunque no tan mayoritariamente, al mundo islámico.

Aunque la actual Hungría democrática excluye cualquier reivindicación sobre sus nacionales esparcidos por la zona -además de varios millones en Rumania, hay medio millón de húngaros en Eslovaquia, y cientos de miles con más de la mitad de la población, en la Vojodina serbia- la incomodidad del Gobierno de Budapest es evidente, pillado entre los deseos de un Gobierno prooccidental que sólo sueña con ingresar en la OTAN, y una opinión descontenta con el caos político y la situación económica, que puede refluir en una cierta solidaridad otomana hacia el descontento antioccidental, si se demora demasiado la atención a su apremiante petición de ingreso en la OTAN.

Bulgaria, que tiene 111.000 kilómetros cuadrados y unos ocho millones de habitantes, y es también ortodoxa, sostiene una reivindicación histórica, últimamente en sordina porque también pide el ingreso en la Alianza, sobre la Macedonia oriental, de la que se afirma en Sofía que está casi exclusivamente poblada por búlgaros. Y el rebote albanés es obvio que puede llegar en este caso como una carambola a través de Macedonia hasta sus propias fronteras. La elite búlgara es profundamente prooccidental, pero como eslava, lo que no ocurre en la Rumania más o menos latinizada, puede sentir alguna comprensión hacia la Serbia bajo las bombas católicas y protestantes de Occidente, y, con seguridad, ninguna simpatía por el islam posotomano de los albaneses.

Grecia, finalmente, con 132.000 kilómetros y algo más de diez millones de habitantes, es total y orgullosamente ortodoxa, por lo que siente una vinculación directa con Serbia, que es, además de religiosa, un poco la de los malqueridos. En Serbia hay opinión que aún no ha digerido que siendo históricamente la aliada de Francia y Reino Unido contra Alemania y Austria en dos guerras mundiales, e incluso, relativamente bien vista en Occidente por el no alineamiento de Tito, se halle ahora en el lado equivocado, frente a una coalición de antiguos aliados y enemigos: Francia, Reino Unido y Alemania.

De forma relativamente parecida, Grecia se siente subestimada por la OTAN en relación al trato que recibe su eterna rival, Turquía, en las cuestiones de Chipre y el Egeo, y Atenas ha hallado siempre en Belgrado comprensión y apoyo contra sus comunes engorros musulmanes.

Por todo ello, si la OTAN no sale claramente victoriosa del enfrentamiento, Grecia podría enfriar su participación en la Alianza y acercarse a Rusia, por la que siempre ha habido un respeto porque Moscú, como Tercera Roma, sucesora autoproclamada en el siglo XVII de la Constantinopla bizantina, es decir griega, ha tenido siempre unos lazos ortodoxos muy fuertes con el mundo helénico, que es aquel de Europa donde la Iglesia posee mayor influencia.

VII. LAS VÍCTIMAS MÁS SILENCIOSAS
Al menos medio millar de niños llegan a los campamentos sin padres. Son víctimas y testigos silenciosos de la violencia. Algunos tan jóvenes que incluso todavía no han aprendido las palabras para contar lo que han sufrido. O sencillamente prefieren no recordarlo y han decidido negarlo. Dentro del éxodo albanokosovar que en las últimas semanas ocurre en los Balcanes, cerca de 500 niños permanecen perdidos.

A Jehona Alija la rescataron los soldados británicos de la OTAN del vertedero humano en que, durante casi una semana, se convirtieron los barrancos de Blace, en la frontera entre la región yugoslava de Kosovo y la República de Macedonia. Sin levantar apenas medio metro del suelo, y con tan sólo cinco años, arrastraba su soledad entre los excrementos y la basura creada por el hacinamiento de cerca de los 50.000 deportados que vomitó sobre suelo macedonio el régimen de Milosevic.

Estaba en tierra de nadie, en la tierra en que se convirtieron los campos existentes junto a la vía férrea que los serbios utilizaron a principios de este mes para deportar a los albaneses de Kosovo. Aun así, en medio del hambre, del frío y de la muerte, Jehona ni siquiera lloraba. Tampoco hablaba. Apenas lo hace ahora. Sólo repite como una autómata un gesto: apretar la mano de una muñeca mugrienta que al hacerlo exclama en inglés la palabra «mamá». Fue un regalo de los soldados aliados cuando la rescataron de Blace para transportarla hasta el campo de refugiados de Stankovic I.

La difícil búsqueda
En ese lugar, Jehona siguió un ritual por el que hasta el momento han podido pasar 500 niños menores de 18 años. Pero en esta guerra, las cifras vuelven a perder la batalla. «Podrían ser muchos más, no sabemos los que hay perdidos sin sus familias en el interior de Kosovo, vagando por las montañas», aseguraba el pasado domingo Leigh Daynes, portavoz de la organización británica Save the Children. Junto al Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), que es quien intenta llevar el registro de los niños que se encuentran solos y de los padres que los reclaman, es la única organización que trabaja en la búsqueda de los menores en Stankovic I.

Pero los menores de 12 años casi nunca se quedan abandonados. Siempre hay una familia en el campo de deportados que decide adoptarlos. Éste es el caso de Jehona. Con un pelo muy corto (en los campos casi todos los niños lo tienen como señal de que los piojos ya pasaron por su cabeza), Jehona intenta esconder la cara en el regazo de su nueva madre. A sus 27 años, Fatmire Cecelia se ha agarrado a su nueva hija como si la vida le fuera en ello. Y puede que así sea. Su caso es el inverso.

En algún lugar de Kosovo, de Albania o de Macedonia se encuentran sus dos hijos, de tres y seis años. Todavía se culpa y se golpea el pecho al recordar su tragedia. Perdió a sus pequeños por intentar protegerlos. Cuando llevaban más de siete días de peregrinaje bajo la lluvia y la nieve por tierras kosovares y ya se divisaba la ansiada frontera, aceptó la amabilidad de una mujer que le ofreció el interior de su coche para que los niños no pasaran más frío. ¿Por qué no iba a aceptar? Fatmire y su familia (lo que aquí casi nunca supone menos de ocho miembros) viajaban en un destartalado tractor. En la larga columna de coches y remolques tirados por mulas que serpenteaban por la carretera, desde el interior de Kosovo, hasta rozar ya el paso fronterizo, el vehículo con los hijos de Fatmire no se alejaba más de 50 metros.

Caos en la frontera
Pero, una vez más, el caos volvió a adueñarse de las vidas de los últimos sin tierra que ha visto este fin de siglo. Entre empujones y culatazos, los policías serbios pusieron en práctica su efectiva limpieza étnica y decidieron abrir la frontera. Una riada de vehículos pasó a Macedonia. Excepto el que cobijaba a los hijos de Fatmire, al que no le dio tiempo a cruzar. Al día siguiente, el 8 de abril, los serbios cerraron la frontera. Los hijos de Fatmire quedaron tras ella.

Desde entonces, su única esperanza es que, tras las nuevas deportaciones, estén en alguno de los cinco campos macedonios, ya desbordados al acoger a cerca de 70.000 personas. Por eso, religiosamente, cada mañana se acerca al centro de inscripción del CICR y repasa con el dedo uno por uno los nombres que exhibe una lista de niños perdidos colgada en un improvisado tablón de anuncios. De su mano lleva a su nueva hija.
Más tarde, un hombre con cara de haber trabajado más horas de la cuenta saldrá del barracón del CICR y añadirá un nuevo nombre a la lista: Zogitani Selatin. O lo que es lo mismo, un niño perdido y una infancia negada en un campo de refugiados a los siete años.

VIII.MILOSEVIC: UN FRÍO MANIPULADOR QUE HA PERDIDO TODAS LAS GUERRAS
Pasará a la historia, sin duda, Slobodan Milosevic, aunque todos los que le conocen consideran que eso le importa bien poco. Lo que suceda o se piense cuando él ya no pueda utilizar hechos y pensamientos le trae al parecer sin cuidado. Como tampoco le preocupa lo que piensen de él en vida. No tiene mayor necesidad de ser querido, ni por su pueblo ni por el exterior. Las emociones son un instrumento que sabe utilizar, que entiende, pero que no le afectan.

Es posiblemente el menos sentimental de los gobernantes desde Stalin. Y un increíble prestidigitador a la hora de burlar a la derrota. Es un maestro de la supervivencia. Algunos intentan descalificarlo como comunista o ultranacionalista o incluso iluminado panserbio o paneslavo. Se equivocan. Piensa de forma mucho más prosaica. En realidad, no tiene ideología y el único concepto inmutable que le guía es el instinto de poder. Por el poder, desnudo en realidad de todo objetivo que no sea preservarse, es capaz de matar, cambiar radicalmente su mensaje, ordenar genocidios o enviar a la miseria y a la derrota militar a su propio pueblo.

Este hombre es, más posiblemente que otros sátrapas de este siglo, más que otros hombres de poder y sin pasión, un fascinante objeto de estudio. Su padre se suicidó cuando él tenia 21 años. Su madre hizo lo mismo 11 años después. También se suicidó su tío, un general del ejército yugoslavo. Los que esperaban que él algún día imitara a sus padres han de reconocer ya que hay pocas probabilidades de que lo haga.

Porque si algo ha demostrado Milosevic es una inaudita capacidad de supervivencia. El balance de los 12 años que lleva en el poder es tan catastrófico, en la paz como en la guerra, que es difícil creer que nadie pudiera sobrevivirlo políticamente. Pero ahí sigue. Diez años después de caer el muro de Berlín. Sin oposición. Como líder indiscutido del viejo aparato del Estado y del partido comunista de Serbia, reconvertido en un régimen de retórica nacionalista, gestión paleocomunista y explotación mafiosa.

Su llegada al poder ya fue un indicio de su carácter. En un golpe de mano liquidó en mayo de 1989 a quien había sido su íntimo amigo y mentor en el partido, Iván Stambolic. Con una ofensiva propagandística implacable contra la persona a la que debía todo llegó a la presidencia de Serbia.

Viendo como caían uno tras otro los regímenes comunistas en el Este de Europa, reconoció la necesidad de una ideología sustitutoria para garantizar la supervivencia del aparato del Estado y del partido y recurrió al nacionalismo. En aquel Estado plurinacional y federal, la ofensiva de Milosevic en favor de los derechos de los serbios, supuestamente ignorados por Tito, pronto se convirtió en una virulenta campaña en favor de la hegemonía étnica de este pueblo en toda Yugoslavia.

El 28 de junio de 1989 se cumplía el 600º aniversario de la batalla de Kosovo Polje en la que el zar serbio Lazar sucumbió ante las tropas otomanas. Milosevic conoció aquel día a cerca de un millón de serbios en el escenario de la batalla y les dijo que «jamás nadie os volverá a tocar». Los serbios tenían que ser los dueños de Kosovo aunque, por la emigración de los serbios y la alta natalidad de los albaneses, aquella provincia autónoma tenía ya una población albanesa del 90%. Entonces se abolió la autonomía de Kosovo y de paso la de la Vojvodina, con una importante minoría húngara. Y Milosevic organizó en Montenegro una oleada de manifestaciones que llevaron allí al poder a hombres de su obediencia.

Con los cuatro votos de Serbia, Kosovo, Vojvodina y Montenegro en sus manos, Milosevic bloqueó la presidencia federal, impidió la rotación en la presidencia y de hecho dinamitó la federación. Así, con su exigencia de hegemonía racial serbia, Milosevic provocó el movimiento secesionista y se convirtió en el verdugo de Yugoslavia. Después comenzaron las guerras, primero en Eslovenia, muy breve; después en Croacia, ya muy cruenta, y después, atroz, la de Bosnia. Milosevic depuró el ejército del elemento yugoslavista en favor del serbio y quiso hacer una Gran Serbia, desde la frontera griega hasta muy cerca de Zagreb.

Hubo momentos en 1992 en que parecía capaz de lograrlo. Pero ahora, siete años después, está claro que ha perdido todas las guerras y que va a perder también Kosovo. En 1989 lo celebraban como el adalid de la causa, el que haría de Serbia un gran país, en el que todos los serbios vivirían en esa bucólica sociedad de armonía que los nacionalismos tienen como mito, expulsado los perversos foráneos y los impuros.

Hoy es difícil negar que Milosevic se ha convertido en una maldición para el pueblo serbio, férreamente controlado por el aparato e intoxicado sistemáticamente por su propaganda. Como sucedió con Hitler en Alemania, el pueblo lo siguió como a un mesías. Y él los llevó al abismo.
IX. LOS REFUGIADOS: EL ÉXODO DE LAS FAMILIAS

Estadísticas de los Desplazamientos en la zona
4 de mayo de 1999.

Tabla 1: Estimaciones de Poblaciones Diarias (los números se refieren a los desplazamientos desde Marzo de 1998)
Refugiados/Desplazados en: Observaciones TOTAL
República Federal de Yugoslavia
(República de Montenegro) – Llegadas 2 de mayo: unas 2 ¿????? 61,900
República Federal de Yugoslavia
(República de Serbia) – No hay números disponibles sobre los desplazamientos en Kosovo
– Informe del gobierno yugoslavo de 50,000 en Serbia no confirmado No disponible
Ex República Yugoslava de Macedonia (FYROM) – Población del campamento 2 de mayo: 99,850
– Población en casas privadas 1 de mayo: 93,370 (último número recibido de la Cruz Roja de Macedonia)
– Llegadas 3 de mayo: 11,600
– Salidas 3 de mayo: 750 por vía aérea 204,070
Albania – Llegadas de Kosovo 3 de mayo: unas 700 396,300
Bosnia-Herzegovina – El total incluye solo refugiados kosovares
– También 20,000 llegadas de Sandzak y 10,500 serbios y montenegrinos 15,000
TOTAL 677,270

País de acogida Llegadas
3 de mayo Total
Austria — 1,145
Bélgica — 1,205
Croacia * — 188
República Checa 122 346
Dinamarca — 156
Finlandia — 481
Francia — 2,354
Alemania — 9,974
Islandia — 23
Israel — 106
Holanda 163 1,474
Noruega 134 2,166
Polonia — 635
Eslovenia — 115
España — 208
Suecia 163 758
Suiza — 33
Turquía § 162 5,827
Reino Unido — 330
TOTAL # 744 27,524

Croacia: de los cuales 88 bilateralmente sin apoyo del ACNUR/IOM
Turquía: de los cuales 1,980 sin apoyo del ACNUR/IOM (fuente: gobierno turco)
Total: de los cuales 2,068 sin apoyo del ACNUR/IOM
9.1. Psicología del refugiado
Estudios sobre adaptación y salud mental en diferentes grupos de refugiados durante las últimas décadas han indicado consistentemente que:

La experiencia de ser refugiado ejerce un impacto significativamente negativo sobre las personas que han sido forzadas a escapar de su tierra. Estas influencias negativas tienden a persistir.

Similares fuentes de estrés están habitualmente presentes en todos los grupos de refugiados a pesar de su procedencia cultural y social. Ciertas manifestaciones de estrés pueden ser más prevalentes entre personas que han pasado por la experiencia de ser refugiado.

Sobre trastornos psiquiátricos no hay estudios definitivos pero el sentido común y las observaciones clínicas sugieren que el alto índice encontrado entre la población refugiada, tiene una explicación más bien reactiva que natural.

Se requiere más investigación sobre la experiencia de ser refugiado no sólo para enriquecer nuestro conocimiento sobre la naturaleza de la salud mental de los refugiados y nuestras habilidades para proporcionar unas intervenciones adecuadas, sino que también aportaría información valiosa sobre el papel del estrés y del cambio de vida en la causa o precipitación de diversos síndromes psiquiátricos.

Otra área de investigación muy interesante está relacionada con la forma en que los refugiados encaran las extraordinariamente difíciles situaciones por las que pasan y en qué manera la diferente procedencia cultural provee algunos mecanismos que ayudan a salvar este duro proceso.

9.2. FUENTES DE ESTRÉS ENTRE LOS REFUGIADOS
 Pérdidas y dolor por esas pérdidas (familia nuclear y/o extensa, amigos, negocios, propiedades).
 Aislamiento social. (por pérdida de sus antiguas redes sociales, por no querer refrescar los acontecimientos traumáticos, por políticas locales de separación, etc.)
 Inconsistencia del status. (la pérdida del status adquirido provoca sensaión de privación e inseguridad especialmente en los casos de descenso).
 Impacto de experiencia traumáticas. (influencia retardada y recurrente en la salud mental que varía según las personas y los casos).
 «Shock Cultural» y Ajuste a nuevos estilos de vida. (después de una alegría inicial aparecen las dificultades para adaptarse a una nueva cultura que varían según la preparación de la persona y las diferencias culturales).
 Estrés aculturativo. (pasado un tiempo emerge la influencia de los conflictos ocurridos durante el proceso de aculturación que pueden disturbar la armonía intra e interpersonal).
 Modernización acelerada.
 Estatus de minoría.

9.3. CONSECUENCIAS DEL ESTRÉS HABITUALES EN REFUGIADOS
 Ansiedad y depresión.
 Preocupaciones somáticas y quejas.
 Conflictos maritales.
 Conflictos intergeneracionales.
 Abuso de sustancias.
 Comportamientos desadaptados (violencia, ira, fracaso escolar, dificultades en el trabajo…)

9.4. SÍNDROMES PSIQUIÁTRICOS EN REFUGIADOS
 Desórdenes de depresión y ansiedad.
 Estrés postraumático.
 Desórdenes disociativos y de conversión.
 Psicosis breve reactiva.
 Psicosis paranoide.
 Síndromes orgánicos cerebrales (hematomas subdurales por golpe, epilepsia, tuberculosis, etc.)
 Esquizofrenia y trastorno bipolar.

X. SECUELAS DE LA GUERRA DE KOSOVO
Distintas secuencias de las guerras en los Balcanes encontraron a soldados y poblaciones de diferentes países y comunidades como víctimas y victimarios: croatas, serbios, bosnios, albanokosovares. Pero lo que hasta ahora no había ocurrido es que soldados europeos de las fuerzas de paz se convirtieran en víctimas de la propia intervención externa que impuso el fin de las violencias intestinas.

La muerte de varios militares italianos a consecuencia de enfermedades que habrían sido contraídas por las sustancias utilizadas para los bombardeos de la OTAN sobre Serbia deja ahora más en evidencia las contradicciones y debilidades de aquella intervención.

A diferencia de la primera incursión militar en Bosnia, cinco años atrás, el ataque lanzado por la OTAN contra Serbia no contó con legitimidad jurídica internacional y se concretó por la decisión de los Estados Unidos de actuar en favor de la minoría albanokosovar.

Esta intervención consistió en bombardeos masivos sobre territorio serbio para, posteriormente, posibilitar el despliegue de tropas multinacionales en Kosovo.

Se sabía ya de las ruinosas consecuencias de aquellos bombardeos para la población serbia. A ello se agregan ahora las secuelas de la utilización de proyectiles revestidos de uranio, que fue reconocida por los Estados Unidos, sobre las propias fuerzas de paz bajo mandato de la ONU.

Es una demostración más de la interdependencia global en zonas de conflicto. Así como resulta cada vez más difícil para la comunidad internacional mantener la no intervención frente a casos de graves violaciones a los derechos humanos, también deben medirse cada vez más las consecuencias no deseadas de dichas intervenciones. Estas consecuencias no las pagan solamente el régimen victimario o el Estado agresor sino también la población civil, su descendencia, el ecosistema y las propias fuerzas de intervención. Algo similar ocurrió ya en la Guerra del Golfo.

Por ello, se hace indispensable un control más estricto de la utilización de sustancias peligrosas para uso bélico, que transgreden los tratados internacionales. Al mismo tiempo, queda en evidencia la imposibilidad de esconder o subestimar los costos de esta clase de intervenciones en zonas de conflicto. También en este caso es fundamental el papel que tienen los medios de comunicación para evitar que estas secuelas de la guerra no queden como una amenaza permanente para quienes deben enfrentar la reconstrucción de la paz.

XI. CONSECUENCIAS
Al terminar el conflicto armado en Kosovo, miles de familias que tuvieron que abandonar sus hogares y sus fincas están regresando a tierras profundamente marcadas por la guerra. Una misión conjunta de la FAO y el PMA, de evaluación de las cosechas y los alimentos, ha presentado un informe especial que revela el alcance de la devastación agrícola producida por la guerra en esa provincia.

Las cifras del informe son pesimistas. Se anticipa una reducción de la cosecha de trigo equivalente al 65 por ciento, y al 80 por ciento la del maíz. La producción de hortalizas de primavera y verano se ha reducido casi a nada y, según el informe, la cosecha de uvas de este año «puede descontarse». Durante el conflicto también se informa de «muchos saqueos y matanza de ganado». Se ha perdido casi la mitad del ganado y unas tres cuartas partes del ganado menor y las aves de corral de Kosovo.

Las familias kosovares afrontarán una época difícil para recuperarse. La misión indica que la disminución drástica de la producción agrícola y ganadera ha reducido los ingresos rurales, justamente cuando las familias campesinas necesitan más ingresos para reconstruir o reparar los edificios dañados. Una escasez de segadoras para la cosecha y la presencia de minas terrestres y bombas sin explotar en los campos, son sólo dos de los numerosos problemas con los que tendrán que lidiar.

La destrucción causada por la guerra en Kosovo ha devastado un sector agrícola ya entorpecido por un decenio de política represiva y descuido del gobierno central de Belgrado, capital de la ex República de Yugoslavia. Las empresas estatales están en decadencia, las cooperativas se han desintegrado y los programas de irrigación se han vuelto inútiles a consecuencia de la falta de mantenimiento. Kosovo cada vez depende más de los productos agrícolas de importación.

El alimento básico de Kosovo es el trigo, y el informe calcula que esa provincia necesitará 367 000 toneladas de este grano. La producción local prevista equivale a 113 000 toneladas, que cubrirá apenas el 30 por ciento de esas necesidades internas. Se calcula que las reservas actuales de trigo son de 26 000 toneladas, con lo que quedan 228 000 toneladas de déficit para cubrir con importaciones.

Las entregas de ayuda alimentaria y los compromisos ya realizados suman 143 000 toneladas. Las 85000 toneladas faltantes tendrán que reunirse con donativos o importaciones comerciales.
El informe señala algunos indicios positivos de estabilización de la seguridad en Kosovo.

El sector privado del comercio de alimentos, que había florecido en ausencia de un apoyo agrícola efectivo del gobierno antes de la guerra, se ha reanudado muy rápidamente. Según el informe, los mercados estaban abastecidos de hortalizas de gran calidad de Macedonia y otras zonas, a precios parecidos a los de 1998. La misión espera que el sector privado pronto pueda responder a la demanda local de trigo.

Con todo, debido al extenso daño causado por la guerra, el informe de la misión afirma que «el tiempo básico para una recuperación inicial es por lo menos de un año».

XII. LA GUERRA DE KOSOVO Y EL MEDIO AMBIENTE.
Se habla y se escribe mucho sobre las consecuencias humanas y económicas de la guerra de Kosovo. Se están calculando el esfuerzo y los medios que se necesitarán para reconstruír esa zona devastada. Pocos se preguntan cuáles son los efectos del conflicto en el medio ambiente de esa parte de Europa.

La guerra puede tener efectos devastadores en el medio ambiente. Todos recordamos la imagen apocalíptica de los incendiados yacimientos petrolíferos de Kuwait, durante la guerra del Golfo. O las imágenes del desierto – símbolo de naturaleza impoluta – con restos retorcidos de tanques y carros de combate. O, de una forma más dramática todavía, las piernas amputadas de niños víctimas de las minas antipersonales dejadas por militares como recuerdo de la guerra.

La guerra de Kosovo no es una excepción. Ya se ha previsto enviar a Yugoslavia, una vez terminada la contienda, un equipo especial de Naciones Unidas para ver de paliar los efectos a largo plazo de la guerra para la salud de los habitantes y el medio ambiente de la zona. El bombardeo de refinerías, empresas químicas y depósitos de combustible han ocasionado una seria polución en varias zonas de Serbia, y muy especialmente del río Danubio, que pasa también después de Serbia, por otros países como Bulgaria y Rumanía. Además, ha causado preocupación el uso de uranio en los bombardeos.

No se sabe con exactitud el alcance del deterioro del medio ambiente como consecuencia de la guerra, y lo primero que debe hacer el equipo del Programa Ecológico de Naciones Unidas es examinar los desperfectos, apenas acaben las hostilidades. No sólo en Serbia. Grupos ecológicos de Grecia se muestran alarmados por las posibles consecuencias en los Balcanes, y recuerdan, por ejemplo, que Serbia es uno de los principales proveedores de agua de la zona.
Se calcula que unos 10 millones de personas utilizan el Danubio como fuente de agua potable, y la polución actual del río dificulta o hace imposible el suministro. Se ha registrado la presencia de gran número de peces muertos en el agua, por efecto de la polución o las explosiones. Ya el 7 de abril llegó por el río a Bulgaria la primera contaminación de petróleo, ocasionada por el bombardeo de la refinería de Pancevo, en Serbia. Que no debió ser poca, teniendo en cuenta que esa refinería tenía una capacidad anual de cinco millones y medio de toneladas.

Segun Philip Weller, director del programa del Danubio en los Cárpatos, del Fondo Mundial de la Naturaleza, en la zona afectada no hay expertos ni material adecuados para la magnitud del problema. No sólo es el petróleo. En un pantano que proporciona energía hidroeléctrica a Yugoslavia y Rumanía, se han medido además cantidades considerables de clorina, clorato de vinilo, mercurio y otros minerales que forman una mezcla peligrosa. Muy importante es saber qué cantidad de estas sustancias químicas ha pasado al Danubio.

Esto, por lo que se refiere al agua. Los bombardeos han causado también polución atmosférica, con cantidades hasta ahora desconocidas de dioxinas. Se trata de sustancias tóxicas que se consideran altamente peligrosas. Se acumulan en las grasas del cuerpo, y ocasionan defectos genéticos e infertilidad. Poco después de iniciarse los bombardeos de la OTAN, algunos científicos estimaron que la presencia de dioxinas en el aire de la zona era 15 veces mayor que la normal, y es de esperar que haya aumentado desde entonces.

Por otra parte, el bombardeo de plantas de la industria química podría tener efectos desastrosos, en caso de que los yugoslavos fabriquen gases tóxicos para la guerra química. El bombardeo puede eliminar esas substancias sin mayor peligro, siempre que eso se haga a una temperatura muy elevada. Y nadie garantiza que ese sea siempre el caso.

Por último, está la cuestión del empleo de proyectiles conteniendo uranio, que ya fueron usados en la guerra del Golfo y se han relacionado posteriormente con determinados síntomas que presentaron militares que habían participado en la campaña. Las autoridades iraquíes afirman que esas armas han ocasionado un aumento de los defectos congénitos, casos de leucemia y cáncer infantil. Si bien el uranio que se utiliza en esos proyectiles no es muy radioactivo, pero el polvo que produce la explosión podría ocasionar cáncer.

En resumen: la guerra, sobre todo la llamada guerra aérea, tiene consecuencias graves, posiblemente durante muchos años, para el medio ambiente y la salud de la población en la zona afectada por las hostilidades. Una cuestión a la que incomprensiblemente se ha dedicado poca atención hasta ahora.

CONCLUSIONES

La guerra contra Yugoslavia, que los Estados Unidos y sus aliados militares de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) han desatado contra lo que queda de la desmembrada República Federativa Socialista de Yugoslavia, como todas las guerras imperialistas, es injusta, cruel y oprobiosa, y debe cesar de inmediato, dejando que sean los propios yugoslavos quienes resuelvan sus diferencias.

Queda claro que la brutal e injustificada intervención militar norteamericana y de la OTAN contra Serbia, en una supuesta defensa de la libre autodeterminación del pueblo de Kosovo, representa un problema sumamente grave para el conjunto de países del mundo porque comprueba, una vez más, la existencia de un enorme poder supranacional que actúa cuando lo considera conveniente en cualquier país o región del orbe, esgrimiendo cualquier pretexto, sin que entidades como Naciones Unidas puedan emitir la condena más elemental, lo que equivale a la impunidad del bandidaje a escala internacional.

Así mismo, los bombardeos contra la región de Kosovo, confirman la dominación tecnológica, militar y política de los Estados Unidos sobre la OTAN misma que, no obstante haber desaparecido su contraparte —el Pacto de Varsovia y los países socialistas, encabezados por la Unión Soviética—, opera aún como una fuerza agresora e intervencionista, para reforzar y fortalecer un nuevo orden económico, social y político en Europa, bajo la égida del capitalismo monopolista.

BIBLIOGRAFÍA

 Diario El país
 Diario ABC
 Diario Heraldo de Aragón
 Diario La Gaceta
 Publicaciones de Médicos sin Fronteras
 Refugee mental health in resttlement countries. (1986). Ed. Cardyn L. Williams.
 Applied Cross-Cultural Psychology. (1990). Richard W. Brislin. Londres: Sage Publications.
 Estadídticas de los desplazamientos de la zona: http://www.servicom.es /acnur/kosovo.html
 Webs de interés sobre el conflicto:
Centro de crisis de Kosovo: http://www.alb-net.com/index.htm
Página del ELK: http://www.zik.com/rubrika.htm
Kosovo: página oficial del gobierno yugoslavo: http://www.gov.yu/kosovo_facts/index.html
Página Oficial de la OTAN: http://www.nato.int/
Propuesta de paz del Grupo de Contacto del 29 de enero de 1999: http://www.ohr.int/docu/d990129a.htm
Negociaciones de paz de Rambouillet: http://www.france.diplomatie.fr/actual/evenements/rambouillet.gb.html
Radio Independiente yugoslava B92: http://www.b92.net/
Informes del Institute for War and Peace Reporting: http://www.iwpr.net/
Acuerdo de Paz de Dayton : http://www.state.gov/www/regions/eur/bosnia/dayton.html
Resolución 1199 del Consejo de Seguridad : http://www.un.org/spanish/docs/sc98/sres1199.htm (en español)
Resolución 1160 del Consejo de Seguridad : http://www.un.org/spanish/docs/sc98/sres1160.htm (en español)
Artículos de debate sobre la guerra en Yugoslavia: http://www.elpais.es/p/d/debates/debates.htm
Artículos publicados en El País sobre la guerra de Kosovo: http://www.elpais.es/p/d/temas/kosovo/portada.htm
Cuentas de solidaridad en España: http://www.elpais.es/p/d/temas/kosovo/cuentas.htm
Campo de refugiados: www.educared.net/refugiados
Ayuda a Kosovo, cuentas bancarias en varios países:http://www.unhcr.ch/youhelp/kosovo.htm
ACNUR-España: http://www.servicom.es/acnur/kosovo.html

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